Neon Genesis Evangelion: Redención
Capítulo 5: Poder
Escrito por: beamknight87
Historia basada en los personajes creados y con Copyright de Gainax.
De lo primero que me di cuenta fue del arrullador sonido del agua que caía rítmicamente.
Lluvia, me dije, reconociendo el familiar sonido.
También me di cuenta del tintineo que se oía contra una... ventana. El chocar de fragmentos sólidos que se deshacían al impactarse indicaba que venía acompañada de una fuerte carga de granizo.
Y también noté el frío.
Inmediatamente fui atacado por un dolor de cabeza tremendo, casi como si tuviera migraña. Sentía que el cráneo me iba a estallar. Era casi como si el EVA-01 me hubiera bailado en la cabeza.
El EVA...
Uriel...
¡La pelea!
Instantáneamente al darme cuenta de ello, abrí los ojos y traté de incorporarme... bueno, abrí mi ojo derecho el cual fue saludado por una luz, si bien no muy brillante gracias a una gran cortina tapando toda una pared que al parecer era más bien una gran ventana, sí era lo bastante fuerte como para hacerme aumentar aún más la jaqueca que tenía. Me desplomé de nuevo en la... cama donde estaba al sentir un dolor igual o peor todavía en todo el pecho.
Di un fuerte jadeo y quejido de dolor y creo que fue con eso que atraje la atención de esa persona.
La puerta del dormitorio se abrió lentamente, para dejar ver a un sujeto alto y fornido. Un grueso bigote negro bien recortado era lo más característico de su rostro duro y moreno. Tenía un cabello negro tan largo que el mechón de su frente le cubría un ojo por completo, pero no parecía molestarle, estaba seguro de que sus ojos café oscuro me estaban mirando cuidadosamente. Se veía a la legua que tenía un físico respetable, ya que parecía que las ropas que traía, una chaqueta y unos pantalones rojos, le iban a estallar por la presión en cualquier momento. Unas manos enormes, que me parecieron ser capaces de sostener un balón de basketball y un cono de helado al mismo tiempo en cada una colgaban a sus costados. Calculé que el tipo tendría unos treinta años, tal vez más...
Se plantó justo al lado de la cama, donde yo finalmente pude incorporarme y nos quedamos viendo, sin decir. El caer de la lluvia y el hielo siendo el único sonido en la habitación.
"Así que por fin despertaste. Bien", anunció, y con eso, me propinó un puñetazo con todas sus fuerzas en el rostro.
El dolor fue grande y aumentó al estrellar mi cabeza contra la pared detrás de la cama por la fuerza del impacto. Un ardor e hinchazón fueron inmediatamente perceptibles en mi mejilla izquierda, donde me había golpeado con tal fuerza, que el tipo se estaba sobando los nudillos.
¡Ese idiota!. ¡Qué rayos le pasaba!. ¡Se iba a arrepentir!
Estaba a punto de levantarme para saltarle encima al canalla a pesar de la desorientación que aún sentía cuando unos pasos apresurados se oyeron dirigirse hacia el lugar y una persona entró, jadeando por la carrera y el rostro crispado por el enojo y enrojecido por el frío.
Mana...
"¡Souma!" rugió. Con tal fuerza y tono de comando que ambos nos miramos un segundo antes de sentirnos de repente en extremo pequeños ante su presencia. Daba miedo con esa actitud tan... dominante. "¡Creí haberte dicho que no hicieras ninguna tontería una vez que despertara!" casi gritó.
Dado que estaba esperando una respuesta, el tal Souma finalmente se irguió tras el asalto verbal y contestó. "Discúlpeme, señorita Kimura. Es sólo que no pude evitarlo y era lo menos que podía hacer contra el sujeto por cuya culpa casi pierdo mi trabajo", con eso, giró la cabeza para verme y continuó. "Considéralo una ganga por haber salvado tu trasero allá en el Monte Tsurugi", dijo, con una nota de diversión y sonrisa en la voz y se marchó. Saliendo de la casa o departamento o lo que fuera, azotando la puerta exterior.
Una vez que salió, Mana dio un suspiro y susurró quejándose. "Ese hombre... a decir verdad nunca puedo decir qué está pensando o lo que tiene en la cabeza..."
Me quedé en silencio un momento, contemplándola. Llevaba puesto un abrigo muy similar al que traía la última vez que la vi, sólo que ahora de un vívido color azul cielo. El sonido del temporal allá afuera aún escuchándose. "... ¿Mana...?. ¿Qué...?" alzó una mano, para que le diera la palabra, sonriendo un poco, sin duda, debido a mi desorientación.
Se acercó y me abrazó con fuerza. "Me alegro tanto de que estés bien... llegué a pensar que... no despertarías", dijo, casi... sollozando.
Súbitamente me sentí muy incómodo ante su... cercanía, por lo que simplemente le di unas cuantas palmaditas en la espalda, como para asegurarle que estaba con vida.
Nos quedamos así un momento, hasta que decidí comenzar con las preguntas. "¿Qué... qué sucedió? Estaba seguro de que... el Arcángel... me asesinó..."
Mana me soltó y con la cara roja y mostrándose ligeramente avergonzada se apartó y se dirigió a la cortina, para abrirla por completo y revelar el paisaje. La luz me molestó un poco, pero no tardé en quedarme maravillado por la vista que la enorme ventana mostraba.
Aunque estaba lloviendo con fuerza, a tan sólo unos cuantos cientos de metros de distancia pude distinguir claramente un mar embravecido y toda una serie de riscos cubiertos completamente por una densa capa de nieve blanca. Me di cuenta de que lo que caí era aguanieve, y ésta no tardaría en comenzar a caer suavemente con la forma de grandes copos. En resumen, era una vista magnífica, tanto o más que la que pude ver cuando me refugié en la montaña, pero...
Era obvio que allá afuera hacía un frío infernal.
"Yo... yo también creí eso. Pude verlo todo desde la cueva. Ese ser perforó tu Unidad justo en el pecho y luego... se oyó una detonación tremenda. Todo el lugar se sacudió por la explosión. Creí que... habías muerto... pero tardé un momento en darme cuenta de que el Campo-AT con el que me protegiste antes de salir a pelear aún estaba a mi alrededor. Por lo que me quedé en mi lugar viendo qué pasaba. El ser se quedó un momento observando los restos y después... simplemente se fue... De eso hace ya una semana", concluyó.
Era cierto, recordé con detalle los últimos momentos de la pelea. La garra de fuego que atravesó mi pecho. Extrañadamente, no llevaba ninguna venda o nada por el estilo en esa parte del cuerpo. Sólo una cicatriz con una irregular forma esférica estaba ahí. ¿Cómo podía seguir vivo? Estaba seguro de que fue mi fin...
"Una vez que se marchó, contacté al resto de mi equipo de la expedición para que subiera a la cima y pudiéramos ver si aún estabas vivo. Realmente no tenía muchas esperanzas luego de ver lo que te hizo ese monstruo y de que la barrera a mi alrededor desapareciera, pero aún así... lo hicimos..." susurró.
Ya me parecía muy raro que ella sola hubiera escalado la montaña con semejante tormenta.
"El hombre que te golpeó... Souma Takamiya, fue quien te sacó de los restos de la cabina y te cargó hasta el VTOL en el que pudimos marcharnos. Aún no sabemos la razón por la que... sobreviviste y realmente dudo que la sepamos algún día. Souma y yo nos inclinamos a pensar que fue gracias a tu... condición sobrenatural, pero no estamos seguros de ello..." terminó, sin estar muy convencida.
Al escuchar sus palabras no pude evitar estar de acuerdo. Ante tal daño debí haber muerto... entonces... ¿Algo me protegió?. ¿El EVA tal vez? Después de todo, lo hizo cuando Tabriz atacó... Madre...
"¿Qué... cómo quedó el EVA...?" pregunté, sin querer saberlo realmente. Una corazonada ya me decía la respuesta fatal.
Mana bajó un poco la cabeza y la sacudió en señal de negación. Estaba más que claro lo que quería decir.
"Ya veo..." susurré... así que al fin, la máquina a la que estuve encadenado finalmente había sido destruida. No supe por qué, pero me sentí triste a pesar de todo lo que había pasado debido a ella... Después de todo... había sido casi una parte de mí.
Nos quedamos un rato así hasta que otra pregunta por fin se me ocurrió. "¿Dónde estamos?. ¿Qué es este lugar?" verdadera curiosidad asomándose en mi voz al mirar por la ventana otra vez y contemplar el paisaje blanco.
"Estamos en Wakkanai, un poblado en la parte norte de Hokkaido y que es una de las bases de desarrollo experimental de la Stahl", respondió Mana llanamente, lo cual no tuvo mucho sentido para mí.
Conocía la región y el nombre de la población. Si no me equivocaba, estaba en el extremo norte de la isla de Hokkaido, lo cual explicaba la vista del mar por la ventana y el intenso frío que se sentía, pero lo que mencionó sobre la Stahl...
No tenía ni idea de qué quería decir con eso.
Supongo que mi rostro lo expresó ya que Mana se apresuró a continuar con su explicación luego de aclararse la garganta. "Verás, la Stahl era una facción militar de la ONU encargada de desarrollar de manera secreta armas experimentales con la meta de ser utilizadas contra naciones agresoras que quisieran aprovechar el caos que siguió al Segundo Impacto. Así, en caso de que algún país quisiera expandir su territorio violando los tratados de la alianza mundial, la Stahl se encargaría de ponerlo en su lugar. Es por ello que esta organización tiene toda una serie de bases estratégicas dispersas alrededor del mundo, usando poblaciones remotas como ésta, donde debajo de la villa se encuentra su laboratorio de desarrollo y experimentación. Sin embargo, luego de lo que... provocaste hace tres años, la disolución de la ONU provocó que muchas de sus ramas se fragmentaran, dispersaran y terminaran por desaparecer. Eso estuvo a punto de suceder con la Stahl pero... cierto proyecto que se estuvo desarrollando evitó que eso sucediera", explicó. Me quedé ligeramente sorprendido, después de todo, nunca tuve conocimiento de nada de esto, a pesar de haber trabajado para la ONU bajo NERV con un cargo tan importante como era el de piloto de un EVA, jamás se me informó de nada de esto.
Mana continuó, "Yo fui transferida a esta base de la Stahl dos meses después de que dejé Tokyo-3 dadas mis... capacidades y conocimientos que adquirí en lo referente a lo bélico luego de lo del TRIDENT y debido al proyecto en el que se estaba trabajando en ese entonces y aún continúa. Así pues, podrías decir que éste es mi hogar. Riku Kimura es una de la dirigentes del desarrollo que se lleva a cabo debajo de Wakkanai", terminó, señalando con una mano la habitación de lo que parecía ser una especie de cabaña. A medida que mis sentidos se iban recuperando, me pareció escuchar el crepitar del fuego, probablemente de una chimenea en la sala de estar. Dirigente... vaya, parecía que con su nueva identidad había sido capaz de lograr llegar a un puesto muy importante.
Me quedé pensando, así que lo que me había dicho en la cueva del Monte Tsurugi resultó ser verdad. Me sentí de pronto muy agradecido hacia ella, después de todo, si seguía con vida era gracias a sus acciones y decisiones, ya que, de haberse marchado, seguramente habría muerto congelado en los restos de mi EVA a pesar de haber sobrevivido al ataque de Uriel y el estallido de mi máquina.
Pero ahora que lo pensaba, yo ya no le era útil para lo que me pidió ahí, después de todo, sin mi EVA...
"Te... agradezco lo que has hecho por mí pero..." comencé, captando la atención de la chica. Dándole las gracias a una persona, algo que no había hecho en tanto tiempo que a decir verdad no podía recordar la última vez que lo hice. "Pero... sin mi EVA, creo que ya no seré capaz de ayudarte como me lo pediste. Creo que es una lástima..." sentencié, con algo de tristeza verdadera en mi voz. Tristeza por no ser capaz de ayudarla y también porque esos idiotas de los Shitennō prácticamente iban a joder al mundo entero y si a mí, uno sólo de ellos me había hecho pedazos... bueno, la situación estaba más que clara. Una vez más, era un inútil. Mana había tenido razón, seguía siendo débil, un bueno para nada...
Una leve risita me trajo de vuelta a la realidad.
Giré la cabeza para ver a Mana riéndose, cubriendo su boca con una mano, casi como una colegiala luego de decir su primer broma sucia. Me extrañé ante su comportamiento, el cual me hizo alzar la voz un poco.
"¿Qué es tan gracioso? Esos cuatro Arcángeles representan el fin de nuestra existencia... no hay nada... que podamos hacer..." dije, molesto y con una leve nota de desesperación en la voz, bajando la vista al suelo.
"No recuerdo que fueras tan pesimista", dijo, haciéndome alzar la vista para mirarla a la cara de nuevo y comenzar a protestar.
"¿Pero de qué...?" me interrumpió al poner una mano sobre mi boca.
"Tranquilízate. No conoces los detalles pero pronto lo sabrás todo, sólo espera hasta mañana. Tengo mucho trabajo y papeleo qué hacer el día de hoy antes de poder explicarte nada. Hasta entonces... trata de recolectar toda la información que puedas sobre esos seres. ¿De acuerdo?", dijo mientras se alejaba a la puerta.
Me le quedé viendo ligeramente sorprendido. ¿Sabía ella que tenía los conocimientos de los tres Ángeles que consumí? Tal vez, tal vez no, no podía decirlo, pero teniendo en cuenta las circunstancias en las que estaba, débil, solo y aislado de todo, era presa fácil hasta que me recuperara por completo. Muy probablemente, nadie sabía que estaba aquí, y si no quería terminar siendo cazado, lo mejor sería cooperar con ella y con este lugar... Stahl, por lo que me limité a asentir levemente la cabeza.
Dándose por satisfecha ante mi aceptación a su pedido, salió por la puerta, pero oí su voz nuevamente desde la sala. "Ya que estás aquí... ¿Te importaría preparar la cena? Siempre me gustó tu cocinar", dijo con una risa y salió definitivamente.
Fruncí el ceño ante su petición, supongo que era un halago, pero no había tocado una sartén o estado en una cocina en años.
Aún así...
Por primera vez en mucho tiempo me permití una sonrisa de verdad.
Decían que lo que bien se aprende, nunca se olvida.
Estábamos comiendo el desayuno en un ambiente realmente bastante incómodo en el pequeño comedor de la vivienda de Mana, con un clima que había ido de mal en peor al caer pesadamente en silencio la nieve afuera.
El día anterior había sido capaz de levantarme después de otro rato luego de que Mana se marchara y, evocando mi tiempo en la vivienda Katsuragi, había puesto en práctica mis habilidades domésticas tan oxidadas.
Había recorrido toda la cabaña, limpiando el polvo acumulado de muebles, objetos y ventanas, incluso le saqué brillo al sanitario. El lugar no era especialmente grande, pero pude inferir (sin equivocarme) que Mana vivía sola. Había tenido especial cuidado de no salir a la calle ni dejarme ver por las ventanas al cerrar sus cortinas, todo con tal de no levantar ninguna sospecha. Quizás fuera una medida extrema, pero no quería acarrear más problemas de los que ya tenía encima y tampoco quería provocarle ninguna molestia a mi anfitriona, por lo que incluso no me atreví a encender ninguna lámpara o foco una vez que comenzó a oscurecer.
Pude atisbar por entre las cortinas que la vivienda estaba en una especie de villa, dado que había muchas otras casas casi idénticas, cubiertas en gran parte por la nieve, con sendos escapes de chimeneas saliendo de sus techos, seguramente idénticas a la que Mana tenía en su sala de estar.
La prueba de fuego había venido cuando tuve que preparar algo de comer. Llegué a pensar en años anteriores que podría haber llegado a ser un chef profesional, dado que cocinar era algo que disfrutaba en extremo hacer, pero todo eso había quedado atrás. Debido a eso, decidí no aventurarme con mis dotes culinarias por lo que una rápida inspección en la cocina me proporcionó unos ingredientes simples para dejar preparada la cena igualmente sencilla.
Me tomó algo de tiempo pero recordaba lo suficiente como para poder preparar un arroz blanco al vapor y algo de sashimi. Me sentí un poco... raro durante el proceso. Era la primera vez en bastante tiempo que hacía algo que no fuera provocar estragos. Casi pude sentirme... como una persona normal.
Me atreví a comer un poco de lo que preparé, sabiendo que no tenía necesidad de hacerlo al no haber comido nada desde ese día en que escapé de NERV, limitándome únicamente a beber agua. No quería arriesgarme a dañar mi sistema digestivo dado que no lo había usado en mucho tiempo, por lo que me serví una pequeña ración que comí lentamente.
El arroz... me supo a gloria, lo mismo que el pescado. En verdad había sido un cretino al no haber probado alimento en tanto tiempo...
Luego de eso, simplemente lavé los platos, dejé una nota en el comedor para Mana diciendo que la cena estaba servida y me retiré a uno de los dos dormitorios, donde me recosté y como en antaño, me quedé contemplando el techo hasta que me quedé dormido.
No oí a Mana llegar.
Cuando desperté, ya había amanecido y escuché el sonido de la ducha, por lo que levantándome, me dirigí de nueva cuenta a la cocina para preparar el desayuno. Decidí servir lo mismo que usé para la cena, solo que ahora preparé algo de sopa de miso para acompañar la comida.
Estaba terminando de servir el desayuno en la mesa cuando escuché que llamaban a la puerta. No supe qué hacer. Por una parte, estaba el dilema de que podría ser cualquier persona, la cual, indudablemente, se sorprendería mucho si a su llamado aparecía alguien inesperado, y por otra parte, estaba el hecho de que se suponía que nadie sabía que estaba aquí, así que me congelé en mi sitio, esperando que la persona se fuera pero no fue así. Volvió a llamar a la puerta con más insistencia que antes, por lo que me sentí muy aliviado cuando Mana salió apresurada, su cabello todavía húmedo y sin peinar pero ya vestida con una especie de uniforme de colores naranja y blanco, para abrir la puerta.
Con un débil "Pasa", Souma entró. Ambos nos quedamos viendo un momento lleno de tensión, en el cual Mana volteaba intermitentemente entre nosotros hasta que suspiró y regresó a su habitación a terminar de arreglarse.
Decidido a seguir su ejemplo, continué colocando la mesa, sirviendo una ración más para el invitado que acababa de llegar, pero no tardé mucho tiempo en hacerlo. El hombre mayor simplemente se sentó en una silla al igual que yo, mientras esperábamos a la anfitriona antes de probar nada.
Ni siquiera nos miramos o algo por el estilo, simplemente estábamos ahí, haciendo lo posible por ignorarnos, él mirando al techo y yo, cruzado de brazos y con los ojos cerrados.
Así estuvimos hasta que Mana regresó y tomó asiento, saludando con un entusiasta "¡Buenos días!" al que le respondimos algo desganados con un gruñido y comenzamos a comer en silencio.
Y así llevábamos ya poco más de cinco minutos, en los que lo único que se oía era el chocar de los palillos y el tintineo que daban cada vez que tocaban la porcelana de la que estaba hecha la vajilla.
La situación duró así hasta que Mana bebió casi toda su sopa de un trago y azotó el cuenco con fuerza en la mesa, sacudiéndola por completo y sobresaltando a ambos. Juraría que vi una diminuta fractura aparecer en la superficie blanca del cuenco "¡Podrían por favor dejar de comportarse como niños!" dijo, evidentemente enfadada por la situación.
Me sentí un poco molesto por su comentario, después de todo, este tipo había entrado como si nada, y aunque me hubiera salvado la vida (por alguna razón, me era incapaz de dudar de la palabra de Mana), tenías que andar muy escaso de inteligencia como para actuar como si nada con una persona que te golpeaba en la cara la primera vez que la veías.
"Era lo menos que podía hacer contra el sujeto por cuya culpa casi pierdo mi trabajo", había dicho. Aún estaba molesto, pero tenía que mantener mi autocontrol aunque no me agradara, por lo que aclarándome sonoramente la garganta y tratando de usar el tono de voz más... civil que pude encontrar, hice lo posible por actuar como alguien de acuerdo a mi edad.
"No me importaría entablar una conversación racional con... el señor Takamiya si pudiera darme las razones concretas para justificar nuestro... encuentro de ayer", dije, tratando de sonar lo más delicado y paciente posible, pero esa máscara de serenidad casi se quiebra en mil pedazos al oír su respuesta.
"Hmph, no te quieras pasar de listo, niño. No diré nada hasta que tú nos des unas cuantas explicaciones ¿Por qué razón crees que estoy aquí honrándolos con mi presencia?" dijo, con un aire en extremo arrogante y pomposo.
¡Ese idiota! Creo que la molestia que sentía ante un hombre tan fastidioso y con un carácter al parecer, imposible, hizo que me tragara la punta de uno de los palillos ya que cuando los retiré de mi boca, la madera húmeda y astillada por un mordisco era evidente en el de la derecha. Tal vez mastiqué el material junto con el arroz y me lo tragué sin darme cuenta. Oh, no podía esperar a romperle la cara en cuanto tuviera la oportunidad...
La mano de Mana sobre mi hombro me trajo de vuelta a la realidad. Mirándome directo a mi ojo sano dijo al presentir mi furia, "Por favor, Shinji. Cálmate. Él siempre es así. ¿Qué te parece si nos hablas sobre lo que te pedí que pensaras ayer?" preguntó, con un tono reconciliador.
Me le quedé viendo por un rato hasta que suspiré, coloqué mis palillos sobre la mesa y aparté mi plato rápidamente con el brazo para poder descansar los brazos sobre la mesa al recargarme en ella.
La historia no era muy larga pero sí perturbadora... si es que lo que Tabriz, Adán y Zeruel me decían era verdad. El que esto fuera incluso casi una leyenda... un mito para ellos... resultaba atemorizante. Inspirando profundamente, comencé a hablar.
"De acuerdo, pero... les advierto que lo que les voy a contar puede ser... algo escalofriante, pero supongo que tienen el derecho de saberlo... El ser que me atacó en el Monte Tsurugi y que destruyó al EVA-01 se trataba de un Arcángel, un ser divino creado por Él con un poder muy superior al resto de Sus sirvientes. Se sabe que los seres de esta clase se encuentran en una jerarquía muy superior a la de un Ángel común y corriente pero... no se trataba de cualquier Arcángel. Era un Shitennō, uno de los Cuatro Reyes Celestiales, los cuales fueron exiliados debido a sus ambiciones, las cuales llegaron a poner al mismo Paraíso en peligro debido a lo inimaginable de sus poderes. Hasta donde pude averiguar, ni siquiera los tres Ángeles que mi EVA absorbió los habían visto cara a cara, simplemente habían escuchado hablar de ellos, casi como si su misma mención fuera un tema prohibido para ellos y cualquiera de los habitantes del Paraíso", dije, sintiéndome casi como si estuviera contando una de esas historias de miedo alrededor de una fogata. Bien... sólo nos faltaban los malvaviscos...
"¿A qué te refieres con que pusieron al Cielo en peligro?. ¿Acaso... dirigieron una especie de guerra o algo así?" preguntó muy serio Souma, su aire de pomposidad habiéndose desvanecido. Di una leve sonrisa al tener en la palma de mi mano toda su atención. Continué.
"La leyenda cuenta que los Shitennō fueron creados por Él para ser Sus sirvientes más fieles, para vigilar Su reino guardando la paz y el orden de todo lo que Él creaba. Es por ello que cada uno fue envestido con un elemento específico, sobre el cual tenían un dominio completo, haciéndoles parecer casi... magos incluso para los mismos Ángeles. Ellos eran: Uriel, la 'Flama de Dios', dueño del Fuego Divino, el cual es capaz de generar un calor y una tibieza tan apacibles... y de quemarlo y consumirlo todo a su paso, dejando solamente la cenizas. Barakiel, el 'Relámpago de Dios', señor del rayo y los truenos, amo de las tormentas y los feroces vientos capaces de arrasar incluso con montañas enteras, pero también de provocar brisas delicadas cuya armonía apacigua el alma", había tenido la vista clavada en la mesa durante la explicación y alcé un momento la vista para ver a Mana y a Souma, aún mirándome en silencio esperando que continuara. Lo hice.
"El tercero de ellos es Azrael, el 'Ángel de la Muerte', guardián de las Leyes, regido por el lema de 'polvo eres y polvo serás'. Es por ello que se le confirió el dominio sobre la tierra, la cual puede tener la generosidad necesaria como para poder permitir a un árbol crecer o ser tan despiadada que no permita más que un páramo de roca desolada y muerta. Incluso es un elemento tan extraordinario que es capaz de generar materiales tan fuertes y resistentes como el metal o el diamante. Y el último y más grande de todos ellos... es Sammael, el 'Veneno de Dios'. De todas Sus creaciones, fue la más privilegiada y hermosa de todas, al serle conferida una fuerza y un poder según se dice, idénticos a los de Él. Debido a su delicadeza y tranquilidad, fue designado como el maestro de las aguas y los hielos, cuya abundancia es capaz de crear vida y su cólera puede quitarla igualmente en un instante. Sin embargo, como su nombre lo indica, su veneno tiene tal potencia que se dice que una sola gota de él era capaz de eliminar a cualquier Ángel. Es el poseedor de una letal ponzoña capaz de corroer cualquier cosa a la más mínima exposición. Sin duda alguna, el más temible de los Shitennō, y es por ello que era el líder de ese grupo. Cuatro señores elementales, encargados de cumplir Sus mandatos de manera directa e indiscutible. Durante eones fueron los encargados de salvaguardar el orden de las reglas que Él había impuesto, sin que nada ni nadie pudiera contradecirlos, ya que el hacerlo, significaba ir en contra de Dios y por lo tanto, representaba una ejecución en el acto", relaté, adentrándome cada vez más en lo que al parecer había sido un brillante comienzo para esos cuatro, al ser las creaciones favoritas de Él, antes de que continuaran en su turbulento y oscuro acontecer posterior.
"Espera un momento. ¿Qué acaso no es Sammael el nombre original de...?" comenzó Souma pero lo interrumpí secamente.
"De Satán. Sí. Así es. El que quiso ser igual a Él... y por ello, los Cuatro Reyes fueron castigados. El cómo se ganó ese nombre... en breve lo diré. En fin, esa armonía en la que los Shitennō vivieron duró mucho tiempo... hasta que llegó la nueva creación de Dios, el hombre. Él había pedido a todas Sus creaciones que lo sirvieran como lo hacían con Él, al estar hecho a Su imagen y semejanza. Todos aceptaron el mandato... a excepción de los Shitennō, quienes comenzaban a sentir que tras tanto tiempo de servirle directamente, eran merecedores de algo, de una recompensa, de un premio. Se rehusaron a cooperar del todo en un principio, al creer que eran merecedores de la joya más bella que Él había creado: la Tierra. Al no ser así, desaparecieron por un tiempo, marchándose cada quien por su lado y escondiéndose incluso de Dios, quien sin embargo, no quiso darle mucha importancia al asunto y no ordenó su búsqueda, lo cual resultó en un grave error. Luego de que Lilith abandonara por su propia cuenta el Paraíso, se dice que maquinó junto con Sammael al encontrarlo en una cueva más allá del mar rojo, el plan para provocar el pecado original de Adán y Eva al incitarlos a comer el fruto del conocimiento. Una vez que los expulsó del Edén, Sammael apareció a la entrada del lugar. Dios, sabiendo lo que había hecho, simplemente preguntó '¿Por qué?' ¿Cómo era posible que Su creación más fiel de todas hubiera sido capaz de traicionarlo así? Esperando una disculpa o remordimiento por parte del Arcángel, su cólera ardió como nunca cuando Sammael contestó llanamente '¿Por qué he de servirle al que está hecho del polvo cuando yo estoy hecho de la esencia?' Dichas palabras significaron la destitución inmediata de Sammael y la pérdida de Su gracia, por lo que se ordenó que fuera castigado", continué relatando la historia, incluso para mí, me parecía en extremo interesante, al final, lo que Kaworu me había dicho, "Tanta arrogancia será tu perdición", había sido cierto, y estos seres no fueron la excepción.
"Toda una legión de Ángeles fue enviada para acabar con el insolente que se había atrevido a desafiar al Señor, pero sus esfuerzos fueron en vano. El poder de Sammael era capaz de barrer a sus agresores como si fueran simples insectos para él. La situación empeoró aún más cuando en medio de la lucha, el resto de los Shitennō apareció en el campo de batalla, reclamando su derecho a quedarse con la Tierra en vista de todos sus servicios que habían proporcionado y prestando su ayuda al líder de su grupo. Fue una batalla terrible. Y con la que su temible renombre se dio a conocer. Muchos Ángeles murieron en esa batalla, pero lo que tanta fama le dio a esta historia, fue el hecho de que Sammael, a pesar de su poder, poco a poco fue siendo abrumado por la cantidad de enemigos que seguían llegando. Aún así, se encargó de eliminar él solo a 666 Ángeles con sus propias manos, bañándose en su sangre. Dios no pudo quedar impasible por más tiempo, y viendo lo temible que Sus creaciones se habían vuelto, los expulsó en contra de Sus propias reglas de no intervención. Según parece, fueron exiliados para siempre tanto de la Tierra como de los Cielos, enviando como castigo por su rebelión a los cuatro directo al Inframundo, habitado por Demonios y otros seres de pesadilla, los cuales eran productos y despojos del caos anterior a la creación de este plano donde habitamos. Ante su llegada, los cuatro estaban exhaustos, casi a punto de morir, eran presa fácil para sus nuevos agresores... pero los doblegaron, cometieron una masacre brutal en el mismísimo Infierno, donde Sammael, tras exterminar a su Demonio número 666, sus enemigos se dieron por vencidos e incluso lo coronaron rey del lugar, al aceptar de una vez por todas el poder y coraje superiores de los extraños. Una criatura hecha de luz y corrompida por las sombras, que se hizo Su igual al dominar el plano contrario como el señor indiscutible, cambiando su nombre como una ofensa más a su creador por el de Satán", finalicé el relato con un escalofrío. Un silencio sepulcral llenó el comedor, el cual se veía acompañado por la delicada caída de la nieve allá afuera.
"... Pero dices que se supone que no podían ser capaces de escapar de esa prisión a la que fueron enviados, el Infierno... si eso es verdad... ¿Cómo es posible que uno de ellos haya sido capaz de llegar hasta aquí?" preguntó Mana, visiblemente consternada.
"No lo sé. Pero por lo poco que pude oír en la pelea que tuve con Uriel, esos cuatro van a intentar hacer lo mismo que hicieron antes de ser expulsados. ¿No lo entienden? Su Impacto no será un viaje místico o de descubrimiento para los humanos, no renacerán de otra forma como se había previsto si los Ángeles lo lograban. No. Lo que ellos buscan es una masacre. Una vez que lleguen aquí, estoy casi seguro que se dedicarán a exterminar a los habitantes de este planeta. A limpiarlo de los seres humanos como si fueran una plaga. Esa es la idea de su Purificación", sentencié, con una nota amarga en la voz.
"¿Igual a como tú fuiste exterminando gente inocente?" preguntó despectivamente Souma. Le di una que habría sido capaz de matarlo ahí mismo.
"No digas estupideces. Si ellos en verdad se proponen a llevar a cabo sus deseos, la humanidad no durará mucho. Jamás tendremos una oportunidad", Souma enrojeció un poco su rostro, sin duda enojado, pero no me importó, la situación realmente era crítica si lo pensábamos bien. Uriel había llegado aquí... ¿Cuánto tiempo más teníamos antes de que atacara otra vez?. ¿Antes de que sus otros tres compañeros llegaran? "Lo que me preocupa fueron las palabras del Arcángel. Dijo que usarían a la Madre para abrir un portal mediante el cual traerían a sus hermanos y camaradas a este plano, para después, ir en contra de Él una vez más, a obtener su venganza. Si eso es verdad, me temo que su siguiente blanco principal ahora que el EVA-01 ya no existe será NERV y lo que guarda en sus entrañas. Lilith. Y dudo mucho que ese antiCampo-AT sobre la ciudad dure mucho una vez que los Shitennō logren llegar aquí. Tengo la impresión de que Uriel a pesar de su poder y posición, no es más que un peón para Sammael en todo este asunto. Y lo más grave de todo, es que él es el más débil de los cuatro..." terminé con un aire fatalista en la voz, pasando la mirada de una evidentemente asustada Mana a un reflexivo Souma.
Decidí terminar de asustarlos al contarles lo que ya era un hecho para mí, reí suavemente, el pesimismo emanando de mí en toda su expresión. "¿Quieren que les diga la verdad? Éste será el fin de la Tierra", sentencié. Afuera, una ráfaga de viento helado produjo un aullido que cerró con broche de oro todo lo que había contado. Quisiera o no, estábamos condenados...
"Yo no estaría tan seguro de eso", dijo Souma, con un tono de confianza excesiva en su gruesa voz. Alcé la mirada para contemplarlo muy extrañado, incluso levanté una ceja al ver a Mana con una sonrisa diminuta en su rostro, sus ojos como esmeraldas brillando de determinación.
"... ¿A qué te refieres?" dije. No podía haber ninguna esperanza.
Ninguna.
¿O sí?
Estábamos bajando por un gran elevador en las instalaciones secretas de la Stahl durante poco más ya de dos minutos enteros.
Luego de mi relato en la casa de Mana, Souma me había dado un traje de colores naranja y blanco muy similar al que llevaba puesto Mana, así como un par de lentes de contacto de color negro para esconder mis ojos. Una vez que me cambié, los acompañé a la salida dado que era evidente que querían mostrarme algo. Salir a la calle completamente cubierta de nieve hizo que empezara a temblar de frío, pero una vez que subimos a una camioneta de color negra que supuse era de Souma, el clima tan inhóspito dejó de ser un problema gracias a que tenía puesta la calefacción a toda potencia.
El tramo que recorrimos no fue muy largo, quizás poco más de media hora. Me desconcerté poco antes de llegar a nuestro destino que ya no íbamos sobre una carretera, sino sobre un campo cubierto de nieve. De no ser por la tracción 4x4 del vehículo, nos habríamos quedado atascados casi enseguida. Cuando estaba a punto de preguntarle a Souma a dónde rayos íbamos, éste había presionado un diminuto botón en uno de los costados del volante y una puerta gigantesca se había levantado casi en automático en donde hacía un momento antes sólo estaba la pared de roca sólida de una montaña.
La puerta había revelado un túnel largísimo que bajaba de manera casi imperceptible en diagonal. El recorrido por el nuevo lugar duró unos diez minutos más hasta llegar a una especie de punto de control, donde Souma simplemente mostró tres tarjetas al guardia y pasamos casi enseguida.
Tras un breve recorrido más, finalmente llegamos a una especie de estacionamiento gigantesco de una sola planta, donde muchos otros vehículos ya estaban colocados ocupando algunos espacios. Bajamos y continuamos caminando en silencio hacia una compuerta de acero ubicada en un extremo del lugar, todos sin decir una sola palabra.
Souma pasó por una especie de lector lo que me supuse era una Tarjeta ID. Se oyó un leve zumbido y la pequeña lucecita roja del aparato cambió a una de color verde. Se oyó un mecanismo activarse y la puerta se abrió, deslizándose hacia arriba rápidamente.
Pasamos también por el camino que se nos había abierto para llegar ahora a un pasillo recubierto en su totalidad de lo que parecía ser acero. Paredes, piso, techo, todo brillaba con el tono grisáceo del material, el cual se veía incrementado por las potentes lámparas colocadas cada tres pasos sobre nuestras cabezas.
Siguiendo a Souma, doblamos a la derecha en la primera intersección, luego tres veces más hacia la izquierda y una vez más a la derecha por los pasillos que la verdad, se veían prácticamente iguales. El eco de nuestros pasos resonando fuertemente, tanto, que agucé el oído cuando me pareció escuchar caminar a una cuarta persona más adelante de nosotros.
Y no me equivoqué, al girar en la última esquina, nos topamos con un sujeto ligeramente calvo, pero que en el resto del cuerpo (o lo que se alcanzaba a asomar de sus ropas, brazos y parte de su cuello), tenía tanto vello que parecía un oso. Era incluso un poco más alto que Souma. Parecía tener la cara demacrada, pero si esa era su expresión natural, en definitiva sus rasgos no le hacían muchos favores si te le quedabas viendo. No parecía un trabajador o científico, dado que portaba un traje de aspecto militar de color verde oscuro, diversas insignias decorando su pecho y rematado por gruesas y pesadas botas negras. Un aura de... autoridad podía sentirse emanar de él.
Todos nos detuvimos cuando quedamos frente a frente.
"Jefe..." dijo Souma, haciendo una breve reverencia ante él, inclinándose un poco.
Mana me dio discretamente un pisotón con fuerza en un pie a la vez que ella hacía lo mismo, diciéndome que les siguiera la rutina. Apenas y pude no dar un gemido de dolor por la parte de mi cuerpo agredida mientras hacía una pequeña reverencia.
El tipo pasó la mirada luego a Mana y un instante después, clavó sus ojos azul claro, como dos trozos de hielo, sobre mí.
Comencé a sentirme ligeramente nervioso, sobre todo por la intensidad de su mirada, pero si había aprendido algo en NERV era que a un oficial superior debías mantenerle fija la vista si se te quedaba viendo, no sólo era una señal de respeto de su autoridad, sino también de tu propia autosuficiencia.
"¿Éste es... el nuevo?" dijo el hombre calvo, inclinando ligeramente la cabeza para observarme un poco más y luego dirigió su vista a Mana, quien respondió.
"Sí, señor. Es Tetsuya Asakura, la última transferencia de la base en Australia. Debido al temporal, su llegada se retrasó una semana después de lo previsto", explicó con tanta firmeza que cualquiera podría haberse tragado sus palabras. "Dado que acaba de llegar, lo estamos acompañando en un breve recorrido de las instalaciones para mostrárselas junto con su puesto de trabajo", finalizó, muy convincente.
El sujeto se me quedó viendo un poco más, hasta que al parecer se dio por satisfecho y se alejó lentamente de nosotros. "Está bien, pero no tarden demasiado, recuerden que su prioridad como las cabecillas del proyecto no es guiar a un mocoso, sino asegurarse de que su trabajo esté listo lo antes posible. Espero resultados muy pronto, creo que ya conocen la situación lo suficiente como para permitirnos más retrasos", y con eso, se fue.
¿Mocoso? Apreté con fuerza los puños hasta que mis nudillos se tornaron blancos.
"Imbécil presumido..." murmuró Souma con enojo mientras comenzaba a caminar otra vez hacia lo que parecía ser un elevador enorme. Apretó un botón y esperó a que llegara al lugar donde nos encontrábamos para subir en él.
"¿Quién era ese?" pregunté, al parecer, era el jefe de este lugar, pero aún así, prefería saber un poco más de información.
"Su nombre es Gatou Sumeragi. Jefe de esta instalación de la Stahl y por lo tanto, de nosotros. Dado que la ONU desapareció, aquellos con el rango más alto de las pocas facciones que sobrevivieron se convirtieron en los dirigentes de las mismas. No es algo que le agradara a muchos, pero fue gracias a ellos que todo esto no se perdió. Toda esta semana estuvo llegando un grupo de transferencias de la base australiana, así que simplemente agregamos a la base de datos un extra de más para justificar tu estancia aquí y usar el tiempo tan malo para justificar tu llegada tardía. Trata de disimular. ¿Quieres? Ahora eres un empleado de Stahl y si ese hombre se llega a dar cuenta de quién eres en realidad, ten por seguro que como estás ahora, terminarás siendo ejecutado", explicó Mana, como si no tuvieran mucha importancia, refiriéndose claramente a que aún me estaba recuperando. "Sin mencionar que a nosotros también", terminó.
El elevador finalmente llegó y subimos en él, mientras le hice una última pregunta a la chica, con verdadera curiosidad en la voz. "¿Tetsuya Asakura?"
"Era el nombre de un viejo amigo", dijo Mana, encogiéndose de hombros y dando una risita. Souma mientras tanto, apretó un botón y el elevador comenzó a bajar rápidamente. Nadie ya dijo nada, al parecer, la razón por la que me habían llevado aquí se revelaría una vez que este trayecto terminara, por lo que decidí esperar un poco más.
Continuamos bajando por casi más de tres minutos enteros hasta que con un leve pitido, se nos indicó que finamente habíamos llegado.
Las puertas del elevador se abrieron para revelar un cuarto gigantesco en cuya parte superior (a donde habíamos llegado) corría una especie de pasarela delimitada por un barandal grueso y cilíndrico en cuya superficie el número '47' estaba pintado varias veces. Mana y Souma salieron primero y se pusieron a contemplar algo allá abajo mientras se recargaban contra la estructura de seguridad, por lo que decidido a averiguar de una vez por todas qué era tan importante, también salí caminando apresuradamente, a punto de preguntarles el por qué de tantos secretos, pero mi vista involuntariamente captó lo que se hallaba allá abajo.
Me congelé por completo y dejé escapar un jadeo.
Ahí abajo, de pie y rodeado por una maraña de cables que salían de él y estaban conectados al piso y al techo y por personas con el mismo uniforme que Mana y yo traíamos, había lo que sin duda alguna era un robot con forma humanoide.
¿Un EVA? No... esto era otra cosa.
Tenía unas dimensiones mucho más pequeñas, no estaba muy seguro de la medida exacta, quizás unos veinte metros de altura, pero era de apenas de la mitad de tamaño de un EVA. La otra diferencia radicaba en que era mucho más proporcionado, el torso no era como el casi raquítico de los EVAS, sino bastante más ancho.
Lo más característico del robot era la cabeza tan llamativa.
Tenía un cierto parecido vagamente familiar y remoto con el casco de un samurái. De su frente, un par de antenas con forma de "V" de color amarillo se extendían encima de unos brillantísimos ojos de color verde que de momento, no refulgían del todo dado que seguramente la máquina estaba apagada. Una barbilla de color rojo no muy pronunciada remataba la parte inferior de la cabeza de la máquina.
Su color, al igual que en el resto de la armadura, era de un azul tan profundo que tiraba a negro, aunque contaba con ligeros toques amarillos, blancos y rojos en las hombreras, pecho, piernas y brazos, resultando en una combinación que resultaba muy llamativa para la vista.
Al igual que la cabeza, la estructura del robot tenía ese aire que evocaba la usanza de las armaduras de los samuráis de antaño, inducido principalmente sobre todo por lo que era el cinto, al contar con una especie de falda de placas que se extendían cubriendo la cintura de una forma flexible. De su espalda, dos alas del mismo color casi negro surgían, de aspecto puntiagudo y afilado, a la semejanza de un halcón o un ave de caza. Al mirar con mayor detenimiento, pude darme cuenta que lo que parecían ser dos ó tres extensiones plegables surgían de la parte inferior de las alas, las cuales probablemente se extendían si es que esa cosa era capaz de volar.
La voz soñadora de Souma me sacó de la estupefacción total.
"Contempla... al ZXM-005... El Mirai..." dijo, casi en un susurro con un tono tan sensual que daría la impresión de que estaba hablando de una mujer muy hermosa.
¿El Mirai?. ¿Así se llamaba el robot? 'Futuro' quería decir. No me importaba demasiado el nombre, pero el hecho de que algo así estuviera siendo construido... ¿De verdad Mana y Souma esperaban que esta chatarra se enfrentara a los Arcángeles? De ser así, el Mirai no iba a tener un futuro muy alentador...
"Sé lo que piensas chico, pero esta preciosidad... el trabajo de toda mi vida aún no está terminado. Lleva un progreso de alrededor del 80 por ciento, pero una vez que esté completo... ni siquiera tu EVA-01 sería capaz de comparársele", dijo, con un tono de voz muy emocionado. Alcé una ceja de suspicacia mientras me volvía hacia Mana.
"¿Qué se supone que es eso?. ¿Es esto lo que tu organización se ha dedicado a construir? Pensé que lo único en lo que la milicia invertía era en la fabricación de más EVAS", dije, recordando los que habían querido construir en Europa y que destruí.
"Eso es un mobile suit desarrollado para el combate. En cierta forma, su construcción y creación se debe en gran parte a los EVAS. Creo que Souma puede explicártelo mejor, dado que él... es su creador", explicó Mana, sin despegar la vista del Mirai, el cual estaba siendo revisado una y otra vez por los grupos de técnicos allá abajo. Me sorprendí un poco con lo que dijo, quizás eso explicaba la actitud tan presumida y arrogante de Souma, por lo que guardé silencio para dejarle comenzar su explicación.
"Luego del Segundo Impacto, como bien sabes, conflictos y guerras internas entre muchos países se llevaron a cabo. Y como en cada conflicto de ese tipo, el desarrollo tecnológico para fines bélicos creció de manera acelerada. Un ejemplo de ello son las minas N2, desarrolladas durante ese tiempo, de no haber habido guerra, es muy probable que esas armas ni siquiera existieran hoy en día. Es triste pero también una realidad, es durante tiempos de guerra en el que el desarrollo, el progreso, es posible. Tú mismo deberías saberlo mejor que nadie, Shinji. Los EVAS series... ese domo y el EVA-05 mejorado que NERV presentó cuando los atacaste..." dijo Souma, sus ojos perdidos en los recuerdos. Pero lo que decía era verdad, durante conflictos de gravedad, la tecnología avanzaba, los héroes eran reconocidos... después de todo, así era la humanidad.
"En fin, se logró el acuerdo de paz de la ONU a nivel mundial tras muchos intentos y fracasos, manteniendo bases de la Stahl como esta en funcionamiento en caso de que alguna nación quisiera pasarse de lista. Las armas convencionales y su fabricación eran el pan de cada día en estas instalaciones, pero proyectos nuevos también fueron diseñándose, considerándose. Hace ya más de diez años que yo era un tonto idealista, que fue contratado por la ONU y asignado a esta división debido a mi fascinación por todo lo mecánico. Me encantaba crear cosas, pero el fin que les daban me parecía horroroso. Sólo eran para traer muerte y destrucción, mientras que la belleza mecánica quedaba relegada, sin ser tomada en cuenta. Poco a poco me fui endureciendo al saber el fin que tenían, sin importar qué tanto esmero en la perfección quisiera darles, siempre era lo mismo", Souma estaba hablando con un tono de voz amargado, lleno de rencor. Al parecer, el que sus sueños y expectativas tan ingenuas hubieran sido aplastadas por la cruda realidad lo habían endurecido.
Sonreí un poco, después de todo, eso mismo me había pasado a mí.
Continuó hablando, "Llegó un día en el que me pidieron diseñar algo supremo, mortífero y efectivo, más allá de todo lo jamás antes visto. Y lo hice, tras meses de trabajo creé una obra maestra. El mobile suit. Sólo imagina en una máquina la movilidad de un caza aéreo y la fortaleza y resistencia de un tanque, pero todo con una precisión milimétrica al momento de atacar. Una combinación perfecta, que complementaba las debilidades de ambos artefactos sin presentar ninguna desventaja", ahora hablaba como un niño que tenía para él solo toda una juguetería repleta. Era evidente que había disfrutado mucho en la fabricación de esta cosa. "Creí que había llegado a la cima, pero mi proyecto, a pesar de despertar el interés de muchos de los directivos, no fue realizado. No, todo debido a que todos los recursos estaban siendo destinados a esos EVAS tan defectuosos, tan patéticos, tan... erráticos. Sin embargo, por fortuna, eso no duró mucho. La ONU se dio cuenta de lo poco confiables que esas máquinas eran, por lo que una pequeña fracción del presupuesto fue asignada para comenzar a desarrollar mi proyecto, sobre todo después del fracaso que tuvieron el Jet Alone y el TRIDENT. Con gusto acepté el proyecto, pero mi visión estaba más allá de la de todos. El gran problema al construir mis diseños radicaba en que no había un material lo suficientemente resistente para lo que tenía en mente. Acero... titanio... cerámica... nada de eso funcionaba, hasta que tras meses de búsqueda, encontré algo perfecto. El Orihalcon", dijo, con excitación.
Alcé una ceja en señal de interrogación, que yo supiera, se suponía que era un metal mítico, inexistente, pero del que se decían maravillas... Guardé silencio para seguir escuchando.
"Al principio yo tampoco lo creía, pero era verdad. En las laderas del cráter provocado por el meteoro que ocasionó el Primer Impacto, este material yacía en cantidades abundantes. Increíblemente ligero, resistente y maleable, mucho más que el titanio. Con una resistencia molecular superior a la de un diamante. Parecía un sueño. Y como tal, lo utilicé para la creación de mi obra maestra. Usamos ese material para la fabricación de los prototipos. El robot enteramente está hecho de ese material y ahora que lo menciono, éste es el quinto de ellos", explicó, con la voz algo... decepcionada.
"¿Qué sucedió con los cuatro anteriores?" pregunté.
Souma dio un gruñido antes de seguir, "La construcción comenzó en diferentes bases de la Stahl dispersas por el mundo allá a mediados del 2015. A pesar de utilizar el Orihalcon como base para la construcción, el problema radicaba en la fuente de energía. Las bases en Latinoamérica habían llegado a la conclusión de que ante tamaño robot, el uso de combustible estaba fuera de lugar. El uso de baterías era algo más creíble, pero optaron tontamente por la energía nuclear. Un completo fracaso. Los dos primeros prototipos dejaban escapar la radiación del reactor por todas partes. Si alguien los hubiera piloteado, habría quedado frito en la cabina al instante por el escape de las moléculas. Incluso los prototipos se contaminaron a tal grado que tuvieron que ser destruidos. El tercero tuvo menos suerte, habían solucionado el problema de la contaminación tanto para el piloto como para el resto de la máquina, sólo restaba probarlo. La detonación barrió por completo la instalación en Siberia, podrías decir que fue un segundo Chernobyl. Nada bonito. Pero al menos sirvió para que se dieran cuenta de que la energía nuclear estaba fuera de lugar para usarse en estas máquinas", explicó Souma, sonando muy seguro de sí mismo.
"Después ocurrió lo del 26 de Mayo del 2016, el proyecto se reavivó, en parte a la señorita Kimura aquí presente, la encargada técnica del desarrollo del armamento de estos prototipos y también por ti. Nos diste la excusa perfecta para terminar la construcción satisfactoria", dijo, dando una leve risa ahogada al referirse a mí. Eso explicaba el por qué me había golpeado en la cara cuando nos vimos la primera vez. Pero me extrañó lo de Mana, pero ahora que lo pensaba, ya me había dicho algo similar, seguramente gracias a todo por lo que pasó con el TRIDENT...
"Literalmente nos pidieron que el mobile suit fuera capaz de eliminarte luego de que la ONU fuera disuelta. Había pensado que por tu culpa, el sueño de toda mi vida, de crear la verdadera cúspide de la tecnología humana había muerto. Pero no fue así, al contrario, nos exigieron al máximo. Crear algo que fuera capaz de matarte. Ese era el objetivo, aniquilarte antes de que tú lo hicieras con nosotros. Por lo tanto, tenía que ser una máquina soberbia, y lo era. En una base sudafricana, el cuarto prototipo estaba listo. Y esta vez, la fuente de energía era diferente. Era una situación desesperada y requeríamos de medidas desesperadas, por lo que hicimos algo muy aventurado de nuestra parte, usando los datos recolectados del Doceavo Ángel, ya sabes, esa especie de sombra que devoraba todo a su paso", dijo, tratando de hacerme recordar pero no era necesario. Leliel, lo recordaba muy bien...
"En fin... un vistazo más aventurado nos reveló que la composición física del Ángel era la de un agujero negro en miniatura. Como se sabe, un agujero negro tiene una fuerza de atracción infinita, por lo que si de alguna manera, podíamos revertir la polaridad y flujo, en vez de absorberlo todo, el agujero expulsaría energía de forma infinita. Por ello, se comenzó el trabajo para desarrollar un agujero negro en miniatura que pudiera ser controlado. Eran tiempos de crisis y en sólo dos años, habíamos tenido éxito... o eso creímos. Al encender la máquina, todo pareció estable, hasta que por alguna razón, el agujero revirtió por su cuenta el flujo y la polaridad. Fue un desastre, la base entera desapareció, como si jamás hubiera existido, junto con todo en un radio de más de diez kilómetros. Sólo quedó un cráter enorme, en el cual más bien daba la impresión de que alguien hubiera pasado un borrador y todo ahí hubiera sido eliminado, como si jamás hubiera existido", dijo, disgusto en la voz al recordar el hecho.
Vaya, un fracaso tras otro con lo denominados mobile suits. Cada vez le tenía menos confianza al robot que estaba allá abajo...
"Aún así... no podíamos rendirnos. Continuamos el desarrollo del sistema del agujero negro para saber qué había ido mal y mientras tanto, construimos este otro prototipo, el Mirai, el primero al que se le dio un nombre. Es idéntico en todos sus aspectos a su predecesor, incluida la fuente de poder. La diferencia radica en que ya tiene casi todo el armamento acoplado. Como te dije, está a un 20 por ciento de ser terminado, en dos o ó tres meses debería de estar listo..." lo interrumpí.
"¿Para activarlo y que se trague todo en kilómetros a la redonda? Sí, claro..." dije despectivamente. Si esto era lo que me querían mostrar luego de semejante lista de fracasos...
"No gracias a esto", dijo y de un bolsillo interior de su chaqueta, extrajo una diminuta esfera de color rojo, no más grande que una pelota de golf. Emitía una intermitente luz blanca muy intensa cada pocos segundos, pero la reconocí al instante...
"¡Eso es...!" no pude terminar.
"Sí, el motor S2 de tu EVA. Cuando te hallamos casi muerto en el Monte Tsurugi, me tomé la molestia de humear un poco por el lugar al ver destruido el núcleo. No sé qué rayos te golpeó, pero el corazón de tu máquina de alguna forma se salvó", dijo, extrañado, aunque la sonrisa de triunfo al tener el objeto entre sus manos lo ocultó por completo.
Yo me quedé igual, si el objeto donde estaba alojado el corazón y alma del EVA había sobrevivido a las garras de Uriel... ¿Era esa la razón por la que yo también sobreviví? Después de todo, tras consumir a Tabriz y a Adán, mi vínculo con el EVA se había fortalecido mucho, a veces al grado de pensar que lo que le pasara a la máquina, me ocurría a mí... pero si su corazón no había sido destruido... eso explicaría el milagro...
"Pero lo más importante es lo que tiene adentro. Esta pequeña esfera tras un análisis exhaustivo que le hice, reveló que también tiene un poder ilimitado al contener en su interior la esencia de tres Ángeles. Es pura luz, el opuesto total al agujero negro del Mirai. Lo asombroso es que... si insertamos esto en la fuente de poder, el equilibrio será perfecto. Las simulaciones y probabilidades estipulan un 66 por ciento de éxito de que no suceda un... 'desvanecimiento' como con el anterior prototipo. No aseguro nada, pero... serías el piloto, ya que sólo tú eres capaz de controlar esta preciosidad", dijo, pasando la esfera roja por entre sus dedos delicadamente.
Me quedé de piedra. ¿Yo?. ¿El piloto de esa cosa? Con la destrucción del EVA-01 había creído que mis días de subir a un robot gigante habían terminado pero...
"Es tu decisión, Shinji. Sabes mejor que nadie de lo que pueden ser capaces los Shitennō una vez que lleguen todos aquí. Sólo es cuestión de tiempo antes de que ataquen... y nosotros solos no tenemos la fuerza para enfrentarlos", dijo Mana suavemente, posando una de sus delicadas manos sobre mi hombro.
"Es tu elección chico, puedes quedarte sin hacer nada y permitir que esos monstruos acaben con todo. O puedes levantarte una vez más, tomar una nueva espada, y que a pesar de tenerlo todo en contra, será la esperanza más remota que tendremos para salir de esta. Pero al menos tendremos una oportunidad y no ninguna", dijo tranquilamente Souma, colocando el brillante motor S2 enfrente de mí.
Casi sin darme cuenta tomé la mano de Mana en mi hombro, apretándola levemente mientras mi mente daba vueltas. ¿Yo?. ¿Volver a pelear por la gente de este mundo?. ¿Después de todos los crímenes que había hecho?. ¿Tenía el derecho de convertirme en su esperanza? No estaba seguro...
"Yo... he hecho cosas imperdonables... maté a tanta gente. ¿Qué derecho puedo tener para volver a pelear para defender el mundo que con tanto empeño quise destruir? Ni siquiera sé si... tengo un razón para protegerlo", susurré, mirando el suelo y recordando mis días de piloto de NERV. Mis razones para subir a la máquina jamás fueron concretas, siempre eran por las de otras personas, ahora quería tomar una decisión propia, pero al recordar mi fracaso en proteger a la gente que me importaba...
"No niego que hayas cometido muchos errores, quizás muy graves. Pero... todos los cometemos. ¿Acaso Él no lo hizo en la historia que nos contaste? Pero a pesar de ello todavía no te crees digno de pelear¿Verdad?" preguntó Mana delicadamente. Asentí.
"¿Crees en la redención?" preguntó secamente.
"¿Eh?"
"Redención, la noción de que la gente puede reparar los errores del pasado".
Me quedé en silencio, sin saber qué decir. Mana continuó.
"No podemos saberlo pero... creo que a lo largo del arduo camino, tal vez puedas encontrar la respuesta para pagar por esos crímenes que hayas cometido. Hallar una manera en la que puedas redimir tu alma torturada", apretó con fuerza mi mano. "Sé que no será fácil, que tal vez sufras mucho, pero... quiero que sepas que yo estaré a tu lado, para darte mi apoyo, siempre. Tal vez no sea mucho pero creo que... lo que sea, podemos afrontarlo juntos", dijo tiernamente.
"Tú decides. Puedes tener una vez más el poder. El poder para defender la Tierra en tus manos. Todo lo que necesitas es una razón para pelear" dijo llanamente Souma, en espera de una respuesta mía.
Pelear una vez más. Apreté con fuerza mi puño derecho. Por una causa verdadera. Todo lo que me faltaba era una razón...
Los delicados dedos de Mana se entrelazaron con los míos, giré un poco la cabeza para mirar sus brillantes ojos verdes.
Y lo supe.
Tenía una razón.
Y era más que suficiente.
No fallaría esta vez. No ahora. No sabiendo que volver a pilotear sólo sería el comienzo de toda una jornada para pagar los pecados que cometí por mi inmadurez, por mi inexperiencia. Me enfrentaría de nuevo cara a cara con la muerte, quizás con cosas peores pero... como un hombre, estaba dispuesto a hacerlo. Para hallar mi propia verdad.
"No seré capaz de pilotear el Mirai...", dije, dirigiéndome a Souma, el cual frunció el ceño en decepción pero continué mordazmente, "a menos claro, que sus creadores me muestren cómo hacerlo correctamente y a la perfección", dije, con una sonrisa sarcástica en la cara.
Una gran sonrisa, mucho más grande que la mía, se plantó en el rostro de Souma, lo mismo que en el de Mana.
En ese momento, no supe bien por qué.
Pero parecía que las cosas... que mi vida volvía a tener sentido.
Desperté sin saber muy bien por qué, probablemente por el intenso frío que se sentía en la habitación. Había sido una lástima, dado que por primera vez en mucho tiempo era capaz de dormir sin preocupaciones, sin pesadillas que perturbaran mi descanso.
Mana aún estaba acurrucada a mi lado... pegada lo más posible a mí en busca de calor. Sonreí un poco al notar el rastro de saliva que escapaba por la comisura de su boca.
Usando un dedo de mi mano, la limpié y ella respondió dando un gemido irreconocible y acomodándose un poco.
Ya habían pasado tres semanas desde que vi al Mirai.
Y desde que comencé a 'trabajar' en la Stahl.
Se suponía que mi rol era el de uno los técnicos encargados del mantenimiento del robot y de estar calibrando sus piezas continuamente. Aunque la verdad no tenía ni idea de cómo hacerlo en un principio, Mana y Souma me habían convencido de seguir el juego de manera que pudiera irme familiarizando cada vez más con la máquina. Algo que no había hecho con el EVA-01, pero dado que mi nueva unidad era enteramente mecánica, el mantenimiento iba a ser el pan de cada día en cuanto me convirtiera oficialmente en su piloto.
Había sido un horror. Dado que esos dos eran mis 'superiores', tenía que seguirles la corriente en todo momento, ante una inmisericorde Mana y el 'ogro' de Takamiya, como el resto del equipo técnico lo conocía.
En verdad Mana era una mujer muy capaz, y en extremo exigente. Había tenido que soportar ser arrastrado de aquí para allá según sus exigencias, ya fuera desde transportar piezas y refacciones, hasta hacer que me ensuciara en grasa hasta los codos al hacerme meter en las partes más recónditas de la máquina para colocar y poner piezas faltantes. Muchos de los sujetos que trabajaban conmigo se me quedaban viendo raro, no por el trato que recibía en el trabajo (la mayoría de ellos hacían casi lo mismo), sino porque a la hora del almuerzo, yo insistía en sentarme a comer (la pésima comida de la cafetería) solo. Pero Mana dejaba atrás su actitud de jefe y se sentaba en la misma mesa que yo como si nada, entablando conversación aunque fuera a la fuerza con alguien de un carácter tan antisocial como el mío. Eso era lo que les extrañaba, ya que según ellos, la señorita Kimura jamás había tenido intención de inmiscuirse con nadie a pesar del tiempo que tenía de trabajar aquí.
Eso era la rutina matutina, al llegar el cambio de turno nocturno en el que había menos gente, Souma llegaba y nos llevaba a su oficina, donde tenía colocado una especie de simulador de lo que aseguraba, era la fiel reproducción de la cabina del Mirai.
Una vez ahí, me daba explicaciones técnicas pero que resultaban muy interesantes sobre el robot, como el que por su mismo diseño y material con el que estaba hecho, era capaz de alcanzar velocidades de Mach 9 ó 10 sin ningún problema. Eso claro, sería una vez que estuviera terminado.
Tras la sesión de información teórica, Souma hacía que subiera al simulador, el cual, para ser sinceros, me recordó mucho a los simuladores de vuelo comunes y corrientes en los que había jugado en los centros de entretenimiento de Tokyo-3 cuando a veces iba con Touji y Kensuke o sólo con Asuka, para que, según ella, 'me enseñara la manera de pilotear correctamente', eso claro, si en esa definición el estrellarse a toda velocidad en la pista de aterrizaje al no saber tomar tierra era parte de la perfección.
La cabina era relativamente simple, aunque bastante más elaborada que la de un EVA. A ambos lados del asiento había un par de palancas móviles, las cuales por la manera en que estaban colocadas, me permitían que las moviera a mi antojo por toda la cabina en lugar de que estuvieran fijas en una sola posición. El monitor que me proporcionaba la visión estaba dividido en tres pantallas, una enfrente de mí y dos a cada lado, seguramente su distribución se refería a lo que las cámaras del mobile suit captaban. Debajo de las pantallas, había una serie de controles y teclados compuestos por una gran cantidad de botones y luces brillantes, lo cual me había parecido muy complejo, en definitiva, dominar a mi nueva unidad iba a ser muy difícil...
O eso había creído, ya que Souma se entretuvo un buen rato al verme completamente perdido y no ser capaz de poder dar más que tres pasos en el simulador antes de caer de bruces. Genial. Moviéndome así creí que tendría más posibilidades si salía a enfrentar al enemigo sin ayuda de nada. Durante esa primera sesión había estado a punto de desistir hasta que Souma activó un comando al pasar sus dedos rápidamente por los teclados y en las pantallas, brilló con letras verdes la leyenda 'Sistema de Enlace Directo Motriz y Psíquico Activado'.
Súbitamente, moverme en la simulación se había hecho mucho más fácil. De manera casi instintiva, si acaso, el único problema radicaba en acelerar y frenar al momento de activar los propulsores, lo cual era controlado por unos pedales muy similares a los de un auto común y corriente, uno era para acelerar y el otro para frenar. Por las explicaciones que Souma me había dado, en cierta manera el sistema del mobile suit usaba un principio muy básico pero similar al de la sincronización entre el piloto y un EVA, ya que la cabina captaba los pensamientos ligados directamente como su nombre indicaba, al movimiento. Es decir, si pensaba en alzar un brazo, la máquina lo hacía. Todo con la gran ventaja de que por mucho daño que recibiera la unidad, yo no sentiría molestia alguna, una sublime diferencia a comparación de la espada de doble filo que era un EVA.
Las palancas de control simplemente eran la otra mitad del sistema, dado que siendo libres de moverse por toda la cabina, al hacerlo, la máquina también imitaba mis movimientos a la perfección. En resumen, la clave para lograr el máximo desempeño era que el robot imitara los movimientos que su piloto pensara e hiciera en perfecta armonía, para de esa manera, ser capaz de realizar cualquier tipo de maniobra sin ninguna restricción.
Me había costado al principio un poco de trabajo coordinar la parte física con la mental, dado que en mi EVA simplemente me limitaba a pensar, pero ya era capaz de hacer grandes avances. Souma me había estado comentando que de seguir a ese ritmo, no tardaría en pilotear su unidad a la perfección.
Mana por su parte, me hablaba del armamento con el que contaba, formidable para ataques a distancia, aunque su arma principal radicaba en dos sables de energía que según ella, tenían una peculiaridad una vez que se combinaran, dado que el Mirai había sido diseñado enteramente para ser usado en batallas cuerpo a cuerpo, asegurando que a pesar de su tamaño relativamente pequeño, su efectividad en combate era devastadora. Aún no habían cargado esa función en el sistema del simulador, pero no tuve mucho problema con el resto del armamento. Si era igual que en estas pruebas, en la vida real sería capaz de atacar y defenderme satisfactoriamente.
Así había sido mi vida durante casi dos semanas enteras, yendo a las instalaciones, 'trabajando' cerca del Mirai y conociéndolo, practicando su uso en los simuladores, para después regresar a... casa junto con Mana.
Pensé que se volvería una rutina hasta aquella noche en la que hubo un cambio bastante drástico en la rutina.
No sé qué había pasado, habíamos regresado de las instalaciones subterráneas ya muy entrada la noche y Mana me había pedido que cocinara algo para cenar mientras ella tomaba un baño. Había accedido con un breve "Sí", y una vez que desapareció por el pasillo y escuché la regadera, me había dirigido a la cocina, reflexionando sobre su persona. Ella me había salvado la vida, y no sólo eso, me había acogido en lo que podría decirse era su hogar y me estaba dando una segunda oportunidad para poder responder por los errores de mi pasado.
No estoy muy seguro, quizás una parte de mí sabía lo que pasaría esa noche y quise ignorarla, pero no lo sé.
Jamás la oí venir, estaba terminando de preparar la cena cuando la sentí rodearme el cuello con sus delicados brazos, aún húmedos. A mi espalda sentí dos... cosas suaves protegidas únicamente por una toalla pegarse a mí. Me congelé cuando ella empezó a mordisquearme el lóbulo de una oreja y luego a repasar mi cuello con sus labios. Mucho menos la sentí venir, dado que como aún me estaba recuperando, esa... percepción con mi mente que comencé a experimentar en el Monte Tsurugi aún no volvía del todo, por lo que jamás la detecté venir hacia mí.
A pesar de todo lo que había pasado en mi vida, jamás había estado en una situación así. No tenía idea de qué hacer. Incluso había estado conteniendo la respiración, sin atreverme a mover ni siquiera un milímetro. Pero los instintos no tardaron mucho en actuar, por lo que mi cuerpo simplemente había, tras un momento de indecisión, decidido apagar mi mente y hacerme actuar por su propia naturaleza.
Tímidamente, me había volteado al escuchar un suave desliz y notar al tener la vista en el suelo que la toalla de color blanco estaba ahí, tirada en el piso cubriendo parte de sus pies y hermosas piernas.
Lentamente me atreví a ir subiendo la mirada, devorándola con la vista hasta llegar a su cara, la cual simplemente me sonrió y esta vez me besó de lleno.
Desde ahí, simplemente me dejé llevar.
Había sido la primera vez que estaba así con una mujer. Un acto tan primitivo, tan cargado de... un frenesí, que aún me costaba trabajo creerlo. Como una danza salvaje cuya culminación era la unión del cuerpo y alma entre un hombre y una mujer. Incluso ahora mismo, el pesado aroma de la pasión aún rondaba por el dormitorio luego de... nuestra sesión.
Aquella primera vez con ella había sido dulce, muy dulce. Sentir con mis manos cada rincón de su cuerpo, cada parte de ella. De la misma manera que ella lo hizo conmigo. No sé cómo lo hicimos, pero desde la cocina habíamos llegado sin darme cuenta a su dormitorio, la única habitación de su casa a la que no había entrado. Aún recuerdo que cuando terminamos, ambos estábamos jadeando, sin aliento, a tal grado, que la única ventana estaba completamente empañada. Nos habíamos quedado un rato así, sin decir nada, sin hacer nada más que escuchar el acelerado latir de nuestros corazones. ¿Cuánto tiempo permanecimos así? Imposible decirlo. El tiempo había parecido congelarse hasta que ella empezó a trazar juguetonamente con un dedo todas y cada una de mis cicatrices, repasándolas poco a poco, deteniéndose a veces en aquellas que eran más grandes que las otras.
Eso me hizo reaccionar otra vez hacia ella, una parte de mí manifestándose de manera muy clara y dolorosa contra su entrepierna, ante lo cual ella había soltado una risita y comenzamos de nuevo. Más dulce incluso que la primera vez.
Después de eso, Mana había caído dormida al instante, gotas de sudor resbalando por todo su cuerpo. Al poco rato, yo también me había quedado dormido. Cuando despertamos a la mañana siguiente, nos habíamos sonrojado profundamente y podríamos habernos quedado ahí... de no haber sido por la llamada de un Souma furioso exigiendo saber a gritos el por qué aún no habíamos llegado a la base.
Y desde entonces... esa había sido la rutina que había llevado, saliendo por las mañanas con Mana para trabajar y practicar en el simulador del Mirai de forma ardua, para luego regresar y compartir su lecho.
Notando el clima que hacía, había hecho lo mejor posible por cubrirla con las sábanas sin despertarla. Por la ventana pude notar que seguía nevando, ya no tan fuerte como la primera semana que pasé aquí, pero el clima frío seguía casi igual. La temperatura todavía se negaba a subir.
Mirando el reloj del buró al lado de la cama vi que decía que eran las 4:40am. Suspiré. Faltaban poco menos de tres horas para que nuestro día comenzara otra vez, por lo que tenía un poco de tiempo para pensar y quizás para dormir otro poco.
Volví a mirar su hermoso rostro, parcialmente cubierto por su cabello castaño sin poder evitar pensar. ¿Qué era Mana Kirishima, o Riku Kimura como insistía en que la llamara en la base, para mí?. ¿Mi amiga?. ¿Mi amante?. ¿Mi... superior? No estaba seguro, probablemente todo eso y más. El aprecio que sentía por ella era algo que nunca antes había sentido por alguien más. Y le estaba muy agradecido por permitirme conocer esa sensación.
No pude evitar continuar divagando, mientras la sensación de somnolencia poco a poco se apoderaba de mí. Pensé en los Shitennō, que no tardarían mucho en aparecer; en el Mirai, la que sería el arma destinada a ser usada por mí para enfrentarlos; pensé en NERV, donde seguramente todos me creían muerto. Pensé en que a pesar de tener decidido mi camino, no tenía idea de mi destino. No sabía que era lo que me esperaba en el trayecto que había escogido, ni lo que encontraría una vez que llegara al final, ya fuera si sobrevivía a esta nueva guerra o moría asesinado durante una pelea.
¿Encontraría el perdón que tan desesperadamente buscaba?
Tal vez sí...
Tal vez no...
Tal vez...
Suspirando, abracé el cuerpo desnudo de Mana para atraerla más de cerca y acomodé mi cabeza sobre la almohada, un poco mas arriba de su cabeza de manera que mi mentón rozaba levemente su cabello.
Era una sensación agradable.
El sueño no tardó en regresar.
"Esta noche lo robaremos", anunció Mana rotundamente luego de terminar su desayuno y levantar el plato para llevarlo a lavar.
Casi me ahogo con el té que estaba sorbiendo, y tuve que toser violentamente unas cuantas veces antes de poder hablar.
Ya había pasado otro mes casi sin que nos diéramos cuenta. El Mirai estaba a punto de ser terminado, solamente faltaba de colocársele el sistema operativo de Enlace Directo Motriz y Psíquico.
Y durante ese mes, los Shitennō finalmente habían aparecido, haciendo gala de sus poderes al ir destruyendo bases militares, unas tras otra, alrededor de todo el mundo. Hacía una semana los había podido percibir a los cuatro... todos muy lejos el uno del otro y muy alejados de Wakkanai, pero los percibí con toda certeza. Esa habilidad mía poco a poco finalmente regresaba.
Souma simplemente nos lo confirmó unas cuantas horas más tarde ese día, cuando nos avisó que varias bases militares habían sido atacadas alrededor del mundo al unísono, donde lo más peculiar fue su destrucción. Según nos explicó de acuerdo al informe que recibió, una fue víctima de un terremoto tan brutal que la tierra misma se la tragó. Otra base quedó incinerada por completo. Una tercera había sido presa de un tornado originado absurdamente en lo alto de las montañas, donde se encontraba. Y la cuarta... según los informes, se decía que había sido congelada por completo, por un hielo negro, antes de romperse en millones de pedazos.
Las similares maneras en que las siguientes bases a lo largo de toda la semana fueron destruidas terminaban por confirmarlo.
Los Shitennō finalmente habían llegado a la Tierra. En este año 2020 que seguramente podría ser el último. Lo más probable fuera que su objetivo consistiera en aplastar nuestras fuerzas de ataque, para dejarlo todo listo una vez que comenzaran su invasión. Simple pero efectivo.
Y por ende, de alguna forma u otra, sin duda alguna llegarían a atacar esta base.
Quizás sólo uno de ellos.
Quizás los cuatro.
Mana tenía razón. Había llegado la hora de marcharse de este lugar. Ya casi dominaba por completo las simulaciones, donde me sentía como en un videojuego. Sabía que en la vida real si cometía un error estaría muerto, pero confiaba plenamente en lo que había aprendido a lo largo de estos dos meses como para pilotear el Mirai sin problemas.
Lo que quería escuchar era un plan, y por la mirada tan determinada que Mana tenía, seguramente había llegado a las mismas conclusiones que yo, pero si lo quería ejecutar tan pronto...
Sin duda sería una locura.
Oh bueno... ya antes yo mismo había cometido locuras... no sería tan malo.
Creo...
"Esto es una locura. Un completo suicidio", dije entre dientes, con el nerviosismo evidente en mi voz.
"¿Qué?. ¿Estás asustado? No me digas que te vas a poner gallina en este momento después de todo por lo que has pasado", susurró igualmente Souma a mi lado.
Lo miré severamente, mientras me quitaba por fin los molestos lentes de contacto. Estábamos agazapados detrás de una escalera móvil que se usaba para llegar fácilmente a la cabina del Mirai sin tener que usar algún otro aditamento.
Ya eran las 11:50pm. De acuerdo a Mana, teníamos que esperar su señal a las 12:01am en punto para poner en acción el plan que me había contado hoy en la mañana. La razón por la que me quejaba era por la infinidad de cosas que podían ir mal. Incluso si en el mejor de los casos lograba hacerme con el robot y podía escapar aún restaba el hecho de que no debíamos llamar la atención y considerando que la base de Stahl de aquí se encontraba en alerta amarilla debido a la situación provocada por los Shitennō...
Además, aún si ya casi me había recuperado por completo, el manipular mi Campo-AT a mi antojo no me garantizaría salir ileso ante un comando de soldados con rifles de alto poder como de los que estaba repleta ahora la base. A pesar de la relativa nula efectividad que las balas provocaban, a una escala tan pequeña había comprobado que mi poder no tenía el mismo alcance que cuando era amplificado por el EVA, por lo que en estos momentos era levemente superior a cualquier ser humano, pero no invencible.
"No digas estupideces. Es solo que estoy preocupado por ella..." repliqué molesto, al pensar en lo que Mana me había dicho. Al parecer, ella se había encargado como una de las cabecillas del proyecto del Mirai de manipular el disgusto y molestia que muchos técnicos y encargados del desarrollo del robot sentían hacia Gatou hablándoles sobre una 'resistrencia' de la que podrían formar parte para llevar a cabo la noble defensa de la Tierra o algo así. Sorprendentemente, todos trabajadores que estaban bajo sus órdenes y de las de Souma habían aceptado entusiastas, quizás más que nada debido a la promesa de que serían capaces de largarse de este congelador.
Su plan era relativamente simple, de alguna forma u otra ella se encargaría de extraer directamente todos lo datos e información que tenía la base sobre el desarrollo del Mirai para dejar a los militares en blanco y evitarnos una futura producción en masa de estas unidades, dado que Gatou insistía cada vez más y más en acoplar al prototipo una batería interna de alta duración cuyo éxito representaría la creación de estas cosas como si fueran juguetes. Mana argumentaba que no podía permitir eso. Una vez que lo lograra, crearía junto con los técnicos una distracción según ella, lo bastante grande como para poder darnos el tiempo a mí y a Souma de colocar el diminuto órgano S2 en el reactor del Mirai y largarnos lo antes posible, distrayendo a su vez a las fuerzas militares para que Mana y los demás llegaran a lo que se suponía era una base abandonada siguiendo la costa al suroeste, en Monbetsu, para ahí reagruparnos y probablemente, dirigirnos a otro lugar para establecer un centro de operaciones temporal.
Los problemas radicaban en que tal vez Mana no fuera capaz de lograrlo, o que la atraparan o que...
Basta, me dije. Tenía que confiar en ella. De la misma manera que ella lo había hecho conmigo.
El otro problema nuestro era que el colocar la pequeña esfera roja que tenía en mi mano derecha tal vez sacara de su estabilidad al reactor del agujero negro del prototipo y simplemente nos tragara la nada. Y aunque tuviéramos éxito en esa fase, restaba ver si este trasto de verdad volaba...
"Riku es más capaz de lo que crees. Créeme. Esa chica tiene un temple de acero inquebrantable", dijo con una sonrisa Souma mientras flexionaba una y otra vez los dedos, ansioso sin duda por utilizarlos en la terminal a la que estaba conectado el Mirai para quitar los dispositivos de seguridad.
Nos quedamos otro rato más en silencio.
Y de pronto, se oyó una potente explosión en la superficie de la base, seguida de varias detonaciones más. La alarma se activó y pudimos escuchar la manera en que los soldados y el personal se arremolinaban por toda la base para dirigirse al lugar de las explosiones.
Excelente distracción.
"¡Ahora!", dije, mientras Souma se levantaba y corría hacia la terminal y yo empujaba la escalera para colocarla justo enfrente del robot y trepaba por ella.
Oí el rápido tecleo en la computadora por parte de los veloces dedos de Souma y de repente, la parte inferior del pecho, debajo de donde estaba colocada la cabina, se abrió con un chasquido. Jamás había visto esta parte del robot, pero dado que aquí estaba su fuente de poder en teoría tan inestable era más que obvio el por qué.
Una pequeña compuerta se abrió y reveló una cavidad no más grande que el monitor de una computadora, de donde salió en una especie de bandeja el temido reactor.
Era muy curioso, se trataba de una especie de cubo de cristal en cuyo centro flotaba una orbe negra muy extraña, la cual, a pesar de distinguirla con la vista como una esfera, daba la impresión de no tener profundidad ni volumen. Era un efecto óptico muy extraño. Tanto, que quedé hipnotizado un momento...
"Simplemente abre el contenedor por la parte superior e inserta el Súper Solenoide. El resto... simplemente son probabilidades", oí decir a Souma. Estaba seguro de que el muy cretino estaba sonriendo, pero me sacó de la estupefacción.
Tentativamente lo hice, mientras que en la otra mano tenía la esfera roja que brillaba intensamente. Decidido a no demorar más, simplemente dejé caer la esfera justo en medio del agujero negro.
Sucedería lo que tenía que suceder. Así de simple.
Por un segundo creí que todo simplemente se había ido al carajo, ya que la orbe negra de repente comenzó a crecer, a inflarse, por lo que supuse que nos tragaría, pero se detuvo justo antes de que su expansión fuera más allá del volumen del cubo de cristal.
Y de repente, la orbe comenzó a brillar con una luz muy hermosa, cálida.
De todos los colores.
Como un arcoiris increíblemente hermoso.
Me pareció incluso escuchar el palpitar, como si un verdadero corazón vivo de repente se hubiera activado en la máquina.
"¡Hmph! Un sistema de autodestrucción... ¿De verdad Gatou creía que no lo iba a tener contemplado? Por eso odiaba trabajar para ese imbécil, siempre subestimando mi inteligencia", oí decir a Souma disgustado. Bueno... otro problema menos...
"¡Hey!. ¡Qué están haciendo ustedes dos!" un grito a nuestras espaldas nos tomó desprevenidos. Me volteé y pude ver que se trataba de un militar, le cual se llevaba un silbato a la boca y lo hacía sonar para llamar la atención al resto de sus compañeros.
¡Mierda!. ¡Nos habían descubierto!
El pecho del Mirai se cerró al mismo tiempo que una lluvia de balas comenzaba a caer sobre nosotros. Generé una pared con mi Campo-AT para escudarnos a mí y a Souma mientras abría la cabina y entrábamos los dos, quedando un poco apretujados. Cerré la puerta al instante.
"Bueno... demuéstrame que todas esas simulaciones valieron para algo", dijo bastante nervioso Souma, aunque con una sonrisa en la cara.
Como ya lo había hecho cientos de veces en las simulaciones, activé a la máquina, la familiar leyenda de 'Sistema de Enlace Directo Motriz y Psíquico Activado' apareciendo en las pantallas, pero a diferencia de aquellas veces en las que sólo eran pruebas, ahora sentí... el vínculo, el enlace directo de mi mente con la máquina, algo muy familiar a lo que sentía con el EVA.
"Llegó la hora. ¡Aquí vamos!" anuncié, mientras pisaba el acelerador levemente y manipulaba los controles para, flexionando levemente al robot, activar todos sus propulsores y de un poderoso salto, salir impulsado, atravesando las capas de blindaje de la base como si fueran de papel y llegando al frío aire nocturno del exterior.
Casi de inmediato mi vi aplastado en el asiento por la aceleración, lo mismo que Souma al rodar por la diminuta cabina, riendo a carcajadas al sentir en carne propia la culminación de la obra de su vida. De verdad me sorprendí, esta cosa era veloz, muy veloz... y apenas había pisado el acelerador a la mitad...
Me estaba acostumbrando un poco más a los controles en vivo y en directo cuando el radar anunció la rápida aproximación de varios objetos. "Parece que tenemos compañía. Serán una excelente demostración para poner a prueba a este bebé", dijo Souma, inquieto y expectante.
Pasaron surcando velozmente el cielo al lado nuestro, cinco cazas aéreos, seguramente con la intención de derribarnos. Muy bien, era hora de ver lo que esta cosa en la que tanta fe Souma y Mana tenían era capaz de hacer.
Preparándome, aceleré para ascender completamente en vertical, los cinco aviones siguiéndonos a duras penas. Sonreí, esto iba a ser muy fácil.
De súbito, me detuve y dando la vuelta para encararlos, golpeé el ala del caza que venía más cercano a nosotros, el fuselaje destrozándose al instante mientras su piloto activaba el sistema de eyección y caía suavemente con su paracaídas abierto.
Los otros cuatro se separaron para rodearnos, pero me quedé quieto. Aguardando.
Alcé uno de los brazos donde en el centro de las palmas de las manos estaban los cañones de ataque para disparar a mi segundo blanco, el cual ya venía de regreso en una trayectoria en línea recta hacia nosotros.
Apreté el gatillo de la palanca.
Pero no pasó nada.
"¿Qué?" grité, mientras me movía velozmente otra vez, esquivando una ráfaga de las ametralladoras de los cazas. Armadura portentosa o no, no quería arriesgarme.
"¡Idiota!. ¡Esto ya no es tu EVA!. ¡Peleas como si creyeras que esto aún puede generar un Campo-AT!. ¡Recuerda la coordinación que necesita esta unidad! Visualízate canalizando las energía de la fuente de poder de la máquina hacia tus armas. Eso es todo lo que tienes que hacer", rugió Souma, al ver el resultado tan pobre de lo que quise que fuera un ataque.
Visualizar. ¿Eh? No era muy difícil, por lo que traté de hacerlo lo mejor que pude. Claramente entendí a lo que Souma se refería, canalizar la energía, dirigirla. Luz y oscuridad...
Alcé un brazo otra vez y en esta ocasión, un rayo de color blanco deslumbrante salió disparado, impactándose en los propulsores de uno de los aviones y estallándolo en una bola de fuego. Hice lo mismo con el brazo izquierdo, pero de éste, un rayo de luz negra fue el que salió, destrozando otro avión.
Luz y sombras. ¿Eh? Interesante, pensé con una sonrisa.
Sólo quedaban dos enemigos más, los cuales ya se estaban alejando a toda velocidad de nosotros tras ver el resultado de sus compañeros que atacaron, estaba por salir disparado a una gran velocidad para seguirlos cuando la voz de Souma me detuvo.
"Espera. Mira el teclado a tu derecha. ¿Ves el botón verde cuadrado, más grande que el resto? Presiónalo", me dijo, titubeando, lo hice.
Fue como si un... relámpago de percepción me hubiera pasado por la mente, al sentir que ésta se... extendía, se dividía en fragmentos. Inmediatamente supe por qué. Un silbido a mi espalda indicaba que las alas del Mirai se habían desprendido y cambiado ligeramente de forma a una aún más puntiaguda para revelar un cañón en uno de sus extremos triangulares. Estaban flotando a mis lados, casi como si estuvieran esperando... órdenes o un tipo de comando.
Simplemente pensando, vi en mi mente que las alas salían disparadas para perseguir a los cazas.
Y éstas obedecieron las instrucciones de mi mente al pie de la letra, acelerando de una forma imposible, disparando una ráfaga de rayos de energía. Un ala los lanzaba de color blanco deslumbrante y la otra de negro, los cuales alcanzaron fácilmente a los aviones en retirada, estallándolos. Una vez cumplido su trabajo, las alas regresaron velozmente y se acoplaron de nuevo a la espalda del mobile suit con un chasquido.
Y en cuanto lo hicieron, esa sensación tan extraña de que mi mente se hubiera... extendido, desapareció, dejándome algo desorientado. "¿Qué...?. ¿Qué fue eso?" pude articular, con la boca seca, mirando a Souma.
Él simplemente sonrió, "Se llama STARDUST, Sistema Técnico de Ataque Rápido Desconectado Ultra Sensorial Táctico. Literalmente es una especie de control remoto para que el piloto sea capaz de manejar de manera extra sensorial gracias al Sistema de Enlace Directo Motriz y Psíquico con su mente, las alas de ataque móviles. Al Mirai aún le faltan unas cuantas alas más pero... no creo que sean mucho problema para ti", dijo con evidente satisfacción y orgullo de sí mismo Souma.
Vaya presumido, pensé irritado, pero sonreí.
Apretando los controles y pisando el acelerador, nos alejamos en un instante de Wakkanai. Simplemente daríamos unas cuantas vueltas por el océano para despistar a los militares hasta el amanecer y después, reunirnos con Mana.
Por segunda vez en mi vida, me sentí libre al surcar así los cielos.
Habíamos llegado poco antes del amanecer a Monbetsu, internándonos entre toda una serie de pequeñas colinas y montañas.
La actividad había estado algo agitada, dado que más cazas e incluso VTOLS fueron desplegados contra nosotros, pero ya me había acostumbrado casi del todo a los controles, por lo que no fueron mucho problema.
Al llegar a las montañas, pude darme cuenta de que la caravana de Mana seguía entrando ordenadamente por una cueva muy escondida de manera ordenada, por lo que inferí con alivio que no les había sucedido nada.
Descendiendo tras asegurarme de que no había ningún enemigo alrededor, me adentré con el Mirai por el túnel, el cual me sorprendió un poco al notar que se trataba de la entrada de unas instalaciones abandonadas, al estar todo el interior de la montaña recubierto de acero y metal.
Pasado una compuerta, llegué a lo que parecía una jaula de contención de unidades, por lo que decidiendo que ya era hora de bajar, aposté al robot en un pequeño lugar despejado y desactivé todos los sistemas, abriendo la cabina de la compuerta y dejando salir a Souma primero, el cual tenía el rostro algo verde. Intuí con satisfacción que se había mareado.
Bajé de la cabina ubicada en el pecho del robot usando el cable para descender, lentamente. Los sujetos que seguramente eran el equipo técnico del que Mana había hablado mirándome atontados y con la boca abierta, seguramente al reconocerme o por darse cuenta de que el piloto del Mirai era alguien tan joven.
Una vez que llegué al piso, busqué con la mirada a Mana. La vi acercase a mí lentamente, con un ceñido vestido blanco, muy parecido al que usó cuando salí en una cita con ella hacía tanto tiempo. La diferencia que tenía radicaba en los bordados de color dorado que llevaba, dándole el aire de ser alguien de mucha importancia. Noté incluso con una sonrisa que bajo su brazo llevaba el mismo sombrero blanco de aquella vez. Se le veía muy cómoda al usar vestimentas más ligeras y más frescas que cuando estuvimos en Wakkanai, bajo el intenso frío. Aquí el clima era un poco más agradable. Ya no tan frío.
Finalmente, se paró enfrente de mí, mirándome seriamente cara a cara. Un silencio tremendo escuchándose por todo el lugar.
" "¿En qué crees y por qué luchas?" Eso fue lo que me preguntaste la vez que me viste en el Monte Tsurugi", comencé, quebrando el silencio, aunque Mana no dio muestra de ninguna emoción. "Esas palabras tuyas... me confundieron. Fue por ellas que perdí la batalla contra Uriel. Porque no tenía una respuesta para esa pregunta, una respuesta que le diera sentido a mis acciones", dije, sonando ligeramente avergonzado.
"¿Y ahora por fin la has encontrado?" preguntó suavemente.
Sonreí levemente. "El poco tiempo que pasé en Wakkanai me abrió los ojos para ver que... tal vez, después de todo, nuestro destino no está escrito. Que podemos ser capaces de forjarlo. Quiero creer que eso es verdad, que un hombre puede decidir el rumbo de su vida para encontrar las respuestas que busca. Por ello es que ahora estoy decidido a pelear. Por eso y para... esta vez verdaderamente ser capaz de proteger lo que más me importa", terminé, colocando mi mano derecha en el hombro de la mujer enfrente de mí, apretando delicadamente. No iba a permitir que los fracasos que tuve en Tokyo-3 se repitieran de nuevo. No. Estaba seguro de que eso jamás sucedería de nuevo...
"Me alegro mucho oír esas palabras, Shinji... piloto del Mirai", respondió Mana con una sonrisa que también le devolví. Acto seguido, Mana alzó la voz, dirigiéndose al grupo entero del personal que se encontraba ahí. "¡No tenemos mucho tiempo!. ¡Están al tanto de la situación por lo que debemos darnos prisa!. ¡Este mobile suit tiene que terminar de ser calibrado lo antes posible!. ¡El STARDUST es su prioridad!. ¡De su trabajo depende no solamente nuestro futuro, sino el de la humanidad entera!. ¡Dense prisa por favor!" ordenó con voz fuerte, ante lo cual los sujetos respondieron con un monótono pero entusiasta "¡Sí, señora!"
Souma ya se estaba alejando, seguramente para ir a una terminal o a una computadora y comenzar a cargar mis datos al sistema. STARDUST... me preguntaba la capacidad que tendría una vez que eso fuera terminado. Para haberlo utilizado sólo una vez durante mi escape había quedado gratamente sorprendido. Sólo era cuestión de tiempo, muy poco tiempo antes de que por fin saliera a una batalla de verdad. Los Shitennō sin duda atacarían a NERV en breve, pero estaba seguro de que la Comandante Katsuragi y el resto de su equipo serían capaces de aguantar ese tiempo. No eran tan débiles como yo los había creído cuando estaba cegado por mi arrogancia.
Serían capaces de resistir hasta que yo llegara.
"Pero antes de eso..." dije en un susurro inaudible, acercándome un poco al Mirai y tocando la superficie de la armadura de uno de sus enormes pies con unas palmadas que llamaron la atención de todos. Una palabra vino a mi mente al instante al evocar una repentina nostalgia, de algo que aún me ataba a mi pasado.
Murasaki.
"Lo siento mucho... pero sólo el morado me va. ¿No podrían pintarlo de ese color ya que aún estará en mantenimiento?" pregunté, dirigiéndome directamente a Souma.
"Será un placer", contestó el creador del mobile suit con una sonrisa de astucia, yo mismo dándole una igual. Era extraño pero...
Nuevamente comenzaba a sentir ese deseo de pelear, que creí haber olvidado al regresar nuevamente con las personas luego de dejar que me dominara durante ya tres años seguidos.
Pero ya no estaba cegado por el poder. No.
Ahora mi propósito, mi misión, los tenía muy claros.
Luchar usando mi propia justicia.
Para hallar mi verdad.
Y la respuesta que estaba buscando.
Notas del autor: Muchas gracias a Theblacksun y a BurningFlower por su trabajo como prelectores, correcciones e ideas que aportaron para la creación de este capítulo.
Stahl significa "acero" en alemán. Sólo un pequeño chascarrillo referente la "Novia de Acero".
Wakkanai y Monbetsu sí existen, no es una invención mía el nombre y su ubicación, ya cómo sea la vida ahí o el aspecto que tenga la población... pues eso si no lo sé...
En lo referente a los Arcángeles... realmente no usé los nombres de los verdaderos Arcángeles (se supone que son 7 en total y el único que pude confirmar entre ellos fue a Barakiel además de los otros 4 clásicos que todos conocen), el resto de ellos, simplemente imaginé su situación, así como la rebelión de Sammael. El hecho que haya asesinado a 666 Ángeles y a 666 Demonios... inspirado un poco de Chrno Crusade, donde Chrno, un demonio, miembro de un grupo conocido como "The Sinners", asesinó a 100 de sus similares para escapar de Pandemonia, el que fuera su hogar para poder llegar a la Tierra.
Mirai significa "futuro" en japonés y si alguien ha visto aunque sea una serie de Gundam, quizás haya reconocido la descripción como la de uno de esos robots. Realmente el modelo a seguir fueron los primeros Huckebein que aparecen en muchos juegos de Super Robot Wars (los de color negro, llamados "originales", no los de producción en masa), dado que dicho robot está basado en un Gundam... pues de ahí su similitud. En cuanto a las alas que tiene... simplemente imagínense las del Cybuster, otro mecha original de Banpresto, piloteado por Masaki Andoh, caracterizado por su altísima movilidad. Lo del STARDUST, lo admito, lo saqué del DRAGOON System que vemos usar al Strike Freedom, al Providence y al Legend en Gundam Seed y Seed Destiny, aunque otros robots como el Hi Nu Gundam o el Ash Saver de SRWOG2 usan un sistema parecido. Pienso que sería bueno subir después como un extra de este fic lo datos específicos de las tres máquinas principales del fic, para que tengan la idea clara de lo que estoy pensando, esperen esa ficha de datos técnicos poco después del capítulo 6.
Agradezco los comentarios de yukino chan, Death Mask, klasnic y todos las demás personas que aún si decir nada se han pasado un rato distrayéndose al leer esto. De verdad se los agradezco, aunque tengo que comentar que dado que ya empezó bastante fuerte el semestre, quizás este sea el último capítulo que pueda subir en un buen rato, así que sólo aviso de una vez.
Hasta la próxima.
Comenzado el 6 de Enero del 2007
Terminado el 12 de Enero del 2007
