Un buen rato después, Harry aún seguía apoyado en la puerta y sollozando, no se sentía con fuerzas para levantarse ni enfrentarse a la realidad. A su ya no tan perfecta realidad. Stephen salió del salón y se lo encontró en el suelo, no lo había oído llegar.
- Harry, cariño – el moreno se lanzó a los brazos de Stephen, quien empezó a besarle el pelo y lo protegía contra su pecho. El recuerdo de Severus le dolía demasiado -. ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado – dijo el castaño mientras limpiaba sus lágrimas -. ¿Has desayunado¿Te apetece algo?
- No… no quiero nada. Steph… no me dejes, por favor – suplicó y volvió a abrazarse fuerte a él.
- ¿Cómo quieres que te deje? Te quiero, Harry. Yo… siento lo de anoche, me siento tan culpable que…
- No pasa nada – lo miró a los ojos fijamente -. Estabas borracho y yo… dejé el coche a Isaac, él estuvo con una chica, el medallón…
- Harry, lo siento tanto… perdóname, perdóname por favor – besaba sus mejillas, la nariz, la frente -. Me moriría sin ti, eres mi vida, lo sabes¿verdad? – Harry asintió, en los brazos de Stephen se sintió muy querido a pesar de todo lo que había sucedido escasas horas antes.
- Te quiero, Steph – no sabía ni por qué lo había dicho, seguramente se había dejado llevar por el momento, por haber visto a Severus, por todas las emociones que había despertado de nuevo en él.
Stephen se sorprendió ante la declaración de su novio. Harry le había dicho 'te quiero' en contadas ocasiones desde que estaban juntos y ahora había sido un momento clave, eso le indicaba que Harry le perdonaba, su mirada había sido sincera, todo estaba ya olvidado.
Primero, una mirada;
luego el toque de fuego
de las manos, y luego,
la sangre acelerada
Y el beso que subyuga.
Besó sus labios con impaciencia, luchó con su lengua para abrirse paso hacia tan deseado lugar para profundizar el beso. Recorría con las manos el cuerpo de su novio. Ansiaba hacerle el amor al moreno, poder sentir esas sensaciones placenteras en su interior, amarle como nunca lo había hecho. Harry se rindió ante tal pasión.
- Steph… - balbuceó Harry mientras no dejaba de besarlo -, habitación…
Después, noche y placer;
Stephen cogió al moreno de la cintura y notó como todo su cuerpo se rendía definitivamente ante el contacto más cercano. Lo tumbó en la cama y se situó encima de él, para besar todo su cuerpo, para ser adorado como merecía. Le quitó la camiseta e hizo lo mismo con la suya, en realidad en pocos segundos toda la ropa salió volando para que los dos pudieran contemplarse totalmente desnudos y así disfrutar del contacto de los dos cuerpos. Harry, al verle desnudo en plena luz del día –normalmente lo veía de noche y no era lo mismo, ahora la luz impactaba sobre su perfecto cuerpo- recordó por qué se fijó en él a simple vista. Físicamente era perfecto. Sus músculos ligeramente marcados, los abdominales algo destacados gracias a las sesiones de gimnasio, sus piernas bien torneadas, su culo prieto de redondeadas nalgas… y su miembro, su gran miembro que se erguía sólo por él.
- ¿Qué estás mirando? – preguntó el castaño.
- Me maravillo de mi novio¿no puedo, quizá?
- Claro que puedes, tanto como quieras. Soy sólo tuyo – le besó con desesperación arrancando un gemido del moreno al rozarse las dos erecciones.
Stephen rápidamente se situó en la entrada de Harry y, comprobando que estuviera perfectamente preparado, enterró su miembro en el interior. Los gemidos de Harry y Stephen se compenetraban, los dos sentían un gran placer, ambos lo estaban deseando con gran intensidad. Alcanzaron el orgasmo en poco tiempo, jadeando como nunca antes habían hecho. Se tumbaron boca arriba en la cama y permanecieron en esa posición un buen rato, sin decir nada, recuperando el ritmo normal de respiración.
después la fuga
de aquel malsín cobarde
que otra víctima elige.
Harry se volteó un poco y se situó de lado, dando la espalda a su novio. Pero el castaño no se movió. No huyó como un amante fugaz, como un Don Juan después de la conquista. En ese momento Harry hubiera preferido que Stephen hubiese salido corriendo, alejándose de su lado para buscar a otra víctima a quien seducir y amar. Pero Stephen no era así. Stephen había sido siempre un amante perfecto y hoy no había sido la excepción. Harry se sentía sucio en ese momento, se sentía un miserable por haber hecho el amor con Stephen para olvidarse de Severus, para que ese recuerdo no doliera tanto, pero no lo había conseguido. Ahora aún dolía más. Había sido como una traición. Una traición al amor de su vida.
- Quiero que estemos siempre juntos – el brazo de Stephen rodeó su cintura y lo volteó para quedar de frente -. Sé que tú siempre te niegas y que no lo hemos hablado… pero me gustaría… me gustaría que tuviéramos un hijo – Harry abrió la boca, boqueó, pero no le salió ningún sonido, aquello lo había pillado totalmente desprevenido. Pero el recuerdo de la niña y el niño de esa mañana se hizo presente y no dudó.
- Sí… lo tendremos, Steph… sí, yo lo quiero – el castaño lo abrazó fuerte y le besó con mucha ternura.
- En estos dos años me has hecho el hombre más feliz del mundo, pero hoy lo has superado con creces. No voy a defraudarte nunca más. Te amo, Harry, te amo, te amo… - susurraba mientras besaba de nuevo cada rincón de su cuerpo.
Bien haces en llorar, pero ¡ya es tarde!...
¡Ya ves¿No te lo dije?
Harry lloró en silencio, las lágrimas rodaban de nuevo por sus mejillas. Su conciencia ya había hablado, y él no le había hecho caso. Ahora tendría que atenerse a las consecuencias. Y éstas eran sencillas: Severus tenía que quedarse en el pasado, ahora su presente y su futuro se llamaban Stephen.
- ¿Un hijo¿Lo has pensado bien? – Draco no salía de su asombro.
- Sí, lo he pensado bien, no insistas de nuevo. Siempre he deseado una familia, lo sabes, y con Stephen soy feliz, creo que es el momento – las palabras salían solas de la boca del moreno, incluso llegaba a creérselas.
- Pero… el otro día dijiste…
- Tengo que olvidarlo, Draco, no puedo seguir pensando en alguien que me abandonó. Sé que Stephen no me dejará nunca, siempre ha estado a mi lado, en todo momento.
- Como quieras, pero piénsalo bien, no decidas las cosas sin reflexionarlas a fondo.
- Draco… - hacía varios minutos que no avanzaban en la conversación.
- Sólo quiero que lo pienses bien, que pienses si realmente quieres que Stephen sea el padre de tus hijos. No tengas un hijo sólo para romper con el pasado ni para olvidarte de él. Pero hagas lo que hagas estaré allí para lo que necesites¿de acuerdo? – Harry asintió -. Perfecto¿has comido algo?
- Pues la verdad es que no mucho.
- ¿Te apetece un trozo de tarta? La ha preparado Sirius…
- Oh, entonces sí, estará deliciosa, como siempre.
- Vale, voy a la cocina y vuelvo en un par de minutos. ¿Te, verdad?
- Sí, sí, bien caliente.
Harry aprovechó el tiempo para recorrer el salón, le encantaba. Los cuadros que lo adornaban parecían muy caros, aunque él no entendía nada de pintura abstracta. En el cuadro que tenía delante sólo había una mancha de pintura azul en un fondo negro. Elección de Sirius, quien decía siempre que adoraba ese cuadro. Harry nunca supo por qué. Siguió contemplando las paredes, las estanterías llenas de libros, influencia de Draco, que adoraba la literatura tanto como él. En ese momento, sonó el timbre.
- ¡Abro yo! – gritó Harry para que el rubio le oyera desde la cocina.
- Ho… hola – logró pronunciar Severus cuando vio que el moreno le abría la puerta, no esperaba encontrarlo allí.
- ¿Quién es, Harry? – preguntó Draco asomándose y al ver la escena no supo cómo continuar.
- Hola, Draco… ya volveré en otro momento yo…
- No, no, quien se iba era yo. Ya te llamaré – dijo Harry saliendo por la puerta.
- Harry… – Severus le barró el paso -. ¿Puedes dejarnos solos? – le preguntó al rubio y éste rápidamente desapareció.
- No… - sacudió la cabeza, no quería oír su voz, no quería oír nada de lo que quisiera decirle, no quería… acordarse de las dulces palabras que habían salido de esa boca.
- Harry, por favor… No he vuelto para hacerte sufrir, ni quiero atormentarte con mi regreso. Siento lo que hice, pero ya no puedo cambiarlo – Severus estaba siendo sincero, pero a Harry le sonaba todo a una gran mentira -. Yo… espero que algún día puedas perdonarme todo el daño…
- ¿Perdonarte? – le interrumpió alzando la voz -. ¿Pretendes que te perdone después de dejarme plantado en el mismísimo altar? Vaya sarta de tonterías…
- Harry, espera – agarró el brazo del moreno y una mueca de dolor cruzó por su rostro -. ¿Qué te pasa en el brazo?
- Nada – respondió el chico de mala gana y Severus le subió la manga.
- ¿Cómo te hiciste eso? – un cardenal enorme adornaba su bíceps.
- No te importa. Nada de lo que me ocurra te importa ya – se deshizo del agarre y se fue casi corriendo. Otra vez huía de él como un cobarde, pero el contacto con su piel le había hecho revivir demasiados momentos y no quería recordarlos. La mejor forma era alejarse rápidamente de Severus y así lo hacía. Era la solución.
- Como en toda obra barroca, nada es casual. Calderón de la Barca concibe y plasma literariamente el drama con un rigor extraordinario – el profesor tomó un sorbo de agua y continuó -. El arte de Calderón es un arte dirigido al intelecto, sin restar importancia al papel de los sentidos. Asistimos a la sensualización del mundo moral y a la concepción abstracta. Todo es como una gran metáfora en la que los dos polos de la acción principal son el dormir y el despertar…
- Profesor – un alumno de primera fila interrumpió la explicación -, esos dos polos de los que habla¿podrían relacionarse con el anochecer y el amanecer, en cuyas sombras y luces vive Segismundo?
- Sí, perfecta correspondencia – el profesor Siegert disfrutaba con las preguntas de los alumnos, era la manera más sencilla de comprobar si entendían sus explicaciones -. Como bien ha dicho el señor Phillips, todo el universo del protagonista se rige por esos dos polos. Hay, además, un vaivén de la duda a lo preciso, y sobre esas bases construye Calderón una obra dramática excelente, matemáticamente perfecta – permaneció unos segundos en silencio, observando a los alumnos, estaban todos atentos, sabía que sus clases gustaban. Sonrió y prosiguió -. Bien, coged vuestro libro y abridlo por la página 114, verso 2158. Ahora viene lo difícil, pasaremos a la comprobación de todo lo que hemos relatado sobre Calderón y La vida es sueño basándonos en las últimas estrofas del famoso monólogo de Segismundo – su rostro adquirió cierto aire de seriedad y empezó a leer.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
Prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Mientras el profesor leía, la mente de Harry no paraba de dar vueltas. Sueños… Toda la vida había soñado con tener aquello que no tenía. Una familia y muchos amigos, esa era su aspiración principal. No podía quejarse de sus amigos, siempre estaban allí cuando los había necesitado. Por eso ahora quería una familia, para disfrutar de sus hijos, para que sus hijos tuvieran los padres que él no tuvo. Padres… Stephen y él. Dolía pensar en eso, le dolía pensar en ese sueño al lado del castaño.
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Al fin y al cabo, para Harry la vida había sido un sueño. O, mejor dicho, una pesadilla. Huérfano al poco de nacer, criado por unos parientes que lo odiaban, criticado y envidiado por media escuela, siempre pendiente de si Voldemort lo mataría o no… No había sido un camino de rosas, no había sido un sueño placentero. A veces se preguntaba por qué él tuvo que pasar por ese calvario. Se sentía como ese rey, ese rico o ese pobre, que soñaban lo que eran sin entender por qué lo eran. Pero él era Harry Potter, y sí sabía por qué era tan desgraciado. Cuando pensó que había alcanzado la felicidad, su pareja le abandonó. Cuando pensó que la había recobrado de nuevo, apareció otra vez para causarle dolor. Cuando pensó que podía olvidarlo, el corazón se le rompió al no conseguirlo. Cuando pensó que podía seguir con su vida, dejando de lado a Severus, Stephen lo dañó. Una pesadilla, una triste pesadilla. Eso había sido su vida.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soné que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Harry envidiaba a ese tal Segismundo, preso en lo alto de una torre, sin saber realmente quién era y por qué permanecía allí encerrado. Anhelaba poder hacer como él. Olvidarse de que era Harry Potter, olvidarse de todo y de todos. Pero la pesadilla no desaparecía, era real, la vida no era un sueño feliz para Harry y los sueños que imaginaba en ese momento, como hacía el protagonista, eran tan sólo eso, sueños, preciosos, perfectos e imaginados sueños que él sólo podía crear en su mente.
- Harry… la clase ya ha terminado – miró a Isaac que movía una mano delante de sus ojos.
- Oh… - recogió sus cosas y se levantó.
- ¿De dónde regresas? – preguntó Denis.
- Seguro estaba pensando en su amor… Oh, Stephen… - dijo Isaac burlándose, como hacía siempre, y entonces Harry se sonrojaba. Pero hoy no, hoy era distinto.
- ¡Callaos! No sois graciosos…
- Vale, vale. Perdona… ¿Tomamos un café?
- Sí, perfecto, me vendrá bien, estoy hecho polvo – bufó Harry arrastrándose por los pasillos.
- ¿Hecho polvo de… tantos polvos? Dile a Stephen que te deje descansar – Harry miró a Isaac con una mirada de esas que matan -. De acuerdo… ya me callo, pero me lo habías puesto a tiro, tío…
Llegaron a la cafetería. A esas horas de la mañana estaba siempre llena. Se sentaron en una mesa que milagrosamente aún seguía vacía y aguardaron a que el camarero les tomara nota. Harry seguía ausente y Denis llevaba rato observándole.
- ¿Te ocurre algo, Harry?
- No… nada¿por qué lo dices?
- No sé, estás ausente, no prestas atención a nada, no toleras ni las bromas de Isaac…
- Estoy cansado, sólo es eso – de ninguna manera sonaba convincente.
- Bueno, pues a ver si descansas un poco.
- Eh, chicos – Isaac agarró del brazo a Harry.
- Auuuu… - protestó el moreno.
- ¿Qué te ocurre en el brazo?
- Nada, el otro día resbalé y me di contra el suelo.
- ¿Y sólo te lastimaste el brazo? Que casualidad…
- Harry… ¿por qué no nos cuentas la verdad? – Denis intervino.
- Es la verdad, me caí, estaba encima de una escalera y… y resbalé.
- Te conocemos mejor de lo que piensas y sabemos cuando mientes. Además, si te hubieras caído de una escalera no te dolería sólo el brazo, tendrías el cuerpo magullado.
- ¿Ahora eres un experto en medicina? – preguntó dirigiéndose a Isaac -. Os he dicho que me caí, nada más.
- Como quieras.
- Eso es lo que decía, pero no dejáis de molestarme.
- ¡Oh, y ahora molestamos, genial! Nos preocupamos por ti y cuando te decimos lo que no quieres admitir vas y te enfadas. Perfecto, pues sabes qué? Por mi como si te caes veinte veces seguidas… - Denis se levantó de la silla.
- Espera… Chicos, lo siento. Estoy algo cansado, sólo es eso¿de acuerdo?
- De acuerdo, pero…
- No hay peros. ¿Cuándo traerán ese café?
Minutos después removía el café con la cuchara después de echarle un par de terrones de azúcar. Las palabras de Denis le habían hecho reflexionar. ¿Tanto le costaba decir la verdad¿Decir que Stephen le había empujado? Pero Harry sabía que eso sonaba mal, que parecía lo que no era, y no quería que su novio tuviera la imagen de un maltratador, porque no lo era. Sabía que Stephen le quería, había sido el alcohol, nada más, el alcohol. Miró a sus dos amigos, ambos lucían preocupados, no le quitaban ojo de encima. Pero debía reconocer que tenían razón, no podía pretender ocultarlo, no había sido nada importante, fue un hecho sin más. Pero le daba vergüenza reconocer eso, había sido un caso puntual, pero había ocurrido.
- ¿Qué tal el fin de semana? – preguntó para romper el hielo, no le gustaba estar enfadado con ellos.
- En una palabra… ho-rro-ro-so – gritó Isaac.
- ¿Eso quiere decir que no has ligado? – se burló Denis.
- Ligar… ¿qué es eso? Ya ni me acuerdo de cuándo… oh, sí, el viernes, ese bombón…
- Por cierto, devuélvele esto. Stephen lo encontró en el coche y se enfa… - su lengua había hablado demasiado, y ya era tarde para rectificar.
- Harry… ¿qué pasó?
- ¿Fue Stephen?
- No, no¿qué decís? Vamos, chicos…
- Claro… ahora lo entiendo. Stephen encontró el medallón pensando que era tuyo¿verdad? Y luego… los celos pudieron más que él…
- … - Harry no podía decir nada, Denis había acertado en todo.
- ¿Fue eso lo que ocurrió? – preguntó Isaac.
- Harry, dínoslo. ¿Te pegó?
- No, él… él estaba borracho, encontró el medallón y pensó que yo… lo había engañado. Quise soltarme y… choqué contra la puerta.
- ¡Maldito cabrón! Te juro que si lo encuentro…
- Isaac, cálmate, todo está arreglado. Stephen lo ha pasado mal estos días, se arrepiente mucho y… bueno… yo sé que él no es así, estaba borracho y no sabía lo que hacía…
- Harry, por muy borracho que estuviera, la gente no pega a sus novios…
- No lo defiendas…
- No lo hago… Pero…
- No hay peros que valgan, su comportamiento no tiene justificación. Un sólo rasguño en tu cuerpo y te saco de ese apartamento aunque sea arrastrándote¿me has entendido?
- Chicos…
- Arrastrado… - concluyó Denis.
Después del encuentro con Harry, Severus no se había quedado tranquilo. El brazo de Harry lo preocupaba. En realidad lo preocupaba el chico en general, cada parte de él, pero ese dolor en el brazo no era normal. Sabía que Harry escondía algo¿pero de qué se trataba¿Por qué había reaccionado de esa forma sólo por preguntarle lo del brazo¿Acaso se lo había hecho alguien? La idea cruzó por su mente con una lucidez extraordinaria. Se prometió descubrirlo, aunque eso supusiera el enfado de su ahijado. Harry era muy importante para él, no dejaría que nadie le hiciera daño. No si podía evitarlo.
- Severus… ¿qué haces aquí?
- ¿Podemos hablar?
- Sí, claro, pasa…
- Te preguntarás por qué he venido…
- Pues sí, la verdad.
- Es Harry, me preocupa.
- Me prometiste…
- Sé muy bien lo que te dije, Draco, pero también te digo una cosa: si rompo la promesa que te hice será porque Harry estará en peligro, y no pienso permitirlo.
- ¿En… peligro¿Por qué lo dices?
- Eso no puedo contártelo, pero quería que lo supieras.
- Lo amas¿verdad? Aún sigues amándolo… - Severus no respondió -. ¿Por qué lo hiciste?
- Harry merecía ser feliz.
- ¡Harry era feliz contigo!
- Nunca hubiera sido completamente feliz a mi lado.
- Severus, a Harry no le faltaba nada para ser feliz a tu lado.
- Pero con el tiempo le hubiera faltado. Yo nunca le hubiera dado lo que él tanto deseaba.
- ¿A qué te refieres? – Draco estaba completamente perdido.
- Harry siempre ha deseado una familia…
- ¿Y qué? ibais a casaros, le dejaste plantado, si hubieras visto su cara… Le hiciste daño, mucho daño…
- Pero le hubiera hecho más con el tiempo. Draco… soy estéril, nunca le habría podido dar lo que Harry más anhela, un hijo.
- Pero, entonces…
- Renuncié a él para que tuviera la oportunidad de cumplir sus sueños, para que fuera completamente feliz.
- ¿Por qué no se lo dijiste? A Harry no le hubiera importado, él te amaba…
- Ya lo sé, conoces de sobra como es. Sé que se habría casado conmigo a pesar de todo, pero siempre hubiera tenido esa espinita del hijo. Y eso tarde o temprano hubiera hecho mella en la relación.
- Severus… le amas de verdad… y mucho…
- Nunca he dejado de amarlo, y nunca podré olvidarme de él.
- Siempre pensé que erais la pareja perfecta.
- Pues te equivocaste.
- No, padrino, fuiste tú quien lo hizo. Harry te amaba a ti, sin los niños también te hubiera amado, hubierais podido adoptarlos…
- Pensé en todo esto, pasé muchas noches en vela antes de tomar la decisión. Quizá fui un cobarde al abandonarle de esa manera, pero al menos le he dado la oportunidad de ser feliz.
- Sí, pero… ¿a qué precio para ti¿Y para Harry?
- Ahora ya está hecho, Draco. Pero hoy volvería a hacer lo mismo. Si tú le hubieras visto con aquél niño ese día…
Severus se levantó, se acercó hasta la ventana y restó pensativo unos minutos, en la misma posición. Su mente recreó ese momento, viajando al pasado, poco antes de l boda, hasta el momento clave, el momento en que decidió abandonar a Harry. Había ido a buscarle a la universidad, hacía poco que asistía a las clases y habían quedado para comer algo al mediodía. Estaba apoyado en el tronco de un árbol, contemplando el paisaje y observando los estudiantes, cuando vio que Harry paseaba junto a otro chico y un niño que justo aprendía a andar. La cara del chico era de completa felicidad con ese niño en brazos. Severus se escondió y permaneció detrás del árbol varios minutos. Vio como Harry sonreía como no le había visto hacer en la vida. Harry era feliz con el niño, completa e inmensamente feliz. Sabía que el chico quería tener hijos propios, muchas veces se lo había comentado. Por eso iban a casarse, para formar una familia y tener hijos en un futuro. Pero él no podía tenerlos. Él no podía darle lo que tanto deseaba. Él era como un viejo árbol, caduco, vacío, estéril. En ese instante tomó la decisión.
- Harry se merecía a alguien mejor y ya lo encontró – dijo Severus regresando al presente.
- Eso espero…
- ¿A qué viene eso?
- Nada…
- Draco, te conozco muy bien y nunca dices las cosas por decir…
- No me gusta Stephen, se porta bien con Harry pero… no sé, hay algo que no me gusta…
- ¿Y por qué¿No quiere a Harry?
- Sí, de eso estoy seguro, siempre que puede lo demuestra – los celos se apoderaron momentáneamente del moreno, el quería a Harry, lo cuidaría bien y ahora estaba en brazos de otro -, pero no sé… Hay algo raro en él – Severus le miró extrañado -. Sí, quizá son paranoias mías, pero siempre he creído que lo ama demasiado.
- Bueno, si lo ama…
- Demasiado, como si Harry fuera sólo de su propiedad. A veces creo que Harry está agobiado de tener que darle tantas explicaciones.
- ¿Lo controla?
- Sí, un poco, siempre que sale algo imprevisto tiene que llamarle para comunicarle el cambio de planes, sino Stephen se enfada con él y Harry no quiere que ocurra eso.
- Vaya…
- Pero ya te lo he dicho, creo que mi mente fantasea mucho.
Severus restó pensativo. Posesivo… 'Lo ama demasiado'. Sabía que le había prometido a Draco que no se acercaría a Harry, pero las palabras del rubio no habían hecho sino acrecentar las dudas sobre ese tal Stephen. Vigilaría a Harry de lejos, sería como su sombra, para protegerlo de cualquier cosa. O de cualquier persona.
El primer poema es el IX de Abrojos (que se compone de 57 poemas en total), de Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, poeta nicaragüense (1867-1916). Y los últimos versos son de la obra La vida es sueño, concretamente del famoso segundo monólogo de Segismundo, de Pedro Calderón de la Barca, autor español (1600-1681).
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