La Orden del Fénix

Donde hubo fuego, cenizas quedan.

Anónimo.

—Sabes, por lo menos podrías fingir cuando Fudge viene a meter sus narices por aquí.

— ¡Vamos!, No puedes pedirme que finja que todo está bien, cuando Diggory fue asesinado en pleno torneo, y todos sabemos muy bien por quién. Harry estuvo ahí. Dumbledore no mentiría.

—Sí Tonks, lo sé. Pero mientras Rufus y Fudge estén a la cabeza del Departamento, tenemos que seguir sus órdenes, porque si nos subordinamos nos sacarán del caso y no podremos ni conseguir información, ni hacer nada. —Kingsley Shackelbolt trataba de calmarla. Él era su compañero dentro del Escuadrón de Misiones Especiales y su superior desde hacía casi un año.

—Entonces, lo que quieres decirme es que seamos simples ovejas sin pensamiento, que obedecen ciegamente lo que se les dice. ¡Lo siento Kingsley, pero no lo voy a hacer! Hace tiempo le prometí a alguien que no me iba dejar corromper por el Ministerio, y que iba a luchar siempre por la verdad –Continuó Tonks molesta y dando vueltas por la pequeña oficina. Su cabello iba del rojo al amarillo y de vuelta al negro en cuestión de segundos.

—Tranquila, baja la voz —Le indicó Kingsley a la vez que cerraba la puerta de la oficina y ponía un hechizo protector alrededor—. Sabes que por nada del mundo te pediría que cruces los brazos y vieras como Voldemort toma el poder.

— ¡Pues a mí me parece que es justamente lo que estás haciendo! –Le volvió a reclamar Tonks sin dejar de mirarlo con ojos asesinos—, y antes de que continúes, quiero que sepas que no importa lo que digas; yo no te ayudaré ni a ti ni al Ministerio a seguir engañando a la gente, con esa tontería de que Potter está loco.

—Ni aunque mis argumentos tengan que ver con esto —Kingsley sacó un pequeño papel amarillento, casi diminuto y lo puso en la palma de la mano de la joven.

Intrigada lo abrió y descubrió un pequeño fénix en llamas grabado en el, junto con una dirección. No necesitaba más, sabía exactamente de qué se trataba. Había visto ese símbolo en las memorias de Remus.

— ¡La Orden del Fénix! —Gritó sin importarle que alguien pudiese oírla.

—Silencio —Volvió a pedirle el auror.

—Lo siento, pero es que no puedo creerlo.

— ¿Creías que Dumbledore se quedaría sin hacer nada?

— No, por supuesto que no, pero, si tú lo sabías¿Por qué no me dijiste nada, hasta ahora? —inquirió confundida

—El accidente en el torneo fue a penas hace 2 días, y hemos sido reclutados por Dumbledore hace sólo unas horas, así que cálmate por favor.

—Ahora lo entiendo todo: estaremos infiltrados en el Ministerio.

—Infiltrados de primera. Por eso mismo no debes permitir que Fudge tenga sospechas sobre tu comportamiento. Al parecer la primera reunión formal de la Orden será está noche, nos veremos ahí. Ahora, será mejor que vayas con Rufus y te pongas a sus órdenes.

—Sí, le diré que el griterío que armé en la mañana fue culpa de mi encuentro con un Snorlack.

— ¿Un qué?— Le cuestionó Kingsley intrigado.

—Olvídalo. Nos vemos en la noche.

Tonks se encontraba en un trance. No recordaba la última vez que se había sentido tan feliz, tan ansiosa, tan nerviosa por algo. Por eso mismo se pellizcaba de vez en cuando para comprobar que no había sido un sueño y que esta noche se uniría a la Orden del Fénix.

El haber sido reclutada para integrar la Orden del Fénix, no sólo representaba el poder luchar por sus ideales, sino la mayor oportunidad para volver a reencontrarse con Remus, y eso podía ser considerado como un milagro.

Había hecho todo para encontrarle, y lo único que había conseguido era un plan de estudios que le envío a Ojo loco Moody, nuevo profesor de Defensa en Contra de las Artes Oscuras a principio del nuevo ciclo escolar, pero nada más. Después cuando Harry fue seleccionado para el torneo, pensó que él estaría cerca cuidándolo; pero si él estuvo ahí ella no pudo establecer contacto y ahora tal vez estaba tan cerca de ver sus ojos reflejados en los de él.

Caminó nerviosa por el centro de Londres, creando en su cabeza representaciones de lo que podría ser el encuentro con Remus. En algunas de ellas corría directo a sus brazos y a sus labios, mientras que en otras, lo despreciaba y le echaba en cara todo el sufrimiento que había pasado, para después caer de nuevo en su encanto y en sus brazos.

No tardó mucho en dar con la casa, y aún desde afuera se notaba el deterioro, como si la propiedad estuviera triste. El aire de abandono empezaba en el jardín y se extendía por las habitaciones, hasta el último rincón.

Era el lugar más triste que había visto nunca. Sintió un leve escalofrío. Se dirigió a la entrada subiendo por unos desgastados escalones de piedra y, justo cuando iba a llamar al timbre, se abrió la puerta y salió una mujer de mediana estatura y de cabellos rojos.

—¡Cariño¿En verdad eres tú? —Inquirió la mujer, a la vez que le propinaba un muy fuerte abrazó a la chica.

—Sí… Molly —Respondía Tonks con dificultad.

—Pasa, pasa. Me alegra mucho que estés aquí, y apuesto que los chicos también estarán felices con tu presencia.

Tonks sentía que los ojos no le alcanzaban para captar todos los detalles que la mansión le presentaba. No podía creer que estaba en la noble casa de los Black, parte de su propia historia, estaba encerrada en esas paredes y no perdería la ocasión de descubrirla.

—La mayoría se encuentran en la cocina, sígueme es por aquí –Señaló la Señora Weasley, pero Tonks sólo tenía en mente el encontrarse con un miembro de la Orden.

—Molly.

— ¿Sí cariño?

— ¿Ahí…. se en…cuentra el Profesor… Lupin? —Preguntó nerviosa.

—Oh no, él está en el vestíbulo intentando deshacer un hechizo que afecta a uno de los relojes.

— ¿Podría verlo?

—Sí, claro. Sólo sigue derecho y no tardarás en encontrarte con él. Dile que no tarde, la reunión empezará en cuanto Dumbledore llegue.

—Sí, yo le aviso. Gracias.

—De nada cariño, sólo ten cuidado.

Mientras tanto en el interior del vestíbulo.

—Vamos Remus. ¿Podrías calmarte? Estás peor que en una noche de Luna llena —Le reclamaba Sirius quien se encontraba cómodamente recostado en un sillón de piel—. Hubiera sido mejor que Dumbledore no te hubiera dicho que ella podría venir a esta reunión.

—Sirius¿Acaso no entendiste nada de lo que te confesé? –Preguntó el antiguo profesor, algo molesto.

—Sí, claro que entendí —Contestó su amigo, en tono burlón y dramático—. Aparentemente los dos eran personas muy diferentes. Ella era explosiva, llena de vida y tu pues… mmm entristecido, de pocas palabras, angustiado y sensible. Pero estas diferencias sólo aumentaron la atracción mutua, igual que el polo sur y el polo norte que jamás se pueden separar y… Al paso del tiempo se enamoraron.

—Básicamente.- Afirmó el licántropo, sonrojado por las palabras de Sirius.

—Entonces, en vez de estar nervioso, deberías estar feliz de poder verla de nuevo. No todos tenemos la suerte de tener una "amiguita" como la tuya. Yo que pasé toda mi juventud rodeado por dementores… ojalá hubiera tenido guardianas como ella.

—Sigues sin entender. Ella no es ninguna "amiguita" —Lo interrumpió Remus enojado—. No había vuelto pensado en el amor antes de conocer a Tonks y el romanticismo me parecía peligroso e inútil, y si alguna vez me gustó alguna jovencita, no me atreví a acercarme a ella por temor a ser rechazado y al ridículo. He sido muy orgulloso y por mi orgullo he sufrido más que otros.

-¿Por qué ahora estos sentimientos me devoran y por qué tiene precisamente que ser ella? –Se lamentaba profundamente, él la amaba, pero sabía que no era correcto.

—Porque… —Sirius le agarró de la manga y tiró de ella— al sufrimiento le encanta la compañía y es algo que no puedes controlar.

— ¿Sabes? Esa no es precisamente la respuesta que buscaba — Reclamó desilusionado.

— ¿Qué¿Querías que te dijera que eres un loco pervertido, por enamorarte de una jovencita 14 años menor que tú, metamorfomaga, auror, escandalosa, torpe, y que además es mi sobrina?

—No, pero por lo menos eso suena más a ti.

—Pero, pese a lo que pienses, no es lo que creo. Tu naturaleza bondadosa y amorosa, logró atrapar el corazón de esta chica salvaje y desenfrenada. Ahora disfruta la oportunidad de ser feliz a su lado.

—Pero…

Su respuesta se vio interrumpida por un horrible ruido acompañado de una maldición.

Tonks caminaba nerviosa, con el corazón a punto de salírsele del pecho, y con la cabeza flotando en una nube de incertidumbre que no supo ni cuando ni cómo se había tropezado con una pata de troll que cumplía las funciones de paragüero.

— ¡Maldita sea! –Gritó por el dolor causado— ¡Estúpida pata horrorosa!

Lupin no tardó ni un segundo en saber quién había emitido el gritó, y tan rápido como sus piernas se lo permitieron salió corriendo hacia el pasillo.

—Nymphadora ¿Te encuentras bien? —Preguntó preocupado a la vez que le extendía su mano para ayudarla a levantarse.

— ¡No me llames Nymphadora, Remus! Es sólo Tonks —Respondió ella con una gran sonrisa en el rostro.

Él le devolvió la sonrisa e instintivamente la atrajo hacia si y sus brazos la rodearon en el más fuerte y sincero abrazó que había dado en su vida. Tonks no opuso resistencia y se dejó llevar por el momento. Se impregnó de su aroma, de su calor, de todo aquello que había extrañado tanto.

Sirius se sintió incómodo, pero feliz por su amigo, así que sin hacer el menor ruido abandonó la habitación.

—Me sentí lejos, a años luz de ti –Susurró ella.

—Todos los días, pensaba en todas nuestras cosas y mi mente se llenaba con pensamientos sobre ti —Respondió él

—No dejaba de tener pesadillas —Continuó ella.

Los dos suspiraron y decidieron permanecer en silencio. No necesitaban hablar, ambos entendían perfectamente los sentimientos del otro. Desgraciadamente, ese maravilloso momento se vio rápidamente interrumpido por la voz de Molly quien llamaba a todos a reunirse en la cocina.

— ¡La reunión está a punto de comenzar¡Todos a la cocina!

Los dos se miraron angustiados, y a la misma voz respondieron al llamado

— ¡Cinco minutos más!

Sirius sonrió al otro lado de la puerta y les indicó

—No se apuren pueden tomarse diez, quince, veinte. No creo que a Dumbledore le importe.

Remus se sintió apenado y se separó inmediatamente de Tonks. Su momento de debilidad había terminado, y en ese instante, como si lo supiera todo, ella le dijo que el miedo es más fuerte que el deseo, el amor, el odio, la culpa, la rabia, más fuerte que la lealtad. El miedo era algo embargante, concluyó, con las lágrimas rodándole por el cuello.

Él no supo que responder, ella tenía razón, el miedo lo había invadido y no podía hacer nada para deshacerse de él.

—Aún así, me alegra volver a verte lobito tonto—Respondió apretándole las mejillas en son de paz—. No me preguntes cómo, pero yo sé que algún día entenderás que lo que yo busco no es tranquilidad y estabilidad, sino un amor verdadero. Ahora vayamos con los demás, estoy ansiosa por cumplir mi misión.

El cabello de Tonks, volvió a ser del rosa más dulce y brillante que podía existir, evidencia de que la felicidad había regresado. Remus le sonrío, y la siguió hasta la cocina. No importaba lo que el futuro les tuviera preparado, estaban juntos de nuevo y eso era lo más importante.

Fin

Por ahora…