Doce días.


14 de diciembre 2010.

Una melodía envolvente y una letra que en ese instante no podía reconocer comenzó a sonar en la habitación. Estiró un brazo y contestó, estaba demasiado somnolienta como para ver quién llamaba.

– ¿Diga? – Lo único que se escuchaba por el otro lado eran cosas chocando y gente extrañamente demasiado feliz. - ¿Alguien?

– ¡Mimi! – Exclamó esa voz que reconocía como si fuera la suya misma. Koushiro.

– Aun estoy molesta contigo Izumi – Dijo ya más despierta. - ¿Cómo se les ocurre asustarme así?

– Ya te pedí disculpas y cuando vuelvan a casa te pido disculpas otra vez, ¿sí? Lo importante ahora es Naoto. – Un leve tono de emoción y ansiedad se hacía notorio en su voz. - ¡Voy a ser tío! – Gritó y se escuchó como en el lugar que se encontraban todos festejaban la noticia. – Esto es fantástico…

– Felicidades a Nao y envíale saludos.

– Claro Meems, te dejo, debo ir con Midori. – Y colgó. ¿Acaso sus hermanas ya estaban en la casa? ¡Que mierda de día! Ella en mientras toda su familia celebrando

en su casa. Era injusto.

Se levantó de la cama, o por lo menos fue lo que intentó, pero una mano en su cadera la retuvo. A su lado, durmiendo plácidamente, estaba Matt. Se veía tan lindo, tan dulce, tan él…


– ¿Dónde está Mi? – Preguntó Midori algo curiosa. No había visto a su hermana desde que había llegado y tenía muchas cosas que contarle.

– Esta… en Tokio, visitando a Hikari. – Respondió Koushiro tratando de ser convincente.

– Sí claro, visitando a Hikari… – Su tono sarcástico dejo en claro que no le creía nada de lo que decía. – Seguro que anda con un chico, ¿con cuál? ¿Kouji? ¿Taiki? ¿Michael?

– ¿Qué carajo? ¿Quiénes son esos? – Preguntó Takeru que estaba entrando en el lugar.

– Son unos chicos que se le han declarado el último año… Pensé que quizás haya aceptado la propuesta de alguno de ellos. – Lo había dicho tan inocentemente, pero Midori no se daba cuenta que eso era malo, muy malo. Había que advertirle a Yamato sobre aquellos chicos, quizás podrían ser una gran competencia. – Si no está con ellos ¿con quién está? – Koushiro y Takeru cruzaron miradas, debían decirle la verdad y confiar en ella o mantenerse callados y simplemente engañarla. – Oh ya veo… esta con Ishida. Al parecer a Mi le gusta romper las reglas.

– ¿Qué? – preguntaron al unísono los muchachos que allí se encontraban.

– ¿Acaso no saben porque Ishida se marchó? – Ambos negaron. – Ok, les diré, pero no le digan a Mimi, ella no lo sabe y creo, personalmente, que Yamato es el que debe decirle. – Ellos solo asintieron mientras tomaban asiento y la miraban, estaban intrigados por saber, desde que Yamato había llegado a vivir con ellos nunca había tocado el tema de Mimi, por lo menos no esa parte.


– Let's dance in style, lets dance for a while… – Cantaba y bailaba al mismo tiempo mientras comía algo de su cereal. Yamato solo la observaba danzar en la habitación, era una muy buena vista. Por las mañanas se veía tan hermosa, muy al natural.

Ella seguía cantando, al parecer nada podía arruinar su día. Menos aún el de él. Había dormido abrazado a ella, había dormido enterrado en su aroma, en su sedoso cabello, había acariciado su cuello, besado sus hombros… había sido una noche para recordar.

– ¿Qué no comerás nada? – Preguntó sacándolo de sus pensamientos. – Anda Yamato, levántate y canta conmigo. – Dejó su cereal en la mesita y tomó la mano de su compañero para obligarlo a ponerse de pie pero él era más fuerte y la empujó a ella al sofá, más específicamente sobre él.

Estaban muy cerca, típica escena romántica de película lo único que faltaba era el beso. Pero Yamato no tenía el valor, o mejor dicho descaro, de acercarse lo suficiente como para besarla, quizás ella se molestaría. Pero estaba equivocado, ella misma fue la que se acercó y junto sus labios. Un simple roce, un suave y delicado roce. Ella colocó sus manos en sus mejillas y ladeó la cabeza para profundizar más el beso, hacía mucho que no era besada, hacia tanto que lo ansiaba… Jugó con la lengua de su – por ahora – amante, recorrió cada lugar de su boca, hasta que el aire les comenzó a faltar y se separaron, pero no demasiado, solo unos milímetros para poder tomar algo de aire y seguir con su faena de besos. Ella debía reconocerlo, los labios de Yamato era adictivos, una adicción que luego no podría dejar.

Se separaron nuevamente y se miraron a los ojos. Ella podía ver su reflejo en aquel brillo que iluminaba esos hermosos ojos marrones. ¿Pero qué estaba haciendo? Se suponía que lo odiaba. Se alejó dificultosamente de Yamato, él era como un imán. Se puso de pie, tomó sus cereales y fue a la cocina para fregar el recipiente. No volvería a acercarse tanto, era bastante peligroso, además el trato era reconquistarla no intentar fornicar con ella.

En todo lo que quedó de mañana no cruzaron miradas ni palabras, ella se dedicó a buscar pasajes por internet para volver a Odaiba y Yamato… bueno Yamato solo dormía. ¡Qué flojo, dios mío! Quizás dormía para olvidar los problemas. Solía hacerlo cuando joven y Mimi siempre lo supo. Los sueños eran una de las tantas formas que tenía Yamato de escapar de su realidad y distorsionarla, para ser feliz, para tener una vida a la cuál llamar 'perfecta'.

– Yamato, es hora de almorzar. – Lo movió un poco y pudo notar su rostro sereno. Se veía tan tierno, tan indefenso. Algo en sus facciones hizo que el corazón de la chica se encogiera de ternura y abrazara al chico efusivamente.

¡Maldito Yamato! ¿Por qué despertaba tantos sentimientos en ella? ¿Por qué era tan lindo? ¿Tan tierno? ¿Tan él…?


– Susuke – El chico tomó un poco de jugo y miró a su madre asintiendo para que prosiguiera. - ¿Dónde está Mimi? – Gran parte de los chicos en la mesa se tensaron. Por lo que Midori había dicho al parecer la señora Satoe no debía enterarse de que su hijita estaba con Ishida o podría desatarse la tercera guerra mundial. – ¡Susuke!

– Midori dijo que estaba con un tal 'Mott' o algo así – Todos miraron directo a Mirai que estaba inocentemente tomando jugo.

En cosa de segundos el rostro del señor Tachikawa cambió de un pálido normal al rojo más puro que jamás habían visto. Susuke inmediatamente se encogió en su silla, no era que tuviese miedo ni nada por el estilo, pero la furia de su padre sumada a la de su madre era algo para nada agradable.

– Es verdad Susuke, ¿está con Ishida? – El chico no dijo nada, ni siquiera miró a su padre. Solo se dedicó a jugar con su almuerzo. – Vamos Satoe, iremos a Kioto y la traeremos de vuelta. –

Keisuke se levantó molesto, estaba casi por lanzar humo por las orejas. Lanzó la servilleta a la mesa y arreglando su gran chaqueta salió directo a su auto junto a su esposa.

– ¡Idiota! – Le gritó Midori a su hermana, se paró de la misma forma que su padre y se fue a quién sabe dónde.

Mirai comenzó a llorar, no entendía que pasaba. Susuke solo la abrazaba y pues los demás… estaban pensando en algo para salvar la situación. Al parecer el plan B no era tan bueno después de todo. Quizás Mimi y Yamato no debían estar juntos…

– Papá. – Dijo Midori tratando de detenerlo. Pero era en vano, el señor Tachikawa ya había subido al auto y había partido directo a Kioto. En cuanto encontrara a su hija se la llevaría, pero que ni pensara en vivir otra vez con el irresponsable de su hermano, viviría con ellos hasta que se casara. Ya estaba dicho.

La chica tomó su teléfono y marcó el número de su hermana. Debía advertirle. Pero no contestaba, quizás estaba apagado o fuera de señal. ¡Joder! Esto iba de mal en peor. Su hermana y Yamato estaban en problemas, y seguramente ella también, por tratar de encubrirlos. Lo que conseguía por tratar de hacer renacer el amor. Ser Cupido no era lo suyo.

– Midori, ve a disculparte con Mirai. – Ordenó Susuke detrás de ella. – Ahora.

– Ella tiene la culpa de que todo se haya arruinado. – Se defendió. – Ahora por su culpa Mi está en problemas. Es obvio que me hubiera enojado.

– ¡Midori! – Gritó ya enfadado. – Ella es una niña, creía que lo que estaba diciendo estaba bien. No la culpes. Ahora ve, abrázala y pídele perdón. – Y con una sola mirada por parte del mayor de los Tachikawa envió a su hermana corriendo con la niña que aun lloraba desconsolada.

Sus amigos ya habían salido de la casa, debían planear algo.

– Ok, Koushiro, tú y Midori se quedaran aquí en casa con mis hermanas. –Izumi quiso quejarse de la decisión de Susuke, pero en verdad no era tan malo, a él le gustaba pasar tiempo con la chica. – Takeru, Taichi y yo trataremos de llegar a Kioto antes que mis padres. Esperemos que el plan C si funcione. – Murmuró lo último para sí mismo.

Y en menos de un minuto estaban en el auto de Susuke directo a Kioto, a toda velocidad. Debían tomar algún atajo. Llegar primero al departamento y sacarlos de allí. Susuke no permitiría que su hermana no tuviera su historia de amor, no permitiría que no tuviese su cuento de hadas.

– Yagami, llama a Yamato y dile que salgan del departamento. Que se la lleve a un hotel, donde sea, pero que no permanezcan allí. – Taichi lo obedeció. En momentos como ese Susuke parecía alguna especie de general y ellos eran como su ejército, él daba las órdenes y ellos debían seguirlas o quizás Tachikawa les gritaría como nunca en la vida.

– No contestan.

– Intenta de nuevo. – Pero era inútil. Ambos teléfonos estaban apagados. Ahora solo les tocaba rezar por que el coche de los señores T. se quedara sin bencina o los detuvieran por alguna infracción o algo.

– ¿Se han fijado que la vida de Mimi parece telenovela? – Preguntó Takeru. Él parecía el más calmado. Acostado en los asientos de atrás comiendo la fruta que no había terminado en el almuerzo. – O sea, es como… un amor algo imposible, un hermano sobreprotector, padres excesivamente estrictos y una hermana adolescente algo bipolar y mañosa. En definitiva la familia Tachikawa es una telenovela.

– Takaishi, cierra la jodida boca. – Gruñó entre dientes el chofer. Bien, estaba estresado y escuchar los tontos comentarios de su amigo no le ayudaba en nada. Aun no podía creer que ni siquiera fueran las dos de la tarde y ya tuviesen tantos problemas. ¡Dios!


Y otra vez, por segunda vez ese día, estaban ambos besándose en el sofá. Eran besos exigentes, desesperados. Era extraño. Para ella por lo menos lo era. Por más que quisiera alejarse de él, volvía. Lo tomaba, lo acariciaba. Recorría su cuerpo. Todo en él era adictivo, todo en él era perfecto… él era la perfección en estado puro, él era lo que ella quería en ese momento.

Las manos de Yamato recorrían su cintura, su silueta mientras que su lengua exploraba su boca, saboreaba cada rincón. Ella sería suya otra vez, lo sabía.

Poco a poco comenzó a subir la camiseta de su acompañante hasta lanzarla al suelo y decorar con esta el departamento. Repitió el procedimiento con el resto de su ropa, hasta dejarla completamente desnuda sobre el sofá. Expuesta solo para él. ¡Cuánto había soñado con esto! Cada noche de los tortuosos doce meses había soñado que la tenía entre sus brazos, había soñado con el sabor de su piel, con recorrer cada rincón. Y ahora la tenía, en carne y hueso. Era algo tan… indescriptible.

Matt se tomó sus minutos para contemplarla y hacerla entrar en calor, para besar cada poro de su piel. Pero incluso él sabía que no aguantaría tanto, así que se posicionó entre sus piernas y bajó su pantalón, estaba nervioso aun cuando no era la primera vez que estaba con ella, pero quizás era el hecho de haberla tenido lejos tanto tiempo. ¡Mierda! Ella era demasiado deseable.


– Los van a matar. En cuanto los encuentren. – Suspiró y siguió con su cartel. – Creo que pasaré a ser la hija mayor. Pensé que el día que llegaría ser la mayor sería más emocionante pero veo que es bastante feo. – Tomó el pegamento y acomodó una gran "Y" para terminar su trabajo.

– ¿Por qué estás haciendo eso? –

– Va a haber un concierto de McFly en dos días y estoy haciendo una pancarta. El problema es que si Mimi se mete en problemas tendré que ir sola y estoy casi segura que a Susuke no le gustara la idea. – Bufó mirando a su acompañante. – Y… Kou, ¿tienes algo que hacer el jueves? – Inquirió Midori sonriendo, el muchacho enseguida captó lo que quería decir.

– Ok, yo te acompaño. – Ella sonrió aún más y lo abrazo efusiva.

– No sé porque Susuke dice que no me acerqué a ti, ¡eres demasiado lindo! –

– Creo que es para evitar que te enamores de este guapo nerd –

– No eres un nerd, Izumi. – Rió ella antes de separarse. – Además no me enamoraría de ti, estás muy viejo. – Bromeó para volver con su pancarta y terminar los últimos detalles.

– ¡Oye! Yo no estoy viejo, soy bastante joven. Además no tenemos tanta diferencia de edad. Son solo cuatro años. – Se defendió él viendo uno de los tantos posters que estaban esparcidos por la mesa. – ¿Quién es ese? –

– Dougie Poynter, ¿Cómo no lo conoces? ¡Ignorante de la vida!

Ellos siguieron riendo, ignorando que a unos kilómetros de allí estaba por desatarse una pelea, y no cualquier pelea.


– Suke, cálmate. – Dijo Taichi tratando de tranquilizar a un nervioso Susuke. – No creo que sea tan malo.

– Mis padres odian a Ishida y lo sabes. – Se arrimó más al volante y clavó sus uñas en este.

– Es un odio infundado. Mi hermano no es malo, la verdad es uno de los chicos más buenos y agradables que conozco. – Comentó Takeru, que por cierto, seguía comiendo.

– Lo sé, Yamato es un buen amigo pero sabes cómo son mis padres… Dudo mucho que algún día lo lleguen a aceptar como otro miembro de la familia. – El letrero de "Bienvenido a Kioto" ya se estaba haciendo próximo. En un par de minutos estarían en el departamento. Esperaba que los señores Tachikawa no hubiesen llegado ya, pues hacía bastante rato que le habían perdido el rastro. Todo esto era una gran mierda, y era causada por él.

– Tranquilo Suke-kun. – Le susurró Takeru.

– ¡No me llames así! – gritó ya algo desesperado. Realmente le dolía la cabeza, solo quería llegar al departamento, abrazar a su hermana y protegerla de los gritos que seguramente daría su madre.


Ambos se encontraban desnudos sobre el sofá, piel contra piel. Sudorosos con sus respiraciones agitadas. Y se sentía tan bien… en especial porque ella estaba entre sus brazo, bajo su cuidado y sabía que nunca la dañarían mientras él estuviese con ella. Besó el pecho de su amante y lo miró. A pesar de estar en pleno invierno ella sentía un extraño calor, aunque era bastante obvio que era lo que lo provocaba.

– Iré a ducharme. – Le informó antes de ponerse de pie e irse directo a la ducha regalándole a Yamato una vista completa de su desnudo cuerpo.

Él seguía allí recostado. Esa se podría declarar una de las mejores tardes de su vida. No, no se "podría", era definitivamente la mejor tarde de su vida. Mientras seguía mirando el insípido techo blanco del departamento escuchó como llamaban a la puerta. Podría ignorarlo y quedarse allí o también podría ponerse pantalones e ir a abrir.

– Mimi, sé que estás aquí, ¡ábreme ahora! – La voz de aquel hombre se le hacía familiar a Yamato y pues él recordaba perfectamente aquellos gritos…

"Yamato estaba en el salón de la casa Tachikawa, esa noche saldría a comer con Mimi y estaba bastante excitado por ello. Llevaba ya varios minutos esperando, pero sabía que valía la pena.

– Ishida, acompáñame a mi despacho. – Había dicho Keisuke, el padre de su novia, desde una de las tantas puertas del lugar. Sin dudarlo mucho, acompañó al señor el cual le indicó que se sentara en una de las sillas seguramente dispuestas para clientes. – Aléjate de mi hija. – Dijo cortante.

– ¿Qué? – El chico aun no podía asimilar la información que le entregaban. ¿Por qué le estarían pidiendo algo así?

– Lo que oíste muchacho. Mimi merece algo mucho mejor que tú, y lo sabes. Ella merece al heredero de alguna empresa o algo por el estilo. No al hijo de un criminal. Reconócelo Yamato, tú no vales nada, tu familia no vale nada y tu amor por mi hija… - rió un poco – tampoco vale nada. Eres miserablemente patético, así que mejor aléjate ahora. Rompe con ella esta misma noche y vete lejos de aquí. Sabes que ella podría encontrar a un esposo decente en menos de un año, seguro que luego ni siquiera recuerda tu nombre.

Yamato estaba algo impactado con el discurso de su suegro. Estaba bastante dolido también. ¿Acaso era porque no tenía una empresa y grandes fortunas?, ¿acaso era porque su padre era un ladrón?

– No me iré.

– ¡Te irás ahora! – Gritó ya algo desesperado, pero procurando no ser escuchado por su hija. – Si no te vas Ishida terminaras como tu padre, tras las rejas. Sabes bien que con una sola llamada puedo hacer que te encierren sin tener que pasar por juicios o tribunales, de por vida Yamato. ¿Estás dispuesto a arriesgarte?"

El chico se colocó sus pantalones, una camiseta y arregló su cabello. Enfrentaría a aquel hombre. No sería tan cobarde. Él amaba a Mimi y si su amor lo enviaría a la cárcel pues lo aceptaba, pero no arrancaría de nuevo, no se rendiría sin antes pelear. Arregló su cabello y se dirigió a la puerta de caoba barnizado. Giró el pomo lentamente y la abrió, para ver a dos personas que, sinceramente, odiaba. El señor Keisuke y la señora Satoe Tachikawa.

– Buenas tardes señores Tachikawa. – Dijo mientras sonreía algo hipócrita, quizás lo que vendría ahora sería algo divertido.