Gracias a mi unica lectora jajajaja XD, este fic ya estaba acabado desde que empece a subirlo nOnU y me alegra que te haya gustado hasta el momento. El fic en si lo hice para la buena Ed, asi que cumplio su labor de existencia. Nos leemos luego, vale?
El capi final n.n!
4
Durante los días de ese tercer mes, a través de sus labios puso las flores más dulcísimos a su disposición, le inflamó de felicidad el pecho con graciosos guiños en la mirada, y por las noches, a pesar de la lejanía de los cuerpos, le brindaba la calidez y ternura de las palabras de aliento y esperanza, o cruzaba las barreras de telas para tener sexo.
A través de Zeo, tontamente el amor acudió volando, confiado como un niño pequeño, aturdido de tanta alegría como un joven ególatra, o pasivo y consolidado, como un adulto.
Y es que los dioses no saben de sonrojos ni modestia, y se felicitaba constantemente por su triunfo.
La fecha del cuarto mes se acercaba. El plazo para hacer de Zeo un artista del Kendo, el mejor del rango mas bajo, había llegado, recordó la apuesta con su abuelo.
Takao demostraría que era el mejor, podría tomar a cualquier chico y en seis meses hacerlo casi tan bueno como él cuando estaba en ese Kyu o grado de Kendo, el abuelo se lo había facilitado, no sería tan cruel de pedirle en tan poco que lo entrenara para que estuviera en el grado de Hachidan, pero en ese tiempo aunque fuese el nivel mas bajo, si lo lograba, sería libre de no seguir la costumbre Kinomiya, e incluso transformar el arte marcial que seguía por tradición.
De no hacerlo, si el abuelo ganaba, demostrándole que no tenía la madurez ni madera necesaria para ser maestro, no sería aún dueño del Dojo sin formar una familia sucesora, tendría que casarse con aquella con quien le comprometieron.
En realidad, siguiendo las costumbres, habían comprometido al fugado Hitoshi al nacer, por ser primogénito, pero ahora, ante tal deshonra, cuando sin importarle nada más que el mismo Hitoshi escapo sin siquiera despedirse de su familia a buscar una vida distinta, Takao tendría que pagar la afrenta de su hermano, desposándose con aquella prometida que casi le doblaba la edad.
-"Zeo es el culpable de todas mis desgracias actuales… Yo estaba consiguiendo hacer en Kendo casi tan bueno como yo a Kai a través del reto, a Rei y Max a través del juego… ¡iba a librarme de todo esto! Gracias a ellos estuve tan cerca… Pero el abuelo fue un viejo zorro astuto…"
Miro a Zeo, con sus cabellos formando rizos en el rostro dormido
-"…y lo trajo a mi, imaginando que no me atrevería de ser tan cruel para cambiarlo, y que como a todos, le procuraría mi amistad… inocente anciano decrépito, a pesar de tu edad, no me derrotaras… ¡nadie lo hará, abuelo! Seré libre aunque tú no lo quieras. No cambié a Zeo… pero lo he mancillado, y te he derrotado a través de mi deshonra, la gente murmurará de ti, que soy un homosexual"
Besó el cabello del que dormía desnudo sobre su pecho, apretó las mandíbulas, el amor, despertando al escuchar aquellas palabras, incrédulo, se removió dentro de Takao, para gritarle que no fuera ciego, que se estaba mintiendo, esta vez no quiso escuchar la vocecilla, solo sintió la incomodidad de su pecho ardiendo, y quiso eliminarla.
-"Cuando alguien ya esta tan viejo como tú, abuelo, se le paga en las empresas la liquidación… se le despacha para no verlo mas, que todo siga bien, no parará así la evolución, siempre será la mejor de esa forma, innovando, eliminando lo antiguo, lo costumbrista…"
Eros supo que no era al abuelo a quien le hablaba, sino a él. - "Para Takao, el amor es algo antiguo, una costumbre que debe ser abortada" –pensó el dios angustiado, si los dioses japoneses no habían podido con él…¿Por qué ingenuamente en su capricho pensó que conseguiria hacer que se enamorase?
Porque él era un dios, no había imposibles. Mas por primera vez en su vida se topo con alguien tan egolatra, que el único amor que era capaz de desprender era hacia si mismo, capaz incluso de desafiar las costumbres familiares, sociales, para hacer su voluntad y ejercer en total libertad sus deseos.
Eros tuvo miedo. El chico ahora estaba luchando contra las fuerzas que no podía ver, y peor aún, estaba venciendo.
Se removió en Zeo, pero apenas entró a ese cuerpo, y se sintió tan claramente embelesado y cálido entre aquellos brazos, que fue seducido a confiar ciegamente también, y se quedó de cómodo huésped, y es que al pequeño dios no le gustaba romperse la cabeza para sufrir, y se sorprendió al no poder salir de ese cuerpo, porque Zeo era tomado con brío por el cuello.
El de cabellos verdosos tomó suavemente la muñeca del que le lastimaba, el dolor, por fortuna suya, no permitió que abriera los ojos, y evitó ver la mirada de rabia de Takao, no dedicada a él, sino al amor escondido cobardemente dentro del muchacho.
Paro un instante, Zeo abrió levemente sus labios sonrosados para tomar aire, llevando la otra mano a tientas a tocar el rostro ajeno, sin herir, suplicando.
El sentimiento de lástima y pena por ese cuerpo le contuvo
-"Está tan condenadamente hermoso este amor mío"- pensó entre enternecido y horrorizado por su propia acción que estaba cometiendo, le mordió cándidamente el labio inferior, Zeo sonrió ligeramente esperanzado, acariciando con el pulgar la mejilla, al sentir como su labio era deslizado apasionadamente, sin lastimar, entre los dientes del de cabellos azulados.
Las mejillas nacaradas del de cabellos verdosos, palidecidas por la luz de la felicidad, resplandecían ante la luminiscencia que se filtraba por la persiana, algunas hebras, como hierba fresca, se expandían por la almohada y el rostro, resaltando la blancura de la piel, los labios húmedos, entreabiertos aún con la sonrisa plasmada, y esas verdes pupilas, entornadas, húmedas, almacenaban la extenuación dichosa de los postreros instantes.
Inevitablemente, Takao notó sus propias ganas de llorar.
Pero ya no había remedio, tenía que asesinar al amor en ese instante, antes de que se atreviera a abandonar a este cuerpo e invadiera otro, tendría que liquidarlo si quería vivir digno, feliz…
Libre.
Pero al menos, le regalaría a Zeo la última noche atendiendo lo que estaba evitando. Iba a hacer sufrir al amor, practicándolo con el de cabellos verdosos, para después darle el tiro de gracia.
Aligeró el agarre en el cuello, llevando los labios a las marcas rojizas que habían dejado sus dedos, Zeo ladeó el rostro, para permitirle lamer las heridas.
Pasó las manos por debajo de los brazos, acariciando los costados con la yema de los dedos, erizando la piel morena.
Acariciarle la espalda desnuda con la palma de las manos, se había convertido en una delicia diaria, costumbre que Zeo no deseaba dejar en el futuro.
Takao acarició con sus piernas, los muslos debajo de sí, coló la rodilla para masajear el sexo contrario, sintiéndolo erguirse casi al instante, Zeo no dudó en abrir sus piernas removiéndose, al sentir también chocar contra su erección la de su amante, ese era el momento en que Takao sin meditarlo dos veces le penetraba, para Zeo que no conocía otra cosa, era lo correcto y había aprendido a hallar placer en acciones tan frías.
Se sorprendió cuando no sucedió, abrió los ojos para cerciorarse que no solo el peso del cuerpo estaba presente, los ojos de Takao brillaban como brazas de carbón encendidas, miró al objeto de su adoración constante, lentamente, grabándose las líneas que enmarcaban la figura sobre sí, y descubrió que las pupilas de irises rojizas de Takao, bailaban también en reconocimiento mutuo.
Su corazón palpitó dichoso, cuando percibió la sonrisa bajo el beso, que le abría de forma natural la boca a ambos. Takao llevó sus manos a los hombros, masajeándolos deliciosamente, con los dedos índices, al parar, recorrió desde la base del oído, a lo largo del cuello, hasta llegar a la clavícula, su boca le sugirió seguir el mismo camino, creando una vía de lengüetazos hasta el pecho.
Takao acostumbraba apretar entre sus dedos las tetillas de Zeo, al grado de que dolía, y únicamente cuando estaba penetrándolo; esta vez parecía querer beber de ellas, amasando con la lengua, mordisqueando ligeramente sin lastimar.
Sus ojos verdes danzaron por la habitación, la boca de Takao en su pecho, pasando en ocasiones por su abdomen, y la mano que agitaba ambos sexos a la vez, le hacía creerse irreal, no había sentido algo tan placentero jamás.
Eros festejaba su nueva victoria, porque en la mente de Zeo, indudablemente, se habían dibujado las palabras que Takao deseaba traducir por medio de caricias, le estaba haciendo el amor.
Y si bien Zeo rara vez tomaba la actitud de un chico determinante, jamás diría en voz alta esa palabra, porque era un muchacho de obras, no de verbosidad.
Sabía que Takao no era una señorita que esperaba a que el otro le dijera cuanto lo amaba, jamás se lo dijo directamente a Takao, pero sabía que estaba conciente de ello. Lo amaba.
Sintió algo húmedo escarbando por sus nalgas, parpadeó ligeramente, meneando el rostro de Takao entre sus manos para elevarle la cara, le preguntó con las verdosas pupilas curiosas lo que sucedía.
Retiró nuevamente la mano de aquella cómoda parte inferior, llevándola esta vez a los labios de Zeo, en vez de los suyos, el de cabellos verdes apretó la boca, para impedir el paso de los dedos, comprendiendo lo que deseaba, y considero sucio chuparlos, mas aun, que tan solo Takao pensara en utilizar las manos, que tocaban todos los alrededores, palpar algo tan indecente.
Pero la sonrisa de los rojizos labios de Takao, hinchados de tanto besarle, derritió la defensa de la primera y única cosa que le había negado, desde que lo conoció.
Embelesado, el de cabellera azul metía y sacaba los dedos, tocando suavemente desde el fondo hasta la punta de la lengua de Zeo, y el mismo se sorprendió de lo agradable que podía ser una simple mano, tocando puntos erógenos dentro de la boca.
Cuando los sacó, un hilo de saliva se alargó, Zeo ladeó asqueado la cabeza, pero no la vista, Takao, al contrario, con morbosidad sacó la lengua para atraparlo, sorberlo, Zeo sintió doloroso el palpitar de su miembro, excitado por la acción, suplicó con movimientos, con la voz, entre besos, abrazos, caricias constantes, que le penetrara.
Takao devolvía y multiplicaba las acciones, pero se dedicaba principalmente a introducir los dedos para jugar dentro del ano del muchacho a su lado. Sintió la clara humedad en su vientre, producto de la primera expulsión leve de semen, que indicaba que estaba próximo al clímax su amante.
Sin aviso previo, se recostó sobre él, enfiló su miembro, atravesándolo en un solo movimiento, le tapó la boca cuando Zeo soltó el gritillo de placer junto con el semen al tan solo ser penetrado, haber sido lubricado y estimulado había sido demasiado para su cuerpo, sin moverse, Takao miró hacia la puerta, temiendo que hubiera despertado a alguien. Tomó la sábana, colándola entre sus vientres los secó. Aún seguía en su interior.
Lo despertó de su alerta los besos en su cuello, cuando Zeo se libero, petición de que continuase.
Recargado en los codos, lo miró retorcerse de goce, los músculos del rostro contraídos, los graciosos gestos involuntarios, aceleró excitado, extasiado, se recargó en sus palmas, elevando más el cuerpo, introduciéndose profundamente, se quedó quieto, totalmente dentro casi medio minuto, mientras expulsaba el semen, y por segunda ocasión, Zeo manchaba sus vientres.
No se quitó de encima, tampoco retiró su miembro, le miró agotado, sumiso, sonriente. Casi juraba que se quedó dormido cuando cerró los ojos, dejando caer la cabeza al lado de la otra, de no ser porque cuando los abrió estaba en la misma posición.
Llevó la mano hacia su cuello, le besó, le acarició, le enrolló los dedos.
La mano que acariciaba los cabellos se unió a la otra en el cuello, salió de su interior, se sentó a horcajadas sobre él, para ejercer la presión que su cuerpo podría otorgar en el abdomen. Evitó cerrar los ojos, para que la imagen del muchacho debajo de si, no se le quedara grabada por siempre en la memoria.
Zeo no emitía más que el sonido ahogado de un murmullo, pero Takao juró que podía escuchar algo mas, horrorizado, sus poros se despertaron, expandieron, al escuchar el quejoso sonido de llanto amargo en súplicas, el quejido lúgubre del amor moribundo. Cupido se asfixiaba inevitablemente.
Soltó a sus victimas, a Zeo, que nunca lucho para liberarse, al amor, que ya no se rebullía o respiraba, y que ya no hacía a Takao desde ese instante, respirar o necesitar el aroma a menta y hierba fresca que se había convertido en una droga.
Al tiempo en que puso los dedos en la arteria del cuello de Zeo, se cercioro a su vez, al poner la otra mano en su propio pecho, en el cuello de Zeo ya nada palpitaba, y en su pecho noto que un dolor agudo le recorría, en su cerebro sintió como si una ola de sangre hubiera alborotado hirviendo desde el vientre, quemando a su paso todo órgano al bullir.
Y fue también cuando Takao comprendió el extraño dolor… el amor, a quien creía tener acunado en brazos a través de Zeo, nunca estuvo realmente tan internado en ese cuerpo del de cabellos verdosos, como en su propio corazón, y al asesinarle, él se había liquidado…
Breve epílogo.
Zeo abrió los ojos, parpadeó varias veces, miró sus manos temblorosas, tapó su boca ante el grito que había dado. Había sido un sueño, sonrió para si mismo, limpiándose el sudor de la frente.
Miró a su lado al joven de cabellos azules, ladeo la cabeza, y no supo si pasaron segundos u horas simplemente observándolo. El asesinato había sido un sueño; el hecho de que le hizo el amor, había sido verdad… su cuerpo lo revelaba.
Cuanto Takao abrió los ojos, las pupilas de Zeo se dilataron, dando un color más claro a sus irises… los ojos incandescentes de Takao se habían apagado.
Zeo no quiso preguntar nada, se limitó a sentir la opresión de tristeza en el pecho, al no haber visto una emoción real de afecto hacia él, a pesar de los días anteriores, sobre todo de la noche pasada, en que le había hecho realmente el amor.
Takao saludo fríamente al abuelo, sorprendiendo a todos en el desayuno, con la noticia de que se casaría con su prometida en cuanto cumpliera la mayoría de edad.
No quiso escaparse a media clase con Max, y fue raramente callado en una discusión sin sentido que solía ganar, sin que Rei interviniera. Kai al derrotarle con demasiada facilidad, le pateó duramente las costillas, enfadado, hastiado, sobre todo para ocultar la tristeza de perder a su mejor rival, y quizás amigo.
Porque en cada golpe de Takao, perfecto, pero sin sentimiento, notó que realmente el que fue su amigo y no se rendía jamás, estaba ausente.
Tomó su viejo morral, saldó la cuenta de sus días de alquiler y escuela, ignoró las suplicas del señor Kinomiya de quedarse, miró a Zeo antes de irse, y el de cabellos verdosos casi juró que Kai demostró un leve rastro de tristeza en la mirada, no solo por él mismo.
- Él esta muerto, no hay nada tampoco para ti aquí.-le dijo al salir del Dojo sin girar nuevamente su vista a él ni parar.
Cuando Zeo vio los ojos vacíos de Takao, aquel que sería el heredero del Dojo, mirar como partía su más grande rival y mejor compañero, ese que le hacía levantarse más temprano como incentivo de ser mejor cada día, sin una sola palabra de despedida… se dio cuenta que Kai tenía razón, y tal como sucedió con Takao, en el interior de Zeo estuvo a punto de ocurrir un asesinato.
Zeo deseo desde lo más profundo de su corazón, matar el amor que tanto le lastimaba en el pecho.
Dos veces, el mismo día, de no ser por el cauto Eros y sus artes ilusorias, lo hubieran liquidado definitivamente. Eros había hecho en la mente de ambos la escena del asesinato para salir justo a tiempo del corazón de Takao, y se limitó a huir despavorido de Zeo antes que recurrir a ello, sin embargo…
Takao se aniquilo a sí mismo, porque con su acto liquidó todo tipo de amor, hacia cualquier persona. Ya no amaba a su abuelo, ni a sus amigos, ni siquiera a sí mismo.
Horrorizado, el pequeño dios inmortal, que había sido expulsado de esos cuerpos de forma tan tajante, siguió a Kai, de forma invisible, con la esperanza de que ese muchacho observador, le ayudara a conseguir personas que realmente tuvieran el coraje y valor de prestarle su ser como morada… porque ciertamente, estaba casi seguro que Kai era otro asesino del amor en potencia, y no se introduciría con el mas que en alerta total.
Así que se limito a volar bajito, callado, a su lado, totalmente invisible, a veces Kai miraba a los lados sintiéndose perseguido, movió negativamente la cabeza con una sonrisa socarrona, sintiéndose estúpido. Tan estúpido como Takao.
Habría que irse con cuidado, pero sin rendirse. Miró por última vez el Dojo Kinomiya, a Zeo ser recogido por una limosina, a Takao en la puerta al lado del abuelo, mirando hacia la nada con los ojos vacíos, sin su actitud arrogante ni decidida.
Eros también le miraba, si, verdad que Takao ganó la batalla, el muchacho había sido una ambrosia difícil de digerir, pero no había viajado tanto, y pedido permiso a los dioses locales que tampoco pudieron con la labor, para actuar en vano.
La guerra no estaba decidida, y Eros ya había resuelto que Takao Kinomiya era su mejor rival, y no pararía hasta vencerlo.
- Hey… Kai… Ya te comprendo- le dijo al oído el pequeño cupido- es un hueso duro de roer, pero cederá aunque tenga que ser a golpes y mordidas.
Kai levantó la ceja, sorprendiéndose a sí mismo buscando con la mirada a sus alrededores, negó con pesadez.
-"Me estoy volviendo loco"-pensó al no ver nada
-Ya veras… si nos esforzamos, lo derrotaremos- continuó omitiendo los pensamientos de Hiwatari.
Frente a Kai se paró la limosina que recogió a Zeo, se sorprendió al ver a su abuelo, sentado al lado del señor Zagart, como le había anunciado por carta una semana antes, era su socio de negocios. Seguramente el padre de Zeo tenía acceso a algún tipo de mafia, o cualquier cosa turbia.
-"cualquiera que tenga negocios con mi abuelo no puede ser alguien bueno- pensó asqueándose antes de cruzar palabra con aquel hombre.
-Ven Kai- ordenó sin mas el abuelo Hiwatari, Kai subió sentándose al lado del profundamente triste Zeo, entrecerró los ojos… el torneo del equipo de Kendo aun no se efectuaba, no se había anunciado rompimiento de equipo, y posterior a ese estaba el que a Kai le interesaba, el individual, pero estaba seguro que sin Takao no tendría competencia.
-"Paciencia se traduce en sabiduría… y la sabiduría es poder"- se dijo el de cabello en dos tonos, con una ligera sonrisa en el rostro, tenía la inteligencia, la capacidad, y ahora la herramienta.
Utilizaría sin dudar a Zeo, cuyo cariño se había salvado ante la huída puntual de cupido.
Y el pequeño Eros sonrió enormemente, aún invisible, ligero como pluma, recogiendo sus diminutas alas, se sentó en las piernas de Kai.
Era cruel, era detestable… pero era como los seres superiores-o los que se sienten como tales- se comportaban. Eros utilizaría la arrogancia y obsesión de perfección de Kai, y Kai utilizaría los sentimientos y el amor de Zeo para regresar a Takao.
Y no es porque realmente le interesara a Kai que regresara Takao Kinomiya a ser el mismo de antes, o juntar a una pareja para patéticos finales felices. ¿Qué iba a hacer Kai, aburrido, sin un buen rival?
¿FIN?... Si. Imagínense la continuación como decidan.
No me pregunten porque puse a Kai de jodido ayudante de cupido, aparte de la enferma superioridad que tiene, como los supuestos dioses arrogantes, no se porque mis dedos lo movieron a el de apoyo. Al menos creo que el fic, aunque esta asquerosamente cursi, no igual el rol que Kai desempeño, vino a ser el tipo bastante patético.
Como sea, agradecería me dejaran comentarios finales. Si llegaron hasta aquí sin aburrirse o vomitarse, felicitaciones, nos leemos en el próximo fanfic.
