Graduación
-¡Querida luces maravillosa! Podría apostar lo que quieras a que nunca ha existido una Auror tan hermosa como tú- Decía mi madre, mientras acababa de retocar mi túnica de gala por última vez o por lo menos eso yo esperaba porque en los últimos días esa pobre túnica se había retocada tantas veces que había perdido la cuenta, todo con el propósito de que fuera totalmente segura y yo no pudiera tropezarme o cometer ninguna estupidez a la hora de pasar a recoger mi Título como Auror.
-¡Ted! Por favor ven a ver a Dora, es un encanto. – Llamó mi madre a mi padre quien preparaba todo lo necesario para que el momento en que oficialmente me convirtiera en Auror fuera postergado para la eternidad.
- Es verdad cariño. No tengo palabras para describirte, eres nuestro mayor orgullo pequeña- Mi padre me abrazó con todas sus fuerzas, mientras trataba de controlar las lágrimas que brotaban de sus ojos.
- Gracias, todo lo que soy se lo debo a ustedes- Tomé todas las fuerzas que aún me sobraban y les otorgué la mayor sonrisa que puede, y hasta no verlos a ellos también sonreír comprobé que yo también lo había hecho. Era la primera sonrisa en más de seis meses que había salido de mi ser. Creí haber olvidado cómo hacerlo, pero la ocasión lo ameritaba y ellos merecían ser los padres más felices del mundo y no pensaba arruinarles el momento.
-Muy bien, te dejamos para que termines los arreglos. Cuando estés lista nos iremos.
- Sí, ya estoy casi lista. Prometo no tardar. – Al oír la puerta cerrarse, volví a verme en el espejo y por más que abría los ojos no podía detectar tal hermosura de la cual ellos hablaban. Mi cabello al instante perdió el color y aquella sonrisa fingida había cedido su lugar a la verdadera yo ¡Caramba! Este debía ser el día más feliz de mi vida hasta el momento y no lo era. Me sentía incompleta, vacía ya habían pasado casi seis meses desde que Remus decidió marcharse y aún no lograba reponerme.
Lo echaba de menos, tanto que a medida que los días se fueron disolviéndose comencé a sentir por él cierto desproporcionado resentimiento¡Diablos! Mi mejor amigo……..mi cómplice…. mi amor, se había olvidado de mí. Una inquietante soledad se había filtrado en mi corazón y ahora mi vida era muy parecida a una dieta sin sal ni azúcar.
Estos últimos meses habían sido un infierno y lo único que me mantenía a flote eran las conversaciones imaginarias, en las que él me suplicaba perdón con lágrimas en los ojos, pero una vez que caía de nuevo en la realidad, no hacían más que aumentar mi tristeza y mi incapacidad para salir de la cama.
No era justo seguir viviendo así. Si él me había abandonado sin importarle mis sentimientos ¿por qué yo no podía? En un ataque de rabia, llené una enorme bolsa con las cosas que Remus me regaló: discos, libros, adornos, esta basura que amo y me vuelve loca. Su esencia estaba en todo, así que hundí mi cara en ella, y ese olor conocido me hacía recordar la felicidad perdida.
Tenía que ser fuerte. Fuerte por los maravillosos padres que me esperaban con la más maravillosa de las sonrisas. Fuerte porque hoy cumplía el sueño de mi vida. Fuerte porque sé que mañana empezaré un nuevo camino……. Tenía que ser fuerte…….fuerte por él que hubiera detestado verme de esa manera.
Volví al espejo, sequé las lágrimas que corrían por mi rostro y respiré profundamente prometiéndome que aunque sea por hoy no pensaría en él, y me dejaría invadir por la felicidad del momento. Sacudí mi cabeza y el color volvió a aparecer, revisé que la túnica no se hubiera estropeado y salí con mis padres hacia el Ministerio.
La sala designada para la entrega, estaba llena de reporteros y personalidades del Mundo Mágico pues el otorgamiento de grado de Auror no es algo tan sencillo de conseguir, así que supongo que la comunidad mágica está interesada en saber quiénes serían nuevos Aurores. Tantos reflectores y murmullos me molestan, pero para mi fortuna mis padres tienen lugares reservados así que una vez que se sienten podré irme a esconder tras bambalinas.
- Dora ¿Por qué hay tres asientos reservados?- Me pregunta mi madre. – Acaso ¿vendrá alguien "especial"?
¡Diablos! Olvide por completo que había reservado un asiento para Él. ¿Por qué cuando trato de hacerlo desaparecer, siempre hay algo que me lo recuerda?
- Debieron cometer un error. Yo les dije claramente dos asientos.
- Muy bien cariño, pero no te molestes. No faltará quien quiera ocuparlo.
- No estoy molesta.- Le dije a mi padre lo más tranquilamente que pude.
- Tu cabello tiene las puntas rojas – Contestó casi riéndose.
¡Maldita sea! Odio cuando mis transformaciones me delatan. Pero, por lo menos hay color en él y no ese gris horroroso de hace días.
- Bueno, siento mucho abandonarlos pero creo que debo reunirme con mis demás compañeros. Ya saben que hacer si presienten que me voy a caer o tropezar con algo vale. Pueden fingir que non mis padres si el momento es muy vergonzoso.
Atrás el ambiente era muy divertido y jovial. Creo que nadie de los que ahí estábamos podíamos creer que por fin seríamos Aurores y saldríamos a combatir a los malos o en su defecto vigilar eventos como el Mundial de Quidditch el cual estaba muy cerca.
La ceremonia pronto comenzaría y para mi desgracia sería la última en recibir el grado y vaya qué de manos de quién. Ahí estaba Fudge, Dumbledore, Rufus pero también estaba Umbridge; eso no podía estar pasándome ¿Por qué ella? Hummm aunque si lo pienso si esa asquerosa mujer no me hubiera reclutado, jamás hubiese conocido a Remus, pero igual hoy no estuviera sufriendo.
Entre tanto pensamiento sin sentido, no me di cuenta que mi turno de pasar estaba cerca y en cuanto mencionaron mi nombre creí que moriría en ese instante, los escasos 3 metros que debía caminar, me parecían como si fueran 100000000 km y las luces por un momento me cegaron, pero ahí estaba y no había vuelta atrás.
Estreché las manos que debía estrechar, sonreí a quién debía e inclusive contuve mis deseos de apretar de más la mano de Umbridge cuando ésta de mala gana tuvo que felicitarme. ¡Ho Cielos oficialmente era un Auror¡Quería saltar¡Quería llorar de la felicidad! pero sobre todo quería compartir esa alegría con mis padres, así que olvidando todos los protocolos a seguir cambie mi cabello que hasta el momento era rojizo por el más chillante rosa, y mostrando orgullosa mi Diploma fije mi mirada hacia donde mis padres se encontraban y entonces mi corazón se detuvo en seco.
Debía ser una ilusión. Debía ser otra de mis invenciones. Él realmente no podía estar ahí o ¿sí? Su mirada penetraba en la mía y su sonrisa era tan perfecta como la recordaba, se veía tan feliz pero definitivamente había sido una ilusión porque en cuanto reaccioné por completo y quise decir algo, él ya no estaba ahí, sólo permanecían mis padres y el asiento vacío.
Era de esperarse que mi mente maquilara tal momento, me odiaba a mi misma por crear esas tonterías, que como si fueran droga me hacían sentir bien por un momento pero en cuanto descubría la verdad me atravesaban como dagas directas al corazón.
No quise pensar más y regresé con el resto de mis compañeros a tomarme las fotos de rigor para el anuario y el Profeta, y a diferencia de la mayoría no quise dar entrevista alguna y fui de nuevo con mis padres. Necesitaba un gran abrazo y mi madre lo comprendió sin palabras.
Papá, orgulloso miraba mi Nombramiento y las lágrimas de nuevo invadieron su rostro.
- Me gustaría irme a casa.- Dije casi sin ánimos.
- ¿Estás segura¿No quieres quedarte a la recepción?
- No. Pasaré el resto de mi vida en el Ministerio, así que por qué empezar ahora.
Hasta el momento había evitado dirigir la mirada al asiento vacío, puesto que no quería más dolor, pero fue mi padre quién llamó mi atención.
- Dora, creo que alguien dejó algo para ti.
- ¿Qué?
- Sí, mira- Dijo señalando el asiento vacío, en el cual reposaban unas hermosas flores con una pequeña carta cuya caligrafía podía reconocer aunque estuviera medio ciega.
No dije nada. Estaba en shock. No había sido una ilusión él había estado ahí, él me había mirado, él me había sonreído………él no me había olvidado.
Tomé la pequeña nota y contrario a lo que siempre hago la abrí con sumo cuidado. No quería que por mi torpeza se fuera a destruir la única evidencia de que él realmente había estado ahí.
Mis padres me dirigieron miradas sospechosas, pero en ese momento nada me importaba sólo saber el contenido.
"¡Felicidades!
Lo hiciste y me encuentro muy orgulloso de ti.
RJL"
No me sorprendió que el mensaje fuera tan corto, viniendo de él es más de lo que me esperaba. Inmediatamente mire a mi alrededor esperando que milagrosamente siguiera ahí, pero no lo estaba.
Tomé las flores y me encamine de nuevo con mis padres pero al momento de dar el primer paso sentí miedo de que mi túnica de gala fuera a romperse puesto que sentía como mi corazón de hinchaba de tal modo que en cualquier momento rompería mis costillas. Había ocupado mi pecho por completo, obstruyéndome la garganta y dejándome sin habla.
No importaba, era infinitamente feliz porque él había estado ahí, él había cumplido su promesa, él no me había olvidado.
