Bueno, bueno ya vamso en el cuarto capítulo, debe ser mi pseudoinspiración jaja, en el capítulo anterior vimos "al muchacho" y ahora vemos que pasó en ese tiempo con "la dama" o pensaron que estaría llorando todo el día, en fin sus comentarios me ayudan mucho, si les gusta todo, si creen que debería ser mas largo, mas diálogos no sé.

El próximo capítulo creo que será el último, aún no estoy segura porque no lo he escrito pero creo que lo tendrán muy pronto, sin más que decir... aqui tienen el cuarto capítulo.


Capítulo 4. Vacío y sin sentido

Ino se encontraba preparando unos arreglos florales, el desgano y esa actitud mecánica en ella inundaba el ambiente, en ese momento solamente deseaba dormir un poco, toda la mañana estuvo entrenando y luego no había probado bocado alguno sin contar que no había dormido nada. En la mañana alguien le dijo que llegaría Temari a la aldea y evidentemente eso no era casualidad.

El desgano de encontrarse con la "flamante parejita" la había forzado a leer todo ese día, a pesar de que podría considerarse algo aburrido ella lo disfrutó, aquellos libros la habían distraído temporalmente de los fantasmas en su cabeza, en esos momentos no tenía noción de tiempo o de espacio y menos de personas.

El día fue efímero y antes de lo pensado se encontraba ya en su habitación dispuesta a dormir, sus ojos estaban agotados y no pasó mucho tiempo antes de caer rendida a sus sueños, amparada por la luna llena y sus estrellas consortes.

A la mañana siguiente tenía varios deberes en la florería de su familia, actividad que la tuvo ocupada toda la mañana y parte de la tarde. Estaba terminando el arreglo sobre una mesa cuando apareció algo muy similar a una sombra.

- ¿Crees que esto es "bonito"?- Fueron las palabras de aquel enigmático ser, era alto de cabello y ojos oscuros con una bonita piel tersa, miraba a la muchacha señalando con su mano izquierda el dibujo que agarraba con la mano derecha.

- Sai, no me había dado cuenta que estabas ahí- dijo Ino alzando la mirada para ver el dibujo.

- Gracias, ahora soy educado y "amigable"- dijo indiferente el enigmático muchacho

- Tu dibujo está muy bonito, captaste bien a las flores- respondió la rubia muchacha a la vez que pensaba que ciertamente el muchacho aún no entendía que la respuesta suya era de indiferencia en ese momento.

Posteriormente Sai sacaba un libro y se lo mostraba a la rubia, era un libro sobre flores y la composición de estas "no existe nada que no pueda ser conocido, todo tiene su medida y presición" añadía el joven al ver a Ino hojear el libro con entusiasmo; un cuarto de hora había pasado y la muchacha levantó la cabeza y empezó a observar al muchacho, el silencio era sepulcral en el lugar.

- ¿No quieres salir a cenar conmigo Sai?- preguntó la muchacha viendo a Sai, sin duda era alguien bastante atractivo, tanto como enigmático, después de todo era un ANBU y salir con él podría ayudarle a aclarar la mente y mejorar su estado de ánimo.

- ¿Cuál es el sentido de "salir a cenar"… Ino?- inquirió pronunciando difícilmente el nombre de aquella muchacha.

- Las personas comunes y normales salen a cenar Sai, es un acto básico para las personas el relacionarse con otras, el mundo es así ¿no? Los enemigos se relacionan entre ellos y nosotros también, salir a cenar es bueno porque además puedes degustar una deliciosa comida – la alegría se notaba en el rostro y particularmente en los ojos azules de Ino, era bueno saber que podría enseñarle algo a él.

- ¿Es para ahorrar tiempo? Por qué no hablar y luego cenar- señaló el joven ANBU

- A que hora vendrás a recogerme…- pronunció con enfado la pelirubia- te espero a las siete de la noche aquí.

El ANBU se retiró y ella terminó el arreglo floral, no estaba dispuesta a volver a perder a alguien por no hacer correctamente las cosas, mínimamente la cena la ayudaría a aminorar su dolor. Pasaron un par de horas e Ino se había arreglado bastante, decidió ponerse un vaporoso vestido verde esmeralda nuevo que mostraba gran parte de su espalda, el pelo recogido en media cola y pendientes largos que combinaban perfectamente con las sandalias, faltando poco para las siete bajó a la florería donde se vería con Sai. De repente empezó a llover, las gotas de agua se hacían más grandes con el paso de los minutos.

Ni bien el reloj marco las siete de la noche apareció Sai, vestido completamente de negro y dirigió su vista a la muchacha, quien estaba bella y parecía frágil como alguna de aquellas flores, sin esperar más se dirigieron a un elegante restaurante a cenar.

- Este lugar es muy bonito, me imagino que ya lo conocías- empezó la conversación Ino observando el lugar al mismo tiempo.

- Observé que este lugar es muy concurrido por hombres y mujeres para relacionarse cenando, yo no ceno en lugares como este- respondió Sai.

- Olvidaba que estabas en el ANBU, supongo que no tienes tiempo para muchas cosas…- tímidamente decía la rubia esas palabras.

- No es conveniente hacer estas cosas, el enemigo puede localizarnos fácilmente, tú y yo como ninjas tenemos deberes que superan a nuestra individualidad, no traes armas, en caso de ser yo un enemigo ya te hubiera eliminado pero también torturado- argumentó secamente Sai.

Ino quedó sorprendida ya que para ser la primera cita que tenía no era un buen inicio ni para tener otras, ordenaron algo para comer e Ino decidió continuar la conversación.

- Para empezar la mayor parte de mis jutsus no necesitan cosas fuera de mí, no necesito dichas armas, además creo que estás equivocado no puedes olvidarte de ti como persona pero tampoco puedes olvidar a los otros, no creo que estén separados- y clavó sus ojos sobre el muchacho.

- El mundo no es complicado, tenemos deberes que cumplir y eso es lo único que debería importar- el ANBU comía en ese momento.

- Creo que nunca tuviste alguien que te importe- afirmó con tristeza la joven.

- No recuerdo nada, no sé de qué hablas.

La cena terminó y ambos se dirigieron a la casa de Ino, llegaron rápidamente y estando ya en la puerta ella se sentía algo confundida, no por la refrescante lluvia, no porque Sai la hubiera cautivado, no por que le daba pena, sino que tenía varias cosas que pensar pero decidió darle un regalo y una lección a ese joven tan enigmático, lo miró a los ojos y estos se encontraban vacíos, no había emoción alguna, quieto como si estuviera muerto, ella se acercó y le tomó el rostro con ambas manos, con suavidad, y empezó a acercarse, Sai no se movía, finalmente ella le dio un beso en la boca, tenue y corto.

- Eso Sai es un beso, estoy segura que lo leíste en alguno de tus libros- la muchacha ya estaba completamente separada de Sai- pero a diferencia de este que fue vacío y sin sentido, por parte tuya y mía, llegará el día que una mujer te dará uno igual y te darás cuenta que tú ya no eres sólo tú y esos sentimientos que hoy no tienes saldrán, quieras o no, sé que ese día llegará. No soy yo sin duda pero puedes considerarme tu amiga.

- Adiós- fue lo único que dijo Sai y desapareció en medio de la noche.

Aquella cena solamente le confirmó que ella ya no podía pensar en nadie más que en Shikamaru, era aquel que realmente la comprendía, la cena con Sai le mostró que el mundo realmente es complicado, que ella era complicada, que Shikamaru era complicado, todo lo que hacian hasta el mínimo movimiento estaba en el marco de la perfección, reír, llorar, amar, respirar, mirar, oir, sentir, hablar era complicado ya que era una serie de signos que dentro de su perfección recién significaban algo, las palabras podían salvar como matar personas si no eran dichas en su momento, los sentimientos eran complicados, de la ilusión al desengaño, del amor al odio, de la amistad al amor, de la vida a la muerte, pensar era complicado, tantas cosas en la mente, tan poco para entender todo un mundo afuera. Ahora entendía por qué Shikamaru se quedaba tanto tiempo observando el cielo, a las nubes, que a pesar de ser tan complicadas eran libres y no se sentían limitadas por pensamientos.

Se encontraba muy cansada y el sueño ganó esa batalla.

Llegó un nuevo día y el cielo se encontraba completamente despejado, se despertó tranquila y con la mirada hacia la ventana que mostraba el esplendor del cielo, vino a su mente Shikamaru pero también Temari. La muchacha de la arena no lo conocía, no como ella, no comprendía esos caprichos mentales, que nunca salían de no ser necesarios, no comprendía el amor del Nara por los juegos de mesa, tampoco comprendía el placer que sentía el muchacho al saber que no podía ser derrotado. Simplemente sólo vio una parte de él.

El día se presentaba rutinario, pero la noche aguardaba sorpresas para esta joven rubia.