Disclaimer: Twiligth y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, la historia original es de Mayu Shinjo.

Reencuentro.

Bella PoV

Cuando desperté por la mañana, lo hice sola, él ya no estaba a mi lado me removí en la cama buscándolo, me sentí extraña, la piel me ardía, pero también la sentía mas suave y sensible que nunca, las sabanas sobre mi se sentían diferentes.

—Edward… —lo llame.

Mi voz salió a modo de suplica y me sentí extraña al darme cuenta de que mi cuerpo lo llamaba igual o mas suplicante que mi voz, estaba experimentando una especie de deseo febril por el, lo había notado antes, siempre que me despertaba sentía la misma necesidad de el.

En el piso había una camisa y la levante para ponérmela, mientras la abotonaba aspiraba su aroma, su delicioso aroma que me causaba hormigueos y extrañas sensaciones, mariposas en el estomago y cosas así. Me abrace a mi misma con una sonrisa al recordar como me había abrazado y como su piel literalmente me había acariciado.

Pase mucho tiempo meditando la historia que me había contado, como nos conocimos y como habíamos huido de mi casa porque mi madre no creía que el fuera bueno para mi.

Lo amaba mucho, por eso no me importo abandonar a mi madre para irme con el.

Me asome por la ventana por enésima vez, pero el auto no estaba, ni el tampoco, aun no regresaba. Ya llevaba mucho tiempo ahí, sola y sin saber una sola palabra de el, la desesperación me estaba invadiendo, como en el departamento, cuando salí corriendo y me encontré con el…

Las dudas volvieron como invocadas por el demonio… o por Dios… para que yo me diera cuenta de que nada de lo que yo creía era verdad y el me estaba mintiendo.

Estaba buscando mi ropa por ahí cuando me di cuenta de que no estaba, nada de lo que había traído puesto estaba ahí, ni siquiera los zapatos, solo la camisa que llevaba en esos momentos.

Di un gran salto cuando alguien llamo a la puerta.

—Edward… —mis labios pronunciaron su nombre sin pensarlo.

Fui a abrir subiéndome la camisa que me quedaba grande y se me deslizaba por un hombro.

Abrí la puerta llena de emoción, esperando verlo, pero no era el quien estaba ahí, era alguien mas… otro hombre, uno que no reconocí. Tenía gafas oscuras y un traje negro.

—Hola cariño —dijo el sonriéndome con un arma en una mano —Edward esta aquí? —Pregunto asomándose a la habitación —creo que no. Te dejo sola pequeña? —pregunto sonriendo.

Su sonrisa me dio un poco de miedo y di un salto atrás cuando movió su arma, preparándose para disparar… para dispararme?

—No puedo creer que te dejara sola —el me apunto con el arma y entro a la habitación, yo solo seguí dando pasos hacia atrás, asustada —Donde fue? —cerro la puerta tras él y le puso cerrojo —Era tan importante como para dejarte? —se me acerco y me puso el cañón del arma en la mejilla.

Lo mire asustada, su acoso me había llevado a subirme a la cama a gatas, estaba apunto de topar contra la cabecera de la cama cuando el se quito las gafas oscuras por fin. Sus ojos eran tan lindos que hasta hubiera podido creer que era un ángel, pero obviamente no lo era, de serlo no estaría apuntándome con esa arma.

—Bella, Bella, Bella —canturreo alejándose de mi y paseándose por la habitación, examinándola —por que siempre tienes que lucir así? Como una virgen lista para el sacrificio.

No entendí a que se refería, lo único que me quedaba claro era que el me conocía.

—Tu me conoces? —le pregunte ansiosa.

El se volvió a mirarme con el seño fruncido y luego volvió a sonreír.

—No vine a charlar —dijo mirando por la ventana —me enviaron por el —me mostro el arma.

—Vas a matarlo? —le pregunte aun mas ansiosa.

—No lo se —respondió acercándose a mi —aun tengo que pensarlo.

Me cohibí cuando note su escrutinio, me lleve las manos al pecho intentando mantener la camisa en su lugar, pero entonces se me descubrían las piernas.

—"Él" me mando por Edward —puso su arma en el buro —y yo vine por ti…

Su mano recorrió mi mejilla y me sonrió mientras me levantaba el rostro para estudiar mi expresión. Estaba asustada, mi corazón palpitaba rápido y no sabio que hacer.

El rio y su risa me altero los sentidos, me pareció de lo mas escabrosa y el pánico me trastorno los nervios, me puso en alerta, le di un empujón cuando se acerco mas, el solo volvió a reír y se abalanzó sobre mi.

Intente defenderme, pero en el momento en que me tomo las muñecas yo ya estaba perdida, no le fue muy difícil ponerme contra la cama, era muy fuerte, mis golpes parecían no dolerle en lo mas mínimo. Grite fuerte y el solo siguió riendo, importándole poco si alguien escuchaba.

Me soltó las muñecas solo para abrirme las piernas y colocarse sobre mi, intente empujarlo, pero era imposible moverlo, era como tener una enorme roca encima.

—Basta! Déjame! —por fin me atreví a implorarle.

—Por favor! —Exclamo el ansioso mientras me abría la camisa con fuerza, haciendo que los botones saltaran al aire —No te hare tanto daño como Edward y lo disfrutaras mas que con Jasper, te lo juro.

Me quede quieta entonces, pensando en lo que me decía, el nombre de Jasper me causaba nostalgia y me hacia sentir cosas, no era ni de paso igual de intenso que lo que sentía por Edward, pero podría jurar que Jasper, también era especial para mi.

—Quítale las manos de encima —su voz suave y sedosa se escucho entonces y por unos momentos sentí mucha calma, él estaba ahí. Ese hombre que me tocaba se quedo muy quieto y sentí como temblaba, le tenía miedo a Edward.

—Hey Eddie! —dijo el chico grande apartándose de mi —pensé que no te vería por aquí, al menos hasta que hubiera terminado —me dio una sonrisa sardónica y yo me cerré la camisa rasgada.

Edward me dio un vistazo, fijándose en su camisa rasgada y en el pánico que tenia. Entonces, durante ese segundo que Edward se distrajo, el otro hombre saco su arma y en un segundo, ambos estuvieron apuntándose a la cabeza, uno a otro.

—Pudiste reunir el valor suficiente como para apuntarme con un arma? —le pregunto Edward con furia contenida.

El chico sonrió de nuevo, pero después intensifico su mirada en Edward, concentrándose más en su objetivo, pensé que en cualquier momento iban a dispararse, me aturdió la sola idea de la cabeza de Edward atravesada por una bala.

—Isabella —salte en la cama al oír su voz —ve afuera, en el auto hay ropa, espérame ahí.

Yo solo asentí y me levante rápido, sin soltar lo que quedaba de la camisa, esperaron a que yo saliera para hablar, había dado unos cuantos pasos fuera cuando los escuche.

—Te envió por ella? Dijo que me mataras y que luego se la llevaras? —pregunto Edward, no pude saber si habían bajado las armas o seguían apuntándose uno a otro.

El otro volvió a reír.

—El dijo que solo tú debías morir, en ese momento ella se volvía completamente libre para hacer lo que deseara. Y yo la deseo.

No supe como interpretar aquello y solo me pegue mas al muro, escuchando atenta lo que decían, intentando saber que tenía yo que ver en todo eso y cual era ese pasado que Edward intentaba ocultarme con tanto afán.

—Escuchando tras las puertas —una voz melodiosa me asusto.

Me volví rápido, completamente petrificada al saber que me habían descubierto.

Una mujer rubia con cabello largo me miraba altiva, era hermosísima, como si hubiera salido de una revista, tenía los ojos azules, su rostro era perfecto igual que su cuerpo, la mire atontada unos momentos.

—Mírate nada más… —dijo cruzándose de brazos y recorriéndome con su mirada —no importa que esa camisa que llevas valga más que esta repulsiva habitación, sigues luciendo como siempre, común y corriente.

Su ceja arqueada y su semblante arrogante me hirieron más de lo que pensé, así que me maldije por no haber escuchado a Edward e ir al auto rápido. Me cubrí bien con los trozos de camisa que me quedaban e intente pasar a su lado.

—Espera! —su mano se cerro con fuerza en torno a mi brazo, sus uñas se encajaron en la tela y de ahí a mi piel lastimándome —he esperado mucho tiempo este momento.

—Suélteme… —forceje con ella pero no me soltaba.

—No tienes idea cuanto te odio maldita mocosa! —esta vez me tomo por amos brazos y comenzó a empujarme hacia la escalera.

Iba a arrojarme por ella?

—Me lastimas! —me queje intentando huir, pero era imposible, ella era mas alta que yo y mas fuerte —déjame ya!

Entonces pasaron dos cosas, la primera, yo la empuje lejos y ella en su intento de retenerme me araño los brazos, luego fui a caer contra la barandilla de la escalera. La segunda, vi como Edward le daba dos bofetones a la chica rubia, tirándola al piso por la fuerza de los golpes. Cuando ella me miro, pude ver como le sangraba la boca y me miraba aun con más odio del que ya me había confesado sentir por mí.

Tras Edward apareció el chico grande y alto que me había atacado antes, inconscientemente me cubrí con los trozos de tela, el me sonrió de forma sincera y luego se recargo en la puerta mirando a la chica en el piso, despreocupado, como si no le importara que Edward la matara ahí mismo.

—No quiero volver a verlos cerca de nosotros —sentencio Edward —si vas a continuar tirándote a esta zorra al menos mantenla bajo control. Rosalie lo disfruta mas atada, amordazada y con un cuchillo sobre su cuello.

El chico en la puerta sonrió divertido mientras veía a la chica levantándose y mirándonos a todos con odio y furia.

La voz de Edward era ruda, hiriente y tenía un cariz que no le había escuchado, hasta ahora. Me asustaba verlo así, como si fuera a matar a alguien en ese preciso momento. Lo vi acercarse a mi e inconscientemente me empuje mas atrás con mis manos, huyendo de el.

—Te dije que me esperaras en el auto! —su mano fue mas fuerte y mas hiriente que la de la rubia, era mas fuerte, me levanto rápido, llevándome solo de un brazo, apretando mas de lo necesario, lastimándome.

Me puse de pie como pude e intente caminar rápido y seguirle el paso, me encogí de hombros por el dolor, el pareció no notarlo y me llevo por las escaleras casi en volandas, apenas pude decir algo cuando resbale en el penúltimo escalón, su mano no me dejo caer.

Abrió la puerta del auto y me arrojo sobre el asiento, yo me quede muy quieta, mirándolo rodear el auto para entrar por el otro lado. Apenas la puertezuela de su lado se cerro, el se puso en marcha, acelero de forma violenta y el giro que dio el auto fue aun peor, podía escuchar el rechinido de los neumáticos en mis oídos mientras me sostenía de donde podía.

—Te dije que me esperaras en el auto! —grito mientras conducía, aun no soltaba el arma —es tan difícil de hacer? —esquivo un auto que estaba saliendo del camino y casi chocamos contra el.

Me aferre al asiento encajando mis dedos en la cubierta, no podía decir nada o quejarme, pero podía sentir las lagrimas resbalando por mis mejillas.

—La golpeaste… —murmure recordando a esa chica.

—Ella iba a matarte! —grito mientras aceleraba aun mas.

Me arrojo al regazo un cuchillo ensangrentado y también su arma que también estaba manchada de sangre, eleve mis manos no queriendo tocarlas.

—La heriste? —cuestione asustada.

Entonces el freno de golpe y me miro molesto, hasta pensé que iba a golpearme o algo así, cuando vi sus manos acercándose a mi temblé de miedo, me aleje de el pero choque con la puerta del auto.

—Ella te iba a matar! No lo comprendes? —me tomo por los brazos y me zarandeó con fuerza —el cuchillo estaba a centímetros de ti! Apenas logre detenerla! —me mostro su mano ensangrentada, tenia un corte en la palma.

Había tomado el cuchillo por la hoja en su intento de evitar que me hirieran.

—Basta… basta… basta… —murmure negando mientras el gritaba.

Entonces se detuvo y alejo sus manos de mí, pero no se había tranquilizado.

—Maldita sea Isabella! —golpeo el volante con fuerza y luego me miro intensamente —ese hijo de puta tenia sus manos sobre ti! Iba a violarte!

Arroje el cuchillo y el arma al piso del auto y subí mis pies al asiento, me abrace las rodillas soltando un sollozo.

—Y esa loca estaba lista para asesinarte! —volvió a golpear el volante con el puño. —Alcanzas a comprenderlo?

Escondí de nuevo mi rostro sobre mis rodillas y seguí llorando, no sabia exactamente porque, pero no podía dejar de llorar, la angustia había vuelto de la nada y ahora estaba taladrándome el alma.

Me toco la cabeza y encendió el auto de nuevo, ni siquiera le pregunte a donde íbamos, ya no me importaba.

Volvimos a detenernos, en otro motel barato, el me puso una gabardina sobre los hombros y me llevo en brazos hasta la habitación. No podía dejar de llorar mientras me duchaba, no comprendía esto, porque alguien quería lastimarme y matarme?

Me sobresalte cuando el abrió la puerta y dejo una toalla y ropa sobre el lavabo, también unos zapatos. Cuando salí me vestí sin decir o preguntar algo, era un vestido de seda blanco, con tirantes gruesos y la espalda descubierta, me lo puse sin rechistar y los zapatos igual, eran altos y muy bonitos.

Cuando salí el estaba sobre la cama mirando televisión, ya estaba vestido, pantalones negros, camisa blanca y saco negro, mi corazón salto al verlo.

—También te traje esto –dijo señalando un hermoso bolso sobre la cama.

Regresamos al auto y mientras el conducía comencé a curiosear en la bolsa, encontré perfume, cremas, maquillaje, casi sin pensarlo comencé a usarlos todos, sin saber realmente que hacia, solo usándolos.

Llevábamos como una hora en el camino cuando me quede dormida, luego… cuando desperté me di cuenta de que había oscurecido, aun estaba en el auto a su lado. Lo mire por unos momentos, el conducía impasible, tranquilo, como si nada hubiera pasado antes.

—Tienes hambre? —pregunto.

Yo negué girándome hacia la ventanilla, las luces y los edificios me anunciaron que estábamos en una ciudad. El auto se detuvo, esta vez de forma suave y hasta cautelosa, mi mano descansaba sobre mi pierna, sentí su mano sobre a mía, el contacto de su piel me sobresalto, quite mi mano de inmediato, pero el no aparto la suya de mi pierna.

—Escucha Isabella —pronuncio el, alejando su mano de mi y obedeciendo al verde del semáforo —se que me he portado como una bestia… pero ellos… me puse furioso cuando lo vi sobre ti y esa loca con el cuchillo…

—Cuchillo? —le pregunte ansiosa —que cuchillo?

El me miro extrañado con sus ojos muy abiertos, luego volvió su atención a la carretera.

—Nada chérie, la película que acabamos de ver en el cine.

Asentí confundida, no me acordaba de haber ido al cine… tal vez todo era causa de lo mismo, el golpe en mi cabeza y esa perdida de memoria.

Edward se detuvo frente a un edificio blanco, alto, con muchos cristales. El bajo rápido y yo lo seguí, cuando llego a mi lado del auto me tomo de la mano, yo me alise el vestido antes de dejar que me guiara dentro del edificio.

—Fue aquí donde me caí? —le cuestione mientras esperábamos el ascensor.

—No —respondió —ya no vamos a volver ahí.

Asentí convencida, yo tampoco quería volver…

Me asustaba, me daba mucho miedo revivir algo tan doloroso…

El departamento era muy bonito, todo era blanco y colores cálidos, amarillos, rojos… me recordó a un palacio, también tenía alfombras y rejas intrincadas, como los diseños árabes.

—Es como un palacio —dije extasiada al mirar todo eso.

—Entonces… —por sorpresa me tomo en brazos, le pase mis manos por el cuello —bienvenida princesa.

Le sonreí mientras me llevaba dentro del departamento, me llevo a un comedor pequeño pero elegante, me dejo sobre la mesa y lo mire tomar el teléfono.

—Se que dijiste que no tenias hambre, pero debes comer bien, estas en recuperación.

Le sonreí moviendo mis pies, así como estaba sobre la mesa, estaban volando y podía columpiarlos con mucha facilidad, el me miro mientras ordenaba la comida, me sonreía tranquilo y seguro de si.

—15 minutos? —cuestiono él aun al teléfono.

Se acerco a mi y a modo juguetón me toco la nariz y luego la mejilla, tome su mano antes de que se alejara, entonces fije mi vista en una venda que le atravesaba la palma, levante mi vista confundida y el aparto su mano de mi.

No supe porque, pero me sentí desolada, me causo tanto dolor ver esa herida…

Me puse de pie y fui hacia el ventanal mientras el terminaba de ordenar, mirando por la ventana, me di cuenta de que no recordaba la película que acabábamos de ver, tampoco sabia que día era, que hora… ni siquiera tenia idea de donde estábamos.

—Donde estamos Edward? —le pregunte aun mirando a la oscuridad.

—Phoenix —respondió tranquilo —llegamos ayer, no lo recuerdas?

Negué mientras pensaba como había pasado todo eso y yo no lo había notado. Sus manos en mi cintura me hicieron dar un pequeño salto, el me calmo diciéndome palabras dulces al oído, pero yo solo podía pensar en como había pasado todo esto.

—Ven, vamos a sentarnos, la comida llegara pronto.

Tomándome la mano me llevo hasta la mesa, fije mi vista en su alianza, idéntica a la mía, el no me mentiría, nos amábamos, habíamos hecho muchísimas cosas para estar juntos.

La comida llego rápido y Edward fue a abrir, trajo la comida y la coloco en la mesa, me pidió que me sentara y puso frente a mi un plato de comida bien servido, yo tenia un vaso de jugo y el una copa de vino.

—No te gusta el vino —agrego el sentándose frente a mi —te pones a toser —rio mirándome de frente —eres tan delicada… —sus dedos pasaron por mi mejilla —tan exquisitamente vulnerable —paso su mano por mi hombro estremeciéndome —que me dan mas ganas de comerte a ti que a otra cosa.

Me sonroje y baje mi vista, el llevo su mano hasta mi barbilla y me levanto el rostro solo para darme un beso en los labios, tenia el corazón acelerado y las mejillas ardiendo cuando se separo de mi.

—Come —me pidió —encontré los calmantes para que puedas dormir mejor.

Lo mire por unos instantes mientras el comenzaba a comer, no recordaba tomar pastillas para dormir, tal vez también lo había olvidado. No quise buscar más motivos de duda y comencé a comer, me di cuenta de que tenía más hambre de la que creía, ya que me termine todo lo que Edward me dio.

Luego, mientras el bebía una taza de café y yo comía un trozo de pastel de chocolate, saco un bote de su saco y puso frente a mi una pastilla pequeña, la mire de reojo fingiendo no saber que era.

—Puedes tomarla ahora o cuando nos vayamos a dormir.

Asentí dudosa y seguí comiendo mi pastel.

Cuando terminamos mire la pastilla con desconfianza, no quería tomarla, pero no tenia idea de que tan malo era no hacerlo. Me levante de la mesa y lleve los platos a la cocina, ignorando la pastilla en la mesa, fingiendo que no existía, tal vez si fingía lo suficiente, no tendría que tomarla.

—Deja eso —me pidió Edward de pie en la puerta —mañana vendrá alguien para encargarse del aseo.

Asentí y fui hacia el, apenas estuve a su alcance me beso en los labios y me tomo por la cintura, presionándome contra su cuerpo, se sentía bien.

—Vamos a la cama… —temblé con su susurro.

Me llevo de la mano hasta la habitación principal, una vez ahí fije mi vista en el ligero camisón de seda que estaba sobre el edredón blanco. El comenzó a desvestirse sin avisar, yo solo pude volver rápido el rosto mientras el se quitaba la camisa, tome el camisón e intente pasar al baño para vestirme.

—Hazlo aquí —dijo el desabrochándose el cinturón —no hay nada en ti que yo no haya visto, tocado o probado antes.

Me sonroje y asentí, me hubiera gustado tener un poco de privacidad mientras me desnudaba, pero el no me lo permitió, apenas comencé a buscar el cierre del vestido, el ya estaba tras de mi bajándolo. Apenas pude sostener la parte frontal del vestido cuando el me bajo los gruesos tirantes por los brazos, un escalofrió me invadió cuando su mano bajo el cierre hasta la parte mas estrecha de mi cintura, de ahí un poco mas abajo, me removí un poco incómoda cuando sus dedos jugaron con el borde trasero de mi ropa interior.

Sonrió quedamente, yo me removí alejándome de el, seguía dándole la espalda cuando saque los bazos de las mangas del vestido.

—Te sonrojas como una virgen escrupulosa —dijo el con una sonrisa pasando por mi lado.

Estaba completamente desnudo así que me gire hacia otro lado, tenia curiosidad por verlo, pero me daba vergüenza, como si nunca antes lo hubiera visto así.

—Deberías acostarte desnuda —suspiro mientras se metía bajo las sabanas y me contemplaba con deseo, ese oscuro deseo que tenia tatuado en los ojos cada noche —te re acostumbrarías mas rápido a mi.

Solté una risa nerviosa mientras terminaba de cambiarme, el podía decir cuanto quisiera, pero yo no me sentía cómoda junto a el, el solo hecho de pensar que estaba desnudo bajo las sabanas, me provocaba salir corriendo de ahí. El levanto el edredón para dejarme entrar, yo me metí de prisa, sin darle tiempo de mirarme o decir algo.

—Olvidaste la pastilla —dijo el con una sonrisa.

Le respondí la sonrisa con pesar y tome la pastilla que me ofrecía, me pasó también el vaso con agua y me observo mientras me la tomaba, escrutándome sobre si en verdad estaba tomándola. Cuando termine le regrese el vaso con agua y el me beso, como para comprobar que la había tragado, luego apagó la lámpara y se recostó a mi lado, un brazo en mi cintura me acerco a el, recosté mi cabeza sobre su pecho.

Pensé unos momentos sobre ese día, ese extraño día del que solo recordaba la mitad, mire disimuladamente la argolla en mi dedo, intentando recordar el día de mi boda, la primera vez… a mi madre, mi casa… cualquier cosa que pudiera recordar antes de Edward, pero no había nada.

Poco a poco me fui perdiendo entre una espesa nube de inconsciencia, sentía el contacto de la piel de Edward y podía escuchar su voz, pero no entendía nada. Sentí que me deslizaba el camisón por el cuerpo y entreabrí los ojos, el me sonrió y me beso, intente protestar pero nada salió de mi boca, en segundos pude sentir las sabanas sobre mi piel desnuda, su cuerpo contra el mío…

—Tu corazón esta latiendo fuerte y muy de prisa… —escuche su murmullo aun entre la neblina.

Mi cuerpo sentía sus manos, mi cuello y hombros sentían sus labios y mis manos su piel desnuda.

—Edward… —gemí ansiosa.

Me sentía extraña, adormecida, pero febril y ansiosa a la vez, no podía ni quería evitar que el siguiera besándome y acariciándome, al contrario, lo deseaba.


Bueno, segun mi mente enferma, le quedan como unos tres capitulos mas

les gustaria una secuela?