Wenas y santas mis queridos lectores! Les dejo el capítulo 3, espero que les guste. Mmmh, viendo hacia atrás, haciendo cuentas, tardé menos de 20 días en publicar ¿No está mal eh? En fin, los dejo para que lean, no es necesario decir que nada (salvo quizás, la jeta para atreverme a escribir) me pertenece. Hacia el final comento una nimiedad y nada más. Lean! (que es bueno leer, che)
Capítulo 3: Certezas
- ¿Querés sacar ya esa cara de sonámbulo? ("por no decir idiota, claro está")- Suplicó Hibiki por enésima vez a Duero – Si seguís machacándote la cabeza así se te va a fundir el cerebro.
Caminaban por uno de los amplios pasillos del nivel intermedio. Estaba completamente desierto, no se escuchaba ni el más leve susurro y no era de extrañar porque ya era muy tarde y todos dormían, salvo las mujeres que cumplían la guardia nocturna, tres niveles más arriba. Ahora se encontraban en una de las áreas ocupadas por habitaciones y la sala de belleza y relajación, muy cerca del consultorio.
Desde que habían dejado, hacía apenas 5 minutos, a Barnette con su inventario de armamento retrasado (" - Toda la noche organizando la lista de armamento de mano! Tengo mucho trabajo acumulado, jugamos cartas en otro momento. Adiós") no habían cruzado ni una palabra.
El joven médico no dejaba de mirar el piso, como obnubilado por el revestimiento de alfombra. Una de sus manos se ocupada en sostener su barbilla y en ningún momento dio señales de reconocer al muchacho que iba a su lado. No lo miraba, no le hablaba, sólo lo seguía como si de un perrito perdido se tratase. Hibiki, que no se vanagloriaba de ser un gran discursista, simplemente se había ofrecido a escoltarlo hasta su consultorio, ya que creía que el pobre hombre no sería capaz de encaminarse por si mismo y probablemente seguiría dando vueltas por toda la nave.
Hasta ahí todo bien…. pero el joven piloto no se sentía muy conforme que digamos con su plan de "distraer" al doctor. Para su gran sorpresa, el moreno había demostrado una habilidad innata para jugar a las cartas y no había podido ganarle ni una sola vez en lo que iba de la noche. Tampoco había conseguido hacer que hablara sobre lo que fuera que cruzase por su cabeza y para entonces sus buenas intenciones habían sido suprimidas por un ferviente deseo de estrangular a ese "don perfecto" por haberle quitado el puesto de vencedor (el cual había sido anteriormente de Gascogne y que él ahora ostentaba con total orgullo, en honor a su recuerdo)
Miró de reojo a su silencioso compañero y apenas pudo suprimir los deseos de golpearlo en la cara. Suspiró profundamente y se dijo a si mismo que tenía que controlarse, su objetivo era ayudar a su confundido amigo y tal determinación fue lo que hizo que abriera, de una buena vez, su boca.
- Fue una gran partida la de hace un rato. No tenía idea de que supieras jugar tan bien al Poker – Supuso que lo más conveniente era romper el hielo con un comentario ameno.
Duero apenas dio signos de escucharlo, pero su mano abandonó rápidamente su rostro y se ocultó, como la otra, en el bolsillo de su saco.
- Para serte sincero, es la primera vez que juego a las cartas. – Hibiki por poco tropieza – Nunca tuve el tiempo de entregarme a actividades de ocio durante mi vida en Tarak.
- ¿Cómo? Pero si hasta los de tercera clase como yo teníamos oportunidad de divertirnos de vez en cuando. Me imagino que no te faltaría el tiempo sino más bien las ganas.
- Es posible – Concordó Duero con total indiferencia.
Y una vez más el silencio se hizo presente entre ambos hombres. Hibiki no lograba encontrar nada oportuno que decir y veía con creciente alarma que su destino estaba cada vez más cerca, al mismo tiempo pudo notar que la mano del joven médico amagaba con volver a la barbilla del mismo.
Finalmente tuvo que resignarse a no conseguir su objetivo por medios más sutiles y optó por actuar como lo haría en una batalla: Dando un golpe directo.
- Cuando me topé con vos en la entrada del Almacén me pareció que algo te preocupaba – Soltó, y lo que dijo a continuación le resultó algo costoso - ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
- ¿Qué te hace pensar que pueda estar preocupado?
"Esa cara de estúpido que tenés" Fue la mejor respuesta que pudo pensar el piloto, pero en su lugar dijo – Me pareció que estabas más callado de lo normal.
Duero lo observó por un momento, pero Hibiki no podía estar seguro de si estaba meditando sobre lo que dijo o simplemente se había vuelto a perder en sus pensamientos.
- Es cierto, no voy a negar que existe un dilema que no logro resolver y que me da vueltas en la cabeza– Confesó finalmente.
- ¿Tiene algo que ver con la propuesta del "Arca"? – Se animó a preguntar Tokai.
- Si.
- ¿Ya tomaste una decisión al respecto?
- Precisamente ese es el problema, aún no se qué responderles – Declaró el médico y no pudo dejar de notar que el muchacho a su lado alzaba las cejas con algo de asombro - ¿Qué es lo que te sorprende?
Esta pregunta tomó algo desprevenido a Hibiki, el cual vaciló un poco antes de hablar – Bueno, en realidad me extraña que no hayas aceptado la propuesta en cuanto nos la informaron.
A Duero le llamó mucho la atención este comentario. ¿Por qué estaría su amigo tan seguro de que él iba a aceptar al instante? Visto desde un punto de vista objetivo, la idea de formar parte de tan monumental empresa resultaba igualmente tentadora para él como para Hibiki, incluso su amigo podría ganar mayor rango con su puesto en la nueva nave al conseguir el título de Piloto en Jefe.
Pero visto desde un sentido más general y desenvuelto, el tiempo transcurrido en el Nirvana (que no era poco), la obligatoria convivencia con el género femenino, las batallas, cómo fueron descubriendo poco a poco la verdad de las naves cosechadoras…… Todo eso tenía su propio peso en un sentido muy diferente al puramente profesional. Habían vivido momentos difíciles, de tensión, de angustia, pero también habían existido risas, diversión y amistad.
A su mente llegó el recuerdo de la primera Navidad que festejaran él y sus dos amigos en su vida. Podía recordar a la perfección la sensación de los copos de nieve que caían sobre él y que cubrían poco a poco el gran árbol adornado en el centro del Parque de Recreación. A esa agradable imagen se le sumó el tintineo de una sonrisa femenina. En esa ocasión se había girado para observar a Parfet, la cual reía complacida por lograr hacer que su máquina de nieve funcionara. Él se había sentido una mezcla de felicidad y orgullo hacia ella en ese momento; se había acercado para entregarle su humilde regalo sintiéndose algo apenado por no tener nada mejor que darle, aunque se cuidó de no demostrarlo. Aún así ella lo había aceptado gustosa y risueña, sin siquiera reparar en que no había llegado a finalizarlo.
Fuera de todo este torbellino de pensamientos y recuerdos, Hibiki vio con desgano que Duero se había perdido una vez más en si mismo. Su bendita mano volvía a ocupar su postura de "meditación" y los ojos oscuros del médico no mostraban enfoque alguno. Esta situación ya se estaba tornando irritante y al piloto se le iban las últimas esperanzas de lograr que su amigo le dijera lo que tanto le preocupaba. Porque aunque ya sabía que tenía que ver con su decisión de dejar o no el Nirvana, aún faltaba saber qué era lo que lo hacía dudar.
Entre tanto, la mente del moreno volvía a derivar en otros recuerdos igual de gratos y que incluían cada vez más a la ingeniera: una a una se fueron sucediendo las escenas desde la primera vez que se vieron y trabajaron juntos, hasta la última conversación que habían tenido, un par de horas antes. Inmediatamente su semblante, que hasta entonces parecía tranquilo, se tornó serio y una sensación de hundimiento en su estómago por poco le quita el aire.
Se obligó a retomar la línea de pensamiento que había dejado tras sus divagaciones y no le quedó otra opción que poner las cartas sobre la mesa: La propuesta hecha por la Junta era más que sugerente y una gran oportunidad de crecer tanto en el ámbito profesional como en el personal. Pero por otra parte, no consentía con agrado dejar atrás el lugar que había sido su hogar por tanto tiempo y junto con él a todos los amigos que había hecho en el largo viaje de regreso a su planeta. Toda la experiencia y conocimientos de los que se enorgullecía habían sido fruto del esfuerzo de todos por sobrevivir y hacer llegar el mensaje de peligro a sus planetas natales. Esto respondía a algo más elevado que al simple deber y estaba seguro de que tal experiencia no se repetiría nuevamente en el "Arca", al menos no para él.
Así que estaba claro: Debía decidir entre lo que le dictaba el deber o lo que sus sentimientos pedían. Desde un principio eso le había quedado muy en claro, pero aún después de meditarlo durante días no lograba inclinar la balanza hacia uno u otro lado.
Su mirada recobró por unos instantes la nitidez y observó inconscientemente al muchacho que caminaba a su lado. Recordó lo que éste dijera minutos atrás y se sorprendió de la seguridad con la que creyó que él no iba a tener reparos en dejar el Nirvana. ¿Todos los demás pensarían lo mismo? Quizás, a fin de cuentas, todos lo vieron siempre como alguien que sólo vivía para cumplir con su deber. Siempre trabajando, inmerso en investigaciones, predispuesto a hacerse con el mayor conocimiento posible, a costa de lo que fuera.
Su mirada recayó una vez más en Hibiki y tuvo que reconocer que él mismo se había encargado de mostrar a los otros esa imagen tan fría y desinteresada. En cambio, su compañero parecía demostrar todo lo contrario. Nunca había dejado de actuar sin que sus impulsos tomaran partida en el asunto, todo lo que decía o hacía era producto del furor del momento. Duro siempre creyó que el mostrarse tan abierto a que los sentimientos lo dominen no podía acarrear más que problemas, ya que era un acto obvio de imprudencia cuando se producía en situaciones peligrosas y extremas. Más también era conciente de que muchas veces esa "impulsividad" había resultado más efectiva que el más minucioso de los análisis.
Para Duro, Hibiki Tokai era su opuesto. El reflejo de todos los aspectos que no había desarrollado de su persona y que había relegado a, casi, la inexistencia. Veía con reservada envidia cómo para él había sido tan sencillo quedarse junto a sus compañeros, rechazando un puesto muy superior al que ya tenía y no deseó otra cosa que poder tener la misma facilidad para ser sincero consigo mismo y tomar la decisión correcta.
Sin darse cuenta, la mirada penetrante que le profería al muchacho terminó por captar su atención. Cuando sus ojos marrones se chocaron con los suyos directamente, lo venció el subconsciente y no pudo evitar preguntar lo que nunca antes le había preguntado, por considerarlo inconveniente.
- ¿Cuál fue la razón por la que rechazaste la propuesta de la Junta? – Cada palabra que salió de su boda contribuyó a aumentar su propia sorpresa.
Como única respuesta el piloto dio un pequeño respingo, sobresaltado, como si lo hubiesen agarrado distraído. Pero toda duda de que no hubiese entendido la pregunta se disipó al notar que su rostro se fijaba en el suelo, bastante enrojecido. Durante unos instantes reinó el silencio entre los dos y Duero estuvo seguro de que su compañero deseaba evitar a toda costa el darle una respuesta (y ya sospechaba el por qué). Por su parte, estaba tan avergonzado por su precipitado accionar que estaba decidido a no insistir más con el tema. Es más, le diría a Hibiki que él mismo podía llegar solo a su consultorio, así le ahorraría el seguir en esta incómoda situación.
Estaba a punto de hacerle saber su propuesta cuando fue interrumpido por su amigo.
- ¿Sabés, Que yo te diga mis razones para quedarme no va a aclarar tus dudas, mucho menos lograr que llegues a una conclusión- Hizo una pausa para reflexionar – Pero si realmente te interesa saberlo, te lo diré.
El joven médico no dijo nada, ni siquiera asintió, pero ese mutismo le bastó a Hibiki para saber que debía continuar.
- A tu pregunta sólo se me ocurre responderla con otra¿Qué razones puedo tener para QUERER aceptar la propuesta de la Junta? – Y a esto le siguió una mirada inquisidora. Duero guardó silencio, pero aún así el piloto sabía que él tenía en mente razones más que justas y que si no le retrucaba la contestación era por una cuestión de respeto.
- En realidad no puedo quejarme de nada. Si permanecí en el Nirvana todo este tiempo fue porque era el único lugar donde podría hacer lo que siempre deseé: manejar un Vanguad y participar de las batallas. No importaba contra quién ni con qué propósito, con el simple hecho de subirme a la máquina y mandarme hacia el infinito me bastaba – Su ojos brillaban con anhelo mientras hablaba. De pronto, su rostro se enturbió y con vos grave dijo:
- No te voy a negar que la propuesta de ser Capitán de una flota completa es una gran oferta, estoy seguro que en cualquier otro momento habría aceptado sin dudar un segundo.
- ¿Y por qué ahora es diferente? – Se atrevió a preguntar el Doctor, al ver que Hibiki no pensaba continuar.
El joven lo miró a los ojos, demostrando una gran seguridad reflejada en ellos.
- No hay nada en el "Arca", ni en su propuesta, que yo pueda desear. En el Nirvana y su tripulación encontré lo que inconscientemente siempre busqué: una razón para existir. Antes sólo pensaba en luchar… Ahora, tengo un MOTIVO para hacerlo.
Duero no podía darse cuenta de hasta qué punto las palabras del moreno escondían un significado mucho más profundo del que expresaba; o quizás si lo hizo, porque no pudo evitar sonreírse, y dejándose llevar una vez más por la imprudencia, preguntó.
- ¿Entonces por qué dudaste, si estabas tan seguro de lo que querías?
El muchacho, increíblemente, volvió a sobresaltarse y bajó su rostro para evitar la mirada de su amigo.
- No es así – Vaciló – Cuando la Junta me lo dijo no estaba seguro de nada y preferí esperar. Fue esa misma noche que tomé una decisión.
Y no dijo nada más. Ya sólo faltaba doblar a la derecha en la siguiente esquina y tendrían la enfermería a la vista, así que el joven doctor consideró que la conversación quedaba definitivamente terminada. Más se sorprendió cuando una mano se apoyó en su hombro y lo hizo detenerse. Volteó a ver a su compañero que parecía rebuscar en su mente las palabras adecuadas.
- No puedo adivinar qué es lo que te está preocupando y seguramente no soy la persona más indicada para ayudarte. Sólo puedo decirte esto: Cuando tengas dudas que no puedas resolver con la reflexión, dejate guiar por tus impulsos. Uno no puede analizar siempre todo. Eso es lo que yo hago y por el momento no me fue nada mal – Le serió de medio lado. Duero simplemente asintió y con unas leves palmaditas de su amigo, retomaron la marcha.
Doblaron hacia la derecha y casi a mitad del pasillo divisaron la gran puerta blanca y encima de ella el cartel luminoso con las palabras "Consultorio Médico" impresas. Estaban a sólo un metro de llegar cuando la puerta se abrió de par en par y de ella salió una jovencita a toda prisa. Al verlos, se detuvo abruptamente y un indudable tinte rojo tiñó sus mejillas; Duero no se giró hacía Hibiki en ese momento, pero el inconfundible sonido de un jadeo a duras penas contenido le confirmó que había reaccionado de igual manera. Dita, haciendo acopio de todo el autocontrol que puedo reunir encaró al doctor, aparentando normalidad.
- A usted lo estaba buscando Duero-san. Hay una paciente que lo está esperando en la consulta – Y señaló la puerta a su izquierda.
El hombre agradeció por lo bajo y con una reverencia pasó junto a la chica y atravesó la entrada, no sin antes echar una última ojeada hacía la parejita, que no parecía despegar la vista del piso. La puerta se cerró tras él y reinó el silencio.
Ninguno de los dos sabía qué decir. Era la primera vez que se encontraban juntos a solas desde que habían vuelto de Tarak. Desde entonces, siempre había una oportunidad para abandonar la habitación cuando el otro entraba, para comer en mesas diferentes, sillas separadas donde sentarse durante las reuniones tácticas. Pero ahora no había razones o motivos para evitarse indirectamente y era palpable en el ambiente que ninguno de los dos estaba preparado para esto.
Al joven piloto cada segundo se le hacía una eternidad, pero para su sorpresa, Dita había decidido tomar la iniciativa pasando a su lado, sin decir nada y a toda prisa.
Consternado, el muchacho no pudo contener el impulso de tomarla del brazo para detenerla. Ella no se resistió, pero tampoco consintió en mirarlo a la cara.
- ¿A dónde vas? – Quiso saber.
- A mi habitación, es tarde – Dijo, aún sin mirarlo.
- ¿Puedo acompañarte?- Se sorprendió preguntándole.
Entonces los ojos esmeralda de Dita se clavaron en él y con un sonrisa conciliadora asintió. El muchacho notó al instante que se sonrojaba, soltó su brazo y caminó a la par de ella.
Durante unos minutos no dijeron nada ni se atrevieron a levantar la vista. Caminaban uno junto al otro por los innumerables pasillos de la nave y si bien los embargaban similares inquietudes, no por eso dejaron de disfrutar de la mutua compañía y el silencio que entre ellos reinaba. Para cuando pudieron calmar su agitación interna y se atrevieron a lanzarse pequeña miradas de soslayo, el paseo había concluido y Dita tuvo que detenerse con angustia frente a la puerta de su pieza. Le echó una mirada acusadora, como si ella tuviera la culpa de quedar tan cerca de ellos.
Hibiki le observaba con iguales sentimientos de angustia y molestia pero sin atreverse a decir nada, levantó la mano en saludo y se dispuso a marchar.
- Gracias – Se escuchó la suave vos de ella, apenas audible. El joven se giró.
- ¿Qué? – Preguntó y su desesperación aumentó al verla con los ojos empapados de lágrimas. Esa mirada tan brillante y alegre estaba ahora completamente empañada.
- ¡Gracias! – Exclamó ella, recorriendo la corta distancia que los separaba para abrazarlo y hundir su rostro entre en su cuello. Temblaba incontrolablemente y no dejaba de susurrarle palabras de agradecimiento. El piloto no tardó en corresponderle, rodeando su cintura, atrayéndola más hacia él. Podía sentir cómo se humedecía su piel debido a las lágrimas y cada nuevo estremecimiento de ella hacía que la estrechara con más fuerza entre sus brazos.
Dejo que se desahogara por completo mientras la arrullaba con suaves palabras, acariciando su roja cabellera. La tranquilizaba y se tranquilizaba a si mismo a la vez
- Gracias – Repitió en un susurro cansino, cerrando los ojos.
- ¿Por qué? – Preguntó Hibiki. La tomó por los hombros para ver su rostro sonrosado por el llanto.
- Por quedarte conmigo – Le sonrió, antes de ocultar el rostro en su pecho.
Una oleada de calor, un instante de certeza, un abrazo para unir y sellar.
"No, gracias por darme un motivo para estar a tu lado"
Esa noche, Hibiki cumpliría su promesa.
Bueno, creo que no estuvo tan mal, se que por ahí pensaron que iba a estar un poco más interesante pero al final decidí que mejor lo desarrollo bien en el siguiente cap. Ya voy pensando en finiquitar esto ya que las historias muy largas muchas veces se terminan desvirtuando y no pienso arriesgarme ya que es el segundo fic largo que escribo. Lo que les puedo asegurar es que, máximo, quedarán 3 capítulos más.
Espero no haberlos dejado disconformes, a mi me gusto bastante cómo quedó pero supongo que eso depende del criterio de cada uno. Para eso, señoras y señores, están los reviews no? ;) así que no se inhiban a la hora de escribir y dejen, acepto cualquier cosa (si, soy medio ciruja jeje)
Ah, una cosa que no hice hasta ahora (y si lo hago es porque son pocos los que me leen :p) Mis más calurosos agradecimientos para: Ezequielhl (Uno de los reviw más interesantes que leí, espero leer algún otro), Gabe Logan (Espero leer pronto la continuación de tu fic, sabés que sos uno de los que me inspiraron escribir) Vita-chan, Iris Briefs, nike no-seinto pompeana, Sakura Niwa (Gracias por leer mi historia, dejar sus lindos comentarios y compartir el gusto por esta linda pareja que son Parfet y Duero)
Nada más, me re extendí. Saludos
Cyllan Anassan ;)
