Hola hola!! Nuevamente puedo decir que me puse las pilas (aunque sigo reconociendo y pidiéndoles disculpas por el retraso) Este cap me tuvo dando vueltas por un tiempo, son saber por momentos cómo seguir encarándolo... bueno, esto es lo que me salió, espero que al menos valga la pena darle una hojeada... pero basta de autoinsultos!! Ustedes lean y nos vemos más abajo, si?
Declaimers (increíblemente vuelvo a hacerlos)
- Vandread no me pertenece, es obra de ... alguien (lo siento, en serio, nunca memoricé el nombre de su creador, a mi lo que me atrapó fueron los personajes :P) Así que cualquier queja... hágansela a él ok?
- Este cap también contiene LEMON!! Es decir, que no es apto para menores que no estén listos para afrontarlo (yo no soy quien para prohibírselos directamente, yo simplemente les doy la oportunidad de elegir... jeje)
Nada más... A LEER!!
Capítulo 7: qué te gusta, cómo te gusta, dónde te gusta?
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- ¡Listo! – Con un golpe certero sobre la mesa y la mueca de una sonrisa torcida en el rostro, Barnette dejó caer el juego de cartas que tenía en la mano. Estaba completamente segura de haber ganado la mano esta vez… ¡y con creces! Pero había algo que desde hacía unos minutos había dinamitado casi por completo su entusiasmo inicial, y eso era la estoicidad de su rival.
Hibiki había hecho acto de presencia en el Almacén de armamentos muy temprano en la mañana, algo bastante inusual dado que, exceptuando los casos de emergencia, solía dormir hasta muy tarde. Pero lo que más le llamó la atención a la chica fue verlo llegar con una sonrisa que podría calificar perfectamente de "bobalicona" y un aire taciturno que por poco la pone de los pelos. Inmediatamente se había armado entre ellos una nueva batalla de Poker y ya en su tercera mano, Barnette comenzaba a sospechar que ella era la única que participaba del juego. Esto se debía a dos cuestiones puntuales que la chica no tardó en visualizar: A) El moreno no dejaba de mirar insistentemente hacia la entrada del almacén, como si lo atrajera por una fuerza magnética y fascinante B) PRACTICAMENTE LA ESTABA DEJANDO GANAR!! Eso, para una persona como la que era Hibiki Tokai, era inconcebible, y para una persona como la que era Barnette Orangellon era una total falta de respeto.
Volviendo a la realidad tras tan elucubrados pensamientos, la muchacha observó atentamente a Hibiki, que no despegaba sus ojos oscuros de las cartas que tenía en la mano. Iba a concederle sólo una oportunidad, sólo era cuestión de que el pobre eligiera bien: la puerta o ella.
El muchacho actuó….. Y una tonelada de misiles direccionales de corta distancia se encargaron de enterrarlo por completo.
-¡¡SE PUEDE SABER QUÉ MIERDA TE PASA MUJER??
- ¡¿Qué me pasa?! Que ya me estoy aburriendo de jugar al solitario. No se qué bicho te picó hoy pero si en verdad no tenías ganas de jugar una partida seria me lo hubieras dicho y listo.
- ¡Pero si estoy prestando atención! - Protestó
- Si, claro que estás prestando atención… pero a la PUERTA, idiota!! Yo no soy tonta, hay algo que te tiene con la cabeza en las nubes y me molesta sobremanera perder el tiempo jugando con un zombi.
Hibiki estaba abriendo ya su bocaza para objetar lo que decía su compañera, pero dio la casualidad de que en ese preciso momento, ese "algo" de lo que se jactaba Barnette entró en el almacén de armamento. Los ansiosos ojos recorrieron el lugar hasta dar con el objetivo, pero en vez de actuar como se esperaría, se quedó estático en su lugar, con un aire de evidente incomodidad.
- ¡Oh! Perdón Hibiki, no sabía que estabas ocupado…. yo… yo, te estaba buscando para ver si querías almorzar conmigo – Dita miraba fijamente al suelo, se la notaba muy abochornada. Elevó los verdes ojos apenas para chocar con los oscuros de la morena – Hola Barnette.
- … Hola Dita – Le había costado un poco articular el saludo. Dita se veía tan extraña, pensó ella. Era extraño verla tan calmada y tímida…. un momento…. ¿había llamado a Hibiki por su nombre? ¿Y el alienígena? Acá había gato encerrado…. Tendría que hablar prontamente con Paiway…
- Claro que quiero. Ya habíamos terminado el juego.
… Bueno, Paiway sobraba. Barnette observó impresionada a un Hibiki más que risueño, dejando las cartas sobre la mesa y levantándose de un salto para encontrarse con Dita, que lo esperaba en el marco de la entrada. Aún más anonadada vio cómo el joven la tomaba por la cintura y la acercaba hacia sí para unir sus labios con los suyos. El beso fue breve pero alcanzó para sobresaltar a la pelirroja antes de ser arrastrada por Hibiki fuera del recinto.
La Jefa de armamentos permaneció unos cuantos segundos más con los ojos bien abiertos, que no se despegaban de la puerta ahora cerrada. Sólo el silbido de la tetara anunciando que el té ya estaba listo la hizo volver en si. Fijó la mirada en la mesa que tenía en frente, más específicamente las cartas de Hibiki….. Sintió una gota de sudor recorrerle la nuca.
- MALDITO BASTARDO…. HICISTE ESCALERA!!
No dejaba de sentirse sorprendida…. Gratamente claro está, pero sorprendida. Lo escrutaba de arriba abajo, tratando de encontrar una respuesta coherente en las acciones de su cuerpo. Le miraba el rostro: los ojos brillantes y una amplia sonrisa; miraba su mano izquierda: los dedos entrelazados delicada pero firmemente a los suyos, sin pretender por un segundo soltarla; miraba su andar: a zancadas y bamboleándose graciosamente, casi como bailando. Lo miraba todo, todo él y no encontraba una respuesta a lo que había hecho hacía segundos en el almacén de armamentos, frente a una sorprendida Barnette.
Y ahora… se dirigían al comedor de la nave… ahí no había sólo una persona… estaban TODAS… y él seguía sonriendo como tarado, aún sin soltar su mano…
- Hibiki…
- ¿Si?
- ¿Qué fue eso?
- ¿Eso qué? – Volteó el rostro hacia ambos lados tratando de encontrar el "eso" – Acabamos de pasar el área de recreación… este es el nivel 2 de la nave – Respondió, señalando el enorme portal que habían dejado unos metros atrás de ellos.
- ¡No! – Se quejó Dita - ¿Por qué hiciste eso en el almacén? – El joven ahora se volteó a verla con el ceño fruncido.
- Porque siempre juego a las cartas cuando voy a ver a Barnette… ¿qué tiene de raro?
La pelirroja se detuvo en seco y tiró de su compañero con brusquedad hasta tenerlo frente a frente.
- ¿Me estás tomando el pelo? No me refería a lo que estabas haciendo antes de que yo llegara, sino lo que hiciste antes de que nos fuéramos de ahí – Ya se estaba molestando con ese jueguito tonto de hacerse el desentendido… algo en eso la estaba poniendo incómoda. Con un escalofrío recorriéndole por la columna, se preguntó interiormente si él no estaría jugando con ella… o peor, arrepintiéndose de lo que acababa de hacer.
Por su parte, el moreno se había quedado pensativo, observando el vacío mientras se concentraba en algo. Finalmente, suspiró pesadamente y la volvió a encarar.
- Nop, no se me ocurre qué pude haber hecho en particular – La vio pegar un respingo y fruncir el bonito rostro, con molestia - ¿Qué fue lo que hice Dita?
- Te dije que no me tomaras el pelo – Insistió ella.
- ¡¿Cómo?! En serio no se de qué me hablás ¿qué fue lo que hice? – El que se estaba molestando ahora era él.
- Esto es el colmo – Bufó Dita, ignorando la pregunta
- ¿Qué fue lo que hice? – Insistió.
- ¿En serio me estás diciendo que…
- ¡¿QUE-FUE-LO-QUE-HICE-DITA?! – Siseó el piloto entre dientes.
- ¡Me besaste! – Gritó ella y al instante el rostro se le tiñó de un precioso rubor… pero no le hacía competencia al que ahora lucía el joven.
- Que hice… - Balbuceó, los ojos negros fijos en ella - … yo, hice eso??
- Si – confirmó ella. Hibiki tenía la boca abierta a más no poder - … ¿estás arrepentido?
Le llevó casi un minuto entero a Hibiki para reaccionar, pero sin dejar de mirarla a los ojos se encogió de hombros y le dedicó una media sonrisa de las suyas. Volvió a tomarla de la mano y reanudaron el camino hacia el comedor... o eso intentó Hibiki porque la pelirroja volvió a jalarlo fuertemente para que se detuviera ahí mismo.
- ¿Qué? – Preguntó el piloto, bastante ofuscado.
- Sigo sin entender.
- No hay que entender nada.- Ella lo seguía mirando con el ceño fruncido y ojos inseguros - ¿Por qué te estás portando de esta manera?
- Eso tendría que preguntártelo yo a vos… ¿Te diste cuenta de que acabás de darme un beso en frente de Barnette?
- Bueno… en ese momento te juro que ni lo tuve en mente – Lo pensó por unos instantes y volvió a encogerse de hombros – Pero hice lo primero que tuve deseos de hacer. De hecho… - una media sonrisa, algo socarrona, se dibujó en el rostro moreno, con las pupilas dilatadas e insinuantes haciéndole juego - … podríamos repetirlo ahora – Finalizó la oración acercándose un poco más a la chica, pasando sus brazos por la estrecha cintura.
Pero algo en la mirada de Dita hizo que se tomara más en serio lo que ella decía. Se separó un poco (obviamente sin soltarla) y trató de encontrar los ojos azules. Una alarma en su interior le hizo sentir por un momento que algo andaba mal.
- ¿Acaso… acaso no querés que nadie sepa que estamos juntos? – Por suerte no le había temblado la voz cuando formuló esa pregunta, pero en ella se escondía un miedo creciente al suponer que ella podría sentirse avergonzada de estar a su lado.
Contra todo pronóstico, el rostro de la piloto se encendió por la sorpresa. No se esperaba una pregunta semejante por parte del muchacho y la misma consiguió hacerla recobrar parte de las fuerzas que había sentido flaquear en su interior. Era necesario aclarar esto ahora y que fuera lo que el cielo quisiera, porque de otra manera jamás se sentiría completamente feliz de haber conseguido tenerlo. Le dedicó una dulce sonrisa tranquilizadora antes de ocultarse en el pecho del moreno, dejándose abrazar por la tibieza que su cuerpo le proporcionaba.
- ¿Dita?
- ¿Mmhh? – Se acurrucó más contra él, agradecida de sentir que su compañero la estrechaba aún más.
- No respondiste mi pregunta.
- No es necesaria una respuesta.
- ¿Qué?
- Que no pienso responder esa pregunta… porque es una tontería…. – Dejó escapar un suspiro antes de continuar – Nunca podría sentir vergüenza de que todos sepan lo que tenemos... más bien es todo lo contrario, yo pensé que sentirías vergüenza de que el resto supiera que ahora estás conmigo…
- ¡¿De dónde sacaste eso?! – Hibiki sonaba indignado.
- Bueno, digamos que antes no dejabas de esconderte de mí cada vez que te estaba buscando, solías molestarte mucho cuando me metía con vos, si me tiraba encima tuyo, cuando… - Dita no dejaba de enfatizar la lista utilizando los dedos de la mano.
- Está bien, está bien, ya entendí el punto – La interrumpió. Dejó escapar una bocanada de aire mientras buscaba en su mente lo que deseaba decir – El asunto es que eso fue antes, y la verdad es que "antes" yo era definitivamente un idiota… No que no lo sea un poco todavía, pero ahora se lo estúpido que fui al no darme cuenta de lo mucho que me gustaba que hicieras todo eso conmigo.
- Pero en serio, yo era más insoportable – Insistió ella – Llamándote por apodos tontos y persiguiéndote por todo el Nirvana, adornando tu habitación y el Vanguard con naves espaciales de juguete…. Me porté de forma infantil… y hasta cierto punto aún sigo haciéndolo… Es obvio que no puedo ser tan seria e inteligente como Meia o femenina y sensual como Jura… Es evidente que mi comportamiento pueda avergonzarte frente a todas – Bajó la mirada, compungida pero a la vez aliviada de haber dicho todo lo que guardaba en su interior y que hacía tiempo le provocaba desvelos. ¿Qué podría haber visto Hibiki en ella realmente? Una jovencita que se portaba como una niña de 5 años, que era torpe y hacía la mitad de las cosas mal.
Le sorprendió sobremanera escuchar que él sonreía por lo bajo, a la vez que unas manos grandes y ásperas la tomaban del rostro para encarar unos intensos ojos negros, que decían mucho más de lo que las palabras podrían traducir.
- Hasta cierto punto tenés razón Dita – Percibió que ella se estremecía contra su cuerpo – En este preciso momento te estás portando como una niña tonta – Le acarició suavemente la mejilla, recorriendo los contornos con delicadeza – Quizás los dos fuimos en buen grado un par de bobos, pero así somos y así es como nos gustamos ¿Verdad? – Le rodeó los hombros, apoyando su frente con la de ella – No sabía que te tenías en tan baja estima Dita. Porque yo no veo en vos ni la mitad de lo que dijiste…
- Si, soy insoportablemente infantil… - Sollozó ella, buscando ganar en la discusión.
- Si, es verdad que gritas mucho, te gusta ponerme apodos y hacés chiquilinadas… pero eso demuestra que sos una persona alegre, con espíritu joven, que nunca se deprime y se preocupa por que el resto esté feliz.
- Soy torpe y tonta…
- Todos nos caemos de vez en cuando, creo que es cuestión de que no corras tanto y veas más por donde vas. Y una chica tonta y torpe jamás podría ser una de las mejores pilotos de Dreads que se haya visto en la galaxia… Meia es buena, pero demasiada fría a veces – Agrego, sabiendo que la comparación venía por ese lado – Nunca la vi volar con la pasión con que lo hacés vos y mucho menos disfruto de fusionarme con ella como lo hago con vos.
- No soy tan "mujer" como Jura… - Parecía que estaba dispuesta a no ceder.
- ¡Y gracias al cielo! – Se sonrió Hibiki – Jura es "demasiado mujer" para mi gusto, creo que sólo le preocupa demostrarse a si misma lo imponente que puede llegar a ser – Y vuelvo a insistir: te tenés en muy baja estima… Para mí… sos más de lo que yo podría desear jamás.
E increíblemente Dita se percató, ya muy tarde, que Hibiki la tenía atrapada contra la pared. ¿En qué momento sus manos habían abandonado sus hombros para ocuparse de sostenerle la nuca mientras la otra acariciaba con ansiada premeditación el costado de su muslo, jugando con el borde de la falda?
- ¡Hibiki! – Trató de reaccionar ella, pero al parecer, el piloto tomo de manera equivocada su exclamación porque hundió el rostro contra el cuello de ella.
- Dita – Murmuró con voz ronca – No puedo creer que seas tan ciega de no ver lo preciosa que sos… lo que me provocás cuando te tengo cerca – Los labios recorrieron el tramo de piel desde el hombro hasta el oído, marcando con fuego ahí donde dejaba plantado un beso – Anoche… - Y sonrió con satisfacción cuando ella se estremeció, probablemente ante el recuerdo – Creí que anoche había quedado claro que no existe nadie más para mi... Me gusta todo, todo lo que te define…
No dejaba de susurrarle esas palabras al oído, con suavidad y cariño, pero cargadas de un impulso reprimido por la circunstancia. Le susurraba mientras la recorría despacio, los dedos ligeramente abiertos, apenas apoyando las yemas sobre su cuerpo. La empujaba con deseo más y más contra la pared y ella sólo atinaba a cerrar las manos fuertemente contra el género de su chaqueta, presionándose también contra él, como dos imanes poderosos. Apenas eran concientes de que estaban en medio de un pasillo, a la vista de cualquiera que doblara por la esquina.
- Me volvés loco – Continuó el piloto – Me gusta tu forma de ser infantil, me gustan los apodos que me das, me gusta que me persigas, que te me tires encima, tus comentarios ocurrentes y graciosos, que adornes mi habitación con muñecos… - Las manos dejaron de recorrerla y la tomaron una vez más por el rostro, obligándola a que lo viera de frente. Dita se sorprendió por la seriedad del semblante masculino – Ayer, me encantó poder sentirte debajo mío, poder tocarte, olerte, escucharte decir mi nombre… probarte – La vio sonrojarse con cada palabra y el deseo en su interior se hizo más intenso, maldijo no estar 2 niveles más abajo, en la oscuridad íntima y acogedora de la habitación de ella – Ni Meia, ni Jura…ni nadie, sólo vos.
La miró fijamente por unos instantes más y luego, sólo la besó. Había tratado de demostrarle que ella no era una vergüenza para el en lo absoluto, pero por más palabras que intentara sacar de su mente, por más explicaciones, presentía que ese simple acto era mucho más significativo que cualquier discurso. Besarla a ella, ahí, donde cualquiera podría verlos y no quedaran dudas de lo que sentía por ella… Aún con sus labios presionados contra los suyos, suplicó en silencio que para ella fuera más que suficiente.
- ¡Señorita Dita! ¡Señorita Dita! - Los gritos se acercaban desde la dirección en la que ellos habían venido. Un instante antes de que la pareja se separara, ella avergonzada y roja de pies a cabeza, él con el ceño fruncido de disgusto ante la interrupción, una muchacha de cabello oscuro y por encima de los hombros, con unos anteojos pequeños de lentes redondos apareció por la curva del pasillo – Qué bueno que pude alcanzarla, vi que….- Se cortó en seco al percatarse de la situación – Oh! Yo, lo siento mucho – se dio media vuelta inmediatamente, como si hubiese acabado de ver a los dos desnudos tirados en el piso – No quise interrumpir, es que la vi venir en esta dirección con el piloto Hibiki y, yo, pues…. – Parecía muy compungida y pese a llevar un grueso traje naranja, que denotaba claramente su pertenencia a la sección de mecánica del Nirvana, era evidente para el par de jóvenes que estaba temblando de los nervios, por la situación.
- Está bien Noah – La tranquilizó una Dita notablemente animada y vivaracha. Se acercó hasta ella y tomándola por los hombros la hizo voltear - ¿Para qué me buscabas? – El rostro sonrojado de la mecánica se volvió pálido al recordar el motivo de su búsqueda.
- Es la Sta Parfet. Hoy a primera hora debía dirigirse a la Central de Mantenimiento para los exámenes de rutina y no se presentó. Envié a un par de colegas a buscarla a su habitación pero estaba cerrada y nadie contestaba – Trataba de hablar con tranquilidad, pero aún así se notaba que estaba alterada – Ella nunca falta a sus obligaciones y más si se trata del Paxis, la busqué por todos lados y no pude dar con ella…. Cuando la vi pasar pensé que usted sabría dónde encontrarla, ya que son tan amigas….
- Bueno, la verdad es que la última vez que vi a Parfet fue ayer por la noche – La muchacha bajó la cabeza con pesar al escuchar tales palabras. La pelirroja apretó con cariño sus hombros – Pero no te asustes, seguro está atendiendo algún asunto particular. Yo puedo hacerme cargo de buscarla de acá en más, no es necesario que descuides tus obligaciones en este momento.
- ¡No, por favor… yo sólo quería saber si por casualidad la había visto… no es necesario que…
- Al contrario – Insistió Dita, acompañando a la muchacha hacia la dirección en que había aparecido momentos antes – Tengo que hablar con ella sobre algo importante, así que de todos modos tengo que buscarla – La pelirroja se apresuró a levantar un dedo en señal de advertencia al notar que la muchacha pretendía continuar con su réplica – A Parfet no le gustaría que descuidaras tus obligaciones por buscarla, Noah. Cuando me encuentre con ella le voy a decir que estuviste buscándola, no te preocupes más.
No viendo razones para contradecir a la piloto, la ingeniera retomó el camino por el que había llegado sin ningún otro reclamo. Dita dejó escapar un suspiro mientras la veía irse, cuando un brazo firme la tomó por la cintura, atrayendo su cuerpo al del joven piloto como si fuera una necesidad vital el tenerla cerca.
- ¿Hay algo de lo que deba preocuparme? – Tanteó Hibiki al ver el rostro preocupado de su compañera.
- No estoy segura… Parfet es muy responsable cuando se trata de su trabajo. Me preocupa que tenga que ver con lo de ayer…
- ¿Ayer?
- Si, ayer cuando nos cruzamos a la salida de la enfermería. Yo había acompañado a Parfet a que la revisara el doctor porque había tenido un accidente… Parece que antes de eso habían peleado – Reprimió un escalofrío repentino, el moreno al percibirlo la atrajo aún más contra si - ¿Y si la situación empeoró? Sería mi culpa.
- Mmmhh… no creo que el Doctor pudiera haber llegado a hacerle algo malo – En su mente buscó la conversación particular que habían tenido hacía un tiempo él y Duero. Si realmente tenía algo que ver la ingeniera en todo este lío mental que tenía su compañero… - Bueno, creo que no nos queda otra que averiguarlo por nuestra cuenta – La tomó por los hombros e hizo que lo encarara - ¿Por qué no vas a ver si no está en su habitación? Estoy seguro que si se trata de vos no habrá problema en dejarte pasar. Yo voy a darme una vuelta por el Puente de Navegación para ver si Ezra o Amarone pueden ubicarla por el intercomunicador.
- ¿En serio harías eso? – El rostro de Dita se iluminó como si se tratase de una niña pequeña frente a alguna nueva maravilla. Un segundo después estaba casi encima del joven, abrazándolo con fuerza mientras lo besaba en cada centímetro de su rostro – Gracias – Finalizó con un rápido, pero certero, beso en su boca y salió disparada hacia los ascensores, dejando a un Hibiki algo acalorado detrás.
- ¿Quién me manda a meterme en estos culebrones? – Se lamentó el joven mientras daba media vuelta y se encaminaba hacia el puente de mando.
Era extraño hasta para ella misma, pero por alguna razón esa mañana su cuerpo y mente se encontraban palpablemente sensibles. Exacerbados, esa era la palabra. Cada una de las fibras de su ser manifestaban un grado de hipersensibilidad que la hacían sentir las cosas a su alrededor de una manera nueva, como si poseyeran otro color y textura: el aroma familiar de su habitación, ahora mezclado con otro más tenue y 'masculino' que le hizo sonrojar por un momento; la suave tibieza de las sábanas que la rodeaban, acarició lentamente el género con sus delgados dedos y la simple acción la remontó a la noche anterior, provocándole un placentero temblor. Se apretujó más contra las sábanas, en posición fetal.
Otro motivo para sentirse sorprendida de si misma fue el hecho de haber dejado de lado cualquier cosa que tuviese que hacer normalmente. Era conciente de que hacía ya un par de horas que debería haberse presentado a la revisión rutinaria del Paxis y en su mente nebulosa tenía la sensación de que incluso habían golpeado la puerta, llamándola. Pero en ese momento su cuerpo no podía reaccionar a otro estímulo que no fuese el calor y la comodidad de su cama. Trataba de recordar en qué momento su había sentido tan relajada como ahora, su cuerpo parecía no querer responder a ninguna de sus órdenes mentales, con suerte consiguió abrir uno de sus párpados y observar a través de las pestañas a su alrededor.
El hecho de no encontrar al joven doctor a su lado no resultó tan preocupante para su aletargada mente. Estaba segura de que probablemente se hubiese ido temprano a cumplir con sus deberes médicos (Ahí su conciencia se encargó de remarcarle el grado de irresponsabilidad que estaba demostrando). En su memoria borrosa recordaba también el suave beso en la frente y unas dulces palabras de buenas noches susurradas en la oscuridad, antes de dejar la habitación que habían compartido.
- Siempre tan caballero… - Susurró para si misma con una sonrisa de satisfacción. Su tono de voz era algo ronco, como si hubiese estado hablando en altos decibeles durante un largo tiempo…. ¿Tanto ruido había hecho? ¿Los habría escuchado alguien? En un arrebato inconciente de vergüenza, giró sobre si misma hasta quedar boca abajo, ocultando su rostro en las almohadas. Cerró los ojos y permitió que las memorias inundaran su cabeza, reviviendo lo sucedido la noche anterior.
- … Esta noche te estoy haciendo el amor, Parfet.
Su cuerpo se convulsionó de placer ante la declaración. Se trataba de una frase nueva para ella, pero que ante las circunstancias se presentaba cargada de un sentido profundo y real.
En un instante, la boca de Duero aprisionó la suya, impidiéndole gemir. El dolor que había sufrido un instante antes ahora resultaba opacado por las acciones del hombre, su cuerpo estaba respondiendo a tantos estímulos distintos: roces, sonidos, aromas… Ninguno terminaba de predominar por sobre los otros y entre tal mezcolanza, el malestar inicial de sentirlo al fin dentro suyo se había quedado relegado a segundo plano.
Hundió sus delgados dedos en la oscura melena detrás de su nuca y profundizó el beso, dejando que su lengua acariciara el interior del chico de una manera tan precisa como si se tratase de algo que sabían hacer desde siempre. Entre bocanadas de aire se escapaban los sonidos de su propia excitación, un afrodisíaco que los hacía volver con mayor brusquedad a esa lucha tan irresistible entre sus bocas.
De un momento a otro, las manos fuertes de Duero atraparon su rostro y, no sin un poco de esfuerzo, logró frenarla. Parfet lo observó con cierta expectativa, la oscura mirada la taladraba de lleno y su labio inferior aún estaba atrapado en la boca del moreno.
Un leve movimiento de caderas y el miembro de Duero se hundió un poco más en su interior. El dolor reapareció al instante, pero su boca estaba apresada como para que pudiese emitir algún quejido. Lo sintió retirarse un poco y otra vez sumergirse en ella, esta vez como algo más de facilidad y con menos irritación para ella. El vaivén continuó, lento y paciente. En ningún momento los ojos del médico perdieron los suyos. La miraba concentrado, buscando alguna reacción en su sonrojado rostro. Parfet también trataba de enfocarse en sus ojos oscuros, eso la ayudaba a olvidar por momentos la molestia que aún sentía con cada embestida. Le excitaba que él la mirara tan fijo mientras se movía en su interior.
Y entonces, a la siguiente retirada la embestida fue más fuerte, haciendo que las caderas de ella se elevaran nos centímetros; inmediatamente después una vibración ardiente y cosquilleante se apoderó del bajo vientre de Parfet, que no pudo contener el grito de placer. De ahí en más la frecuencia fue aumentando. El rostro de Duero se perdió en el delicado cuello de la chica y sus manos bajaron para apoderarse de sus caderas, ayudándolo a enterrarse más y más dentro.
- Aaahh …. Duero ... aaaaahhh – Su nombre era lo único que parecía lógico dentro de ese torbellino de sensaciones. Él le respondía con su voz apagada y ronca chocándole sobre la piel, tratando de no dejar tan en evidencia su deseo por ella.
Retomando un recuerdo previo, el cuerpo femenino se acopló a la candencia de las caderas masculinas, los brazos rodearon la musculosa espalda y las piernas se abrieron más, ansiando por un acercamiento mayor de los sexos. Parfet, con sus ojos fuertemente cerrados, trataba de captar el cosquilleo que había sentido antes, que aparecía por momentos para luego desaparecer, dejándola con una amarga sensación de insatisfacción. Duero, por el contrario parecía haber encontrado el camino de su placer, al que se acercaba poco a poco.
Quizás fuese por una cuestión de observación o pura casualidad, el hecho es que repentinamente el moreno disminuyó el movimiento hasta detenerse por completo y, sin sacar sus manos de las suaves caderas, giró sobre si mismo hasta dejar a la ingeniera sobre él. El cambió de posición fue tan rápido y fluido que la dejó en shock durante unos segundos.
- ¿Qué…? – No supo como formular su perplejidad con palabras. Se sentía en una posición muy vulnerable e incómoda. El pudor se apoderó de ella y trató de tapar sus pechos con las manos pero Duero se lo impidió tomándola de las muñecas.
- No hay razón para tener vergüenza…si sos preciosa – Le aseguró con la voz entrecortada por el ejercicio previo.
- ¿Por qué… cambiamos de posición? – En realidad iba a preguntarle por qué se habían detenido, pero la vergüenza le ganó de mano.
- Leí en un libro que es bueno el cambiar de posiciones varias veces durante el acto sexual… ayuda a aumentar el placer – Ahora se lo notaba más relajado y seguro de si mismo, eso molestó un poco a Parfet - ¿Seguimos? – El tinte de sensualidad en la pregunta provocó un estremecimiento en la muchacha, o quizás se debía al hecho de que en el mismo instante en que había hecho la pregunta, las manos fuertes de Duero habían presionado contra sus caderas, profundizando el contacto entre ellos. Pero no hubo otro movimiento a continuación.
- ¿Qué pasa? – Quiso saber ahora ella, su tono denotaba que ya se estaba cansando de tanto juego.
- Te estoy esperando a vos – Si bien su voz no se notaba para nada molesta, sus ojos demostraban con claridad que estaba haciendo un gran esfuerzo para no moverse.
- ¡Yo! Pero, pero… yo no… no se cómo… - No tenía idea de cómo empezar de nuevo. Todo lo que había hecho hasta el momento había sido prácticamente producto de los impulsos y Duero se había encargado de llevarla a tal punto de inconciencia. Ahora se sentía completamente perdida.
Por toda respuesta, el joven médico se irguió hasta quedar sentado en la cama con ella encima, la castaña tuvo que agarrarse de los musculosos hombros para no perder el equilibrio. La tomó por la espalda para que sus rostros se acercaran aún más.
- No es tan difícil – Le aseguró él mientras empezaba a besarle el borde del delicado mentón – Sólo es cuestión de incentivarse un poco – Besó y lamió, delineando su quijada.
- Yo, preferiría… - Suspiró al sentir el aliento del hombre haciéndoles cosquillas en el oído - …que lo hicieras… - Un suave gemido escapó de sus labios, interrumpiendo las palabras.
- ¿Yo? – Terminó él mientras le mordisqueaba el lóbulo. Una de sus manos enterrada en la mata de suave cabello y la otra contorneando los hoyuelos de la cintura femenina – Para serte franco… estoy demasiado excitado y temo no poder controlarme… - Cada vez le costaba más mantener la mente despierta, tan concentrado como estaba en besarle el perfumado cuello, sentir sus pechos rozándole el tórax, el corazón acelerado a más no poder.
- … controlarte…? – Inclinó la cabeza para permitirle un mejor acceso, deseando más de esos labios que dejaban huellas ardientes allí donde la tocaran.
- …quiero que explotes… llevarte… al límite….. Parfet – No pudiendo soportar más la presión, la acercó más hacia si. Ella, entendiendo el movimiento, respondió arqueando la espalda y presionándose contra su cuerpo. El movimiento hizo que sus músculos internos se tensaran, apretando al miembro masculino. Ambos gimieron de placer.
No le costó mucho más a Parfet el iniciar el ritmo cadencioso, ayudada por Duero, que la empujaba firme pero suavemente con las manos. Lo abrazaba por el cuello, apoyando el rostro contra el pelo color ébano; sentía perfectamente la respiración pesada y entrecortada golpearle en la nuca. Inconcientemente él mordía el punto donde el cuello y hombro de ella se unían, tratando de aguantar el deseo casi incontenible de empujarla contra la cama, abrirle las piernas y penetrarla de una manera más certera y rápida.
No, le había dicho que la quería matar de deseo y sólo ella podía encontrar el camino que la llevara al éxtasis. Él conocía las posiciones más convenientes, él sabía que sería más difícil para ella alcanzar el clímax y que probablemente no lo conseguiría al primer intento… Incluso sabiendo eso, Duero estaba decidido a dejar que ella disfrutara todo lo que pudiese en esta primera vez juntos y él la ayudaría en todo lo que estuviese a su alcance.
La podía oír respirar dificultosamente, cómo él. Ahora ella manejaba el flujo de movimiento entre los dos y él hacía lo posible por responderle con igual sincronía. Aún a través de la espesa neblina que se había vuelto a formar en su mente, sabía que ella se estaba conteniendo para no hacer demasiado ruido. Probablemente sentiría vergüenza, pero no había nada que él deseara más que oírla gemir y saber que le gustaba. Para cuando ella retrocedió para la siguiente embestida, él se enderezó un poco más y la empujó contra si, entrando en ella de un modo algo más feroz.
- Aaahhhh……mmmh – El incontenible gemido se escapó de los rosados labios y penetró en la mente de Duero como un afrodisíaco implacable. Había perdido parte del autocontrol inicial y trataba de aumentar la velocidad de la penetración, deseando oírla gritar más.
- Siii… así… no te calles – El ritmo era más y más rápido, las pulsaciones en el interior de ellas se hacían cada vez más marcadas, al compás de los suspiros y jadeos de ambos – Quiero escucharte…. Saber qué te gusta, dónde te gusta…… cómo te gusta….
- Aaaahha ……. Due… ro ……mmmhh siii….
- Sii? Asiii?... – Cada vez más rápido, más adentro.
- Ooohh… siii…
Ya no existía cordura alguna en la mente de Parfet. Los sonidos salían de adentro suyo sin que pudiera controlarlos. Lo único que su cuerpo podía percibir con claridad era ese cosquilleo constante, que poco a poco paso a convertirse en espasmos de calor, latiendo desde su bajo vientre. Con cada nueva penetración se expandía más lejos, por su cuerpo entero. La hacía sofocarse, temblar, sentir que se rompería en pedazos. Y en medio de ese mar de olas turbulentas que la golpeaban, la voz de su compañero le retumbaba en el interior, aumentando esa sensación de ansiedad, de expectativa.
Una embestida más, profunda y precisa, y el punto de palpitación explotó. La sensación de continua ansiedad dio paso al placer y una onda mucho más fuerte que las otras le invadió cada fibra de sus ser al alcanzar el orgasmo.
Duero sólo percibió, aún obnubilado por el placer, que ella daba un respingo y se quedaba rígida por una fracción de segundo para luego dejarse caer contra él, dejando escapar el aire que retenía en sus pulmones. Los músculos aún se convulsionaban, apretando su miembro, pero de una manera más entrecortada y abrupta, lo que hizo que inmediatamente después él mismo alcanzara el clímax, derramándose dentro de ella.
Con mucho cuidado, Duero se dejó caer en la cama, con Parfet aún encima de él. Se inclinó sobre un costado y dejó que ella descansara sobre las sábanas, sin dejar de abrazarla. Estaban sudorosos y sin aliento, pero con una satisfacción inmensa marcada en sus semblantes. El doctor fue el primero que se sintió con la capacidad para hablar.
- Eso fue… - Suspiró, dejando escapar el aire entre los dientes - ...no estoy seguro de encontrar palabras precisas para describir lo que acaba de pasar – Trató de encontrar la mirada de su compañera, pero se había acurrucado contra el fuerte pecho de él, sin decir nada - ¿Parfet? – La tomó por los hombros, sacudiéndola levemente - ¿Estás bien? Yo…te hice algún daño? – El miedo se hizo latente en su interior, buscó el rostro femenino con sus manos pero la ingeniera se resistía a abandonar su posición. Un poco a regañadientes, consiguió que lo mirara a la cara. Tenía los ojos increíblemente brillosos, como si estuviera a punto de llorar y las mejillas sonrojadas por la vergüenza.
- Parfet… yo, lo siento si te hice daño… nunca quise… pensé que lo estabas disfrutando tanto como yo.
- Si lo disfruté – El arrebato con el que lo dijo no dio cabida a dudas para el joven médico. Parecía incluso ofendida de que pensara lo contrario.
- Entonces ¿Por qué parece que estás a punto de llorar?
- Yo, no lo se. Es lo que siento ahora – Lo pensó por un momento antes de continuar – Al principio dolió un poco…. Pero lo que sentí después… – Y aunque pareciera imposible, su rostro se tornó aún más colorado – … m-me gustó… mucho…. Ay! Es tan vergonzoso!! – Trató de ocultarse otra vez contra su pecho pero el moreno no lo permitió.
- Es algo completamente normal y no es nada para avergonzarse – La tranquilizó, acariciando el rostro juvenil con ternura – A mi también me gustó, mucho… demasiado, más de lo que había imaginado que podría ser.
- Pero al menos vos ya tenías una idea de qué esperar – Trató de parecer molesta, aunque como suponía, él jamás se prestaría para iniciar una pelea. Lo qué Duero respondió, en cambio, la dejó helada.
- Si, y por esa razón estaba algo asustado por los resultados de esta primera vez.
- ¿Asustado por qué?
- Bueno. Por una parte estaba el hecho de que no sería una experiencia algo incómoda (por no decir dolorosa) para tu cuerpo.
- Si, bueno. Ya dije, fue algo doloroso, pero no duró mucho – Era raro sentirse tan tranquila hablando sobre "eso" cuando lo habían hecho hacía sólo unos minutos - ¿A vos no te dolió?
- No. Lo que genera el dolor en la mujer es que hecho de que, durante la penetración, los músculos internos deben sufrir un estiramiento que nunca antes habían experimentado. Una vez que alcanzan esa nueva flexibilidad el dolor desaparece.
- Pero ¿No te dolió cuando te toqué ahí? – Hizo un además hacia la entrepierna del moreno. Aún estaba dentro de ella.
- No, de hecho…. – Se aclaró la garganta con dificultad – Se sintió muy bien.
- Y tampoco cuando…. – No se atrevió a terminar la idea.
- Eso se sintió mil veces mejor - La voz de Duero era apenas un susurro y el hecho de que tuviera la mirada nuevamente enturbiada y el cuerpo casi agazapado sobre el de Parfet, le hizo pensar a la joven ingeniera que la charla estaba dando paso a algo mucho más interesante.
Sin quitarle la mirada grisácea de encima y respondiendo a su propia curiosidad intentó hacer algo que hacía un instante le había venido a la mente. Con una pequeña orden de su cerebro, consiguió que los músculos de su vientre se contrajeran de manera repentina alrededor de la virilidad de su compañero, que no tardó en reaccionar abriendo los ojos como platos y dejando escapar un sonoro jadeo de placer. Parfet, aunque sonrojada por lo que había hecho, dejó entrever una sonrisa de satisfacción.
- A mi también me gusta oírlo Doctor … qué le gusta, cómo le gusta….dond…
Pero ya no pudo continuar con su broma porque tenía la boca apresada en un beso desesperado, mientras el cuerpo masculino la apresaba contra la cama.
- No nono no no – Se repetía a si misma y apretaba el rostro contra la almohada para apagar sus propios reclamos.
Ya era la tercera, no, la cuarta vez que recordaba lo que había pasado la noche anterior y como al final de cada recuerdo, tenía el cuerpo tembloroso y extasiado, sintiendo perfectamente el latido placentero en su zona baja… y sólo era un recuerdo!! Si seguí con eso iba a terminar convencida de que había sido una pervertida en potencia desde que había nacido, y ahora que el Doctor se había encargado de "liberarla", quién sabía qué cosas podían pasar….
Su mente trabajaba sin control alguno y volvía a revivir el momento en que despertó desnuda en la cama, con él a su lado…. Cuando el golpeteo frenético en su puerta la hizo volver a la realidad.
- ¡Parfet! ¿Parfet, estás ahí? – Los golpes se volvieron más fuertes e insistentes – Parfet, soy Dita. Las chicas de mantenimiento me mandaron a buscarte, están preocupadas porque…. – La puerta se abrió, dejando expuesta a una pelirroja notablemente preocupada con la mano derecha a medio camino de golpear el aire.
- ¿Qué pasa Dita? Perdón si las preoc….. auch!! – Ya estaba, otra vez en el piso por culpa de los impulsivos arranques de su amiga la piloto. En esas ocasiones entendía perfectamente por qué Hibiki la evitaba tanto. Podía ser bastante bruta cuando se lo proponía.
- Ay, Parfet!! Estaba TAN preocupada – Frotaba frenéticamente su rostro contra el de la ingeniera, aplastándola contra el piso.
- ¡Está bien! Está bien, Dita – Trató con poco éxito de zafarse del agarre demasiado amistoso – ¿Podrías levantarte de encima mío? Me estás aplastando.
- Si, perdón perdón – La pelirroja se puso de pie y ayudó a su amiga a levantarse. Una vez de pie dio media vuelta para dirigirse a la pequeña hornalla que tenía a un costado del baño.
- ¿Querés que prepare un té o ya desayunaste? – Ofreció la castaña mientras buscaba en la estantería por dos tazas y demás cosas necesarias.
- Ummhh… en realidad ya es hora de ALMORZAR, pero te acepto igual la invitación.
- ¡¿CÓMO?! – Exclamó Parfet e inmediatamente se giró para ver la hora en el reloj de pared - Es tan tarde ya??
- Sip – Respondió Dita despreocupadamente – Esa es la razón por la que estaba tan preocupada. Me crucé con Noah cuando iba hacia el comedor con Hibiki y ella me dijo que había faltado a los controles de rutina. Se la veía tan preocupada que le dij….
- Ey ey ey!! – La frenó Parfet – Un momento…. Dijiste qué?
- Que Noah estaba preocupada, te estaba buscando...
- ¿Dónde te la encontraste?
- En el pasillo….
- ¿Cuál?
- El que lleva a la Cafetería!! Ya te dije, iba para allá a almorzar con Hibiki y apareció…..
- AHA!! Ah eso quería llegar!! – Vitoreó mientras daba saltitos de excitación alrededor de la habitación. Dita, que recién se había percatado del rumbo de la conversación, se había puesto toda colorada de la vergüenza - ¿Así que las cosas se arreglaron entre ustedes?
- Bueno… si, supongo.
- ¿Cómo que "supongo"? ¿Se arreglaron o no? – Insistió la ingeniera.
- ¡Bueno si!
- Pero, si hasta ayer por la noche te sentías mal y confundida porque no sabías lo que él quería…. ¿Cuándo fue que hablaron?
- Esteeee…. ¿Te acordás que ayer te acompañé a la enfermería para que te revisara Duero-san?
El sólo recuerdo hizo que Parfet se olvidara por un momento de los problemas de su amiga y divagara hacia aquellos momentos tan intensos pero también algo tristes. Sacudió la cabeza de forma apenas perceptible y trató de concentrarse en lo que Dita le decía.
- ¿Te lo encontraste anoche? – Deducía que debía haber sido justo después de haberla dejado en la enfermería…. Mmmhhh, se tornaba interesante - ¡Quiero saberlo TODO!
- ¿Qué es "todo"? – El rostro de la piloto no daba lugar a dudas de lo que ella pensaba como 'todo', lo que hizo que Parfet se regodeara de gusto.
- TODO: Dónde fue, cómo fue, quién habló primero, qué te dijo, qué le dijiste, cómo besa, si cumplió la promesa de ir a tu habit….
- ¡¡VASTA PARFET!! – Gritó la pelirroja y al instante se llevó las manos a la boca.
- Ya sabía!! Jajajaja – Se dobló de la risa ante la mirada de pánico que mostraba su amiga – Vamos, no es TAN terrible o no? Seguro fue una reconciliación increíble jajaja.
- ¡Ay, vasta! No digas eso que me muero de la vergüenza – Le suplicó la piloto, tapándose el rostro con las manos. Se dejó caer en la cama de su amiga.
Una alarma se encendió dentro de la castaña al verla tan cerca del "lugar del hecho". Dita había estado muchas veces en su habitación y si había algo que se deducía a primera vista era que siempre había sido muy ordenada. Pero ahora que lo notaba, las sábanas estaban hechas un bollo desordenado en una esquina del colchón, la funda del mismo se había salido de una punta y si mal no recordaba, ayer ella se había dado cuenta de que habían quedado "marcas" de su primera noche juntos. Ella se había asustado al ver la sangre, pero Duero la había tranquilizado explicándole que eso era normal y que sólo sucedía la primera vez que una joven hacía el amor. Según había leído en un libro antiguo, era la señal de que una jovencita había pasado a convertirse en mujer…. Cosa que, y ambos estuvieron de acuerdo en eso, sonaba bastante ridículo.
Pero el que fuera ridículo o no ya no tenía importancia en este momento. Si Dita llegaba a darse cuenta de eso, ahí si que estaba perdida… Podía esperar una de dos cosas: que se muriera del espanto y pensara que su amiga se había herido de alguna manera o que se percatara del verdadero significado que implicaba y se tomara su revancha por haberse reído de ella…. Y por como veía las cosas, mucho se temía que pensara en lo segundo. Dejó escapar un suspiro para tranquilizarse y tomó la silla giratoria de su escritorio.
- Ey, Dita. ¿No preferirías sentarte acá así podemos apoyar las tazas en el escritorio?
- No, ¿para qué? Puedo tener la taza en la mano, prometo que no voy a volcar nada sobre el colchón. Además… tu cama siempre fue tan cómoda.
La ingeniera apenas pudo reprimir un quejido cuando vio a su amiga amagar con tirarse sobre el colchón como lo hacía siempre. Pero antes de siquiera tratar de detenerla, algo en el campo visual de Dita pareció captar su atención. Desde la posición en la que estaba, Parfet podía ver el perfil de su amiga inclinado hacia un punto de suelo que no llegaba a ver porque lo tapaba su propia cama. La vio agacharse hacia delante y estirar un brazo para alcanzar algo. No llegó a subirlo lo suficiente para que la castaña pudiera verlo, porque la pelirroja había abierto los ojos con sorpresa, dejándolo caer. Y como si de su peor pesadilla se tratase, la observó darse vuelta y levantar el manojo de sábanas para corroborar lo que había sospechado.
Una sonrisa satisfecha iluminó el hermoso rostro de la piloto, que volteó a ver a su amiga con renovada alegría y quizás una pizca de maldad.
- Veo que no perdimos el tiempo anoche…
- No se de qué me estás hablando – Se defendió la ingeniera.
- De esto – Y descubrió las sábanas para mostrarle los rastros de su virginidad perdida.
- Estaba indispuesta – Se sintió sorprendida de la rapidez con la que había encontrado una excusa para justificarse… y bastante buena.
- ¿Ah si? ¿Entonces le pediste a Duero-san que te trajera pastillas para el dolor?
- ¡¿Qué tiene que ver el Doctor en todo… - Se vio obligada a comerse sus palabras. Dita sostenía ante sus ojos el objeto que había visto tirado en el piso. Parecían shorts cortos de color oscuro… no recordaba tener uno así, aunque… - Oh!! – Se llevó las manos a la boca al darse cuenta. No los había visto nunca, pero sabía que eran de él. Se los había quitado junto con el resto de su ropa mientras ella estaba de espaldas, así que no los reconocía. Pero era evidente a quién pertenecían.
- Lindos boxers eh? – Dita lo tenía agarrado por el elástico y lo movía de forma sugerente frente al rostro de su amiga.
- ¿Así se llaman? – Fue lo único que atinó a decir la castaña – Ey!! – Le arrebató la prenda a Dita antes de que pudiera esquivarla - ¿Cómo es que sabés que se llaman así? – Ahora el tono burlón se volvía hacia la pelirroja, que se quedó callada sin saber cómo retrucarle – Debo deducir que a TU Hibiki le gusta el mismo estilo de ropa interior… ¿De qué color eran los que llevaba puestos ayer, rosa?
- Para tu información, eran blancos con navecitas espaciales verdes – Exclamó Dita con la cabeza bien en alto – Se los hice yo hace mucho tiempo y para serte sincera le quedaban MUY BIEN!! – Y remató su discurso sacándole la lengua a la castaña.
Un segundo después la dos se estaban abrazando como niñas pequeñas, destornillándose de la risa por lo gracioso de la situación. Para cuando consiguieron calmarse un poco se encontraron tiradas en el suelo, apoyadas espalda con espalda y tratando de recuperar el aliento. Dita fue la primera en hablar.
- Parece que toda mi preocupación a fin de cuentas estaba mal fundada.
- ¿Qué querés decir?
- Nada, sólo me preocupé de más por lo que dijo Noah. Yo sabía que no estabas en buenos términos con Duero cuando te dejé en su enfermería y sinceramente creía que había pasado algo malo entre ustedes…. Cuando venía para acá no dejaba de culparme por haberte insistido en que fueras a verlo.
- No, todo lo contrario – La calmó Parfet – Esta vez tengo que darle crédito a tu testarudez.
- Yo prefiero llamarle 'sentido común', pero por esta vez te lo perdono – Dijo sonriendo mientras apoyaba cariñosamente la cabeza contra uno de los hombros de su amiga – Y… ¿cómo estuvo?
- ¿Qué cosa? – La ingeniera trató de no darse por aludida
- Ya sabés qué cosa, no te hagas la tonta.
- ¿Cómo estuvo lo tuyo?
- Yo pregunté primero – Rebatió la pelirroja.
- Mmmh… supongo que igual que vos.
. ¿Cómo podés estar tan segura?
- Porque estabas con Hibiki…
- ¿Y eso qué?
- Lo amás ¿no?
- Mucho, más que a nadie.
- Ahí está.
- …… Eso quiere decir…. ¿Que vos amás a Duero-san?
Al no recibir respuesta Dita se volteó a ver a la ingeniera. Le sorprendió el verla con los ojos aguados, tratando de contener el llanto. Sin pensarlo se acercó a ella y la estrechó con fuerza contra sus brazos.
- ¿Qué pasa Parfet? ¿Por qué estás llorando? – Le preguntó, preocupada por el repentino cambio de ánimo que tenía su compañera – Acaso las cosas entre ustedes todavía no se arreglaron.
- No es eso…. En realidad no se por qué estoy triste. Ayer, fue todo tan lindo… y ahora mismo estoy muy feliz y aún así tengo deseos de llorar – Sintió cómo Dita la apretaba aún más y le acariciaba la espalda – Anoche, después de estar tan juntos, me pasó lo mismo… Se siente exactamente igual…
- Quizás sean lágrimas de felicidad – Le aseguró la piloto. Ella misma las había derramado la noche anterior. Recordaba lo feliz que se había sentido al saber que Hibiki no se iría, y por alguna extraña razón las lágrimas se habían abierto paso también.
- Quizás – Dijo Parfet y trató de secarse el rostro con la manga de su bata.
- Estoy segura de que si – La alentó Dita – Son buenas noticias el que todo se haya aclarado entre el Doctor y vos – La ayudó a tomar asiento junto al escritorio y se encaminó hacia la hornalla, donde la tetera silbaba, anunciando que el té ya estaba listo – Te propongo algo: Tomemos un té juntas, que seguro nos va a calmar y luego vamos a la cafetería. Estoy segura de que Duero-san se va a aparecer por ahí – Hablaba tranquilamente y llenaba las tazas con la infusión – Seguramente ya le habrá llegado la noticia de que no te presentaste a mantenimiento y estará preocupado por saber qué te pasó.
Pafet sintió la sangre hervir en sus mejillas. La idea de imaginárselo preocupado por ella le hacía sentir bien. Aceptó mecánicamente la taza que su amiga le extendía y se la llevó a los labios. Algo de lo que había dicho la pelirroja con anterioridad la había dejado pensando.
- Dita…
- ¿Si? – Preguntó esta distraídamente, buscando algún dulce sobre la estantería.
- Hay algo que todavía no quedó claro entre…
El sonido de golpes apresurados las hizo sobresaltar. La pelirroja fue la que se levantó de su lugar para atender a quién estuviera llamando. Un segundo después la figura de Hibiki irrumpió en la habitación, seguido de una sorprendida Dita. El joven dio un rápido vistazo a su compañera y luego volvió su mirada hacia la castaña que permanecía estática con la taza a medio camino de su boca. Su semblante no parecía anunciar nada bueno.
- ¿Qué pasó? – El tono lúgubre que utilizó Dita para formular la pregunta hizo que a Parfet se le helara la sangre.
- Acabo de venir del Punte de Navegación… El Doctor abandonó el Nirvana hoy.
- ¿Cómo? Pero… - Otra vez la voz de Dita retumbó en la silenciosa habitación.
- Ezra me lo confirmó. Duero tomó una nave de exploración temprano en la mañana… con rumbo a Tarak.
Bueno bueno bueno... ¿qué onda? Espero que no haya sido lo suficientemente nefasto como para que no me manden un review. Me siento ambigua con este cap... en gral conseguí transmitir todo lo que deseaba en él, pero no estoy segura de con cuánta efectividad... eso me lo sabrán decir ustedes... Pero lo que se es que mejor (para las circunstancias en las que estoy ahora) no podría haberlo hecho...
Más allá de mi autocompasión (jajaja) aviso que no falta mucho... como máximo (y esto lo estoy jurando) quedarán 3 capítulos, sino 2... en eso andamos, pero no pienso hablar más de lo que tengo en mente porque sino se me corta el mambo de escritora y yo prometí terminar los dos fics que dejé inconclusos!!
Nos leemos en el prox cap (o en los replays, mejor dicho) no puedo nuevamente asegurarles cuándo va a estar pero... VA A ESTAR ;)
Saludos y éxitos
Cyllan Anassan
