Roy descansó después de una buena noche de sueño, su hombro fue vendado y los vidrios de la ventana fueron dolorosamente extraídos de su piel. Fue dado de alta ese mismo día con dos botellas de medicamentos para el dolor e instrucciones como "¡descanse ese hombro por un tiempo!". Paso una semana antes de que la fiebre de Edward desapareciera completamente y aproximadamente otra semana completa antes de que creyesen que él estaba lo suficientemente bien como para que le dieran el alta hospitalario. El frío, el vidrio, y el forcejeo en un chico ya enfermo hicieron que la condición de Edward empeorara diez veces más. Tuvieron la suerte de que él no estuviera allí por más tiempo, dijo el médico.
Roy, junto con varios oficiales, tanto fuera como dentro de la habitación (Roy no daba ninguna oportunidad) mantuvieron una constante vigilancia durante aquel tiempo. Roy escuchó la jadeante respiración, cambiando el paño frío de su frente para aliviarle la fiebre, y oía a sus balbuceos de medianoche, sin sentido e inducidos por el sueño, con un intenso afecto. Ahora sentía que había un nuevo lazo entre ellos dos, y Roy sintió que tenía la obligación de cuidar al muchacho. Ed nunca estuvo lo suficientemente despierto como para hablar con él, excepto más adelante, en los tres últimos días que estuvo en el hospital, cuando a Roy no tuvo permitido estar en el dormitorio porque probablemente podría contagiarse de un microbio en aquella etapa infecciosa.
El día en que fue dado de alta, Edward fue interrogado. Él concentró su cara antes de responder que no recordaba mucho; sólo el fuego, y la caída. Roy estaba agradecido por ello.
Roy había sido interrogado sobre el origen de sus heridas, que las había causado, así como por qué el hospital estaba en un completo caos; las cortinas estaban achicharradas, y los médicos fueron encontrados inconscientes detrás de los escritorios. Roy se encogió de hombros, e insistió en que fue una mujer inmortal con largas uñas.
El departamento militar policial escribió que todo fue causado por un incendio en la cocina, y decidieron que Edward no había sido el único en trabajar de más.
El domingo, el día después de haber sido dado de alta, Mustang se encontró caminando en las calles de la ciudad entre el revoloteo de la nieve, sintiéndose malhumorado y queriendo desquitarse con la siguiente persona que se le cruzara. Hasta ese momento, él no había visto a Edward en un estado conciente durante dos semanas, quería verlo desesperadamente para poder asegurarse que todo estuviera bien. Él no tenía ningún destino en particular, pero sus pies parecían estar guiándolo, así que los escuchó, y los siguió, caminado hacia la Calle Principal y dentro de un pintoresco y pequeño restaurante al final de la calle.
Adentro había un alegre fuego crepitando y una antigua barra con taburetes. Alrededor del exterior de la minúscula habitación había mesas para los comensales – o mejor dicho, en estos momentos, comensal, porque el edificio estaba vacío, salvo por una camarera regordeta conversando con un solitario cliente muy al final del edificio. Continuó escuchando a sus pies, y tomó un asiento en la mesa, frente del único comensal que había en el edificio.
Por casualidad miró a la persona que estaba en frente suyo, sorprendiendo al encontrarse con quien más quería ver, sentado serenamente con un gran plato de comida frente a él.
"¿Acero?" Ed se sobresaltó y buscó el origen de su nombre, frunciendo el entrecejo profundamente al ver que era el mismo Coronel quien lo había llamado. Roy respingó cuando vio las cicatrices que estaban estropeando el aspecto de su subordinado. La camarera ojeó a Roy con reproche.
"Entonces eres tú¿No?" Edward se sonrojo, sus mejillas se volvieron rosas, después rojas, y luego de un profundo color carmesí.
"¿...D-Disculpe?"
"Eres al que siempre espera cada semana, pobrecito." Repentinamente, la conversación que Roy tuvo con Lujuria fue puesta delante de su mente.
"¿Sabía qué cada domingo él deja a su hermano por algunas horas y ordena una lujosa comida para dos en el restaurante más caro que pueda encontrar? Él nunca come ambas...sólo...mira al que está al lado de él con una lastimosa expresión en su rostro y sólo come alrededor de dos bocados.
Edward le respondió antes de que Roy pudiera hacerlo. "No. Definitivamente no es él. Lo conocerás cuando lo veas, creo." Edward le dirigió una mirada nostálgica. "Algún día, él vendrá conmigo." Un suspiro. "Y él pensará que tu comida es tan deliciosa como yo lo hago, Rosa."
La mujer pellizcó sus cachetes de una forma maternal, con simpatía escrita en su preocupado ceño e insistió que ella estaría de vuelta, que no se moviera antes de que volviera de de la cocina.
Siguió una larga y embarazosa pausa. "…Entonces... supongo que ahora ya sabe cuan patético soy." Edward levantó su tenedor con su mano de automail y la puso encima de su comida como si se prepara a tomar un bocado. Nunca lo hizo.
Silencio de nuevo.
"No eres patético."
"No tiene que quedar bien conmigo." Imágenes de Edward aferrándose a él por calidez pasaron por su mente, y Roy estaba alarmado por cuan fuerte aquel rostro calmado contrastaba con la expresión desafiante y testaruda que estaba luciendo ahora. Roy movió el tenedor hacia la zanahoria posada encima de la montañosa ensalada que estaba frente a Ed. La mirada que fue echada en su dirección fue suficiente para parar al altamente entrenado Coronel en su camino.
"Discúlpame. No debí hacerlo."
"Diablos, claro que no debías hacerlo. Esa es la maldita zanahoria de Al. Déjala sola." Roy sonrió tristemente.
"Por supuesto que sí." Abandonando su cómoda silla cerca del fuego, Roy se levantó de su silla y se dirigió a la salida.
"¿A...A dónde va…?" la voz que llegó a su oído era pequeña e infantil. "N...No tiene que irse todavía, sabe. Puede compartir mi plato, es sólo que... Al siempre fue tacaño…nunca le gustó que le tocaran la comida." Roy sonrió y camino de vuelta hacia la mesa de Edward, tomando asiento al lado suyo, mejor dicho frente a donde estaría sentado su hermano menor.
"Gracias Edward. Aprecio el gesto."
"Ah...y... ¿Coronel?"
"¿Mmm? Fue todo lo que Roy pudo decir con la boca llena de papas.
"Gracias." Y la sonrisa que Edward le mostró a Roy hizo que el Alquimista de Fuego creyera que Ed sabía más sobre su encuentro con Lujuria de lo que insinuó el interrogatorio militar.
FIN
Fic © de CaptainKase traducido con su autorización
Edición hecha por Laberinto de Cristal.
N/A:
¿Qué le sucedió a Lujuria? Siento no haberlo explicado (pero es que esto estaba más enfocado en Roy y Ed), no fue tras Roy cuando cayó afuera porque no quería arriesgarse a ser vista por alguien, así que, básicamente, escapó.
Notas de la traductora:
Espero que les haya gustado el fic n.n Ahora estoy comenzando a traducir otro fic así que nos veremos muy pronto.
¡Nos vemos en la próxima traducción!
¡Bye!
