Capítulo 3
Historias, y un día de visita.
- Atención, fórmense en parejas niñas.
Ordenó la directora para iniciar la caminata vespertina. Candy levanto la vista hacia la torre del desván, esperando que a Annie le gustara su regalo.
La niña de cabello negro y ojos azules encontró en su cuarto una caja con una nota.
Querida Annie:
Espero que podamos ser amigas.
Candy.
Al abrir la caja, encontró un par de bonitos zapatos nuevos. Suaves y cómodos. Se sintió muy agradecida, y pensó hacerle un regalo también.
Esa noche, estaban reunidas en la sala para la hora de la lectura. Era el turno de Eliza para leer.
- Sir Edward vio la tristeza en los ojos de su hija, pero sabía que el honor de la familia debía conservarse a toda costa. La nobleza no era algo con lo que se podía jugar. "Te lo suplico Charlotte" Le dijo, "Desposa a Sir John en la primavera como te lo he pedido".
- Gracias, Eliza. Candice, empieza es tu turno.
Candy pudo ver lo aburridas y adormecidas que estaban sus compañeras, a excepción de Eliza. Tomando el libro, prosiguió con el relato.
- Charlotte miró a su padre y contestó. "Padre, tienes razón. Debo olvidar mis absurdas fantasías y anhelos infantiles. Pero simplemente no lo hare, lo siento padre, pero cuando me despose será por amor."
Desde ese momento las niñas se entusiasmaron con la historia y se acercaron más a Candy para escuchar. Mientras la Señorita Minchin tomaba el libro.
- Y así, Charlotte huyó de la casa. Afuera la esperaba Pierre, el apuesto mozo de la cuadra, a quien ella adoraba en secreto. Juntos escaparon a la costa, y zarparon rápidamente hacia la isla de Tahití. Cuando iban a medio camino, ¡Su barco fue atacado por una banda de piratas! Antes de ser devorados vivos, Charlotte y Pierre decidieron arrojarse al mar embravecido. Mientras empezaban a ahogarse, se abrazaron fuertemente, y se juraron amor eterno. Pero cuando todo parecía perdido, ¡Apareció un grupo de sirenas, y los rescató!
- ¡Alto! ¿Qué estás haciendo?
- No podía soportar que Charlotte se casara con ese hombre, así que imaginé otro final.
- ¿Lo imaginaste?
- ¿Usted no lo hace señorita? ¿Imaginar algo para que parezca real?
- Imagino que es fácil para una niña que lo tiene todo. De ahora en adelante, no habrá más fantasías en esta escuela a la hora de la lectura, ni en ningún otro momento. ¿Han entendido?
- Sí, Señorita Minchin.
- Ahora vayan a la cama en este instante.
- Jamás había escuchado una historia así en toda mi vida.
- Apuesto a que sabes muchas, ¿Verdad Candy?
- ¡Quiero que guarden silencio!
- Debemos hacer algo con la regla de comunicación.
- Después de que Minchin se haya dormido, iremos a tu habitación para que nos cuentes una historia de verdad. ¿Qué te parece Candy?
- De acuerdo, solo si son ustedes tres.
Esa noche, Patty, Milly, y Josephine entraron a la habitación de Candy. Sin embargo, detrás de ellas llegó casi todo el grupo. Ella les relató una parte del Ramayana. Annie la escuchaba desde la puerta.
- El malvado Ravana encerró a la princesa en la torre de su palacio. Ahí permaneció por muchas semanas, solo mirando por la ventana, y extrañando profundamente a su príncipe.
Llegó el domingo, día en que los padres visitaban a las niñas en la escuela. Candy ayudaba a Patty a practicar francés, mientas la peinaba.
- * Bonjour papa, Je suis très content de vous voir.
- * Bonjour papa, Je suis très content de vous voir.
- ¡Perfecto! Luces igual que Emily.
- Mi padre odia las muñecas, y detesta venir aquí. Dice que no es su lugar.
- ¿Entonces por qué te envió?
- Porque quiere que sea el mío.
Patty bajó la escalera, y se acercó a su padre para saludarlo como había practicado.
- ¡Mi pequeña! ¡Ahora sí hablas francés!
El señor O'Brian tomó a su hija en brazos y le besó la mejilla para felicitarla.
Candy observaba cómo todas recibían abrazos, besos, y palabras amorosas de sus padres. Abrazaba con fuerza a Emily, para lograr sentir un añorado abrazo del capitán White. De pronto, vio a alguien de espaldas saliendo del internado. Su rostro se iluminó, y se apresuró a seguirlo.
- ¡Papá!
Pero al voltearse el hombre, se dio cuenta que no era él.
A la noche, Candy les contaba a sus amigas más sobre El Ramayana. Mientras que, en la habitación de Eliza, Luisa se revelaba.
- ¡Es todo, no lo soporto más! ¡No importa lo que digas sobre sus historias, serán mucho más divertidas que verte cepillar el cabello!
- Si alguien más piensa como ella, creo que debe retirarse.
Al instante de haberlo dicho, Eliza quedó totalmente sola en su habitación. Lo cual la hizo enrojecer de rabia.
Las tres chicas se unieron al grupo para escuchar la historia.
- Rama se acercó al palacio de espinas, sin saber que Ravana lo estaba esperando.
- ¡Oh, no!
- Ravana lanzó una flecha hacia Rama, él pudo esquivarla. Pero Ravana aún no había terminado. Tomo un arco que podía disparar no una, sino 10 flechas impregnadas con veneno. Las flechas volaron por el aire en dirección a Rama. Golpearon el suelo, y liberaron su veneno. Nubes gigantescas con grueso humo amarillo.
Mientras tanto en el campo de batalla, el capitán White buscaba a algún compañero para ayudarlo. Se le oprimió el corazón al ver a tantos de ellos muertos. Había uno que sostenía en sus manos una foto de su pequeña hija. De repente, oyó una respiración agitada. Corrió rápidamente hacia él.
- ¡Cornwell… Stear!
Lo cargó en su espalda, para buscar refugio. Pero, fueron envueltos por una espesa nube de gas venenoso, y todo quedó a oscuras.
Continuará…
