Demonio.

Admite que te encanta...

Admite que te encanta ver como su cara se contrae de dolor cuando la tomas a la fuerza en su lecho de seda.

Admite que te encanta escuchar sus gritos de dolor y ver su pálidos ojos empañados por las lágrimas.

Admite que te excita ver como la sangre tiñe sus piernas de rojo con cada encuentro, ver como aquel preciado líquidos resbala por su suave piel. Adoras limpiarla con tu lengua y sentir como ella se estremece al contacto.

Pero debes admitir que lo que más te encanta, más que cualquier otra cosa, es ver como se vuelve tan sumisa con tu presencia. Ver como su cálido brillo se apaga y sólo queda un muñeco sin vida en su lugar.

Eso te encanta.

Porque sabes que ella ahora no puede vivir sin ti; sin tu tóxica y oscura presencia. Ahora ella está tan dañada como tú, tan corrompida por la oscuridad que no puede vivir sin ella.

Y eso te encanta.

Porque ella es toda tuya ahora. ¿Quién querría a alguien tan dañado? Ella ahora te pertenece y a ti te encanta.

¿Sabes por qué?

Porque eres un monstruo; un demonio de la peor clase. No te importó dañarla, no te importó apagar el brillo de su vida sólo por tu capricho. Sólo porque querías que ella te viera sólo a ti.

Y no te importa lo que opinen de ti.

Siempre y cuando tengas ese retorcido amor que ella tanto te profana.