Nada de lo que le dijeran podía sacarle de ese estado de tristeza permanente. Harry se pasaba los días llorando, en gran parte por culpa de embarazo y las malditas hormonas, pero el hecho de que Severus se hubiera ido influía en ello, y mucho. Pero lo que más deprimía a Harry era que Severus no le hubiera creído. Nunca habría pensado que el moreno dudaría de él, pero lo había hecho. Y nada más ni nada menos que con su propio hijo.
Por la tarde tenía visita al ginecomago. La primera revisión oficial. Hoy el médico le informaría del sexo del bebé. Cuando la enfermera se lo comentó, Harry pensó que todavía era demasiado pronto, pero le explicó que las ecografías mágicas habían evolucionado y ya podía saberse a partir de los dos meses. Así que faltaban pocas horas para que pudiera contemplar a su hijo y estaba algo nervioso. Draco lo acompañaría. El rubio se había empeñado en ir con su amigo y un Malfoy testarudo era lo peor que había en el mundo.
- Señor Potter, túmbese en esa camilla – le indicó la enfermera con una gran sonrisa.
- Gracias – Harry se recostó algo sonrojado, con esa bata que le habían puesto llevaba el culo al aire y eso lo incomodaba.
- Bien, señor… ¿Potter? – Harry asintió -. Soy el doctor Robins – le tendió una mano -. Vamos a ver qué tenemos aquí – levantó la bata y, con la varita, trazó un círculo encima de su barriga.
En pocos segundos, una luz blanca traspasó la piel de Harry y se mantuvo flotando a poca distancia.
- Eso es la magia del bebé – le contó el médico cuando vio que tanto Harry como Draco se quedaban sorprendidos -. Supongo que son padres primerizos…
- Oh, no… él… - el moreno le miró como pidiendo auxilio.
- Yo no soy el padre – respondió Draco deshaciendo el malentendido.
- Disculpen, pensé… Bien, ahora procederemos a saber el sexo de su hijo. ¿Alguna preferencia? – Harry negó con la cabeza, le daba igual si era un niño o una niña, sólo ansiaba que se pareciera a Severus para así tener un recuerdo del hombre que amaba.
El médico dio un toque de varita a la circunferencia mágica y ésta cambió de color, volviéndose roja.
- El bebé está en perfectas condiciones y tiene un gran potencial. Será un mago muy poderoso, evidentemente usted – señaló a Harry – ha tenido mucho que ver.
- ¿Y qué es? – preguntó impaciente el rubio.
- Oh, perdonen… - sonrió y les miró a ambos -. Está esperando un niño.
- ¿Un… un niño?
- Sí, un varón. Ahora tiene poco más de dos meses. Lo felicito, señor Potter.
- Draco… - el moreno se emocionó al ver como la ecografía tomaba relieve y mostraba un pequeño bulto.
- Será el bebé más hermoso del mundo – le abrazó, ahora más que nunca su amigo lo necesitaba.
Refugiado en sí mismo, Severus sólo pensaba en todo el daño que le había hecho a Harry durante toda su vida. De pequeño, lo había castigado, regañado y maldecido sólo por ser hijo de quién era. Cuando realmente apreció a Harry fue durante y después de la guerra. Entonces pudo ver al hombre que había detrás de la máscara de héroe. Era un chico normal, con sus miedos y sus inquietudes, con sus aspiraciones y sus deseos. Y Severus quiso formar parte de esos deseos. Quería formar una familia con Harry, casi lo habían conseguido.
Lanzó el vaso contra la pared. Estaba borracho y sólo podía culparse de la infelicidad del hombre al que amaba. Del hombre que le había dado todo. Del hombre que había abandonado embarazado. Recordó que Harry le dijo una vez, hacía muchos años, que lo mejor que uno puede hacer cuando está triste es escribir lo que piensa. Severus, sin saber muy bien por qué, cogió un lápiz, y, como había hecho con la otra poesía, se puso a escribir lo que en ese momento sentía.
Soy un cobarde
y lo siento.
Te arruiné el día
en el que íbamos a unirnos,
y me fui, amargo,
y a ti te dejé herido.
Leyó. No hubiera podido expresarlo mejor. Severus no sabía por qué Harry le había perdonado. Había hecho de su vida un infierno, le abandonó, sin explicaciones. Sin decirle adiós. Era el día de su boda, Harry llevaba tanto tiempo esperándola… Eran tan felices… Pero él… ¡maldita esterilidad! Severus murió un poco aquél día al saber que le abandonaba, su carácter se volvió más amargo, pero Harry luchó contra las heridas y logró salir adelante sin él.
Cuando te creí curado,
en tu vida fui entrando;
hasta que entré de nuevo
en ti, y siento
que nuestro fuego
nunca se apagó.
Me amas y te amo,
¿qué más puedo pedir yo?
Pero¿qué pasó?
Él en silencio marchó.
Y regresó. Severus pensó que no pasaría nada, que podría vivir sin él, pero no era posible. Su amor seguía vivo, ardiendo en sus corazones. Harry aún le amaba y el mayor se sintió el ser más afortunado del mundo.
Pero en tu pecho
había miedo,
por eso decidimos
empezar como amigos.
Pero yo me niego
¡no quiero perderte, no!,
y volví a tu vida.
Amigos. Sólo amigos. Severus no podía ser su amigo, necesitaba abrazarlo y besarlo. Decirle lo mucho que le amaba. No quería perderle de nuevo, pero tampoco podía obligarle a nada, y menos después de abandonarle.
Creímos que sería
sólo amistad,
pero el corazón decía
que era mentira
y que nuestras vidas
debían estar unidas.
Me amabas, te amaba
y nuestra vida pasaba.
No pudo ser. Ambos corazones latían al unísono, estaban predestinados el uno al otro. Se amaban.
Y en la última noche algo pasaba.
Salió de tu cuerpo un aura
que fue como la comunión de nuestras almas.
Y te fuiste quitándome la esperanza
pues cuando desperté no estabas.
Sin rabia, preparé mi maleta,
otra vez de ti me alejaba.
Y Harry aceptó regresar a él. Esa noche… la última que pasaron juntos. Algo mágico ocurrió, era el aura de ambas magias, uniéndose, formando un solo ser, como sus cuerpos. Entregados el uno al otro. Pero se fue. No podía ser. Severus aceptó la derrota y desapareció de nuevo. No soportaba verle cerca y no tenerle.
Pero volviste
y me dijiste
algo que yo no esperaba.
Vamos a tener un bebé
será de otro, lo sé.
Regresó. Con una noticia inesperada. Estaba tan convencido de ello. Severus hubiera deseado poderle abrazar y decirle lo feliz que se sentía, pero no pudo. No era su bebé. No es su bebé. Es de Stephen…
Y lo dejé maltrecho
y del revés
no le di calor
y su corazón se hundió.
Harry se fue para siempre, esta vez sí. No supo decirle las palabras adecuadas, no supo retenerle a su lado.
No puedo perdonarme
ser tan cobarde.
Soy estéril, ya lo ves,
y, por más que te empeñes,
no es mío tu bebé.
No es suyo. No es suyo. No es suyo…
Con esto lo mandó directo
a los brazos de su novio
a palos y malos tratos.
Con él. Para ser una familia. Lo que siempre había deseado para ellos dos. Y lo había mandado a él de nuevo. Con Stephen.
Y yo muriendo de celos.
Severus se mortificaba al saber que el castaño podía tocarle, que podía tenerle, que podía acariciarle y besarle. Estar con su hijo…
Te quiero mucho
y lo siento.
En alcohol mi pena ahogo,
siento que me estoy muriendo.
Te eché en manos de otro
sabiendo que eres hombre muerto.
Le quería, siempre lo amaría. Severus se moría sin él, sentía que su vida no valía la pena. Lo había echado a sus brazos, sólo esperaba que Stephen aceptara a su hijo y que Harry no sufriera más.
En el suelo. Boca abajo. Con un pequeño charco de sangre a su alrededor y el cuerpo dolorido. Así quedó Harry después de la última paliza de Stephen.
Flashback – minutos antes
Dos días después de su visita al ginecomago, había encontrado al castaño sentado cómodamente en el sofá del apartamento. Harry no se había acobardado, ahora ya no tenía motivos, no le daba miedo, se enfrentaría a él, no dejaría que le hiciera daño. Ahora tenía que preocuparse también por su hijo. Stephen se levantó y se acercó hasta él. Pero Harry no retrocedió, esta vez no. El león sacaba sus garras, tenía que protegerse del depredador, y proteger a su hijo, y el león es una bestia peligrosa cuando hay cachorros de por medio.
- ¿Pensaste que no me enteraría¿Pensaste que podías burlarte de mí? – el tono de Stephen nunca había intimidado tanto a Harry.
- ¿De qué estás hablando?
- De tu hijo… - Harry se sorprendió¿cómo lo había sabido? -. Vaya, veo que no tenías intención de decírmelo. Normal… porque yo no soy el padre de ese bastardo… - escupió la última palabra con asco.
- Mi hijo no es un bastardo… - no soportaba que el castaño hablara así de su hijo, no era nadie para despreciarle de esa manera.
- Ya lo creo que lo es, por lo que sé su padre no quiere ni reconocerle… - añadió en tono burlón
- Su padre… - calló, tenía razón. Severus se había ido y no había aceptado al niño.
- Sabes que tengo razón, pero yo podría… hacerme cargo. No me importa que no sea mi hijo… - Stephen se acercó un poco hacia Harry, con la mano intentando acariciarle.
- Nunca – se separó rápidamente -, nunca te acercarás a él¿me oyes? Eres un desgraciado…
Y ahí empezó todo. Stephen le golpeó en la mejilla y Harry retrocedió hasta quedar sentado en el sofá. Se llevó una mano a la barriga, tenía que cuidar de él.
- Oh, qué escena tan enternecedora. La protección de un hijo…
- Cállate… - sentía odio, nunca había odiado tanto a alguien, pero Stephen sería el primero, se lo merecía.
- Veo que no has tenido suficiente…
- No pienso dejar que… - pero el castaño se adelantó y le dio un puñetazo en la boca.
- Si tú quisieras… podríamos formar esa familia… - le miró, Harry estaba totalmente tumbado y él de pie, como un gigante ante su víctima.
- Estás loco – el moreno fijó su vista en él -. ¿Cómo pretendes que esté contigo si me… me haces esto?
- Porque tú me provocas. No tuviste que liarte con ese viejo. Y encima embarazado. Pero no me importa, yo te quiero, Harry, cuidaría del bebé… - el moreno negó con la cabeza -. Entonces, no me dejas elección.
Otro golpe, éste en las costillas. Y otro más en la barriga. Y otro en mitad del muslo. Y el último de nuevo en el abdomen. Harry quedó tendido en el suelo.
Fin flashback
Stephen también había encontrado la foto de Severus. Una que Harry había guardado celosamente en su caja roja, como el último recuerdo de su amor perdido. Y esa foto era la que contemplaba cada noche al acostarse desde que sabía que estaba embarazado. Era la única forma de sentirle cercano, de no sentirse solo, de saber que, a pesar de que no estuviera a su lado, Severus existía. Y su bebé también. Era la forma de no hundirse, de luchar por su hijo…
Ese recuerdo fue el que lo motivó para intentar salvar su vida. Tenía que alcanzar el teléfono, quizá el bebé… No, no se lo perdonaría. Quería a ese bebé desde que supo de su existencia y si llegara a perder lo último que le quedaba de Severus, Harry sabía que se moriría.
Como pudo se arrastró por el suelo hasta el salón. No sabía de dónde sacaba las fuerzas para intentar alcanzar el aparato, pero lo hizo. Sonó un par de veces.
- ¿Sí? – una voz masculina respondió al otro lado.
- De… Denis – susurró antes de que todo se volviera oscuro.
- Harry… ¡Harry! – la voz le sonaba conocida -. Harry, por favor… - sus sentidos volvían en sí. Olía a medicamentos, a hospital, y al perfume más caro del mundo. Abrió finalmente los ojos. No se había equivocado. Ahí estaba él.
- Dra… - boqueó.
- Shhtt, no hables – acarició su pelo -. Estás débil aún. No te esfuerces.
- Be…
- ¿Qué dices? – el rubio acercó su oído a la boca del moreno.
- Be…
- El bebé está bien, tranquilo – fue Sirius quien habló, sabía a qué se refería Harry -. Por suerte es un niño muy fuerte, su magia lo salvó – Harry respiró aliviado -. ¿Por qué no nos lo dijiste?
- El bebé…
- No, no me refería al niño. ¿Por qué no nos contaste que Ste… que ese cabrón te pegaba?
- Yo… - no sabía qué decir, se sentía avergonzado.
- No debiste ocultarlo. Denis nos ha dicho que no era la primera vez – añadió el rubio cogiéndole fuerte la mano.
- ¿De… Denis?
- Está fuera. Suerte que lo llamaste. Unos minutos más y quizá tu hijo no habría sobrevivido – un estremecimiento recorrió el cuerpo de Harry -. ¿Qué vas a hacer con él? Es decir, Stephen como padre quizá reclame…
- No es suyo.
- ¿Qué¿Entonces de quién? – Sirius no comprendía nada.
- De Severus.
- Harry… no puede ser…
- ¿Tú también? Draco… ¿por qué?
- Mi padrino, Harry… verás él me contó…
- Sé muy bien lo que digo, me creáis o no – gritó Harry.
- No te exaltes, no es bueno para el bebé.
- Es su hijo… - puntualizó de nuevo y les miró fijamente -. ¿Por qué no me creéis? – ellos tampoco lo creían. Bajó la vista -. ¿Por qué piensa que le engañé?
- ¿Qué¿Mi padrino lo sabe? – Harry asintió -. Y… se fue…
- No me creyó, dijo que no era su hijo, que no podía serlo. Pensó que… dios, yo sólo quería que supiera que el bebé era suyo.
- Harry… mi padrino… no puede tener hijos.
- ¿Qué? Pero, luego… cómo… - ahora era Harry quién no asimilaba la información.
- Es estéril. Lo siento, pero no puede ser su hijo. Por eso él…
- No, no puede ser… - el moreno se temía lo peor. ¿Y si no era de Severus?
- ¿Stephen lo sabe? – preguntó Sirius.
- Sí… él…
- Hemos puesto una denuncia, pero tienes que ser tú quien la tramite formalmente en la jurisdicción de polimagia.
- No… yo…
- Tienes que denunciarle.
- No quiero verle más, si lo denuncio… los juicios, el bebé…
- ¿Tienes miedo de que le haga daño?
- Sí… es capaz de todo, ahora lo sé. ¡Por Merlín¿Cómo he podido estar tan ciego?
- Nos engañó, a todos, yo tampoco creí… - Sirius aún recordaba que había dicho que era "perfecto".
- Harry, no te lamentes ahora, no sirve de nada. Sólo piensa en ponerte bien – acarició su barriga -, poneros bien, y salir cuanto antes de aquí.
- Sí… gracias…
- Vamos, Draco, tienen que ponerle las medicinas – señaló a un par de enfermeras que esperaban en la puerta -. Volveremos dentro de un rato.
Draco y Sirius fueron a coger un café de la máquina que había al lado de los ascensores. Aún estaban conmovidos por cómo habían encontrado a Harry. Cuando les dijeron que estaba en el hospital, ambos se asustaron. Pero cuando vieron el estado en qué se encontraba… nunca hubieran imaginado encontrar a Harry de esa manera.
- Sirius – el rubio rompió el incómodo silencio -¿crees que Severus debe saber lo de Harry?
- No lo sé, no sé si Harry querría verlo si no reconoce…
- ¿Crees que es suyo? Severus no puede…
- Sé muy bien lo que me dijiste, pero… Harry no mentiría – añadió el moreno.
- Sí, en eso tienes razón. Entonces si Harry dice que el bebé es de Severus, es que es de Severus. Quizá… - quedó pensativo y calló.
- ¿Qué se te ha ocurrido?
- Nada, nada… Tengo que hacer unas cosas, vuelvo en un par de horas¿de acuerdo? – Draco se levantó y besó al moreno antes de desaparecer.
Draco se dirigió inmediatamente a la Consejería, ahí sabía que encontraría lo que estaba buscando. Y evidentemente, se lo proporcionaron, nadie le negaba nada a la pareja del mejor auror que tenían en sus filas. Ahora ya sabía dónde estaba Severus, sólo faltaba hablar con él.
- Soy yo, padrino, ábreme.
- Oh, Draco… ¡qué alegría verte! – estuvo a punto de caerse y se apoyó en la pared -. Pasa, pasa…
- ¿Has estado bebiendo? – más que una pregunta era una afirmación, pues Draco sabía de sobras la respuesta.
- No, qué va, es sólo un vaso…
- Ya, y por eso hueles así. ¿Cuántos días hace que no te duchas?
- No… no me acuerdo…
- ¿Te has pasado los últimos días aquí encerrado y bebiendo? – preguntó al ver varias botellas vacías a su alrededor.
- Es mi vida, puedo hacer lo que quiera – el moreno se molestó.
- Ya, pero beber hasta perder el sentido y dormir la mona no es la mejor manera de pasar el rato. ¿Qué te ocurre?
- Nada – respondió Severus de mala gana.
- Es por Harry¿verdad?
- No¿por que tendría que afectarme? Ahora Harry tendrá a su familia que tanto quiso y será feliz.
- Está en el hospital.
- ¿En el…?
- En el hospital. Stephen…
- ¿Otra vez?
- ¿Lo sabías? – exclamó Draco.
- Sí… Pero… ¿cuándo ha…?
- Ayer por la mañana.
- ¿Cómo está?
- Harry está bien. El bebé se ha salvado por los pelos.
- Ese no tiene respeto ni por su propio hijo.
- No es su hijo – el rubio estaba dispuesto a indagar hasta el final.
- Oh, vamos¿tú también?
- Severus¿por qué tendría que mentir Harry en eso? – vio un asomo de duda en el rostro de su padrino.
- No es mi hijo.
- Ya, ya sé que eres estéril.
- Pues ya está. Harry tendrá a ese hijo y yo nunca podré formar parte de su familia.
- ¡Eres un cobarde! – Draco no podía entender como un espía y héroe de guerra como él, se rendía tan fácilmente.
- ¿Cómo te atreves?
- Te marchaste hace tiempo y lo abandonaste el día de vuestra boda, y ahora haces lo mismo, cuando más te necesita. Tiene dos costillas rotas, cardenales por todo el cuerpo, la ceja y el labio partidos y apenas se le conoce el rostro. Pero es Harry. ¡No puedes dejarlo así!
- No pienso ir, no es mi asunto. Él y yo no somos nada.
- Estás borracho… si te oyeras…
- El bebé de ese cabrón no es asunto mío. Harry espera un bebé de ese bastardo y yo…
- ¿Tienes envidia¿Es eso¿Te gustaría ser el padre? – Draco vio que había dado en el clavo.
- Claro que tengo envidia, y no hay nada en el mundo que desee más que formar una familia con Harry… pero no puedo.
- Harry dice…
- ¡Me importa una mierda lo que Harry diga! No es mío… - se levantó y le mostró la puerta.
- Muy bien, como quieras. Pero no nos busques más…
- Espera – Severus le agarró del brazo -. Yo…
- Si no quieres nada de Harry, tampoco me busques a mí.
Draco salió del apartamento algo abatido, pero cuando estuvo en la calle una gran sonrisa apareció en su rostro. Había conseguido lo que quería. Ahora tenía la prueba definitiva.
El poema, de nuevo, es de Artemisa, quien me ha regalado estas bellas palabras para incluir en mi historia. ¡Muchísimas gracias!
