Doce Días
Yamato y Mimi tomaron el primer tren que salió a Kioto, ella estaba preocupada, demasiado. No podía imaginarse a su hermano mal, herido, menos aún muerto. Él era su mejor amigo, su consejero. Por otro lado Yamato no se sentía muy distinto, Suke era su amigo hace ya varios años, siempre lo había ayudado, incluso luego de romperle el corazón a su hermana lo seguía ayudando.
El viaje fue rápido, silencioso y doloroso. Ambos sufrían pero ninguno de los dos era capaz de consolar al otro.
Takeru había dicho que estarían en el departamento que tenía la familia Tachikawa de Jermyn Street, Kioto así que en cuanto bajaron del tren tomaron un taxi directo al lugar indicado, solo para encontrarse con un departamento vacío y una nota.
"Lamentamos haberte asustado así Meems pero era necesario, luego lo entenderás. No me odies por favor. Keisuke está bien y dice que tampoco lo odies, Tai e Izzy mandan saludos. TK"
En menos de un segundo todo el dolor y la preocupación se transformaron en odio puro. Los mataría, volvería a Odaiba y los mataría a todos. Pedacito a pedacito. ¿Cómo podían ser tan insensibles? Tomó el papel y lo rompió para luego lanzarlo al suelo. Entró molesta sin percatarse que Yamato seguía sin entender nada.
– ¡Nos engañaron! – gritó sublevada. – Esta es solo otra broma. – Se lanzó a uno de los sofás con los brazos cruzados y ceño fruncido haciendo un pequeño mohín con los labios. – Voy a comprar pasajes para volver. – Se levantó ya algo resignada y buscó la computadora, era mejor comprarlos online pues no estaba de humor como para hablar con personas, seguro que explotaría en cuanto le dijeran 'Hola'.
Yamato estaba molesto, pero no sabía si era por la mala 'broma' o porque la habían hecho preocuparse y llorar en vano. Ella estaba realmente mal por una tontería. Él también los mataría en cuanto los viera, no se salvarían de esta.
– ¡Mierda! Los idiotas me congelaron las tarjetas de crédito –
– ¿Eso qué significa? –
– Que a menos que tú tengas una tarjeta de crédito o dinero en efectivo, tendremos que quedarnos aquí. No tengo dinero como para comprar los pasajes de vuelta – Mimi cerró la laptop, ya no se veía molesta o quizás solo se estaba tratando de tranquilizar. Suspiró y lo miró – La preocupación y el enojo me da hambre, ¿me puedes cocinar algo? –
– Mejor cocinemos los dos – Le sonrió a lo que ella le devolvió el gesto. Se levantó del suelo para acompañarlo a la cocina.
– ¿Qué haremos, Ishida-senpai? –
– Cereales con leche. Sé que te gusta – Buscó unos recipientes y los ingredientes. – El problema es que no podemos vivir de cereales con leche todo el tiempo que estemos aquí –
– Pues tendremos que aprender a cocinar. Hay tutoriales en internet. ¿Sabías que internet sirve para muchas cosas aparte de ver porno? – Él soltó una carcajada.
– Yo no veo porno – se defendió el rubio
– Sí claro, todos dicen lo mismo – Rodó los ojos y fue a buscar su laptop – Hagamos pan casero. – Tecleó un par de cosas en el buscador y luego leyó: - "Ingredientes: harina, levadura, azúcar, sal, leche, manteca vegetal".
Llevaban por lo menos dos horas tratando de cocinar pero no podían. Reían por cualquier cosa, jugaban con la harina, hacían lo que fuere menos cocinar. Incluso entre risas y bromas se lanzaron miradas cómplices, sonrisas coquetas. Ya ni siquiera se acordaban de los chicos y su bromita.
– Creo que tendremos que comer cereales. – Comentó Mimi que estaba sentada en una silla de la cocina. - Ya me dio sueño, buenas noches Yamato. – Se acercó hasta él y le besó la mejilla. Quizás para otros no era una gran muestra de afecto pero para él significaba todo. Ellos eran amigos otra vez, o por lo menos eso era lo que ella le daba a entender. Si esto seguía así, alcanzar su perdón no sería nada difícil.
Fue hasta una de las habitaciones para descansar, había sido un día movido, quizás no estaba perdido después de todo. Se lanzó a la cama sin quitarse la ropa ni nada, simplemente se durmió.
Por otro lado Mimi estaba en su cama pero no dormía, estaba soñando despierta, recordando la primera vez que había visto a Yamato entrar en su casa…
– "Él es Yamato Ishida, un amigo" – Lo presentó Keisuke sonriente junto con Takeru y Taichi.
– Un gusto Yamato. – Le saludó Satoe, su madre, con una sonrisa.
Ellos no lo sabían pero Mimi estaba allí. Se suponía que debía estar ensayando en el piano pero había escuchado voces desconocidas y había ido a espiar. Había sido una buena elección, si no hubiese sido por ello nunca lo hubiese visto. ¿Alguien podía ser tan lindo? Nunca había visto un hombre similar, bueno… la verdad apenas tenía contacto con los hombres. Esa misma noche ellos hablaron por primera vez. Había sido una conversación en torno a Keisuke, no tenían otro tema en común. Pero con el paso de los días y las constantes visitas del chico se hicieron amigos, nadie lo sabía y nadie debía saberlo. Era como una amistad secreta, una amistad que pronto se transformaría en amor.
– Mimi... ¿Puedo hablar contigo? – Ella asintió con una sonrisa y lo acompañó a la lavandería. No solía haber mucha gente allí. – Yo me preguntaba si tú… ¿quisieras ser mi novia? – Y sonrió tímidamente.
Había sido tan lindo el principio de su relación pero tan amargo el final. Sin darse cuenta Mimi ya estaba llorando otra vez, ese día debía estar demasiado emocional. No podía aguantar tantos sentimientos juntos así que solo lloró, debía desahogarse de alguna forma. Pero nunca pensó que sus sollozos podían ser tan altos como para que Yamato los escuchara.
– ¿Qué te pasó, Mi? – Preguntó una vez frente a ella. – Ya no llores. – La abrazó y besó su mejilla. – Yo estoy aquí para cuidarte, por siempre…
"Ató su sedoso y aún húmedo cabello con una coleta, ajustó sus jeans y cerró su chaqueta antes de salir por la puerta hacia el establo. Tenía ganas de montar. Miró cada uno de los caballos, habían decenas de ellos, pero solo estaba interesada en uno: Pal. Un caballo árabe de un color chocolate maravilloso, de gran agilidad e inteligencia. Era su favorito. Siempre lo fue. Arregló las monturas y procuró tener todo firme antes de subir en él.
Solo daría un paseo o quizás trotaría un poco, no tenía ganas de entrenar en esos momentos. Pero había algo que esperaba no ver y sinceramente le sorprendió mucho que hubiese una de esas en su patio. Había una boa, no era demasiado grande pero si lo suficiente rápida como para asustar a Luxemburgo y hacer que saliera corriendo, despavorido. Mimi intentó detenerlo pero lo único que logró es que el caballo hiciera un movimiento brusco botándola, para su suerte había caído sobre paja, no había sufrido grandes daños excepto por un esguince en su tobillo derecho.
– ¿Estás bien? – La chica levantó la vista y se encontró con el que ahora era su novio. Sonrió y asintió con unas pocas lágrimas amenazando con salir, el dolor en su tobillo era agudo. – Ven aquí. – La tomó entre sus brazos y se la llevó de la paja al establo, allí revisaría su pie y las heridas. Pero el dolor era demasiado fuerte así que ella solo comenzó a llorar. – No llores amor, ya sanará. – Arregló uno de sus cabellos y la miró directo a los ojos. – Yo te estoy cuidando, ahora y siempre…"
Pestañeó antes de darse cuenta del mini flashback que acababa de sufrir. Miró dentro de los ojos de Matt y era como ver al chico de diecisiete años que había calmado su dolor aquella tarde. Sin pensarlo mucho lo abrazó, estaba siendo honesto, quizás él decía la verdad, quizás él todavía la amaba. Eso seguramente sería lo mejor que podría escuchar en esos momentos…
Capitulo 4 listoooo, mañana subire el n°5
