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No contestó, claramente Zeo escuchó cada movimiento: pasos alejándose por el pasillo, luego de azotar la puerta, la patada en puerta ajena para abrirla abruptamente, el abuelo gritando improperios no dignos de un honorable anciano (asunto que sonrojo a Zeo hasta las orejas), la fogosa discusión, cuyas palabras de tanto grito, no eran claras, el jaleo de cosas rompiéndose, la disputa que alcanzó a escuchar sobre el asunto que le concernía, de que el de cabellos verdosos no podía usar ningún cuarto de invitados porque ahí dormían los demás (y muy pocos) estudiantes, Takao regresando, Zeo con la espalda erguida, aun esperando de rodillas sobre el futón extra que había proporcionado el abuelo.
- Pues ya que… -desdeñó Takao azotando la puerta al entrar –pero ni te creas que duermo como señorita – le dijo al mirarle la pijama de seda que portaba – con razón… eres de familia adinerada, el abuelo hará lo posible por lamerte las suelas, pero entérate… yo soy capaz de cortarte los pies con mi mejor katana antes de que intente obligarme a hacerlo también.
Hablaba con claro arrebato pueril en la voz, mientras se desvestía, Zeo miraba al piso, o lo intentaba al menos, porque sus ojos tomaban vida propia viendo como se iba desnudando ante sus ojos el muchacho, y se echaba sobre las cobijas del futón personal tranquilamente, con un diminuto pantaloncillo corto, que dejaba poco a la imaginación, Zeo se acostó tembloroso de ansiedad y, ciertamente, temor por las nuevas sensaciones que le invadían.
No pudo conciliar el sueño durante la noche, mas tampoco se movía, temía que de hacerlo, aquel cuya suave respiración arropado por el sueño, se despertaría, y de una paliza lo expulsaría de la casa.
No es que no tuviese a donde ir, es que no quería llegar a ese lugar. Estar con su padre le enfermaba, le debilitaba el alma, por ende, su cuerpo se hacía cada vez mas enclenque.
Le costo literalmente años que su padre que le permitiera estudiar algún artilugio, mas allá de la ciencia o el arte de la música, para defenderse físicamente, estaba harto de los constantes abusos, pero su personalidad reservada no ayudaba.
- "Si yo fuera como él…" -pensó esperanzado- "… nada dañino podría tocarme, sin importar cuanto intentara pasar a través de mi… desde este día" –sonrió, volteando muy, muy lentamente el cuerpo para mirar el futon vecino- "desde hoy he decidido que tú seas mi meta, sin importar el costo, Takao san, haré lo que tu me pidas siempre" Cerró los ojos, como si esas palabras fueran obra de un excelso mago, y fuesen pases mágicos para conciliar el sueño.
Y aunque Takao había tomado medidas serias, para alejar al amor, nunca se dio cuenta de cuan maldito podía ser, y cómo a pesar de haber levantado las torres, los fosos, y demás artilugios no físicos de protección, el amorcillo se había vaporizado, entrando por las rendijas entre los muros de sólida terquedad, para tomar parte de la estructura de los átomos del aire, entrar en sus pulmones, para invadirlo, que respirara de él.
-"tarde o temprano, me necesitaras para respirar"- juró escuchar Takao a una voz, se levantó sudando, buscando de lado a lado con la vista, ciertamente no hallo a nadie que le hubiese dicho esas palabras con una voz que despierto jamás había escuchado… más allá de su mente, se limpió el sudor con el dorso de las manos.
La habitación olía a menta y hierba fresca, siguió el aroma, colocando inconcientemente la nariz sobre la delgada almohada del futón vecino, cuyo habitante no estaba. Se golpeo literalmente las mejillas, mentalmente con palabras, cuando se dio cuenta de la acción.
Pero fue rápidamente desplegada una nueva gama de emociones, parecía que aromas nuevos, mansos, tercamente se habían establecido en un hogar que desplegaba constante masculinidad hasta en el olor.
El aroma a incienso y comida recién echa le levantó sin duda de la cama, se paró en el marco de la cocina, primero miró extrañado de arriba abajo al hacendoso muchacho, que le daba la espalda mientras preparaba un sinfín de alimentos, retomó el porte arrogante, llevando las manos tras la cabeza, y sonrió burlón.
- Creo que tenemos ganadora del concurso de cocina
Zeo se sobresalto, giró rápidamente, demostrando su aspecto limpio, impecable.
- Oh… buenos días, Takao san
Y la actitud en extremo educada, que no respondía a sus majaderías, le irritó de nueva cuenta, asunto que Zeo hubiese notado, si no estuviera mas ocupado en evitar mirar el cuerpo que seguía semidesnudo, que las acciones.
- Ese trabajo lo hacen las mujeres, para algo se les paga y vienen a hacer el aseo y labores. Tú eres un hombre, compórtate como tal.
- No sabía que estuviese prohibido, Takao san, me siento avergonzado, perdón.
El de ojos rojizos se sostuvo la frente, llevando la mano duramente a lo largo de su rostro
- Da igual… creo que tendré que enseñarte a ser hombre, además de artes marciales –comentó jocoso, en claro tono socarrón.
-Me sentiría halagado de que me dedicaras siempre tu tiempo para cualquier fin
Takao abrió a sobremanera los ojos, Zeo se puso los dedos en los labios al ver que eso, por la situación, pudo haber sonado extraño.
-Quise decir… que sería un honor aprender contigo a hacerme hombre
El de cabellos azules apretó las mandíbulas, entrecerró los ojos
-Sírveme de comer- ordenó para cambiar el rumbo de la conversación.
- Si
- ¡NO!-gritó Takao exasperado- es ahí cuando me dices que no eres una chica, que lo haga yo mismo- agitó los brazos con desesperación
- Oh… - hizo una leve inclinación- gracias por darme la amable indicación, no volveré a obedecer esa instrucción…esto… deseas… ¿algo en especial, Takao san?- el aludido giró los ojos
-Aún no me daré por vencido… si no logras pasar la prueba del abuelo al que castigaran será a mi
- Causarte problemas es lo que menos deseo
-No se nota- cambió la actitud seria por una sonrisa- pero con el tiempo se arreglara, seamos positivos, después de todo, somos amigos
Ante el primer golpe fuerte de su corazón, Zeo casi ahoga.
-Nunca… había tenido un amigo – confesó con un tenue sonrojo, Takao no supo si interpretar tanto sonrojo, como un síntoma de mala circulación sanguínea, o sentir lástima por el muchacho. Pero decidió intentar concebir simpatía.
- Y apenas empiezas, ya veras que te ayudare a conseguir más buenos amigos, Max, Rei y… bueno no creo que consigas mucho con Kai, pero veras que serán tus mejores amigos, como lo son conmigo… ¿te comerás esos huevos?... ¡ah! Y también tiene salchicha, que delicia
Tomó la salchicha con dos dedos, elevó el rostro, dejándola entrar por su boca, casi hasta su faringe, con los ojos cerrados, y un profundo sonido de gusto salido de su garganta.
A Zeo se le hizo agua a la boca, y no precisamente por el alimento; mientras masticaba el enorme bocado, Takao enarcó una ceja, pero el alimento era más importante que ponerle atención al raro muchacho, tomó los palillos comenzando a comer los platillos "exóticos", al ser de una cocina distinta a la japonesa, que eternamente le obligaba a consumir el abuelo.
Comía como troglodita innato, pero a Zeo, acostumbrado a usar a la forma europea cubiertos y modales desde la cuna, en vez de asco lo veía con admiración, porque pensaba, tenía la audacia de romper con las normas.
Le sirvió la primera bebida que encontró a la mano, cuando lo vio ahogarse de estar atragantado, en cuanto la sintió en la boca, Takao quiso escupir, pero de sorpresa, no de asco.
-Es… ¡Sake!
- Oh… perdón, lo lamento, en serio es que…
- No te disculpes, es genial, mira que el abuelo lo tenía guardado, el no me permite beberlo, menos tan temprano, pero si no lo hago ahora, después me vigilara como siempre y no podré
Se sirvió dos pequeños vasos de madera seguidos, Zeo posó un dedo en su barbilla.
- Pero… Takao-san, ¿es correcto desafiar así al sensei? ¿No se supone que deberías obedecerle?
- De deber… debería, de querer- ensancho la sonrisa, un leve enrojecimiento apareció bajo la piel de sus pómulos y en la nariz- no quiero.
Zeo sonrió, animándose a beber un pequeño trago, tosió desacostumbrado, Takao se carcajeo.
- Tú no bebas- ordenó- ¿sabes? – Confesó al cuarto vasito, después de charla banal sobre sus vidas, había escuchado atentamente parte de la historia de la vida de Zeo- no me desagradas tanto… solo que eres potencialmente peligroso
Zeo ladeó la cabeza en una forma tan dulce, que Takao se asustó, disimulando al beberse el resto del contenido del vaso.
- ¿Yo?... –soltó incrédulo, por primera vez alguien le decía algo como aquello- ¿Por qué razón?- Takao señaló ese rostro inocente
-Por eso mismo- Y aunque el de cabellos verdes no entendió, hubo algo en esos intensos ojos rojizos que le hicieron bajar la mirada, no por timidez o vergüenza, sino para ocultar la ligera dicha de tener un nuevo amigo, tan directo y sincero.
-¿Pu… puedo indicarte como, Takao san?- palideció cuando el otro, con la lengua sobresaliendo levemente en un costado de sus labios cerrados, ante la laboriosidad, le miró tan directo.
Acostumbrado a usar los palillos, Takao tenía problemas con los cubiertos, sumado el más del litro de sake que tenía en la sangre, que no ayudaba a su coordinación.
Takao asintió con la cabeza, la realidad es que Zeo esperaba que la indicación que aceptara fuese verbal, pero Takao se levantó, no sin cierta dificultad, sentándose a su lado, le prestó sus manos para acomodarle los cubiertos.
-La esencia de los buenos modales es ser tan discreto como sea posible- … evitó tocarlo al hablar, tenía ganas terribles de hacerlo, pero el temor como siempre era más fuerte- no es muy bueno atraer mucho la atención de los demás, sostener los cubiertos con naturalidad, y comer en trozos pequeños ayuda a ello, así no se parece desmañanado- sonrió ligeramente, tomando confianza de la actitud de Takao.
Como niño pequeño el de ojos rojizos asintió, con el rostro desprovisto de su arrogancia habitual, y una leve sonrisa animosa. Zeo estaba anonadado, no quería desprender ningún detalle de esa nueva etapa bajo los efectos del sake.
-Hay dos maneras la americana y la europea- la soltura en su voz era notable, Takao le sonrió, el de ojos verdosos giró la mirada al plato para evitar (inútilmente) avergonzarse- Prefiero la segunda, aunque para ti, pienso que la primera sería más correcta. Primero que nada, la forma de sostenerlos.
Acerco lentamente las manos a las otras que estaban apoyadas en la mesa, Takao giró la vista a sus manos, sonrió como solo un niño pequeño, que se da cuenta de un gran descubrimiento, puede hacerlo, elevó abruptamente las manos para dárselas a Zeo, cabeceando afirmativamente varias veces.
Y es que también acercó mucho el cuerpo ante la poca coherencia del movimiento corporal, sobre todo la cara, Zeo se asustó ligeramente, pero no se movió para que Takao siguiera sintiendo confianza. Negó tomarle las manos amablemente, decidió darle la indicación verbal.
El de ojos verdes sonrió, Takao tomaba como lápiz o con el puño cerrado el mango de los cubiertos -"en el fondo… es tierno como un niño" -pensó con ilusión -"puro y transparente, inocente y noble porque…" Ouch- se sobó el brazo, con los ojos entrecerrados y la boca torcida de forma frustrada, Takao lo picoteaba ligeramente, sin dañar pero molesto, con las puntas del tenedor.
-No me haces caso… Enséñame tú, te lo ordeno como tu maestro- se carcajeo recargándose en su hombro, Zeo dio un salto en su lugar, mirando nervioso a los costados.
- Comienzo a entender que no solo es por la edad que no te dejan tomar sake
Takao quiso enojarse, pero cuando vio resbalar una gotita de sudor por la sien de su amigo, decidió expandir su sonrisa
-Te pongo nervioso- canturreo, Zeo negó con la cabeza con las cejas arqueadas de forma angustiosa – si es cierto, te doy miedo- Zeo comprendió que Takao no estaba dándole la connotación que él, respiró aliviado.
-Deja te muestro Takao san- le tomó los dedos, acomodando correctamente los cubiertos, le llevo hacia el plato con carne, Takao movía graciosamente la cabeza para intentar ver el corte que hacía,las manos de ambos le estorbaban la visión.
-Asi no se puede, que tonto eres, no veo- la voz era fluida sin duda, pero con el tono totalmente embriagado, Zeo sonrió al pensar que ni siquiera ebrio, la lengua de Takao dejaba de hablar y ser tan efectiva
-"Una lengua muy efectiva"- agitó la cabeza para sacarse pensamientos tan impropios en la mesa.
-No te muevas así, que menos puedo- replicó Takao ante el temblor del que le tomaba las manos- ya salió todo chueco el corte… no veo- dejó los cubiertos en la mesa, tomó un brazo de Zeo, pasándosela por detrás de la espalda, puso encima de su mano la blanquísima del de cabellos verdes, y le ofreció la otra mano, ante la especie de abrazo que takao le obligó a darle, la nariz de Zeo sintió un leve escozor, como cuando por exceso de sol le daba hemorragia, sentía claramente la forma del cuerpo semidesnudo del ebrio muchacho
-Así, si veo- cortó en trozos pequeños, con sonrisa ligera, Zeo ayudo en cada corte, para extender el tiempo, enseño toda manera conocida de utilizar los cubiertos, y también para que servia cada uno, ordenándolos, preparando los alimentos necesarios para poder usar cada uno.
- Ese chico es…
-Si- afirmó Rei, asomado tan ligeramente los ojos como Max, desde la ventana de la cocina que daba hacia el jardín, ellos habían salido a correr como calentamiento- y esta haciendo el truco sucio de las chicas…
-Le conquista por el estómago- corearon con derrota.
-Pero Takao no es…
-Lo sé – interrumpió Rei nuevamente la palabra tabú para el chino, que se alarmaba tan solo de oírla- pero está ebrio, deja que se de cuenta.
-De todas formas no se separaría de él
La afirmación de Max le heló la sangre, inquirió con la mirada para que continuara
-Es el reto impuesto por el sensei, Rei, tiene que hacerlo hombre, estoy seguro que para eso se lo dio, no de balde está aquí, se me hace que el padre del millonario ese lo mando para eso, además – asomó más la cabeza, para ampliar la visión – no se ven tan mal juntos- sonrió, Rei casi de un salto, dio varios pasos atrás, viéndolo desconcertado
-Oh my good…are you crazy?- notó el tic en la ceja de Rei, porque se sorprendió hablando en el idioma de su madre- es broma, no estaba diciendo que eso estaba bien ni nada
Max sonrió con su sonrisa hueca, torpe, y muriéndose internamente de nervios, no fuera a pensar Rei que era homosexual
-Hay que tener cuidado con el muchacho ese, mantenerlo a raya de nosotros, que sea problema de Takao, nosotros apoyamos desde lejos – afirmó automáticamente Max, para anteponer su posición masculina, y sobre todo, homo fóbica, Rei asintió, acercándose con cautela a la ventana, cuando se elevaron ligeramente, casi gritaron de ver a Takao con el rostro pegado al vidrio, sonriéndoles enormemente
-Vengan a comer- grito alargando las palabras, Max sonrió nerviosamente, agitando los hombros, Rei disimuló su nerviosismo asintiendo con la cabeza, se giraron y se encontraron con la mirada neutra de Kai.
-Eh… Buenos… ¿Días? – dijo dudoso Max, Rei saludó lo más calido que pudo, ante la enorme vergüenza de ser sorprendido espiando y comentando de temas que no le correspondían, por nada menos que su respetado capitán.
-Hmmm- contestó´ Kai, cuando les dio la espalda frunció con ligera molestia el seño.
Zeo se asomó tras el hombro de Takao, temblando de ansiedad.
