Primero que nada, Muchas Gracias a quienes han agregado esta historia a sus Alertas y Favoritos, así también a quienes ya la han comentado. Perdonen mi tardanza en actualizar, pero hace poco tuve la defensa de mi tesis y la pasé a full con tantas cosas que hacer y estudiar. Y ya que estoy un poco más "desahogada" de trabajo, ya pronto actualizaré mis historias originales.
Umee-chan a mí también me agrada la Rukia de esta historia, más desinhibida y lanzada, ojalá Tite la hiciera salir más espectacular en el manga porque siento que falta que demuestre más potencial, sobre la esposa de Ichigo aún no puedo adelantar ni decir nada; ACCHB gracias por leer el inicio de esta adaptación, acá está el segundo capítulo, ojalá lo disfrutes y también puedas comentar este, y; Sakura-Jeka también agradezco tu comentario y no te preocupes si leíste y comentaste el capítulo días después de su publicación, la cosa es estar en sintonía, sobre Ichigo poco a poco conocerás su historia (de hecho por él es que está clasificada como Angst).
Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.
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CORAZÓN DE PIEDRA
Capítulo 02: Paso a Paso…
Aquella mañana se había levantado con un ánimo que no recordaba desde hacía años. El verano había llegado por fin, y sus jóvenes alumnos se veían alborotados por lo que prometía ser una estación llena de nuevas sensaciones para ellos. Saludó al joven de los Asano con la mano, mientras recogía de su porche el periódico que acababa de arrojar desde su bicicleta, quizá con demasiada rudeza. Sonrió instintivamente, al ver como una jovencita de cabellos negros le seguía montada en la suya, esforzándose en alcanzarle. El mayor de los Asano había entrado en su clase con el firme propósito de volverla loca, pero después de que el acné y el primer amor le bajaran los humos, había logrado tener en él un buen aliado. Sobre todo, porque era el menos escrupuloso de la clase, y el primero en ofrecerse a cazar ranas para las lecciones de ciencias. Claro que también era el primero en colocarla en los lugares menos indicados, como por ejemplo, dentro de su bolso, o en su asiento, justo antes de ocuparlo.
Se llevó la taza de café a los labios, mirando de soslayo a su vecino, quien en esos momentos la saludaba desde su ventana.
Hacía días que no le veía, ya que el curso que impartía había llegado también a su fin, y Rukia no pudo evitar sentir curiosidad por lo que habría estado haciendo encerrado en su particular guarida. Resultaba evidente que no le gustaba tener compañía, y muy especialmente si se trataba de la suya, pero pensó que aún así, valía la pena intentar de nuevo acercarse a él. Era como si de alguna manera, los ojos color miel de él actuaran como un poderoso imán hacia ella, y no pudiera resistir la tentación de profundizar un poco más en lo que ocultaba su oscura y misteriosa mirada.
-Una mañana preciosa, ¿verdad? -le gritó casi sin despegar los labios de su bebida.
El se limitó a asentir con la cabeza, y la joven se encogió de hombros, dispuesta a entrar en casa, cuando le vio hacerle un gesto con la mano.
Cruzó el jardín de un par de zancadas, y se acercó a la ventana, cerrándose con la mano que tenía libre la bata.
Apoyó los codos en el marco de madera, y le miró risueña, curioseando luego con la vista a su alrededor, y tratando de adivinar lo que los retales de tela sobre los tornos ocultaban.
-Estás trabajando en algo, ¿no es cierto? -preguntó animada-. Apenas te he visto salir estos días...
Ichigo terminó de secar sus manos en el paño que colgaba de su cintura, y se detuvo frente a ella, mirándola con fijeza. Estaba preciosa, con aquel aspecto desaliñado, y el pelo revuelto con un mechón cayendo con rebeldía sobre su cara. Le hubiera gustado mantenerla así para siempre, inmortalizarla sin más como otro de sus trabajos. Tenerla con él de esa forma, sin hablar, sin palabras que le recordaran más que lo que veía en esos momentos. Agitó la cabeza malhumorado. Pero, ¿qué es lo que veía realmente? Tan sólo una jovencita candorosa de labios sugerentes que parecían prometerle amor eterno en silencio. Una muchacha de ojos color azul, que se entornaban al tratar de seducirle, y aliento fresco, con el olor de la mañana golpeándole en plena cara, como si para ella fuera lo más natural del mundo.
La odió por hacerle pensar tanto en ello. Por tener ese aire juvenil y sincero que lo enloquecía, y por ofrecérselo todo sin ningún reparo, sin ningún temor a que en cualquier momento, él se decidiera a tomar por fin lo que con callado anhelo ofrecía.
-¿Por qué lo preguntas? -inquirió con inconsciente brusquedad-. ¿Es que has estado espiándome?
Rukia retrocedió sorprendida. Sólo había intentado ser cordial, pero ese hombre estaba comenzado a hartarla con sus constantes cambios de humor.
-¿Es necesario que estés siempre a la defensiva? Intentaba ser amable... Y sinceramente, estoy empezando a creer que no lo mereces -se volvió disgustada, pero antes de que pudiera huir, él la retuvo, tomando su mano entre las suyas.
Era menuda y cálida, y tuvo que soltarla al instante, como si el simple contacto le hubiera abrasado los dedos.
-Perdona. No quería ser grosero -se disculpó en voz baja-. Es que hacía tiempo que no sentía la necesidad de ser sociable, y creo que he olvidado como se hace.
-¿Quieres que sienta pena por ti, Ichigo? No entiendo porqué los famosos se esfuerzan siempre en aparentar ser seres atormentados que se refugian en su arte -tuvo el imperioso deseo de molestarle, de hacerle salir de una vez por todas de su madriguera-. Lamento ser tan sincera, pero he de decirte que eres el vecino menos amable que he tenido el disgusto de conocer. Desde que nos conocemos, no has hecho más que rehuirme, y tratarme como si estuviera la lepra o algo por el estilo. Si no quieres que vuelva a molestarte, no lo haré. Pero por favor, entonces no me mires como si desearas que corriera a tu encuentro, porque te aseguro que no tengo ninguna intención de soportar tus misteriosas frustraciones... Y, Ichigo... aunque este sea un pueblo pequeño, no soy una pueblerina. No tengo el más mínimo interés en cazar un buen partido y sentar la cabeza, si es eso lo que te preocupa. Lo único que he querido decir cuando te he invitado a cenar, es que "quería compartir contigo mi cena". Sólo eso.
Se arrepintió enseguida de no haber sido del todo sincera, pero pensó que era sólo una mentira a medias, y que quizá era el único modo de iniciar una amistad que tal vez nunca pasaría de ser eso, una simple amistad.
-¿Siempre has sido tan honesta? -él esbozó la primera sonrisa sincera desde que le conocía, y a Rukia se le antojó maravillosa, sobre todo porque ella era la causa.
-¿Siempre has sido tan desgraciado? -le respondió con otra pregunta, mordiéndose los labios por su falta de delicadeza.
El frunció el ceño extrañado, como si se preguntara de dónde había sacado una idea tan descabellada. Pero de nuevo volvió a sorprenderla gratamente.
-¿Qué te hace pensar que lo soy? ¿Es que resulta tan evidente?
-Lo siento... No quería parecer curiosa... -se disculpó por su repentino malhumor, pero lo cierto es que pensaba que lo tenía bien merecido.
-Pero lo eres, ¿verdad? Y mucho. Puedo verlo en tus grandes ojos azules, cuando me miras. Veo un interminable interrogatorio en tus pupilas que no se detendrá hasta que tu ávida curiosidad sea satisfecha, ¿no es cierto?
-Te equivocas... Tu vida no me interesa en absoluto... Sólo he pensado que, dadas las circunstancias, podríamos ser amigos.
-¿Sólo amigos? -esta vez su tono fue más burlón que de costumbre-. ¿Quieres decirme que, ni por una sola vez, has pensado en lo maravilloso que sería tener una aventura con el fascinante Kurosaki Ichigo?
Rukia se encogió de hombros, molesta por su sarcasmo, y porque realmente había pensado en ello en más de una ocasión.
-Realmente, tu ego no conoce límites. No sé qué tiene de fascinante conversar con alguien que desconoce la palabra "educación".
-Espera, no te enfades... Sólo estaba bromeando. Debes pensar que soy un estúpido.
-¿Quieres saber lo que estaba pensando? Estaba pensando que te consideras demasiado importante como para aceptar una invitación de tu bruta vecina, pero de todos modos, he captado el mensaje... Adiós.
-¡Rukia! -la joven se detuvo sin volver la cabeza, a punto de cruzar el umbral de su puerta-. Tu invitación... ¿Sigue en pie?
-¿Para que puedas probar tu teoría? -preguntó recelosa por su reciente amabilidad.
-Y para satisfacer tu curiosidad... Y también porque no se me da muy bien cocinar.
Ella se alegró de que por fin pareciera bajar un poco la guardia, y se dijo que era el momento de aprovechar la ventaja que le ofrecía, antes de que se arrepintiera de ello.
-Te espero sobre las ocho... Por favor, se puntual -se despidió de él agitando una mano, sin volver la cabeza, para que no pudiera ver la enorme sonrisa que su pequeño triunfo había estimulado.
Ichigo la vio alejarse, mientras la idea de que había cometido un terrible error iba tomando forma en su cerebro. Ella parecía demasiado feliz como para que se tratara sólo de la inocente cita que quería que él pensase que era. Sin duda, se arrepentiría más tarde de haber aceptado su invitación. Pero en ese momento, sólo podía pensar en el cosquilleo que le recorría la espalda al verla marchar. Incluso su forma de caminar, era tan natural que hubiera sido imposible que el mejor de los artistas lograra plasmarlo en su obra. Observó contrariado el leve movimiento de sus caderas, y la manera en que el viento revolvía su cabello negro. ¿Por qué tenía que parecer tan auténtica, tan llena de vitalidad? Su forma desenfadada de ver el mundo le inquietaba. Aún le sonreía desde su puerta, y a él se le antojó aquel gesto casi diabólico. Parecía burlarse con él de todas sus conjeturas. Era una tontería que, habiendo conocido mujeres tan hermosas que harían perder la cabeza a cualquiera, la visión de aquella joven consiguiera hacerle sudar. No había nada en ella de espectacular. Y sin embargo, no podía apartarla de su pensamiento…
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Mucho tiempo después, ya terminado el crepúsculo, y mientras se dirigía a aquella casa, seguía dándole vueltas a aquella idea. Tenía la impresión, de que aquel encuentro sería algo definitivo en su vida. Como si se tratara de una difícil prueba de fuego que le demostraría por fin si seguía vivo, o si su cuerpo se movía sólo por una simple cuestión de física. De cualquier manera, estaba a punto de averiguarlo, y los dedos le temblaron al encender el cigarrillo que sostenía entre ellos.
Rukia eligió para la cita, una camisa de tiros y una falda pareo que aún no había estrenado, y buscó unas sandalias bajas que le resultaban bastante cómodas.
Había preparado ensalada, bistec con zanahorias y patatas horneadas, y después de comprobar que estaba todo delicioso, se sentó en el porche a esperar su llegada.
Le vio salir de la casa silencioso y titubeante, como si estuviera todavía decidiendo si debía o no dar el paso determinante que podía sellar su amistad.
Levantó su copa cuando le tuvo junto a ella, invitándole a entrar, y sintiendo que una extraña sensación se apoderaba de ella cuando sus manos se rozaron al entregarle la bebida.
El asintió en señal de agradecimiento y frunció el ceño ante el cuidado aspecto de la mesa que ella había preparado.
-Velas, flores en la mesa... ¿No estarás intentando seducirme, verdad? -hizo la pregunta con cierto sarcasmo, pero no pudo evitar que Rukia notara un atisbo de miedo en sus palabras. Parecía nervioso y en el fondo de su oscura mirada, ella veía una amargura oculta, como si para él, sentarse a comer con ella, fuera algo así como un experimento que decidiría el resto de sus vidas.
Dejó que la pregunta flotara en el aire sin respuesta, sobre todo porque no estaba segura de cuál debía ser. En un principio, se había sentido tentada a hacerse notar como mujer, pero ahora, tras enfrentarse con los fantasmas que ensombrecían su mirada, no sabía muy bien lo que deseaba o esperaba de él. Sólo sabía que estaba sufriendo por algo, y que ella no podía soportar verlo en sus ojos... No podía pensar en otra cosa que no fuera apaciguar de alguna manera el dolor que se reflejaba en su impávido rostro sin que él apenas lo notara, y espantar la amargura que afloraba a sus labios con cada palabra.
Tomó asiento frente a él, y comenzaron a degustar la copiosa cena que con esmero había preparado. No la elogió ni una sola vez, pero su gesto de aprobación al probar la carne fue suficiente para que ella supiera que le había complacido, y se sintió feliz por ello.
-Me han ofrecido un puesto en el Instituto de Karakura, como profesor de Historia del Arte... -dijo mientras agitaba lentamente el contenido de su taza de café.
-Eso es estupendo... ¿Piensas aceptar? -preguntó ella, intentando que no se le notara demasiado la alegría que sus palabras producían en su corazón.
-Aún no lo se... No estoy seguro de querer pasar el resto de mis días enseñando... -apuró de un sorbo su café, y luego la miró con fijeza-. Lo siento, no he querido ofenderte. Quería decir que en realidad, todavía no se si quiero quedarme o no en el pueblo.
-Entiendo... -Rukia ocultó su mirada de desilusión bajo sus largas pestañas-. Supongo que para un hombre que ha conocido el éxito, debe resultar bastante aburrida la vida tranquila que ofrecemos.
-No se trata de eso, Rukia... No pongas palabras en mi boca que yo no he dicho. Por el contrario, encuentro muchos aspectos de la vida aquí, sumamente excitantes... -clavó en ella su mirada al decir lo último, moviéndose nervioso en su silla-. Más bien, soy yo quien tiene poco que ofrecer a este pueblo... Y a sus encantadores habitantes.
Rukia sabía que él solo estaba tratando de advertirla, y que se estaba refiriendo sólo a ella cuando hablaba de los "encantadores habitantes", pero no dejó que la asustara con ello.
¿Qué sabía él de lo que ella esperaba? Había en la forma en que él hablaba una callada amenaza, una sombría advertencia que la desconcertaba por momentos. Era como si aprovechara la más mínima ocasión para dejar las cosas bien situadas, bien claras con respecto a ellos dos, y sabía que no iba a darle la oportunidad de entrar en su mundo y demostrarle cuanto era capaz de ofrecer.
-Tal vez, los "encantadores habitantes" de este pueblo no esperen nada de ti. Quizás sólo quieren darte la oportunidad de formar parte de ellos de alguna manera... Ichi, no todo el mundo espera algo a cambio de algo...
-¿De veras? Entonces, ¿no esperas nada a cambio de esta deliciosa cena y de tu maravillosa compañía?
Rukia recogió los platos en silencio.
-No sabía que estábamos hablando de mí concretamente... -mintió-. Pero no, no espero nada. Salvo que seas amable y quizá elogies mi talento culinario. Y puede que incluso te pida que laves los platos. Pero creí que ya habías superado eso cuando decidiste venir a mi casa.
El llevó el resto de los platos y los dejó en el fregadero cuando terminaron de cenar, luego Ichigo se quedó cruzando los brazos sobre el pecho en actitud desafiante y mirándola con los párpados entrecerrados.
-En realidad, no sé bien qué pensar de ti -murmuró con la boca torcida en un rictus amargo que ella deseó poder hacer desaparecer-. Me desconciertas, Rukia... Apenas te conozco, y sin embargo, hay algo en ti que me intriga, de veras. Es como si en algún lugar de tu cuerpo una fuerza desconocida se esforzara por arrastrarme junto a ti, y yo me debatiera constantemente entre el deseo de huir y el deseo de sucumbir. ¿No te parece una locura?
-Quizá debieras dejarte llevar por tus impulsos por una vez en tu vida -se atrevió a hablar, desafiándole con la mirada.
-¿Eso crees? ¿Quieres saber cuáles son mis impulsos en este momento? -acarició con los dedos su mentón, dejando que su mano descansara en la línea de sus hombros-. Sólo pienso en llevarte a la cama, Rukia. Tomar de ti lo que puedas ofrecerme y volver a mi casa para maldecirme y olvidarte sin más. ¿Es eso lo que quieres para ti? ¿Un momento de pasión entre dos personas que se sienten demasiado solas? Dime, Rukia... ¿Es eso lo que quieres?
Ella no se dejó impresionar por su amenaza. Retuvo su mano sobre su hombro, sonriendo condescendiente por la forma en que él trataba de alejarla con sus palabras. No podía engañarla tan fácilmente, no cuando sus ojos la miraban con ese silencioso anhelo que la conmovía infinitamente.
-Sospecho que eres tú quien se encuentra solo, Ichi -dijo con ternura-. Y no, no es eso lo que deseo. Por lo menos, no ahora... Y me temo que tú tampoco, por mucho que te esfuerces en hacerme creer que sí.
-Rukia, estás jugando a un juego muy peligroso, un juego de adultos. Ya no eres la adolescente con la que solía tropezar en los pasillos de la escuela... Hemos dejado de ser niños, Rukia...
-Entiendo. Escucha, Ichigo... Quizá yo no sea demasiado atractiva, o demasiado inteligente... Quizá no sepa nada de ti, ni de la vida que has abandonado al regresar... Pero sí se una cosa, y es que pareces desconfiar de cualquiera que te brinda su amistad... Puedo leerlo en tus ojos, y quisiera poder ayudarte... Pero supongo que no soy más que una desconocida para ti, ¿no es cierto? No tengo derecho a entrometerme en tus cosas...
Él clavó en ella su desconcertada mirada, sorprendido por la capacidad que poseía aquella mujer de adentrarse en su mente, como si lo conociera de pies a cabeza y aún más.
-¿Y si sólo aprovechara toda esa ternura que pareces estar tan dispuesta a ofrecer? ¿Y tomara esa boca y esos besos y me los llevara como recuerdo y después no te volviera a ver? ¿Podrías soportar eso? ¿No me odiarías por ello?
Rukia se mordió los labios. ¿Odiarle? ¿Cómo podría odiarle, si apenas había empezado a conocerle? Deseó poder tener una respuesta que no le hiciera huir para siempre, pero no la encontró. Lo que él le proponía no eran más que migajas de lo que ella siempre había anhelado, y no estaba segura de poder conformarse con tan poco.
-Entiendo... ¿No puedes hacerlo, verdad? No puedes darme toda esa dulzura sin más. No puedes consolarme y dejar que me apoye en ti sin querer algo a cambio, sin mirarme con esos ojos tiernos y brillantes y exigirme que me comprometa de alguna forma. ¿No serás entonces mi gran amiga, no habrá para mí ni una sola palabra amable que arroje un poco de luz a mi triste existencia?
La joven notó cierto sarcasmo en sus palabras, que en realidad disfrazaban toda la inquietud que su descubrimiento sobre ella le ocasionaba. Deseó que pudiera ser tal y como él quería que fuera, pero no era tan fuerte... No lo era, y se odió por ello.
-Ichi, yo...
-No lo sientas, mi pequeña y dulce amiga... Soy yo quien debe sentirlo. Lo sentiré cada vez que piense en lo cerca que está tu ventana. Pero no podré hacer nada al respecto, ¿lo comprendes? No "deseo" hacer nada al respecto. Mi vida ya es lo bastante complicada como para complicarla aún más.
-Por favor, Ichigo... ¿A quién pretendes engañar con todas esas ridículas frases hechas? No recuerdo haber pedido tu mano en matrimonio. Pero, dime, ¿en qué siglo vives aún? -le acusó con voz calmada-. Te invito a cenar, charlamos un poco, y montas una escena tan solo porque me he atrevido a pensar que podíamos ser amigos... Realmente, eres bastante raro, ¿lo sabías?
-Rukia... -él titubeó unos instantes antes de tomarla entre sus brazos, y la besó con fuerza, casi con crueldad. Fue como si hubiera estado hambriento durante mucho tiempo, y de repente los labios femeninos saciaran su apetito en ese mismo instante, dejándola temblorosa y confusa ante él, sin defensa ante su repentino ataque. Cuando la soltó, el corazón le latía con tanta fuerza que parecía escapársele del pecho, pero no le importó. Sólo podía ser consciente de lo que había visto en él mientras la besaba, y no podía apartar aquella imagen de su mente.
-Tengo que irme, Rukia... Antes de que...
Le vio desaparecer silencioso, tan silencioso como había regresado a su vida unos días antes...
Continuará…
¿Qué tal? Espero que les haya gustado el capítulo, ¿vieron cómo la relación del IchiRuki va avanzando? Sé que el Ichigo de acá es muy desconfiado, solitario y deprimido, pero poco a poco conocerán sus motivos (que son muy fuertes para que se hay convertido en lo que es). Nuevamente espero sus comentarios. Y ya que estoy de generosa XD, acá les dejo otro pequeño adelanto de lo que se viene:
-Se conocerán los amigos de Rukia y su pequeña historia dentro de la trama de "Corazón de Piedra".
-Rukia conocerá a un hombre clave en su vida, ¿rival de Ichigo…? Ya veremos.
Desde la distancia y el internet, su amiga.
Joey-San (Kuchiki9474).
