¡Buenas días/tardes/noches amigos, seguidores del IchiRuki! Aquí traigo otro capítulo de esta adaptación llamada "Corazón de Piedra".

Con alegría, veo que siguen pendientes de esta historia porque recibí algunos reviews y además, la siguen agregando a sus Alertas y Favoritos, y a mi persona entre sus Autores. Desde la distancia, ¡muchas gracias!

Gracias a Foreveryour, Loen, ichiruki forever yHasshi por sus reviews y sus peticiones de continuar el fic. Ya verán que poco a poco se irá descubriendo la dureza del corazón de Ichigo que, como dije al principio de la historia, tiene sus razones poderosas para ser así.

Volviendo a la ficción, ¡espero sus comentarios para el capítulo de hoy! De antemano les digo que preparen sus pañuelos, ya que este apartado creo que les desgarrará un poco el corazón. ¡Está muy…! TOT

Por cierto, también les aviso que ya vamos a mediados de la historia. OWO

Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Capítulo 07: Tiquete de Ida…

Era la segunda semana de su molesta enfermedad, y Rukia se esforzó en disimular el júbilo que producían en ella las frecuentes visitas de su atractivo enfermero pelinaranja. Lo que un principio había parecido una gripe pasajera, se había complicado, debido al chapuzón, en una ligera pulmonía que él con sus cuidados, había logrado espantar. Agradeció esos cuidados, recordando la amenaza de su amiga Rangiku, de que si no mejoraba, la llevaría a rastras hasta el hospital. Rangiku era un encanto, pero no hubiera accedido ni por todo el oro del mundo, a cambiar aquellas manos delicadas y suaves por las impersonales manos de algún médico. De cualquier modo, no había sido necesario. Tal y como él había prometido, la había cuidado y acompañado todas las noches desde que cayera enferma, y ella se sentía tentada a fingir mayor malestar para seguir siendo objeto de sus atenciones. Le pareció una idea absurda, puesto que se encontraba ya mejor y con fuerzas, pero algo en su interior le advertía que si él lo sabía, aquella camaradería entre ellos tocaría a su fin.

El aparecía a media mañana para ayudarla con la colada y la limpieza de la casa, con los brazos cargados de frutas y víveres que adquiría muy temprano en el mercado. Tenía que reconocer, viéndole hacerlo cada día, que era mucho mejor ama de casa que ella, e incluso se había permitido comentárselo en una ocasión, mientras le espiaba preparar la cena. Ichigo era un cocinero estupendo, y casi había ganado peso durante su convalecencia. El bromeaba sobre eso, diciéndole que su aspecto mejoraba a medida que los kilos asomaban por la cintura de sus vaqueros en forma de hermosos michelines.

Rukia le había insultado en aquella ocasión, llamándole "el grosero artista de las mujeres anoréxicas", y él había respondido a su ataque, sirviéndole doble ración de postre.

"-En realidad -había confesado al fin, haciendo que ella se sintiera mejor y menos acomplejada por su peso- me gustan las mujeres algo más llenitas. No del tipo de las que pintaba Rubens, pero sí con algo más que piel cubriendo los huesos, ¿comprendes? Las mujeres de hoy en día parecen haberse vuelto locas con eso de las dietas y la línea. No parecen comprender que un hombre necesita algo de carne en sus manos para encender su pasión... No quiero decir que sea tu caso, Rukia. Tú me pareces perfecta. Quizá un poco bajita, pero preciosa de cualquier modo".

"Preciosa de cualquier modo..." Ella había querido pensar que aquello era un cumplido, y lo había aceptado como tal, provocando que él volviera a sonreír para conquistarla con su alegría.

Cenaban juntos y solían jugar a las cartas, y había descubierto feliz, que él era también admirador de uno de sus directores favoritos, Akira Kurosawa, así que el resto de la noche transcurría disfrutando de alguna de sus películas.

Aquel día, le veía demasiado silencioso y distante mientras degustaba la cena que él mismo había preparado sin mucho entusiasmo. Se preguntó si había ocurrido algo durante su enfermedad que ella, en su estado febril, no hubiera notado. Quizá sus fantasmas volvían a atormentarle de nuevo, alejándole una vez más de ella, queriendo privarle de toda la ternura que era capaz de ofrecerle.

-¿Ha sucedido algo?- se decidió a averiguar qué era lo que pasaba por su mente que le afectaba como para hacer que no dijera una sola palabra-. Pareces preocupado.

El negó con la cabeza, y esbozó una ligera sonrisa para acallar las futuras preguntas que adivinaba en el gesto curioso de la joven. Recogió los platos y los llevó hasta la cocina, abriendo el agua y dejando que esta corriera helada sobre sus manos. Rukia le observó mientras él limpiaba la vajilla con lentitud, como si quisiera retrasar el momento en que debía confesarle algo terrible. Aquel silencio la ponía nerviosa, y apretó la servilleta entre sus manos sin darse cuenta, descargando en ella su inquietud.

Ichigo espió el gesto, secando los cubiertos con más fuerza de lo necesario. No quería provocar en ella ese estado, pero no encontraba las palabras para explicarle lo que iba a hacer. Sabía que ella no lo aceptaría, y que le miraría con aquellos ojos sinceros y llenos de amor que desarmaban sus intenciones. No estaba seguro de poder luchar contra eso. Sospechaba que en el mismo instante en que ella clavara su mirada en él, tiraría su decisión a la basura y la llevaría hasta su cuarto para saciar al fin el hambre que lo estaba enloqueciendo desde que la conocía.

-Tenemos que hablar... -pronunció la frase muy bajo, casi con temor, y en respuesta ella quedó tan tiesa que su espalda se confundía con la dura superficie de la pared.

Rukia apretó los labios, intentando dominar su curiosidad, convencida de que aquel tono controlado y amable, escondía alguna noticia desagradable que rompería los deliciosos recuerdos de los últimos días.

-Entiendo... -estiró la arrugada servilleta con distracción, y deseando cambiar de tema-. Aún no he tenido tiempo de agradecerte tus atenciones... Has sido un buen amigo, Ichigo. Has sido muy amable al cuidar tan bien de mí.

El la miró fijamente, reflejando una compasión que casi la ofendía. Pero Rukia no permitió que aquello la desanimara. Si era lo único que podía tener de él, debía hacer a un lado su orgullo para tomarlo como si se tratara de algo muy valioso.

-Supongo que tu trabajo se ha retrasado más de lo normal por mi culpa... Me pareció que hacías algo la última vez que te espié por la ventana -la media sonrisa en los labios masculinos, le indicó que estaba logrando mejorar su humor, y se sintió feliz por ello-. Siento tener que reconocerlo, pero sí, tu ventana ha sido para mí una gran distracción durante estas vacaciones... Comprende que me sienta aburrida en esta época del año. Los chicos están demasiado ocupados como para querer escuchar a su solterona profesora.

El encendió un cigarrillo, ocultando su rostro tras la densa cortina de humo, y Rukia tomó asiento frente a él, temblando como una hoja ante la incertidumbre que causaba en ella.

-¿Quieres que veamos alguna película? -se inclinó sobre el mueble, buscando con dedos inseguros una de sus cintas preferidas-. Aquí está... "Kagemusha". Todo un clásico para cerrar una noche perfecta, ¿no te parece?

Ichigo sintió que se le hacía un nudo en la garganta viendo como ella se esforzaba por aparentar que todo era normal. Era como si hubiera en las palabras de la joven una súplica oculta, una petición sincera de que no dijera lo que tenía que decir. Era como si le pidiera con la mirada que dejara las cosas como estaban, y él deseaba poder satisfacerla. Se odió a sí mismo por estar a punto de estropearlo todo, por tener que poner en aquella expresión de dulzura una nota de tristeza. Pero debía dejar a un lado su cobardía, y enfrentarse con ella, por mucho que le hiriera hacerlo.

-Rukia, tenemos que hablar... -repitió en un murmullo, haciendo caso omiso del ligero temblor que veía en los sonrosados labios-. Ha sido maravilloso cuidarte, de verdad... Pero creo que ahora que estás mejor, debo pensar seriamente en dejar el pueblo... No me parece que sea una buena idea quedarme aquí en Karakura...

Rukia parpadeó repetidamente, controlando el deseo de gritarle que era un estúpido. Siempre había sabido que, en un momento u otro, él le haría aquella dolorosa confesión, pero no estaba preparada para escucharla aún. ¿Por qué tenía que ser tan sincero? ¿Es que no podía irse sin más, desaparecer de su vida sin presentarse a ella como si necesitara su permiso?

-Ya veo... Has rechazado la oferta de la escuela -la voz surgía como un hilillo de sus labios-. Quería pensar que había una posibilidad remota de que te quedaras, pero supongo que he sido una tonta al hacerlo.

-Rukia, no se trata de eso...

-¿Ah, no? Entonces dime de qué se trata... ¿es por mi culpa? -el resentimiento se reflejaba en sus palabras, y él quiso poder volver hacia atrás para evitarle aquel dolor-. Me pediste que no me hiciera ilusiones con respecto a ti, y no me las he hecho... Sé que no puedes ofrecerme lo que quiero, soy muy consciente de ello... Pero pensé que por lo menos podríamos ser amigos, no hay nada de malo en ello...

-Rukia, no seas tan dura contigo misma... No seas tan dura con los dos -pidió con la mirada ensombrecida por el dolor-. No tiene nada que ver contigo, lo juro... Tú eres... eres tan maravillosa que me pregunto cómo pude vivir todos estos años sin conocerte... Por eso he de alejarme de aquí... No tengo ninguna intención de trasladar a tu vida todas mis preocupaciones. Puedo ser un egoísta, pero aún sé distinguir lo que está bien de lo que está mal. Y está mal que sigamos jugando de esta manera.

-¿Por qué? ¿Por qué tienes que comportarte como un caballero andante de la Edad Media? ¿Por qué has pensado que dependo absolutamente de la decisión que hayas tomado? -sus preguntas estaban cargadas de resentimiento e incomprensión-. No tienes que ser amable conmigo sólo porque tu conciencia te dicta que lo seas... Y no vas a evitar que sienta lo que sienta porque te alejes cientos de kilómetros de mí. ¿Es que aún no lo comprendes, Ichi?

Se detuvo en seco al pensar en lo que iba a decirle... Acababa de descubrir lo mucho que le amaba, y no estaba segura de que aquel fuera buen momento para hacérselo saber. Pero, por otro lado, y a juzgar por aquella despedida, no tendría otra oportunidad, y pensó que si él iba a dar por terminada su amistad, quizá debía saber al menos qué era exactamente lo que concluía con su adiós. Así que se armó de valor y siguió hablando, viendo como él se tensaba a medida que las palabras surgían de sus labios.

-Te amo, Ichigo. Creo que te he amado desde que tenía trece años, desde que te conocí. No puedes cambiar eso sólo porque te de miedo saberlo. No puedes controlar todas y cada una de las cosas que te rodean... Eso no te hará ser inmune a los sentimientos, Ichi... Y no te devolverá lo que quiera que sea que has perdido en el camino, por mucho que lo desees.

Rukia sabía que acababa de cometer el mayor error de su vida al confesarle lo que sentía. Aquello era el final de un bonito sueño, pero se alegró de no tener que fingir por más tiempo que sólo eran dos amigos disfrutando de su mutua compañía. Él tenía que decidir de una vez por todas lo que esperaba de ella... Y lo que podía ofrecer a cambio.

La mirada de él voló hacia ella, con la expresión de un animal herido al que acaban de asestar el tiro de gracia. Era cruel siendo tan clara con respecto a lo que pensaba de él, aunque no podía siquiera imaginar que lo hiciera para herirle. No encajaba con su naturaleza amable y no podía odiarla por tratar de inculcar en él un poco de sentido común.

-Tú no puedes entenderlo, Rukia... -habló con la intención de parecer seguro de sus palabras, pero no lo estaba-. Estás furiosa, y ves el amor como un antídoto eficaz contra cualquier herida... Pero no es así, no somos capaces de ser felices sólo con desearlo. No basta con tener la intención. Y no puedo pensar ni por un momento en que merezco esa felicidad contigo... Ni en privarte de ella con mi compañía.

Ella le miró sin comprender. ¿Era tan tonto como para no ver lo que estaba sucediendo? Se condenaba a la soledad como si la culpa de todos los hechos terribles de su vida recayera sobre él. Y la condenaba también a ella a esa soledad, sin darle la menor oportunidad de demostrarle cuánto tenía para ofrecerle.

-No me hagas reír... -pero ella misma reía amargamente ante la idea de perderlo-. Estás demasiado asustado para saber lo que dices... Tienes miedo, Ichi, tienes mucho miedo, y yo no soy tan fuerte como para enfrentarme a ello por los dos.

-¿Enfrentarme a qué? Por Dios, Rukia, no ha ocurrido nada entre nosotros. No sé porqué estoy dándote explicaciones... Debí evitar antes que las cosas llegaran tan lejos -parecía que en lugar de convencerla a ella, tratara de convencerse a sí mismo con sus palabras-. Eres una persona adulta, Rukia... No hagas esto más difícil para mí de lo que ya lo es.

-Comprendo... Una vez más, huyes de la realidad, y esperas que yo te siga en tu huida. Pues te advierto que no va a resultarte tan fácil, Ichigo -se acercó a él, tomando el rostro masculino entre sus manos, y sintiendo como él se ponía tenso al contacto-. Vamos, Ichi, mírame. Mírame a los ojos y dime que no sientes nada por mí. Dime que no crees que puedas llegar a amarme algún día... Y quizá así, sólo quizá, escúchame bien, logres que deje de quererte...

El desvió la mirada, evitando que ella pudiera ver la amargura que endurecía sus facciones. ¿Cómo podía hacer eso? ¿Cómo podía mentirle acerca de sus sentimientos cuando lo único que deseaba era estrecharla en sus brazos? ¿Cómo decirle que la odiaba si era TODO lo contrario? Había tanta ternura, tanto amor en ella que pensó que su corazón iba a romperse de un momento a otro. Le estaba ofreciendo tanto en aquel breve y silencioso instante... No tenía más que extender su mano para tomar lo que ella quería regalarle, pero si lo hacía, estaría preso para siempre. Si aceptaba que podía llegar a amarla, que quizá ya la amaba, si la hacía suya por fin, no tendría jamás el valor de separarse de su lado... ¿Qué derecho tenía a condenarla a vivir en su mundo? Estaba tan llena de vida, tan llena de amor, que hizo que se sintiera como un ladrón al querer adueñarse de aquello. La obligó a distanciarse de él, temiendo que si no lo hacía, sucumbiría rápidamente a la tentación que eran sus labios entreabiertos tan cerca de los suyos.

-No puedes, ¿no es cierto? -su voz reflejaba una alegría que él no fue capaz de entender. No importaba que él pensara que no podían estar juntos... La quería, lo había visto en la expresión de sus ojos, y saberlo era suficiente para ella. Que lo negara cuanto quisiera, que corriera asustado de su lado. EllaSABÍA que volvería a buscarla, TENÍA que ser así...-. Muy bien, haz lo que quieras. Huye, ve a esconderte de nuevo en la frialdad de tu mundo, piensa que no ha ocurrido nada, si es lo que deseas... Pero cuando estés solo, cuando observes una de tus hermosas esculturas, recuerda que no estás hecho de piedra como ellas. Recuerda que hay algo en ti que se está perdiendo lo mejor, escucha a tu corazón cuando te hable... Deja que pueda latir, Ichigo, deja que te haga sentir vivo... Y cuando eso ocurra, prometo dejar mi ventana abierta para ti.

El negó con la cabeza, como si lo que ella decía no tuviera sentido para él. ¿Estaba diciéndole que su amor era tan grande como para esperar a que él pudiera corresponderla? ¿Eran tan puros sus sentimientos, y él tan idiota como para no darse cuenta? ¿El amor de Rukia hacia él era tan grande que estaba dispuesta a esperarlo, no importando el tiempo que pasara?

-Me iré mañana mismo -le comunicó en un susurro, incapaz de mirarla al hacerlo-. Quisiera que nos despidiéramos sin rencor... No puedo irme llevándome eso de ti.

-No te guardo rencor, Ichigo -contestó con tanta dulzura que él se sintió el peor de los canallas-. Ya sabes lo que siento.

-No voy a volver, Rukia... Aunque lo desee más que nada en el mundo... -insistió él.

-Te equivocas. Volverás -le aseguró, luchando por que las lágrimas que amenazaban con brotar no convirtieran aquella despedida en una escena-. Volverás y yo estaré esperándote. Porque te amo, Ichigo. TE AMO. Y no es un capricho pasajero. Y sé que para ti tampoco lo es... Sé que al mirarme, deseas tomar todas las cosas que te ofrezco. Sé que lo deseas, tienes que desearlo...

El apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. ¿Cómo era posible que estuviera hiriéndola de aquel modo, y aún así ella le hiciera aquella solemne promesa de amor? ¿Hasta qué punto llega una persona cuando realmente ama a alguien? Se vio tan pequeño frente a la grandeza de aquella mujer que todos sus sentidos reaccionaron, rebelándose contra su cobardía.

-¿Podrás perdonarme algún día…? -lo cierto es que no sabía siquiera si se perdonaría él mismo, y más aún lo que estaba provocando en Rukia-. Te juro que eres la última persona a quien desearía hacer daño... Y sin embargo, aquí estoy, lastimándote con mi adiós... Tiene que ser así, créeme. Lo que tú esperas de mí no es posible, y no quiero cargar también con tu desilusión, Rukia. Me destrozaría tener que hacerlo y mereces algo mejor... Mereces todo lo que yo no puedo darte, y me siento morir cada vez que lo pienso...

-Entonces vete... -casi escupió aquellas palabras-. Vete de una vez, y llévate contigo todos tus miedos.

Le vio alejarse hasta la puerta, sintiendo que aquel adiós le arrancaba el corazón. Podía correr hasta él, suplicarle que la dejara amarle, y sabía que eso le retendría aquella noche, quizá unas cuantas noches. Pero volvería a perderle... Tenía que dejarle marchar, tenía que darle la libertad para que cuando regresara lo hiciera totalmente curado, y lo hizo.

Ichigo la miró una vez más, consciente de que estaba dejando su propia alma junto a ella, y titubeó unos segundos antes de desaparecer en la oscuridad.

Rukia respiró hondo, y secó con el dorso de la mano las lágrimas que caían por sus mejillas. Se había ido, tal vez para siempre... Sin embargo, comprendía sus motivos. Porque con su marcha, aquel hombre le hacía la más hermosa demostración de amor que conocía, y saberlo provocaba en ello una enorme ternura. Él se iba para no hacer que ella cargara con ese dolor desconocido que escondía.

Dejó que su llanto se mezclara con el silencio de la noche, y sus ojos se deslizaron hacia la ventana, clavándose en la figura que la observaba a través del cristal. Permaneció allí parado, adorándola con callada quietud, con los ojos color miel brillando en la noche, a sabiendas de que ella también le observaba. No decía nada. La miraba como si en ella encontrara una paz que aliviaba todas sus penas, y la joven dejó que lo hiciera. Durante unos minutos, sus miradas se cruzaron tan sinceras, tan reales, que Rukia perdió la noción del tiempo. Cerró los ojos, y al abrirlos, el rostro que amaba se desvaneció ante ellos, dejando en ella la extraña sensación de que aún estando ya lejos, estaba tan cerca de ella que podría tocarle si extendía los dedos hacia él...

Continuará…

Fans IchiRuki, les pregunto: ¿Qué tal el capítulo? Yo sigo llorando ante semejante despedida entre Ichigo y Rukia. ¿Quién vislumbraba esto? Probablemente haya alguien a quien no le haya gustado la lectura, pero bueno, así tenía que suceder.

TOT

Y pues, no se preocupen, estamos más cerca de averiguar sobre el pasado de Ichigo. Así comprenderán el porqué de su negativa a corresponder al amor de Rukia.

¿Comentarios? Hagan click en el enlace inferior. Como escritores/adaptadores, nos alimentamos con un review.

Por cierto, aquí les dejo un adelanto:

-Los meses pasaban con lentitud desde su marcha. Rukia recordaba con nostalgia los largos paseos nocturnos, su risa apenas desconfiada y su forma ansiosa de espiarla a través de la ventana de su estudio.

-…

-No me extraña. Estás cada día más esquelética... ¿Es que te has puesto en huelga de hambre desde que ese hombre, el tal Ichigo, se marchó? Mírate... Los brazos huesudos y los cachetes pegados a la calavera... Realmente, estás espantosa.

-…

-Rangiku se cubrió los labios al instante, consciente de la expectación que sus palabras causaban en la joven. Había algo que Rukia tenía que saber acerca de aquel hombre, y no estaba segura de poseer el valor suficiente para decírselo.

-…

-"En la madrugada del 17 de junio de 2010, el vehículo donde viajaban la esposa y el hijo del famoso escultor Kurosaki Ichigo, ha sido víctima de una terrible explosión que obligó a colisionar a varios vehículos en la Autopista de Tokio. La causa del accidente aún no ha podido ser esclarecida…".

-…

-Por favor, Ran-Chan... Necesito estar sola... Nos veremos mañana...

¿Qué tal ese adelanto? ¿Preguntas? OWO

¡Pendientes del siguiente capítulo, el No. 08!

Su amiga, Joey Kuchiki 9474.

P. D.: Si no paso muy ocupada, actualizaré la siguiente semana. ˄˄