Herido de amor
Neji aún notaba su mejilla ardiendo justo donde Hinata le había besado. Cada vez que se llevaba la mano a la mejilla, podía sentir de nuevo los labios de su prima besándole. ¿Por qué le afectaba tanto aquel beso? Después de todo, no era más que un beso cariñoso de su prima, solo eso. ¿O no era eso? ¿Acaso su prima empezaba a significar algo más para él? ¡No! ¡No podía ser eso! Es más, no debía ser eso, si su tío se enterase… Solo estaba confundido, era eso. Y aquel beso no era más que una muestra de cariño de un familiar.
Agitó la cabeza sonriente y se levantó de la cama. Aún no había amanecido, pero Neji se levantaba pronto para entrenar con su tío. Hiashi se había tomado muy en serio el entrenamiento del chico, ya que día a días, descubría su gran potencial. Las palabras de Hiashi se habían confirmado: Neji era el miembro de la familia con más talento. Absorbía todo lo que su tío le enseñaba y lo ponía en práctica de inmediato. Sin embargo, el joven sabía que aún le quedaba mucho entrenamiento por delante. Por eso, día a día se esforzaba más. Se puso el protector en la frente y fue hasta el comedor, donde Hiashi terminaba su desayuno.
- Buenos días, Hiashi-sama – saludó, inclinando la cabeza – ¿Qué tal ha pasado la noche?
- Buenos días, Neji – sonrió cordialmente – Muy bien, gracias. Hoy no podremos entrenar, anoche me llegó una carta y tengo que viajar a la Aldea Oculta de la Cascada para tratar unos asuntos.
- No importa, Hiashi-sama – tomó un cuenco de arroz – Entrenaré yo solo.
- Bueno, había pensado que tú e Hinata podríais entrenar juntos – lo miró – Aunque no puedas aprender nada nuevo, puedes practicar lo que te he enseñado.
- ¿Entrenar con Hinata-sama? – el chico desvió la mirada, cabizbajo – No sé si es una buena idea, Hiashi-sama.
- No te preocupes por mi hija, Neji – le sonrió – Ha mejorado mucho, y estoy seguro, de que no pasará lo de la última vez.
- ¡Por supuesto que no! – respondió rápidamente – ¡Se lo juro, Hiashi-sama!
- Está bien, Neji, no tienes de que preocuparte – se levantó de la mesa – No sé cuando volveré, espero no tardar más de tres días. Hasta entonces, haz el favor de encargarte de mi hija.
- No sé preocupe, Hiashi-sama, puede confiar en mí – declaró solemnemente.
- Así lo espero. Nos vemos pronto, Neji.
- Buen viaje, Hiashi-sama.
- Muchas gracias.
Hiashi salió al jardín y Neji se quedó contemplando su desayuno. Entrenar con Hinata… Neji revolvió su arroz con nerviosismo ante esa idea. No es que no quisiera entrenar con su prima, pero tenía miedo de hacerle daño. No quería que pasase lo mismo que en el examen de Chuunin, no quería herirla de nuevo. Esta vez, no tenía nada en contra de su prima, pero ¿y si un golpe se le escapaba y le hacía daño? No quería ni imaginarlo, por eso, no podía entrenar con su prima. El chico se secó el sudor nervioso y se golpeó en la cabeza.
- Onisan, ¿estás bien? – preguntó la voz de Hinata.
- ¡Hinata-sama! – el chico inclinó la cabeza – Buenos días.
- Buenos días, Neji-kun – le sonrió – ¿Estás bien?
- Si, si – respondió nervioso – Hiashi-sama ha salido de viaje, anoche recibió una carta y ha partido hacia la Aldea Oculta de la Cascada.
- Si, estaba levantada cuando le he visto marcharse – se sirvió el desayuno y se sentó frente a Neji – Itadakimasu.
La joven comenzó a tomar su desayuno y Neji se quedó mirado a su prima. Cada día, le parecía más hermosa, era muy bella. Tenía una belleza delicada, dulce, que te provocaba un embelesamiento que te hacía mirarla sin saber si pasaba el tiempo o no.
- Neji-kun, ¿ocurre algo? – preguntó Hinata, mirando a su primo.
- ¿Qué? – agitó la cabeza nervioso – ¡No, no, no! No pasa nada, Hinata-sama.
- De acuerdo – siguió tomando su arroz.
- Hinata-sama, su padre me ha pedido que entrenemos juntos hoy – le dijo, sin mirarla a la cara – Había pensado, que como él no está, podríamos descansar hoy, y no entrenar.
- No te preocupes por mí, Neji-kun – Hinata sonrió con dulzura – Podemos entrenar juntos, no estoy cansada. Además, no es bueno para ti que pierdas un día de entrenamiento.
- Bueno yo…
- Entrenemos juntos, onisan – le pidió – Estoy segura de que puedo aprender mucho de ti.
- Hinata-sama…
- Me gustaría mucho entrenar contigo – le dijo su prima, sin mirarle y con las mejillas sonrosadas – Onegai, Neji-onisan.
- Neji miró a su prima un poco sorprendido y pensó unos instantes la idea. Él si quería entrenar con ella, lo único que no quería hacerle daño. Solo imaginarla otra vez sangrando se le ponía la piel de gallina.
- Está bien – aceptó Neji – Le espero en el jardín, Hinata-sama.
- Muchas gracias, Neji-onisan – le agradeció Hinata, sonriendo.
Neji inclinó la cabeza educadamente y salió al jardín. Como estaba algo nervioso, empezó a entrenar el solo, dando fuertes golpes al aire, para liberar su fuerza. Sería cuidadoso en el entrenamiento, lanzaría golpes suaves para no herir a su prima. Si, si era cuidadoso, estaba seguro de que no le haría daño. Más relajado, comenzó a realizar sus movimientos, le encantaba entrenar a primera hora de la mañana. Dio un potente salto y cogió tres kunais, y los lanzó a tres puntos exactos de la casa. Cayó al suelo dando una voltereta y vio que su prima ya había llegado. Neji se aproximó a la joven y se colocó frente a ella.
- Empecemos, Hinata-sama.
- ¡Byakungan!
- ¡Byakungan!
Los dos chicos se miraron y se pusieron en guardia. Neji esperó a que su prima atacase, no quería ser el primero en hacerlo. Como vio que la joven no se decidía, Neji hizo un pequeño movimiento de ataque y la chica se defendió. Así, los dos comenzaron a atacarse esquivando los golpes del otro. Neji medía concienzudamente todos sus movimientos, y veía como Hinata los esquivaba. El chico estaba tenso, y tenía que controlarse para no dar un golpe fuerte. Aquello no era como entrenar con Hiashi, pues él si podía esquivar movimientos fuertes y era sumamente rápido atacando. Neji observó que Hinata había mejorado, sus movimientos era más gráciles y sus reflejos mucho mejores. Eso tranquilizó un poco a Neji, animándose a dar golpes más directos, pero nunca a lugares que pudieran herirla con gravedad.
Después de un rato, Neji observó que su prima parecía cansada. La chica atacó y Neji la cogió de los brazos y la miró. Notó su corazón latiendo con violencia al mirarla tan de cerca. Bajó los brazos de la joven y se dio la vuelta.
- Será mejor que descansemos un poco – le dijo – Estoy algo cansado.
- De… de acuerdo – la chica respiraba con dificultad.
- Voy a traer algo de té – comentó Neji – Ahora mismo vuelvo.
Neji se fue hasta la cocina y puso agua a calentar. De momento todo estaba saliendo bien, lo cual le hacía sentirse más relajado. Miró por la ventana y vio a la chica sentada en el banco, con las manos en las rodillas y mirando el cielo con tranquilidad. Era muy bonita, era preciosa. Neji sonrió embelesado, deseando volver junto a ella. Cogió una bandeja, puso dos vasos de té y volvió al jardín. En silencio, los dos jóvenes se bebieron su té, y al terminarlo, volvieron a su entrenamiento.
Los golpes de Neji e Hinata eran cada vez más rápidos y violentos, aunque no estaban cargados de odio alguno. El chico solo quería que su prima fuese capaz de esquivar aquel tipo de golpes, para que no fuera herida nunca. La velocidad de Neji iba aumentando poco a poco, se emocionaba mucho con su entrenamiento. Entonces, el chico soltó un fuerte golpe que su prima no pudo esquivar y la golpeó en el pecho. La chica cayó de rodillas al suelo y escupió sangre por la boca. Neji notó que el corazón se le paraba y miró a su prima horrorizado. No, aquello no podía volver a ocurrir.
- ¡Hinata-sama! – se agachó junto a ella – ¿Cómo se encuentra?
- Ne-Neji – volvió a escupir sangre – Yo…
- ¡Te llevaré al hospital!
Asustado, la cogió en brazos y salió corriendo hacia el hospital de Konoha. Estaba horrorizado, no podía apartar la mirada del rostro pálido de su prima. ¿Qué había hecho? La había vuelto a herir, había perdido el control de sus movimientos y le había hecho daño. Un hilillo de sangre caía por la comisura de los labios de su prima y parecía que estaba inconsciente. Al llegar al hospital, vio a un médico y se acercó apresuradamente a él.
- ¡Atienda a mi prima! – le gritó, nervioso – ¡Estábamos entrenando y la he herido! ¡Le sale sangre de la boca! ¡Por favor, dense prisa!
- Voy a llevarla a una sala a curarla – la cogió en brazos – Por favor, espera fuera.
- ¡Quiero entrar con ella! – le gritó el muchacho nervioso.
- Solo puede entrar el personal autorizado – le dijo el médico.
- ¡Me da igual! – gritó, descompuesto – ¡Quiero entrar!
- ¡Neji!
El joven se dio la vuelta y vio a Tenten, que llevaba una cesta de frutas en la mano y parecía muy sorprendida de verlo allí. La kunoichi se acercó y miró a Hinata, cuya cabeza reposaba en uno de los hombros del médico. Luego miró a su compañero que estaba pálido y tenía los ojos llenos de miedo y furia.
- Ya te he dicho que no puedes entrar, Neji-kun – le dijo el médico, con tranquilidad – Por favor, espera aquí fuera.
- De acuerdo – aceptó Neji, más tranquilo.
- ¿Qué ha pasado, Neji? – le preguntó Tenten, cuando el médico se alejó – Pareces muy nervioso.
- Estaba entrenando con Hinata – le contó el joven – Y no me di cuenta, y la golpeé…
- Entiendo – se quedó pensativa – No te preocupes Neji, ha sido un accidente.
- Tendría que haber sido más cuidadoso – se dijo el joven – Si le pasa algo, yo…
- Será mejor que te relajes, Neji – le aconsejó - No es bueno estar nervioso.
- Tienes razón – suspiró y la miró – Por cierto, ¿tú que haces aquí?
- ¿Yo? – se puso colorado – Bueno, verás, es que Lee ha vuelto hacer un sobreesfuerzo y lo han tenido que ingresar. Iba hacia su habitación cuando te he visto. ¿Por qué no vienes? Seguro que le hará mucha ilusión verte.
- Está bien.
Acompañó a Tenten hacia la habitación de Lee, mientras pensaba en su prima. Solo deseaba que se recuperase bien, porque si no, él se moriría de tristeza si le pasaba algo. Se golpeó la cabeza furioso; se hubiera cambiado por ella encantado, no quería que ella sufriese. Al entrar en la habitación de Lee, vio que el chico tenía un brazo vendado y miraba nostálgicamente por la ventana.
- Lee – le llamó Tenten – ¿Cómo te encuentras?
- ¡Tenten! – su cara se iluminó al verla – ¡Has venido!
- Ya dije que vendría todos los días – dejó la cesta de fruta en la mesilla – Dime Lee, ¿qué tal estás hoy?
- Creo que mejor – sonrió con tristeza – Un poco cansado, pero el brazo me duele menos.
- Me alegro mucho – se sentó en el borde la cama – Me he encontrado con Neji en el hospital.
- ¡Hola Neji! – saludó Lee contento – ¿Has venido a verme?
- Bueno… no – negó con tristeza.
- ¿Qué te ocurre, Neji-kun? – le preguntó Lee, preocupado – Pareces preocupado.
- Solo es que…
- No hagas preguntas indiscretas, Lee – le advirtió la joven – ¡Mira que eres bobo!
- ¡Pero si yo no he dicho nada! – protestó Lee, febrilmente.
- No le preguntes Lee, luego te lo cuento todo – le susurró Tenten, aunque Neji pudo oírlo todo. Sonrió a Neji, intentando disimular – ¿Sabes qué, Neji? Lee ha aprendido un nuevo ataque.
- ¿Si? – sonrió brevemente – Me alegro, Lee.
- Gracias Neji, algún día lograré vencerte – sonrió triunfal – Aunque hoy no, porque me duelen todos los huesos del cuerpo.
- ¿Quieres que llame algún médico? – le preguntó Tenten, algo nerviosa – Si te duele Lee, deberíamos…
- Tranquila Tenten – le sonrió y la cogió de la mano – Me duelen menos cuando tú estás conmigo.
- Lee…
Neji observó como Tenten abrazaba a Lee, y el chico la rodeaba con el brazo que no tenía vendado. Parecía que estaba surgiendo algo más que amistad entre sus dos amigos. Aunque se sentía un poco más tranquilo, no lograba apartar a Hinata de su mente. ¿Cómo se encontraría? ¿Ya la habrían curado?
- Voy a salir un momento – dijo Neji, levantándose de la silla – Ahora vuelvo.
Lee y Tenten, todavía fundidos en un abrazo, asintieron con la cabeza. Neji abandonó la habitación y se dirigió hacia la sala donde habían llevado a su prima. Intento asomarse y ver algo, pero no pudo distinguir nada en concreto. Necesitaba saber algo, si no, se volvería loco de desesperación. Comenzó a golpear la puerta, con la esperanza de que alguien le abriese y le dijese algo. Tras un rato de golpes y más golpes, salió un ninja médico, de aspecto amable.
- ¿Eres familiar de Hyuuga Hinata? – el chico asintió – Me temo que esto nos llevará más tiempo. A parte del golpe en el pecho, tiene algunas heridas anteriores que no se han curado bien. Tendrá que quedarse esta noche en el hospital.
- ¿Está muy mal? – preguntó, horrorizado.
- No está bien, pero no tienes de que preocuparte – le tranquilizó el médico – Solo es que nos llevará más tiempo del que creíamos.
- Entiendo…
- Será mejor que vuelvas por la tarde, a última hora – le aconsejó – Creo que ya estará mejor.
- De acuerdo. Muchas gracias.
- Es nuestro trabajo.
El médico volvió a la sala y Neji cayó al suelo de rodillas. ¿Qué había hecho? Hinata estaba mal, y todo era por su culpa. Además, estaba seguro de que las heridas anteriores eran las que él le había ocasionado en el examen de Chuunin. Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de joven y apretó los puños furioso. Entonces, tomó una decisión. Se levantó, se secó las lágrimas y salió corriendo del hospital. No se merecía estar a su lado, no se merecía que un monstruo como él, la volviera hacer daño.
CONTINUARÁ
Notas de la autora: Hola, ¿qué tal? Espero que os guste este capítulo. Sé que la historia va lenta, pero no me gusta correr, en especial en las historias de amor, porque no todo surge de repente, sino que es un proceso. Espero que disfruteis de este capitulo y os espero en el siguiente.
