Capitulo 3 de la reedición.
Disfrútenlo y si les gusta háganme feliz con sus comentarios.
LA HIJA DEL PROFESOR
POR: GREEN LITTLE WOLF
CAPITULO 3:
Muchos chicos y chicas en la gran parte de lugares del mundo entrarían en una crisis nerviosa en el momento en el que sus padres les anunciaran que se estarían mudando, llanto, rabia, pataletas a pesar de la edad, berrinches, malos temperamentos repentinos, todas esas y algunas mas serían las situaciones a las que se tendrían que enfrentar algunos papás cuando en realidad la mudanza seguramente era algo bueno para todos en la familia como un buen trabajo en otra cuidad o cosas así. Me parece tonto que un adolecente no sea capaz de ver eso y aceptar la mudanza sin tanto drama.
Ahora bien, yo nunca había tenido que verme en una de esas situaciones porque la verdad durando tan poco tiempo en algunas ciudades, no tenía ni siquiera tiempo de llegar a conocer bien a las personas con las que me sentaba en el salón de clases. En ese momento pensé en la última chica y estoy seguro que de no haber sido porque su novio mencionó su nombre, yo no me habría dado por enterado, de eso no me queda la menor duda. Por otro lado, me imagino que me vería simplemente ridículo haciendo un berrinche para evitar una mudanza… pero hablando de las mudanzas… siempre son culpa mía después de todo. Estoy seguro que mamá no es muy adepta de la vida nómada.
Mientras mamá había salido de la casa para hacer los papeles de retiro en el insti yo me había quedado empacando las cosas en un pequeño maletín, otra escena bastante repetida en mi vida. Mientras empacaba un par de camisetas pensé en mi manera de ser ¿Era un cobarde? Seguramente mucha gente me llamaría así, es decir, surge un problema y lo primero en lo que pienso es en huir. Eso es de cobardes ¿No?
Si, definitivamente lo es, ahora, la verdad es que huir de una paliza es una cosa, huir de la muerte es otra y para ser tan joven les aseguro que en un par de ocasiones he visto la muerte a la cara, el mundo esta lleno de persona llenas de agresividad y deseos de sangre, en serio, eso da miedo y estoy seguro que si se pidiera huir de la muerte, todo el mundo lo intentaría, todos están asustados de morir, yo lo estoy y por eso huyo siempre que hay problemas.
Entonces… ¿Por qué siempre tengo que buscar problemas? Esa sería una respuesta que no sabría dar con total exactitud. Quizás me gusta sentirme mejor que otros chicos al quitarles a sus chicas… quizás me gustan demasiado las chicas y no puedo tener mis manos lejos de sus… partes… quizás el ver a una chica con ganas de ser traviesa conmigo me infla el ego… no sé, la verdad no sé muy bien porque hago lo que hago, solo se que el ser problemático va conmigo, ya es una costumbre al igual que viajar.
Viajar.
Después de hacer unas cuentas con los dedos de mi mano concluí que Tomoeda, la ciudad bonita pequeña y tranquila iba a ser la décima ciudad en la cual iba a vivir, lo que me llevó a recordar algunas de las maneras como había salido de mis anteriores hogares, de cuatro de ellos había salido por problemas con los novios de algunas chicas, el mismo tipo de problema que me estaba haciendo salir de esta ciudad. De otra ciudad salí cuando me metí con uno de los pandilleros más peligrosos todo porque el quería tomar una caja de galletas del supermercado y yo quería la misma caja (desgraciadamente solo había una) creo que en esa ocasión no fue muy inteligente tumbarlo de un puño y salir corriendo sin pagar la caja de galletas. Y de las otras ciudades tuvieron que ser pequeños problemas mezclados bromas estúpidas en la escuela.
—Han sido bastantes ciudades —Murmuré para mí— Y pensar que hay personas que mueren en el mismo lugar donde nacen, personas que pasan toda su vida metidas en la misma casa, en las mismas cuatro paredes. Creo que soy afortunado de poder viajar tanto —Concluí aunque no del todo convencido y creo que por primera vez desde que empezaron los viajes yo también estaba cansado— Definitivamente en esta próxima ciudad procurare no meterme en tantos líos.
En una caja de cartón empaque algunas cosas de la escuela y algunos de los juguetes que conservaba a pesar de mi edad… aunque para mi no eran juguetes como tal, eran mas bien… umm… levantadores de espíritu, siempre que me sentía triste o confundido los tomaba entre mis manos y de alguna manera me sentía mejor, eran dieciocho dinosaurios de goma que me había regalado Wei para mi cumpleaños diez y aun los conservaba, casi intactos, el solo pensamiento me parecía increíble pero me parecía mas increíble el poder de reanimarme que ellos tenían, por eso los conservaba… sin darme cuenta había tomado dos en mis manos y los estaba haciendo pelear.
—Estás triste — Dijo una voz en la puerta de mi habitación
—Ma'
—Solo juegas con los dinosaurios cuando estás triste.
—No estoy triste… um… quizás un poco desorientado por lo que va a pasar de aquí en adelante… pero sabes… quiero intentarlo, estuve pensando mucho rato anoche y casi no pude dormir… no se trata de estar solo para poder hacer una fiesta todos los días ya que tu no vas a estar… es mas bien esa sensación…
—De crecer —Interrumpió ella y el silencio posterior fue mi manera de decirle que tenía razón, era obvio que ella lo sabía.
El resto del día fue silencioso, pero no estábamos tristes, estábamos mas bien a la expectativa de lo que estaba por suceder, mamá me llevaría a la estación de autobuses a las siete de la noche y mi bus salía a las ocho, esa hora sería para las despedidas y para comprar algunas cosas para llevarle a Wei o para comer en el camino. Después de eso ella iría al aeropuerto y volvería a China con el resto de la familia. Si, en realidad no soy japonés, soy tan chino como Ren Tao, pero esa es una historia que contare después.
Mamá preparó el almuerzo y luego volvió a salir para llevar la caja de cartón al transporte de equipajes, todo estaría en la oficina de equipajes de la estación de buses de Tomoeda para cuando yo llegara, probablemente Wei también estaría allí esperándome y la verdad mi corazón se sentía tibio al pensar en volverlo a ver, sin darme cuenta me quedé dormido unas horas en la soledad del apartamento, en el sofá y así se pasó la tarde. El viaje a la estación fue igualmente silencioso, cuando menos me di cuenta mamá estaba abrazada a mi y a punto de llorar, pero sabiendo muy bien que no lo iba a hacer ya que si ella lo hacía yo también lo haría.
A la hora exacta, como todo lo que inmiscuye los trasportes en Japón, el bus arrancó.
Durante los primeros minutos del viaje estuve con los ojos cerrados queriendo dormirme así para cuando despertara ya todo sería real y no habría vuelta atrás, ya estaría en Tomoeda con Wei a mi lado llevándome a ese lugar en el que por primera vez en mi vida debería empezar a comportarme como un verdadero hombre, uno maduro, sabio, prudente y capaz de hacer las cosas por si mismo, un hombre que no correría mas de los problemas, un hombre que no le temería a la muerte simplemente porque no la buscaría, si, todo eso empezaría en Tomoeda desde el momento en el que Wei se fuera a Norteamérica.
Cuando abrí los ojos pude ver que ya estábamos en la oscura carretera camino a Tomoeda y estaba lloviznando, si el autobús hubiera estado mas lleno de pasajeros seguro que el interior del bus estaría muy caluroso y los vidrios se habrían empañado permitiéndome escribir una tontería en ellos, sin embargo estaba vacio, solo habían unas cuantas personas mas aparte de mi, dos ancianos en los puestos de adelante, una pareja de edad promedio en el puesto justo detrás del mío y una chica y un chico mas o menos de mi edad en los puestos de atrás que parecían querer comerse la lengua del otro, creo que ni yo mismo nunca antes había besado a una chica de esa manera, no es que me haya quedado mirándolos mucho tiempo, pero en el par de segundos que fijé mis ojos en ellos, el beso me pareció… exageradamente salvaje.
No tenía ni la menor idea de cuanto iba a durar el viaje así que tan pronto como me volví a acomodar esta vez si hice mi mejor intento con eso de dormirme, desgraciadamente, justo en ese momento recordé que había dormido en la tarde y que la tarea de dormir iba a ser bastante difícil por lo cual iba a ser testigo de todo lo que sucediera en el camino a mi nuevo hogar, si es que algo pudiera suceder en un bus tranquilo que viaja por la noche a una velocidad tranquila rumbo a una cuidad aparentemente también muy tranquila, tan tranquilo era todo que los únicos ruidos que se escuchabas eran los ronquidos de uno de los abuelos de adelante y el intercambio de saliva de la pareja de los puestos de atrás.
Cuando un jadeo rompió el apacible ambiente del bus creo que todos los demás pasajeros nos alertamos ¿Qué pasaba allá atrás? Nadie hizo la pregunta y todos optamos por ignorar lo que fuera que el chico le estuviera haciendo a la chica. Unos minutos después el mismo ruido se repitió, un poco más agudo esta vez.
—Oye tigre, renta una habitación en la próxima parada y déjanos viajar tranquilos a todos —Dije sin siquiera mover mi cabeza para mirarlos, pero estando seguro que me deberían haber escuchado. Todos los ruidos cesaron, los ronquidos del abuelo y los ruidos de la saliva. Y como si mis palabras hubieran sido una orden para el conductor del autobús, este detuvo el aparato para que la gente de un pequeño pueblito abordara, era una estación diminuta al borde de la carretera, me asustó el pensar que Tomoeda pudiera ser así, tanto me asusté que olvidé que el chico del puesto de atrás pudo haberse acercado a mi y formar una pelea por mi comentario. Y es que las cosas son así, en estos tiempos cualquier comentario subido de tono es suficiente para armar una trifulca.
Un grupo considerable de personas se subió y quizás ese fue motivo para que no hubiera pelea ni más ruidos… um… de placer.
El viaje se extendió por varias horas en las cuales no fui capaz de dormir un solo minuto, cuando miré la hora en mi teléfono celular faltaba un cuarto de hora para la media noche, durante las horas anteriores gente se había bajado y subido al autobús, en una ocasión estuvo muy lleno y en otras sentí como si fuera el único viajando, entonces al borde de carretera vi un letrero que anunciaba que Tomoeda estaba diez kilómetros y Tokio a doce, el descubrimiento fue como un balde de agua helada, de verdad nunca me había esperado que la pequeña ciudad en la que iba a vivir fuera a estar tan cerca de la gran capital de Japón, tanto me distrajo esta noticia que no noté, hasta un par de minutos después, que alguien se había sentado a mi lado.
Era el muchacho del puesto de atrás, aquel al que horas atrás le había hecho el agudo comentario, en efecto debíamos ser de una edad similar, quizás unos meses más quizás unos meses menos, creo que debíamos ser de una estatura también parecida y si no era así entonces yo debía ser algunos centímetros más bajo, tenía cabello negro yo diría que algo similar al mío en cuanto al estilo, a lo mejor un poco menos desordenado, su mirada era tranquila detrás de unos delgados anteojos y se veía muy amable, pero por lo vivido anteriormente seguro que no era tan tranquilo como aparentaba: para hacer que una chica haga los ruidos que aquella hacía seguro el chico debía ser bastante… hábil en ciertos aspectos.
Por cierto ¿Donde estaba la chica?
—Hola —Dijo como si nos conociéramos de tiempo atrás, no le contesté, en lugar de eso lo miré haciéndole notar que me parecía raro que me llegara con un saludo afable— Largo viaje no te parece —Continuó sin importarle que yo no había atendido a su saludo, luego volvió a quedarse en silencio como queriéndome dar algo de espacio para que ahora fuera yo el que hablara… y saben que… le dio resultado porque si me llamaba la atención un detalle:
—¿Tu novia?
—¿Eh?
—¿Donde dejaste a tu novia? Seguro que no puedo hacer cosas tan interesantes como ella —El chico pareció entender de que era de lo que yo estaba hablando, sonrió y respondió con una mirada que mi hizo correr algo de hielo por las venas, esos ojos azules daban algo de miedo, nunca antes había visto una persona con los ojos de ese color.
—Seguro que si puedes —El comentario me tomó fuera de base y me dejó sorprendido por un par de segundos, algo así como… con los ojos de tamaño de platos.
—Mira —Dije recuperándome de la sorpresa y apartándome lo mas que pude, desgraciadamente no fueron mas de unos centímetros— No me interesa eso en lo que estas pensando —Luego, mirando al chico, consideré que no era un peleador con el que pudiese perder entonces me puse algo mas hostil— Y si intentas algo te podría ir mal —Terminé remangándome el puño izquierdo de la camisa.
—¿Si?
—Puedes jurarlo —Aseguré.
—Vamos, sé suave conmigo.
Y de verdad estaba a punto de ser suave con él, si, iba a ser suave primero dándole un buen empujón, luego de que estuviera en el piso lo levantaría valiéndome de mis buenas patadas y luego lo remataría con un delicioso combo de puños, así nunca mas volvería a hacer insinuaciones, ni a mi ni a ningún otro tipo de chico, seguro que con la lección que yo estaba a punto de darle le haría bien a toda la comunidad masculina sobre la faz de la tierra. Sin embargo el bus se detuvo, las puertas se abrieron y esto me distrajo, el pensar que ya habíamos llegado a Tomoeda hizo que me sintiera como un corderito abandonado en el cruce de Shibuya y que toda mi sangre caliente se enfriara en cuestión de segundos. Cuando me di cuenta solo yo quedaba en el bus y el conductor me miraba como con ganas de querer sacarme a patadas.
—Esta es la ultima parada —Dijo cuando por fin vio que yo me espabilaba
—Si… si… claro —Tartamudeé tomando mi maleta y parándome en la plataforma de la solitaria estación de buses… ahora… ¿Dónde demonios estaba Wei? Esa era una respuesta que yo no sabía, de hecho no sabía nada de Tomoeda, a lo mejor la ciudad no era tan tranquila y Wei había muerto en una pelea de pandillas, después de todo ¿Quién era yo para saber de Tomoeda? ¿Qué se suponía que hiciera ahora? ¿Cómo demonios iba a empezar esta nueva vida? ¿Durmiendo en la estación de autobuses?
—Discúlpame —Dijo una voz interrumpiendo mi tren de pensamientos.
El mismo chico del autobús.
Al parecer no era yo quien buscaba los problemas sino que era totalmente al contrario y estos me buscaban a mí, es decir, yo estaba tranquilo, parado y totalmente perdido en una gran estación de autobuses en una nueva ciudad, pero tranquilo y de la nada llega un tipo que se me había estado insinuando minutos atrás, seguramente con la intención de seguir insinuándoseme, llámenme problemático, pero no iba a dejar que la situación siguiera de esa manera, si debía haber sangre, entonces que así fuera. A pelear.
Lancé el primer puño, pero el pelinegro lo esquivó con una pasmosa facilidad, sin embargo no soy un chico fácil de deslumbrar por lo que continúe intentando asestarle un golpe, cuando lo arrinconé contra una de las paredes de la estación un grito rompió el casi absoluto silencio de la solitaria estación de buses.
—¡Eriol! —Y justo después de eso me encontré con una chica entre mi presa y yo. Una chica linda, tenía cabello largo, similar en color al del muchacho, tenía ojos algo azules, algo violetas, muy bonitos, su piel parecía de porcelana y por la ropa que vestía no dudé por un solo momento que fuera hija de Georgio Armani o algún otro diseñador famoso, de verdad, destilaba estilo al caminar… quizás suene algo burdo al decirlo, pero era toda una delicia— ¿Qué le haces a mi novio? —Pregunto mirándome con cara de pocos amigos, una mueca agresiva en su cara, definitivamente ver esa mirada en otro tipo de situación debía ser la cosa mas excitante del mundo… que suertudo que era el llamado Eriol… pero un momento… ¿novia?… ¿Qué acaso un novia no era aquella del autobús... por cierto… ¿Qué había pasado con ella?
—No pasa nada Tomoyo —Dijo el pelinegro tomándola de los hombros y haciendo que la chica lo mirara, en un segundo de distracción de la chica pude identificar una señal de parte del llamado Eriol en la que me pedía que no mencionara nada acerca de la otra chica… ahora ¿Por qué demonios debía ayudarle si no solamente había estado con otra chica sino que también me había estado molestando a mi? Olvídalo amigo ¡Ja!
—Si niña, no pasa nada… solo que tu novio ha estado…
—Syaoran y yo somos amigos —Interrumpió el chico y ahí si me quedé de a seis ¿Cómo demonios sabía mi nombre?
—Pero parecía querer golpearte.
—Golpearme… no bromees, Syaoran es tan pacifico como el Papa… tu sabes como somos los chicos, es la manera de decirnos lo mucho que nos agradamos —Eriol parecía cómodo en su escenita… yo estaba tan intrigado que simplemente lo dejé usarme, incluso en un momento tuve su brazo sobre mis hombros como si en realidad fuéramos amigos de años atrás.
—¿Estás seguro? —Dijo la jovencita mirando de Eriol a mi y de mi a Eriol en repetidas ocasiones con una mueca de duda en su rostro, Eriol solo asintió con cara inocente y yo aun no sabía muy bien el papel que estaba jugando allí, un rato después la chica al parecer cayó redondita en la escena ya que su rostro cambió de esa mirada dudosa a una sonrisa amable hacia mi y una amorosa hacia Eriol… Niña, te están poniendo los cachos, veamos cuando despiertas— De acuerdo… entonces que hacemos aquí, un auto nos espera afuera.
—Tienes razón… hace frio —Dijo Eriol caminando hacia ella y rodeando la perfecta cintura de la chica con su brazo derecho y cuando supuse que se estarían yendo a disfrutar de su nidito de amor, el chico se detuvo para preguntarme— ¿No vienes Syaoran?
—¿Perdón? —Pregunté creo que con cierta extrañeza, el rapaz si que sabía llevar una escena hasta las ultimas consecuencias, la feliz parejita sonrió al tiempo.
—La casa de Tomoyo es muy grande y no pasa nada si te quedas una noche en otro lugar… mañana te encuentras con Wei —Dijo Eriol y de verdad que no tenía ni la menor idea de porque sabía tanto acerca de mi, ¿Acaso era un espía que había estado detrás de mi y que le llevaría información a Hideki para que este por fin pudiera matarme?
—Bueno yo…
Y como si ella también fuera una vieja amiga se acerco a mí y me tomó de la mano llevándome casi a rastras… minutos después estaba en una limusina con rumbo a no sé que lugar, obviamente el tal Eriol tendría que explicarme que era lo que pasaba allí… de Wei me ocuparía después así como de ese asunto de la nueva vida como un hombre solo… definitivamente, todo iba a ser muy complicado, apenas llevaba unas horas viviendo por mi cuenta y ya mi cabeza estaba por explotar… la chica y sus interminables parloteos no me estaba siendo de mucha ayuda.
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Cuando uno piensa las cosas con cabeza fría lo mas seguro es que encuentra las respuestas a los problemas por los que uno está sufriendo.
Aquella noche (madrugada, eran como las dos de la madrugada) en la habitación de huéspedes en la que me habían acomodado no pude ni siquiera recostarme en la cama porque no podía estar tranquilo… es decir, estaba en una casa desconocida, con personas desconocidas en una situación realmente desconocida, necesitaba respuestas y cuando de repente la puerta se abrió supe que las iba a obtener, era el llamado Eriol… ahora bien, después de la manera como se había comportado hacia mi, no era algo muy agradable que estuviéramos solos en una habitación oscura, sin embargo antes de que yo dijera algo el se adelantó.
—Gracias por no decirle nada a Tomoyo y gracias por seguirme el juego.
—Aun me queda mucho tiempo para decirle el tipo de persona que eres, nada de esto lo estoy haciendo por ti, no te confundas.
—Sé porque lo haces… debes estar terriblemente confundido porque sé tu nombre y sé que te tienes que encontrar con un tal Wei y todo eso, es por eso estas aquí: quieres saber como es que yo sé todo eso —El chico bostezó, suspiró, se dirigió a una silla y se sentó mirándome con una cara muy diferente de la que me había mirado toda la noche, esta nueva cara me hacía sentir un poco mas cómodo— Te explicare eso, pero quiero dejar en claro algunas cosas… primero que nada, no me interesas del modo que crees que me interesas, he estado bromeando toda la noche, no tengo intención de que tengamos una hermosa relación ni nada de eso… digámoslo simple… no soy marica.
—No es lo que me has demostrado.
—Lo sé y me da igual… no lo soy… así que si vas a ir con Tomoyo a contarle eso no pienso que te crea mucho… a ella se lo he probado de muchas maneras que no me molestaría contar…
—No quiero que me cuentes —Me anticipé— Además… bueno… la chica del autobús con sus ruidos apoya tu pervertida explicación —El chico sonrió como recordando la escena del asiento trasero del autobús.
—La chica del bus, esa es la otra cosa de la que quería hablarte… amo a Tomoyo, pero no soy hombre de una sola chica… la chica del bus fue cosa del momento, algo sin significado que pasó allí y que podría pasar en otro momento y con otra chica, pero que nunca va significar nada como lo que tengo con Tomoyo —Las palabras serias parecían ser honestas— Espero que eso tenga algo de sentido para ti —Dijo después de una pausa— Mucha gente no lo entendería, de eso estoy seguro, espero que tu al menos no me sermonees y que por favor no le digas nada a Tomoyo… a pesar de todo no la quiero herir, no es bueno herir a una chica.
—Lo sé —Dije entendiendo eso de herir y no herir a la chicas— Y no te juzgo en cuanto a eso, sería un sínico si lo hago, no tengo autoridad moral para eso —Suspiré pensando si en realidad valía la pena no delatarlo… y al final de cuentas no valía la pena, ya saben solidaridad masculina— No le diré nada a tu chica —La sonrisa siniestra que se dibujo en su rostro en ese momento hizo que una gota de sudor bajar por mi espalda.
—Así que eres un colega Casanova… mira que pequeño es el mundo.
—Llámalo como quieras, pero eso no es de tu incumbencia.
—Vaya… y también eres un cascarrabias.
—Bueno, creo entonces que ya dejamos en claro los asuntos concernientes a tu comportamiento, ahora quiero que me digas las cosas que realmente me interesan, como demonios es que sabes mi nombre y el de Wei, es por eso que estoy aquí después de todo ¿No?
Y a eso me refiero cuando hablo acerca de pensar las cosas con cabeza fría, Eriol había estado presente en la fila de la estación de buses cuando mamá se estaba despidiendo de mi, por supuesto, el estar presente en ese momento le había facilitado escuchar nombres, sitios y la mayoría de cosas que mi mamá había hablado en ese momento, el chico solo había usado en el momento exacto esa información que su prodigiosa mente había sido capaz de recordar. Al parecer era muy inteligente.
Los minutos siguientes los gastamos en una charla distendida, conociéndonos realmente, contándonos que hacíamos en esa ciudad y porque estábamos allí, hablamos de nuestras familias, de Wei, de Tomoyo y de cosas triviales como las contrataciones del Real Madrid y Barcelona. Eriol se reía cuando yo le contaba los detalles de mis lugares pasados y concordamos con muchas cosas, debo decir que también me reí en algunas ocasiones y al no ser muy dado a hacerlo siempre, concluí que si Eriol había logrado sacarme algunas risas era porque quizás podríamos llegar hacer buenos amigos.
Cuando un reloj en la pared anunció que eran las cuatro de la madrugada decidimos que era hora de ir a dormir.
—¿Entonces dices que tu chica me puede ayudar a encontrar la casa de Wei?
—Basta con que te sepas el nombre completo de él o un teléfono o fax, ella tiene un directorio virtual muy completo en su computadora, puede ubicar lo que sea en la ciudad… si quieres, después de que lo ubiques podemos ir por tu cosas a la estación de buses, ya sabes, las cosas de la caja —Y no le pregunté como era que sabía eso, seguro que también lo había escuchado de labios de mi propia mamá.
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Tan pronto como tecleó el nombre completo de Wei en el campo para búsquedas un mapa apareció y se fue acercando cada vez más y más hacia la superficie hasta el edificio de departamentos Furikawa donde en el apartamento 302 aparecía registrado el único Wei Mei Kung que vivía en Tomoeda.
La parejita se ofreció a acompañarme, pero de la manera más cortés me negué diciendo que con la dirección escrita en el papel cualquier taxista sería capaz de llevarme, así que minutos después estaba en un vehículo cuyo conductor al parecer sabía con exactitud a donde era que yo quería llegar.
Quería acomodarme lo mas pronto posible porque había quedado de encontrarme con Eriol al medio día en la estación de autobuses, por cierto, también tenía que aprender a tomar el bus porque no podía estar pagando taxi siempre que quisiera, también tenía que buscar un trabajo de medio tiempo.
Pronto mamá vería el hombre en el que me iba a convertir.
El edificio se veía adecuado ni derruido ni elegante y la verdad el hecho de que fuera un lugar promedio me agradó mucho, siempre que el pensamiento de vivir solo había llegado a mi mente me había imaginado un lugar así, seguro el departamento tenía que estar en muy buen estado ya que Wei siempre se había encargado de que las cosas fueran de esa manera, su sentido de cumplimiento del deber debió haber sido una inspiración mas grande para mi solo que no me dejé convencer ¡Ja!
No voy a decir que el volver a ver a Wei no haya causado una fuerte impresión en mi, es mas, todo lo contrario, no saltar a abrazarlo hubiera sido una desfachatez, tan pronto como abrió la puerta del departamento salté encima de el llevándomelo hacia el piso, cualquiera que hubiera visto la escena habría pensado en algún tipo de escena pervertida, pero en ese momento no me importaba nada, volver a ver al hombre que había sido el mejor ejemplo masculino en mi vida fue lo mejor que me había pasado en meses.
Después de que entré en calma de nuevo, me puse de pie permitiendo que el también lo hiciera y ofrecí un saludo más sobrio.
—Ya no está tan liviano Syaoran, recuerdo cuando lo cargaba en mis brazos… está hecho un gigante.
—¡Ja! No tanto, de hecho soy el más enano del insti… quiero decir, del pasado insti, me imagino que sabes gran parte de la historia.
—Si que la sé —Dijo y ambos sonreímos, entonces le di una rápida mirada a mi nuevo hogar, donde además de muchas cosas y detalles bonitos, vi que las maletas de Wei estaban listas para el viaje, quizás mi tiempo con iba a ser bastante reducido. Wei notó mí mirada sobre el lugar e inmediatamente me preguntó.
—Y bien ¿Qué le parece?
—Siempre quise un lugar así… obvio… me va a hacer falta tener a mi mamá a mi lado y sé que tu también te vas a ir pronto, pero como le dije a mi mamá, quiero probar esto, demostrar que algo bueno tengo que tener adentro —Luego me detuve para hacer la pregunta que en ese momento me causaba mas inquietud— ¿Cuándo te vas?
—Tengo un boleto para mañana en la noche… pero no se preocupe, voy a estar viniendo cada mes, y estaré llamando, y le daré mi numero, cualquier cosa en la que esté confundido no debe dudar en llamarme y procurare ayudarlo en lo que me sea posible.
—Ya cálmate… después de todo estoy hecho un gigante ¿No es así? Nada les pasa a los gigantes… además ya he hecho algunos conocidos, había alguien en el bus con el que me llevé bien desde que salí de Shibukawa y parece ser una buena persona, conocí a su novia y también parece ser una persona agradable, de hecho quedé de encontrarme con Eriol en la estación al medio día, me gustaría que me explicaras como es el asunto de los buses aquí y donde se compra la comida y donde queda el insti, vamos a tener que movernos mucho en este tiempo que nos queda ¿No?
Wei continuó con su sonrisa que me decía que procuraría colaborarme en todo lo posible antes del momento de su viaje.
Y así la mañana se pasó en un abrir y cerrar de ojos después de que mi casi-padre y yo decidimos poner manos a la obra, en un tour paciencioso me mostró donde eran las estaciones de los buses, me enseñó los números de las rutas que debía tomar para ir aquí y allá, me mostró donde era el instituto, la panadería, el supermercado, el parque y la iglesia la cual no era muy probable que usara, pero sentía que había una posibilidad de que quizás si lo hiciera.
Al medio día nos separamos, Wei tenía que encargarse de llevar unos papeles al instituto mientras yo iba a la oficina de equipajes a recoger la caja que mamá había enviado, Eriol me acompañó dándome otro tour por algunas de las calles mas recurridas por los chicos y chicas de nuestra edad, algunas discotecas, algunos centros comerciales y algunos cafés, después yo lo llevé y le mostré mi nuevo hogar en el cual no hizo mas que quejarse por lo afortunado que yo era de poder vivir solo, por un momento pensé en invitarlo a vivir conmigo para así compartir gastos (después de todo era un departamento lo suficientemente grande para dos personas) sin embargo me parecía una idea muy apresurada, quizás después se lo propondría. Un rato después Eriol se fue (aun se quejaba de mi suerte)
Después de que me volví a quedar solo decidí que cuando Wei ya no estuviera organizaría todo de una manera distinta, podría la cama contra la pared, movería el sofá para otro lado, compraría unas flores y un poster de R.E.M. Todo sería genial.
Cuando el reloj marcó las tres de la tarde el estomago ya me estaba rugiendo, por eso decidí que era hora de realizar mis primeras compras como un hombre independiente por eso me puse mi chaqueta y en lugar de tomar el bus elegí caminar hacia el supermercado.
El vecindario me gustaba, era diferente de todo lo que había vivido antes, era totalmente diferente a Hong Kong con sus calles concurridas, gente por aquí y gente por allá, gente encima de ti y seguro que también debajo, la vida en un puerto siempre es ajetreada. Tomoeda en realidad me gustaba, me gustaban los niños juiciosos tomados de la mano de sus madres, me gustaban los arpegios de rock alternativo que salían de algunos de los cafés, me gustaba, así de simple. Cuando llegué al pequeño supermercado sonreí, era como de un cuento de hadas, pequeñito y seguro que tenía de todo.
Un paso después me puse nervioso de la nada… mis primeras compras por mi cuenta… gran asunto.
—Aquí voy —Murmuré para mí. En ese momento entré. Mi corazón latía fuertemente, que tontería, era un supermercado como todos los demás, no había de que tener miedo, no había nada por lo cual dudar, un típico supermercado, si, quiero decir, el tipo de supermercado en el que entras y escuchas la suave música instrumental seguramente salida de las manos de algún pianista habilidoso. El tipo de supermercado que pone a una chica con un traje gracioso a que te de muestras de unas nuevas galletas de soda; El tipo de supermercado que anuncia por un parlante una promoción en el pasillo 7. Un supermercado normal, entonces, como todo era normal supuse que lo mejor era buscar un carrito y empezar con las compras.
—Supongo que ahora si voy a poder comprar y comer lo que quiera —Dije mientras me dirigía a los refrigeradores, el pensamiento de salchichas y jamón llenó mi cabeza y rápidamente moví el carrito hacia los congeladores del supermercado, me sentía como un niño en una dulcería con acceso a todas las gavetas. Además tenía algo de dinero: mamá me había dado, Wei me había dado y mis ahorros también hacían parte del bote. Era hora de gastar.
Ahora bien… normalmente cuando nunca has estado interesado en la cocina no piensas mucho en ella, es decir, no te importa como esta hecho ni de que esta compuesto lo que tienes en frente de ti cuando te sientas a la mesa, lo único que te interesa es comer. Eso cambiaba para mí, junto con mi nueva vida, ahora debía cocinar por mi cuenta y no es que no supiera hacerlo, pero como ya había dicho, nunca antes me había interesado. Ahora debía comer por mi cuenta y comer saludable, una indigestión también podría ser un problema, no solo los chicos grandes que quieren matarte lo son, debía cuidarme de no enfermar, las enfermedades también podían ser contraproducentes.
—De acuerdo —Dije— Entonces empecemos en orden: Verduras, algo de pan, algo de carne, cosas para el aseo y después si puedes comprar una golosina o cigarrillos o lo que se te de la gana.
Cuando vi que mi carrito tenía todos los elementos de la lista que había realizado mentalmente minutos atrás, supe que ese si era el momento para comprar algo para satisfacer mi instinto de niño pequeño, de acuerdo, tenía diecisiete años, pero nunca se es demasiado viejo para querer olvidarse de ser un niño… entonces ¿Que sería? ¿Esos cigarrillos que nunca podía comprar cuando iba a acompañar a mamá? ¿Esas paletas que te pintan la legua de verde? ¿Chicle híper-acido? Todas parecían opciones agradables y aun tenía algo mas de dinero para comprar incluso las tres, sin embargo en ese preciso momento vi un cartel, el anuncio de las galletas de chocolate del oso Lolo que siempre había comprado, las galletas que había comido desde que me salieron los primeros dientes, esas galletas eran algo que nunca dejaba que mamá olvidara, rápidamente moví el carrito hacia la sección de confites (pasillo 11) y allí en el estante vi que una ultima caja de galletas me esperaba. Realmente se me hizo agua la boca.
—¡Que suerte! —Dije estirando mi mano hacia la caja naranjada, en aquel momento vi que otra mano hacía exactamente lo mismo que la mía.
—Discúlpame —Me dijo una agradable voz femenina.
—Si, discúlpame —Repetí sin reparar en el físico de la persona en frente mío, lo único importante en ese momento eran las galletas— Ehh… Voy a tomar esta caja.
—Supongo que si le informamos al gerente llamara a algún empleado para que traiga mas cajas de la bodega ¿No crees? —Propuso y la verdad era una idea lo suficientemente civilizada para que cualquier persona la aceptara, sin embargo cuando se trataba de mis galletas yo me transformaba en un tipo de ser… poco civilizado— Por eso suéltala y déjame llevar esta —Concluyó.
—Que sea al revés, yo me llevo esta y tu le avisas al gerente que se acabaron y que hay que traer mas.
—Yo propuse la idea y por lo tanto lo mas justo es que yo sea la que se lleve la única caja que queda, después de todo yo estiré primero la mano, yo toqué primero la caja y yo quiero las galletas mas que tu —Ahora la chica sonaba desafiante y si se me permite decirlo creo que algo autoritaria, desgraciadamente la única persona que había triunfado hablándome de esa manera había sido mi mamá… y ella ya no estaba mas.
—Creo que no estoy siendo del todo claro y quizás por eso estas un poco confundida… esta es la ultima caja de galletas en el estante y la necesito, son mis galletas, no voy a ir donde ningún gerente y además yo estiré fui el que estiró la mano primero para tomarlas así que me pertenecen ¿Entiendes? —Dichas esas palabras por fin decidí mirar a mi oponente a la cara y pues no voy a decir que me enamoré, pero puedo asegurar que era la cara mas linda que le había visto a una chica de, aparentemente, mi edad.
La novia de Eriol era bonita, si, pero la chica que tenía en frente era bonita y algo mas, algo mas que no sabía muy bien que era… dejémoslo así, algo mas y aunque las galletas eran lo primordial allí, no pude evitar mirar a la chica (que tenía algo mas) que quería competir contra mi por la caja.
Teníamos el cabello del mismo color, quizás ella lo tenía algo mas claro y lo que mas me pareció interesante fue que me haya fijado en el detalle del cabello, es decir, tan pronto veo una chica con el cabello corto pierdo el interés en ella casi inmediatamente, sin embargo eso no había pasado con ella, y quizás el motivo de esto fue que el mirar los mechones de cabello que llegaban hasta su frente hacía que mi vista terminara muy cerca del tesoro que tenía en su rostro, un par de esmeraldas en todo el sentido de la palabra, unos ojos con un color verde entre tenue e intenso que hacían una combinación entre extraña y maravillosa, que al igual que los ojos de Eriol, hizo que me pusiera algo nervioso.
Juraría que éramos de la misma estatura y juraría que era muy buena en los deportes, una chica que no lo fuera no saldría de compras vistiendo una sudadera y unas bandas para el sudor en las muñecas. Era una chica interesante, después de todo tenía un "algo más" que yo aun no lograba descifrar y normalmente era muy bueno descifrando a las chicas, solía hacerlo casi instantáneamente.
Un tirón a la caja de galletas me hizo volver del mundo de mis pensamientos al mundo del supermercado
—Claro que te entiendo —Fueron las palabras que acompañaron al tirón— aunque no comparto eso que dices, ahora espero que tu me entiendas a mi, llevo 17 años viviendo en esta ciudad y nunca nadie se ha atrevido a dejarme sin mi caja de galletas, siempre las compro ¿Sabes? Y creo que hoy no va a ser la excepción así que suelta esa caja niño.
Niño ¡Ja! Si claro, lo que digas.
—¿17 años dices? —Contraataqué— Yo las compro desde hace 18 y las he comprado en muchas de las ciudades en las que he estado y nunca nadie ha intentado dejarme sin mis galletas y puede que tu lleves 17 años aquí, yo llevo solo un día y ya te voy a dejar sin las galletas ¿Qué te parece? —Dije arqueando las cejas, subiendo mi tono de voz y tirando un poquito de la caja, para ser sincero se la hubiera podido arrancar de las manos y correr, eso hubiera sido de lo mas sencillo, sin embargo ella parecía ser una chica muy terca y al mismo tiempo que yo también tiró de la caja. Lo que en un principio parecía un día tranquilo de compras se había transformado de la nada en una guerra por una caja de galletas… Y yo, Syaoran Li nunca perdía una guerra y estaba totalmente convencido de eso hasta que…
—¿Pasa algo Sakura? —Preguntó una voz como con la gravedad de un trueno.
Siempre desde pequeño había detestado las peleas en las que yo estaba en desventaja numérica y como en mi vida nunca había tenido una cantidad considerable de amigos, hubo varias ocasiones en las que había estado en desventaja, algunas veces era suertudo y podía escapar, en algunas otras era torpe (terco) y prefería pelear. Cuando vi al chico que acababa de hablar supe que estaba en desventaja, era quizás la persona mas alta que había visto: se trataba de un tipo de mas o menos 30 centímetros de altura mas que yo o sea que medía casi dos metros lo que quería decir que sin lugar a duda podía clasificar para jugar en cualquier posición con los Lakers de Los Ángeles y lo peor era que no me estaba mirando de buena manera.
En la distracción la chica tiró de nuevo de la caja de galletas y logró zafármelas sin ningún problema, hasta unos segundos después no me di cuenta de ello.
—No pasa nada Touya —Contestó la llamada Sakura… Sakura. Sakura era un nombre bonito, pero ella no era una persona bonita, se había aprovechado de que su novio me había intimidado y en la distracción me había quitado mis galletas, eso no lo hace una persona digna, ella era una aprovechada.
—Entonces date prisa, nos están esperando en el estacionamiento —Luego puso sus ojos oscuros sobre mí y con un diminuto viso de sonrisa dijo— Gracias por darle las galletas a mi hermana, le gustan mucho.
Nunca se las devolví, ella me las quitó, no te confundas y a quien le llamas buen chico que crees que soy ¿Un cachorro?
Pensé en que tan fructífero podría ser el explicarle eso al llamado Touya y concluí que no daría resultados en absoluto, después de todo un chico promedio siempre escogería creerle a su novia y no a un completo extraño, en pocas palabras y después de un par de segundos decidí que lo mejor era dejar que la chica conservara las galletas, si, se las iba a dar… era al menos lo mas sensato, obviamente, era algo que no había hecho nunca, es decir, en un tiempo anterior hubiera considerado vital el hecho de pelear por algo que consideraba mío, pero en aquel momento simplemente decidí bajar mi cabeza, entregar la caja y evitar problemas estúpidos, además, yo era Syaoran Li, "El chico problema" quien ha escuchado de un chico problema al que le gustan las galletas del Oso Lolo, creo que era mejor comprar los cigarrillos.
Al final ella se quedó con la caja y se los juro que no me habría importado tanto si no hubiera visto que cuando ella estaba dejando el supermercado me hizo la mueca mas orgullosa, vanidosa y pedante que nunca antes había tenido la desgracia de ver en el rostro de otra persona, quise ir detrás de ella y robarse la bolsa del mercado, pero… pero el gigante al lado de ella… no… yo no tenía posibilidades.
El camino hacia el apartamento fue uno de los peores que recuerdo haber caminado, si, estaba de mal humor y solo tenía que agradecer que al parecer Tomoeda era una ciudad lo suficientemente grande para que esa chica y yo no nos volviéramos a cruzar, de lo contrario iban a salir chispas.
Acepto todo tipo de reviews, los buenos me pintan una sonrisa en la cara y me obligan a escribir mas y mejor, los malos me ponen triste y me dicen que quizas estoy perdiendo el tiempo con esto de escribir para fanaticos... tu decides que tipo de review quieres mandarme pero si quieres una recomendacion manda reviews que me hagan feliz si?
