Kyūketsuki

By: ANAIVIV y Mussainu

Disclaimer: Inuyasha sigue perteneciendo a Rumiko Takahashi pero la historia es de nuestra autoría.

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—aaa— diálogos

aaa— pensamientos

VIII. No tienes que prometerme la luna Alerta cítrica

—¿Kagome?

—¿Sí?

—Te deseo.

—Lo sé.

—¿Kagome?

—¿Sí?

—Te extrañé.

—Yo también te extrañé Inuyasha.

—Yo… lo lamento, no qui…

Le interrumpió esa frase. No quería tener que revivir ese doloroso momento en que lo vio empapado de lluvia y ella con los ojos manchados de penas. Ahora estaban empapados, compartiendo la humedad del ambiente pero con una razón completamente diferente.

Adiós a los sofismas que se entretejían en sus relaciones y hasta la vista a los perjuicios de verse opacados por una sábana de mentiras y falacias. Ahora estaban ellos dos en su completa humanidad y pureza admirándose con inocentes ojos reconociéndose en su entereza.

La lluvia había cesado y las nubes reculaban hacia ayeres fructíferos en los cuales renacer nuevamente acunando nuevas lágrimas que llorar sobre la fértil tierra. Ya pronto habría tiempo de charlas como para desperdiciar esos preciados segundos que se escapaban del reloj como el incomprensible padre que era, siempre dominando, siempre transcurriendo.

Se veía reflejada en el fulgor traslucido que esos soles emanaban siendo alumbrados por la inmensa luna que brillaba silente en el cielo. Los brazos fuertemente colocados a cada lado de su cabeza impidiendo cualquier forma de escape, los labios tan cerca que su aliento chocaba contra la piel helada por la lluvia de su cuello y mejillas, la piel tan cerca que el calor corporal rebosaba por todos sus poros uniéndose con el ella, las piernas envolviendo todo su cuerpo acercándola más hacia él y una permanente mirada de desconcierto en los ojos.

—Sigues siendo el mismo. –comentó con naturalidad.

—No lo creo.

—Si.

—¿Por qué lo dices?

—Sigues teniendo esa mirada de tonto.

—Bonita manera de arruinar el momento.

—¿Momento de que? –la fingida inocencia siempre había servido para lograr sus anteriores cometidos y no veía porque no usarla ahora solo para poder ver a Inuyasha más confundido y sonrojado que nunca en la vida hubiera pensado.

—Etto… de… pues… ya sabes… –giró su muñeca con cierto nerviosismo mientras buscaba palabras que expresaran algo.

—Me temo mucho, Inuyasha, que no sé de que me hablas.

Se le veía a leguas que luchaba contra el embarazo y la falta clara de ideas con las cuales poder enfatizar sus pensamientos. Veía la clara necesidad tatuada en los ojos de Kagome, la misma que sus ojos presentaban, pero no tenía mucha experiencia en esa rama como para poder declarar que era deseo lo que en ella veía ya que Kikyo no era un buen parámetro en cuanto a relaciones y expresiones humanas se refería.

Kagome no pudo evitar reír divertida al ver los vanos intentos de Inuyasha de puntualizar que esperaba casi con ansias poder "dormir" con ella. Si tan solo él hubiera asistido a las clases de salud que impartían en la escuela las cosas le hubieran resultado menos engorrosas.

—Baka.

—¿Pero de qué demonios te ríes mujer?

—De ti.

—Hum. –si hubiera estado de pie, Kagome podría jurar que se cruzaría de brazos y miraría hacia el otro lado.

—Inuyasha.

—¿Qué?

No dijo nada. No quería manchar con insulsas palabras lo que en ese momento la embargaba. Solo tenía el presente, ya que el mañana a pesar de ser tan inseguro como la misma caprichosa suerte, lo tenía casi previsto y en su haber no había un "nosotros" ni un "mañana" que los incumbiera así que para poder recordar los viejos tiempos y poder tener un recuerdo que conmemorar de su último encuentro con Inuyasha, quería que esa noche se congelara en el tiempo y hacerla eterna.

Cerró los ojos con calma y lo atrajo hacia ella asiéndolo del cuello. Le besó con ternura propia de la misma inocencia tratando de recordar la textura de sus labios contra los de ella. Dejó que sus dedos recorrieran la extensión de esas hebras blanquecinas desenredándolos con las yemas disfrutando de esa suave textura que aún se mantenía después de los pocos, casi inexistentes, cuidados que el hanyou le proporcionaba. Hasta podría decirse que le envidiaba.

Un beso tímido y casi virginal era el que compartieron antes de separarse y quedar ensimismados en las piscinas que mostraban sus ojos nublados por las ansias de pasión contenida. El frenesí borboteando. Las ganas más puestas que nunca.

Las palabras fueron olvidadas en un recluso rincón de la mente ya que no había necesidad de hacer uso de ellas cuando las manos eran mejores expresionistas que sus propios labios. No por algo decían que las acciones hablaban mejor que las palabras.

Las prendas superiores se encontraban descartadas, ya desde hacía un buen tiempo, en el suelo sin ningún cuidado haciendo más accesible el recorrido que sus manos ansiosas deseaban recorrer. Ambos se miraban interrogantes, casi dudosos, temiendo alguna reacción negativa de parte de su pareja con cada centímetro explorado.

Inuyasha dejó que sus garras vagaran por el costillar de Kagome asombrándose de lo terso que era y lo delgada que estaba, cosa que no le agradó en lo más absoluto. Turgentes y orgullosos se presentaban sus pechos llamando su atención con cada inspiración presionándose contra su desnudo torso. Dubitativo se alejó de su rostro y pasó a besar nuevamente ese cuello del mármol más blanco pasando la lengua por los orificios aún presentes en su cuerpo tratando de borrarlos. Pasó sus labios por las pequeñas marcar enrojecidas que estaban en un hombro y repitió el procedimiento alegrándose cuando escuchó sisear a Kagome sin saber si era por dolor o simplemente de gozo.

—Oh… Dios. –dejó escapar Kagome entre suspiros y estertores al sentir esos labios apresando la parte más sensible de su pecho.

Podría haber sido el atavismo el reinante en ese momento ya que pronto ella se vio abandonada al instinto dejando que sus propias manos vagaran por la espalda desnuda de Inuyasha que presentaba las marcar de las batallas libradas con ella y sin ella. Una pequeña pero profunda herida sobresalía de las demás por los poderes que aún se podían percibir a pesar de los años.

—Kikyo. –reconoció con cierta amargura. Después de todo a nadie le gustaría que la mujer por la cual te habían abandonado había curado sus heridas cuando ese trabajo era solamente suyo.

—Pensé que era con KAGOME con la que me iba a acostar. –respondió burlándose sin percibir el cambio de acciones de la mujer que estaba debajo de él. Simplemente estaba demasiado concentrado en disfrutar de la piel de sus senos en su boca como para prestar atención a lo demás.

—¿Solo sexo, eh? ¿Me pregunto por qué no me sorprende?

Separó sus labios de la piel turgente para mirarla con verdadera inocencia e incredulidad.

—¿Qué es esto? –dijo indicando su cuerpo con un dedo su cuerpo desnudo. —¿Es solo sexo, no? No sé como podría haber creído que podríamos volver al pasado.

—No comprendo que es lo que me quieres decir pero quiero decirte que esto no es solo sexo, Kagome. Reconozco que me he acostado con Kikyo en los últimos años, pero nunca, y óyeme bien, nunca me he sentido así con ella. Con ella solo es para calmar ese instinto carnal que a veces me domina y esto, contigo, no es nada de eso. Yo… yo…

—No Inuyasha. –declaró poniendo su dedo índice sobre sus labios acallándolo. —Solo… solo hazme tuya y así dime lo que sientes.

Sí, lo mejor sería no saberlo. No haberlo escuchado para que cuando partieran las cosas no quedaran más que en un grato recuerdo de dos amantes que en una noche se bebieron hasta embriagarse.

Asintió dubitativo antes de dejar que sus propias garras desprendieran la única prenda que aún la mantenía lejos de su propio contacto, la parte inferior del vestido verde. Blancas y largas piernas rodearon su cadera acercándolo más hacia ella. Casi podía jurar sentir la calida energía que desprendía cierta parte de la anatomía femenina.

Siseó feralmente ante la sola idea de sentirse dentro de ella. La necesitaba y ya nada ni nadie lo detendrían de lograr su cometido. Al diablo Kikyo, al diablo el resto de la perla, al diablo los malditos bastardos que le habían arrancado la inocencia a Kagome.

Sentir la tersa piel de sus piernas tan cerca de su centro le provocaba que sus rodillas temblaran ligeramente amenazando con dejarlo caer y aplastarla con su peso.

—¿Inuyasha, estás seguro de que deseas hacerlo?

—No estoy muy familiarizado con esto de las relaciones entre hombre y mujer pero, ¿No se supone que esa es mi línea?

—Sí, supongo que sí. Pero como van las cosas, parece que el "Seme" en la relación soy yo, ne?

—Oye. –renegó bastante ofendido con esa comparación. Nunca, pero nunca él sería el "Uke" de nadie y mucho menos de una mujer. ¿Quería acción? Pues la tendría.

Con una mordaz sonrisa y un movimiento lento, delirante dejó que su palpitante miembro rozara baladí la húmeda cavidad en la que ansiaba enterrarse con prontitud sin embargo no era el momento ya que "ella" debería de ser "castigada" por haberlo un débil en la relación. No le daría lo que ambos deseaban hasta no haberla escuchado gritar su nombre y rogar por él.

—¿Decías?

—Yo… lamento lo que dije.

—Me parece muy bien.

—Inuyasha yo…

—¿Qué quieres?

Dios, nunca pensé que mi rostro pudiera sentirse tan caliente. –caliente era una palabra sobrante y carente de profundidad para expresar como es que sentía su cuerpo en ese instante. Casi lo sentía arder con el fuego de la precipitación ya que ella siempre había de las que no tenían mucha paciencia. —Yo… –sabía perfectamente que es lo que quería pero vocalizar era una cosa muy diferente.

—Sigo esperando tu respuesta. –dijo esgrimiendo nuevamente su cuerpo contra el de ella complacido de sentirla temblar ante ese contacto.

—Por Kami, Inuyasha, sabes muy bien que es lo que quiero.

—Al contrario. Creo que me encuentro bastante perdido. Así que si no te importa, porque no me lo ilustras.

No había ningún tipo de iluminación artificial que pudiera alumbrarlos en ese preciso momento, cosa que Kagome agradeció con todas y cada una de sus palabras aunque claramente en silencio. Los alrededores se encontraban extrañamente silenciosos teniendo en cuenta de que aún había una horda de feroces perseguidores tras ellos.

—¿Y bien? –incitó de nuevo Inuyasha esperando verla morir de vergüenza en cualquier momento .

—Yo…

—Sabes, no me gusta que seas tan desidiosa, te hace parecer sosa y torpe, aunado con el hecho de que me hiciste el que "recibe" pues creo que lo más gratificante para mí, o para ambos, sería que me proporcionaras una remuneración.

—¿Económica?

—En especie preferiría.

—Oh.

Dicho esto vio como sus bellos ojos la abandonaba para deslizarse por la piel de su estomago deteniéndose en un pequeño parche de rizados cabellos azabaches a unos cuantos centímetros debajo de su ombligo. La miró con diablura y una sonrisa sardónica en los labios ganándose que el rostro de Kagome enrojeciera aún más y que lo girara para evitar que él pudiera ver su creciente azoramiento.

—Espero que no hagas lo que creo que argh… –su amenazante protesta se vio interrumpida cuando una descarada ráfaga de placer recorrió todo su cuerpo anidándose sin pudores en su garganta profiriendo un gutural grito tanto de placer como de sorpresa al verse íntimamente invadida por una curiosa apéndice.

—¿Decías? –preguntó con fingida inocencia. Había depositado despreocupadamente su cabeza en su muslo derecho.

—¿Pero cómo pudis… argh? –la misma acción fue repetida pero ahora con tortuosa lentitud muy para tanto su deleite e incomodidad.

Inuyasha estaba, literalmente, intoxicado con los aromas que ahora desprendía Kagome, ahora intensificados por la "forma" en la que ella se encontraba. Dejó que sus garras caminaran lentamente hasta el hueso de su cadera para enterrarlas casi con delicadeza evitando que ella hiciera cualquier amago de escapatoria.

Kagome necesitaba en ese preciso instante de todo su autocontrol para no aferrar sus manos a los blancos cabellos de Inuyasha y atraerlo hasta su propia boca para poder besarlo con la misma pasión que él había encendido en su interior.

—Aún no oigo que… –su traviesa lengua volvió a probar ese exótico sabor proveniente de las mismas profundidades de Kagome. —...me digas textualmente que es lo que quieres.

—Dios. –exclamó con el corazón en la mano.

—Halagador, pero no, me llamo Inuyasha. Pensar que solo unos cuantos años pueden hacer hasta que olvides mi nombre.

—Basta… de… argh… juegos.

—¿Juegos? –interrogó inocentemente. —No, no. Esto no es ningún juego, señorita.

Casi podía sentir físicamente un estrangulado grito en la garganta que pugnaba por una salida, rápida y explosiva. Cerró las manos en la almohada en la que se encontraba recostada para reprimir los deseo de arañarle la espalda como realmente era su deseo.

—¿Lista para decirme?

El silencio era perfecto e inmutable de no haber sido por un pequeño y casi indistinguible ronroneo proveniente de Kagome que con labios apretados trataba de reprimir un gemido.

—¿Sin respuesta, eh? Supongo que podré obtener mi respuesta de otra "manera".

—Dios. –volvió a gritar. Kagome se encontraba perdida en una nube de éxtasis completo del cual estaba segura no quería regresar.

—No, no.

—Inuyasha. –gritó despreocupada dejándose caer rendida respirando agitadamente después de haber explotado, literalmente, de placer. Nunca había tenido una relación de ese tipo y mucho menos la habían administrado tanto cuidado a esa parte de su anatomía, la cual ni ella misma se atrevía a observar detenidamente.

—Mucho mejor. –respondió orgullosamente. Retiró su rostro de ese centro de atracción relamiéndose los labios despreocupadamente. —¿Haz tenido suficiente?

Le costaba respirar y el contacto del aire frío que lograba colarse por entre las rendijas contra el sudor de su cuerpo no era para nada una ayuda teniendo en cuenta los escalofríos que recorrían su espina. Sus amigas, ya hace muchos años olvidadas, le habían dicho, sin responder que si era por experiencia propia o solo habladurías, que el sexo era algo demasiado inexplicable como para poder describirlo con las palabras aceptadas por la Academia de La Lengua, y en ese instante Kagome no estaba ni de ánimos ni con energía como para objetar, y eso que no había habido ningún tipo de contacto realmente íntimo con Inuyasha y su… bueno… virilidad.

—¿Alguna vez te he dicho que te ves hermosa con la luna reflejada en la piel?

El aire fresco daba por completo contra sus cuerpos cubiertos por una fina capa de sudor producida por la misma sensación que los encogía. La luna brillaba alta y orgullosa en el manto estelar encandilada por las escenas expuestas ante ella. Ah el amor, hubiera podido suspirar.

—Por favor. –rogó Kagome.

Se levantó de su posición. Arrodillado como se encontraba no podía realizar lo que en su mente se dibujaba con increíble fidelidad. Era extraño que mientras veía a Kagome recuperando el aliento pensara que con Kikyo no había nada esto. No habían ruegos, no habían entregas por completo de un ser para con el otro, no habían frases melosas que empalagaran hasta el más agrio escucha, no había la misma dedicación de su parte para con ella.

Le retiró un mechón que se había quedado pegado a su fina frente antes de besarla firmemente en los labios. Se colocó sobre ella, con extrema delicadeza, sorprendiéndose de encontrarla increíblemente dispuesta ya que solo fue cuestión de segundos antes de que ella enroscara sus piernas en su espalda prácticamente aprisionándolo.

—Supongo que aquí es donde pregunto si estás segura, ne?

—No te lo impediría aún si mi vida dependiera de ello. –respondió con cruda honestidad. Al parecer la vergüenza ya se encontraba olvidada en algún cajón.

—Me alegra escuchar eso.

Levantó un poco las caderas haciendo su feminidad se encontrara tímida contra él. Pero después de escuchar el gruñido de aprobación de parte de Inuyasha decidió que las cosas no estaban tan mal como ella pensaba y que sus adelantos no serían tan mal recibidos. Repitió una y otra vez la misma acción ganando la misma respuesta, un gutural gruñido proveniente de la parte más bestial y primitiva de Inuyasha.

—No… argh… no sigas si es que no… quieres que pier… argh… que pierda el control. –se quejó entre gruñidos y lamentos.

—¿Y quién ha dicho que no quiero que lo hagas? –le lamió la comisura de los labios a la vez que esgrimía más lenta y provocativamente su centro contra él. A duras penas y pudo controlar su propio maullido al sentirlo tan cerca.

Dios, ¿Quién había dicho que las mujeres era el sexo débil cuando lo tenía así, bajo su completo domino y él solo rugiendo como animal bajo su tacto? ¿Quién era el inventor de semejante creación que yacía bajo sus manos escurriéndose como agua? ¿Quién había sido tan misericordioso entregándole el mejor regalo a él, un hanyou sufridor de vejaciones durante años y años? ¿Es que el propio destino, que antes se empecinaba en golpearlo cuando ya se encontraba caído, le daba un respiro a sus sufrimientos entregándole la mayor dicha?

Lo sintió dudar y aprovechando ese momento decidió tomar las riendas de esa situación. Con un rápido y preciso movimiento lo dejó con la espalda en el colchón y una confusa mirada. Sonrió diabólicamente antes de moverse un poco hacia el sur haciendo que sus caderas chocaran contra el erguido miembro de Inuyasha. Oh, su sonrisa no pudo haber sido más grande que cuando lo escuchó sisear viperinamente. Para ser la primera vez que tenía una relación sexual parecía que lo estaba haciendo bien.

—Dios… –respiró agitadamente Inuyasha. Esa mujer quería volverlo loco.

—¿Qué es lo que quieres Inuyasha? –imitó la pregunta anteriormente hecha.

—A ti. –respondió lascivamente, tomándola de las caderas hizo que ella volviera a moverse haciendo que ambos centros se encontraran haciendo parecer el choque de los planetas. —Quiero estar dentro de ti.

Su falta de pudor la hizo enrojecer a niveles insospechados. Sabía que Inuyasha no era de los que daban rodeos a las cosas, pero ¿Realmente tenía que ser tan explícito? Aunque debió de admitir que un oleaje de lujuria se apoderó de la parte baja de su estomago haciendo que una sensación de ausencia se colocara en esa virginal cavidad.

Deseando revertir los papeles nuevamente la tumbó con violencia moderada sobre la cama, retomando sus posiciones primeras. El pequeño espacio que había detrás de su oído fue el primer lugar que su lengua tocó antes de hincar un colmillo con cierta perversidad. El hombro, la clavícula, la parte superior de su seno, el valle que había entre ellos, su ombligo, el lado izquierdo de su cadera, su costillar, el antebrazo, la muñeca; todos y cada uno de esos espacios fue mordisqueado, con delicadeza en algunas partes y con ansias en otras.

Incitada por la falta de vergüenza en Inuyasha dejó que sus manos viajaran recorriendo su espalda arañando. La sangre, por poca o casi inexistente, que salía lo marcaba como suyo así como esas mordidas dispuestas por todo su cuerpo la hacían suya. Por lo menos por esa noche se pertenecerían.

Una punzada de dolor le atravesó la conciencia cuando sintió como poco a poco Inuyasha iba adentrándose dentro de ella. Los músculos que nunca habían sido usados empezaban a quejarse pero no de una manera tan dolorosa como para parar lo que estaban haciendo. Le envidió un poco ver que Inuyasha no sentía ese tipo de dolor. El sexo masculino podía decirse que era el vencedor en cuestiones de dolor en cuanto al sexo pero las mujeres, las benditas mujeres, habían sido bendecidas con orgasmos múltiples así que un poco de dolor no le haría olvidar ese pequeño detalle.

Inuyasha quería unirse a ella lo más pronto posible y sin embargo el temor de lastimarla le hacía casi imposible eso. Tenía que apretar fuertemente los dientes para no arremeter de una buena vez contra ella y ambos disfrutar del sexo sin remordimientos. Si con Kikyo era una cosa bastante buena, no quería ni pensar en como sería hacerlo con la persona amada.

Kagome levantó las caderas moviéndolas en suaves giros invitándolo a continuar. Reprimió un gemido de dolor cuando sintió como poco a poco la barrera que protegía su virginidad empezaba a ceder desatando un oleaje embravecido de dolor punzante, más trató de recordar los momentos en que Inuyasha tenía enterrado su rostro entre sus piernas aturdiendo y a la vez intensificando el sentimiento de vacío que en ella se cernía. Pasaron los segundos y lo sintió completamente dentro. No se sentía horrible, como una de sus compañeras había vocalizado una vez, sino solamente extraño y ligeramente doloroso por lo mismo de que sus músculos estaban extendiéndose más de lo que antes hubieran estado.

—¿Te encuentras bien? –preguntó, entre jadeos sonoros y gotas de sudor.

—Adelante. –alentó valientemente elevándose un poco, sin dejar que la molestia hiciera mella en ella, y prácticamente se volvió a empalar en él.

Inuyasha podía oír el rechinar de sus dientes que mientras más trataba de contenerse más crujían. —Dios.

—No te detengas Inuyasha, por favor.

Asintió levemente con la cabeza antes de retirarse hasta la mitad de su envergadura y volver a introducirse lentamente. Jadeaba y respiraba el aroma del cabello de Kagome que se encontraba abanicado por toda la almohada. Salió hasta la mitad para luego volver a arremeter contra ella estabilizando su peso con los codos dándole así una buena oportunidad de monitorear las reacciones que ella hacía con cada movimiento.

Era obvio que estuviera ligeramente adolorida pero sus facciones cambiaban ligeramente con cada embestida que prontamente se convertían en verdaderos arrebatos de pasión. Retrocedía hasta casi salir por completo para precipitarse nuevamente logrando tocar el fondo de Kagome.

Maullidos, gruñidos, gemidos, grititos y hasta lamentos, salían de esos hinchados labios con cada movimiento. En una arremetida Inuyasha la tomó de la cintura y la sentó a horcajadas sobre él, esa era una excelente forma de dejar que Kagome controlara el ritmo sin lastimarla. La miró extasiado mientras que se acomodaba a esa nueva posición.

Con enorme e inocentes ojos, Kagome le miró. No estaba segura de que hacer. Nunca había estado en situación igual y temía poder estropearlo. Buscó los ojos de Inuyasha esperando una aprobación encontrándolo con los ojos fuertemente cerrados y la mandíbula apretada. ¿Sería que pesaba demasiado y lo estaba aplastando? Si era así, mejor sería que se levantara de encima de él. Se empezó a desligar de él, apoyando las manos en la cama y las rodillas firmemente puestas sobre la misma, y empezó a ascender. Inuyasha gruñó y ella con preocupación lo miró.

—Hazlo de nuevo. –ordenó con una voz extraña a él. Demasiado fuerte, demasiado sexual.

Accediendo a esa petición, con extrema felicidad porque ella también lo había sentido, se sentó despacio de nuevo sobre él dejando que su propio cuerpo absorbiera a Inuyasha. La fricción era completamente exquisita. Sus dobleces, torcimientos y giros hacían que su cabeza dejara de pensar. Se recostó sobre su pecho cubriéndolo con una cortina de su propio cabello mientras que respiraba agitadamente sobre su oído. Se movió simplemente para poder acomodarse mejor en la almohada y una fuerte sensación de placer burbujeó en su interior materializándose en un ronroneo felino.

—Dios.

—Dios no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo. –reconoció Inuyasha sosteniéndola fuertemente contra su pecho.

—No supongo que no.

Kagome, tentativamente, se levantó de su pecho besándolo en los labios mientras que en un vaivén de caderas se unía más con él. La luna seguía firme en el firmamento y sin embargo pequeñas lenguas de colores grisáceos se dejaban traslucir haciendo que la noche entrara en decadencia. Ambos sentían como las presiones en ambos cuerpos se expandía llenándolos por completos con las bendiciones de una liberación pronta.

Los papeles se intercambiaron miles de veces más en el transcurso de esa calurosa noche en la que sensación tras sensación iban emergiendo sus verdaderos seres hasta por fin explotar en una serie de gemidos pasionales.

—Inuyasha. –se le escuchó gritar. El cadencioso sentimiento de un orgasmo perfecto corría por cada poro de su cuerpo envolviéndola en una nube de erotismo cuyo aire se podía respirar el sudor y sexo.

Los músculos de Kagome se contrajeron aprisionándolo más contra ella. Sentía su liberación cerca, solo sería cuestión de unas cuantas estocadas más para que su propio ser gritara de alivio. Llevó una de las manos que la sostenía por la cintura hasta uno de sus senos, lo apretó con delicadeza delineando cada centímetro de carne expuesta. Los gruñidos provenientes de su cansada garganta sonaban profundos y hoscos. La presión en su bajo abdomen desapareció después de verterse por completo, aún dentro de ella. La llamó casi sin fuerzas antes de dejar caer su cabeza, pesadamente en la almohada.

—Eso… eso fue…

—Indescriptible.

—Sí.

—Kagome, yo te am…

—Ahora no Inuyasha. Mañana podrás decírmelo.

—Yo te prometería la luna si tan solo me dejaras decírtelo.

Vio como lentamente los parpados se cerraban encasillando esos dos soles que brillaban por un fulgor pertenecientes solo al inmenso placer recibido. Estaba sonoramente dormido y aún así la mantenía atada posesivamente a él, teniendo su brazo sobre su abdomen.

Kagome tenía que admitir que él, simplemente se veía esplendoroso. Ese adjetivo era bastante inusual pero es que parecía que bajo la luz grisácea, brillaba. Le dio un pequeño y fugaz beso en los cabellos antes de retirar ese brazo de encima suyo. Tenía que marcharse antes de que él despertara y la detuviese. Le habría encantado poder despertar a su lado y simplemente mirarse a los ojos, más sin embargo no podía costearse ese lujo. Tenía que desaparecer como si nunca hubiera estado ahí. Como si su corazón no se hubiera quedado perdido entre las sábanas.

Tomó lo que se suponía que era su vestido y con unos cuantos ajustes se volvió a vestir. Encontró un pedazo de papel en un rincón olvidado y revisando concienzudamente los cajones logró encontrar un lápiz. Garabateo unas cuantas palabras, guardó sus zapatos bajo el brazo y salió de la casa sin atreverse a mirar hacia atrás. Simplemente no tenía el coraje.

Se movió perezosamente entre las sábanas buscando con las manos a Kagome. Desmesuradamente se abrieron sus ojos al encontrar el espacio, en el que se suponía ella estaría, vacío y frío. Se había marchado y desde ya hacía un buen rato. No podía descubrir su aroma. Desgarró las almohadas y todo lo que cayera a su paso en un ataque de furia descontrolada.

No tenía porque marcharse, no después de lo que habían compartido, no después de que no haberla visto durante tantos años. ¿Es que ella temía por esos estúpidos vampiros? No debería, él la protegería aunque su vida se fuera en ello. ¿Es que se arrepentía de lo que había pasado? Era muy probable teniendo en cuenta que ella no le había permitido decirle que la amaba. ¿Es que seguía molesta por lo de Kikyo? ¿Es que solo había sido una alucinación de su febril mente y ella nunca había estado entre sus brazos murmurando su nombre? Imposible, aún podía olerla en su propio cuerpo. ¿Entonces porque mierda no estaba ahí?

Sus ojos miraron por todos lo rincones con la sola esperanza de que ella estuviera escondida en algún lugar pero no encontraron nada más que un raído pedazo de papel con su escritura. Lo tomó con furia y procedió a leerlo. Su ceño se frunció aún más y lo estrujó entre su mano con furia. Salió de la casa en la que había estado refugiados y se encaminó hacia la mansión en la que creía se escondían los Kyūketsukis y en donde probablemente se encontraba el fragmento de la perla que había ido a buscar. Quería encontrar cuanto antes la Shikon no Tama para regresar al Sengoku y ya nunca más verla.

Los rayos del sol atravesaron las pesadas cortinas iluminando la destrozada estancia en donde los sentimientos se mezclaron y en donde solo una solitaria nota había sido testigo de lo que realmente había pasado.

Si alguien entraba en ese lugar y por curiosidad encontraba esa pequeña bola de papel leería las palabras más sencillas que pudieran pronunciarse: "No tienes que prometerme la luna... Me bastaría si solo te sentarías conmigo un rato debajo de ella." Un mensaje tan simple y encriptado que solo los protagonistas de ese momento entenderían su profundidad y el secreto que guardaba tan celosamente.


Momento cultural:

Seme: En una relación de tipo Yaoi (Yey!! Mussa haciendo le baile de la felicidad con pequeños banderines con las palabras: Amo el Yaoi!!), en las manos se le llama "Seme" al que realiza la parte activa. Podría decirse que es el hombre en una relación homosexual.

Uke: En una relación de tipo Yaoi (Wuuuuuupi (onomatopeya de muy emocionada) Yaoi!! Más banderines salen de la nada y los fuegos artificiales truenan detrás de mí) se le llama "Uke" al que realiza la parte pasiva en la relación. Podría decirse mujer en una relación homosexual.

Yaoi: Relación entre Homosexuales (Wuuuupi Wuuuuu. Puedo sufrir un ataque cardiaco en cualquier momento) Este término es aplicable para los hombres y el YURI para las mujeres.


Señoras y señores, han tenido 12 hojas completas de Lemon y un total de 4 705 palabras!! Nunca creí que solo fuera a escribir un capíulo con puro Lemon, creo que romí mi propio record!!

Dios, no saben lo difícil que fue escribir este capítulo a pesar de que ya tengo cierta experiencia con el lemon, pero es que debo de admitir que soy muy pero muy vergonzosa cuando debo de escribir ciertas "palabras". Les juro que mi cara no puede estar más roja además de que debo de andar con cuidado de que ni mi hermana ni madre se acerquen a mi cuarto o lean lo que acabo de escribir XD. Espero que mi sonrojo haya sido sacrificio suficiente como para que hayan disfrutado el lemon que tanto les debía. Hum, aunque debo de decir que tiendo a romantizar ¬ ¬ bueno creo que ésta vez no, pero es para y por deleite de ustedes así que aprovechen demasiado esas partes y créanme que no sé de donde saco tanta cursilería XD.

En la parte de: "—Por Kami Inuyasha, sabes muy bien que es lo que quiero." "—Al contrario" estaba tentada a que Inu pronunciara "au contraire" pero entonces pensé, ¿Cómo demonios sabría francés? Así que tanto ustedes como yo nos quedamos con las ganas de oír "hablar" a nuestro Hanyou favorito en francés.

Si es que no ha quedado claro, pues AMO EL YAOI !!

Pd. No Olviden promocionar el fic y además dejar review en mi fic de Ranma ½

Idea original: ANAIVIV

Edición y realización de los capítulos: Mussainu

Pd. Dejen review. Solo den clic en el botoncito morado de abajo!! Los reviews hacen que mi corazón realice el baile de la felicidad y que además continue con el fic!! Etto... creo que el final se acerca así que solo será cuestión de unos 2 o 3 capítulos más. Dsifruten lo que queda y mientras esperen a mis nuevos fics, aunque creo que tardarán en ver la luz por que son como 28 (entre todos los animes que estoy manejando) y pues aún falta un poco. Un adelanto... casi estoy segura de que mi próximo fic de InuYasha saldrá casi después de que este termine.