Siento la tardanza pero prometí que acabaría la historia y aquí tenéis el final
La venganza de Erik
Siento con algo de claustrofobia cómo la puerta se cierras tras de mí, Mesié Rochmaur me sonríe con sus gestos de hombre educado y precede nuestro camino sobre las losetas irregulares, conduciéndome hacia aquella sala en la que se unen mi culpabilidad y mi consuelo. Su amable explicación acerca de las innovadoras técnicas de la "clínica de reposo" queda ahogada el torbellino de mi mente. Las dudas, el miedo, la inseguridad de haber tomado la decisión correcta…Todo me impide apreciar los jardines bien cuidados y las enfermeras de uniformes susurrantes.
Una enfermera de gestos suaves me cepilla el pelo, musitándome palabras que no llego a entender. El camisón marrón queda abandonado encima de la cama. Señales que hoy vendrá Raoul a visitarme con sus ojos culpables; la camisa de fuerza, las correas de la cama, las duchas de agua fría… todo permanece oculto tras un bonito vestido blanco y algo de carmín. Me dejo conducir como una sonámbula pero cuando el doctor abre la puerta el pánico se apodera de mí. Me siento incapaz de recorrer esos pasillos llenos de manos espectrales que se asoman entre los barrotes intentando ansiosas asir los resquicios de mi cordura. Los gritos histéricos resuenan por el corredor, intentando alzar su voz por encima de los muros que contienen. Creo que yo también estoy gritando. El doctor se acerca a mí con una hipodérmica que me traerá paz, que esconderá mi locura al mundo exterior. Quiero ver a Raoul, caer de rodillas ante él y suplicarle que me lleve a casa. Le prometeré que seré buena, que jamás volveré a mencionar a Erik. Pero por favor, sácame de aquí, porque hay veces que te odio por haberme encerrado, sácame de aquí, porque sé que el fantasma está muerto, sácame de aquí y seremos felices, juntos. Las frases mueren antes de ser pronunciadas y sólo puedo cantar.
La sala de visitas es un lugar agradable; cortinas de muselina y flores sobre la mesa. Se respira esa paz que envuelve todo el lugar. Ella me está esperando sentada en el sofá, bella y distante. Tomo sus manos con infinito cariño y le susurro promesas que no sé si serán posibles "Ya verás, mi amor, pronto podrás volver a casa y todo será como antes". Su mirada vacía se torna en odio mal contenido, pero después se suaviza y me acaricia trémula la mejilla Parece querer decirme algo pero es incapaz de hablar. En lugar de eso entona una melodía con sus labios agrietados. El agujero en mi corazón se ensancha unos centímetros. La escucho cantar y sé que le llama a él.
