Si mis cuentas no me fallan... 19 meses... 19 MESES!! POR LOS CIELOS!! No... no tengo nada, absolutamente nada con que defenderme de esta actitud antiética y desconsiderada... no hay perdón que valga para mi en este momento y muchos menos teniendo en cuenta que no puedo prometerles que mantendré nuevamente una cierta continuidad con la historia... peor basta por el momento de este patético monólogo... ya hablaremos mejor más abajo. Sólo espero que esto al menos compense una millonésima parte de mi irresponsabilidad. En otras palabras... espero lo disfruten.

Capítulo 5: … hacia tu persona.

Giró la perilla y poco a poco el agua dejó de correr; unas pocas gotas se escurrieron sobre la tibia piel hasta caer al suelo azulejado. Con la mano tanteó un toallón, colgado junto a la ducha, se cubrió el cuerpo y dejó el baño.

Salvo por la pequeña luz de la lámpara sobre el lavabo, el resto de la habitación estaba en penumbras y silenciosa. Se acercó hasta el tocador que tenía frente suyo y tomó asiento. Con el brazo sano, corrió un par de tuercas, una llave y dos destornilladores a un lado. Un espejo ovalado le devolvía su reflejo, apenas delineado por la escasa luz; sus ojos despedían un brillo endeble, inseguro y tambaleante, como si estuviesen iluminados por la llama de una vela. Su mirada se desvió hasta su cabello, que caía sobre sus hombros formando innumerables ondas, humedeciéndole la piel. Nunca se había molestado en apreciarlo, sabía que era molesto a la hora de trabajar, pero aún así jamás se le pasó por la mente la idea de cortárselo, como muchas de sus compañeras. Hubiera sido lo más conveniente desde un punto de vista práctico, sin duda, pero siempre prefirió llevarlo atado.

Viéndolo ahora, resultaba graciosamente irónico cómo su escaso sentido de la "belleza femenina" se imponía frente un asunto de tan poca importancia para ella, como lo era el cabello.

Giró la cabeza un poco a la izquierda y se pasó una mano por el flequillo; lo levantó, dejando al descubierto su pálida frente, lo dejó caer nuevamente. Sus dedos se mojaron en la suave cabellera, observando cómo las ondas eran estiradas y volvían a su lugar cuando las soltaba. No llegaban a ser bucles pero tampoco se definían como ondas bien marcadas. En contraposición con su carácter, su pelo parecía querer rebelarse contra todo. Dejó escapar un resoplido y alejó los mechones que enmarcaban su rostro.

Posó su atención, ahora, en sus ojos. Eran bastante grandes y de líneas suaves, las pestañas eran oscuras y espesas, terminando en una punta que le daba cierto toque de elegancia.

Pese a la poca iluminación, sabía que esas pequeñas vetas regulares, alrededor de su pupila, eran de un verde esmeralda, que contrastaba considerablemente contra el gris perlado de sus irises.

Sus ojos fueron, desde siempre, la parte de si misma que más apreciaba. Esa era otra ironía ya que se había asegurado de ocultarlos tras unos gruesos lentes; pero, ¿para qué preocuparse en mostrarlos si la única que los admiraba era ella misma?

'Tus ojos son preciosos…'

Se sobresaltó cuando el recuerdo de esas palabras se reprodujo en su mente, tan vívido que no pudo evitar echar un vistazo a su habitación, para asegurarse que en realidad él no se encontraba ahí.

Estaba sola. Pero esas palabras permanecían dando vueltas, haciendo un silencioso eco en sus pensamientos. Había sido el primero en decirle algo así…

Se encontraba en una de las centrales de control, tratando de arreglar uno de los medidores del Paxis y como gran parte del personal se encontraba celebrando una reciente batalla ganada, Duero se había ofrecido para acompañarla en la labor.

- Gracias por ayudarme – Recordaba haberle dicho, mientras revisaba una maraña de cables e interruptores – Pero igualmente podría hacerlo sola, no me gustaría que se perdiera de la fiesta…

- Para ser franco, prefiero estar acá – Le aseguró Duero. Tenía un libro en la mano izquierda a medio leer, y antes de que ella siquiera lo pidiera, este le alcanzó un extraño instrumento para que pudiera seguir su trabajo – Siempre es más conveniente la utilidad al ocio.

- Pero de vez en cuando es bueno distraerse un poco del trabajo – Insistió Parfet, su voz sonaba algo opaca y robótica, debido a que, como de costumbre, se encontraba sumergida dentro de un enorme computador.

- Es cierto, el descanso ayuda a la salud del organismo… igualmente no conozco a casi nadie en esa fiesta – Pasó a la siguiente página de su libro.

- ¡Claro que si! Si fueron Dita, Hibiki, Jura, Bart… - Enumeró la ingeniera desde dentro de la máquina.

- Dita estará ocupada buscando a Hibiki, Hibiki seguramente buscará ocultarse de ella y de Jura, que tiene planes de maternidad con él y Bart…. Bueno, no estoy acostumbrado a los festejos.

- ¿Qué… no los hay en su planeta?

- Si, pero no son como los que ustedes organizan. Se asemejan más a un torneo de competición.

- Ya veo… - Se escuchó un sonido extraño, al instante el panel de control se encendió y empezó a zumbar- ¡Ya está!- Con algo de dificultad, Parfet logró salir y se sentó en el piso.

- ¿Ya funciona? – Preguntó el médico, alcanzándole una toalla para que se limpiara el sudor.

- Sip. Por suerte no era gran cosa – Se sacó los anteojos, los dejó a un lado y se secó el rostro. Fue después de eso que escuchó las palabras.

- Tus ojos son preciosos…

Estaba segura de haber escuchado bien, pero las palabras sonaron tan descolocadas en la boca de Duero que no pudo evitar preguntar. - ¿Qué dijo?

El joven pareció reaccionar en ese momento, balbuceó algo inteligible antes de poder ordenar sus ideas.

- Quise decir, que tus ojos son perfectos…desde un punto de vista anatómico.

La muchacha frunció el ceño y lo miró fijamente por un momento – Bueno, no deben ser "tan" perfectos porque por algo uso estos anteojos – Trató de hacer pasar el comentario como una simple broma, pero Duero no pareció captarlo. Se mantuvo en un silencio meditabundo, su rostro serio, hasta que ella terminó de colocar todo en su lugar y abandonaron el sitio.

Caminaron por los corredores del sector de máquinas, hasta llegar a un elevador. La ingeniara oprimió el botón y esperó la llegada del ascensor. El doctor seguía sin decir nada, parado a su lado como una estatua de mármol. Ella lo miró de reojo, con algo de preocupación.

- ¿Le pasa algo? – Preguntó.

Duero tardó un par de segundo en responder – No, sólo estaba pensando en lo que dijiste.

- Era sólo una broma…

- No me parece correcta la idea de que algo no sea perfecto por el hecho de no ser útil- La interrumpió- Tus ojos pueden no ser del todo perfectos en un sentido fisiológico pero no por ello carecen de perfecta belleza. Todo lo que se considera hermoso para la mente humana genera buenas reacciones en el organismo y eso puede considerarse como algo de utilidad a fin de cuentas…

Estaba de lleno sumergido en sus propias reflexiones, se notaba porque su voz tenía un tono algo más profundo de lo usual y su mano derecha se apoyaba en el mentón. Parfet lo oía con algo de curiosidad y bastante diversión, un asunto tan trivial como un par de ojos podían representar un mundo de investigación para él.

- Lo que quiere decir … - Lo interrumpió ella – es que a pesar de que soy ciega como un topo, mis ojos son útiles por ser lindos.

- Bueno… si, aunque la utilidad se de en un sentido puramente estético y sea en beneficio de segundos y no de uno mismo.

Parfet lo miró por un momento y se echó reír.

- ¿Qué es lo gracioso? – Increpó, confundido.

- Que se está contradiciendo – El hombre frunció el seño – Hace un rato me dijo que era preferible la utilidad al ocio... Si mi mirada es útil por el hecho de ser bella y genera placer en la gente el verla ¿entonces no estoy siéndole útil al ocio? O mejor aún ¿No es posible que uno disfrute aún cuando realiza una actividad productiva, ya que nos llena de orgullo y satisfacción el hacer las cosas de manera correcta?

Duero lo pensó por un momento. Abrió la boca para decir algo, pero se contuvo, vaciló, y terminó por cerrarla. Esa jovencita a veces le salía con cada cuestión.

- Parece ser que a fin de cuentas ocio y utilidad pueden ir de la mano – Finalizó ella, al ver que no pensaba decir nada.

En ese momento, la puerta del elevador se abrió con un sonido seco, ambos entraron y la puerta volvió a cerrarse. Antes de que la chica extendiera la mano para accionar la máquina, Duero oprimió uno de los botones más elevados y comenzaron a ascender.

Ella se lo quedó mirando con un gesto tan cargado de elocuencia que él no pudo evadirlo.

- Creo que un momento de distensión nos resultaría satisfactoriamente útil – Fue lo único que alegó a su favor.

- Si, claro – Parfet chasqueó la lengua, divertida – Así que… mis ojos son, ¿cómo dijo? Ah si, "perfectos desde un punto de vista anatómico", eh? – Era rara esta actitud en ella, pero de vez en cuando le gustaba sacar a flote su lado "hostigador".

- No se puede negar que poseés un gran acervo genético en tu haber- La esquivó.

'Tuché' Pensó ella para sus adentros – Se nota que los piropos no son lo suyo.

Duero iba a responder, pero sin darse cuenta, el ascensor se había detenido. Las puertas se corrieron y un estruendo de gritos, vítores y chiflidos los inundó, junto con una lluvia de serpentinas y papel picado.

Parpadeó un par de veces antes de volver a la realidad. Ese recuerdo la había dejado aturdida por un momento, de eso ya habían pasado varios meses y probablemente ella era la única que lo recordaba. Vaya fastidio.

Volvió a fijar la mirada en el espejo. Su reflejo se veía cansado, los ojos le caían como bolsas pesadas, apenas alcanzó a tapar un gran bostezo con la mano. Había sido un día más que agotador, en todo sentido; tenía deseos de ir a la cama, cerrar los ojos y olvidarse de todo. Pero por lo visto, incluso el sueño la traicionaba, porque sentía que a cada caída de sus párpados, la imagen del médico se volvía más nítida en su mente. Uno tras otro, diferentes recuerdos pasaban frente a ella, como una película que no parecía tener final.

Cuando percibió que volvía a cabecear, se enderezó de golpe y se pasó las manos por la cara: se frotó, golpeó sus cachetes, los pellizcó, pero el sueño seguía asechándola. En un intento por mantenerse despierta, cruzó una de sus piernas sobre la otra y giró un poco hacia la izquierda. Su mirada se topó con un pequeño proyecto a medio terminar, a un lado del tocador.

'Genial, el trabajo me mantendrá despierta' Pensó con optimismo.

Tomó una pequeña llave que tenía cerca y puso manos a la obra. Al minuto se dio cuenta de que no era un trabajo tan sencillo, las piezas eran tan pequeñas, que era necesario un esfuerzo extra por enfocarlas. Terminó agachada sobre la mesa, con una mejilla apoyada contra la superficie de madera para poder ver bien lo que hacía. De ahí a caer dormida sólo fueron necesarios un par de parpadeos perezosos.

Nuevamente los recuerdo pasaron frente a ella, pero esta vez menos nítidos y más rápido. Hasta que llegó al último. Sintió que acariciaban su cuello y le susurraban algo al oído; un ardor sofocante nació de su interior y trató de alejar la figura oscura que tenía frente. Al instante todo se volvió frío y el entorno pareció acompañar esa idea porque se volvió de un azul glacial. Frente a ella estaba un hombre, de pie. Su rostro no se distinguía, pero veía que estaba medio oculto por su cabello; pareció decir algo porque su boca se movió, pero no salió ningún sonido.

Antes de que ella pudiera preguntarle qué había dicho, la figura dio media vuelta y desapareció.

La sensación de desesperación la invadió y su cuerpo ser paralizó. Sólo consiguió levantar una de sus manos, con dificultad, hacia donde había estado la figura.

- ¡¡Duero!! – Gritó con todas sus fuerzas.

Su cuerpo se enervó al instante y con un brinco se enderezó; o eso trató de hacer, porque una presión sobre su hombro izquierdo volvió a tirarla contra la superficie suave y blanda en la que estaba recostada.

Tardó unos segundos en despejar la niebla frente a sus ojos y enfocarlos en lo que parecía ser el techo de su habitación. No le llevó mucho tiempo más el darse cuenta de que estaba tendida sobre su cama…. Y desnuda!!. Bueno, quizás no completamente desnuda, pero podía percibir perfectamente la textura de las sábanas contra la superficie de su piel. Parpadeó un par de veces y sus ojos se desviaron hacia un costado: una figura alta y de contextura considerable estaba sentada junto a ella, uno de sus brazos se alzaba levemente hacia el hombro de ella.

- No te levantes tan rápido, podrías marearte – Susurró la persona a su lado. Ella obedeció en silencio y para cuando él dejo de sujetarla Parfet se enderezó lentamente, manteniendo las sábanas bien sujetas sobre su torso.

- ¿Qué está haciendo acá…. Doctor? – Preguntó la ingeniera, sin atreverse a mirarlo a la cara.

Duero pareció encogerse un poco en su lugar e hicieron falta un par de segundos para que pudiese decir finalmente.

- Yo… bueno, yo estaba… - Vaciló por un momento, buscando las palabras justas – Venía a verte porque… Toqué la puerta varias veces pero nadie me respondió, entré y te vi dormida en el escritorio así que me tomé la molestia de llevarte hasta tu cama – En ese momento, Parfet enrojeció de pies a cabeza e involuntariamente agarró más fuerte las mantas contra su pecho - ¡Pero no vi nada! – Se corrigió rápidamente el hombre – La bata estaba muy húmeda y no hubiese sido conveniente que durmieras con ella… pero no vi nada – Aclaró nuevamente.

- Está bien, le creo – Lo tranquilizó la joven, aún sin mirarlo.

- Estaba a punto de irme cuando escuché que gritaste…

- ¿Yo grité? – Exclamó sorprendida y levantó la mirada hacia él por primera vez.

- Si… gritaste mi nombre – Los ojos negros se cruzaron con los grises y le sostuvieron la mirada con intensidad, desafiándolos a que la conexión no se cortase.

- Yo...

- Parfet, tenemos que aclarar esto…

- Ya no hay nada que decir – Bajó la vista hacia su regazo – Solamente, que lo siento. Siento mucho lo que le dije y el modo en que lo hice. Usted está en todo su derecho de hacer lo que desee con su vida y no esperar reclamos de nadie…. Yo sólo, me dejé llevar.

- ¿Y por qué te dejaste llevar?

La muchacha lo observó con algo de reticencia en su rostro.

- No trate de analizarme otra vez- Alegó, ofuscada.

- No lo hago. Sólo estoy preguntándotelo – Ella guardó silencio - ¿Por qué dijiste eso Parfet?

Ella no dijo nada, siguió con el rostro gacho y la vista perdida entre las sábanas.

- Yo… ¿Por qué las cosas no pueden seguir como antes? – Al doctor le dio la impresión de que hablaba más para ella misma que a él.

- ¿Como antes?

- Si… - Contrajo las rodillas y las rodeó con sus brazos, como una niña que se protege de la oscuridad – Cuando lo único que importaba era escapar de las naves cosechadoras y llegar a salvo a nuestros planetas... cuando éramos amigos…- Seguía sin encararlo y él no supo hacer otra cosa que suspirar.

- ¿Eso es lo que deseás?- Le preguntó al cabo de unos segundos.

- Si

- Entonces estamos en medio de un dilema…

Las pupilas grises se clavaron en el hombre con extrañeza - ¿Por qué?

- Por que no quiero ser tu amigo… nunca más – Una respuesta clara y precisa, quizás demasiado para la ingeniera; la sensación de un vacío profundo y pesado se instaló en su estómago, el corazón le latía ferozmente contra el pecho.

- ¿Está hablando en serio? – Su tono casi inaudible fue captado perfectamente por Duero.

- Muy en serio – Estaba más adusto de lo normal y el hecho de encararla de esa manera no le dejaba dudas de que estaba diciendo la verdad.

Y sin siquiera proponérselo, una lágrima solitaria se escabulló por la pálida mejilla. No entendía qué pasaba, ella era la que debía estar enojada con él, ella debía haberle dicho que no quería verlo más.

Una sombra borroneada por las lágrimas se abalanzó sobre ella, tapándole la vista y su cuerpo se vio obligado a recostarse cuando Duero, olvidando todo autocontrol, se posicionó sobre ella, atrapando su persona contra la cama, y cubriéndole los labios con un beso desesperado. Se presionó contra ella en una reacción casi primitiva mientras los labios, inexpertos, rozaban contra los suyos, capturando algunas de las lágrimas saladas.

- Por favor, no llores – Suplicó contra su boca, sin pensar un instante en soltarla. Ella apretó los ojos un poco más, dejando escapar otra lágrima en el proceso.

- Usted… dijo que… que ya no me quería…- Hipó contra su boca.

- Es cierto, ya no te quiero como antes… - La joven pudo sentir la mejilla de él contra la suya, cuando se acercó a su oído para susurrarle – Ahora te quiero de otra manera.

Parfet no supo qué responder ante tal declaración, no estaba segura de saber cómo reaccionar. Simplemente se quedó estática. Duero percibió la acción al instante y como si de un resorte se tratase, se separó de la ella. Una mezcla entre vergüenza, confusión y miedo se debatía en su rostro.

- Yo… yo no, no quería llegar a esto… - Cerró los ojos y se permitió por un segundo revivir en su mente la escena que había acontecido hacía un momento. Había actuado precipitadamente, lo sabía….. ¡¡LO SABÍA!! ¡¡Por todos los cielos, lo sabía!! Eso era lo más irritante, se suponía que era una persona racional. Unos minutos antes le había dicho a ella que quería aclarar las cosas entre los dos e inmediatamente después se encontraba sobre ella haciendo… bueno, evidentemente confundiéndola más de lo que estaba. Ahora no sabía cómo volver a abordarla sin quedar como un idiota… bah, algo menos idiota de lo que se había mostrado ya.

Ojeó a la joven a su lado, no había demostrado ninguna actitud particular. Se había enderezado en el colchó cuando se había quitado de encima y ahora abrazaba sus piernas flexionadas, apoyando su mentón en las rodillas con la mirada aún nublada por las lágrimas y perdida en un punto indefinido de la habitación. Era una imagen devastadora. ¿Ya era muy tarde para dar explicaciones? No estaba seguro de saber lo que quería decirle…. No estaba seguro de nada en realidad. Respiró hondo y la encaró.

- Parfet…. Antes que nada, quería pedirte disculpas por todo – La vio encogerse un poco sobre si misma y tuvo que contener la necesidad de abrazarla – Soy conciente de que no hay justificación alguna para mi comportamiento pero, al menos quisiera poder aclararte un poco lo que está pasando por mi mente durante este último tiempo – Se detuvo por un momento esperando alguna respuesta, pero al no verla procuró continuar – A esta altura, debe resultar más que evidente que todo se encuentra estrechamente relacionado a vos.

Esas últimas palabras terminaron por sacar a la ingeniera de su estado de trance - ¿Conmigo? – Cuestionó con incredulidad – Pensé que todo esto tenía que ver con su nombramiento para la nave Arca y su "estúpida" investigación – No pudo evitar resaltar el epíteto con cierto tono de molestia.

Bueno… - Vaciló – Tiene cierta relación. Pero no, todo esto tiene que ver solamente con vos – Trataba por todos los medios de sonar tranquilo, de utilizar el tono que siempre surgía de su garganta cuando daba explicaciones a los demás, pero se le estaba haciendo difícil hablar de algo tan "personal"

- ¿Y qué puedo tener que ver yo en todo esto? ¿Acaso le hice algo para que terminara tratándome así? – Estaba cada vez más molesta, quizás no había sido el mejor modo de encarar el asunto. Temiéndose un nuevo estallido por parte de ella, se apresuró a responder.

- Ya dije que lo sentía… si me permitís, me gustaría ser más específico – Se aclaró la garganta – No se trata de que hayas hecho algo, no podrías haber previsto lo que pasaba… En fin, desde hace un tiempo… digamos, bastante tiempo, he empezado a notar ciertos… "síntomas" en mi persona, que serían resultado directo de mi relación con vos, Parfet.

- ¿Síntomas? – Fue lo único que la joven fue capaz de articular, no comprendía del todo a qué quería llegar el Doctor con eso.

- Si – Se aclaró más la garganta – Bueno, estos síntomas dieron como consecuencia una seria de alteraciones de carácter psíquico en un principio…

- ¿Qué tipo de alteraciones? – No pudo evitar interrumpirlo. Por un instante esto se le hacía similar a sus innumerables charlas en la enfermería o en el centro de máquinas, unas cuantas tazas de té de por medio, con el Doctor tratando de explicarle los síntomas, causas y consecuencias de diversas enfermedades humanas. Su curiosidad siempre habías sido muy despierta ente ese tipo de temas y él no parecía reacio a instruirla sobre todo lo que quisiese saber y él le pudiese explicar. Esta parecía otra de esas lecciones.

Duero estaba lejos de considerar esa charla como una lección más. A medida que se iba acercando al quid de la cuestión sentía que le faltaba el aire y que sus palabras se morirían en la mitad de su garganta. Además, el repentino cambio de humor en la muchacha lo hacía dudar de si realmente sopesaba el verdadero sentido de lo que él trataba de decirle. Era como si hablaran de una tercera persona y no de él mismo, ni que ella estuviese implicada en el asunto.

- Ehhh…- Meditó un poco la respuesta que iba a darle – Pues, en ocasiones experimenté variaciones en la frecuencia de mi descanso mental, aparición de recreaciones ficticias de la realidad durante el estado REM… Algunas guardaban cierta coherencia, otras presentaban patrones irregulares….

- Lo que quiere decir usted es que tuvo sueños – Volvió a interrumpirlo. El hombre, que aún permanecía con la boca semiabierta en mitad de su explicación, se limitó a asentir mientras que ella dejaba entrever una pequeña sonrisa de satisfacción al haber resumido tan efectivamente una explicación tan compleja y extensa – ¿No le resultó más fácil decir que simplemente que había tenido sueños?

- No se trata de sueños comunes – Prosiguió él y agachó la cabeza para evitar mirarla – Todos ellos tenían un factor común que se repetía indefectiblemente… tu imagen.

En ese momento pareció que la realidad volvía a caer sobre Parfet como si de un balde de agua fría se tratase. Fue conciente nuevamente de dónde se encontraban, de la cercanía de él, de su propia desnudez y del sentido de su conversación. El Doctor le estaba explicando que había soñado con ella; por un instante su mente le devolvió vestigios de su propio sueño y sin quererlo, volvió a invadirla esa sensación de ansiedad y angustia. Por alguna razón tenía miedo de escuchar lo que diría.

- Un tiempo después, además de los sueños, empecé a experimentar lapsos de desconocimiento de la realidad… digamos que "soñaba despierto"… no tardé en notar que principalmente me sucedía cuando me encontraba cerca tuyo.

- Y … usted ¿Por qué cree que podrían haber empezado a sucederse estos síntomas? – Ella seguía sin estar segura de querer saber algo más, pero sabía que no se iría hasta haberse explicado…. Cerró los ojos y trató de figurarse que se trataba de otra de sus conversaciones, que él le estaba enseñando los resultados de una investigación que nada tenía que ver con ellos.

- Mmmhhh…. Tengo una hipótesis sobre eso – Reflexionó Duero – Puedo decir casi con total seguridad que estos episodios comenzaron un poco después de que se descubriera ese video antiguo que mostraba a nuestras géneros como el complemento de una misma raza.

- Aaahhh… Usted se refiere al video que mostraba una familia durante la celebración de navidad.

- El mismo – Confirmó él – De ahí en más los síntomas fueron haciéndose más frecuentes, a medida que mi investigación sobre la relación simbiótica entre hombres y mujeres fue avanzando.

- Bueno, eso tiene sentido – Reconoció la ingeniera – Pero igualmente sigo sin entender por qué justamente debería ser yo la que se manifestara en sus sueños…. Me refiero a que, la nave está repleta de mujeres, cualquiera le hubiera servido para sus investigaciones.

- Ahí caemos en un punto importante – Señaló el médico, alzando su dedo índice – Por alguna razón ajena a mi entendimiento, la única mujer que me venía a la mente cuando reflexionaba sobre el tema, eras vos – La observó detalladamente, tratando de distinguir alguna señal fuera de lo común en ella. Dentro de su cabeza se había formulado lentamente una idea y estaba seguro de que podría servirle para adivinar lo que ella pensaba - ¿A qué piensas que podría deberse esa particularidad?

La muchacha lo miró de reojo, para luego hundir su cabeza en el regazo, meditabunda.

- Pues… no es que sea científica como usted, pero se me ocurre que quizá podría ser porque soy una de las pocas personas con las que usted se relaciona – Un destello atravesó la oscura mirada del hombre por una fracción de segundo, asintió silenciosamente incitándola a proseguir – Es cierto que están también Dita, Hibiki, Bart, Jura…. Todos son amigos nuestros, pero…. No se, no lo siento igual – Los ojos grises contemplaron al hombre sentado en su cama. Tenía los brazos cruzados y parecía atento a cada una de las palabras que salían de su boca – Usted es el primer amigo de verdad que tengo.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro moreno. Parecía que su suposición no había sido errada, pero debía tener cuidado en no cohibirla, de otro modo la experiencia se perdería a mitad del camino. Se apresuró a formular otra pregunta - ¿Nunca antes habías tenido una amiga, como vos dijiste, de verdad? – La joven puso una mueca de desconcierto ante la pregunta – Me resulta difícil creer que una persona tan amable y desenvuelta le cueste hacerse de amistades - Vio que la ingeniera dejaba escapar una risita modesta ante el comentario.

- Tampoco soy tan "sociable" como usted piensa – Se meció a si misma un momento – Creo que usted me mal entendió. Si tengo amigas, pero lo que puedo llegar a compartir con ellas no es lo mismo que…. – Se detuvo, conciente de que iba a decir algo importunado – Es decir, mis compañeras de trabajo son eso, compañeras. Es difícil que hablemos de algo más que no sean máquinas, circuitos de información o flujos de energía - Se acomodó un mechó de cabello detrás de su oreja – Dita…. Ella no habla de otra cosa que no fuese Hibiki, antes de eso sólo hablaba de extraterrestres y sucesos paranormales… Nunca hubo alguien que realmente se interesara en escuchar mis intereses ni que realmente necesitara que yo lo escuchara contarme sus propias cosas – Se detuvo un momento y lo observó de reojo, podía sentir sus mejillas arrebolarse – Hasta que llegó usted.

- ¿Y por qué yo sería diferente al resto? – Un poco más y esto empezaría a parecerse a una terapia psicológica, pero al parecer, funcionaba para los dos.

- No lo se – Respondió sinceramente – Quizás porque me parecía que éramos similares. Desde el principio, cuando trabajamos juntos por primera vez para equilibrar el Paxis. Me di cuenta que siempre hace su trabajo con mucha pasión y me alegró saber que alguien más que yo se mostraba interesado por el bienestar de la nave – Se pasó una delgada mano por la nuca, en un gesto de vergüenza – Siempre dije que las máquinas son también seres vivos… ese día me pareció que usted entendía a la perfección lo que yo quería decir.

Duero se sentía cada vez más asombrado con las palabras de la joven. Una pequeña parte de su ser manifestaba un sentimiento de orgullo y agradecimiento ante la confidencias que ella le había hecho, a la confianza que le otorgaba contándole cosas tan íntimas. Pero aún más profundo en su interior, un centro de calor se iba formando y de a poco emitía ondas a lo largo de su cuerpo, haciendo que por momentos le resultase difícil escuchar lo que ella decía, y sus ojos no podían despegarse de los labios de la ingeniera, que parecían moverse lenta e hipnóticamente. Llamándolo…

- ¿Y usted? – La pregunta lo tomó por sorpresa - ¿Ha dejado algún amigo allá en Tarak? – Ahora apoyaba su cabeza de lado, sobre las rodillas que aún mantenía abrazadas, su gesto le pareció casi infantil.

- En Tarak las relaciones distan de ser amistosas. Nuestra sociedad se rige por jerarquías y cada miembro de la misma suele relacionarse con los de su propio nivel… En otras circunstancias, Hibiki nunca hubiese sido amigo mío. Tampoco es común ver que existan lazos fuertes entre hombres más allá del estatus y las actividades propias de la milicia, nosotros no poseemos lo que ustedes llaman "instintos maternales" ya que los niños se producen en fábricas y desde su nacimiento son reclutados en un complejo sistema de enseñanza que se encarga de catalogarlos según sus cualidades y entrenarlos en las mismas.

- Eso sueña horrible – Reconoció Parfet – Debo suponer entonces que nunca tuviste amigos, mucho menos una pareja.

- Los primeros individuos a los que puedo considerar en esos términos son Bart y Hibiki, así como a todas las integrantes del Nirvana. En cuanto a tener pareja, es poco común que se den ese tipo de interacciones entre los hombres y si se llegan a dar, de seguro se mantiene en el más estricto silencio. Yo jamás experimenté ese tipo de interés – El semblante serio se suavizó un poco cuando los ojos oscuros se encontraron con los de ella – Por lo menos hasta ahora.

El corazón de Parfet dio un brinco cuando la mano morena se alzó para acariciar suavemente el flequillo, dejando al descubierto su rostro sorprendido.

- De eso es de lo que quería hablar – Los dedos rodearon el contorno de la mejilla femenina y se detuvieron en el mentón. Una suave presión hizo que la ingeniera levantara el rostro de su regazo para encarar a Duero – Creo… no, estoy seguro de que en este momento estoy padeciendo de una fuerte atracción hacia tu persona, Parfet.

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Bue... no es lo mejor verdad? Pero debo aceptar que hubo partes que me divirtieron mucho escribir, como el recuerdo de Parfet y eso de ser perfecta... en un sentido estrictamente anatómico jajajajaja

Pero bueno, acepto si no me llega ni siquiera un review con un virus jajajaja.

Tengo un capítulo más terminado que pienso subir en un par de días (si, aún me creo con el tupé de dejar pasar un tiempo para los lectores - me quedará alguno?? - antes de el siguiente cap) que creo que si va a ser de su agrado (al menos yo lo considero el punto más importante en lo que se refiere a redacción y quizás al decir esto ya me mandé derecho al muere jajaja) Así que al menos puedo asegurarles que nos vamos a estar leyendo dentro de poco... luego de eso el futuro se ve como un camino brumoso e intangible, en serio. (Las aclaraciones particulares las voy a dar a quienes aún tengan la bondad de dejarme un review, van a tener el privilegio de leer cómo me autodesfrenestro ante sus ojos :P)

Saludos a todos

Cyllan Anassan ;)