Los Arcanos
By MadeInJapan
El Emperador
—Pronto llegará — se levantó de su sitio dirigiéndose a un mini bar con todo lo indispensable: Whisky y vino de las mejores viñas. — Sólo Seto podría escoger mejor ¿no lo crees? Al menos el mal nacido tiene buen gusto — medio sonrió mientras su acompañante lo escuchaba preocupado arrugando el entrecejo
— Esto será muy malo. Tengo miedo — admitió el más bajo.
Mientras servía su Whisky se dignó a mirar a su "querido" acompañante.
— Tranquilo, lo tengo todo calculado — sonriéndole animadamente para tranquilizarlo
Ooo
— Espero que el pequeño esté bien — mientras miraba el paisaje por la ventana. El conductor sólo se limitó a mirarlo de reojo fríamente.
— ¿Espero? ¿Dónde se fue esa convicción que tenías, perro? — esta vez el tono de Kaiba no era de burla; sino más bien de seguridad. — Mokuba está bien y punto. Ese enfermo me las pagará por meterse conmigo y con mi hermano.
Los ojos del rubio lo miraban asombrado ya que por primera vez ante tanta petulancia por parte del millonario, ahora veía lo humano que era el muchacho. Su corazón se agitó intensamente ante lo que estaba sintiendo tan familiar
"No te preocupes todo saldrá bien" recordó esa voz que con tanto ahínco lo tranquilizaba mientras él lloraba.
De nuevo esa voz tan familiar…
Joey quiso apartar esa sensación tan conocida el estar cerca de Seto Kaiba.
—Hemos llegado, Wheeler—lo interrumpió la voz poderosa del de ojos azules
— ¿Llegamos?
— Tan distraído, Wheeler — mirándolo intensamente — Prepárate para lo que viene.
Y ante las duras palabras del CEO, el rubio aterrizó dejando ver su pasado de muchacho peleador. Tenía que revivir para esta ocasión su pasado de problemático por el bien del niño.
— ¿Y esta casa? Pero si es una mansión en medio de una playa — exclamó impresionado el rubio.
Kaiba no respondió se limitó a continuar su camino seguido por un rubio anonadado ante tanto lujo. Para él, era como de esas mansiones de película.
— Sí que eres "algo" exagerado con los lujos, Kaiba — continuó en un tono irónico el rubio.
— Es algo de lo que puedo permitirme, Wheeler — con una mueca burlona le sonrió el moreno, pero dejando entrever cierto orgullo de éxito en sus logros y pertenencias materiales debido a su sacrificada vida laboral.
Joey no comentó nada al respecto ni siquiera para burlarse. Supo que era fruto de su esfuerzo de trabajo duro y sin descanso. Quizás él no ganaba como el empresario, pero cuando le iba bien se daba lujos que su bolsillo le permitía, logró entenderlo aunque en este caso era algo mega exagerado.
"Gustos de ricos" pensó Joey meneando la cabeza
Kaiba sacó sus llaves y giró listo para abrir seguro preparado para lo que enfrentaría… pero su mano fue detenida por otra mano más blanca y más cálida.
—Kaiba, ¿acaso no deberíamos entrar por otra puerta? Sorprenderlos y atraparlos. Ir de frente es mala idea. — dijo inseguro, pero disfrutando el toque que sin pensar transmitía su calidez a una mano más fría…
—Wheeler, yo no les tengo miedo. Siempre voy de frente. Estas ratas las pagarán caro. — intentando no titubear y sonar como siempre, pero la calidez del rubio lo transportó a otros breves mundos. Todo tan familiar…
Giró el pomo de la puerta sonando un chirrido fuerte y un sonoro eco quedó en el interior de la mansión.
Todo era oscuridad. Oscuridad agónica que invadió la vista de ambos muchachos, que aunque no lo demostraban abiertamente nerviosos estaban. Sin embargo ante el silencio unos pasos lacónicos se sintieron dirigidos a la entrada.
Kaiba sin titubear cerró fuertemente la puerta de la entrada.
El sudor corría por la blanca piel de Joey ante la expectativa de lo que ocurriría. Se limpió no muy elegante las gotas que corrían por su frente.
Kaiba apretaba sus puños preparado ante los pasos que se escuchaban cada vez más cerca de ellos.
Se iba acercando…
— ¡Mokuba!— gritó el moreno en un intento esperanzador y desesperado de escuchar a su hermano.
Sólo el eco y los pasos retumbaron. Buscó la luz para encender, pero alguien se le adelanto. La luz cegó a los dos recientes llegados hasta que poco a poco acostumbrándose divisaron quien fue el causante de dicha tragedia.
— Atemu — dijo en un tono bajo sorprendido de ver aquel hombre en su mansión, pensó cualquier cosa menos él…
Joey miraba ambos, tanto a Kaiba como al otro hombre un poco más bajo que el CEO sorprendido. Se detuvo a mirar al más bajo de mirada intensa, similar a la de Kaiba, pero sus ojos chispeaban fuego endemoniado contenido en una tranquilidad andante de cabello erizado color fuego y carbón.
—Seto, querido —pronunció con son de burla.
Kaiba, en su estado de Shock tenía sospechas de Atemu, pero verlo con sus propios ojos le sorprendió de sobremanera por el simple motivo que sí tenía que sospechar de Atemu sería el último de la lista. Tenía contemplado viejos enemigos que intentaron sabotearlo y robarle la empresa; sin embargo Yami Atemu jamás hubiese sido capaz de secuestrar a su hermano o eso pensaba hasta el día de hoy.
— ¿Quién es él? — dijo el rubio sin despegar la vista de Atemu. De cierta manera lo intimidaba a pesar que era un hombre delgado de finas facciones había algo en él que le causaba cierto terror.
— Wheeler ¿Qué pasará ahora? ¡Lee tus cartas en este momento! — en tono de mando. Jamás pensó el empresario en su sano juicio que creería en unas cartas, pero más que simples cartas era la adivinación acertada de este muchacho; no obstante, recuperar a su hermano era de vida o muerte y si debía aferrarse algo eran los hechos que narró el rubio cuando se conocieron la primera vez. Todo calzaba. Cada hecho fue como vaticinó Joey Wheeler.
— Vamos Kaiba responde ¿Quién es él? — exigió el rubio y haciendo caso omiso al mandado del de ojos azules.
Un terror inminente lo invadió. Quería saber quién era.
— Es mi mano derecha en mi empresa o era… — respondió apretando los dientes.
A pesar de procesar la información de Kaiba, Joey no salía del trance, pero la risa ensordecedora de Atemu lo despertó…
— Joey Wheeler sabía que llegarías junto a Seto — atreviéndose a pronunciar el nombre de pila del director general de Kaiba Corporación familiarmente, consecuencia que enfadó aún más al empresario apretando sus puños cogidos de furia.
El rubio se preguntó cómo sabía su nombre aquel hombre misterioso causante de la desgracia de estos hermanos, que los conoció en una circunstancia de trabajo leyendo las cartas. Se sintió en una dimensión desconocida, pero algo en su interior le decía que fue el destino y sensaciones familiares que lo hacían recordar, y vivencias que no resonaba.
— Sé de buena fuente que eres bueno en la adivinación. Lo sé porque tu padre era un gran talento en el arte de leer las manos — continuó Atemu causando sorpresa en el rubio preguntándose como sabía de su padre aquel desconocido. Y como si pareciera que Atemu le leyó la mente prosiguió— tu padre ayudó mucho a mi familia acertó en todo y por eso estoy sumamente agradecido — medio sonrió de forma triunfal.
— ¿Cómo sabes de mi padre? ¿Quién eres? — preguntó asustado y un poco atónito. Una sensación que no podía descifrar el rubio. La adrenalina al escuchar de su padre lo embargó.
—Tu papá…— continuó el egipcio. — Ayudó a mi más grande creación tanto así que superé a mi propio padre — caminando y rodeando a los muchachos
Atemu no se percató que en el fondo, escondido en la esquina, los observaba un muchacho más bajo nervioso y asustado por lo que veía venir pronto. La desgracia del cual no estaba seguro apoyar a su pareja. Era demasiado para él…
— Basta de tanto parloteo, Atemu. Siempre has sido bueno para hablar sandeces ¿Dónde está mi hermano? Me las pagarás caro. Te haré polvo — amenazó el Ceo sacando un arma escondida en su abrigo que sorprendió a Joey por lo inesperado y el giro de la situación. Kaiba procedió apuntar al egipcio con su revólver. Éste no se inmutó y más que sentir miedo por ser apuntado con un arma de fuego rio sonoramente.
— No eres capaz de dispararme—, dijo seguro
— Te dispararé en tres, dos…— ante la expectativa de un rubio sin creer lo que sucedía, no obstante, no terminó de contar el número uno cuando de la nada como si de magia se tratase, o quizás así fue… apareció un niño en los brazos del egipcio. Parecía una especia de holograma porque era transparente dormido en los brazos de Atemu.
— Aquí está tu querido hermano, Seto — sonriendo malignamente.
El empresario del Shock de ver a su hermano casi desvanecido soltó su arma cayendo al suelo estrepitosamente impactado…
Joey entrecerró sus ojos para verificar si realmente sus mieles orbes observaba bien a un niño transparente. Podía notar que su cuerpo era tan cristalino que el fondo de la antesala se veía a través de Mokuba.
— ¿Qué es esto? ¿Mokuba? — dijo suplicante Kaiba. La máscara de frialdad e indiferencia del CEO se cayó pudiendo notar Joey la verdadera cara de Seto y una pena lo invadió que no supo descifrar por el joven empresario y por Mokuba. En poco tiempo el problema de Seto Kaiba pasó ser su problema tocando fondo en sus venas. Se involucró inconscientemente de lleno con el CEO.
— No sé quién seas, idiota. Pero devuelve a Mokuba — demandó el rubio y como un manojo de nervios sacó de su pequeña mochila que llevaba consigo su mazo de tarot y al azar y muy concentrado sacó una carta preguntándose ¿qué pasará? pero de los nervios y la ansiedad cayó al suelo cerca de los pies de Atemu, éste dejó en el suelo al desvanecido Mokuba y recogió la carta del rubio. La tomó delicadamente para luego medio sonreír y acto siguiente mostrársela a Seto y a Joey.
— Esta carta revela que yo gané, ¿cierto? — mostrando triunfal a dos muchachos sin saber qué pensar o hacer. El rubio vio su carta abriendo los ojos con terror.
— El Emperador — murmuró para si un Joey aterrado. Kaiba lo miró de reojo.
— Así es, tarotista— dijo el egipcio — al igual que tú me dediqué al estudio de la astrología y tarot y sé lo que significa, pero no tengo ese talento innato como tú lo posees Joey Wheeler. El Emperador si no me equivoco y según esta interpretación es que yo gané yo vencí y tengo toda la fuerza y poder para dejarte fuera en la miseria, Kaiba.
Los ojos de fuego de Atemu con total seguridad y poder concentró su energía y sacando de su bolsillo un brazalete de oro con símbolos egipcios iluminaron toda la mansión cegando momentáneamente a Seto, Joey y al invitado escondido que observaba de lejos.
Después de unos segundos culmines de vida o muerte recuperaron la visión y Kaiba atinó a maldecir a Yami Atemu y gritar el nombre de su hermano hasta que fue interrumpido por la desagradable e imponente voz de Atemu.
— Seto, Seto — meneando la cabeza negativamente apuntó la figura desvanecida de Mokuba y con un gran halo de luz la hizo desaparecer generando una pequeña lluvia de chispas esparciéndose en el salón de la mansión y por último desapareciendo definitivamente…
Kaiba miraba con dolor lo sucedido. Los azules ojos del empresario perdió el brillo de seguridad transformándose en desolados y suplicantes ojos de un simple muchacho sufriendo por su pequeño hermano.
— Esto es un truco, ¿Dónde está mi hermano? — convenciéndose a sí mismo que lo que veía ante sus propios ojos era producto de un truco barato para asustarlo.
— Kaiba, entiendo lo que sientes, pero debo decirte que todos estos años que viviste con Mokuba no fue más que una creación de mi padre y herencia que yo seguí. Tu hermano nunca existió — concluyó Atemu.
— Mentira, mentira, mentira — gritaba asustado con un dolor que embargó su alma y sintiéndose desamparado
Joey sólo atinó impulsivamente abrazar al empresario que estaba sufriendo un colapso para tranquilizarlo. Seto ya no estaba en condiciones de seguir escuchando. Estaba fuera de sí.
El rubio permitiéndose una gota de cordura y tranquilizando sus ganas de golpear al egipcio se atrevió a preguntar.
— ¿Por qué haces esto? ¿Cómo es posible que Mokuba nunca existió? Yo conocí al niño respiraba, reía era feliz ¿Cómo es posible…? Se preguntaba más para sí mismo que para el interlocutor.
— Por venganza. Gozaburo el padre de Seto destruyó a mi familia, pero no es tema para hablar ni explicar los detalles…
Ahora he traspasado todos los poderes legales a mí, Kaiba no es el dueño de Kaiba Corp. Me sirvió mucho usar su gran inteligencia que debo destacar. Creó un gran imperio, pero la única manera de lograrlo era que este sujeto se aferrara a una motivación ya que el verdadero se alejó y ¿qué mejor que crear un niño dulce representando a ese vació que perdió Seto? — explicó triunfal su detallado y calculado plan. —Esta mansión y todo pertenece a Yami Atemu — concluyó el egipcio con ademán de echarlos pronto.
— Mokuba…— dijo en un hilo de voz un muchacho de ojos azules perdido y en shock.
— Mokuba nunca existió, Kaiba fue un recuerdo del verdadero… — sin terminar lo que diría después
Atemu miró al de ojos mieles y sonrió para sí malignamente.
— Al menos Seto, te concedí una mano amiga. Créeme que fui considerado.
De repente de la nada aparecieron un grupo de hombres de trajes de negro y corbata con armas apuntando a los ahora "no invitados deseados"
— Sáquenlos de aquí, no quiero volver a verlos — y terminando les dio la espalda retirándose
— Maldito…— pronunció con odio el rubio siendo llevados a la fuerza junto con Kaiba para ser echados violentamente de la mansión.
Continuará…
Ufff sólo puedo aclarar que Mokuba nunca existió… maldito Atemu jijji
Espero que les haya gustado.
