Los personajes de HP no me pertenecen blablabla, ¡aquí está el último capítulo!
CAPÍTULO 3: Equilibrar la balanza
- ¡¡HARRY!! – Hermione acudió donde el chico estaba y le curó la herida que tenía en la nuca. Debió resbalar en la bañera.
Si no se hubiera salido el agua jamás se hubiera dado cuenta de que su amigo estaba en serio peligro de morir desangrado. Por poco había llegado a tiempo, y aunque Harry había perdido mucha sangre su vida no corría peligro. Sólo estaba algo mareado.
- Tranquilo Harry – Hermione dejaba caer algunas lágrimas del susto. Se incorporó ya que prácticamente se había metido en la bañera para salvar a su amigo. – Voy a traerte un pantalón, ¿vale? No te muevas, vuelvo en seguida.
Ron estaba en medio de la biblioteca plantado esperando las nuevas órdenes de Hermione. Poco a poco la maldición se iba disipando de su mente y Ron cayó desmayado al suelo.
¡PLOM!
¡PLOM! Harry y Hermione que ya estaban en la habitación de Hermione se sobresaltaron del gran estruendo que vino de la biblioteca. Parecía como si algún mueble hubiera caído al suelo.
- Iré a ver qué sucede. – Con el susto que llevaba encima, Hermione ya se esperaba cualquier cosa.
- ¡Espera Hermione, voy contigo!
- No Harry, tú tienes que tumbarte.
- Estoy bien, en serio yo voy cont… ¡eh! – Harry se levantó de repente.
- ¡Harry, no, túmbate!
- Hermione, no podéis dejar eso tirado así como así. – El chico señalaba el relicario que estaba sobre la mesita de noche. - ¡Con lo que nos costó conseguirlo!
- Ohhh…lo siento. Ya me lo cuelgo.
- Anda. Déjamelo a mí.- Y Harry se lo colgó en el cuello. - ¿Dónde está Ron?
- Yo… no lo sé.
- Vaya yo muriéndome y él tan tranquilo durmiendo, vete a saber dónde.
- Harry todos estamos cansados, ya sabes lo difícil que es despertar a Ron.
Harry estaba realmente enfadado con su amigo. Seguro se había mareado y golpeado en la bañera por culpa de Ron y su estúpido puñetazo. Y él tan feliz.
Encima Hermione lo defendía. Defendía que mientras él se debatía entre la vida y la muerte, Ron soñara con pasteles de calabaza. Claro que lo defendía. Era lógico. Era su Ron. Seguro él también defendería a Ginny si estuviera ahí. Por muy estúpido que fuera lo que ella hiciera.
Pero tampoco hacía falta que se lo restregara.
Sí, porque eso era lo que hacían. Durmiendo "cogiditos" de la mano. Jugando a las miraditas. Le restregaban su: "no estamos tan mal, porque estamos juntos… ¡Y TÚ NO!".
Seguro se besuqueaban por los pasillos cuando él no les miraba. Quién sabe cuántas noches Ron se escapaba a la habitación de Hermione a hacer sólo Dios sabe qué.
Claro, era su manera de escapar de todo eso. Una escapada hacia un placer que él no podía tener. Sí, era una buena manera de descargar adrenalina, él lo sabía. ¿Cómo se sentiría Ron si él y Hermione fueran pareja, y le restregara de esa manera que él era feliz y su amigo un reprimido sexual?
- Harry… ¿estás bien?- Hermione miraba extrañada a su amigo.
- Sí claro. – mintió Harry.
Entonces se dio cuenta. Bajó la vista de la cara preocupada de su amiga y vio que estaba empapada. Y esa ropa mojada dejaba ver con claridad sus braguitas y más arriba algo mucho más interesante. Porque Hermione no llevaba sujetador.
Era quizá la primera vez que veía ese lado tan sexy de su amiga. Podía ser simplemente "Hermione", pero también podía ser una hermosa joven de 17 años con un vestido semitransparente.
"No es justo que Ron pueda hacerlo, y tú no". Su voz resonaba por toda su cabeza. Su propia voz le invitaba a hacer algo que llevaba tiempo esperando. Quizá ella no era SU Ginny, pero tampoco estaba nada mal. Además era cuestión de justicia. De equilibrar la balanza.
No lo dudó un segundo más.
Agarró el brazo de Hermione, esta le devolvió una mirada interrogante.
- Harry… qué te ocurre... ¡AY! – Hermione resbaló con el agua del suelo y se agarró al cuello de Harry. Con tan mala suerte que se agarró directamente a la cadena del relicario y esta se rompió. El relicario cayó al suelo encharcado.
Harry agarró fuerte a Hermione, ella pensó que quería ayudarla a no caer. Harry comenzó a bajar su mano por la espalda de su amiga. Ya estaba llegando a terreno desconocido cuando un fogonazo se le cruzó delante de los ojos y… ¡plop!
- Gracias Harry. – Hermione se separó de Harry y se disponía a ir a la biblioteca y entonces lo vio.
Ron estaba en la puerta de la biblioteca, sólo con el pantalón del pijama y con los ojos y la boca abiertos de par en par.
Harry seguía inundado por: "qués" y "cómos", y no dejaba de mirar a todos lados. ¿No estaba él hace un segundo sentado en la cama de Hermione?
Hermione miraba desconcertada la expresión de Ron. ¿Por qué la miraba así? En seguida entendió. Ron la miraba a ella, pero no a "ella" exactamente, por lo menos no a su "cara". Bajó la mirada y ella misma comprobó que su atuendo no dejaba demasiado a la imaginación. Se podían distinguir claramente sus pechos a través de la tela mojada.
- ¡¡AHHHHHH!! – se tapó en seguida con los dos brazos y se puso muy colorada. Incapaz de levantar la cabeza del suelo.
Ron no cambió su expresión ni un centímetro.
Harry seguía absorto en sus preguntas internas.
Hermione recordó que Ron le había puesto "ese" vestido y que además había tenido el atrevimiento de quitarle el sujetador. No pudo aguantarlo más, separó los brazos, se dirigió en dirección al pelirrojo corriendo como alma que lleva el diablo, y le propino un tortazo que haría parecer una caricia el puñetazo que le dio a Draco Malfoy en tercero.
A la mañana siguiente Harry y Ron desayunaban pan tostado, mermelada y un moratón para cada uno. Harry (como era costumbre) llevaba por partida doble. Hermione apareció en la cocina con el relicario y la cadena reparada. Ron dio un respingo al verla aparecer y se apartó hacia la otra punta de la cocina. Tirando al suelo al pequeño Kreacher que iba cargado con un puñado de naranjas para hacer un zumo a sus amos.
- Aquí está. – le dio el horrocrux a Harry y se sentó. Echó una mirada a Ron que recogía las naranjas junto con Kreacher.
- Gracias.
El horcrux hervía impaciente por conocer a su próxima víctima. La noche anterior había sido todo un éxito. Sacó la parte más sucia, egoísta e irracional del mismísimo Harry Potter. Había ensuciado en nombre de Hermione Granger incitándola a utilizar una maldición imperdonable. Incluso pudo acabar con Harry a manos de su mejor amigo. Ya había tanteado el terreno. Ahora era cuestión de planear su estrategia.
No debían notar su influencia. Si Hermione no hubiera tropezado, ella y Ron hubieran presenciado la transformación que provocaba en las personas. Esta vez debía ser más cuidadoso. Ya había elegido a su portador preferido.
- Esta vez lo llevaré yo primero. – dijo Harry. Y a continuación se colgó el horrocrux.
No le importaba, esperaría…
- Haremos turnos, primero yo; luego tú Hermione y luego Ron.
… esperaría lo que fuera necesario allí dormido. Hasta que le tocara a él. Sí, era el que más claramente escuchó su voz. Ronald Weasly le había escuchado y además había urdido un magnífico plan para esconder su delito. El chico se sentía inseguro. Inseguro de su elección, inseguro por el éxito de la misión, inseguro respecto a Hermione, inseguro respecto a la relación de esta con Harry. Pero cuando se colocaba el relicario esa inseguridad se transformaba en RABIA.
Pero tenía que ser sutil… muy sutil. Herir a Harry Potter allí donde más le doliera.
Ron cogió la capa invisible.- Hoy iré yo a comprar, ¿ok?
Hermione ni le miró.
Ron salió de la cocina hacia la puerta principal, pero antes de abandonar la casa pensó en llevarse un tentempié para el camino. Se dirigió de nuevo hacia la cocina y desde la puerta vio como Hermione acariciaba el morado de Harry y sonreía. Harry decía algo como… - Un morado, ¡ohhh qué novedad! - Y Hermione reía ante el comentario.
"Y allí esta mi portador"
FIN
(n/A): Gracias a todos los que lo habéis leído hasta el final. No os olvideis de dejar un review a esta historia tan paranoica XD, ¡Un saludo!
K. Anzai
