¡Saludos usuarios de FF…! Ya sé que me quieren apedrear por TAN larga ausencia de este sitio, y… En fin, no los voy a aburrir con tanta cháchara, así que me limitaré a decirles que pronto actualizaré con más regularidad ésta y otras ficciones mías. De paso, también me pondré al corriente para contestar sus reviews, así como detenerme para agradecer a quienes han agregado esta historia a sus Alertas y Favoritos.

Mis más sinceros agradecimientos a quienes han estado en sintonía con esta adaptación. ¡Espero sus comentarios para el capítulo de hoy!

Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOo

CORAZÓN DE PIEDRA

Capítulo 05: Llamado de Emergencia…

El domingo llegó con mucha más rapidez de lo que esperaba. Rukia había perdido toda ilusión por mantener su cita con Kaien. Después de lo ocurrido, no le apetecía en absoluto charlar con nadie. Casi se sentía culpable por compartir con él aquella dramática conversación, y no podía dejar de pensar cada minuto en lo que él estaría haciendo en esos momentos. Pero Kaien no tenía la culpa de que por fin su curiosidad hubiera recibido lo que merecía, así que cuando le vio aparecer con su cesta cargada de cebos, decidió acompañarle hasta el río.

Alquilaron una barca y se adentraron un poco, con la esperanza de que los peces picaran antes, pero después de dos horas de lanzar la caña y esperar, ambos se miraron risueños.

-¿No decías que eras una experta? -preguntó él divertido. Rukia torció la boca con gesto desconsolado.

-Bueno, tú tampoco has conseguido gran cosa, que digamos -sonrió al ver como el hombre desenganchaba un raído calcetín de su anzuelo-. Dios, deberían multarte por pescar algo así...

-No, deberían multar a quien echó esto al agua -lo guardó en una bolsa-. Lo tiraré cuando llegue a casa... ¿Cuánto tiempo llevamos a la deriva, mi Capitán?

Rukia se levantó de su sitio, haciendo que la barca se tambaleara hacia un lado.

-Hora de regresar, me temo... Empiezo a pensar que estos peces nos están tomando el pelo, Kaien...

-De eso nada, amiga mía -él se colocó al revés una vieja gorra, como si aquello pudiera hacer que la suerte les acompañara-. Dije que habría pescado para cenar, y lo habrá...

-Shiba Kaien... Desiste, por favor -le pidió, uniendo las palmas de sus manos en un gesto divertido-. Reconoce que esto no se te da nada bien...

-¡Mira quién fue a hablar! -lanzó de nuevo su caña, y al hacerlo, el anzuelo se enganchó en la camisa de la joven, arrastrándola en sentido contrario hacia el agua-. Rukia... ¡Cuidado!

Su advertencia llegó demasiado tarde, y cayó de espaldas sobre el helado líquido, ante la mirada atónita de su acompañante. Por fortuna, era bastante mejor nadadora que él, y al final tuvo que emplear toda su fuerza para rescatarle, después de ver como se lanzaba al agua para ayudarla y perdía casi el conocimiento.

Cuando llegaron a la orilla, estaba exhausta, y apenas podía articular palabra del frío. Le llevó hasta su casa e hizo que se despojara de sus ropas, metiéndolas rápidamente en la secadora. Poco tiempo después, ambos tomaban café bien caliente frente a la ventana, ataviados tan sólo con una manta, y Rukia no pudo evitar reír a carcajadas ante la mirada avergonzada de su amigo. Era evidente que se sentía humillado ante el hecho de que una mujer le hubiera sacado a rastras del agua, pero se esforzó por que viera el lado gracioso del asunto, y al final su amplia y sincera sonrisa le dijo que lo había conseguido.

-Míralo de esta manera... -comentó divertida-. Si no hubiera caído al río, aún estaríamos como dos tontos esperando que algo picara...

El hombre asintió correspondiendo a su sonrisa.

-Es cierto. Pero te equivocas, sí que picó algo... -la señaló mientras sonreía ante su propia ocurrencia-. Pero no dejo de sentirme ridículo... Vaya una manera de impresionarte, lanzándome al agua como un tarzán de pacotilla... He tenido suerte de no ahogarte también.

-Vamos, Kaien, no le des tanta importancia... Si te soy sincera, he de confesarte que los muertos dejaron de impresionarme cuando comprendí lo quietecitos que se quedan bajo tierra... Aunque, de todos modos, ha sido un gesto galante por tu parte.

El la regañó con la mirada, suplicando con gesto teatral que dejara de burlarse de él.

-Iré a ver si tu ropa está seca. No quiero cargar con una pulmonía en mi conciencia -le lanzó un beso desde la cocina, y él simuló atraparlo en el aire con su mano.

Realmente, Kaien era un hombre estupendo. Divertido, encantador en todos los sentidos, y deseó sentir el mismo hormigueo que sentía cuando Ichigo estaba cerca. Pero no era él, y no había química entre ellos. No existía la más mínima atracción, a pesar de que poseyese aquel maduro y apacible atractivo, aquel deje de seguridad que en otra época hubiera podido conquistarla. No escuchaba campanas, ni saltaban chispas de deseo cuando le miraba, ni notaba que su rostro gentil provocara en ella la necesidad de abrazarle hasta morir. Sí, era una pena que aquel hombre que la observaba, poniendo muecas en su cara para hacerla reír, no fuera Kurosaki Ichigo.

Dirigió la mirada distraída hacia la ventana, y esta se heló de inmediato al topar con la de su vecino. No podía descifrar exactamente lo que significaba la oscuridad que veía en sus ojos, ni la forma en que les espiaba con el ceño fruncido. Pero el rictus sarcástico que dibujaba su boca no dejaba lugar a dudas sobre lo que estaba pensando que ocurría, y lo maldijo por ello. Ese hombre era increíble. La estaba condenando sin permitir si quiera que le explicara lo ocurrido, pero qué demonios... ¡No tenía ningún derecho a hacerlo! Y no estaba dispuesta a dar explicaciones a alguien que la juzgaba con tanta ligereza. Echó las cortinas de un manotazo, a sabiendas que eso le enfurecería aún más al sospechar la clase de intimidad que insinuaba su gesto, y se sentó a charlar animadamente con su amigo.

oOoOoOoOoOo

Después de varias horas, y una vez sus ropas estaban suficientemente secas, Kaien abandonó su casa, despidiéndose con un casto beso en la frente. Tenía que regresar para atender su negocio y Rukia pudo observar que, aunque trataba de decirle adiós de una manera indiferente y cordial, el hombre había comenzado a sentir por ella algo más que amistad. En el fondo, se alegró de verle marchar, porque no hubiera sido capaz de llegar a nada más con él, y no quería tampoco herir sus sentimientos.

Se tocó la frente preocupada. El chapuzón había hecho que le subiera la temperatura, pero no había querido preocuparle, y ahora sentía que todo el cuerpo comenzaba a arder en fiebre. Salió al jardín, dispuesta a hacer que su perro entrara para poder meterse en la cama tranquila.

Se detuvo en la puerta, sobresaltada, al ver el rostro sombrío de Ichigo frente a ella. Un hocico frío rozó su pierna, buscando el cobijo de su ama y ella le acarició el lomo con dulzura.

-Por Kami-Sama, Ichigo, me has asustado... -murmuró, esforzándose por controlar el temblor que la fiebre y su propia presencia le causaban.

-¿De veras? -su tono era duro, y Rukia le miró con ojos oscurecidos y débiles-. No me ha parecido que ese amiguito tuyo te asustara...

-Entiendo... -suspiró extenuada-. Escucha, si has venido a dedicarme un sermón sobre moralidad, puedes ahorrártelo... Estoy demasiado cansada para discusiones tontas...

-¿Moralidad? ¿Pero es que conoces el significado de esa palabra? A juzgar por lo que he visto hace unas horas, creo que tu actuación puede calificarse de cualquier cosa menos de moral. Ya veo que te has dado mucha prisa en asegurarte una cama caliente... Después de todo, si no tienes a una famosa estrella del arte, bueno es un vulgar comerciante, ¿no es así?

Rukia le abofeteó con toda la fuerza que su enfermedad le permitió, y trató de cerrar su puerta, pero él fue más rápido que ella, y se introdujo en la casa antes de que pudiera impedirlo. Tenía cruzados los brazos sobre el pecho, y la miraba con tanta frialdad que la joven tuvo que apoyarse contra la puerta para no desmayar.

-Pareces cansada, querida... -miró su reloj y volvió a clavar en ella su dura mirada-. Tres horas son muchas horas de sexo para una sencilla maestra de escuela, ¿no te parece? ¿Es que tu amigo tenía tanta prisa que ni siquiera se ha quedado para la cena? Se supone que primero tenía que probar tu delicioso estofado antes de llevarte a la cama... Si llego a saber que podía ahorrarme esa parte, hubiera ido al grano la otra noche...

Rukia se tapó los oídos, sintiendo que la cabeza le daba vueltas a cada palabra que oía.

-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? -hizo la pregunta con sarcasmo, pero al ver como palidecía, la expresión de su rostro cambió. Las piernas de la joven se doblaron y él la sostuvo por los hombros para evitar que cayera sobre la moqueta.

-Por Dios, Rukia... Estás empapada en sudor... -colocó la palma de su mano sobre la piel blanquecina de su frente y apretó los labios contrariado-. Y estás ardiendo... Debería verte un médico... ¡Maldito estúpido! ¿Es que ese hombre no ha visto el estado en el que estás?

-El... tenía que coger un avión a primera hora de la mañana... No quise preocuparle... - la voz apenas le salía de la garganta, y él la obligó a callar, lanzando toda serie de maldiciones.

-Mantén la boca cerrada, pequeña tonta. Voy a llevarte a tu cuarto y buscaré algo para bajarte la fiebre -sin esperar respuesta, la tomó en sus brazos como si se tratara de una pluma, y la llevó hasta su habitación, depositándola con suavidad sobre la cama.

De repente, toda su intención de molestarla con sus comentarios, se redujo a nada al comprobar el estado en que se encontraba. Lo único que quería en esos momentos, era cuidarla, hacer que la fiebre desapareciera de los hermosos ojos azul violeta que le miraban confusos. No le gustaba verla así, débil, indefensa entre sus brazos... La idea de que pudiera ocurrirle algo a aquella mujer rebosante de vida, le preocupaba, y se apresuró a pensar en que podía hacer para ayudarla. Se sintió un idiota por exagerar lo que probablemente no era más que un simple catarro, pero no podía evitar que sus manos temblaran al desnudarla. Ella, en un último intento por conservar su intimidad, sujetó con fuerza la manta contra su cuerpo, pero Ichigo la apartó malhumorado y le sujetó las muñecas con fuerza.

-Mira, Rukia, no estás en condiciones de establecer reglas en este momento. Y te aseguro que no tengo ninguna intención de aprovecharme de ti. Para mí, tu atractivo ha desaparecido en el mismo instante en que ese tipo salió de tu casa.

Rukia apretó los labios con furia. Si hubiera tenido fuerza para darle un puñetazo, lo habría hecho. Pero, por desgracia, estaba tan débil que tuvo que limitarse a gruñir, provocando en él una sonrisa.

-Eso está mejor -echó una ojeada a su alrededor, se metió en el cuarto de baño, y regresó unos minutos después, tomándola de nuevo en brazos-. Es increíble que una mujer tan inteligente como tú, no tenga un maldito frasco de aspirinas en su botiquín. No tengo más remedio que darte un remojón...

Antes de que pudiera protestar, ya la estaba soltando con brusquedad en la bañera, y la joven gritó al sentir el impacto del agua fría sobre su piel.

-Espero que no creas que estoy disfrutando con esto... -le susurró al oído después de haberla frotado con la toalla, y se alegró de que en su estado no pudiese darse cuenta de que así era. Se sentía en la gloria tocando la suave piel de su amada vecina.

oOoOoOoOoOo

Rukia no contestó. Estaba limpia y caliente, y los brazos de él alrededor de su cuerpo, eran un tierno abrigo que por momentos desarmaba su mal humor. Se acurrucó en su pecho, dejando que la arropara en la cama, y en unos minutos, el mundo se oscureció a su alrededor, impidiendo que pudiera pensar en algo que no fuera el roce de su mentón contra su pelo.

Ichigo comprobó que estaba dormida, y se sentó en la mecedora que había frente a la cama, observándola fijamente.

Estaba tan hermosa. Así, cubierta con unas mantas, con el cabello negro alborotado sobre la almohada y las mejillas sonrosadas por la fiebre, parecía tan sólo una niña frágil e inocente. La imagen lo enternecía y enfurecía a la vez. Una parte de él estaba deseando meterse en la cama con ella y protegerla de cualquier peligro. Pero la otra... La otra no cesaba de gritarle que huyera, que la abandonara en ese mismo momento, Porque él era el peligro. Encendió un cigarrillo -gusto heredado de su padre-, dejando que las líneas que dibujaba el humo se confundieran con la figura femenina.

Pensó en lo fácil que sería aprovechar ese momento de debilidad y hacerla suya. Podía meterse en su cama y tomar lo que ella le había estado ofreciendo con tanta ansiedad, y levantarse a la mañana siguiente como si nada hubiera sucedido. No habría reproches ni necesidad de explicaciones. Ella lo deseaba, y de eso sí estaba seguro. Pero de lo que no estaba tan seguro es de poder huir una vez la hiciera suya. Si consentía en ello, quedaría atrapado en ese pueblo para siempre, y tenía que reconocer que la idea le asustaba. No es que le disgustara el ambiente familiar que se respiraba allí... Es más, casi no recordaba haberse sentido tan bien hasta que había regresado. Pero aquella mujer... Aquella mujer derribaba todos sus muros con sólo mirarlo, y provocaba en él un incontrolable deseo de poner tierra de por medio.

Cerró los ojos, tratando de apartar de su mente la encantadora imagen que tenía frente a sí, y al cabo de unos segundos, el filtro de su cigarrillo llegó a sus dedos haciendo que chasqueara la lengua molesto.

Se levantó para buscar un cenicero, y la miró una última vez, antes de decidir bajar al salón. Dormía plácidamente, e Ichigo despejó el mechón rebelde de su frente para depositar en ella un tierno beso.

Cinco minutos después estaba ya bien acomodado en el sofá, y aunque la idea de tenerla sólo a unos pasos le producía una gran inquietud, se consoló pensando en lo acertada que había sido su elección. Sin duda, permanecer en aquella habitación un sólo minuto más hubiera significado lo mismo que una sentencia de muerte. Pero, antes de conciliar el sueño, y sólo durante un fugaz instante, imaginó que no podía existir una muerte más deliciosa que esa. El pensamiento hizo que se durmiera con una sonrisa infantil en los labios, y su rostro se suavizó tanto, que la amargura de tantos años apenas podría imaginarse al mirarle…

Continuará…

¡Hola de nuevo! ¿Qué tal la reacción de Ichigo, eh? Ya sé que hay mucho misterio respecto a la vida pasada de él, pero les prometo que todo se aclarará… A su debido tiempo claro.

¡Haría lo que fuera porque el cabezota de Ichigo me cuidara mientras estuviera convaleciente!

Y pus, a ustedes les recuerdo que me dejen un review. No cuesta nada dar click al enlace de abajo, ¿o sí? Además necesito que me ayuden a aumentar mi reiatsu, ¡no saben la falta que me hace Bleach! Apenas y me recargo con el manga…

En fin, mis mejores deseos hacia ustedes y que el anime nos ayude en esta sequía IchiRuki.

Por cierto, un adelanto:

-¡Dios mío, Rukia! No puedo soportar esto ni un segundo más... -la seriedad de sus palabras se distorsionaba a causa de la risa, pero ella no estaba tan cerca como para darse cuenta-. Perdóname... He sido un maldito gusano al aprovecharme de ti de esa manera... Pero estabas tan sugerente anoche, tan pasional, tan salvaje practicando para mí todas aquellas sensuales posturas... ¿Dónde has aprendido a hacer esas cosas, Rukia? Estabas tan... ¿Desnuda?

-…

-Vamos, Ichigo, ¿Por qué no me preguntas de una vez lo que estás deseando saber y dejas de darme la lata? -se impacientó ante el juego del que pretendía hacerla objeto.

-…

Rangiku la abrazó fugazmente, analizando con rapidez el rostro de la chica, como si esperara encontrar en sus ojos, brillantes fuegos artificiales que delataran sus sentimientos.

-Rukia, cariño... ¿Qué has estado haciendo mientras no te tenía vigilada? -sus palabras tenían un tono compasivo y apenado-. Te advertí que ese hombre no era trigo limpio. ¿Por qué nunca haces caso cuando las personas que te quieren te dan un consejo?

-…

-Matsumoto Rangiku... Deja de meterte con él, por favor. Es una buena persona...