¡Saludos usuarios de FF…! Ya sé que me quieren apedrear por otra TAN larga ausencia de este sitio, y… En fin, no he podido actualizar como yo quería, pero he aquí haciendo mi esfuerzo por continuar mis escritos.

Muchas gracias a quienes han agregado esta historia a sus Alertas y Favoritos, así también mis agradecimientos a quienes han estado en sintonía con esta adaptación. Ojalá todavía la sigan leyendo... u.u

¡Espero sus comentarios para el capítulo de hoy!

Gracias a nessie black 10, Yeckie, Orihime Cifer'Inoe y Umee-chan por sus reviews. Ya verán que poco a poco se irá descubriendo la dureza del corazón de Ichigo.

Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.

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CORAZÓN DE PIEDRA

Capítulo 06: Me Pregunto Por qué…

Rukia se estiró en la cama cambiando de posición entre las mantas, y dejando que el aroma a café inundara sus pulmones. No estaba muy segura de lo que había ocurrido la noche anterior, pero sí podía recordar los suaves dedos de Ichigo frotando sus mejillas. Sin duda, la fiebre había hecho que su duro corazón de piedra se ablandara, y se alegraba por ello, pero no podía estar más furiosa con su cuerpo. Tenía el pelo sucio, y el cuerpo pegajoso, y no encontraba fuerzas siquiera para levantarse y darle los buenos días. Debía ser la noche menos romántica en compañía de una mujer que él hubiera pasado nunca. ¡Puaff! Deseó poder sacar sus pies de debajo de la sábana y correr a su encuentro, tal y como ocurría en las películas, para poder agradecerle sus cuidados. Pero cuando le vio entrar con una bandeja repleta de comida, agradeció para sus adentros no tener que hacerlo.

Era agradable sentirse mimada de esa manera, aunque sabía que en unas horas, el hechizo ser rompería para convertirle de nuevo en el hombre reservado y frío de hacía unos días.

El sonrió al ver su aspecto desaliñado, y Rukia respondió con un divertido gruñido.

-No me preguntes sobre lo que pasó anoche -le advirtió, apuntándole con su dedo índice-. Apenas consigo recordar cómo me llamo.

-Por fin despiertas... -dejó la bandeja sobre la cama-. Llevas más de trece horas durmiendo.

-¿Bromeas? -la joven se incorporó del todo, protegiendo su desnudez con las sábanas-. ¿Qué hora es?

-Casi las tres de la tarde -contestó, sentándose a sus pies, y frotándolos con energía-. Pero no debes levantarte aún. He conseguido que baje la fiebre, pero te conviene reposar un poco.

La miró de soslayo, a sabiendas de que ella estaba tratando de averiguar en qué lado de la cama, y bajo qué condiciones, había pasado él la noche.

-¿Has dormido aquí? -la joven señaló con fingida indiferencia las arrugadas sábanas, pero él sabía que aquella pregunta ocultaba una sospecha que la angustiaba-. Pareces cansado...

Ichigo ladeó el rostro, evitando que ella pudiera ver la sonrisa que amenazaba con convertirse en carcajada al observar sus pálidos y palpitantes labios, en espera de una explicación.

-¡Dios mío, Rukia! No puedo soportar esto ni un segundo más... -la seriedad de sus palabras se distorsionaba a causa de la risa, pero ella no estaba tan cerca como para darse cuenta-. Perdóname... He sido un maldito gusano al aprovecharme de ti de esa manera... Pero estabas tan sugerente anoche, tan pasional, tan salvaje practicando para mí todas aquellas sensuales posturas... ¿Dónde has aprendido a hacer esas cosas, Rukia? Estabas tan... ¿desnuda?

Estuvo tentado a seguir con aquella sarta de mentiras que la escandalizaban, pero la forma inocente en que devoraba su desayuno, y el ligero temblor de sus manos al soltar el cuchillo ante sus palabras, fueron suficientes para que lo olvidara.

Rukia suavizó su expresión, intentando que él no notara que sus burlas habían logrado divertirla.

-Ya sabía yo que no estaba tan enferma como para olvidar una noche así -asintió satisfecha, viendo como él se miraba las manos con actitud inocente-. Eres muy mal embustero, Ichigo.

-Tienes razón. Creo que se me da mejor la medicina... ¿Te encuentras mejor?

Ella se pellizcó las mejillas, poniendo un poco de color en ellas, y mirándole sonriente.

-Como una rosa en primavera, Doctor. Muchas gracias por sus expertos cuidados.

Se la veía cansada y débil, y tuvo que reprimir el impulso de abrazarla y dormir con ella unas horas más. A decir verdad, no había logrado conciliar aún el sueño desde que ella perdiera el conocimiento. Había hecho una colada, había lavado toda la vajilla, y había ido hasta el supermercado a buscar comida. Estaba tan cansado que no encontraba la manera de hacer que sus párpados permanecieran abiertos. Pero lo disimuló cuando ella le preguntó si había descansado la noche anterior.

-He dormido como un lirón -mintió-. Aunque ese sofá no es demasiado cómodo que digamos.

Rukia sonrió ligeramente. Ella tampoco era fácil de engañar... Las ojeras que rodeaban sus ojos color miel reflejaban todo lo contrario, pero dejó que él creyera que la había convencido.

-Siento que hayas tenido que pasar la noche aquí. Supongo que estás muy ocupado en tu trabajo. Lamento haberte hecho perder el tiempo...

El se encogió de hombros. Su trabajo... No había podido crear nada que valiera la pena desde que la conocía. Nada. Era como si su mente no pudiese concentrarse más que en la calidez que esperaba su visita en la casa que había junto a la suya. Apenas podía pensar en otra cosa que no fuera Rukia. La sola idea de tenerla a unos metros, lo ponía tan nervioso que no lograba centrarse en nada. Pero aún así, trató de parecer indiferente.

-Es lo menos que podía hacer... Después de todo, somos vecinos.

Rukia apartó la bandeja vacía y le pidió que se diera la vuelta para ponerse su bata.

-Vaya, me alegra que la fiebre no te haya hecho perder el apetito -bromeó al ver como lamía los restos de mermelada de sus dedos. Aunque estaba de espaldas a ella, podía ver su cuerpo reflejado en el espejo de la habitación, y ella se cubrió con rapidez al descubrirlo-. Pero esas muestras de pudor me parecen exageradas... Sobre todo después de haber encontrado esto.

Sacó de su bolsillo un calcetín de hombre y lo depositó con suavidad en la cama.

-Tu amigo debió salir muy deprisa ayer... -comentó con sarcasmo.

Rukia se enfrentó a él con los ojos centelleantes de cólera.

-Comprendo: Te has esforzado en que me recupere para poder seguir divirtiéndote a mi costa, ¿no es así? Te estoy muy agradecida, Ichigo, y te prometo que te propondré para el próximo nombramiento "Hijo Adoptivo De La Ciudad", pero ahora... Lárgate - señaló con su dedo la puerta de la habitación, pero él no se movió de su sitio-. O quédate, me da igual. Haz lo que quieras.

Ichigo lanzó una carcajada y la siguió hasta la cocina, examinando cada una de sus reacciones. Aunque ella trataba de aparentar que se encontraba perfectamente, lo cierto es que se la veía cansada, y se aseguró de que no hiciera esfuerzos durante un buen rato. La obligó a sentarse en el sofá y se sentó junto a ella, mirándola fijamente.

Rukia se revolvió en su lado, jugando con el nudo de su bata con nerviosismo.

-¿No tienes nada que hacer? -estalló al fin, provocando la risa en él-. De veras que te agradezco lo que has hecho por mí, pero es que no me acostumbro a tener a alguien pegado a mis faldas controlando cada uno de mis movimientos. Lo siento.

-Así que eres una de esas fanáticas feministas que proclaman eso de la independencia como si anunciaran una marca de detergente... -chasqueó la lengua fingiendo estar desilusionado-. Rukia, te hacía por encima de todas esas frivolidades.

-No quieras pasarte de listo conmigo. No vas a tomarme el pelo sólo porque me haya subido la temperatura un poco más de lo habitual -se alejó de él y hojeó una revista con los dedos, aparentando centrar su atención en un artículo y espiando su rostro por encima de su lectura.

Él jugueteó de nuevo con la prenda masculina que había encontrado -el calcetín-, y ella se la quitó de los dedos de un manotazo.

-Vamos, Ichigo. ¿Por qué no me preguntas de una vez lo que estás deseando saber y dejas de darme la lata? -se impacientó ante el juego del que pretendía hacerla objeto.

-No sé a qué te refieres exactamente -respondió sorprendido por su explosión.

-Oh, sí. Sí que lo sabes. Lo sabes perfectamente. Pero prefiero esperar a que tengas el descaro de preguntármelo directamente.

El se levantó y paseó con lentitud por la habitación, parándose después frente a ella titubeante, como si dudara de lo que iba a hacer a continuación.

-Está bien. Si hay algo que me gusta de ti es tu sinceridad, y creo que merece también lo mismo de mi parte -dijo con solemnidad, provocando una risa sarcástica en la joven-. ¿Te has acostado con él? No, no es que me importe -aclaró según él-, de veras, pero tengo que saberlo o la curiosidad acabará por matarme.

Rukia dudó un instante. Por un momento, la idea de apartarle de ella le pareció un alivio rápido a su castigado corazón. Pero no podía traicionarse a sí misma mintiendo.

-No, no me he acostado con él. Aunque debo decirte que estoy bastante arrepentida de no haberlo hecho. Es un buen hombre... -la mirada masculina y aquel ceño fruncido le decían a Rukia que aún esperaba una explicación con respecto a la prenda íntima, y resopló enfadada-. Está bien. Fuimos a pescar, caímos al agua y tuvo que quitarse la ropa para que pudiera meterla en la secadora. Después de eso, se marchó... Fin de la historia, ¿satisfecho? ¡Qué demonios! En realidad no sé qué hago explicándote todo esto…

-Perdóname. Sé que soy un egoísta incorregible. Pero la verdad, es que tenía miedo de que te echaras en brazos del primero que te lo ofreciera para vengarte de mí.

Rukia abrió la boca sorprendida. Si no hubiera estado demasiado débil le hubiera echado a patadas en ese mismo momento. No sólo la rechazaba continuamente, sino que además tenía que recordárselo haciéndola sentir como una mendiga a la que él había negado su limosna.

-¿Vengarme de ti, dices? ¿Crees realmente que me has roto el corazón y que voy a ir por ahí repartiendo los pedacitos entre los turistas que visiten el pueblo?

-No he pretendido ofenderte...

-Por supuesto que no. No sé porqué se me ha ocurrido una idea tan ridícula -dijo con cinismo-. Será mejor que te vayas antes de que consigas enfadarme de verdad.

-Rukia, no quiero que nos despidamos así -se acercó a ella y tomó una de sus manos entre las suyas, presionándola levemente-. Sé que soy un imbécil, pero a veces no puedo evitarlo... ¿Amigos?

Ella no pudo evitar sonreír ante la expresión desoladora que había en el rostro masculino, y trató de ocultar el dolor que el golpe asestado en su orgullo había causado.

-Está bien, pero vete de una vez -retiró la mano con rapidez, consciente del efecto negativo que su contacto tenía para su tranquilidad.

-¿Quién va a cuidar de ti por mí? -preguntó preocupado, en ese tono que le confería un aspecto infantil que la desarmaba.

-Shikai lo hará, ¿no es cierto, amigo? -el perro levantó las orejas ante la llamada de su dueña, pero no se movió de su sitio y ella arrugó la nariz contrariada-. ¿Ves? Has conseguido que pierda mi autoridad con este animal.

-Eso no es cierto, Rukia. Creo que este perro no te ha respetado nunca. En realidad, eres tan dulce, que no sé cómo puedes inspirar una pizca de autoridad a tus alumnos.

El la besó en la mejilla antes de dirigirse hacia la puerta, y desde allí la apuntó con el dedo índice antes de salir.

-Pasaré esta noche a ver si necesitas algo -comentó y Rukia se encogió de hombros.

¿Necesitar? Resultaba gracioso. Ya había quedado bien claro que lo que ella necesitaba no podría ofrecérselo nunca: Su corazón.

-No te preocupes, estaré bien.

-De todos modos, vendré.

-Sabía que dirías eso -dijo entre dientes, y él lanzó una sonora carcajada antes de desaparecer.

Había algo en la camaradería con la que él la trataba que le resultaba extremadamente atractivo. Era como si, a pesar de estar separados por aquél muro de piedra que él había interpuesto como defensa, existiera un vínculo más fuerte que cualquier sentimiento. Como si surgiera entre ellos día a día, una amistad que el resto de la gente jamás podría comprender. Había visto en sus ojos una preocupación callada, algo que iba más allá de la simple inquietud por su salud... Y le parecía delicioso. Pensó en sus manos arropándola con maestría, con la destreza de quien lleva un don especial en los dedos, y sintió que se lo estaba dedicando expresamente a ella... La forma en que la había besado en la frente mientras creía que ella no lo advertía, le decían que él sufría en silencio... Su mirada, en ocasiones sombría a causa de sus recuerdos, era para ella como una súplica silenciosa que no podía ignorar, aunque sabía que debía hacerlo por el bien de los dos. No hacerlo, era arriesgar aquella amistad que nacía con cada palabra y con cada gesto... Y era demasiado valiosa como para estropearlo todo... No estaba segura de poder prescindir de ella. Quizá era un pensamiento estúpido, una especie de masoquismo, pero si sólo podía tener eso de él, aprendería a conformarse.

Obligó a su perro a sentarse junto a ella, acallando sus protestas con un ligero toque en su hocico.

-Perro egoísta... -le regañó con dulzura-. ¿No ves que necesito que me mimen?

El animal la miró con sus pequeños ojos tristones, sin comprender nada de lo que su ama decía, pero aceptó permanecer a su lado solidario.

-Y, por cierto, te agradecería que no corrieras a su encuentro cada vez que cruza mi puerta, ¿me has oído? -sonrió ante sus propias palabras-. Ya es suficiente con que lo haga yo...

Suspiró por lo ridículo de la situación. Allí estaba, consolándose y manteniendo una conversación con su perro. Se alegró de que nadie más pudiera ser testigo de su locura... Se suponía que por su profesión, debía llevar un poco de razón a los cerebros de sus adolescentes alumnos... Sin embargo, se encontraba sentada sobre aquel sofá, charlando animadamente sobre su vida privada con su perro, y deseando que tuviera alguna respuesta a las cuestiones que martilleaban en su cerebro.

-Shikai, no debes contarle a nadie esto. ¿Lo prometes? Ni siquiera a esa amiguita tuya de pelo blanco y rizado con la que te ves cuando me dejas sola...

La respuesta fue un ladrido seco, y Rukia se preguntó si realmente sería capaz de entender lo que le decía, o si sólo se trataba de una forma de llamar su atención para que le llevara a dar su paseo diario.

De cualquier forma, no tenía fuerzas para vestirse y acompañarle, así que lo liberó de su lado, y abrió la puerta, contenta porque al menos alguien en aquella casa disfrutara de una relación sexual satisfactoria...

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Rangiku le dirigió una mirada de desaprobación cuando se acercó a ella con las manos repletas de paquetes. Había llamado hacía apenas una hora, y el tono débil en la voz de la joven había hecho que corriera a su casa, dispuesta a aprovisionar su despensa y su botiquín de urgencias.

-Cielo santo... -abrió con rudeza los párpados de su amiga, examinando con profesionalidad los síntomas de gripe que la aquejaban-. Tienes un aspecto horrible. Deberías ir a un médico... Siempre ando diciéndole a Gin que no te cuidas lo suficiente.

Rukia esbozó una sonrisa, conmovida por el tono maternal en las frases de la mujer.

-No empieces a sermonearme, Rangiku... Sólo es un pequeño catarro. En un par de días estaré como nueva.

-Oh, sí. Estoy segura de ello -la condujo con ella hasta la cocina y abrió la nevera para guardar los alimentos que cargaba en los paquetes-. Pero me quedaré más tranquila cuando te prepare un buen caldo y unos emparedados... Vaya, ¿qué tenemos aquí?

Rukia observó las abundantes verduras y los bistecs de ternera envueltos en papel de conservar transparente.

-No sé como tienes el refrigerador tan surtido con lo mal que cocinas...

-Vaya, muchas gracias... -se sentó en un taburete, mientras Matsumoto organizaba en contenido, pensando en lo estupendo que era recibir tantas atenciones en un sólo día-. Pero creo que eso no lo he traído yo...

Nada más ver la expresión de curiosidad en los ojos de su amiga, se arrepintió de haber sido tan sincera.

-Bueno, no me mires así -trató de disimular la turbación que le había producido el ver como él había dejado todo tan bien organizado antes de irse-. Ichigo fue a comprar algunas cosas mientras estaba con fiebre...

Rangiku la abrazó fugazmente, analizando con rapidez el rostro de la chica, como si esperara encontrar en sus ojos, brillantes fuegos artificiales que delataran sus sentimientos.

-Cariño... ¿Qué has estado haciendo mientras no te tenía vigilada? -sus palabras tenían un tono compasivo y apenado-. Te advertí que ese hombre no era trigo limpio. ¿Por qué nunca haces caso cuando las personas que te quieren te dan un consejo?

Rukia se desprendió de su abrazo molesta, ocultando la verdad bajo sus espesas pestañas.

-No vas a engañarme, querida... Te has enamorado de él, ¿verdad? No hay más que verte para adivinarlo...

Suspiró sintiéndose atrapada, ante la imposibilidad de negar lo que su amiga decía. ¿Resultaba tan evidente? No le gustaba que sus sentimientos fueran tan transparentes... Ya era bastante con tener que negarse a sí misma lo que sentía por él, como para encima tener que desmentirlo a los demás.

-Kia... Rukia... -la mujer chasqueó la lengua contrariada, pero algo en la manera en que se curvaron sus labios, indicó a Rukia que la idea no le desagradaba del todo-. ¿Lo sabe él?

La joven de negros cabellos asintió, encogiendo los hombros para aparentar indiferencia. No era necesario que hicieran un drama sobre ello. Después de todo, él no tenía la culpa de ser incapaz de corresponder a sus sentimientos.

-Comprendo... Supongo que se considera excesivamente bueno para ti. No sé porqué, todos los artistas tienden a creer que las personas normales somos demasiado vulgares o demasiado tontas para entender su grandiosidad.

-El no es así, Ran-Chan -le defendió quizá con demasiada vehemencia-. Si le conocieras, sabrías que es una persona encantadora, muy sensible... No se parece en nada a esos tipos que salen en las revistas del corazón que sueles leer.

-¡No me digas! -se burló, arrepintiéndose enseguida de haberlo hecho al ver como su amiga entristecía-. Kuchiki Rukia, eres la chica más testaruda que he conocido. Y creo que estás totalmente decidida a que ese hombre pierda la cabeza por ti, ¿me equivoco?

Rukia se encogió de hombros, negándose a responder lo que para ella tan evidente. ¿Realmente creía que iba a ser capaz de retenerle cuando aquel sueño tocara a su fin? ¿Es que tenía alguna oportunidad con él? Lo más probable es que él huyera en cuanto terminase aquel delicioso verano, llevándose con él algo más que el hermoso recuerdo que suponía su casta amistad. Nunca lo sabría, pero en el mismo instante en que regresara con su auto a su rutina artística, ella lloraría en silencio porque no la llevara con él.

-No se trata de eso -su conciencia le decía que estaba siendo más mentirosa de lo que era habitual en ella, pero no podía evitarlo-. Ichigo es un hombre increíble...

-¿Ah, sí? -su voz sonó sarcástica, y Rukia se molestó por ello-. Increíblemente tonto, diría yo. Si no es capaz de valorar lo que tiene delante, es que es más estúpido de lo que pensaba, querida.

-Rangiku... Deja de meterte con él, por favor. Es una buena persona...

-¿Entonces, porqué no está aquí cuidando de ti? ¿Es que tiene miedo de que unos cuantos virus estropeen su imagen? Te repito que ese hombre no es lo que tú necesitas...

-¡Lo que yo necesito! -estalló, sorprendida por la forma en que su amiga juzgaba a alguien a quien ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer. No era habitual en ella, no iba con su forma de ser. Después de oírla, no le extrañaba que él sintiera terror al pensar en la opinión que pudiera tener sobre él. Debía estar acostumbrado a que los demás le catalogaran como un excéntrico desprovisto de toda humanidad, y a que los chismes sobre su vida corrieran de boca en boca con crueldad. Clavó la centelleante mirada sobre la otra mujer, que la observaba confundida-. Ni yo misma sé lo que necesito... Pero sí sé lo que no quiero... Y no quiero que nadie dirija mi vida, ni oír de nuevo la pésima opinión que tienes sobre él... No sabes nada de su vida, no puedes imaginar cuánto ha tenido que sufrir...

-Entiendo. ¿Y tú sí?

Rukia lo pensó con frialdad. No, ella tampoco le conocía lo suficiente, pero sabía que el hombre que la había estado cuidando con tanta delicadeza, no se parecía en absoluto al que su amiga trataba de describir.

-Me sorprende que seas tan injusta. No va contigo, Ran-Chan... Te quiero demasiado como para seguir escuchándote...

-Basta, Rukia... -se levantó como si acabaran de acusarla de algún delito gravísimo, pero la joven la detuvo antes de que sus atropelladas palabras consiguieran ofenderla aún más. Retuvo sus manos entre las suyas, y Matsumoto titubeó antes de volver a sentarse junto a ella-. Siento haberte molestado, de veras... Es sólo que no quiero que te hagan daño...

- Lo sé, y te adoro por eso -apretó sus dedos en señal de disculpa, y fue correspondida con una amplia sonrisa que dejaba bien claro que ya lo había olvidado-. Pero a veces es necesario que uno caiga para poder levantarse siendo mucho más fuerte, ¿no crees? De todos modos, no tienes por qué preocuparte... No existe la más remota posibilidad de que ese hombre y yo lleguemos a ser algo que no sea simples amigos.

Rangiku la miró con expresión apenada, comprendiendo el dolor que aquellas palabras causaban en su mejor amiga.

-Cariño, Kia-Chan, lo siento de veras...

-Yo también... Bueno, no hay que hacer un drama de esto. Es parte del duro aprendizaje de la vida, te lo dice una experta en la materia -bromeó, refiriéndose a su profesión, y provocando la risa en su acompañante-. Y ahora vete a casa. Gin debe estar preocupado, ya es casi la hora de comer.

-Está bien, pero prométeme que me llamarás si necesitas cualquier cosa -recogió su bolso y se dirigió a la salida, mientras agitaba la cabeza de un lado a otro. Era como tener una madre, pero mucho peor. Y a pesar de todo, no imaginaba cómo sería su vida sin ella-. Hablo en serio.

- Adiós... -la empujó con suavidad-. Por cierto, recuérdale a tu hija, que debe pasar por casa a recoger los cuadernillos de verano... Últimamente se ha vuelto algo holgazana...

Rangiku sonrió, y palmeó los pálidos cachetes de Rukia.

-Debe ser un defecto de familia, ¿no te parece? Gin siempre me recrimina que pierdo el tiempo tontamente con esos seriales de la televisión... Gracias a Dios, que Momo tiene una profesora que además la quiere mucho...

Rukia frunció los labios, regañándola por el descaro con el que aceptaba su acusación, pero su amiga desapareció de su vista, antes de que pudiera decir nada, y no pudo evitar lanzar una carcajada que desapareció en cuanto supo que se había ido.

La honestidad con la que su amiga había puesto las cartas sobre la mesa la hería.

No podía recriminárselo. Después de todo, Rangiku y su marido Gin eran su única familia, y comprendía que cualquier detalle de su vida les preocupara. Pero lo peor de todo, es que casi estaba de acuerdo con sus palabras, por molestas que le pareciesen. Sabía que Ichigo no estaba dispuesto a dejar que ella formase parte de su vida, y reconocerlo la desanimaba cada vez más. Por alguna extraña razón que ella no podía entender, aquel hombre se había propuesto apartarla de su lado. Era como si se negara a volver a sentir, como si pensara que sentir fuera algo tan pecaminoso que no tenía derecho siquiera a proponérselo.

Rukia quería descubrir cuál era el motivo de aquella condena que él mismo se había impuesto, pero sabía que si insistía demasiado en ello, él escaparía con tanta rapidez que sería imposible alcanzarle. Se dijo que debía ser razonable, que debía pisar con pies de plomo en aquel asunto. De lo contrario, Ichigo sospecharía lo que ella tramaba, y quizás hasta la odiara por ello. Estaba segura de que si llegaba a descubrir cuánto podía ofrecerle, huiría atemorizado. Y como ocurriera con la esposa de Lot en la destrucción de Sodoma, ella quedaría convertida en una triste estatua de sal si pretendía seguirle.

Continuará…

¿Qué tal el capítulo? Espero que lo hayan leído todo y que esperen con ansias el episodio 07. De corazón, gracias por leer. :'D

Por cierto, aquí les dejo un adelanto:

-Ichigo aparecía a media mañana para ayudarla con la colada y la limpieza de la casa, con los brazos cargados de frutas y víveres que adquiría muy temprano en el mercado. -…

-Tenemos que hablar... -pronunció la frase muy bajo, casi con temor, y en respuesta ella quedó tan tiesa que su espalda se confundía con la dura superficie de la pared.

-…

-Rukia, no seas tan dura contigo misma... No seas tan dura con los dos -pidió con la mirada ensombrecida por el dolor-. No tiene nada que ver contigo, lo juro... Tú eres... eres tan maravillosa que me pregunto cómo pude vivir todos estos años sin conocerte... Por eso he de alejarme de aquí... No tengo ninguna intención de trasladar a tu vida todas mis preocupaciones. Puedo ser un egoísta, pero aún sé distinguir lo que está bien de lo que está mal. Y está mal que sigamos jugando de esta manera.

-…

-Comprendo... Una vez más, huyes de la realidad, y esperas que yo te siga en tu huida. Pues te advierto que no va a resultarte tan fácil, Ichi… -se acercó a él, tomando el rostro masculino entre sus manos, y sintiendo como él se ponía tenso al contacto-. Vamos, Ichigo, mírame. Mírame a los ojos y dime que no sientes nada por mí. Dime que no crees que puedas llegar a amarme algún día... Y quizá así, sólo quizá, escúchame bien, logres que deje de quererte...

-…

-El negó con la cabeza, como si lo que ella decía no tuviera sentido para él. ¿Estaba diciéndole que su amor era tan grande como para esperar a que él pudiera corresponderla? ¿Eran tan puros sus sentimientos, y él tan idiota como para no darse cuenta?

¿Qué tal, eh? Dejen reviews por favor, miren que el enlace está allí abajo y requiere de su atención. ¡Se les quiere!