Segundo capitulo de la reedicion.
Disfrutenlo y esperen notas de autor en capítulos futuros.
LA HIJA DEL PROFESOR
POR: GREEN LITTLE WOLF
CAPITULO 2:
En muchos momentos de mi vida me había encontrado corriendo por las calles huyendo de esos que querían molerme a golpes, escondiéndome aquí y allá e incluso en algunas ocasiones teniendo que llegar a pelear con uno o con otro, sin embargo en algunas ocasiones optaba por no pelear, no porque fuera un mal peleador sino porque mi estatura y corpulencia tendían a ponerme en desventaja. Esa tarde anaranjada me encontraba escondido en un callejón detrás de un contenedor de basuras a unas cuantas calles de mi casa, el callejón no olía muy bien, yo iba a terminar con ese mismo olor, sin embargo prefería eso a que el mastodonte me destrozara la cara.
Cuando llegué a mi casa (que en realidad era un pequeño apartamento que se veía prácticamente aplastado si tomamos en cuenta que estaba en un primer piso y que habían otros 27 pisos más hacia arriba) traté de pasar directamente hacia mi cuarto para así evitar tener que darle una explicación a mi madre acerca de mi aspecto, sin embargo parecía ser que su oído superaba por muchos años a mi sigilo. Al escuchar que ella me llamaba no tuve más opción que ir hacia la cocina donde la encontré rodeada por el agradable aroma de lo que sin duda era estofado japonés de verduras.
—Hola ma' ya vine —Saludé intentando sonar lo más tranquilo posible, mientras me limpiaba el sudor y una que otra mancha de suciedad de mi cara con la manga de mi camisa, sin embargo ella no era una mujer fácil de engañar, es más, siempre sentí que ella era capaz de leerme con absoluta facilidad.
Y tiene sentido, he estado con mi mamá desde siempre y al decir esto me refiero a que nunca, nunca me he separado de ella por un tiempo considerable, no creo que hayamos pasado mas de una semana entera seguida separados, de verdad, ella y yo estamos muy unidos y por eso estoy casi seguro de que ella puede leerme, pero yo también puedo hacerlo con ella, sé cuando esta contenta, sé cuando está enojada o cuando está triste, he visto como con los años su actitud se ha tenido que adaptar para los regaños, es decir, hace unos años me regañaba por comer galletas cuando no era la hora, unos años después me regañaba por usar el balón de futbol en la sala, después por no hacer las tareas, por probar por primera vez el cigarrillo y últimamente por mis… um… aventuras con ciertas chicas y las consecuencias de esto.
Y así he visto a mamá cambiar de una mujer digna de ser llamada "dama de hierro" a otra que mas bien se esta cansando de todas los problemas que puedo llegar a causar.
—Syaoran… tu uniforme.
—Si, está un poco desordenado… ya sabes una pequeña peleíta con un tipo a la salida, nada de cuidado ma' —Dije mientras agradecía que probablemente el olor de la cocina no iba a permitir que mi mamá percibiera lo feo que olía en ese momento.
—Reconozco cuando se trata de una "peleíta" —Dijo haciendo énfasis en esta ultima palabra— No me digas que otra vez te descubrieron encima de una chica sobre la cual nunca debiste haberte puesto porque resulta que esta chica tiene novio —Una pausa, un suspiro, mientras lleva su mano izquierda (mamá es zurda) al espacio entre sus ojos— Sin embargo eso no explica las manchas de… tomate… en tu hombro derecho, se ve asqueroso Syaoran… no me digas que la chica tuvo que esconderte en el contenedor de basuras.
Si supieras cuan cerca de la verdad estas ma' ¡Ja!
Creo que por primera vez en la vida me sonrojé por un comentario de mi madre, normalmente era más discreta en cuanto a estos temas pero en aquel momento comprendí que quizás ya estaba cansada de la misma rutina, entonces de verdad me sentí apenado.
—Lo siento mamá.
—Dices eso una y otra vez, creo que aprendiste a decir "lo siento" antes de aprender a decir "mamá" ya no sé si creerte eso Syaoran, siento que lo que intentas hacer con todo esto es que yo me canse de estar a tu lado para que de esa manera yo te deje el camino libre para así poder hacer todas las cosas que quieras sin que yo este ahí para reprenderte ¿Me equivoco?
—No es eso… yo solo…
—Syaoran, dime si la escena no te parece repetitiva, hoy no llegaste con un ojo morado, pero es seguro que mañana en la escuela antes de que entres a la primera clase ya lo vas a tener —Dijo mientras jalaba un banco para sentarse apoyando su codo sobre la mesa y su frente sobre el codo— No me sorprendería en absoluto si en este momento abro la puerta y me encuentro con un muchacho con deseos de entrar y destrozarte porque te estabas acostando con su novia, entonces como yo te amo y no dejaría que nada malo te sucediera, decido que nos vamos a mudar a otra ciudad ¿Cuántas veces mas tenemos que pasar por eso? Quizás debería dejar que entraran y te golpearan, quizás esa sea la única manera para que aprendas.
Pero el imaginar al tal Hideki, en mi casa, en mi sala, golpeándome en frente de mi mamá sin que esta hiciera nada, me parecía una escena totalmente improbable. Imposible.
—Parece que entonces en esta ocasión… ¿No va a haber viaje? —Me arriesgué a preguntar al mismo tiempo que pensaba cual otra podría ser la solución… o el castigo.
—Ve a tu habitación… hablaremos mas tarde… me duele la cabeza —refunfuño frotándose con sus dedos medio e índice el mismo espacio entre sus ojos.
Debo decir que en ese momento, camino a mi habitación, me sentía extrañamente mal, mal diferente de todas las veces anteriores (muchísimas veces anteriores) en las que mamá había tenido que reprenderme, ese regaño estaba cargado de algo distinto, quizás de ese cansancio, de los viajes repentinos, de las amenazas, de los peligros, de lo inestablemente tonto de mi vida libertina… de verdad me sentí mal, muy mal en ese momento… y además tenía mucha hambre, pero al parecer no iba a haber estofado para mi o iba a tener que calentarlo después en el microondas.
Sin embargo y a pesar de todo en ese momento también sentía que estaba demasiado joven para hacer eso que los mayores llaman "sentar cabeza" por eso cuando entré en mi habitación lo único que hice fue tirarme de panzazo sobre mi cama y al meter la mano debajo de la almohada de mi desordenada cama encontré una caja a medio comer de galletas del oso lolo… oso realmente ridículo. Galletas realmente deliciosas. Ese podría haber sido un buen eslogan.
000
No sé cuanto tiempo duré dormido, no sé ni a que horas me dormí, seguramente después de bañarme, detestaba hacerlo, detestaba dormir en la tarde después de llegar de insti porque eso me significaba no poder conciliar el sueño después a la verdadera hora de dormir, y en ocasiones se llegaban las tres de la madrugada y yo aun estaba despierto. Al mirar el reloj de gato cuyo péndulo era la cola del animal, que había sido el regalo de una de mis hermanas en uno de mis cumpleaños, vi que eran las siete de la noche… hora de la cena… hora de usar el microondas para calentar lo que no me comí al almuerzo… hora de que mamá ya no estuviera enojada, probablemente hora del castigo.
No lo podía creer, en aquel momento estaba nervioso, Syaoran Li nervioso.
Cuando salí de mi habitación pude escuchar en la sala suaves notas de jazz y cuando llegué allí pude ver a mi mamá sentada en el sofá leyendo una revista, tan pronto como levantó su mirada para verme a los ojos pude sentir que ya no estaba mas enojada y que de hecho estaba algo tranquila, la música reflejaba su estado de animo, esto mismo hizo que yo sonriera y que caminara hacia donde ella estaba sentada, me senté a su lado, me incliné y le di un beso en la mejilla, ella lo aceptó sin ningún reproche, la escena era algo extraña, pero lo único que me importaba era que ya no estuviera molesta luego podría preguntarle que era lo que había hecho cambiar su estado de animo en tan solo unas horas.
—Debes de tener hambre —Dijo interrumpiendo mi tren de pensamientos mientras ponía la revista en una mesa al lado.
—Si, un poco —Dije sintiéndome algo sonrojado, era agradable sentir que dependía en algo de ella, pero también era algo vergonzoso, después de todo, a la mayoría de adolescentes les avergüenza eso y la independencia es lo primero que se quiere sentir en esta edad.
Minutos después estaba en la mesa con el plato que debió haber sido mi almuerzo en frente mío, mamá había servido una cantidad similar para ella y después de agradecer por los alimentos ambos empezamos a comer en silencio, solo la música del equipo de sonido y el ruido de la cuchara contra la cerámica del plato era lo que se escuchaba.
—Supongo que esta noche te vas a enfermar —Mencionó de la nada dejándome con la cuchara a medio camino de mi boca. Bajándola al plato miré a los ojos a mi mamá fingiendo estar confundido pero sabiendo muy bien a que se refería. Si, la escena de hecho era repetitiva, siempre que tenía un altercado con algún tipo (o con algunos tipos) fingía estar enfermo para no tener que ir al día siguiente al insti y así bajarle un poco la temperatura a mis contendores.
—La verdad me duele un poco la cabeza —Dije pretendiendo llevarle la corriente, después de todo era ella quien había iniciado… de acuerdo pueden llamarme sínico, al menos un poquito ¡Ja!
—Wei está en Japón —Volvió a decir después de otro rato de silencio sorprendiéndome aun mas esta vez… ¿Qué pasaba con Wei? ¿Por qué debía interesarme? ¿De que iba toda la conversación sorpresiva que estaba saliendo de los labios de mamá?
Primero que nada, Wei era un amigo de la familia. De cierta manera había sido como un padre para mi, no quiero decir con esto que mi padre real no lo hubiera sido, pero la verdad creo que estando muerto no tenía muchas posibilidades. Papá había muerto cuando yo tenía cuatro años y desde ese momento Wei se convirtió en la figura de un padre ante mis ojos aun infantiles y capaces de adaptarse fácilmente un cambio tan brusco.
Fue con Wei que aprendí muchas de las cosas que actualmente sé y uso en la vida diaria, él me enseñó algo sobre artes marciales, me enseñó las maneras más sencillas para dominar el algebra y la trigonometría, me enseñó algunas lecciones de japonés y también algo de ingles, me enseñó acerca de comida oriental y me prestó muchísimos libros de los cuales aprendí algunas cosas sobre comida occidental, me recomendó muchísimos libros interesantes para leer y me enseñó a leer la fortuna leyendo un extraño tablero que según él había pasado de generación en generación en mi familia. Dicho en pocas palabras el hombre había sido un gran ejemplo para mi y un gran servidor para la familia, sin embargo después de que cumplió 55 años mi madre decidió que ya podía tomarse un descanso y fue desde ese momento que Wei usó ese descanso para dedicarse a viajar por el mundo y desde ahí dejó de ser un servidor para convertirse en un amigo más, es más pensándolo en ese momento me di cuenta que más que un padre Wei había sido mi amigo.
—¿Por qué volvió? La última vez que escribió estaba en una corrida de toros en Bilbao, eso me parece más emocionante que Japón, aquí nunca pasa nada.
—Solo está de paso, me dijo que compró una pequeña casa en Norteamérica y que se va a establecer allí, viajar mucho a su edad tampoco es recomendable —A pesar de que no tiene nada de gracioso el pensar en una persona anciana o enferma tuve que sonreír y lo hice porque sabía que Wei no era una persona fácil de exterminar, un poco de altura simplemente lo marearía por un rato, el resto seguramente era exageración suya.
—¿Va a venir a visitarnos?
—No. Tu vas a ir a visitarlo a el.
—¿Yo? ¿Por qué? —Pregunté extrañado y me extrañé aun mas, incluso creo que sentí un poco de miedo, al ver la sonrisa inofensiva de mamá y se los aseguro, si se asustan de una sonrisa esa es la mas clara prueba de que en realidad están nerviosos.
—Quizás no lo dije en forma correcta —Dijo mamá después de beber un poco de agua de su vaso, yo por mi parte me había olvidado del estofado que seguro se enfriaba con cada segundo que pasaba— Syaoran vas a ir a vivir en la casa de Wei.
Las palabras sonaron tan frías y tan pesadas que la imagen de un iceberg parecería una burla
—Pero mamá ¿Con Wei? Dijiste que se iba a establecer en Norteamérica… espera, no estarás queriendo decir que me vas a enviar fuera del país —Dije al mismo tiempo que buscaba mi propio vaso de agua, el irme del país por algún motivo me aterraba, seguro mis acciones y mis palabras lo mostraban, debía verme aterrado, me sentía aterrado— Mamá sé que quizás en este momento estás algo enojada pero eso de salir del país me parece un poco exagerado.
—Te equivocas, no será fuera del país, dije que ibas a vivir en su casa, nunca dije que el iba a estar contigo —Dijo mi madre esbozando una diminuta sonrisa, seguramente mi cara asustada le parecía algo divertido— Como ya te lo dije, solo está de paso, sin embargo su llamada fue como caída del cielo, fue una solución para todos los problemas de los cuales ya me estoy cansando Syaoran.
En pocas palabras me llamo hijo problema, así de sencillo.
Cuando por fin pude volver a articular palabras y frases con sentido, un pensamiento se tomó mi cabeza y entonces tuve que preguntar:
—Estás queriendo decirme que…
—Si Syaoran vas a vivir solo ¿Querías deshacerte de mí? Bien lo has logrado, quizás si estás solo puedas reflexionar un poco y darte cuenta de que no puedes pasar toda tu vida metiéndote en problemas. Yo por mi parte volveré con tus hermanas a vivir mi vida tranquilamente tu quizás debas empezar a luchar un poco mas duro desde el momento en el que nos despidamos.
—Creo que no estás bromeando —Estaba seguro que no lo estaba haciendo, mamá nunca bromeaba.
—Por supuesto que no.
—Pero ma' no puedo vivir solo —Dije y estoy seguro que soné suplicante— ¿Dónde es la casa? Es una ciudad que no conozco, además que va a ser de mi ¿Quien me va a cocinar? ¿Quien va a hacer las compras? ¿De donde voy a sacar el dinero para todo lo que necesite?
—Todas esas cosas las tendrás que aprender a hacer por tu cuenta, sé que aunque eres algo perezoso eres muy inteligente y puedes lograr todo lo que te propongas, además estando sin nadie a tu lado creo que lo pensaras mejor antes de meterte en problemas con chicos peligrosos… y en cuanto al dinero estoy seguro que podrías hacer algún trabajo en aquella ciudad, aunque también puedo visitarte de vez en cuando para darme cuenta de cómo lo haces y darte algo de dinero. Wei dice que es una ciudad muy bonita pequeña y tranquila a unos cuantos minutos de Tokio se llama Tomoeda, sé que te va a gustar hijo.
—Eso es lo que tu dices —Refunfuñé metiéndome la cuchara a la boca para darme cuenta de que en efecto la comida ya no estaba caliente, solo algo tibia, pero entonces algo que no había contemplado en un principio vino a mi mente: vivir solo, iba a vivir solo, iba a ser difícil en un principio eso nadie lo discutía, pero iba a vivir solo, no más mamá y sus sermones, no más levantarme temprano y lo más importante, no más insti.
—Sé en lo que estás pensando Syaoran —Dijo y en ese momento sentí caerme de la nube, era seguro que en realidad si lo sabía, después de todo ella tenía la habilidad de leerme a la perfección— En este momento Wei se encuentra haciendo los papeles para que puedes entrar a terminar este semestre en un instituto de esa ciudad, no creas que porque vas a vivir sin mi vas a poder quedarte en la casa todo el día viendo televisión y escuchando música. Vas a seguir estudiando Syaoran, eso no lo pongas nunca en duda.
Definitivamente sabía leer en mí a la perfección. Adiós pensamientos alegres.
—Pero si quiero mucho el insti ma' —Dije y era obvio que ella sabía que era sarcasmo.
—Y yo te quiero mucho Syaoran —Me dijo parándose de su asiento, acercándose y dándome un beso en la mejilla— A partir de mañana vas a tener que madurar en unos meses lo que no ha sido posible en unos años —Y aunque mamá se veía muy tranquila yo sabía que por dentro estaba muy triste, no era lo que ella quería, era seguro que ella quería las cosas de otra manera pero yo no lo había dado mas opciones, y por ese mismo motivo, solo me quedaba resignarme, ser consciente de mis errores y aceptar la lección que ella quería que yo aprendiera.
Al día siguiente estaría embarcado en un bus con rumbo a esa ciudad bonita pequeña y tranquila llamada Tomoeda.
