Harry iba recogiendo cada uno de los juguetes que su hijo se empeñaba en dejar por cada uno de los rincones de la casa. En realidad creía que no había ni un solo agujero que el niño no hubiera descubierto para meter ahí un peluche, un coche de juguete o un balón, sus tres armas preferidas para arrojar cuando se enfadaba. Cruzó el salón en dirección al porche, dónde sabía que encontraría la mayor cantidad de juguetes concentrada. Todos los que más gustaban a Adrien estaban ahí, la mayoría regalo de Sirius o Draco, quienes le consentían demasiado. Pasó por delante de la minicadena y encendió la radio en ese momento. Necesitaba distraerse, escuchar cualquier cosa, para olvidarse de todo y de todos, relajarse y pensar sólo en él. Una canción que no había oído nunca se coló directamente, desde las primeras notas, en su corazón.
No sé pensar si no te veo,
no puedo oír si no es tu voz,
en mi soledad
yo te escribo y te entrego
en cada beso el corazón.
Esa parecía la historia de su vida. Un moreno de ojos oscuros se apareció en su mente. Sin Severus no podía ni pensar, ni oír nada, ni sentir, ni mucho menos vivir. Porque si Severus no estaba con él, no había vida. Le había entregado hacía años su corazón y lo había perdido con su huída. Ahora sólo le quedaba esperar un milagro o la agonía de la muerte.
Se apaga el sol en mi ventana
y hace tiempo que ya no sé de ti,
dime cómo te ha ido,
si también estás solo
y si piensas en mí,
sigo aquí.
Deseaba que Severus, dónde estuviera, no hubiese rehecho su vida. Pero sabía que después de cuatro años las cosas podían cambiar, y mucho. Él estaba sin nadie, no había podido olvidarlo, esta vez no se había encariñado de ningún otro chico, ni había dejado que nadie más se acercara a su entorno más íntimo. Harry se pasaba las horas, días y semanas pensando en su amor perdido pero¿y él¿Pensaba Severus alguna vez en Harry? Siempre le esperaría, siempre aguardaría su llegada, siempre pensaría en él.
En todas las palabras, mil caricias y miradas,
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.
Tu recuerdo me consuela, me desvela,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?
Cuánto dolor podían transmitir unas palabras. Se lo había entregado todo, y había recibido mucho a cambio. Amor, caricias, esas miradas que se lo decían todo, pero ahora ya no estaba. El recuerdo de Severus no dejaba que pudiera seguir su vida en paz. Era el veneno del que hablaba la canción.
Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves,
no me crees.
No podía olvidar. Le era imposible olvidar. Por más que luchaba contra sus recuerdos éstos, tarde o temprano, se adueñaban de sus pensamientos. Cada día, cada hora, cada instante de la vida de Harry era de Severus, porque hacía las cosas pensando en él. Pero Severus no le creyó, se fue y no estuvo a su lado.
No sé soñar si no es contigo,
yo sólo quiero volverte a ver
y decirte al oído todo lo que te he escrito en este papel,
entiéndeme.
Sus sueños, todos rotos. ¿Su sueño más esperado? Ver de nuevo a Severus, decirle lo que cada noche dice a la almohada, que lo ama, que le echa de menos, que no sabe, no puede y no quiere vivir sin él. Pero son sólo sueños, y despierta cada mañana, triste y abatido, recordando la dulzura de su amor soñado.
En todas las palabras, mil caricias y miradas
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.
Tu recuerdo me consuela, me desvela,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?
Y ahí estaba. Sentado en el sofá, llorando, recordando los malos momentos, recordando los buenos. Esos aún dolían más, porque sabía que nunca los volvería a recuperar. La voz de la chica calaba hondo, parecía como si alguien hubiera cogido sus pensamientos y les hubiese puesto música.
Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.
Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.
Nadie amaría a Severus como él lo había hecho, como él lo hacía, como lo haría para siempre. ¿Cómo iba a olvidarlo si tenía a un hijo que se lo recordaba a cada momento? Esos ojos iguales a los suyos. No podía dejar esos recuerdos, porque esos pensamientos eran lo único que le quedaba de Severus y no quería perderlos también.
Pero ese adiós sí había llegado. No sabía nada de él, nadie había vuelto a ver a Severus desde hacía cuatro años. Harry estaba con él a donde fuese, porque sentía a Severus aún en su cuerpo, soñaba con él, toda su vida giraba en torno al moreno sin que este estuviera presente. Todo el tiempo era para Severus.
Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.
No me crees.
No pudo seguir pensando. La letra penetraba en su mente como cuchillos afilados, calando hondo, muy hondo. Si hubiera tenido corazón se le hubiera roto de dolor. Harry no podía más. No soportaba ese sufrimiento, no quería luchar más. Pero debía hacerlo. Estaba Adrien y su hijo no tenía la culpa de nada. Tenía que seguir adelante por él, para cuidarlo y para amarlo como merecía.
Los días seguían pasando, la primavera estaba llegando y Draco no soportaba ver a su amigo en ese estado. No salía, apenas jugaba con Adrien… Si no hubiera sido por él mismo y por Sirius sabía perfectamente que Harry habría desatendido todas y cada una de sus responsabilidades, incluso con su hijo. Al principio era normal que no tuviera fuerzas para nada, pero con el paso del tiempo él y Sirius se daban cuenta de que estaba perdiendo las ilusiones. Se empeñaron en ayudarle, fue difícil, pero finalmente consiguieron que Harry volviera a interesarse por los temas relacionados con su hijo, aunque le doliera ver en sus ojos los de Severus, y se comportara como un perfecto padre.
Y hoy parecía que Harry estaba retrocediendo en el tiempo, para volver a ese estado de pesimismo y conformismo habitual en el pasado. Pero ahí estaba él para remediarlo.
¿Por qué no sales a dar una vuelta? – preguntó Draco acercándose hasta el sillón donde estaba su amigo con los ojos perdidos en el vacío.
No tengo ganas – respondió sin ánimo.
Harry… - le reprobó.
Draco, no me apetece, no insistas.
¿Por qué?
Por nada.
Harry…
Es primavera, empieza a hacer sol y todo el mundo sale con su pareja a pasear por el parque – hizo una pausa y miró fijamente a su rubio amigo -. Y yo… yo voy solo, con mi hijo.
Adrien no tiene la culpa – tenía que conseguir que recapacitara, Adrien sólo era un niño pequeño, que no entendía por qué su padre a veces no quería estar con él.
Lo sé, pero no me veo con fuerzas…
Tienes que hacerlo, cada año en esta época dices lo mismo y después te lo pasas genial con él en el parque.
Sí, tienes razón pero…
No hay peros. Ahora coges sus juguetes preferidos y os vais a ese parque nuevo que inauguraron la semana pasada. Dicen que es muy grande y está muy bien para pasear.
De acuerdo. No te gana nadie cuando te pones pesado – Harry medio sonrió. Gracias a Draco no se había hundido.
Sabes que no.
Gracias.
De nada. Cuando quieras y para lo que quieras, ya lo sabes – dijo guiñándole un ojo.
No sé qué habría hecho sin ti y sin Sirius.
Pues aburrirte mucho. Vamos, vamos, Adrien te necesita.
Harry cogió la chaqueta de su hijo en una mano, junto con una bolsa con todos los juguetes y a Adrien de la otra. El niño estaba contento y caminaba dando pequeños saltos. Adoraba jugar con su padre, aunque muchas veces el moreno no estuviera muy interesado en hacerlo. Sabía que su padre estaba triste, pero no lograba entender mucho, sólo había oído una vez que hablaba con Draco sobre un tal Severus. No sabía quién era ese señor, pero no le caía bien porque sólo con oír el nombre su papá ya lloraba.
Anduvieron un rato por las calles londinenses, bajo el tibio sol de primavera, hasta que llegaron al parque. Draco tenía razón. A parte de ser enorme, era precioso. Había un lago, un parque infantil y césped, mucho césped. Adrien corrió para coger una buena sombra bajo un sauce, cogió su pequeña mantita y la colocó en el suelo. Se sentó y sacó sus juguetes. Harry lo contemplaba aún de pie y sonrió, realmente su hijo era capaz de iluminarle el día, era la única razón de su existencia y estaba muy feliz de haber tenido a Adrien. A veces cuando recordaba el embarazo, el parto y el dolor que sintió en su corazón al no estar con el ser amado, se sentía triste e infeliz, pero Adrien había valido la pena, de eso no se arrepentiría jamás. Le había alejado de Severus pero había ganado mucho más. Ver crecer a Adrien era un regalo demasiado valioso para perdérselo.
Papá…
Eh… ¿sí?
¿Vas a jugar conmigo? – preguntó tímidamente.
Claro, sí, ahora voy – la cara del niño se iluminó con una gran sonrisa y se sentó de nuevo para seguir jugando.
Se sentó a su lado. Y vio que los ojos de Adrien brillaban de felicidad. Le contó sus progresos en el colegio, le contó historias de sus amigos, le hizo reír y sentirse afortunado de tener un hijo así. Su hijo era un sol, y no se daba cuenta de que a veces lo necesitaba, y mucho, por eso decidió que a partir de ese día pasarían cada tarde juntos, no quería ver sufrir a Adrien por su culpa.
¿Puedo ir a jugar con esos niños de ahí? – el niño le señaló el parque, donde había varios niños en los columpios.
Adrien, está un poco lejos y…
Anda… tendré cuidado… - hizo un pucherito y Harry sonrió -. Además tú me ves desde aquí… - cuando quería su hijo era muy convincente, seguramente pasaba demasiadas horas con Draco.
De acuerdo, pero te estaré vigilando. Cualquier cosa mala y vuelves de inmediato.
Gracias – le besó en la mejilla y se fue corriendo.
Harry contempló a su alrededor. No se había equivocado. Parejas y más parejas paseando, solas o con sus hijos, pero todos enamorados, todos con otra persona a su lado. Todos menos él. Contempló el sauce, realmente le pareció un árbol triste, por algo se le debía llamar también sauce llorón. Y él hizo lo mismo. Lloró tímidamente a la sombra del sauce, pensando en su vida y en su hijo. Adrien merecía una familia y él no se la había podido dar. Sintió que le había fallado en eso, y que quizá hubiera podido luchar más por Severus, pero en ese momento no se había visto con fuerzas, ni tenía ganas de suplicar a nadie para que aceptara un hijo o una familia. Severus se había ido y punto, no había vuelta atrás. Tenía a Adrien y eso le bastaba. Adrien era el motor de su vida, su única ilusión.
Levantó la vista y vio a los niños jugando. Todos estaban ahí, pero no Adrien. Se alzó del suelo en un segundo y fue corriendo hasta la zona de los columpios.
¿Dónde está? – preguntó agarrando un niño del brazo.
¿Qui… quién? – le respondió el niño un poco asustado.
El niño que estaba aquí hace un rato. Camiseta roja y jersey…
Entonces vio el jersey azul en el suelo, unos metros más a la izquierda. Lo recogió y contempló a su alrededor. Adrien no se veía por ninguna parte.
Señor… señor… - otro niño se acercaba corriendo.
¿Sí?
Se ha ido con su padre.
¿Con su padre? – dos niñas más asintieron.
Sí, eso ha dicho el hombre.
¿Y cómo era ese hombre?
Pues… tenía el pelo castaño y los ojos verdes – respondió finalmente un niño algo mayor que el resto -. No recuerdo nada más – añadió al ver el rostro desencajado de Harry.
Pelo castaño y ojos verdes. Al fin había cumplido su amenaza. Salió corriendo de ahí y, cuando estuvo solo, se apareció directamente en el salón de la casa. Sirius y Draco, sentados en el sofá, se quedaron mirándolo y ambos clavaron sus ojos en el pequeño jersey que llevaba en la mano. Harry estaba a punto de derrumbarse.
Harry… - Draco se levantó y lo abrazó.
¿Dónde está Adrien? – preguntó Sirius algo nervioso.
Se lo ha llevado… - dijo tímidamente mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas -. ¡Stephen se lo ha llevado!
Tres días después
¡No, no, no quiero calmarme¡NO PUEDO CALMARME! – como podían decirle que se calmara¿acaso no se daban cuenta de que no sabía nada de su hijo desde hacía tres días?
Harry, eso no es bueno, tu magia se está…
Me importa muy poco ahora mismo mi magia, Draco, quiero recuperar a mi hijo¿tanto cuesta entenderlo?
No, te comprendo, pero para poder encontrar a Adrien tenemos que hacer las cosas bien.
Las palabras del rubio calaron en el moreno, quien abrió la boca pero finalmente no dijo nada. Draco sabía que Harry quería hacer las cosas bien, pero también entendía que no pudiera contenerse, que no pudiera atender a razones. Era su hijo, lo más importante del mundo, y si Sirius y él estaban más que nerviosos, podía comprender muy bien cómo se sentía Harry con toda esa situación.
En ese momento, el timbre interrumpió los pensamientos de ambos, la octava vez en la última hora. Draco o Sirius siempre se turnaban a la hora de acudir a la llamada, para evitar que el moreno se enfureciera más, pero en esa ocasión, Harry estaba al lado de la puerta así que decidió acercarse él para ver quién osaba molestarles.
Me da igual de quién sea – dijo alzando la voz para que todos se enterasen -. Estoy harto de todos esos periodistas que sólo quieren hurgar en…
Pero no era ningún periodista. Esta vez no. Harry no se movió. Tampoco parpadeó. Permaneció unos segundos en silencio antes de estallar.
Lo que faltaba – dijo para sí antes de hacerle frente -. ¿Tenías que regresar justo ahora? – añadió con un tono de voz cargado de resentimiento.
Harry… - no tenía palabras. ¿Qué había pensado para ir hasta allí¿Realmente esperaba que Harry lo recibiera con los brazos abiertos después de todo? Severus agachó la cabeza, tenía toda la razón, no tenía que haber ido a verle.
¿Quieres hacerme más daño, es eso? – el mayor no respondió, cada vez estaba más convencido de su error -. ¿ACASO TE DIVIERTE¿VIENES A REIRTE DE MÍ? – Severus levantó la cabeza y frunció el ceño, no estaba entendiendo nada.
Harry¿qué son esos gritos? – Draco apareció detrás de la puerta y se quedó boquiabierto -. ¡Padrino! – fue lo único que salió de su boca.
¿Puedo pasar? – dijo Severus con el semblante abatido antes de cruzar el umbral. Harry no respondió. No podía entender cómo ese hombre podía ser tan cínico. Fue Draco quien reaccionó y le invitó a pasar. Si había vuelto alguna razón tenía que haber.
Sirius cambió la expresión de su rostro cuando vio entrar en el salón a su ahijado con los ojos llorosos y a Draco junto a Severus. Harry estaba mudo y sólo Draco parecía algo contento de haber recuperado a su padrino. Se lo llevó a un rincón del salón, junto a la chimenea, algo alejado de todos y se dispuso a interrogarlo.
¿Por qué ahora? – susurró el rubio.
Necesitaba hablar con Harry.
¿Por lo del niño?
¿El niño?
Severus… ¿no has venido por lo de Adrien? – el moreno negó con la cabeza, desde que había llamado al timbreo no entendía nada, así que Draco prosiguió -. Stephen ha secuestrado al niño.
¿QUÉ? – los demás se giraron al oír el grito de sorpresa -. ¿Qué has dicho, Draco? – repitió bajando un poco la voz. Deseaba no haber entendido bien, pero al analizarlo comprendió muchas cosas.
Harry está destrozado, y sólo ha faltado que aparecieras tú. Desde que Adrien desapareció hace tres días no controla su magia, tiene arrebatos y cambios bruscos de humor. Sirius y yo no podemos evitarlo, y va a terminar mal…
¿Puedo hablar con él?
No te lo aconsejo, Harry está muy enfadado…
Por favor… - las dos palabras le hicieron entender al rubio que realmente su padrino lo necesitaba.
Puedes intentarlo, pero quizá no quiera.
Me arriesgaré.
Severus cruzó el salón con paso decidido y se acercó hasta el sillón dónde se encontraba Harry con la cabeza hundida entre sus manos. Draco hizo un gesto para que Sirius se alejara de su lado, y éste aceptó a regañadientes. NO quería ver sufrir de nuevo a su ahijado, y sabía que con ese hombre cerca las lágrimas volverían de nuevo y con más intensidad.
Harry… - el chico estaba como ausente, tenía la vista fija en algún punto de la pared -. Harry – le tocó el brazo y finalmente lo miró-. Lo… lo siento… Yo…
¿Lo sientes¿Qué vas a sentir? Nunca te ha importado Adrien¿por qué iba a importarte ahora? – le soltó con todo el rencor de esos cuatro años.
Tienes razón… Pero yo no venía por eso. He venido a hablar contigo, Draco me ha contado lo del niño y…
Vete.
Harry… por favor…
No quiero verte por aquí. Es mi hijo y yo sólo voy a encontrarlo. No necesito tu ayuda para nada. He sacado adelante este niño durante cuatro duros años, y pienso seguir haciéndolo.
Pero me gustaría…
¡TE HE DICHO QUE TE VAYAS! – gritó cuando vio que la mano de Severus se acercaba hasta la suya. La explosión de magia rompió todos los cristales del salón.
Harry cayó al suelo, agotado por la pérdida de magia, Sirius corrió en su ayuda y apartó a Severus de su lado para que no le siguiera mortificando…
Padrino… será mejor que vuelvas en otro momento.
Sí… claro, entiendo…
No se lo tengas en cuenta, Harry está pasando por un momento muy duro – Draco intentaba disculparlo.
Lo sé, lo comprendo, pero me gustaría ayudar…
Lo único que puedes hacer es mantenerte alejado, por el momento. Yo te informaré, si quieres.
Claro, perfecto. Gracias, Draco.
La policía no lograba descubrir nada. Los aurores trabajaban día y noche para poder conseguir una pista de Stephen o de la persona que se lo había llevado. Harry estaba muy seguro de que había sido el castaño, pero no se descartaba ninguna posibilidad, pues sólo tenían la descripción que había hecho un niño pequeño.
Los días se hacían eternos en la casa. Sirius, Draco y Harry permanecían encerrados para evitar a la prensa, aunque permanecían constantemente en contacto tanto con la policía como con la patrulla de aurores. Pero nada. 6 días ya habían pasado y como si a su hijo se lo hubiera tragado la mismísima tierra. Harry no había dormido una hora seguida desde entonces y se le veía destrozado. Draco y Sirius seguían su mismo camino. Los tres estaban sentados en el sofá, esperando algún milagro, pero nunca llegaba.
Harry… ¿por qué no te acuestas un rato?
No puedo dormir¿cómo quieres que duerma sin tener a Adrien a mi lado?
Deberías descansar un poco, por lo menos. Túmbate un rato en la cama, anda… Te irá bien. Draco o yo te avisamos si hay alguna novedad… Y tú estarás ahí mismo.
No sé… - dudaba, y era normal, estaba agotado, y sabía que en ese estado no era de mucha ayuda, pero no quería dormirse por si llegaba alguna noticia.
Harry, es por tu bien… Tienes que ponerte bien para cuando Adrien vuelva… - siempre Draco con sus palabras adecuadas.
Sí… quizá tengáis razón. Cualquier novedad…
Te avisamos, faltaría más.
Harry subió a la habitación cerrando la puerta a su paso. Se tumbó en la cama y, al tocar la almohada, su cuerpo se rindió. Cayó en un profundo sueño, no en vano llevaba muchas horas sin dormir y lo necesitaba. Pero el sueño no fue gratificante. En él aparecían tres personas, las más importantes de su vida: Adrien, Severus y, como no, Stephen. Las tres importantes, aunque de distinta forma, las tres le habían dado alegrías y tristezas, las tres formaban parte de la vida de Harry, para bien o para mal.
Dos días después llegó una nota. La nota que habían estado esperando. La nota que Harry tanto había temido. Sus sospechas estaban confirmadas. Stephen tenía a Adrien y pedía un precio alto para que volvieran a verlo con vida. Quería a Harry a su lado, para siempre. Si no, el niño moriría.
Y entonces Harry se hundió. No había manera de hablar con él, ni de poder hacerle recapacitar. Sirius estaba desesperado, y más cuando veía a Draco sufriendo por su amigo, sufriendo por su pequeño ahijado en manos de ese demente. Y tomó la decisión más difícil de su vida.
Bla… ¿Black?
Buenos días, Sna… Severus. Necesito que vengas conmigo.
¿Yo¿Ha pasado algo con Harry¿Adrien?
Stephen ha mandado una nota y Harry se ha derrumbado. Necesita a alguien a su lado, y ni Draco ni yo podemos hacer nada. Nadie puede hacer nada. Excepto tú.
Pero Harry…
Él no quiere verte, pero en el fondo es lo que ha estado esperando durante cuatro años. Él te quería a su lado, y aún lo sigue queriendo, pero no va a reconocerlo tan fácilmente. Te necesita para poder salir adelante y recuperar a Adrien.
Entonces vamos para allá.
Llegaron a la casa, pero no se oía a nadie. Draco estaba junto a Harry, abrazándolo, haciéndole compañía en su habitación. Los aurores acababan de irse después de interrogarlos a ambos y de quedarse con la nota como prueba incriminatoria. Sirius subió lentamente las escaleras e hizo una señal a Draco para qué saliera.
¿Dónde habías ido?
A hacer lo que debía hacer.
¿Qué quieres…? – y le vio. Vio a su padrino y sonrió. Sirius no se había equivocado. Lo que más necesitaba ahora Harry era a Severus.
Ven, vamos, ahora le toca a él – Draco se abrazó a Sirius y dejaron a los dos solos para que hablasen.
Severus entró en la habitación. Un paso, dos pasos… Estaba nervioso, no sabía cómo reaccionaría Harry al verlo de nuevo. Pero tenía que intentarlo, sabía que estaba mal, si no, Sirius no habría acudido a él. Tenía que hacer algo por Harry y por Adrien, algo que recompensara esos cuatro años de abandono y de sufrimiento. Miró a Harry, demacrado, con profundas ojeras, mucho más delgado cada día que pasaba y con el semblante más triste que había visto en su vida. Si seguía así moriría, y eso no iba a permitirlo. No mientras le quedara una gota de sangre en sus venas. Lucharía por Harry y lucharía por Adrien, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para recuperarlos. Y ahora tocaba ayudar a Harry, aunque el moreno no quisiera, aunque le rechazara o le insultara. No se iba a mover de su lado.
Harry… - no reaccionaba -. Mírame, soy Severus.
Al oír el nombre, Harry levantó la vista, fijando sus esmeraldas sin brillo en los ojos negros de su amado.
Harry, tienes que luchar. Lo haremos juntos si quieres. Quiero estar contigo, con los dos, sólo déjame demostrarte que merezco esta oportunidad.
No… - el rechazo, un leve murmullo pero que a Severus se le clavó en el corazón.
Por favor… no es justo pedirlo pero sé que juntos podemos recuperar a Adrien. Te quiero, Harry, siempre te quise y siempre te querré. Aunque no estemos juntos. Sé que te hice daño, pero ahora eso no es lo más importante. Ahora debemos recuperar a Adrien, y sé que puedo ayudarte a conseguirlo. Déjame ayudarte.
Yo… - Harry no sabía qué hacer. ¿Le perdonaba y olvidaba todo su sufrimiento¿O intentaba seguir con su vida sin él¿Por qué tenía que ser tan difícil?
Por favor… - su rostro lo decía todo y Harry comprendió que no podía negar lo inevitable.
Se… Severus…
Shttt, tranquilo – le acarició el pelo y fue bajando lentamente hasta tocar sus labios -, estoy contigo… Sigo aquí…
El mayor lo abrazó y le dio un beso en la frente, como si fuera la primera vez que se encontraban, ambos llorando, juntos, para hacer frente a cualquier obstáculo y lograr la felicidad.
Esta vez no es ningún poema, sino una canción. La primera vez que la escuché me enamoré de la letra. Se titula No me crees, y es de Efecto Mariposa. Espero que os guste y que la encontréis adecuada, yo me moría de ganas por incluirla en esta historia.
Notas del autor:
Lo siento, siento haber tardado tanto, siento haber incumplido mi promesa de actualizar pronto, pero entre las vacaciones, mi falta de concentración y el cambio de trabajo... he pasado un verano algo liada. No sé si este capítulo estará a la altura, es lo que hay y no me salió más en su momento. Lo he releído ahora y no termina de convencerme, pero no tengo tiempo para volver a mirarlo de nuevo. Así que os pido disculpas de antemano por si no satisface vuestras expectativas.
Quiero dar las gracias a todas las personas que esperáis con impaciencia las actualizaciones, a las que leéis desde un principio y a las que os habéis incorporado recientemente. Tods sois igual de importantes para mí, y ver que esta historia tiene tantos fans a pesar de la temática, eso me enorgullece. Así que, una vez más, gracias y perdón por mi inconstancia! Un beso y un abrazo!
