Bueno... como prometí, acá tengo el cap nº 6... se podría decir que es la segunda parte de lo empezado ya en el cap 5, en realidad cuando lo escribí lo pensé de esa manera pero luego de ver que había pasado de hacer caps de una regularidad de más o menos 6 o 7 hojas... pasar a uno con 16!! No, además al leerlo puede ver que había un momento excelente de corte, que dejaba lugar a la expectación (al menos eso vi yo) Pero en fin, no sigo más... léanlo y ya vamos a estar nuevamente juntos más abajo... enjoy!!

Declaimer: Si ya se, realmente no es necesario, pero extrañaba esto... a ver, ejem: Vandread y sus personajes no son de mi dominio, todo esto es puro producto de la ficción que me armé en mi cabeza y que, espero, funcione un poco más para poder finiquitarlo pronto... bien? ahora a leer!!

Advertencia: Contiene LEMON (hace rato que quería escribir esto jaja!!)

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Capítulo 6: Experimentando

Los ojos femeninos se abrieron aún más de lo que ya estaban. Sus palabras habían sonado tan serias, como si tuviera la necesidad de dejar en claro que no había espacio a dudas.

- Pero ¿Yo? – Apenas y podía acomodar sus ideas - ¿Por qué yo?

- Me extraña que lo preguntes – Duero parecía algo impresionado – Fuiste la primer persona en esta nave que me vio como a un compañero y no como a un enemigo. Nunca hubo prejuicios de tu parte y poco a poco me di cuenta de que compartíamos muchas cosas. No puedo negar que siempre sentí orgullo y gratitud por haber recibido tu amistad y ser digno de poder ofrecerte la mía – Su mano seguía cerca de su rostro, acariciando el sedoso cabello castaño, la miraba casi embelezado.

- ¡No diga eso! – Lo interrumpió, abochornada por el cumplido – Yo debería agradecerle por ofrecerme su atención… yo no soy nadie importante – Bajó el rostro, con pesar.

- Para mi si – No podía permitir que pensara que no era nadie, estaba tan cerca, ahora debía demostrar que hablaba con total convicción – Parfet, desde el momento que supimos que el hombre y la mujer eran iguales, complementarios entre si…. Lo que yo reconocía como camaradería y amistad cobró otro sentido – Se atrevió a acercarse un poco más, apoyando su manos en los pequeños hombros desnudos – Me costó asimilarlo, pero es una realidad que no puedo evitar sentirme atraído a vos… esto va más allá de la camaradería… es una atracción física.

Ya está, lo había dicho. Tenía todo el cuerpo revolucionado, expectante por la respuesta que ella le daría, aunque tenía cierto temor de que no fuera lo que él esperaba. Sus manos presionaron los hombros de ella en un intento por evitar que temblasen. Ella, que lo había entendido como una petición muda de respuesta, sólo atinó a sacar el aire que había contenido en su pecho. No se atrevía a mirarlo, por lo que lo único que podía divisar Duero era la espesa melena castaña, que ocultaba sus propias manos.

- Hay muchas otras mujeres – Era apenas un susurró pero el médico alcanzó a oírlo – muchas más atractivas que yo... – La podía sentir temblando mientras se acurrucaba más en si misma. Por un instante estuvo tentado de zarandearla. ¿Cómo podía pensar eso de si misma? ¿Tan poca autoestima se tenía?

Con toda la suavidad que su propio nerviosismo le permitía, recorrió los brazos de la muchacha hasta alcanzar sus muñecas y con un leve tirón las atrajo hasta el sector izquierdo de su pecho. Tal acción hizo que Parfet enderezara la cabeza, sorprendida por su actitud, y se encontrara con la mirada determinada del hombre.

- ¿Podés sentir eso? – Se refería a su desenfrenado corazón que por poco parecía salírsele del pecho – Basta con tenerte frente mío, con oírte, incluso con rozarte una mano cuando te ofrezco una taza de té, para lograr que mi corazón se desboque… Incluso ahora, me cuesta trabajo mantener este tono de voz teniéndote así de cerca – La jovencita sabía que decía la verdad ya que ella misma lo estaba sintiendo – Y esto es apenas uno de los síntomas. Hoy en el consultorio… y hace un momento… perdí el control de mis acciones por la misma razón. No hay nadie, nadie, hombre o mujer, que me haya hecho padecer algo así antes.

- Yo…

- Y puedo afirmar casi con plena seguridad que te está pasando lo mismo… ¿O me equivoco? – Por el semblante del doctor pareció traspasar una expresión, mezcla de inseguridad y miedo, por una fracción de segundo. Su mano derecha abandonó la posición sobre la muñeca de la joven para colarse entre el espacio entre las piernas y su torso. La Ingeniera percibió al instante el cálido contacto de la mano contra la delgada sábana, apoyándose en su bajo vientre… como en aquella ocasión.

- La otra vez no supe explicarme bien – Continuó al ver que de ella no salía palabra alguna, tampoco le pareció que le incomodara su toque, así que su mano permaneció donde la había dejado, convencido de que esta vez el resultado sería muy distinto.

- ¿Qué explicación? – Susurró ella, apenas y pudiendo concentrarse en algo que no fuese su mano sobre ella.

- Esto no es un juego para mi Parfet – Los ojos oscuros la escrutaron con seriedad – Nunca pretendí utilizarte como objeto de experimentación, ni nada por el estilo… Simplemente la situación se me fue de las manos… es difícil tratar de pensar con lógica cuando uno mismo es el afectado. Lo cierto es… - Se encaramó mucho más a la muchacha – que no me atrevería a hacer esto si no estuviera casi completamente seguro de que soy correspondido – Ahora su mirada se había enturbiado considerablemente.

- ¿Y… cómo está tan seguro de que es así? – Una parte, muy a lo hondo de la mente de Parfet, la parte que aún estaba resentida por lo que el doctor había hecho antes, había tomado el control de sus labios por una fracción de segundo al decir esas palabras. Pero el tono desafiante que había imaginado en su cabeza fue reemplazado por un hilillo de voz que lo hizo parecer poco creíble.

Duero no dijo nada, inexplicablemente su mano derecha había encontrado el camino entre los pliegues de las sábanas y ahora los dedos cálidos acariciaban la parte interna de su entre pierna. Una corriente eléctrica golpeó el cuerpo femenino al instante y el hombre pudo estar seguro de que ella contenía la respiración.

- Tu cuerpo me lo está diciendo – Le susurró cerca del rostro mientras la empujaba lentamente contra la cama – Y no estoy dispuesto a ignorarlo más.

Lo siguiente que Parfet pudo distinguir fue borrones, una oscuridad profunda plagada de sensaciones que la rodeaban. El cuerpo de Duero la aplastaba por completo contra el colchón, una opresión delicada pero firme. Su rostro se había dirigido directamente a la unión de su nuca, inhalando con vehemencia la fragancia del cabello aún húmedo. Con determinación sus labios finos rozaron la suave piel de ella en pequeñas caricias que subían y bajaban por el cuello e intermitentemente se detenían para depositar pequeños besos. Tal acción provocó una oleada de calor en el cuerpo de Parfet, que sentía con dolorosa precisión el frío que dejaba el doctor cada vez que abandonaba una zona de su piel en la que había dejado su marca. Con cada nuevo contacto el corazón de la ingeniera bombeaba más y más fuerte y la sensación de su rostro sonrojado casi le provocaba sofoco.

Una mano grande y fuerte la tomó por el inicio del pelo, empujando su cabeza hacia delante con delicadeza, para conseguir que los labios de él se acoplaran perfectamente a la delicada quijada. Ahora los besos eran más profundos, un rastro de saliva tibia fue marcando un camino sinuoso desde el inicio de su lóbulo a la comisura de esos labios carnosos y rosados. Duro entornó los ojos oscuros, sólo los había probado una vez y la sensación de ansiedad al tenerlos tan cerca, entreabiertos y expectantes, le resultaba irrisorio ya que había tenido la oportunidad de "sentir" a la muchacha de formas mucho más íntimas que esa. Pero su boca era para él una barrera muy importante, que determinaba el límite tangible entre lo que era la pasión y algo mucho más profundo.

Parfet ignoraba completamente todos estos pensamientos, tan sumida como estaba en sentir al hombre devorándole cada centímetro de su rostro. Lo único que sabía con total exactitud era que no podría aguantar un instante más sin que su boca se topara con la suya. Pero Duero no parecía tener apuro por alcanzar dicho objetivo, se entregaba con completa devoción a su tranquila tarea.

- Duero – Sonaba casi como un suspiro cansino de su boca.

- Mmh?

- Duero… por favor – No estaba segura de encontrar las palabras para expresarse, pero entonces su cuerpo se encargó de hacerlo por ella: los brazos rodearon la fuerte espalda mientras se arqueaba contra el cuerpo masculino, haciendo chocar sus caderas. Los labios encontraron por fin los de él y se inició una batalla silenciosa dentro de sus bocas.

Él soltó un jadeo apagado, sorprendido por la inesperada acción de ella. Quizás las cosas no fueran tan difíciles como él pensaba, ella parecía más que predispuesta. Con este pensamiento en mente se permitió el abandonarse a las sensaciones por unos minutos que le parecieron eternos, pero con la falta de aire no pudo más que separase un poco de ese vicio que era la boca de la joven y esto le permitió despejar un poco sus pensamientos.

Cuando Parfet trató nuevamente de buscar su rostro, Duero atinó a separarse un poco de ella, mirándola con determinación.

- ¿Qué pasa? – Un cierto tinte de inseguridad se dejó entre ver en la pregunta de la chica.

- Nada importante… sólo, quiero enseñarte un par de cosas antes de que… de que continuemos – Mierda, le estaba costando mucho volver al tono casual que utilizaba cuando hablaba normalmente con cualquiera – Esta es una experiencia tan nueva para mi como lo es para vos, no puedo estar seguro de saber con exactitud cómo debo proceder… - Contuvo el aliento al sentir los finos dedos de Parfet recorriendo su columna vertebral - … pero lo cierto es que estoy bastante informado de los métodos más efectivos para lograr incentivar el cuerpo femenino – Lo había soltado de sopetón para evitar alguna otra interrupción provocada por las acciones de la chica.

La ingeniera lo miraba algo confundida ¿acaso no estaban encaminándose precisamente en ese rumbo? – Creo no entender bien lo que estás queriendo decir – Le dejó saber finalmente.

- Hace un rato… hiciste algo, una acción corporal….

- ¿Qué fue lo que hice?

- Te pegaste a mi cuerpo… me atrevería a sugerir que tratabas de emular… – Aún en la penumbra su rostro pareció tornarse aún más oscuro – el coito – Finalizó.

Fue el turno de Parfet para sentir que se le hervía el rostro de la vergüenza. ¿Había hecho eso? ¿Cómo podía saber ella lo que su cuerpo debía hacer frente al contacto de otro? Ella nunca había hecho algo parecido.

- ¿Eso es malo? – Quiso saber con pesar.

- ¡No! No, definitivamente no – El "definitivamente" había sonado más convincente de lo que Duero hubiese preferido – Pero no quiero aún llegar a esa instancia. Antes me gustaría enseñarte otra cosa – Y por primera vez en la noche, sus labios dejaron entre ver una sonrisa diferente a otras que ella hubiera visto, parecía sugerente.

- ¿Qué cosa? – Preguntó consternada, mientras lo venía descender hacia el inicio de su pecho, donde el borde de la sábana apenas cubría su desnudez. Vio cómo su mano izquierda se deslizaba por el dobladillo y tranquilamente lo descorría para permitirle el acceso a esa parte oculta de su cuerpo. No alcanzó a sentir frío porque ya la estaba cubriendo nuevamente con su cuerpo, acoplándose a él. Sintió una bocanada de aliento cálido sobre su clavícula y los labios que se curvaban en una sonrisa de satisfacción sobre su piel.

- A excitarte Parfet.

Dicho esto, la boca nuevamente reanudó los besos. Primero succionando la hendidura entre las clavícula, lamiendo la concavidad con avidez, para pasar a descender por el centro de su esternón. Una mano cálida le rozaba el borde inferior de su ceno izquierdo, provocándole una sensación de exquisito escozor; fue haciendo círculos cada vez más pequeños hasta llegar a su punto más sensible. Con sus dedos índice y mayor frotó suavemente la aureola, pellizcando suavemente el pezón hasta que este se endureció. Era una sensación inigualable, de cosquilleo intermitente, que logró hacer escapar un jadeo de la boca de la chica. Pero esto no se comparó al grito que pegó cuando la boca de Duero se encargó de hacer lo mismo con el otro: los labios succionaban con deseo y los dientes se intercalaban con la cálida y húmeda lengua para atender la zona erógena. Cuando Parfet sentía que ya no podía soportar más los temblores que le causaban los mordiscos sobre la piel sensible, él ya se encontraba apaciguándolo con lengua y besos, era una sensación cadenciosa de ida y venida, de choque y descanso que logró poco a poco dejarla sin aliento, respirando con dificultad y deseando por más.

La mano izquierda no tardó en ocupar el lugar de su boca cuando Duero decidió continuar al descenso por su abdomen, deteniéndose en el ombligo para generar igualmente descargas, pero que esta vez se conectaron directamente con la zona más baja de su torso. Sin percatarse de lo que su cuerpo hacía, la ingeniera se retorcía contra el hombre, en movimientos pélvicos instintivos cuando sintió que el aliento cálido de él golpeaba casi contra su entre pierna. Por un momento ella creyó que se hundiría entre sus piernas, pero para su sorpresa, volvió a enderezarse para encararla. Sin decir nada, sólo mirándola fijo, le indicó con suaves empujones que se pusiera sobre su costado izquierdo, dándole la espalda. Ella obedeció en su mudez y aguardó durante unos segundos en los que pudo percibir el leve sonido del roce de tejidos y algo pesado que caía de forma seca y apagada contra el suelo alfombrado. Entonces la calidez volvió a cubrirla, ahora desde su espalda. Sintió la firme piel caliente contra ella cuando Duero, ahora desnudo, se acopló a ella. Descorrió la melena castaña para despejar su cuello y omóplatos, reanudando los besos en esa nueva sección mientras los largos dedos se deslizaban desde su hombro, contorneando su silueta, siguiendo por las caderas y finalmente su muslo. La mano recorrió por detrás de éste hasta alcanzar el espacio entre sus piernas y se detuvo.

- Ahora, quiero que te relajes – Le susurró roncamente contra el hombro.

Hábilmente sus dedos la obligaron a levantar la pierna y apoyarla sobre la de él. La sensación de "acceso libre" le provocó un escalofrío a la chica, más aún cuando los mismos dedos de adentraron en su entre pierna. El tacto era superficial, los dedos exploraron los labios, acariciando el bello rizado hasta detenerse en su centro exacto. Allí presionaron y se frotaron con un poco más de fuerza y entonces ella fue conciente de la humedad y las pulsaciones en su interior.

- Estás excitada – Corroboró Duero. Eso pareció detonar aún más las pulsaciones en ella, que inconcientemente elevó aún más la pierna.

Los dedos siguieron frotándose contra los labios, hundiéndose apenas un poco más, para desesperación de Parfet que jadeaba. Las yemas recogieron parte del flujo y se adelantaron para frotar con más avidez una pequeña zona en la parte superior de los labios.

- Aahhh – El gemido de la ingeniera dejó en claro al hombre que el masajeo estaba dando resultado.

- Éste… – y sus dedos dibujaron círculos sobre el botón de carne con un poco más de presión – Es uno de tus puntos erógenos… el clítoris – Duero se esforzaba por hablar con claridad entre la nube de deseo que amenazaba con acabar con el poco autocontrol que tenía. Quería que ella supiera dónde debía buscar su propio placer y a la vez le excitaba esta situación en la que él trataba aún de sonar como un profesor que explica una lección con la mayor objetividad posible. Lo cierto era que exponer las acciones en palabras le producía un placer casi morboso – Si se masajea adecuadamente, con una buena lubricación… se puede obtener mucho placer.

- Mmhh – Parfet cerró los ojos, mordiéndose los labios ante el placer que le producía Duero, sumado a esas palabras jadeantes contra su oído.

- ¿Te gusta? – Los dedos volvieron a humedecerse para continuar frotando el botó con más ahínco

- Mmmh… si…. si – Se movía contra su mano, anhelando un tacto más íntimo.

- Entonces… - Duero no terminó la frase, el índice y mayor rodearon un par de veces más su entrada hasta hundirse finalmente y con lentitud dentro de ella. Un extraño sonido, mezcla de gemido de placer con un toque de queja llegó desde los labios de su compañera, mientras sentía la cavidad estrecha, tan cálida y suave, envolver sus dedos. Era una sensación increíble la de su interior, no estaba muy seguro de qué esperar cuando lo hizo, pero lo que menos se imaginó fue sentir la ferviente necesidad de acariciarla, explorando sus espacios irregulares y deseando bañarse de esa humedad tan suave y tibia. Con diligencia recordó mentalmente el punto exacto que debía atender para poder robarle más gemidos.

Los dedos iniciaron un viaje de ida y vuelta dentro de ella, lento y cada vez más profundo, tanteando el camino según las reacciones de la chica, temiendo lastimarla. Pero Parfet no parecía desear nada más que aumentar la frecuencia y la profundidad de ese toque. Para cuando Duero escuchó un ansioso "más" escapar de los labios femeninos, un tercer dedo se introdujo en la cavidad, provocando más fricción. Ella se removió con necesidad hacia abajo, tomando con su mano derecha la de Duero, obligándolo a moverse a su ritmo, que era cada vez más rápido, más adentro.

El hombre tuvo que esforzarse en no perder las riendas. Dentro suyo, podía sentir las convulsiones de la pared vaginal, y se imaginó penetrándola, hundiendo su parte sensible en ese vaivén de espasmos. Y no pudo aguantar más.

La mano abandonó las caricias íntimas y de un empujón brusco la tenía nuevamente bajo suyo. Antes de que la joven pudiese siquiera emitir una queja, le abrió las piernas para hundir las pelvis contra ella, rozando los sexos con necesidad contenida. Tomó las muñecas de la chica y las puso por sobre su cabeza a la vez que su rostro se sumergía con desesperada sed en sus pechos nuevamente. Con cada nuevo gemido que robaba de la chica, las succiones eran más salvajes, los dientes pellizcaban con más ahínco y sus sexos se tocaban, frotándose con fuerza. Así de apresada como estaba, Parfet seguía deseando aún más. El hombre sobre ella se mostraba tan desenfrenado como ella, sus jadeos eran menos perceptibles pero ahí estaban… más aún así, parecía existir una cierta restricción en sus acciones.

- Duero – Trató de llamarlo, intentando ignorar el hecho de que su compañero le estaba prácticamente devorando los pechos – Duero… por favor, pará – Había conseguido que su voz sobrepasara a los demás sonidos que el médico dejaba escapar de su boca.

Las palabras lograron detener inmediatamente al hombre, que rápidamente se incorporó de su posición, quedando arrodillado entre las piernas de la muchacha. Sus ojos oscuros y dilatados la observaron con expectación, curiosidad y algo de miedo. La veía tendida, despeinada y sonrojada, respirando con dificultad evidente dado la manera en que sus senos tersos y deliciosos subían y bajaban con rapidez…. Desvió la mirada al notar los pensamientos que recorrían su mente y trató de concentrarse en adivinar por qué ella le había pedido que se detuviera.

- ¿Hice algo malo? – Quiso saber. Hasta hacía unos segundos le había parecido que ella disfrutaba sobremanera con sus caricias… había leído mucho sobre el tema como para estar seguro de que podría lograr hacerla disfrutar sin lastimarla… al menos durante el juego previo, ya que nada la salvaría del inevitable dolor de la penetración… pero se estaba yendo nuevamente por las ramas! Trató de concentrarse en lo que la chica le decía, pero ella no decía nada, su mirada gris se había enfocado en alguna parte por debajo de él. Bajó la mirada siguiendo su dirección y rápidamente su rostro se abochornó al ver lo que captaba la atención de Parfet…

- ¿Eso es….? – Señaló la chica hacia él.

- Si – Fue toda su respuesta.

- Es… grande – El adjetivo que utilizó ella no pudo más que hacerlo sonreír de lado en la oscuridad. Era mejor que no tratase de ahondar en esa cuestión antes de que lo más grave hubiera pasado.

- Si, bueno, normalmente no se ve así todo el tiempo… esta es la reacción natural de excitación en los hombres.

- ¿Usted está excitado? – La ingeniera parecía mucho más sorprendida por esa confesión que por el hecho de haber descubierto un aparte desconocida hasta entonces de la anatomía masculina.

El hombre dejo ver una mueca de molestia ante sus palabras y se inclinó sobre ella, apoyando sus manos a ambos lados de su delgado cuerpo.

- ¿Acaso "eso" no lo hace evidente? – Le señaló su hombría – No hay manera de que no pueda estar así de excitado teniéndote desnuda, debajo mío y moviéndote como lo estás haciendo contra mí – Su tono era similar al que usaría con un niño que se había portado mal – Y te pido por favor que dejes el formalismo de lado… disfruto mucho más oyéndote gemir mi nombre – Los ojos negros como carbón chispearon divertidos.

Ante tremenda declaración Parfet sólo consiguió boquear torpemente. Estas demostraciones de soltura eran sorprendentes, por no decir "inadecuadas", para la impresión que usualmente demostraba ese hombre estoico y reservado. Pero si se tenía en cuenta el hecho de que en ese preciso momento lo tenía sobre ella, desnudo y haciendo lo que estaban haciendo….

- ¿Por qué me pediste que me detuviera? – La pregunta salió disparada de su boca, acertando de lleno en ella y disipando los pensamientos que la inundaban.

- ¿Cómo?

- Quiero decir, ¿hice algo malo? ¿Te lastimé? ¿Hice algo que no te gustara? - ¿Era su impresión o estaba nervioso? Su mirada había dejado de ser divertida y el ceño fruncido parecía indicarle la frustración que lo embargaba al sospechar que no había hecho bien algo. Claro, si una de las cosas de las que se mofaba el Doctor era el de no equivocarse nunca, bueno, casi nunca, por lo visto se creía que este iba a ser la excepción.

- No, es decir si…. es que – Era realmente muy complicado tratar de ser verbal con un tema como ese – Yo quiero decir…

Ya estaba tartamudeando, y Duero la conocía lo suficiente como para saber que de un momento a otro iba a encontrar una buena razón para separarse de él y poner distancia… era algo que no estaba dispuesto a aceptar a esta altura, así que con un certero movimiento se dejó reposar sobre ella, una mano sosteniendo parte de su peso para no aplastarla y la otra comenzando un camino descendente desde el rostro de ella, por mejillas, labios, mandíbula y cuellos, mientras le susurraba.

- Está bien. Se que esto es bastante incómodo – La mano se detuvo en la nuca, acariciando el cabello corto y ensortijado – No hay necesidad de decir nada si no querés…. Pero desearía que no te reprimieras tanto Parfet No tengas miedo de decir o hacer lo que verdaderamente sientas.

Y una vez más la estaba besando. Ahora era algo más pausado, tomando conciencia del suave tacto de sus labios, los pequeños surcos se delineaban perfectamente con la punta de su lengua. Empujando un poco más logró abrirse paso entre sus dientes, acariciando el interior de su boca, tan cálida. La lengua de su compañera poco a poco cobraba vida y trataba de seguir el ritmo de la suya, se probaban con necesidad, chocando de a momentos en un ataque de pasión, acompañado de los gemidos apagados que ella proferida ante cada nuevo embate contra su boca. Tan compenetrado en besarla, tan atento del tacto de su piel suave y blanca contra la suya, oscura y ardiente, tan embelezado con su ondulante cabellera… que el mundo casi se le cae al suelo al sentir que la pequeña mano rozaba su punto más sensible.

Fue un toque suave, exploratorio, pero tan patente para el excitado hombre, que de un salto separó su rostro de ella, los ojos bien abiertos y la boca profiriendo un audible gemido de placer. Ella lo observó, algo asustada por la reacción inesperada de él.

- Perdón – Se excusó, desviando la mirada gris de su rostro aún sorprendido – Es que, me dijo que no me reprimiera y…

- Quisiste tocarme – Finalizó él, recobrando el aliento con dificultad.

- Perdón, no sabía que iba a molestarle tanto…

- No me molestó. A decir verdad… me gustó mucho – La frase de disculpas de la pobre chica se quedó por la mitad – Desearía que lo hicieras de nuevo – Puntualizó Duero finalmente. Se acercó a ella nuevamente e inició un recorrido de besos por su delicada quijada, acercándose al lóbulo derecho de ella.

- Pero… no tengo idea de cómo… - Respondía ella a duras penas, su respiración volvía a hacerse dificultosa ante tanta atención.

- Te puedo enseñar cómo – Susurró en su oído y a continuación atrapó su lóbulo con los labios. Un gemido de placer se escapó de la boca de ella y sintió la mano derecha de él colarse nuevamente entre sus piernas. Inconcientemente las abrió para permitirle un mejor acceso y la oleada de excitación volvió a nacer en su zona baja en cuanto las caricias se hicieron presentes. Estuvieron así durante unos minutos, ella retorciéndose contra él, sintiéndolo jugar con los dedos diestros alrededor de su entrada y devorando su cuello, con labios, lengua y dientes. Hasta que las caricias se detuvieron y la mano abandonó su trabajo, subiendo hasta encontrar la suya propia, que se aferraba con fuerza a las sábanas. La guió hacia abajo, enterrándola entre sus piernas y presionándola contra los labios. Inmediatamente percibió que estaba considerablemente húmeda… La estaba ayudando a mojarse en su propia esencia. Con aún más perplejidad, sintió que la separaba de ahí y la elevaba un poco más hasta terminar rodeando el miembro erecto de él.

Era una sensación peculiar, diría Parfet. La carne era caliente, firme y palpitaba contra su palma. Duero aún la tomaba de la muñeca y contendiendo un suspiro comenzó a dirigirla en movimientos lentos, subiendo y bajando por la extremidad, esparciendo el flujo en su camino. Parfet estaba fascinada por las acciones del joven hombre, pero lo estuvo más aún al ver su rostro, contraído por el placer, los ojos cerrados con fuerza, concentrado en sentir. Parecía tan vulnerable en ese momento. Y con una determinación inexplicable para ella, Parfet tomó el control del acto e inició una serie de movimientos cada vez más veloces; toda la anatomía de el le resultaba fascinante, deteniéndose en la base del pene reacomodaba las manos en torno al mismo y volvía a embestir hacia arriba, donde los dedos finos exploraban el borde de la cima con movimientos exactos, para volver a bajar con suavidad, apenas rozando la piel sensible. Duero no paraba de temblar, ocultando el rostro en el cuello de ella, se mordía el labio inferior con ferocidad, tratando de contener la oleada de gemidos y suspiros que amenazaban con salir de su boca.

Parfet hubiera continuado así durante tiempo indefinido, concentrada en sentir al doctor retorciéndose ante su toque, pero las manos fuertes de él la detuvieron de pronto, la tomó de las muñecas y la apresó más contra su cuerpo, sintiendo el miembro excitado rozar su entre pierna, caliente y duro.

Ella lo miró confundida y algo molesta, pero él sólo se limitó a observarla con los ojos turbios y murmurar un enigmático "no quiero terminar aún" antes de volver a tomar posesión de sus labios en un beso sediento y ardiente.

Esta vez el juego no duró mucho más, dejó que las manos de ella se perdieran en la amplia espalda bronceada, mientras se ocupaba de separarle las piernas un poco más. Tomó el miembro entre sus manos y rozó la entrada de la joven con movimientos circulares y de arriba a abajo. La ingeniera dejó escapar un pequeño grito desesperado, levantando la pelvis en petición de un contacto más profundo y él respondió apoyando el glande contra la cavidad, presionando levemente.

- Quiero que respires hondo y trates de relajarte mientras dure la penetración – Duero trató de sonar lo más calmado posible, lidiando entre el deseo de sentirse dentro de ella y la preocupación de hacerle daño, pero sus palabras parecieron encender aún más a Parfet, que rodeó la cintura del hombre con sus piernas, presionándose más contra su miembro.

- Duero… - Suplicó ella contra su pecho y entonces lo sintió. La presión era considerable, algo bastante molesto, pero el deseo seguía ahí, patente y fue lo que la empecinó a seguir empujando. El la tenía agarrada de las caderas, controlando sus propios impulsos mientras sentía la estrechez de ella rodeándolo poco a poco. Con cada pequeña embestida, las uñas se le clavaban con fuerza contra los hombros, podía escucharla jadear de a momentos, apretada contra su tórax, respiraba con dificultad pero aún así no se quejaba. Ya faltaba poco, así que tomando una medida desesperada, la tomó de la nuca con una mano y la besó. En ese preciso momento con un empujó brusco y rápido terminó de entrar en ella, apagando el pequeño grito de dolor con sus labios.

Permanecieron quietos y en silencio por un rato. Ella recuperándose de la sensación inicial, él besando cada centímetro de su rostro perlado de sudor.

Ambos estaban unidos, quizás esta fuera uno de los pocos, quizás el único, acto que se presenciara entre un hombre y una mujer desde hacía ya miles de años.

- Así que… - Parfet ya estaba un poco más tranquila, sintiendo los besos de Duero contra su rostro y deseando que esos labios volvieran a tocar los suyos - … esto es lo que se llama un acto de procreación, no?

- Podría decirse que si – Afirmó Duero, posando un beso corto en el espacio entre sus cejas – Pero hay muchas otras definiciones para esto que estamos haciendo… – Otro beso, ahora en la punta de la pequeña nariz - A mí particularmente me gusta uno que, creo, es más acorde a lo que estamos experimentando en este momento.

- ¿Y cuál sería?

- Hacer el amor – La besó en la comisura de los labios – Más allá del maravilloso hecho de poder llegar a concebir un pequeño ser o no, más allá de si es una necesidad natural de nuestra raza, más allá de todo…. Esta noche te estoy haciendo el amor Parfet – Y la besó de lleno.

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Tachan!! Bueno, como verán este cap procura ser un poco kenchi... sinceramente espero haberlo logrado, es el primer Lemon que escribo y la verdad es que desde el primer momento que pensé el fic tenía pensado en escribir algo así... una especia de mezcla entre erótico y absurdo, dado el carácter "explicativo" que tiene por ciertos momentos de parte de Duero... espero no haber caído completamente en lo grotesco o haber dejado escapar el clímax de la situación debido a esos cortes que producían los personajes... pero bueno, era su primera vez y eran Duero y Parfet!! siempre me imaginé que su primer encuentro sería algo así como lo escribía... medio dialogado, no se... bueno espero no haberme pasado y les haya gustado.

Nos leemos en el prox cap... obviamente se agradecen reviews que serán contestados lo más inmediatamente posible

Saludos para todos

Cyllan Anassan ;)