Kyūketsuki

By: ANAIVIV y Mussainu

Disclaimer: Inuyasha sigue perteneciendo a Rumiko Takahashi pero la historia es de nuestra autoría.

—aaa— diálogos

aaa— pensamientos

VI. Boca de Lobo.

Sin recordar como es que había aceptado estar ahí suspiró. Ya habían pasado 2 años desde que esa casa la había acogido, y porque no, enseñado y ya era demasiado tiempo como para empezar con preguntas como el porque y que es lo que había sucedido. Después de todo, ella les debía lo que era, tanto una tragedia como una bendición, una bastante pervertida bendición tomando en cuenta de que el solo hecho de vivir le servía para poder buscarlo a los que masacraron a su familia.

—Ya falta poco. –dijo sin despegar la vista del volante en espera de que las luces de la gran mansión Ueda, que había sido reconstruida por cierto incidente entre los bandos, se vislumbraran.

—Si. –ella podría decirse que era una mujer bastante silenciosa, por lo menos eso decían lo que la "conocían" cuando recién llegó a la casa, pero Raynard. Bueno él no solo era silencioso, sino frío también y él único que lo conocía de verdad era Akuma, después de todo él había sido el que lo había convertido en lo que era.

—Nos estarán esperando, pero como no saben como eres físicamente podrás pasar. –dijo mientras que giraba hacia la derecha en una bifurcación. —Ellos ya saben como soy y es por que eso que debes de adelantarte cuando entres ya que no tendrás problemas.

—Eso lo sé. Akuma me dijo eso. –por el rabillo del ojo vio como su acompañante se estremecía casi imperceptiblemente debajo de ese caro traje negro. Siempre lo hacía cuando ella pronunciaba el nombre del jefe del clan.

—¿Tienes las armas?

—Me las dejó Takiira en la cama cuando regresó para verificar que el vestido me sentaba. –No hubo más conversación y ningún intento de ambas partes por empezar una.

Esa noche llovía a cántaros mojando la tierra desprendiendo un sutil aroma que se colaba por las ventanillas fuertemente cerradas. Ni siquiera se dignó a mirarla cuando suspiró viendo como las gotas caían en el ventanal ni cuando ella prendió la radio sintonizando una estación cualquiera solo para poder pensar en algo diferente que no fuera él.

—Debería de bajarme aquí. –dejó de pisar el freno y paró el automóvil. —Ya es hora. –dijo para sus adentros pero sin siquiera despegar la vista del parabrisas o dejar de estrujar furiosamente el volante. No esperó a que amainara la lluvia sino que antes de que dejara que si indecisión lo confundiera más bajó del auto dejando las llaves pegadas y a Kagome profundamente confundida. Sí, lo mejor sería alejarse lo más pronto de ella y más cuando aún esos tormentosos recuerdos seguían frescos en su memoria.

Casi podía escuchar sus pensamientos confundidos pero si quería que ella siguiera con vida o por lo menos que ella permaneciera junto a él en la mansión debía de alejarse y rápido. Giró sobre sus talones en el encharcado suelo y se dirigió a las profundidades del bosque adyacente esperando que la profundidad lo engullera por completo.

—¿Raynard? –dijo ella desde el asiento que antes él hubiera ocupado.

—Si necesitas ayuda entraré pero solo si es necesario, no quiero comprometer la misión. –contestó con la mente, un don que solo los más viejos vampiros podían usar. Era casi risible que sus mismos pensamientos fueran tan duros y fríos como su propia voz.

—Aa. –cerró la ventanilla y encendió el auto terminando cruzar el tramo que le faltaba para llegar a la casa. Miró por el retrovisor y vio como él volvía a caminar hacia las entrañas del bosque de coníferas.

—Bienvenida. –dijo un amable humano que se paraba orgulloso con su librea frente al automóvil esperando que ella le entregara las llaves para poder cumplir con su trabajo y poder estacionarlo con los demás automóviles de los invitados.

Se negó a darle las llaves ya que si una huída rápida era necesaria no tendría ni tiempo ni humor para esperar que un incompetente humano le buscara el auto. —No es necesario. –era extraño que cuando pensaba en sus tiempos como un "incompetente humano", como ella ahora los consideraba, se sentía extrañamente nostálgica pero no ahora que ya había dejado de creer que algún día ella formara parte de esa débil raza. —Yo misma lo estacionaré. –dijo cuando se alejaba de ese hombre terminando de recorrer los pocos metros que separaban el portón de la casa principal.

—Que extraños son estos ricos. –dijo encogiéndose de hombros mientras que esperaba el siguiente auto con una plástica sonrisa en el rostro.

El empedrado camino, las gárgolas en la parte superior del viejo edificio, las flores de dulzones aromas, las farolas francesas iluminando el camino, las pesadas macetas dispuestas por toda la residencia, el arco de piedra caliza enmarcando la entrada principal con musgo creciéndole por un lado y una enredadera estrangulándolo; todo seguía igual como la primera vez que la había visto.

Esa noche en la que Raynard y Akuma la habían llevado a su primera búsqueda del fragmento de Shikon y que como resultado tuvieron una masacre de la cual no fue partícipe y la muerte del jefe de los Jāku pero desafortunadamente no hubo señal del fragmento de la perla por ningún lado.

Apagó el motor y se quedó pensando en lo mucho que había cambiado su vida desde que ella tenía 15 años cuando conoció a Inuyasha y cuando su única preocupación era pasar los exámenes y que sus amistades no se enteraran de que ella podía viajar 500 en el pasado para poder pelear contra la mitología japonesa. Esos eran tiempo difíciles, sí; pero también divertidos, la mayoría de las veces, y no como ahora que tenía que luchar contra vampiros siendo ella uno de ellos y tener que limpiar sus manos de la sangre de aquellos seres que antes habían sido humanos, como ella.

—¿Señorita?

No había escuchado cuando ese hombre la había llamado ni mucho menos sintió su presencia acercándose. La llamó de nuevo y golpearon el vidrio con más intensidad llamando así su atención. —¿Señorita, se encuentra bien?

Saltó ligeramente en el asiento, enterró las largas y afiladas uñas en el cuero del volante y siseo como víbora enfurecida hacia el intruso que la había sorprendido. —¿Qué sucede?

—Etto…yo…gomen. –dijo antes de desaparecer corriendo espantado de ver esos fulminantes ojos rubíes y casi podía jurar que brillaban en la oscuridad y por Kami, creía haber visto colmillos en esa sonrosada boca.

—Shimatta. –maldijo hacia todo y hacia nada antes de bajar del auto tratando de que ni su vestido ni sus zapatos se mancharan de lodo. —Kuso, kuso, kuso, kuso, kuso. –continuó así hasta llegar a la entrada de la mansión Ueda en la espera de poder entrar y empezar de esa manera su búsqueda por el fragmento de la Shikon no Tama.

Cruzó el antiguo arco de piedra envuelto en vegetación encontrándose con dos corpulentos "hombres" que resguardaban la entrada. —Bienvenida. –dijo el que parecía ser el encargado de recibir a los invitados haciendo una reverencia.

Nauseabundo vampiro. –pensó dándose cuenta de que esos dos negros y fornidos hombres eran vampiros de baja calaña. Una cosa que Akuma le había dicho era que nunca, pero nunca, bajara la cabeza ante nadie que no fuera él, Raynard o alguien de mayor edad.

—Pase por favor. –dijo el otro hombre haciendo una demasiado grave reverencia como para poder parecer real. —La fiesta está empezando. –se hizo a un lado dejándola pasar a esa estancia elegantemente adornada con las cosas que el dinero en exceso podía comprar.

Los candelabros colgando desde el alto techo, las alfombras de deliciosos dibujos, las fuentes de exquisitas y extravagantes carnes, las botellas de espumoso champagne a manos de los meseros que rondaban el salón escanciando un poco más de ese embriagador líquido en las copas semi vacías de los invitados, una bastante grotesca pintura haciendo espejismo de los pecados del hombre, y una enorme escalinata conectando el primer piso con los superiores.

Caminó entre los pomposos vestidos de las personas hasta llegar hasta el bar que se encontraba en el fondo de una pequeña habitación junto a la orquesta. Miró a su alrededor dándose cuenta de que la mayoría de los presentes eran vampiros y solo unos cuantos incautos humanos estaban presentes. —Será una noche larga y dura. –dijo casi en un susurro antes de llevar a sus labios una copa de cristalino líquido dejando que las burbujas jugaran en su garganta.

—No lo sería si estuviera con usted. –dijo un joven pelirrojo que se acercaba con paso felino haciendo juego con su socarrona sonrisa. —Después de todo, una dama no debería de venir sola a una fiesta tan peligrosa.

¿Es que siempre los hombres creían que adulándola podían llevarla a la cama? —No veo nada peligroso viniendo sola, veo más peligro si me quedo con usted. –dijo sin mirarlo a la cara pues para que desperdiciar su buen momento teniendo que encarar a un perfecto imbécil.

—Ouch. –dijo en broma mientras que con un movimiento de mano el camarero le daba una nueva copa de extremadamente espeso vino. Hizo amago de iniciar una conversación nuevamente negándose que una mujer como esa se le escapara de las manos pero antes de poder siquiera poder abrir la boca, una voz altiva y orgullosa se alzó por encima de la música y los murmullos.

—Bienvenidos sean hermanos míos, veo que todos han decidido venir a pesar de la estúpida advertencia de los Jokunai de mandar a su mejor agente para demostrarnos su poderío. –dijo una voz masculina demasiado conocida por Kagome pero que simplemente no podía distinguir de donde es que lo había escuchado.

Cuando trato de mirar por encima del hombro para poder ver de quien era esa voz se vio sorprendida por una enorme masa ondulante de gente que se había glutinado en la parte central del salón para poder escuchar a su jefe. —Kuso, ahora no podré ver su rostro pero no puedo dejar de pensar que conozco esa voz. Debo de acercarme. –se levantó de su asiento enfrente de la barra y caminó haciéndose espacio entra los uniformes cuerpos de las personas que allí se encontraban.

Varias fueron las protestas de las personas que se veían bruscamente empujadas de un lado hacia el otro por esa mujer que se hacía camino por entre sus cuerpos. Hubieron varios golpes e insultos pero nada demasiado grave y por supuesto nada que hiciera que desviaran su atención de la figura central que se alzaba imponente en el piso superior.

—Me honran enormemente al tenerlos aquí. –dijo ese hombre alzando su copa de vino en el aire haciendo un brindis en la salud de los presentes. —Supongo que todos se preguntaran el porque de mi llamado como nueva cabeza del clan. –dijo con seguridad antes de proseguir. —¿Alguno de los presentes conoce algún artículo capaz de conceder la vida eterna, el poder, dinero interminable o cualquier deseo que se les pueda ocurrir? —dijo sin hacer reparos en las quejas y cuchicheos de los presentes.

—Eso es imposible Hakushaku–sama, además para que queremos vida eterna cuando ya la poseemos. –dijo burlonamente un hombre desde una esquina del salón. —Además el dinero y el poder no han sido problema para los de nuestra clase ya que con solo contar con vida suficiente podemos amasar una basta fortuna y comprar el poder, o no es así mis queridos amigos? –dijo ganándose más de un aplauso de aprobación y una que otra risita nerviosa.

—Es verdad. ¿Pero que me dicen del sol? ¿Pueden comprar su seguridad de que no los quemará hasta hacerlos cenizas? –los cuchicheos que antes se escucharon cuando hablo por segunda vez se incrementaron ligeramente. —¿O que pasa con las afiladas puntas de las estacas que atraviesan sus corazones? ¿También pueden cubrirse de ellas con un fajo de billetes? –nuevamente la vos de los invitados se alzó dando a conocer sus puntos de vista a esas preguntas compartiendo sus opiniones con sus vecinos. —Díganme entonces hermanos. ¿Pueden comprar el mundo en el que vivimos sin tener que pelear batallas largas y además tener el derecho de caminar bajo el mismo sol que los calcina? –lo que antes habían sido susurros nerviosos ahora eran gritos exaltados que se alzaban por la música casi aplacando los frenéticos aplausos.

—¿Y cómo demonios piensas hacerlo? –gritó frustrado un hombre con valor suficiente para enfrentarse de manera tan abierta al que ahora era su jefe.

—Fácil. –dijo sin mucha importancia. —Kagura.

¿Kagura? No puede ser la misma Kagura que conozco, simplemente no puede ser porque sino… –se aventuró un poco más entre esa marea de excitada gente y ante sus ojos se presentaba altiva la figura de Naraku que en vez de vestir sus extrañas ropas vestía un frac negro. —Naraku. Masaka. –dijo casi en un susurro desesperado desencadenando los dolorosos recuerdos que había bloqueado cuando partió del Sengoku.

—¿Conoces a Naraku–sama? –dijo una voz a sus espaldas. Voz que reconoció como el que anteriormente le había dicho que descaradamente le había dicho que pasara la noche con él.

—Podría decirse que sí. –­dijo sin siquiera pensar en lo que decía ya que su cerebro se encontraba conmocionado de verlo ahí, tan fuerte y sonriente como siempre. —¿Es que Inuyasha no acabó con él?

—Que extraño. –dijo el joven pelirrojo peinando sus cabellos con la mano. —Naraku–sama ha venido apenas con nosotros desde el Sengoku hace apenas 1 año, más o menos cuando nuestro anterior jefe murió a manos de Akuma. –esto último lo dijo con claros sentimientos de venganza ya que el anterior jefe de los Jāku había sido conocido como un pacificador, como un hombre noble que había detenido las matanzas sin sentido por solo unas cuantas muertes para poder alimentar a sus "hijos". —¿Cómo es que conoces a Hakushaku–sama? ¿No me digas que eres un vampiro antiguo? –inquirió con increíble sorpresa.

¿Cómo responder a una pregunta que no podías? Guardó silencio haciendo caso omiso a las preguntas que ese inquieto hombre le desplegaba. —¿Qué demonios está haciendo Naraku aquí? ¿Será que el objeto que dice poseer que puede cumplir los deseos es la Perla de Shikon? Eso podría ser, después de todo nunca la pudimos hallar cuando su cuerpo desapareció y la dimos por perdida y además Akuma me ha mandado por que cree que el fragmento que le han robado está aquí.

—Señoras y Señores, déjenme presentarles… –dijo después de que Kagura apareciera cargando una pequeña caja de madera negra del tamaño de las que portan los anillos de compromiso. —La famosa Shikon no Tama. –dijo abriéndola dejando que los miles de colores jugaran con la luz artificial que alumbraba el lugar.

—Eso es una falsificación. –gritó un anciano hombre que se sostenía con un bastón con empuñadura de oro. —¡Todos sabemos que la perla de Shikon nunca existió! Ese hombre solo quiere engañarnos hermanos míos.

—¿Y que tal si es verdad? ¿Pero y solo lo hace para ganarse nuestro apoyo? ¿Qué haremos si en verdad la afamada perla? ¿Quién tendrá el privilegio de usar ese deseo? –esas y mil preguntas más rondaban el aire siendo conjuradas por los nerviosos asistentes.

—Les juro que no es ninguna broma. –dijo serio Naraku mientras que bajaba los escalones de la escalera de caracol hasta poder reunirse con sus invitados. —Este es la famosa perla que la sacerdotisa Midoriko creo después de sellar las almas de los demonios contra los que peleo sin descanso.

—Pero estaba destruida. –dijo una tímida mujer desde una esquina perdiendo el valor cuando noto esa profunda y maligna mirada posada sobre ella.

—Yo mismo provengo del Sengoku, y lo saben, pero acaso saben como es que he podido traspasar la barrera del tiempo?

No hubieron respuestas coherentes sino solo murmullos que planteaban hipótesis, algunas valiosas y otras totalmente descabelladas pero ninguna tenía la validez para ser cierta hasta que escucharon de los propios labios de ese hombre que había sido por el poder escondido de la perla por la cual había podido llegar a esa época.

—Increíble. –gritaron todos al unísono lanzándose curiosos hacia ese objeto de su encanto.

—Pero… –dijo alejando a los atrevidos que se habían acercado. —Hay un ligero percance.

—Lo sabía. –dijo el anciano hombre que antes había refutado la historia de la perla. —Lo que dices son puras mentiras.

—Iie.

—¿Entonces cual es la trampa?

—No hay ninguna.

—¿Entonces que demonios es ese percance del que nos hablas?

—No está completa.

El disgusto había quedado claramente demostrado cuando los colmillos se hicieron presentes en las dentaduras y los ojos de distintos colores se tornaban rojo sangre con una amenaza clara y sus siseos asemejaban a un panel de abejas furiosas listas para atacar. Ellos no eran gente con la que se podía bromear.

—Calma. He dicho que no está completa, sí; pero mírenla. –dijo alzándola sobre las cabezas de los amenazantes personajes. —Solo es necesario un fragmento y el mundo será nuestro.

—¿Pero que es lo que ganas ayudándonos?

—Nada, solo que deseo ser la cabeza del nuevo clan que se alce sobre la superficie.

—Patrañas.

—Esa es mi oferta, son libres de rechazarla o aceptarla, no los obligo a nada.

—Podemos robártela y matarte para poder quitarte la perla.

—He considerado esa posibilidad, créanme. Pero no creo que les sea prudente ya que quien de ustedes sabe como activar el fragmento? –solo el silencio sepulcral le respondió. —Eso creí. –dijo con suficiencia.

—¿Pero como sabemos que no nos estás mintiendo?

—No lo saben. –dijo dando la media vuelta mientras subía las escaleras perdiéndose en la invisibilidad del segundo piso siendo seguido por Kagura que cargaba la pequeña caja con la preciada joya.

Se habían quedado en silencio pesando las posibilidades, los pros y los contras con los que se veían enfrentados. Podían tener la vida eterna sin tener miedo a nada, pero a cambio de que? ¿Estaban dispuestos a jurar lealtad eterna a un ser que ni siquiera era como ellos sino que solo era una vil y asquerosa mezcla de youkais? Inconcebible. ¿Entonces cuales eran las opciones que les quedaban? ¿Morir de hambre, ser asesinados por los vampiros contrarios en una guerra sin fin, calcinarse bajo el sol? Ninguna de ellas era algo que pudieran aceptar y lo único que quedaba era aceptar la propuesta de ese hombre, por más indignante que les pareciera.

—Supongo que aceptaremos. –dijo el anciano hombre que se había puesto en contra de ese hombre desde que apareció y que refutaba la existencia de la perla.

—Usted es el venerable anciano Shinju y nuestros problemas siempre lo hemos consultado con usted así que nos gustaría saber que es lo que opina.

—Odio esta idea, pero no veo opciones viables conforme las cosas van.

—Entonces está dicho. –dijo una voz desde el fondo. —Aceptaremos la oferta.

—Yami. –llamó el anciano hombre. —¿Dónde está Yami?

—Aquí estoy Shinju–dono. –dijo el pelirrojo acompañante de Kagome que la dejó para acercarse hasta ese hombre y presentarle sus respetos reverenciándolo y besando un anillo de piedra de tigre. —Estoy a sus órdenes.

—Yami. –dijo el encorvado personaje. —Me alegra verte por aquí. Dime, es verdad lo que dicen los demás? ¿Qué tienes buenas relaciones con aquel que se hace llamar Naraku?

—Debo de decir que son buenas relaciones las que mantengo con él pero no son de amistad.

—Eso poco importa, hijo mío. –dijo posicionando una mano arrugada en el hombro de ese hombre. —La amistad no es necesario en lo que necesito pedirte.

—Lo que usted diga Shinju–dono.

—Necesito que seas el portavoz de nuestra decisión.

—Si eso es lo que desea. –dijo reverenciando al hombre antes de caminar alejándose de él.

—Yami, solo una cosa más. –dijo ahogando un suspiro en su cansada garganta. —Necesito que verifiques que la perla es auténtica.

—Hai, Shinju–dono.

—Etto… Yami–kun… –oh como odiaba tener que pasar como una sumisa jovencita cuando quería salir en ese instante de ese lugar y alejarse de la lujuriosa mirada de ese joven que ahora le dirigía después de haberlo llamado. —Me gustaría poder conocer a Naraku-sama. –genial, ahora trataba a la escoria de Naraku como a un ser superior. ¿Qué sería lo siguiente, besarle las botas llenas de fango?

—¿Es eso cierto lo que dices? –dijo completamente ilusionado el hombre. —Demo… no creo que sea pertinente que lleve a alguien que recién acabo de conocer a ver al jefe del clan. Bien podrías ser la famosa asesina Kagome.

Mierda. –su mente gritó al escuchar que sospechaba de ella. Tenía que idear un plan y rápido. —Yo…

—Pero eso no podría ser posible, verdad? Tú no eres nada a lo que los demás describen. Tú no tienes los labios demasiado abultados, ni frente prominente, ni enredado cabello, ni nariz pronunciada.

Genial, ahora me he convertido en un adefesio.

—Pero no me has dicho como es que te llamas.

—Akemi…Shirane.

—Encantado de conocerla Shirane–san o debo decir, Akemi–chan?

La noche no podía empeorar más. Primero una pelea con Takiira por un estúpido vestido, segundo ser estúpidamente sorprendida por un humano y si hubiera sido un enemigo se podría dar por muerta, tercero la muy desagradable sorpresa de que Naraku y Kagura se encontraban en esa época por no decir que se encontraba horrorizada de saber que ese vil ser poseía casi por completa la perla de Shikon, y cuarto tener a un imberbe y lujurioso joven tras de ella.

—Como guste, Yami–kun.

—¿Entonces dice que su deseo es conocer a Naraku-sama? Podría arreglar ese pequeño detalle con solo un pequeño favor de su parte.

—¿Cuál sería?

—Un beso.

—¿Na…ni?

—Hai, un beso.

Akuma le dijo que usara cualquier medio para acercarse lo más posible hasta donde ella creía que estaba el fragmento pero ahora teniendo la certeza de que ahí se encontraba la perla incompleta pues las cosas necesitaban ser más drásticas. —Acepto. Pero solo después de conocerlo. –muy bien, si las cosas seguían como planeado solo tendría que robar la perla y desaparecer sin ser vista y de esa forma poder escapar de los labios de ese hambriento joven.

—Entonces sígame. –dijo indicando las altas escaleras de caracol que se erguían en el centro del gran salón.

Subieron sin prestar atención a las miradas curiosas de los demás hasta llegar a un rellano que daba paso a un largo y angosto pasillo en el cual habían hermosas pinturas predispuestas en el tétrico pasadizo pero no era hora de dejar que su lado artístico tomara control y se quedara apreciando los delicados trazos y mucho menos cuando cierto pelirrojo la tomaba el brazo guiándola hasta la habitación principal, ansioso de así poder cobrar su recompensa que ella le entregaría. Si se miraba de cerca podía creerse que era un hermano de ese monje libidinoso con el estuvo tantos años.

Deseaba que el trayecto durara un poco más pero desafortunadamente la puerta que habían estado buscando se encontraba frente a ellos. No había membretes ni nada que distinguiera esa habitación de las demás así que "Yami–kun" debía conocer demasiado bien los alrededores de ese lugar. Solo fue necesario que tocaran una vez la puerta para que esta se abriera automáticamente.

—Con su permiso, Naraku–sama.

Muy bien, era en ese momento en que volvería a ver a ese personaje desde que hacía ya 5 años pensaba se encontraba muerto. ¿Qué es lo que debía hacer? ¿Pasar desapercibida o empezar con un ataque que los tomara por sorpresa y exigirle el fragmento de la perla? ¿Él sería capaz de reconocerla? ¿La delataría solo por el placer de ver como una horda de furiosos vampiros cobraban venganza por sus compañeros caídos o simplemente actuaría como si no la conociera? Todo era un misterio cuando concernía a esa distorsionada mente.

—¿Yami–san, que es lo que te trae por este lugar?

—Naraku–sama, veo que sigue manteniendo su habitual sentir del humor.

¿Sentido del humor? Ese hombre no tiene espacio para esas banalidades cuando está corrompido por la maldad? –pensó mientras que se ocultaba tras la espalda de su acompañante esperando una oportunidad de poder ver donde es que guardaba el fragmento.

—¿Cómo no tenerlo cuando tengo todo lo que quiero? –dijo encogiéndose de hombros en su amplio sillón de cuero rojo.

—Entonces supongo que ya conoce la respuesta, ne?

—Aa.

—Shinju–dono me ha pedido ver la perla para comprobar su autenticidad, espero que no le moleste.

—Por supuesto que no es molestia, además es normal que el viejo Shinju sea precavido. –dijo mientras se levantaba y se encaminaba hasta una caja fuerte a la vista de todos ya que quien se atreviera a robarle a Naraku sería un completo idiota y un suicida. —¿Desea algo de beber?

—Gracias, pero creo que es suficiente para mí por esta noche.

—¿Y para su "acompañante"? –continuó haciendo énfasis en la palabra "acompañante" como para demostrar que la había descubierto.

Un trueno cercano y potente iluminó la estancia haciendo retumbarlos vidrios y por una milésima de segundo la luz desapareció dejando el cuarto en penumbras para después con la misma rapidez con la que se había ido, la luz regresó vacilante para luego adquirir su tonalidad.

—Vaya, la tormenta ha empeorado.

—¿Akemi–chan, daijobu? –dijo cuando sintió que ella se aferraba desesperadamente a su brazo pero decidió que su actitud se debía a que le tenía miedo a los truenos.

—¿Akemi–chan, eh? –dijo Naraku caminando hasta ella. —Encantado de conocerla. –dijo extendiéndole la mano.

Era más que obvio que él sabía quien era ella, pero porque no la delataba? ¿Pensaba jugar con ella un poco más? Pero si ella no quería delatarse tendría que jugar su juego. —Un placer conocerlo Naraku–sama. –dijo estrechando esa helada mano entre las suyas. —Genial, ahora tengo que prestarle respeto.

—¿Me conoces? Que honor es para mí ya que no pensé que alguien como usted sabría de mi existencia. –si leía bien entre líneas lo que ese hombre quería decir, entonces el mensaje sería algo así: "Es una sorpresa verte con vida, no pensé que nos volveríamos a encontrar.

Muy bien. Quería jugar a los acertijos y ella también jugaría. —Apenas hoy he tenido el placer de verlo en persona pero he escuchado de usted. –dijo siguiendo las reglas de ese juego queriendo decir: "Maldito. Pensé que habías muerto. ¿Qué demonios haces aquí?

—Siendo un hombre de negocios no me sorprendería que algunas personas supieran de mi existencia pero usted me sorprende.

Kuso, quiere confundirme o no? Shimatta, si tan solo pudiera hablar claramente. –estaba completa y absolutamente frustrada por tener que actuar. —Una mujer debería de estar interesada en los negocios y más como van las cosas en el país, no lo cree?

—En efecto ya que pronto podría ocurrir algo que descontrolara el mercado de valores y ambos sabemos que consecuencias podrían acarrear sobre el mundo.

—¿Acaso puede ver algo que nosotros no?

—Iie, solo tengo visión para los negocios pero no creo poder compararme con ustedes.

Genial, sabe que soy una de ellos pero sería tonto de mi parte el pensar que no se daría cuenta.

—Akemi–chan veo que viene acompañada por un galante y prestigiado caballero pero… no con el que pensé que vendría. –dijo con fingido azoramiento.

Maldito. –¿Es que ese…ese…lo que fuera disfrutaba con su dolor? —Kagome no baka, pero claro que lo disfruta, después de todo es Naraku, ne?

—Me temo que no sé a que se refiere.

—¿Ah, es que no era conocida de Inuyasha? Juraría haber visto su foto con él en algún lado.

—Temo decir que hemos perdido contacto con el paso de los años.

—Lamento escuchar eso pero creo que se alegrará de saber que él está aquí en Japón.

Inuyasha? No, eso no podía ser verdad. Él no podía estar en su época. ¿Por qué? –ese hombre debía de estar mintiéndole o por lo menos eso es lo que ella quería creer ya que no era posible ni justo.

—Parece sorprendida. ¿Cómo, no lo sabía? Oh cuanto lamento haber arruinado su sorpresa. Estoy seguro de que pronto lo verá.

Maldito.

—Espero que me pueda llamar cuando se reencuentren porque estaré más que ansioso de verlos "juntos" una vez más.

La lluvia caía ahora con mucha más fuerza como si personificara la propia furia que bullía dentro de ella dejándola salir por medio de los relámpagos y truenos que desgarraban el manto estelar. Un fuerte y muy oportuno trueno resonó en la casa seguido de una explosión cuando la caja de los fusibles se fundía a causa de la descarga eléctrica dejando el cuarto en penumbras dejando que las sombras de los muebles se alargaran tomando dimensiones grotescas.

El palpitar de su corazón en los oídos era tan fuerte que creía que todos podían escucharlo. Ella no era como los demás de su "nueva especie", no le calcinaba el sol cuando salía, no necesitaba alimentarse solamente de sangre para poder sobrevivir, no era fría al tacto, no había perdido su latir, no poseía su misma fuerza pero la propia si había incrementado, ella podía actuar como una humana sin levantar sospechas pero en lo único que si tenía en común era que cuando se sentía amenazada o necesitaba pelear sus ojos se tornaban carmesíes.

Un nuevo relámpago iluminó durante segundos la habitación arrancando una serie de destellos rosados a la perla indicando que aún se encontraba en la palma abierta de Naraku. Solo tendía que extender la mano para poder tomarla entre las suyas, cosa fácil pero conociendo los antecedentes, como ella los conocía, las cosas no podían ser para nada fáciles.

Valor Kagome, esta es la única forma en que podrás liberarte.

Un solo y fluido movimiento había sido necesario para que esa perla quedara presa en sus manos. Estaba fría y ligeramente ennegrecida, probablemente por los años que había permanecido en manos equivocadas, necesitaría ser purificada por una sacerdotisa. Tendría que buscar a una que hiciera el trabajo.

Listo. –solo era necesario escapar antes de que se dieran cuenta y de que la luz la descubriera.

El ventanal no se encontraba demasiado lejos de su alcance y con un solo salto podría alcanzarlo y escaparía. La caída no sería demasiado larga tampoco teniendo en cuenta de que se encontraban en el segundo piso. Contaba con una de las "bendiciones" de los de su especie, su increíble equilibrio. No hubieron segundos pensamientos cuando estrelló su delicado y aparentemente frágil cuerpo contra el ventanal dejándose abrazar por el frío aire que chocaba contra su piel.

Y en la oscuridad penetrante de la tétrica habitación una sonrisa amplia se extendía por la cara de Naraku. —Todo salió como quería.

Ahora a correr. –el bosque de coníferas no se encontraba para anda lejos de donde ella estaba y su libertad se encontraba al igual a pocos metros. Si corría interrumpidamente con velocidad adecuada podría llegar hasta ese lugar antes de que los demás salieran en su búsqueda.

Anō… ¿Akemi-chan? –estaba preocupado por ella ya que el sonido de los vidrios al romperse podría asustarla pero extrañamente su presencia no se podía sentir por ningún lado.

La luz reapareció segundos después cuando los sirvientes se encargaron de arreglar la caja de fusibles que se habían fundido. Las sombras atemorizantes tomaron sus dimensiones normales. Fue necesario cerrar los ojos durante pocos segundos para que la luz no los cegara.

—Yami–san.

—¿Qué sucede Naraku–sama?

—Akemi–chan ha desaparecido y se ha llevado la perla consigo.

—No… no, no puede ser. –inspeccionó todos los lugares en donde ella se hubiera podido esconder pero entonces recordó el sonido de los cristales. Se acercó hasta el alfeizar de la ventana viendo que entre los fragmentos de vidrio habían pequeñas gotas de sangre. —Maldición. –gruñó antes de lanzarse escaleras abajo para poder dar aviso a los demás para que comenzaran la búsqueda de la traidora. Se había metido en la boca del lobo y ahora sería devorada.

Suerte, "Akemi–chan". –disfrutó enormemente verla sudar cuando lo vio y más cuando ella creyó que se podría salvar así de fácil. —Solo dejaré que el tiempo haga lo que debe de hacer. –dijo antes de retomar su asiento en el sillón.

Sus pisadas apresuradas llamaron la atención de todos los que estaban en el piso inferior por lo que levantaron los rostros encontrándose con el joven y prometedor Yami con la cara tan blanca como a cera buscando desesperado con la mirada a alguien.

—Shinju–dono, Shinju–dono. –casi gritó mientras se precipitaba al encorvado anciano que descansaba en una de los sillones dispuestos alrededor de la sala.

—¿Qué sucede Yami–kun? ¿La perla era falsa?

—Debemos darnos prisa Shinju–dono, no podemos dejar que ella se aleje.

—¿De que hablas Yami? –dijo molestó uno de los tantos acompañantes del honorable anciano. —¿Quién es ella?

—Akemi–chan, ella se llevó la perla. –dijo de un solo respiro tratando de apresurar las cosas y poder darle caza a la presa lo más pronto posible.

—¿QUÉ? ¿Pero de que demonios hablas? ¿Quién es Akemi–chan?

—La conocí esta noche, nunca la he visto.

—¿Y por que demonios ella debía de estar donde la perla? Te hemos dicho solo a ti que fueras a verificar su autenticidad.

—Ella me pidió conocer a Naraku–sama.

—Yami–kun. –intercedió el mayor de los presentes, Shinju–dono. —Explícame como es que dices que ella tiene la perla.

—Naraku–sama la tenía en la palma de la mano para que yo la pudiera ver pero cuando se ha ido otra vez la luz ella tomó la Shikon no Tama y escapó por el ventanal.

—Naruhodo. –con una agilidad poco característica de las personas de la edad que aparentaba se incorporó siendo imitad por los demás.

—¿Shinju–dono, cree que ella puede ser…?

—Hm.

—¿De que hablan? –dijo molesta una rolliza mujer. —Creo que todos merecemos una explicación.

—Ella es la invitada que nadie esperaba. –dijo simplemente antes de salir por las anchas puertas para entonces poder "cazar" a su presa.


Momento cultural:

Aa: Sí.

Jāku: Bando contrario al que está Kagome.

Etto: Este…

Gomen: Perdón.

Shimatta: Maldición.

Kuso: Mierda.

Hakushaku: Conde. Kagome uso ese nombre para referirse a Akuma pero también es usado por los demás vampiros para referirse a la cabeza del clan.

Masaka: "Increíble", "No lo puedo creer".

Iie: No.

Demo: Pero…

Daijobu: ¿Estás bien?

Anō: Este… Eh…

Naruhodo: Ya veo.


Muchas pero muchas gracias a esas personas que se toman el tiempo de leer !! En verdad lo apreciamos muuucho!!

Debido a que las ideas no llegan como deberían pues quería pedirles sus correos para poder avisarles cuando es que hay una continmuación porque luego las personas que no estan registradas no saben que ya hemos actualizado.

Si surgen preguntas o simplemente comentarios pueden hacerlos en mi correo: Si es que me agregan por el msn pues quiero que sepan de antemano que no soy buena conversadora XD

No olviden dejar sus Reviews diciendo si es que les ha gustado el capítulo o simplemente preguntar algo. Solo denle "click" en el botón de color lila en el fondo del capítulo!!

Pd. Estoy escribiendo un fic en solitario de Ranma 1/2, así que pasen mi perfíl en unos 15 días si es que les interesa. Supongo que Rumiko me dejó un poco inquieta con sus finales


Idea principal: ANAIVIV

Producción y Edición: Mussainu