Capítulo 6
Castigos, amistad, y compasión
Temprano en la mañana, un jovencito cubierto de hollín limpiaba las chimeneas de la escuela. Pero accidentalmente resbaló, y aterrizó en la sala. La Señorita Minchin le jalaba la oreja y gritaba furiosa.
- ¡CHIQUILLO TORPE! ¡LLENASTE TODO DE HOLLÍN! ¡FUERA! ¡TE DIJE QUE NO IBA A TOLERAR NI UNA MANCHA EN MI CASA! ¡Y AHORA MIRA MI BOTA, ESTÁ SUCIA! ¡OLVÍDATE DE TU PAGA ESTA SEMANA! ¡LARGO! ¡Y LLEVATE TU SUCIA Y RIDÍCULA ESCOBA!
La cruel mujer lo echó dándole una patada. Candy y Annie que estaban afuera se acercaron a ayudarlo.
- ¿Estás bien?
- Sí, gracias.
- Es demasiado cruel.
- ¿Cómo te llamas?
- Tom. ¿Y ustedes?
- Soy Candy.
- Y yo Annie.
- Mucho gusto. Bueno, mejor me voy.
- ¡Espera Tom!
- ¿Sí Candy?
- Tengo una idea para darle una lección.
La directora estaba en la sala tocando el arpa. De pronto, le pareció oír que algo caía de la chimenea. Primero se apagó el fuego. Y cuando asomó la cabeza, terminó toda cubierta de hollín. Mientras ella gritaba, los tres chicos reían a carcajadas.
- Jajajaja, fue divertido. Gracias chicas, adiós.
- Adiós Tom.
Candy y Annie seguían riendo mientas ayudaban en la cocina. Luego, Candy tenía que llevar leña para encender la chimenea de la habitación que ocupaba antes. Donde ahora, se encontraba Eliza recostada en la cama y cepillando su cabello.
- ¿Dónde estabas? Me he congelado por casi media hora. Date prisa, enciende el fuego. Y procura no tocar nada con tus sucias manos. Esta es mi habitación ahora, y no permitiré que la desordenes.
Candy permaneció en silencio, y encendió la chimenea. Pero Eliza, quiso molestarla más.
¡Aagh! ¿Qué es lo que huele tan mal? ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste?
La rubia pecosa se paró frente a ella luego de sacudir sus manos. Y comenzó a pronunciar mientras movía los brazos y giraba.
¡Hastaf Okrunasa! Drashanga…
¿Qué estás haciendo? No creo en esas cosas
- ¡Tanstak…
- ¡Basta! ¡Basta he dicho!
- Ta!…
- ¿Qué has estado haciendo?
- Es un pequeño hechizo que aprendí cuando vivía en La India.
- ¿Hechizo? ¿Qué clase de hechizo?
- Ya lo veras. Pero yo no me cepillaría tanto el cabello en tu lugar.
La castaña por un momento toco su cabello asustada. Pero al instante decidió ignorar la advertencia de Candy.
En la noche, cuando se asomó el ratoncito en el desván, Candy le puso en el suelo unas migajas.
- Toma, lo guardé para ti.
En ese momento, la rubia de ojos verdes vio que se abría la puerta. Por un momento pensó que sería la Señorita Minchin para pedirle realizar otra tarea. Pero resultó ser Patty quien entraba con una vela.
- Oh, ¿Aquí vives?
- No deberías estar aquí Patty. Es muy peligroso.
- Candy, ¿Por qué ya no te simpatizo? ¿Hice algo malo?
- No, por supuesto que no. Creí que no me querías como amiga, ahora que las cosas han cambiado.
- Candy, seguramente estarías bien con otras amigas. Pero me haces mucha falta.
- Oh, Patty. Lo siento, debí imaginar que no eras como las otras.
"Toc"
- ¿Qué fue eso?
- Un golpe, significa "Estoy aquí". Dos golpes, significan "Todo está bien"
"Toc, toc, toc"
- Tres golpes, significan "No hay moros en la costa" "El demonio Ravana Minchin está dormido."
- ¡Cielos! Parece una aventura.
- Mira Annie, tenemos visita.
- Hola Annie. Candy, extraño mucho tus historias. ¿Quieres contarnos lo que pasó con Rama y la princesa?
- El humo de las flechas había empezado a desvanecerse. Rama, estaba tendido en el suelo.
- ¡Oh no!
- Pero entonces, pasó algo maravilloso. La gacela que estaba junto a Rama, le devolvió la vida.
Al día siguiente, el señor Cornwell y su hijo Archie junto con Ram Dass, y Anthony, quien había pedido permiso para visitarlos un par de días después de enterarse de la desaparición de su primo, habían llegado a un hospital esperanzados. Pues, habían reportado a un paciente que era un soldado aliado rescatado. Sin embargo, no resultó ser Stear.
- Sufre una amnesia profunda, uno de los efectos secundarios del gas venenoso. Sus ojos sanarán muy pronto. Su memoria… ¿Quién sabe?
- No es mi hijo.
- Lo siento, señor Cornwell. Lo encontraron en muy mal estado. Sin abrigo, y sin identificación. Como su hijo era el único reportado como desaparecido, pensamos que podía ser Alister. Lo lamento.
- Tenía tantas esperanzas. Me siento como un tonto.
- No digas eso tío.
- ¿Es su deseo ser sabio, sahib? – Preguntó Ram Dass. –
- Seguramente un hombre sabio no habría venido aquí.
- De haberlo hecho, habría mirado más de cerca el rostro del soldado.
- ¿Y qué habría visto?
- Sufrimiento, sahib. Necesita que se le atienda.
- Él no es mi responsabilidad.
- Un hombre sabio recordaría que este hombre estuvo en el regimiento de Stear. Si su memoria regresa, podría decirle a sahib qué pasó con su hijo.
- Ram Dass tiene razón papá. Mi hermano podría estar en otro hospital esperando que alguien bondadoso lo traiga a casa y lo aleje de su sufrimiento.
De vuelta en la escuela
Durante la tarde, la directora iría al banco. Y ciertas niñas, habían creado un plan para recuperar un tesoro.
- Si llega el plomero muéstrale el problema, y no te quedes charlando con él le pago por hora. Y corrige las pruebas de latín para cuando yo vuelva.
- Sí, hermana.
Patty y Josephine saludaron a la señorita Minchin cuando salió de su despacho. Y en cuanto se alejó de la entrada, se dio la señal.
- ¡AAAAAHHH!
- ¡Oh no, Milly!
Una vez que la maestra salió del despacho hacia la escalera, las otras niñas entraron.
- Busquemos el camafeo.
Mientras tanto, la señorita Minchin se dio cuenta que había olvidado un guante. Así que regresó a la escuela para buscarlo. Cuando entró, oyó a la niña que gritaba.
- ¿Quieres hacer el favor de controlar a esa criatura?
- Descuida, todo está bien.
La señorita Amelia había buscado a Candy para ayudarla a calmar a Milly. Patty encontró el camafeo en una gaveta. Estuvieron a punto de ser descubiertas. Pues, la directora estaba a punto de abrir la puerta. Pero Annie estaba ahí para ayudarlas.
- ¡AAAAAAHHH!
La directora volteo a mirar a la niña, y las otras aprovecharon para salir
- Yo… Yo… Yo…
- ¿Sí, qué sucede?
- Yo… Creí ver un ratón.
Milly finalmente dejó de gritar, y Candy salió al mercado. Mientras ella se alejaba, un carruaje llegaba. Los vecinos ayudaban a bajar al visitante de rostro vendado.
- Lo hace muy bien, ya casi llegamos.
- Debe confiar en mis ojos, sahib.
Al anochecer en el desván, Annie le cubrió los ojos a Candy sonriendo.
- ¿Qué sucede Annie?
- Es una sorpresa.
La puerta se abrió, y cinco niñas entraron. Cada una con una vela en la mano. Patty, Josephine, Luisa, Clara, y la pequeña Milly.
- ¿Qué están haciendo aquí?
- Princesa Candy, queremos presentarte algo que hemos traído para ti.
- En una peligrosa aventura.
- En nuestra gran cruzada.
- Arriesgando nuestras vidas.
- Yo también.
Candy dibujó una gran sonrisa al ver que habían recuperado su preciado camafeo.
- No sé qué decirles… Ustedes son las mejores amigas que cualquiera querría tener.
En ese momento, la ventana se abrió de golpe y las niñas gritaron al ver que entraba algo.
- No se asusten. Es solo mi amigo el mono, Hanuman.
- ¿De dónde salió? –Preguntó Patty. –
- De la otra casa, de ahí. – Señaló Annie. –
- A Hanuman le gusta venir a visitarme. – El monito se subió a su hombro. –
- ¿Puedes hablar con él Candy?
- Claro. Hanuman, saluda a mis amigas.
Las niñas rieron con los ruiditos del pequeño animal. Luego, todas se juntaron alrededor de la cama de Candy para escuchar otra parte más del Ramayana.
- Después de que Rama volvió a la vida, se apresuró hacia el palacio del monstruo para rescatar a la princesa Sita. De pronto… ¡Ravana apareció!
- ¡AAAAAAHHH!
Candy les cubrió la boca, rogaba porque no las hubieran oído.
Por otra parte, Eliza Leagan cepillaba su cabello como de costumbre. Pero, al ver que el cepillo se llenó de cabello caído, se desmayó del espanto.
- Será mejor que les cuente el resto de la historia más tarde.
Candy bajó a Hanuman, y este volvió al hombro de su dueño quien lo esperaba en la ventana. Él hizo una reverencia sonriendo para despedirse, y las niñas lo imitaron. Pero de repente, la puerta se abrió, y la malvada directora entró furiosa.
- ¡¿Qué está pasando aquí?!
- ¡No tienen la culpa! Yo les pedí que vinieran.
- Ustedes bajen, ya hablaremos más tarde. Annie, permanecerás en tu habitación todo el día de mañana sin comer. ¡Fuera!
La pelinegra salió corriendo aterrada.
- Y tú, harás sus labores además de las tuyas, sin desayunar, almorzar, o cenar. Ya es tiempo de que aprendas Candice White, que la vida real no tiene nada que ver con tus absurdas fantasías. El mundo es cruel y despiadado, y es nuestro deber sacarle la mayor ventaja. Debemos ser productivos y útiles. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?
- Si señorita.
- Excelente.
- Pero no lo creo.
- ¡No me digas que sigues creyendo que eres una princesa! ¡Cielo santo criatura, mira esto! ¡O mejor aún, mírate en el espejo!
La rubia no se dejó intimidar por las palabras de la mujer y contestó firme y segura.
- Soy una princesa, todas las niñas lo son. Aún cuando vivan en diminutos desvanes, aún cuando vistan con harapos, aún cuando no sean bellas, inteligentes, o jóvenes, siguen siendo princesas. Todas lo somos. ¿Su padre nunca se lo dijo? ¿No lo hizo?
- ¡SI VUELVO A ENCONTRARTE AQUÍ CON ALGUNA DE LAS CHICAS, TE ECHARÉ A LA CALLE!
La directora cerró la puerta de ambas habitaciones y se enjugó una lágrima. Aquella niña, sin pensarlo, le dio donde más le dolía. Pues aquella mujer, jamás en su vida fue llamada princesa. Aquello aumentó los celos que tenía de Candy.
Continuará…
