Música: "Remembrance", Balmorhea.
La vida es dura, no tengo beta y son las 2:30 am. Los errorcillos escapan de mis ojos cansados y ciegos (?
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"Descendamos ahora al ciego mundo".
Precisamente, por el cariño que sentía por su prima, Shianni no podía mentirse: Kallian nunca había sido una arrobadora belleza. El talante sombrío, que los años habían pulido hasta convertir en una característica intimidante, hacía escaso favor a sus facciones simples. Su figura escuálida y alargada preponderaba, angulosa, en el estándar más delicado y menudo de la belleza élfica. Las ondas de cabello revuelto alimentaban la idea de que era alguna clase de peligrosa loca. Los ojos grises, que habrían tenido que ser protagonistas de miradas enigmáticas, debajo de su típico ceño fruncido resultaban un incómodo rasgo que la gente optaba por rehuir.
Tampoco reía con asiduidad o conversaba por el placer de hacerlo.
No obstante, Kallian tenía algo. No belleza y no una simpática personalidad. Algo distinto. Una forma de caminar que no hacía pensar en ella como parte de la elfería, sino como una extraña cuyos irregulares parámetros hacían más sencilla la labor de ignorarla que de intentar comprenderla e integrarla. Erguida y con una energía orgullosa y digna, era demasiado simple para la propensión a las complicaciones de la gente a su alrededor. Estaba hecha para los gestos severos y firmes. Una voz que, cuando hablaba entre la multitud, las contadas veces en que esto ocurría, hacía callar a los otros y los obligaba a escucharla, extrañados al verla emerger, según parecía, de las profundidades del Velo mismo.
Al echar un vistazo a través de la puerta, donde otras muchachas elfas asistían risueñas a la taciturna novia, la vio y tuvo la certeza de aquellas cosas para las cuales, hasta entonces, únicamente había tenido hipótesis. No era una gran belleza, pero allí sentada, envuelta en seda y engalanada con apenas suficiente oro y plata, era un despliegue viviente de gracia. Kallian era toda piel endurecida y perfiles rígidos en aquella postura firme, mirando el mundo con supuestas apatía y altivez - y la verdad era que le importaba, le importaba todo y le importaba mucho. Su inherente porte, algo que había heredado de parte de tía Adaia, era más obvio ahora que su cabello se hallaba recogido a la altura de la nuca con algunos mechones retorcidos puestos en libertad para enmarcar su rostro, o quizá demasiado rebeldes para mantenerse en su sitio.
—Habías ido a recoger tu vestido —dijo su prima, apenas perturbando su expresión rendida al arquear una ceja. El sonido de su voz rompió la burbuja de pensamientos de Shianni, quien sonrió ante una escena que, dudaba, fuera a repetirse en algún momento del futuro. Desde que había aprobado convertirse en el solaz de la monotonía en la comunidad, Kallian ostentaba ese nuevo matiz en su abanico de gestos de miseria—. No estás cambiada, ¿qué haces aquí? —preguntó, tratando de disimular los nervios en su voz articulando las palabras estrictamente necesarias.
—Le he pedido por favor a tu padre que me dejara traer la buena noticia.
Debajo de sus incontables pecas, Kallian palideció y sus ojos se abrieron en sorpresa. Shianni se prohibió reír esta vez, la pobre novia estaba conjeturando sobre esa "buena noticia" y la única posibilidad para ella era que no se tratara de buenas noticias en absoluto. Se aproximó, andando alegremente. El revuelo de las otras elfas no parecía perturbar el semblante horrorizado de Kallian.
—Tu prometido... ¡ha llegado antes de tiempo!
Hubo un nuevo estallido de entusiasmo de parte de las muchachas, de modo que varias comenzaron a hostigarla con preguntas a las que la joven novia respondía con meneos de negación o asintiendo lentamente, sin apenas prestar atención.
Shianni respiró hondo, sacudiendo la cabeza de forma apenas perceptible. Se esforzó por verlo a su manera. Casarse nunca había sido un inconveniente para ella. Si un día sucedía, no planeaba complicarse la existencia tratando de oponerse. Confiaba lo suficiente en Valendrian y su tío y, para su propia tranquilidad, el hahren no había dado señas de estar especialmente interesado en buscarle marido y enfrentarse al riesgo de tener que dejarla partir a otra elfería. Uno de los muchos beneficios que ser útil para la comunidad y esencial como mano derecha de Valendrian habían traído consigo. Aquel no había sido su plan, pero no renegaría de la libertad que le había brindado. Un buen matrimonio dentro de la costumbre élfica era un asunto, prácticamente, de azar.
No obstante, Shianni se había dado a la tarea de volverse más observadora los últimos meses en lo concerniente al muchacho de Pináculo y ahora era incapaz de imaginar una pareja por cuyas compatibilidad y armonía ella pudiera sentirse incluso un tanto envidiosa. Nelaros era diferente, justo aquello que su prima necesitaba. Uno no podía verlos y pensar que fracasarían estando juntos. Kallian tendría que saberlo y darse cuenta de que había destinos peores. Soris, tristemente, era un punto de contraste muy próximo.
Fue entonces que acudió a Shianni la sospecha. Los nervios eran, sin duda, un asunto personal. Sin embargo, el abatimiento que danzaba sobre la cara de su prima no era por sí misma, sino por Soris.
—Entonces supongo que ya no tengo escapatoria —musitó, obligándose a sonreír.
—¡Así se habla! —Shianni festejó—. O, bueno...
—Ve a buscar tu vestido —le ordenó Kallian con una tenue sonrisa, más sincera que la anterior—. Y... —Se acercó otro poco a ella, olfateando. Al alejarse y volver al taburete le dedicaba una expresión socarrona—. Al parecer también es el día en que se nos permite estar borrachos antes de mediodía.
—Idiota —rio Shianni—. Busca a Soris cuando hayas terminado aquí —dijo a medida que se acercaba a la puerta.
—Es lo que planeo —replicó, la sombra de seriedad había reaparecido en su rostro.
Iba a llover.
Se detuvo debajo del dintel de madera. La brisa que soplaba desde el mar agitó los mechones sueltos y el velo. Moviéndose incómoda, evaluó la fina tela que limitaba su movimiento, todavía irritada por el disparate de despilfarro que su padre y su prima habían orquestado. Al menos habrían podido conseguirle ropa cómoda, el peso del traje la hacía sentir torpe y atrapada. Echó un vistazo al interior, donde Cyrion había empezado a reunir su indumentaria para la boda; le dedicó un gesto alentador, notando la indecisión de su hija. Ella giró y dio una gran bocanada de aire húmedo. El largo de la falda ocultaba las botas que Adaia había fabricado. Se tensó un poco, empleando a fondo su fuerza de voluntad para evitar que las lágrimas humedecieran sus ojos tan pronto.
Antes de dar el primer paso y bajar el único peldaño, se sujetó el vestido. Las muchachas no le perdonarían que llegara sucia a la ceremonia, después de todo, era el esfuerzo de ellas lo que estaría dilapidando. Rodeó un charco de agua de lluvia y miró el cielo. No era un día bonito, las nubes tenía el color del plomo, pero la gente parecía alegre. Al menos los borrachos, se fijó con cierta hilaridad.
—Eres todo un bálsamo para unos ojos cansados como los míos.
Un elfo interrumpió al que recitaba una joya del ingenio del gremio de marineros, el mismo que apenas era capaz de mantenerse de pie. En algún lugar, detrás de las pesadas nubes, el sol seguía ascendiendo hasta el cenit. Shianni no era la única que había dado inicio a regocijo alcohólico antes del mediodía.
Los tres muchachos intentaron cuadrarse al reconocerla a través de la borrachera, parando de reír y canturrear. Conformaban un grupo de simpáticos rufianes. Apenas consideró ponerse de mal humor, y no porque le enfadara ver a otros bastante achispados el día de su boda, sino por lo que la reacción del grupo implicaba. Incluso hoy, ella era la aguafiestas.
—Me alegra que estéis disfrutando —dijo con su mejor imitación de la novia dulce, parpadeando rápidamente y soltando el vestido para colocar las manos sobre la espalda. Ellos celebraron y la vitorearon luego de un prolongado titubeo—. Yo sólo estaba recogiendo los regalos de boda.
Se instauró un largo silencio y Kallian hizo un esfuerzo colosal por no permitir que la comisura de su boca se retorciera en una sonrisa maliciosa.
—Oh... ¡Ah! Nosotros pensábamos, eh...
—... Que preferiríais dinero contante y sonante. ¡Es más fácil gastarlo! —Kallian estuvo a punto de abortar su atraco a un grupo de elfos ebrios, eso era indigno hasta para ella. No obstante, comenzaron a discutir unos momentos antes de que uno girara y extendiera una bolsita de cuero—. ¡Hemos reunido treinta piezas! No está mal como regalo de boda, ¿no?
Las facciones de Kallian se las apañaron para dejar ver algo parecido a tristeza y decepción.
—Bueno, lo tradicional son cuarenta piezas... —presionó.
No exenta de cierta sorpresa, Kallian recibió diez monedas más. Lo agradeció y se despidió. A una distancia segura, soltó un sonido similar a una risa de triunfo. Generalmente, lo que ella quería debía obtenerlo por medio de amenazas, muy poco sabía sobre actuar del modo opuesto, fingiendo la fragilidad de la pobre muchacha (el cuento que muchos preferían tragarse) para alcanzar sus objetivos.
Sopesó las monedas en una mano. El dinero se lo entregaría a Flynn. No a su madre y, por las bragas de Andraste, nunca a su padre; a Flynn. El chico era mejor administrando el dinero que ella misma, eso había que reconocerlo.
Al pasar cerca del vhenadahl recordó que su padre había dicho que un par de amigos de Adaia asistirían a la ceremonia. Kallian planeaba eludirlos. La gente que había conocido a su madre solía hablar de ella a las primeras de cambio. No necesitaba sentirse oprimida por la ausencia de mamá justo este día. Si le daba muchas vueltas, terminaría convenciéndose de que su madre no habría querido esto; que de haber vivido hasta hoy, esta boda no estaría sucediendo en primer lugar.
Escuchó lo que se decía mientras pedía indicaciones para encontrar a Soris, rogando internamente no toparse con Nelaros. Tenía el estómago hecho un nudo y, en intervalos repentinos, la asaltaba el deseo de recogerse la falda y salir corriendo de Denerim. Si el exterior no la apabullara tanto, quizá habría tenido que pedir la intervención de alguien para estar segura de llegar a la ceremonia. La familia de Nelaros, que no sentía ningún afecto por aquella mujer de la que tan mal se hablaba en ambas elferías, no se lo perdonaría y solo Cyrion y Valendrian sabían el acuerdo que habían alcanzado con la dote; que había sido alta, ese no era ningún secreto.
—Vaya, pero si es mi afortunada prima. —Escondido cerca de los muros que delimitaban la elfería, Soris representaba el sueño de cualquier chica, enfundado en el traje de boda que Valendrian le había obligado a comprar pese a sus múltiples protestas al respecto—. ¿Quieres que celebremos juntos el fin de nuestra libertad?
Soris la miró de arriba abajo, arqueó una ceja y silbó. Kallian sonrió un gesto de "muérete". La elfa miró entorno y fue su turno de alzar una ceja, inquisitiva.
—¿Te está entrando miedo, Soris? —Lanzó la pregunta con un cierto tono de burla, por no traicionar la preocupación que le tenía el estómago contraído.
Él apartó la mirada y su lenguaje corporal habló volúmenes por los nervios y la frustración.
—¿Sorprendida?
Kallian quiso decir que no, pero que de cualquier manera no imaginaba lo fuera de sí que estaría en su lugar; que admiraba la entereza con la cual mantenía a raya los arrebatos, afrontando renunciar a sí mismo en nombre de la normalidad.
—¿La has visto?
—A ambos —replicó—. Nelaros parece un sueño hecho realidad. Mi prometida es como un ratoncillo anémico —Soris le lanzó una mirada soslayada—. ¿Te importaría cambiar?
—La verdad es que a mí no, pregúntale a Nelaros —dijo despreocupada y, con una expresión en blanco, agregó—: ¿Está bien si mi regalo de boda es una jaula?
Los esquivos ojos de Soris se abrieron otro poco. Acto seguido, echó la cabeza hacia atrás para soltar una risotada.
—Eres la encarnación del mal, prima —la acusó. Sonreía genuinamente—. Muy arreglada el día de hoy, eso sí.
Kallian bufó y sostuvo la tela de su vestido antes de soltarla con enfado.
—Lo tuyo parece cómodo, yo tengo que andar por todo el lugar vestida como una loca y luego está esta puñetera mierda —dijo, retirándose de la cara la vaporosa tela del velo que se agitaba con el aire.
Soris rio a su costa una vez más.
—Te fascina confeccionar estas cosas y no soportas traer una puesta —señaló divertido al comenzar a avanzar.
Caer en la cuenta de que su primo se esforzaba por mantener lejos de su escrutinio los gestos que la presión y el desencanto volvían imposibles de enmascarar, anegó su precaria tranquilidad con un aluvión de angustia. Duró lo que un suspiro, pero el impulso de tomarlo de la mano para comenzar a correr fuera de la elfería fue tan vivo y tuvo tal poder que interceptarlo y malograrlo dolió físicamente. Un desagradable hormigueo se instaló debajo de su piel, en sus manos, en sus piernas que, por alguna razón, continuaban andando detrás de Soris, directo hacia el sitio donde se celebraría la boda.
Abrió la boca para hablar y la cerró de nuevo. Durante el segundo intento, la llamada de Teaodore obligó a las palabras a permanecer reclusas detrás de sus labios.
No hubo oportunidad o valor para verbalizar lo que sucedía con Soris.
No hubo tiempo de mucho más antes de que la tormenta se desatara, barriendo con todo a su paso.
La última vez que Nelaros dijo algo para ella con aquella confianza y ternura tan propias de él, su rubio cabello desordenado por el viento y su sonrisa conciliadora de la que ella se afianzaba ya sin reparo, el corazón se le desbocó y el pecho comenzó a arderle con todas las emociones arremolinadas allí.
—A partir de ahora solo me dedicaré a aprender a hacerte feliz.
Habría tenido que reunir el valor para abrazarlo entonces. Por lo menos, expresar más con la sonrisa que consiguió en su lugar. Habría tenido que ser más rápida, correr con mayor urgencia, pelear con mayor rabia para volver a casa junto a él.
Ojalá hubiera podido borrar de un plumazo todo lo que había ocurrido entre los dos desde aquel día en el palacio. Evitar traerlo consigo a este callejón y salvarlo. Nelaros merecía su vida, pero las reglas del mundo no perdonaban la bondad ni la valentía. Los mataba, los rompía, los infectaba.
Aturdida por el primer golpe del secuaz de Vaughan, resonaba la promesa desesperada de Nelaros dentro de su cabeza ("no dejaré que te lleven"). La fuerza únicamente alcanzó para derramar lágrimas y pensar en su estúpida esperanza para el futuro de hacía unos instantes, el ingenuo atrevimiento de creer que todo dolor había quedado atrás. Suplicó a la Novia del Hacedor, porque ella tendría que entender esta desesperación y esta... rabia de sentir las miradas de todos y que nadie hiciera nada. Sin embargo, sólo hubo energía en su cuerpo para rogar con lágrimas que el destino no estuviera de acuerdo con el intercambio que estaba a punto de efectuarse.
Por favor, no lo tomes a él. No dejes que me siga, no aceptes este trato, no esta vez, no de nuevo. No permitas que todo se repita.
Andraste estaba muerta, ella no entendería.
La tormenta veraniega estalló detrás de los muros tras un preámbulo de varias horas. El impacto cercano de un trueno sacudió las puertas y las vigas del corredor. El viento se coló por las ventanas, arrancándole un estremecimiento y proveyendo una cantidad apenas adecuada de claridad mental.
No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas.
Hizo caso omiso de la voz en su cabeza que exigía cautela a gritos. Kallian ya había sido cautelosa durante mucho tiempo. Fue la prudencia que se le exigió desde niña la razón por la que Shianni actuó en lugar de que ella misma se enfrentara a las amenazas, allá en la elfería. Había sido precavida cuando intentó hablar con los cómplices de Vaughan. Había sido cuidadosa y sensata al optar por dejarse derribar, queriendo evitar una catástrofe en la elfería y planeando ir detrás de Shianni, sacarla de la casa del arl en secreto y volver para hacer como si nada hubiese sucedido.
Fue prudente hasta el punto en que continuar siéndolo podría ser catalogado como cobardía. O, peor aún, complicidad.
Fue prudente hasta que, sin apenas aliento, observó a Nelaros caer y estuvo de rodillas ante esos... shemlen, sosteniendo la herida que no sanaría.
Todo esto, de nuevo.
Estaba más allá de la cautela.
Luego, cuando los guardias estuvieron muertos, sintió que perdía algo más que sólo la cautela. Se arrodilló junto a Nelaros. Mientras sus ojos trémulos buscaban algún signo de vida, el horror revolviéndole el estómago, temió estar a un paso de perder también la cordura. Hubo un lapso de tiempo extraño, borroso. Se escuchó gritar, porque en principio no parecía tener energía para absolutamente nada más. Supo que abrazaba el cadáver de Nelaros al mismo tiempo que maldecía a Andraste y sus oídos sordos a los ruegos de los desdichados. Lloró, o eso indicaba la respiración interrumpida por sollozos cuando Soris se las apañó para tomarla del brazo y ponerle en la palma de la mano un objeto delicado y dorado.
Uno de los anillos de boda.
"Podrías arrepentirte toda la vida".
Apretó el anillo en un puño y se acercó para besar los labios de aquel que nunca se convertiría en su esposo. Entre el huracán de emociones que la azotaba, una centello fugaz, pero lo bastante brillante para quemar su mente: todo era su culpa. El mundo había perdido un faro de luz para permitir que ella continuara con vida. Otra vez. No obstante, algo tenía que significar. No podía ser en vano, no era posible que existiera un desequilibrio semejante. Hacedor o no, el mundo no tendría que se capaz de costearse estas injusticias aleatorias.
Ningún sacrificio, decidió, se haría en vano mientras ella respirara.
—Has sido un valiente guerrero, Nelaros —le dijo, a un suspiro de su boca. Lágrimas se derramaron, quemando su piel hasta escurrir y gotear sobre las mejillas pálidas de su prometido. Se odió por no haber sido capaz de decirle la maravillosa persona que era cuando todavía respiraba—. Lamento no haber podido protegerte —sollozó, sosteniéndolo con más fuerza—. No merecías morir en un sitio como este. —Depositó a Nelaros sobre el suelo, retirando un mechón ensangrentado de su frente—. Pero no te dejaré aquí, volverás a casa, te lo prometo.
Flexionó una rodilla y se sostuvo de Soris al levantarse y evitar el súbito golpe de realidad. Los olores eran tan penetrantes como desagradables. Una clara sensación de náusea acudió a su estómago y un fuerte mareo la hizo tambalearse los primeros segundos. Después, colocó el anillo en su dedo anular y recogió una de las armas del suelo. Se limpió las lágrimas y la sangre del rostro con un ademán furioso.
Shianni. Aún estaba la posibilidad de salvar a Shianni.
Fuera, la luz de un relámpago iluminó de luz púrpura las nubes. Estaba de pie en la última habitación y sostenía un vial en la mano izquierda, frente al cofre debajo de la ventana. Agachó la mirada y se reconoció en aquél vestido desgarrado y empapado de sangre como no había podido hacerlo durante esa mañana bajo el dintel de madera de la casa de su padre. Kallian sintió que se le revolvía el estómago, no supo si de incredulidad o de anticipación.
Cerró los ojos y respiró un único sollozo. La garganta de Kallian estaba tan seca que apenas podía tragar la saliva. Vacilaba, consciente de que se hallaba a un suspiro de traspasar la endeble frontera de todo lo que le estaba permitido hacer sin humillar su mejor naturaleza, sin bajar y hallarse con Vaughan en el pudridero de su vida. Ese acto final sobre el que Anora le había hablado con insistencia. Una línea sagrada que separa a las buenas personas de las que no lo son. Allí estaba, dudando. Reluctante a la invitación, a la propuesta del repugnante mundo, repetida una y otra vez a lo largo de la historia: ceder inocencia y toda pureza, entregar una parte del alma, recibiendo a cambio poder y control.
Kallian se miró, escurría sangre ajena. Los peores demonios viven en la propia piel, aletargados.
Apretó los labios y recordó. Había estado en la playa una vez. Las olas rompían contra pequeñas rocas de bordes afilados y el frío lamía su rostro, propagándose rápidamente por su cuerpo. Un par de días después de Satinalia, el clima era horroroso y Nelaros partiría a la mañana siguiente.
—Vamos a tener una gran historia para nuestros nietos.
—Nelaros...
—Lo sé.
Era un sitio gris. Las olas mojaban sus botas y poco a poco sus pies se hundieron en la arena, más allá de la nieve. Nunca había estado allí.
—Hay huérfanos en todos lados —aventuró, dándose cuenta de que ese era un buen futuro.
Nelaros había girado un poco la cabeza, sonriendo, y había estirado una mano para entrelazarla con la de ella. Su tacto cálido fue reconfortante. Él era una de esas personas coloridas y cálidas, en medio del frío y el gris.
Ahora, yacía helándose sobre un charco de sangre, pálido.
Kallian se esmeró en revivir la curva exacta de la sonrisa y el ocasional brillo dorado de unos ojos verdes para prender su ira en fuego y no titubear al coger el vial. Si su futuro había sido despojado de sonrisas, como ninguna había sido, y unos ojos verdes no despertarían de nuevo al amanecer, era justo que ella se arrancara el corazón del pecho también. Lo correcto, el pago adecuado, era bailar al son de la locura que Vaughan había destapado y que ahora fluía y amenazaba con ahogarlos sino servía como combustible primero.
—Soris, si no consigo esto, coge a Shianni, a mi padre y corre lejos de este lugar.
No habría más vida, para ninguno de los dos. Fluirían como la sangre en los corredores durante la tormenta y arderían junto a esa casa maldita hasta volverse cenizas.
No hubiera tenido valor para detenerla, incluso si hubiera podido.
—Voy a disfrutar matándote —afirmó, sin imprimir todo alguno en su voz y usando la más ominosa expresión de serenidad.
—¡Bah! Cuando hablo con un orejas de punta siempre acabo lamentándolo...
Vaughan no llegó a concluir su amenaza. Kallian se deslizó a un lado cuando el humano se abalanzó sobre ella y, mientras el impulso afectaba su equilibrio, con un golpe de su codo en la nuca, lo dejó inconsciente. Entonces, esperó. Mediante una escrupulosa danza que denotó una inusitada paciencia (más ninguna otra habilidad), los nobles restantes murieron tras un afanoso enfrentamiento. Sin prisa, Kallian lanzó lejos la espada robada con la cual había estado luchando y obligó a Vaughan a despertar causándole otra oleada de dolor con la daga que había rescatado del cuerpo de Nelaros. La punta de acero jaspeado se hundió en el antebrazo del hijo del arl y este despertó con un potente rugido de dolor que el fragor de la tormenta ahogó. Le colocó el filo en la garganta y se acuclilló junto a él.
—Todos tus amigos están muertos —le dijo con toda calma, aproximándose un poco más. Vaughan hizo ademán de alcanzarla, estirando una fuerte mano para atraparla del cabello. Los reflejos de la chica respondieron con presteza. Se alejó y le propinó un fuerte golpe en la sien. Enseguida, hundió la daga en la herida de su brazo—. Tu padre morirá en la guerra —continuó, retorciendo el arma. Soris se aproximó para poner una bota y la punta de la espada sobre el otro brazo de Vaughan y no permitir que la imprudencia de Kallian le costase la vida—. Pero tú... tu castigo acaba de empezar. Fue un largo camino desde aquella habitación, Vaughan.
Soris advirtió el movimiento de la mano libre de su prima, rebuscando entre la tela de su maltrecho traje de boda (un episodio que parecía formar parte de un sueño que comenzaba a desvanecerse) hasta hallar lo que necesitaba. El cristal destelló a la luz del fuego de la hoguera. Un líquido de pálido color se agitó cuando ella le presentó el vial.
—No lo creía, pensé que me equivocaba. Un regalo excepcional, pero... ¿para quién?, me pregunté. Muy pronto me di cuenta de que su objetivo original carecía de importancia para mí. En cambio, importa lo que hice con él.
Soris, que solía fastidiar a Kallian por sus tibias sonrisas y apreciaba cada una de ellas, aborreció el brillo malsano de los ojos grises que sonreían cuando la curva de los labios, generalmente fruncidos, no fue capaz de contener la satisfacción al contemplar el cambio en la cara de Vaughan y su grito convertido en nada más que una exhalación, el vertiginoso movimiento de sus ojos aterrorizados hasta la daga que se hundía en su carne, entendiendo qué era aquello que Kallian ya había hecho y era irreversible.
—Lo llaman podredumbre de la carne, por el aroma este es especialmente efectivo —fue lo último que le dijo antes de extraer el acero de su cuerpo y proseguir a causar múltiples heridas en zonas que no significarían la muerte instantánea y tampoco permitirían que se desangrase antes de haber sufrido los efectos del veneno.
Vaughan luchó, tirando desesperados manotazos mientras intentaba arrastrarse de espaldas sobre el piso. Las palabras del último de los insultos que prodigó a Kallian sonaron húmedas y pegajosas por la sangre en su boca. Su prima arrugó la nariz al pasar a su lado, sin dedicarle una mirada más mientras su piel comenzaba a descomponerse y profería espantosos gritos. Atravesó la habitación de vuelta a aquella en la que habían encontrado a Shianni.
Soris cerró los ojos un momento antes de avanzar. Tragó saliva con esfuerzo, negándose a derramar lágrimas al ver en lo que su familia se había convertido. Todo estaba arruinado. La estupidez de Vaughan se le había ido de las manos y ahora él estaba agonizando y ellos no volverían a casa. Estaban perdidos.
Nunca más volverían a casa.
—Están... están muertos —Soris titubeó, sintiéndose débil y tembloroso—. Dime que hemos hecho lo correcto, prima.
Con la mano reposando sobre la puerta, sin empujarla aún, Kallian pareció gozar de un instante de cordura en medio de la vorágine de venganza que tiraba de ella hacia la demencia.
—Es un poco tarde para arrepentimientos —replicó, hablando más para sí misma que intentando tranquilizarlo.
Fue ella quien sostuvo en brazos a Shianni, tras mandarle a él a por una manta de otra cama. La envolvió en ella con el cuidado de una madre y una delicadeza que contradecía lo que había hecho en la habitación contigua. Era difícil ignorar los gritos de Vaughan incluso cuando la tormenta azotaba la única ventana de la habitación y hacía rechinar la madera. Cruzaron el escenario de la matanza, las paredes chorreaban rojo y los charcos escarlata empaparon el borde de lo que restaba del vestido de novia. Soris echó un vistazo a su propio atuendo maltrecho, sin conseguir ahogar una exclamación de horror. Shianni sollozó de manera audible, detallando los horrores que albergaba aquella habitación. Vaughan estaba en silencio, finalmente.
—Los has matado, ¿verdad? Los has matado a todos.
Kallian puso su atención sobre la pelirroja entre sus brazos y asintió una única vez. La compostura comenzaba a mostrar grietas a través de las cuales el cansancio y la confusión se filtraban al exterior. Soris trató de conciliar lo que veía, la mujer que había emergido de la tormenta de sangre, con la niña de sus recuerdos de infancia, entendiendo que aquella criatura aberrante que había visto sonreír ante la tortura recientemente infringida siempre había estado allí. Comprendió que un monstruo solamente puede ser derrotado por otro de similar naturaleza y que aquél que había vivido en un prolongado letargo dentro de su prima era mucho peor que el mismo Vaughan.
—Como a perros, Shianni.
N/A: No siento que haya hecho justicia a este origen tan trágico y genial. He dejado reposar las palabras y la idea demasiado tiempo, sin ver un cambio positivo. Todavía deben arreglarse unas cosas en los dos capítulos que faltan antes de cerrar con este fic y empezar el siguiente, pero de cualquier manera, no me siento conforme, ni siquiera Nelaros tuvo un final digno aljsdfkdsjf. Este capítulo definitivamente tendré que arreglarlo en algún momento, cuando la inspiración y las palabras decidan coincidir. Quizá hacer un oneshot, idk.
Oh, en este capítulo volvió a atormentarme la cuestión de la edad de Tabris cuando Adaia muere. Es uno de esos detalles que no puedo obligarme a cambiar, ni siquiera cuando juego xv (quizá por eso rehuyo el dlc de Leliana xD).
Había algo más que quería decir y tenía que ver con Soris... bueh, ya lo recordaré.
Oh, ¡oh! Por último en mi pliego de disculpas: las escenas -no-narradas de combate. En parte eso ha sido porque no se me dan nada bien, y en parte porque no creo que las habilidades de Kallian al respecto destaquen mucho actualmente (hay una razón por la cual encontramos a la niña en una mazmorra al inicio de la segunda parte luego de una pelea callejera con un humano, pls xD).
