Nuevamente, muy buenos días/tardes/noches para todas aquellas personas que son usuarios directos e indirectos de FF. Acá viene otra entrega de su adaptación "Corazón de Piedra".

Saben, no sabía si subir este capítulo o no; y es que con la mentada y odiada ley S.O.P.A., no estaba muy segura de si FF me dejaría subir el nuevo apartado. Hace días por ejemplo, no pude descargar el manga 479 de Bleach -incluso no sabía que Megaupload ya estaba cerrado- y pues no sé a cabalidad a cuantos sitios y foros afectará esa ley anti-pirateril, de ahí mi duda. ¡Hoy si que nos fregaron!

Pero bueno, con respecto a la actualización de hoy -volviendo al fic-, espero que la disfruten y comenten. De antemano, perdonen mi tardanza pero en diciembre estuve muy ocupada y en enero continué igual, y hoy en febrero tengo que resolver pendientes en la U (¡me han perdido papeles, carajo!). Sin embargo, haré mi esfuerzo por actualizar ésta y mis demás historias.

De paso, en la siguiente actualización les prometo contestar sus comentarios y de paso agradecer a quienes han agregado esta historia a sus alertas y favoritos. Últimamente no gozo de tanto tiempo para navegar.

P.D.: Para mi estimada Sakura-Jeka, aún espero tu comentario para el Capítulo 03, sino espero que comentes doblemente (lo digo por el apartado de hoy).

Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.

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CORAZÓN DE PIEDRA

Capítulo 04: Conociéndote, Conociéndome…

Shiba Kaien resultó ser más interesante de lo que ella imaginaba. Se había esforzado esa tarde en escoger el peor vestido para la ocasión, y ahora, al verle allí parado junto a ella, con aquella sonrisa encantadora, se odió por ser tan egoísta. Aquel hombre había logrado hacerla reír durante toda la fiesta, y cuando menos se merecía lucir una pareja en condiciones. Aprovechando que la orquesta descansaba, se metió en el cuarto de baño para arreglar un poco la situación. Colocó una de las margaritas que decoraban los espejos sobre su alborotado cabello, y redujo el largo de su vestido a la mitad sosteniéndolo con unos alfileres que había robado del mantel de la mesa de ponche. Se pellizcó las mejillas y pintó sus labios con esmero, y al mirarse al espejo, descubrió que después de todo, el resultado no estaba tan mal. Casi parecía atractiva, y se alegró de ello.

Kaien la miró con aprobación al acercarse a él, y tomó su cálida mano para adentrarse en la pista de baile. Era extraño, pero se sentía bien. Era como si de repente, fuera de nuevo aquella quinceañera nerviosa a quien su pareja había dado plantón. Pero esta vez no iba a dejar que eso le arruinara la noche. Estaba dispuesta a pasar una velada agradable, y tenía que reconocer que esta vez su amiga había dado en el clavo. No podía haber elegido para ella mejor pareja, y sonrió tímidamente cuando él le pidió que salieran a tomar el aire a la terraza.

-Tengo que disculparme contigo, Kaien -confesó avergonzada-. Si he de serte sincera, estaba absolutamente decidida a que pasaras la peor noche de tu vida... Sólo para que no quisieras volver a verme...

-¿De veras? Entonces, ya somos dos -él soltó una carcajada al ver la expresión de sorpresa de ella-. Matsumoto es una mujer encantadora, pero tiene ese extraño deseo de unir a las personas que no quieren estar unidas. No es que tú no me gustes, pero... Bueno, creo que aún no estoy preparado para enamorarme de nadie. Desde que perdí a Miyako no he podido volver a mirar a otra mujer...

Rukia le miró conmovida. Aquel hombre le pareció extremadamente sensible, y envidió sin querer a la mujer que había logrado conquistar su corazón.

-Lo siento -susurró, apretando su mano en un gesto de camaradería y solidaridad-. Debe ser muy duro amar a alguien y no poder estar a su lado...

-Aprendes a vivir con ello, créeme.

-Eres un buen hombre, Kaien. Perdóname por haber tratado de asustarte con mi comportamiento.

El se encogió de hombros y la tomó de la mano para adentrarse de nuevo en la fiesta.

-Sólo si me prometes no contarle a Matsumoto nuestro secreto. Dejemos que crea que su Cupido ha hecho buen blanco en nosotros, ¿quieres? Así por lo menos no nos buscará de nuevo pareja, no durante unos días... Te aseguro que al entrar he visto como una mujer de aspecto severo me miraba de manera muy sospechosa...

Rukia observó a Ise Nanao, que analizaba cada uno de sus movimientos, y no pudo evitar guiñarle un ojo con picardía, provocando que la mujer de gafas desviara la mirada.

-Es la mujer de la que te hablaba -comentó Kaien en voz baja-. ¿Crees que debo invitarla a bailar?

Rukia le golpeó el tobillo con disimulo, convencida de que aquel hombre era muy capaz de hacerlo.

-¿Bromeas? Se desmayaría antes de llegar a la pista...

El sonrió, mientras la obligaba a girar como una peonza a su alrededor. Era un gran bailarín, y tuvo que reconocer que el resto de las mujeres la observaban con envidia por lo que consideraban seguramente un suculento partido.

-Y bien, Kuchiki-San -pronunció su nombre con solemnidad, y a ella le pareció encantadora la forma en que la hacía reír-. ¿Demostramos a estos jovencitos lo que es bailar?

Las primeras notas de "After Dark" de ASIAN KUNG-FU GENERATION comenzaron a sonar, y los chicos y chicas de su clase aplaudieron entre burlas el momento en que los dos se convertían en el centro de atención, sorprendiendo con sus torpes acrobacias al resto de los asistentes.

El resto de la noche pasó casi sin advertirlo, y cuando la acompañó a casa, a pesar de sus protestas, fue sincera al decirle que hacía años que no pasaba un rato tan agradable.

-¿Podemos vernos otro día? -le preguntó él, ya más relajado. Para él debió ser un alivio descubrir que ninguno de los dos estaba buscando una aventura, y que sólo eran dos personas solitarias que podían hacerse mutua compañía sin más-. Es decir, si no tienes nada mejor que hacer...

-Y aunque lo tuviera, Kaien -le sonrió de forma enigmática y burlona-. ¿Crees que voy a dejar que Matsumoto me torture otra vez con tus muchas virtudes?

-No quisiera hacerte perder el tiempo, ahora que ya sabes... Bueno, que ya lo sabes.

-Tengo todo el tiempo del mundo. Soy una aburrida profesora que se ha quedado sin alumnos por culpa de las vacaciones, ¿recuerdas? No, en serio, me encantaría volver a verte. ¿Qué tal el próximo domingo? ¿Te gustaría ir a pescar?

-¿Bromeas? Creía que las mujeres se limitaban a cocinarlo -estaba bromeando y a Rukia le encantó que tuviera tan buen sentido del humor. Quizá era lo que necesitaba para variar. Un poco de diversión sin preocuparse de nada más, y sin pensar que al cabo de los años, se parecería cada vez más a las solteronas de las que solía hablar su amiga para reprenderla. Era reconfortante saber que había alguien más en el mundo que disfrutaba de la peculiar intimidad que da la soledad, aunque no hubiera elegido voluntariamente esa soledad.

-A "esta mujer" no le queda más remedio que pescarlo también. A menos que quiera pasar media hora en el supermercado guardando cola y escuchando los chismes que no quiere oír. Y prefiero lo primero, créeme. Además, era algo que solía hacer cuando era niña. Mi padre me convirtió en una experta, te lo aseguro... Me gusta ir de vez en cuando, es como si volviera al pasado y a veces, creo que incluso puedo oler el aroma de su pipa. Supongo que a mi manera, es como si estuviera con él.

El echó una rápida ojeada a su reloj de pulsera, y la joven supuso que le estaba aburriendo con sus recuerdos.

-Es muy tarde...

-Y te estoy aburriendo. Debo parecer una anciana senil aferrándose a su pasado -se apoyó en la puerta, deseando que ese momento de paz no terminara nunca.

-Ni lo sueñes... Eres una mujer maravillosa, Kuchiki Rukia. No permitas que nada te convenza de lo contrario, ¿lo prometes? Hasta el domingo, entonces -la besó en la mejilla. Fue un beso cálido, tierno, desprovisto de deseo, y ella le agradeció en silencio que fuera así. En ese momento hubiera deseado que aquel hombre fuera el mismo que rondaba sus sueños -Ichigo-, y que la tomara apasionadamente entre sus brazos para hacerla sentir viva. Hubiera deseado que el tiempo no hubiera pasado para ambos y que la vida les hubiera reunido en otras circunstancias... Pero no era así, y era una cobardía fingir otra cosa. De cualquier modo, se alegró de haberle conocido, segura de que si quería, aquel hombre podía llegar a ser algo muy especial para ella... Si quería... Pero ni siquiera podía pensar en ello... Le vio marchar y se despidió de él agitando los dedos.

Se quedó allí parada durante unos minutos. No le apetecía entrar en casa aún. La noche había sido gratificante, y se dijo que llamaría a su amiga a la mañana siguiente para agradecerle sus esfuerzos.

De pronto, algo llamó su atención. Una figura se movía en la oscuridad junto a los arbustos, y Rukia pensó que se trataba de su perro Shikai. Debía haberlo dejado olvidado fuera toda la noche, y el pobre estaría asustado.

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-¡Shikai! Ven aquí, muchacho -entrecerró los ojos para ver mejor, y a la luz de su puerta, la figura comenzó a dibujarse con más claridad. Se acomodó un poco más, apoyando las caderas contra el barandal de la entrada-. Oh, eres tú... Pensé que se trataba...

-De tu perro. Te he oído llamarle -dejó reposar su ancha espalda junto la suya, rozando casi sus hombros descubiertos-. Te vi llegar hace un rato... Con ese hombre. Por cierto, estás preciosa.

-¿Qué quieres decir? -le preguntó con voz calmada.

-Sólo que ese vestido te sienta muy bien -la halagó de nuevo, ladeando la cabeza para observarla mejor.

-Sabes que no me refería a eso... -le regañó con dulzura.

-Entiendo... Bueno, sí lo confieso. He estado espiándote... Pero te juro que no he escuchado nada de lo que hablaban -sonrió con nerviosismo-. Y eso que me he esforzado lo mío en hacerlo.

-No tenías porqué -quería parecer enfadada, pero no podía. No después de ver cómo la estaba mirando, con aquellos ojos de color miel y brillantes, preguntándose en silencio si toda su ternura era aún sólo para él-. Ya deberías saber que cuando uno escucha a escondidas suele oír cosas que no le gustan...

-¿Y es cierto? ¿No me habría gustado? -aunque él se esforzaba por parecer tranquilo, Rukia sabía que su pregunta ocultaba un descontrolado deseo de que lo tranquilizara. Observó el temblor de sus dedos al apagar su cigarrillo, y siguió sus manos hasta los bolsillos, tratando de controlar la risa que eso le provocaba. Realmente, parecía un chiquillo asustado por perder el puesto de honor que ella le había dado sin pedirle nada a cambio.

-Según se mire... -contestó con un suspiro-. Shiba Kaien es viudo, no ha conseguido olvidar a su esposa, y sólo busca un poco de amistad. Y yo soy demasiado tonta para tratar de atraparle y aprovecharme de su debilidad... Todavía no estoy tan desesperada.

El ocultó el rostro, pero no pudo evitar que la joven le viera suavizar la expresión, como si oír aquello le quitara un gran peso de encima.

-Te aseguro que esto le costará un gran disgusto a mi amiga, pero en fin... No se puede luchar contra el corazón, ¿no crees? Después de todo, creo que en el fondo, tiene razón. La soltería es sólo un estado más en la vida, pero, diablos, ¡cómo cuesta estar solo! No creí que me afectara tanto, pero empiezo a envidiar a todas esas mujeres que pasean a sus críos los domingos... Yo sólo puedo pasear a mi perro, y eso cuando le apetece...

-Estás exagerando... -él frunció el ceño al verla soltar una carcajada-. ¿Me tomabas el pelo? Creo que voy a matarte...

-Tenías que verte la cara... Mirándome conmovido -le tomó la mano y la apretó con ternura, transmitiéndole todo su calor hasta hacerle temblar, y luego la apartó-. ¿De verdad has creído que hablaba en serio? Ichi, estamos en el siglo XX. ¿Cómo puedo sentirme sola, con tantas cosas como hay por hacer?

El se movió inquieto, aparentemente disgustado por sus burlas. Era deliciosa en todos los aspectos. Tan femenina y divertida a la vez... ¿Es que era consciente de ello y lo hacía a propósito para enloquecerlo? ¿Por qué dejaba que la luna dibujase aquellos diabólicos reflejos en su pelo? ¿Es que no podía sonreír de otra manera? Tuvo que respirar hondo para contener el deseo de besarla.

-Hoy pareces especialmente feliz -observó con sarcasmo-. ¿Es a causa de tu galante caballero? Si como dices, no está interesado, no deberías hacerte ilusiones.

-Eres un aguafiestas, Ichi. ¿Nunca bajas la defensa? Deberías disfrutar más a menudo de las cosas tal y como vienen... Mira esta noche, ¿no te parece maravillosa?

Ella le parecía maravillosa. ¿Cómo quería que apreciara una sola de aquellas brillantes estrellas, si no era consciente de nada que no fuera ella misma? Con las mejillas sonrosadas y los párpados entornados hacia las estrellas, era la cosa más bonita que había visto jamás... Deseó tener un poco de barro entre sus manos para poder inmortalizarla en ese mismo instante, y la idea le pareció absurda. Cómo si necesitara tenerla delante para recordar cada una de sus facciones... Podría incluso dibujarla con los ojos cerrados y así convertirla en la mejor obra de cuántas había creado. Su musa.

-¿En qué piensas? -inquirió ella en voz baja, para no romper el silencio que les rodeaba.

-Pienso en ti, ¿es que no lo sabes? -su voz parecía un lamento, y ella deseó poder hacer desaparecer de sus ojos la sombra que a menudo los oscurecía-. Si pudieras verte... ¿Porqué no pareces nerviosa, ni siquiera preocupada, y yo tiemblo como un flan cada vez que te miro?

-No lo sé, Ichi, dímelo tú -acercó su rostro al suyo, dejando sus labios tan cerca que podía sentir el aliento de él en sus mejillas.

El acarició con el pulgar su mentón, recorriendo luego la línea de su nariz y sus sienes, y dejando al final que ambas manos enmarcaran toda su cara.

-¿Que de qué tengo miedo? -repitió él en un tono casi inaudible-. De esto, Rukia. Precisamente de lo que está ocurriendo ahora. Estás tan bonita, con esa sonrisa de colegiala enamorada regresando del baile, que casi envidio a ese... ¿Kaien?

Ella se apartó bruscamente.

-No tienes porqué. Podrías haber sido mi pareja esta noche si no fueras tan escurridizo, si no escondieras la cabeza cada vez que paso por delante de tu ventana... Pero, no. Tú tienes que encerrarte en tu cueva, evitar cualquier diversión por inocente que esta sea... ¿Es que cumples algún tipo de penitencia que te impide vivir como una persona normal, Ichigo? -le sostuvo la mirada largo rato.

-Rukia... Han ocurrido cosas, cosas terribles, que tú ni siquiera podrías imaginar... -rehuyó sus ojos, como si quisiera ocultar de la vista femenina un pecado abominable que les apartaría para siempre-. ... Creo que ya hemos hablado lo suficiente por hoy...

-¡Eso es, Ichi, huye! Corre a esconderte de nuevo en tu estudio. Haz lo que estás acostumbrado a hacer...

-De todos modos, ¿a quién le importa? -preguntó encogiendo los hombros, en un gesto de indiferencia que ya era habitual en él.

-A mí me importa... ¿No es suficiente? -ni siquiera quería oír su respuesta. Tal vez era demasiado dolorosa, demasiado sincera, y no se sentía con fuerzas para llevársela consigo a la cama. Había tenido un día estupendo, y no le apetecía que aquello lo estropease.

-No tienes ni idea... Y no voy a permitir que nadie más me juzgue... Nadie salvo yo -la miró fijamente.

-¿Juzgarte por qué? ¿Es que has robado, estafado, has matado a alguien y enterrado su cadáver en tu jardín? Por Dios, Ichi, no hay nada tan horrible que no puedas contarme. No soy tu verdugo... Sólo quiero ser tu amiga, pero si no me lo cuentas, este silencio acabará por terminar lo que ni siquiera ha comenzado aún... Diablos, no sé porque nos estamos poniendo tan dramáticos. Ni siquiera sé de qué estamos hablando...

El la tomó por los hombros y clavó en ellos sus dedos con tanta fuerza que hizo que gimiera. Si pudiera confiar plenamente en ella, si pudiera descansar su cabeza en su pecho y dejar aquella calidez lo envolviera... Deseaba tanto que entrara en su vida que le dolía. Pero, ¿y si ella le fallaba? ¿Y si no se trataba más que de un simple capricho, como lo había sido para su esposa? ¿Y si se burlaba de él y le rompía una vez más el corazón, helándolo para siempre? No estaba seguro de querer pasar por eso otra vez.

-¿De verdad quieres saberlo? ¿Quieres oír cuál es la razón de que huya despavorido cada vez que clavas en mí tu dulce mirada?

Ella sabía que sólo necesitaba asentir y él le rebelaría todos sus secretos. Y lo hizo... Parecía tan vulnerable, allí parado frente a ella, impasible, tratando de aparentar una serenidad que no poseía, que tuvo que contenerse para no cubrir de caricias aquel rostro atormentado.

-¿Si pensaras que, aunque fuera indirectamente, he podido ser el causante de la muerte de alguien, me odiarías? ¿Pensarías que soy un monstruo y me mirarías con ojos asustados, si sospecharas que pude dejarme llevar por la furia y causar una muerte?

Rukia permaneció rígida, sorprendida por la seriedad con la que él le había hablado. ¿Se estaba refiriendo a su esposa? ¿Acaso sus palabras tenían algo que ver con lo que Matsumoto le había contado? Quiso saber más, preguntarle acerca de aquello que parecía herirle tanto, pero sospechaba que si tenía la osadía de hacerlo, no volvería a verle más.

-Ichi, ¿qué dices? Estás consiguiendo asustarme...

-Necesito saberlo, Rukia... -su voz sonaba como la de alguien desesperado, y la joven pensó que ya no quería saber el porqué, que quizá era algo tan terrible que no pudiera olvidarlo-. Dime, ¿me negarías la dulzura de tus labios, la calidez de tu risa confiada, si pensaras que he hecho algo realmente terrible? ¿Te volverías contra mí y evitarías que nos vieran juntos, incapaz de soportar las murmuraciones? ¿Lo harías, Rukia?

-Ichi, yo... -apenas podía articular palabra.

Sospechaba que él no aceptaría una sola frase compasiva. Fuera lo que fuera lo que él ocultaba, le estaba negando la posibilidad de llevar una vida normal, y lo peor es que él no deseaba hacer nada para evitarlo. No sabía la causa de su dolor, pero intuía que este era tan inmenso que le asfixiaba. Deseó poder compartir con él todo ese dolor, quería consolarle, pero ¿qué se le dice a un hombre que ha parece haber perdido todo deseo de vivir, todo anhelo de sentir?

Le vio marchar sumido en sus propias conclusiones, y corrió tras él, pero al llegar a su puerta, el miedo hizo que sus pies se detuvieran. No podía acercarse con las manos vacías, porque el cariño que comenzaba a sentir por él no bastaba para retenerle... Debía ser paciente, y esperar... Había tanto sufrimiento en su rostro, tanta amargura por aquel secreto que ella deseaba desenmascarar... Había hablado de muerte... ¿Muerte de quién y por qué? Miles de interrogantes la asaltaban para atemorizarla aún más. ¿Qué podía ser tan terrible como para que ni siquiera pudiera hablar de ello? Estaba convencida de que aquel hombre lleno de sensibilidad, era incapaz de causar daño alguno a nadie. Y sin embargo, él se culpaba y sufría por ello, y pensarlo la hacía sufrir también.

Retrocedió, mordiéndose los labios, y deseando estar en lo cierto, deseando no equivocarse con respecto a él... ¿Y si cometía el error de confiar en él y en la mirada perdida que la devoraba cuando estaban juntos? ¿Y si los chismes que circulaban sobre él fuesen ciertos, y su pasado tan brutal que la hiciese sentir deseos de morir para expiar por él sus pecados? Apretó los puños, intentando alejar aquella idea de su cabeza. No era así, Ichigo no era el hombre frívolo que todos creían, no era el malo de la película... Podía leerlo en su oscura mirada achocolatada. Podía ver en ella una ternura tan infinita que parecía estar allí esperándola, esperando a que ella se decidiera a amarle para poder liberarla por fin... Pero, ¿podría derrumbar esos muros algún día?

Continuará…

Muy bien amigas y amigos, acá termina el capítulo de hoy. Espero que lo comenten dejando un review pues realmente deseo saber si este esfuerzo de adaptar historias interesa aún.

Disculpen si no respondo a sus comentarios sobre el episodio anterior pero no he tenido mucho tiempo libre, sin embargo para la próxima prometo contestar sus acotaciones.

Sobre los adelantos, pues aquí están:

-Rukia y Kaien van de paseo. ¿Se enterará cierto cascarrabias de cabello naranja? Y si es así, ¿cómo creen que reaccionará Ichigo?

Una fuerte discusión se aproxima… Sin embargo, una enfermedad suavizará el mal talante de cierta situación.

-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? -hizo la pregunta con sarcasmo, pero al ver como palidecía, la expresión de su rostro cambió. Las piernas de la joven se doblaron y él la sostuvo por los hombros para evitar que cayera sobre la alfombra.

Mis mejores deseos para ustedes y un enorme saludo desde la distancia y el internet, su amiga.

Joey-San (Kuchiki9474).

¡Feliz día!