Sobre cenas, regalos, muérdagos y ¡primeros besos!

Eran las tres y media de la mañana y Tonks estaba acostada boca abajo, con la cabeza en los pies de la cama, pateando la almohada, recordando su conversación con Remus en una versión ligeramente mejorada, donde ella no sólo llegaba hasta él sino que lograba traspasar las llamas para posteriormente ser envuelta en los brazos de Remus en un abrazo eterno.

"¡Diablos Tonks!, deja de fantasear. No puedo creerlo, mañana tengo que presentarme en el ministerio a las 7:00am y no tendré tiempo de comprar algo para Remus¿Por qué la Navidad se traduce en sólo regalos? Me sentiré profundamente mal si no le compró algo y él aparece con algo; sería mejor si no me comprará nada pero si no lo hace sentiré que no le importo. Haaaaaaa odio la Navidad necesito un regalo y no puedo salir a estas horas a comprarle algo Haaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!

Esa noche Tonks no pudo dormir de lado, ni de espaldas, ni enrollada como una pelota, abrazándose las rodillas y se limitó a repetir su fantasía una y mil veces más.


Remus, por otro lado, sufría del mismo mal aunado a la preocupación, puesto que en toda su existencia ninguna mujer le había mantenido despierto toda la noche, en un estado de incómodo deseo, preguntándose si volvería a presentarse una oportunidad semejante a la que habían tenido esa noche.

"¡Santo Cielo! No había pensado en lo cerca de la Navidad, sólo 3 días y no le he comprado nada. Aún queda tiempo, pero si salgo a comprarle algo en Hogsmade el rumor de que "El Profesor Lupin compraba algo para una jovencita" se esparciría más rápido que la pólvora.

Quiero darle algo pero ¿qué puedo darle? No quiero nada que pueda interpretarse como alguna insinuación romántica o que simplemente fuera una tontería que hiciera pensar a Tonks que compró algo por compromiso"

Cansado de tantos pensamientos que no lo llevaban a ningún lado y sólo conseguían confundirlo más decidió romper la promesa que le hizo a Tonks se levantó y dirigió hacia su escritorio con el objeto de calificar los trabajos.

"Los cavernícolas sabían lo que hacían"- pensó Lupin disgustado. "Ellos sólo daban un golpe en la cabeza a la mujer y la llevaban a su cueva. No tenían que expresar emociones que hicieran sentir a un hombre como si su corazón todavía vivo fuera arrancado del pecho y clavado en una estaca para que todos se rieran"


La nieve y el frío se habían apoderado de Londres. Las familias y parejas se regocijaban en los parques y sus alrededores mientras que Tonks contaba los minutos para salir del Ministerio

-"Estúpido reloj, de seguro fuiste hechizado. De otra forma no encontraría razón de que avances tan lentamente"- Maldecía la joven mientras esperaba que Rufus la llamara para darle sus resultados; casi la mitad de sus compañeros ya los habían recibido pero para que llegará su turno faltaba bastante y lo peor de todo es que no sabía si los nervios y ansiedad que la invadían era por el hecho de conocer sus notas o por ver a Remus en unas horas.


-Remus, tu transporte está preparado para salir en una hora. Deja de preocuparte, todo estará bien y pasarás unas felices fiestas.- Le decía Dumbledore a la vez que lo dejaba solo en su habitación.

"Todo saldrá bien" Estaba cansado de repartirse esa frase los últimos días, pero ya no había vuelta atrás, tenía que hacer lo que tuviese que hacer.

El colegio había sido abandonado por la mayoría de los alumnos así que podía atravesarlo sin temor a que alguno le cuestionara a dónde pasaría las fiestas. Pero tanto era su abstracción en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que era observado por dos de sus alumnos quienes no siempre tenían las mejores intenciones.

-¿Estás seguro George?

- Por supuesto, míralo, seguro que se la pasará con alguna chica.

- No creo que sea de esos.

- Por eso mismo debemos darle una ayudadita. Esto no le hará daño, solo le servirá para revelar sus verdaderas emociones y deseos. No creo que le moleste

- y da paso nos servirá de conejillo de indias para probar la mercancía nueva

Los dos hermanos se miraron maliciosamente y no necesitaron más palabras para poner en práctica su plan. Cada uno se encaminó hacia el profesor no dejándole espacio para alguna escapatoria.

- ¡Buenos Días Profesor!- Dijeron al unísono, provocándole casi un infarto al pobre profesor.

-¡Así que saldrá fuera estás fiestas!

- Nosotros también nos vamos

- Ho si- respondió, Remus con un sonido casi inaudible ya que se encontraba aturdido en medio de tan rápida e inesperada conversación.

- Seguro la escuela estará más tranquila sin nosotros.

- Pero pronto regresaremos

-Usted sabe Navidad es una época perfecta para hacer conquistas. – Dijo Fred mientras le daba un codazo en las costillas,

- ¿En verdad, no lo sabía? – Contestó Lupin mientras avanzaba hacia la salida en un intento de deshacerse de ellos dos.

- Pues debería tenerlo en cuenta. Replicó George.-

Nosotros no pensamos regresar con las manos vacías. – Completó Fred quién se había agachado a "amarrarse" su agujeta.

- Pues les deseo buena suerte a los dos- Concluyó el profesor apurado.

- Nosotros no sólo se la deseamos ja se la podemos asegurar.- Sonrió George - Qué tenga un excelente viaje. Nos veremos regresando.- Finalizó Fred al tiempo que él y su hermano se retiraban con una gran sonrisa en su rostro.

- Gracias- Pronunció aún sorprendido del encuentro. " Los conozco suficientemente bien para saber que sus intenciones al entablar conversación conmigo no son nada buenas"- Remus se revisó con cuidado antes de subir al tren y no encontró nada fuera de lo normal así que dejó sus paranoias de lado y olvido su encuentro con los gemelos.


- Puedes pasar Tonks.

-Gracias Señor.

- Trataré de ser lo más breve posible. Como bien sabes el pertenecer al Grupo de Operaciones Mágicas Especiales es un honor que muy pocos pueden saborear.

- Sí, lo sé. – Contestó Tonks quien a pesar de sentirse nerviosa, hacía su mayor esfuerzo por mostrarse fuerte y serena.

- Al principio tenía fuertes dudas sobre ti puesto que tu peculiar habilidad se veía opacada por tu torpeza y falta de concentración, los cuales entre otras cosas te llevaron a trabajar con Dolores. Pero estos últimos meses realmente te he visto comprometida y vaya que haz mejorado tus destrezas. Si continúas así dentro de los últimos meses y no comentes ningún error me encantaría darte la bienvenida a nuestro Grupo una vez que te gradúes.

- ¡Wow¿En verdad lo dice en serio?- Respondió Tonks muy contenta y casi incrédula.

- Yo nunca bromeo. Sólo espero que estos últimos meses cumplas a la perfección tu misión ¿entendiste?

- Sí, claro. No habrá ningún problema.

- Perfecto, ahora si no hay más le deseo unas felices fiestas.

- Igualmente.

Tonks salió feliz de la vida de la oficina, y lo primero que hizo fue comunicarse con sus padres para darles la gran noticia.

- ¿Pueden creerlo acaso no es genial?

- Sí hija, será difícil superar tal regalo de Navidad.

- Sí

- Por cierto no nos haz dicho con quién la pasarás- Preguntó su madre poniéndole de puntas el cabello a su hija.

- Con un amigo, no haremos nada especial.- Respondió Tonks queriendo terminar la conversación por completo en ese mismo instante.

- Bueno ya sabes lo que siempre, te hemos dicho tu padre y yo sobre las parejas.

—Lo sé —la interrumpió Tonks, con su mejor voz aburrida de chiquilla—, debo buscar a alguien que me ame, no importando lo demás.

— ¿Quién ha hablado de amor? —replicó Andrómeda Tonks, que formaba parte de uno de los pocos matrimonios enamorados entre las familias de magos, tan fastidiosamente feliz que desde hacía años provocaba no pocas miradas de envidia—No, querida, lo que debes mirar en un hombre es que tenga una buena entrepierna.

— ¡Madre!- Gritó Tonks roja de pies a cabeza ante la idea de imaginarse la entrepierna de Remus.

—¡Es tan fácil escandalizarte! —dijo Andrómeda entre dientes antes de declarar con seriedad que tuviera cuidado y que cualquier cosa que saliera mal ellos estaban esperándola con los brazos abiertos en las Bahamas.

La ciudad estaba en plena efervescencia, y el viento, que soplaba con fuerza, contribuía a esa frenética actividad. Los automóviles colapsaban las calles y Tonks presa de ese frenesí ocupaba el poco tiempo que le sobraba antes de que Remus llegara en recorrer las tiendas en busca del regalo perfecto.

En las vitrinas veía una gran variedad de productos como: Tinteros de plata, cajones con tiradores dorados, los pisapapeles de cristal. Pero nada era perfecto para él y el tiempo se agotaba a pasos agigantados y justo cuando estaba por rendirse ahí estaba el regalo perfecto.


El paisaje que Remus observaba a través de las ventanas del tren era encantador: los campos hasta hace unos meses verdes, ahora estaban cubiertos de nieve y las pocas personas que veía al pasar se veían increíblemente felices.

Había decidido guardar su reloj en su equipaje hace una hora puesto que la tentación de saber cuánto faltaba para llegar lo estaba torturando, casi al mismo nivel que hace días lo hacía su búsqueda por el regalo perfecto.

Con mucho cuidado había escuchado las conversaciones de sus estudiantes, en un intento desesperado por saber qué estaba de moda o qué era lo que más deseaban para navidad, pero entre tantas cosas no había nada que pudiese ajustarse a lo que quería darle a Tonks. Estaba a punto de darse por vencido cuando ayer a la media noche preparando su equipaje lo vio brillar, estaba ahí , había encontrado su regalo perfecto.

Con mucho cuidado y por veintava ocasión metió la mano en su bolsillo, sólo para comprobar que seguía ahí, apretó con delicadeza la pequeña caja y al instante sintió como el tren disminuía la velocidad en señal de que se estaba acercando a su destino.


No era la única esperando a alguien ese día en la estación, al contrario se podría decirse que no cabía ni un alfiler en el lugar pero a pesar de eso y del humo de la locomotora no tardo en encontrarlo estaba ahí:

Tenía el pelo castaño claro, los ojos miel y una sonrisa fácil, que iluminaba su cara. Esta vez para su sorpresa no llevaba su ropa desgastada sino un exquisito abrigo café que sólo lo hacía ver como un extraño terriblemente atractivo.

Tonks le sonrió animadamente y se acercó a él para de inmediato depositar un beso casto en su suave mejilla. Entonces él pudo oler su aroma, embriagador, mágico que le llenó la cabeza, el pecho y la mente.

- ¿Qué tal el viaje?- Preguntó Tonks muy emocionada.

- Sin contratiempos – Contestó Remus aún aturdido por la calurosa bienvenida.

- Perfecto, porque nos espera una larga tarde. Vas a decir que soy la peor de las anfitrionas pero ni siquiera he tenido tiempo de ir a mi departamento, pero me han recomendado un excelente lugar donde podemos comprar la co…

-¿Qué dices?, piensas que compraremos nuestra propia cena- Reprochó Remus ante la mirada atónita de la joven.

. Siento desilusionarte Remus, es lógico que cuando te hice la invitación imaginaras que yo prepararía algo y juro que si hubiera tenido tiempo lo hubiera intentado pero para ser sincera no sé ni poner el agua a hervir y mucho menos la diferencia entre un jitomate y un tomate. Lo siento, en verdad- Comentó muy angustiada Tonks al pensar en lo desencantado que estaría Remus de su persona.

- No, no, no debes preocuparte, no me refería a eso. Lo que yo quería decir es que no es necesario que compremos la cena Yo puedo prepararla.- Respondió Remus muy apenado por haber preocupado a Tonks.

- Pero eres mi invitado y no sería justo. - Se disculpó de nuevo Tonks, en verdad no sabía cómo se le pudo haber ocurrido invitarlo y ahora obligarlo a cocinar. No había la menor duda era la peor de las anfitrionas de la historia.

- Para mí sería un gran honor. No soy el mejor de los cocineros y lo más probable es que mi comida no supere a la que piensas comprar, pero prometo hacer algo comestible. – Volvió a insistir Remus con su característico comportamiento imposible de resistir.

- Ja eso es mejor de lo que yo puedo ofrecer.- Agradeció enternecida Tonks.

- Muy bien, pues a conseguir los ingredientes se ha dicho.- Dijo Remus emocionado.

-¿Callejón Diagon o Supermercado?- Preguntó Tonks intrigada.

- Supermercado- Contestó Remus cerrando así la posibilidad de que alguien del Ministerio los viera y causara problemas. – Creo que ahí encontraremos todo lo necesario.

Pronto se alejaron de la muchedumbre de la estación y de dirigieron hasta el supermercado más cercano, caminar por esas heladas calles del brazo de Remus la hacía sentir tan bien. Él se lo había ofrecido después de que ella constantemente tropezaba a causa de la nieve.

Para su sorpresa el supermercado estaba aún más atestado de gente que estación y lo peor es que todos parecían desesperados por llevarse hasta el último alfiler de la tienda. Los dos se miraron preocupados por la situación.

-¿Crees que consigamos algo? – Preguntó Tonks angustiada.

- Tal vez no pavo, ni salmón, ni nada sofisticado. Espero que no te importe.

- Por supuesto que no.

- Entonces manos a la obra. – Remus tomó un carrito y empezó a revisar los pasillos mientras Tonks lo miraba maravillada y en un intento por servir de ayuda tomaba todo lo que tenía a su alcance para que Remus lo revisara y escogiera lo que necesitara.

- ¿Qué te parece esto¿Puede servirnos?, parece chocolate.

- No lo creo Tonks, es grasa para zapatos.

. ¿En verdad? Nunca lo hubiera creído¿pero qué tal esto?

- Humm……. eso me parece que es limpiador para pisos. Me cuesta trabajo creer que no tuviste problemas en tu examen de estudios muggles.- Dijo Remus riéndose de su compañera.

- Pues se supone que tú me entrenaste. – Contestó indignada pero divertida pero al mismo tiempo tomando la decisión de dejar de ayudar a Remus en su búsqueda y se limitó a echar al carrito sólo adornos navideños.

-Y ¿Qué tanto tuviste que hacer?, no me has dicho cómo te fue.

- Muchísimas cosas, te lo aseguro. Más de la que puedo recordar en este momento. Pero me fue excelente Rufus me dijo que con mucho gusto me aceptará en el Grupo de Operaciones Mágicas Especiales si terminó está misión sin complicaciones, y teniéndote a ti como mi protegido eso es pan comido siendo tú el que la mayoría de las veces termina salvándome a mi. – Comentó Tonks con un pequeño sonrojo.

- Eso no es cierto.- Pronunció Remus un tanto apenado.

- No pienso discutir ese punto contigo, mejor me adelanto a las cajas mientras acabas de comprar sino tardaremos una eternidad en salir de aquí.

Tonks se alejó dando pequeños saltitos a la par que tomaba entre sus brazos más adornos navideños.

Al final de la tarde, cuando ya no había más pretextos para seguir caminando, ella lo tomó de la mano y lo condujo a su departamento. Para Remus este movimiento resultó sorpresivo; iba a ocurrir algo terrorífico o algo maravilloso; no podía estar seguro de cuál de las dos cosas. Para alguien que se había jactado siempre de tener la cabeza sobre los hombros y los pies bien plantados en la tierra, aquella situación era inquietante.

- Sabes podríamos llegar más rápido si cruzáramos el parque a través del Zoológico, pero no soporto la visión de los pobres animales enjaulados, así que tendremos que rodearlo. Espero no te importe.

- Claro que no, a mi tampoco me gusta.

Siguieron su camino hasta llegar a un edificio de departamentos muggle. Tonks miró cuidadosamente hacia ambos lados de la acera y sacó cuidadosamente su varita de entre sus ropas.

- ¡Aloha..

- ¡Señorita Tonks! De nuevo ha olvidado la llave- La interrumpió a mitad de su hechizo una de sus vecinas, la Sra. Bexter- ¡Debería conseguirse una nueva!

- ¡No tiene sentido, siempre acabo perdiéndolas! Así que no haré otro gasto inútil - Respondió Tonks molesta por la actitud de su vecina.

- Pues no siempre tendrá la suerte de que yo le abra. ¿Qué hubiera hecho si yo no hubiera pasado por aquí? Su pobre tío y usted se hubieran congelado aquí a fuera.

- Sí, sí, si lo que diga, ahora si me lo permite mi "tío" y yo queremos llegar a casa- y así los dos subieron las escaleras hasta llegar al departamento de la joven.

-No dejes que te moleste el comentario de la Sra. Bexter, es una entrometida. – Comentó Tonks al ver como la sonrisa de Remus había desaparecido.

- No, no me molesta. Ella tuvo muchos motivos para pensar eso: tu eres una jovencita y yo….

- y tú me superas en muchos aspectos, eres mucho más listo, mucho más profundo, y….

- Mucho más viejo- Refutó Remus

Tonks se puso seria y continúo. – La edad no indica más que el número de años que uno lleva sobre el planeta, nada tiene que ver con la interacción emocional entre los seres humanos.- Ella le paso la yema del dedo por el brazo, con lo que Remus sintió cómo de golpe se le borraban todas las células del cerebro.

- ¡Por fin en casa!, de antemano pido disculpas por el desorden, sé que no tengo excusas….- Decía la chica a la par que trataba de desaparecer las cajas de pizza y la ropa sucia que se esparcía por todo el departamento. Remus ya antes había visto tal desorden a través de sus conversaciones, pero eso era distinto a tenerlo ahí mismo.

Parecía como si alguien acabara de mudarse; casi tenía la sensación de que olía a recién pintado. Los únicos muebles eran un confortable sillón que servía como sala y unas cajas que servían de mesas. Una de ellas sostenía una pequeña lámpara y la otra una montaña de libros, discos y películas. Al fondo podía verse un pequeño comedor y una televisión muggle nada más. Las paredes estaban decoradas como su casillero con posters de sus películas y grupos de música favoritos y a pesar de tanto desorden podía sentirse el calor de un hogar.

- No importa, para mí es perfecto. – Dijo Remus mirándola directamente a los ojos que en ese momento eran, un poco azules, otro poco verdes, salpicados de motas pardas: multicolores, como su pelo; y, como su pelo, proyectaban una luminosidad cálida y viva.- ¿Dónde está la cocina? Es mejor que empiece con esto si es que queremos cenar antes de media noche.

- Es la segunda puerta, pero hay un problema: nunca la he utilizado. Yo sé que al mudarme mi madre puso en esas cajas algunos utensilios pero no sé si sirvan del todo, teniendo en consideración que ella tampoco sabe mucho de cómo es la vida muggle.

Remus tomó las cajas polvosas que se encontraban aún sin abrir en el suelo de la cocina y se llevó una agradable sorpresa al ver que por lo menos lo básico estaba ahí: Unos cuántos sartenes, una licuadora, un delantal y una gran variedad de moldes.

-No hay nada de que preocuparse, todo lo que necesito está aquí así que no te agobies más, déjame esto a mí tú mientras encárgate de adornar todo que una Navidad sin adornos no es Navidad.

- Perfecto, si necesitas ayuda dímelo. – Declaró Tonks mientras veía como Remus se desprendía de su abrigo y se ponía el delantal el cual le otorgaba un aspecto de lo más tierno.

Con un simple hechizo Tonks logró que un pequeño árbol que compró en el supermercado adquiriera un tamaño real y de inmediato lo empezó a llenar de toda clase de adornos desde brillantes esferas hasta luminosas hadas que sostenían pequeñas coronitas.

La señal de que algo exquisito se preparaba en la habitación de alado no se hizo esperar así que para alegrar la situación Tonks puso en su viejo tocadiscos uno de los discos de grandes bandas que tanto gustaban a Remus y a escondidas lo miraba cocinar era tan lindo verlo bailar mientras hacía trucos con el sartén. De pronto algo llamó su atención, algo brillaba junto a la pequeña maleta de Remus, así que se acercó para descubrir que era un pequeño muérdago.

- "Tal vez lo he comprado sin darme cuenta y ahora lo deje aquí tirado. Humm si lo cuelo encima de la mesa se dará cuenta y lo tomará a mal. Es muy pequeño, casi diminuto, no lo notará y a además qué es la Navidad sin un lindo muérdago. A parte si lo notara no creo que se atreviera a besarme él no es de ese tipo. "Pensó Tonks para después colocarlo en un lugar donde no llamara la atención.

Remus aún seguía cocinando y ella quería lucir tan bien como él lo hacía así que aprovechó para ir a su habitación y arreglarse un poco. Quería verse natural, nada que resultara forzado por lo que después de sacar gran parte de su guardarropa se decidió por una linda blusa negra con detalles rojos y un pantalón que combinaba a la perfección. Quería cambiar su cabello pero por más que lo intentaba no lo logró, éste continuaba siendo una combinación de colores y estilos un claro reflejo de su estado de ánimo. Al final se resigno y se dio cuenta que a pesar de la inconsistencia lucía bastante bien.

Al salir de su habitación descubrió que Remus había montado la mesa de una forma muy elegante y el platillo principal ya estaba servido. El profesor no pudo evitar sonreír al ver entrar a Tonks en el comedor y de inmediato como buen caballero le ofreció un asiento.

- Gracias. Se ve exquisito, no puedo creer que lo hayas hecho sólo con lo que conseguimos en el super.

- Con eso y un poco de magia. Nunca subestimes el poder culinario de un viejo mago. –Comentó sintiéndose alagado- La decoración también es perfecta, creo que serías la envidia de cualquiera de tus vecinas.

- Claro en eso no tengo ninguna duda, nadie tiene mejor compañía.- Sonrió directo a Remus mientras éste tomaba asiento justo en el lado opuesto de la mesa.- Antes de empezar a cenar me gustaría de nuevo agradecerte por aceptar mi invitación y salvarme de terminar en ese sillón sola comiendo los restos de las pizzas de hace dos semanas.

- No, no, para nada tú fuiste la que me salvó a mí de volver a pasar otra Navidad, solo, quién sabe dónde y qué haciendo. En verdad me siento muy a gusto aquí contigo.

Sin duda, resultaba un poco extraño encontrarse a solas en la habitación que debían compartir. Tonks por su lado quería ser la perfecta anfitriona pero en cada intento sólo conseguía derramar o tirar algo por lo que Remus tomó el control de la situación ocupándose de servir y partir todo lo que fuera necesario.

Hubo una incómoda pausa. De repente, Tonks se sintió artificial, sonriendo a Remus que su vez la sonreía a ella. Era como si estuvieran los dos en una representación y se les acabara de olvidar el papel. Ya no lo aguantaba más tenía que romper ese silencio.

- ¡Por Dios! Remus, juro que nunca había comido algo tan delicioso. Esto no sólo merece una celebración si no un regalo así que cierra los ojos.- Dijo Tonks juguetonamente, parándose de su asiento y acercándose peligrosamente a su acompañante.

- No, no creo que sea necesario Tonks. – Protestó nerviosamente.

- Vamos, Remus¡Cierra los ojos!- Ordenó la joven al tiempo que lo tomaba de las manos y lo encaminaba con los ojos cerrados al centro de la sala. Colocó las palmas de éste hacia arriba y situó en ellas un paquete y antes de que éste pudiera abrir los ojos ella depositó un pequeño beso en su mejilla - ¡Feliz Navidad!

Remus abrió los ojos maravillado y antes de que Tonks pudiese decirle algo tomó la pequeña caja guardada en su bolsillo que con tanto cuidado había protegido y la depositó en la pequeña y blanca mano de Tonks lo cual la dejó sin palabras por unos segundos.

- A la cuenta de tres¿te parece?- Sugirió Tonks y Remus le afirmó con un movimiento de cabeza.

- Uno

- Dos

-Tres

Y Así los dos como si fueran unos niños destrozaron las envolturas de sus respectivos regalos.

- ¡Ho Cielos! Una primera edición de Grandes Esperanzas; no tenías que hacerlo, es perfecta.

- De qué hablas, no es nada comparado con esta preciosura- Comentó Tonks alzando hacia la luz un hermoso dije de plata en forma de estrella adornado con una piedra preciosa al centro.

- Era de mi madre, y en cuanto lo vi supe que debías tenerlo, la piedra suele cambiar de color así como tú y tengo entendido que es un amuleto que atrae la buena suerte.

- Remus, si era de tu madre, no creo que sea lo correcto que yo lo tenga. – Extendió el dije hacia las manos de él

- Por supuesto que para mí es importante que lo tengas, así que no se diga más- Tomó el dije sólo para colocarlo en el cuello de la joven- Así será como si siempre llevarás algo de mí a donde quiera que vayas.

El pequeño muérdago brillaba con más fuerza que nada en la habitación pero ellos no lo notaron. Ella no dijo nada, pero las lágrimas empezaron a rodar en su rostro. Remus sin saber realmente lo que hacía la atrajo hacia sí, y le empezó a limpiar torpemente la cara con su pañuelo; y entonces acercó el rostro hacia sus sollozos y. sin atreverse del todo, sin saber si hacía o no lo correcto dadas las circunstancias, la besó de lleno en sus labios color cereza. Hubo un momento de duda, y entonces la boca de ella se abrió. y su lengua se deslizó entre los labios de él, y Remus quedó, bajo aquel brillo del muérdago, irrevocablemente perdido.

El beso duró unos pocos pero eternos minutos pero temiendo por la cordura o la virtud de Tonks —una de las dos desaparecerían si las cosas continuaban—, Remus interrumpió el beso, separando sus labios de los de ella, con un sonido tan audible que le desconcertó y causó gracia a Tonks, por lo absurdo del ruido y la simple alegría del momento.

-¡Feliz Navidad!- Se limitó el Profesor a decir al no encontrar otra cosa que decir al tiempo que cuidadosamente se alejaba de la chica.

- ¡Feliz Navidad!- Contestó Tonks, aún aturdida y sorprendida por el acto que acababa de vivir.

- Será mejor que vayamos a dormir, ya es tarde y mañana tenemos mucho que hacer. – Prosiguió Remus más nervioso que nunca y temeroso de que la situación se saliera de control.

- Sí, sí. Lo que digas. Si gustas puedes dormir en mi cuarto.- Contestó Tonks preocupada de que Remus mal interpretara su proposición.

- No, no, en este sillón estaré bien, te lo aseguro. No te apures.

- Excelente.

- Hasta mañana

-Hasta mañana

Y así los dos más nerviosos y temblorosos que unas gelatinas vivientes se separaron. Tonks se dirigió a su cuarto y Remus se dejó caer al instante en el sillón apagando con su varita cualquier luz que pudiera delatar su sonrojo.

—¡Dios mío, besé a Remus! — Tonks murmuró a la habitación oscura. Deslizó su cabeza por la almohada con una tonta sonrisa pintada en el rostro. Había sido un beso increíblemente bonito.

¿Podía una persona explotar de pura alegría? Si era así, Remus sabía que su tiempo era limitado. El corazón le latía con tanta fuerza que estaba a punto de salírsele del pecho, sus mejillas se expandían cada vez más en una enorme sonrisa; y su cabeza se sentía tan ligera que parecía que fuera a salir flotando del resto de su cuerpo.


WoW ahí lo tienen su primer beso ja después de todo este tiempo, empezaba a creer que nunca se daría. Espero les haya gustado. De nuevo mil disculpas por el retraso pero les juro que ha sido uno de los capítulos que más me ha costado escribir.

Como siempre todos sus comentarios son bienvenidos D