Capitulo 4 de la reedicion

Disfrútenlo y gánense mu mas sincera gratitud dejándome sus comentarios


LA HIJA DEL PROFESOR

POR: GREEN LITTLE WOLF

CAPITULO 4:

La noche del día siguiente llegó tan rápidamente que cuando supe que la partida de Wei era inminente quise llorar, eran casi las siete de la noche y yo me encontraba en mi nueva habitación alistando las cosas para el día siguiente en el cual ya tendría que asistir a clases, Wei había sido muy hábil en todos los tramites y al parecer mi ingreso al nuevo insti había sido pan comido. En la sala se podían escuchar los últimos ruidos de parte de él, seguramente terminando de empacar lo que faltaba, para serles sincero no quería salir a ayudarlo porque entonces todo se haría aterradoramente real y yo me quedaría realmente solo.

El nuevo uniforme no era nada del otro mundo, de hecho la camisa, la corbata y el pantalón eran del mismo color que los de el antiguo insti, la nueva chaqueta era de color azul celeste y me recordó una serie de anime que había visto en una ocasión, todo el uniforme yacía sobre mi cama y un montón de libros y cuadernos estaban tirados en el piso, al igual que mis dinosaurios. Después de un gran arranque de decisión el cual me llevó mas de quince minutos, salí para darme cuenta de que ya no se necesitaba de mi ayuda, es más, el hombre ya estaba por salir para el aeropuerto: ya no había nada en lo que yo lo pudiera ayudar allí.

—Entonces llegó el día; en realidad te vas —Murmuré de una manera muy bajita, de verdad muy bajita, sin embargo sabía que Wei me había escuchado perfectamente.

—En serio lamento mucho tener que dejarlo solo.

—No te preocupes viejo, seguro me la voy a arreglar bien, además ya te había dicho que eso de quedarme solo va a ser para bien, tengo mucho que aprender de eso, sé que si tu te quedaras a mi lado incluso me malcriarías aun más que mamá así que puedes irte tranquilo y no tienes que sentirte apenado por nada.

—Preferiría que se convirtiera en el muchacho mas malcriado del mundo antes que ver que le pase algo malo por no tener a alguien a su lado… me da algo de miedo dejarlo solo.

—Puede que eso sea lo mejor —Dije mirando el pequeño reloj de péndulo que se encontraba en una de las esquinas de la sala —Creo que es mejor que te apresures, nunca has perdido un vuelo y no creo que el primero que pierdas vaya a ser por mi culpa, además creo que entre menos hablemos va a ser más sencillo ahorrarse las lagrimas.

Wei solo sonrió, tomando sus dos maletas, pero no caminando hacia la puerta, todo lo contrario, caminó hacia mí.

—Siempre hay tiempo para las lagrimas no importa cuanto se trate de evitar que estas puedan estar en nuestros ojos —Mencionó Wei mientras ponía sus maletas en el piso, de la nada me sentí dentro del cálido abrazo de mi… demonios, realmente el era como mi papá— No se necesita que el tiempo se extienda para que nazcan las lagrimas joven, una lagrima puede nacer en menos de un segundo.

—Ya me habías dicho eso cuando cumplí diez años

—No, fue cuando cumplió once —Respondió.

No hubo mas despedida, ni mas palabras ni nada mas, solo el frio que dejó al cerrar la puerta y al dejarme allí, ahora si, completamente solo.

000

Después de la despedida de la noche no me sentía muy bien a la mañana siguiente y me sentí aun peor al enterarme de que al lado del instituto donde yo iba a estudiar quedaba una escuela primaria, eso no me agradaba mucho, seguramente todas las mañana iba a ser lo mismo: el ruido, la algarabía típica de la reja de entrada a una escuela primaria, niñas gritonas y niños escandalosos que se dedican a jugar fútbol soccer con pelotas hechas papel; y no era que no me gustara el fútbol, de hecho me gustaba mucho y lo jugaba muy bien, pero a diferencia de los niños, a mi me gustaba en serio y no como un jueguito para fastidiar a los demás, yo nunca había sido un mocoso molesto, de hecho cuando yo estaba en la edad de los mocosos, o sea cuando tenía 8 o 9 años me la pasaba juiciosito en las gradas simplemente observándolos o quizás en la terraza tomando una siesta o escribiendo fanfics. Si así es, en vez de hacer bolas de papel para jugar fútbol yo las usaba para escribir, algo diametralmente opuesto a lo que hacían los demás. Sin embargo el tiempo pasó y decidí que no era malo adaptarse un poco, es más, era bastante conveniente y empecé a ponerlo mucho en práctica.

Desgraciadamente yo parecía hacer todo mal en algunas ocasiones y esta vez había escogido el momento justo en el que la gran mayoría de los chicos pequeños se dirigían a la escuela de la mano de sus padres o de sus hermanos mayores que de seguro estudiaban en el edificio del lado. En conclusión tuve que soportar gritos y bulla todo el camino.

Algo me decía que no debía haberme levantado de la cama ese día y comprobé que este presentimiento debía tener algo de cierto cuando en un desafortunado momento una caja de jugo de cereza fue a dar justo en la parte más alta de mi cabeza, pronto el líquido rojo bajó por mi cabeza, por mis mechones castaños de cabello hasta los hombros, seguramente logrando manchar la camisa blanca, de nuevo la chaqueta del uniforme estaba en la maleta, el hecho de que fuera un nuevo insti no era motivo suficiente para vestir el uniforme de manera adecuada.

Estoy seguro que cuando me giré para identificar al culpable, mi rostro no mostraba otra cosa más que rabia, ira absoluta, el primer día en el instituto y ya todos iban a tener algo para cuchichear a mis espaldas o seguramente a un profesor sermoneándome acerca del estado correcto del sagrado uniforme escolar. Rápidamente identifiqué al posible agresor, si, el culpable debía estar entre alguno de los tres chicos que miraban hacia el piso intentando evitar hacer contacto visual conmigo, aunque se les notaba por encima que les había parecido muy gracioso tomarme como el blanco de su jueguito.

—¿Algo les parece gracioso? —Pregunté, de repente sentí como si todo se hubiera quedado en silencio, solo se escuchaba el viento de la mañana soplando las hojas de los arboles que estaban sobre el pavimento; mi respiración algo enfurecida y la risa titubeante de los culpables de que mi cabeza estuviera roja. Para completar el espectáculo una niña detrás de los malandros no dejaba de llorar. En cierto momento decidí acercarme y seguro hice sentir bastante amenazados a aquellos rapaces que inmediatamente y como pudieron escaparon de mí, corriendo como lo haría cualquier niño de esa edad al sentirse amenazado, seguramente creerían que yo les iba a hacer algo. ¡Ja! Habría sido divertido, pero por mas que me hubieran molestado eran solo niños y haberme desquitado con cualquiera de ellos habría sido la cosa más estúpida de toda mi vida.

Después de que los mocosos estuvieron lo suficientemente lejos sentí que la ciudad recuperaba su sonido normal y todos siguieron su camino hacia la escuela primaria o hacia el instituto, todos menos yo que intentaba buscar la chaqueta del uniforme para limpiarme el cabello y la niña que aun seguía llorando.

—¿Y a ti que te pasa? —Pregunté viendo que al parecer yo era el único que le prestaba atención a la pequeñuela.

—Ese… ese era… era… mi jugo —Gimoteó.

—¿Y?

—Era mi jugo —Repitió.

—No pretenderás que yo te lo devuelva, no fue mi culpa que se haya derramado, si lo piensas soy yo el que debería estar enojado, enojado contigo por dejar que te lo quitaran y dejar que me lo lanzaran —Entonces suspiré— Y ya deja de llorar.

—Pero…

—Si, yo sé, era tu jugo y seguro que te gustaba mucho, pero… —Entonces algo vino a mi cabeza— Mira, tengo otro en mi maleta, si quieres te lo puedo dar —La niña levantó la cabeza ante las nuevas noticias— ¿Te gustaría?

La niña asintió mientras empezaba a pasarse la manga de su uniforme por el rostro, luego de secarlo un poco me miró justo a los ojos y en aquel momento descubrí también los de ella, unos ojos enormes que la hacían ver como la criatura mas tierna sobre la faz de la tierra, unos enormes ojos verdes que no sé porque en ese momento me quedé como sin aliento, creo que incluso sentí que me sonrojaba, desgraciadamente los lindos ojos de la niña también me hicieron recordar a los de la tal Sakura del supermercado, la ladrona de galletas,

—Eres muy linda para andar por ahí llorando por un tonto jugo —¿Desde cuando yo hacia cumplidos a la niñas? y mas aun, ella era una niña aproximadamente de 6 o 7 años y yo tenía 17, en ese momento pensé que a lo mejor la mocosa había despertado algo así como mi instinto paternal. En otro arranque extraño, saqué un pañuelo del bolsillo de mi pantalón y terminé de secar el rostro de la niña, luego acomodé uno de los moños que tenía a cada lado de su cabeza y finalmente le sonreí, cuando vi que ella me correspondió, abrí mi mochila y saqué uno de los jugos que había comprado el día anterior

—Toma —Ofrecí

—Pero mamá dice que…

—Yo sé lo que dicen las mamás, que no es bueno recibir cosas de desconocidos en la calle, pero yo soy tu amigo y a que no me veo como una mala persona ¿o si? —Cuando la niña negó con la cabeza volví a ofrecerle el juego, la pequeña estiró la mano para tomarlo, pero inmediatamente yo se lo retiré, la niña me miró extrañada, incluso me pareció que iba a volver a empezar a llorar, pero antes de que lo hiciera continué— Te lo regalo, pero solo si me haces un favor.

—¿Cuál? —Preguntó la chica asintiendo con la cabeza, supongo que con este gesto la niña me dio a entender que iba a hacer lo que fuera que yo le pidiera, de cualquier manera yo no le iba a pedir ninguna arbitrariedad.

—Deja de llorar —Asintiendo esta vez con mas fuerza, la pequeña empezó a mostrarme diminuta sonrisa— Ves que es mejor sonreír en lugar de ponerte a llorar, además como ya te dije te ves mas bonita si sonríes, me gustas mas —En aquel momento la tomé de la mano y le di el jugo —Luego continué— Ahora te voy a acompañar hasta la puerta de la escuela, pero primero tienes que hacerme otro favor.

—¿Cuál otro? —Preguntó esta vez.

—Tú sabes quien fue el que me lanzó el jugo en la cabeza ¿No?

—Fue Kotaro —Dijo instantáneamente.

—Eso me imagine… ese payaso de Kotaro —Dije sonriendo sarcásticamente— él siempre te molesta ¿No es así? —La chica volvió a asentir— Bueno, vamos a hacer esto: quiero que cuando vuelvas a verlo en la escuela le des una patada lo mas fuerte que puedas y si intenta hacerte algo dile que yo voy a ir y le voy a llenar los pantalones de jugo de cereza ¿Qué tal?

—Suena divertido —Dijo la chica con una sonrisa de autentica diversión, seguro ya se estaba imaginando al mocoso con los pantalones llenos de jugo.

—¿Verdad que si? Entonces esa es la condición y ahora mejor nos vamos a clase, ambos vamos a llegar tarde, tu maestra seguro te regaña si llegas después de la hora y no quiero pensar lo que dirá tu mamá.

—Si —Explicó— mamá siempre me dice que no me entretenga en el camino y la profesora también se molesta cuando llegamos tarde ¿A ti te pasa lo mismo? ¿Tu mamá te regaña? ¿Tu profesora también?

—Mamá ya no lo hará mas —Murmuré— Y a los profesores no les presto mucha atención.

—¿Como dices? —Me preguntó mostrándome de nuevo sus enormes ojos verdes. ¡Eran de verdad muy bonitos!

—Nada… Bueno, se nos esta haciendo mas tarde aun, démonos prisa… um…

—Me llamo Kaori —Dijo con una risa que parecía querer competir con el sol para ver cual brillaba mas.

—De acuerdo Kaori, yo soy Syaoran, vamos a ser buenos amigos ¿Te parece?

000

El instituto de Tomoeda, (instituto Seijou) parecía un lugar totalmente diferente a todos los otros lugares en los que yo había estado en otras ocasiones, en aquellos otros lugares se notaba la algarabía por encima de todas las cosas, pero aquí era diferente, los estudiantes se veían bastante aplicados y bastante centrados en sus asuntos, no quiero decir con esto que fueran algo así como robots porque de hecho todos se reían y charlaban con los del lado e incluso habían unos que corrían porque seguramente debían improvisar para un trabajo que al parecer no habían hecho. Vida común del instituto en cualquier lugar del mundo, pero algo me decía que este sitio era distinto.

Desde la banca en la que me encontraba en frente de la oficina del director pude observar todo esto y también pude observar con bastante entusiasmo que al parecer yo le resultaba agradable a muchas chicas, pero que estas no me lanzaban miradas contundentes directamente como si hacían las otras chicas de otras ciudades, chicas que después de unos días no dudaron en meterme en sus camas. Esto me empezaba agradar, parecía que por fin había dado con un buen lugar. Quizás en todos los otros lugares el malo no había sido yo, quizás los malos habían sido precisamente los lugares.

El director había llegado unos minutos después de mi y me había pedido que esperara unos minutos, después había entrado en su oficina y ya llevaba mas de quince minutos allí adentro haciendo lo que sea que hagan los directores en sus oficinas, la verdad me estaba desesperando, nunca había sido muy bueno para esperar.

—Parece que te hace falta algo de experiencia, los chicos malos nunca llegan temprano —Dijo una voz que recordé instantáneamente. No sé en que momento Eriol había resultado sentado a mi lado, me parecía increíble que me hubiera distraído de esa manera, nunca antes había sucedido, definitivamente era posible que la ciudad me cambiara, eso me llegaba a emocionar un poco.

—Nunca hablé nada acerca de ser un chico malo —Contesté sin ponerle mucho entusiasmo a la conversación.

—Um… pues eso no es lo que recuerdo de lo que me contaste el otro día, de hecho recuerdo muchas travesuras —Dijo sin lograr que yo demostrara mayor interés por sus comentarios— bueno, parece que no amaneciste de buenas, no importa, ¿Ya llego el hombre? —Preguntó mirando su reloj.

—Hace un rato —Dije tan secamente como pude.

—Ya veo… ¿Tu llegaste hace rato también?

—Si, también.

—¿Con que pie te levantaste hoy?

—Um… el izquierdo… creo.

—¿Puedo preguntar que le pasó a tu camisa? —Preguntó con un tono bastante pícaro, la curiosidad del tipo era como la de un niño de escuela primaria.

—No, no puedes —No le iba a dar el gusto de que se enterara de que precisamente unos niños de primaria habían sido los culpables de mi aspecto tan… particular.

—Usa mi chaqueta —Dijo sin darme tiempo a negarme puesto que ya se la había quitado y me la había tirado sobre el regazo y la verdad es que tampoco tenía muchas ganas de negarme, habría usado la mía, sin embargo creo que estaba tan sucia como la camisa ya que fue con la chaqueta con lo que me había limpiado— Servirá al menos para que no te veas tan mal y estarías usando mi chaqueta ¿No te parece romántico?

—Si, muy romántico y si tu sigues con tus chistes voy a tener que callarte a golpes.

—De acuerdo, como digas —Dijo empezando a silbar un segundo después— Definitivamente no te levantaste con el pie derecho.

—Probablemente no —Dije con un amago de sonrisa, era difícil querer estar malhumorado con el pelinegro— Gracias por la chaqueta —Dije otro segundo después.

Después de eso simplemente giré mi rostro hacia la ventana mientras sentía que él se ponía de pie para dirigirse a una pared donde estaban expuestos algunos diplomas y cosas así, cosas típicas del pasillo de un instituto, justo en ese momento escuchamos el ruido de una puerta abriéndose y luego:

—Buenos días

—Muy buenos días —Saludó Eriol dirigiéndose inmediatamente hacia el hombre y creo que hasta pude ver que hizo una pequeña reverencia con su cabeza. Después de eso y con un poco más de desgano yo me puse de pie y también saludé.

Después entramos en la oficina. Ya allí vinieron las charlas sobre el reglamento escolar, sobre todos los reconocimientos que el instituto tenía tanto a nivel local, regional y nacional, y sobre un montón de cosas bonitas en las que el lugar se destacaba. Después el hombre miró en unas carpetas los registros de ambos y al parecer el de Eriol era impresionante, el mío no era malo, pero parece que el del chico de anteojos era para destacar.

—Ambos son sobresalientes —Sonrió.

Y la verdad para ser un hijo problema, creo que en realidad si puedo llegar a ser algo sobresaliente cuando se trata de calificaciones (En todas menos en historia)

El director analizó todas las notas por unos minutos más y con cada segundo que pasaba asentía cada vez mas convencido de que Eriol y yo éramos indicados para el instituto.

—¿Y en que clase vamos a estar? —Preguntó Eriol con un entusiasmo que no se muy bien si fue o no fingido, al parecer era un actor consagrado.

—Van a estar en la misma clase —Escuché que el rector explicaba— Aquí están sus horarios, podemos ir ya, habrá cambio de clase en media hora… de acuerdo a este horario —Dijo el hombre mirando una hoja dentro de una carpeta de color blanco— Ustedes estarían en la clase 4… y en el próximo bloque tendrían clase de matemáticas ¿Les parece si vamos? Podemos dar un paseo por el lugar en esta media hora.

—Me parece perfecto —Escuché decir a Eriol.

—Por mi está bien —Dije intentando imitar el entusiasmo desbordante del chico a mi lado.

Después de que Eriol y yo firmamos no sé que papel, salimos de la oficina del hombre y empezamos a caminar por los pasillos del magnifico edificio y definitivamente concluí que el lugar me iba a gustar mucho, habían machismos lugares para dormir en la clase de historia, nadie parecía entrometido, se veía a muchos estudiantes haciendo cosas realmente interesantes y al parecer los deportes eran parte esencial del diario vivir escolar, de verdad me sentía cómodo, en ese instante miré hacia adelante y escuché como el director le explicaba a Hiragizawa el asunto de porque habían dos lugares justo para nosotros dos, Eriol asentía con bastante entusiasmo hasta que llegamos a un salón marcado con un 904.

Un minuto después apareció antes nosotros un hombre alto de cabello canoso y unos lentes supremamente delgados que reposaban sobre el puente de su nariz. Él debía ser el profesor de matemáticas ya que se había detenido allí junto a nosotros como si ese fuera su destino, sin embargo preferí esperar un poco antes de dar alguna conclusión ya que bajo su brazo derecho el hombre traía el último número de la revista Dinero. Quizás era el profesor de economía.

—Buenos días señor director —Saludó mirando al hombre— Buenos días —Dijo después mirando hacia Eriol y hacia mi.

—Buenos días señor Takahara… um… déjenme los presento, chicos, este es el señor Koji Takahara, él es su profesor de matemáticas.

—Buenos días —Saludamos Eriol y yo al unísono.

—Ummm… Carne fresca —Dijo el hombre, una típica broma para romper el hielo, pero esta vez la broma no funcionó muy bien, es decir, a mi me pareció bastante tonta, hasta un poco despectiva y creo que Hiragizawa pensó lo mismo ya que tampoco le causó mucha risa sin embargo después del humor vino la parte seria, ambos nos presentamos y le explicamos algo sobre nosotros, así nos presentaría en el salón

—Espero que les vaya bien en su primer día —Dijo el director cuando yo terminé con el protocolo, Hiragizawa lo había hecho segundos atrás—Hay algunas cosas que debo hacer. Profesor, los dejo en sus manos.

—Descuide, es solo una clase de matemáticas señor —Contestó sonriendo el hombre mientras esperábamos a que la clase que debía estar por terminar, terminara. Minutos después sucedió así y una profesora cargada con lo que parecían ser ensayos, dejaba el salón haciéndole un breve saludo con la cabeza al señor Takahara y una breve sonrisa a nosotros los nuevos, entonces llegó el momento, otro de los tantos que ya había tenido que repetir muchas veces en mi vida

Allí íbamos ¿Cuántos me mirarían raro? ¿Cuántas me querrían en sus camas al día siguiente? ¿Con quien va a ser el primero que me voy a dar de golpes? ¿Mi puesto va a estar contiguo al de Eriol? ¿Quien es la mascota del profesor? Todas las respuestas en unos segundos.

—Buenos días jóvenes —Saludó el hombre. Mas o menos 40 estudiantes repitieron en coro el saludo con el que el hombre había entrado, sin embargo la atención que le brindaban a este se esfumó inmediatamente ya que todos se dieron cuenta de las dos nuevas presencias en el lugar— Como se podrán dar cuenta el día de hoy van a iniciar clases estos dos chicos, ambos vienen de ciudades cercanas así que no les va a ser muy difícil adaptarse a Tomoeda, sin embargo entran a mitad de curso y quizás deban hacer algunos esfuerzos para ponerse al corriente así que seamos buenos y colabóremeles en lo que mas podamos ¿De acuerdo?

La mayoría del salón asintió, la mayoría de las chicas. Y uno que otro chico que algo debía traerse escondido.

—Bueno muchachos, cuéntenle algo breve de ustedes a los chicos y así podemos empezar ya con la clase —La actitud del profesor era el típico intento primario por ser agradable, estaba muy acostumbrado al sentimiento y no me gustaba y por lo tanto quizás el profesor tendría que esforzarse un poco conmigo o dejar de intentar parecer algo que no era — Dale tu —Dijo señalándome, inmediatamente di un paso al frente y miré a la mayoría de rostros en el salón

—Soy Syaoran, tengo 17 y vengo desde Hong Kong —Lo acepto, mencioné mi verdadera ciudad de origen simplemente por fastidiar al profesor que seguramente esperaba que yo le siguiera la corriente y dijera que venía de la pequeñita ciudad de Shibukawa.

—Hong Kong esta un poco lejos Li… creí que venías de Shibukawa.

—En realidad viví en Shibukawa unos meses, pero soy de Hong Kong, de hecho si quisiéramos entrar en términos mas técnicos mi verdadero nombre sería Xiao Lang —Creo que me sobró algo de orgullo en aquella frase, pero me sentí bastante divertido al ver la cara del profesor que inmediatamente captó el mensaje: Va a ser algo difícil tratarme señor Taka'.

Después vino la presentación un tanto mas formal por parte de Hiragizawa y en realidad me sorprendía lo formal y refinado que el chico podía llegar a ser, parecía el típico niño que no sabe que es romper un plato. Finalmente fue el profesor quien dio un paso al frente y miró cuales iban a ser nuestros lugares, no obstante yo ya me había adelantado y había identificado donde estaban ubicados los pupitres vacíos, eran dos puestos en la ultima al lado de la ventana.

—Li se sentará detrás de Kinomoto en el puesto más cercano a la ventana y Hiragizawa detrás de Daidouji, en la última fila muchachos —Explicó el hombre y en ese momento me sonó muy conocido ese apellido Daidouji, cuando llevé mi vista hacia el lugar inmediatamente reconocí a la chica de la mansión, la chica de la larga cabellera negra y ojos bonitos, wow, definitivamente el hecho de que Eriol estuviera en el salón no era solo cuestión de casualidades, el dinero todo lo puede. Sin embargo la mayor sorpresa vino cuando quise ver quien era la llamada Kinomoto.

Ya había examinado el salón y había intentado ver uno a uno todos los rostros, sin embargo no sé por que demonios en aquella revisión me salté aquella cara conocida, si, una cara conocida, conocida por robarme mis galletas, ahí estaba, justo ahí estaba la chica de apellido Kinomoto que no resultó ser nadie mas que Sakura.

La ladrona Sakura.

Tomoeda no había resultado ser esa ciudad tan grande, Sakura y yo nos habíamos vuelto a cruzar y definitivamente yo me iba a encargar de que salieran chispas, aquel que dijo que el mundo era un pañuelo debió ser la persona más sabía sobre la tierra.

Con pasos muy lentos comencé a caminar hacia mi lugar y cuando vi que ella tenía los ojos clavados en un cuaderno sobre su pupitre, supe que también me había reconocido, entonces me quede de pie justo junto a ella sonreí, incluso hice una pequeña reverencia con mi cabeza y pronuncié:

—Muy buenos días Sakura. Que bueno que volvamos a vernos —Mi sonrisa continuó y creo que intenté copiar el gesto que ella hizo en el supermercado al ganarme mis galletas.

Syaoran piénsalo ¿Vas a seguir peleando por una caja de galletas? Eso es infantil, quizás eso te hace incluso mas infantil que la chica ¿Por qué no lo dejas?

Palabras sensatas, muy sensatas. Pero no, gracias. De verdad me sentía con ganas vengarme de Sakura y esa iba a ser mi primera misión en el nuevo insti y después de todo, ¿Qué tantos problemas me podía traer molestar a una chica en el instituto? Pocos, muy pocos, como mucho la gente pensaría que le estaría coqueteando y realmente ese no es ningún problema.

—Prepárate Kinomoto —Murmuré.

—¿Pasa algo joven Li? —Era la voz del señor Takahara, yo me giré lentamente, lo miré a través de sus anteojos y simplemente meneé negativamente mi cabeza, caminé hacia mi lugar, me senté y dije con bastante suavidad:

—No, no señor, no pasa nada.