Miró hacia donde estaban Naraku y Kikyou, solo que no estaba ninguno de los dos. Casi soltó un grito de sorpresa al ver lo "que" estaba ahí…

Escuchó ahogar un grito a Kagome y se convenció de no estar soñando.

Delante de ellos había…

Un enorme cráter. Se había formado después de la desaparición del demonio y la sacerdotisa, pero InuYasha tardó varios segundos en asimilar su contenido.

Se movía, de eso estaba seguro.

Una extraña masa descansaba en el interior del enorme agujero. De un color púrpura con algunas partes en negro y marrón era del tamaño del cráter, aquella masa temblaba involuntariamente haciendo temblar el suelo donde se encontraban.

Parecía contar con vida propia, despidiendo un fuerte olor a acre mezclado con sangre, a sangre de…

- ¿Kikyou? – susurró el hanyou, extrañado, arrugando la nariz a causa de fuerte olor.

Un segundo temblor lo hizo agudizar sus sentidos al máximo. Debía estar precavido y atento a cualquier ataque.

- ¿Qué demonios es eso?

InuYasha alcanzó a oír las palabras de su hermano desde lejos. Desde luego él mismo también se lo preguntaba. No era una visión agradable y la forma en como se estremecía haciendo temblar la tierra bajo sus pies… Se le erizaba la piel con solo verlo.

Entonces el grito de Kagome se alzó en aquel aire impregnado de aquel olor a muerte.

Inesperadamente aquella masa se movió hacia delante, se estremeció violentamente y uno de sus costados comenzó a tornarse negro, luego con la misma intensidad de sacudida, sacó una especie de brazo mal trecho: tenía 6 dedos cada uno con garras afiladas y lo dejó caer en la tierra haciendo un temblor más fuerte en comparación con los anteriores. Entonces el brazo comenzó a moverse hacía donde estaba InuYasha parado, viendo aquel horrible espectáculo.

Con un movimiento rápido, desencajo a Colmillo de Acero de la tierra y la empuño colocándose en posición de combate. La espada vibró en sus manos.

Inesperadamente una voz, la misma de antes le habló:

- No lo toques, espera un poco más.

No sabía la razón, pero simplemente bajó la espada hasta tocar el suelo con la hoja y dando un rápido vistazo para ver si Kagome estaba bien, volvió a fijar su atención hacia aquella masa.

Para Kagome el olor era insoportable. Imaginó que para InuYasha y Sesshomaru lo era más todavía debido a sus agudos sentidos y no pudiéndolo soportar, se cubrió la nariz y la boca con su mano derecha.

Al verla, Sesshomaru se inclinó hacia ella y le tendió un extraño pañuelo rojo sangre. Kagome le dirigió una mirada de desconcierto, pero el demonio solo asintió y ella lo tomo. A su tacto el pañuelo cambio de color al blanco puro. La chica se sorprendió más mientras eran sacudidos nuevamente por los movimientos de la masa.

- Ese pañuelo esta hecho con el mismo material que la ropa de InuYasha, a diferencia que está hilado con hilo hecho del cabello de mi padre. Sí, se que suena bastante raro – añadió al ver la mirada de Kagome – pero es mucho más resistente de lo que crees, además de que te protegerá. Su cambio de color se debe a que reacciona con el alma de las personas y al tomarlo tú, se volvió blanco puro. Ahora consérvalo y tápate con el la nariz y la boca.

La chica solo soltó un débil "Gracias" y se lo acercó al rostro. Era muy suave, incluso más suave que la seda y al cubrirse sintió una extraña sensación: era como estar respirando aire puro.

Un nuevo temblor hizo que ambos volviesen la vista hacia donde estaba el cráter; un nuevo "brazo" le había nacido a aquella masa y trataba de levantarse, apoyando su peso en ambas extremidades.

- ¿Qué es eso? – preguntó algo asustada Kagome

- Lo más probable es que se trate de una nueva criatura del imbécil de Naraku. – respondió Sesshomaru quedamente.

InuYasha, un poco más cerca de aquella extraña masa, no se movía de su lugar. Pero entonces pasó algo inesperado.

De la masa comenzó a surgir un susurro, esa voz la conocía bastante bien.

Era la voz de Kikyou.

Por un momento pensó en moverse hacia esa masa, pero de nuevo la voz lo detuvo en seco.

- No te muevas, aún no es el momento.

Obediente hacia esa voz, el hanyou se quedó donde estaba, luchando contra su impulso de salir y atacar a esa masa.

- ¿Cuándo lo será? – preguntó el chico para sus adentros.

- Cuando dejes de pensar en ella.

Eso no se lo esperaba. El hanyou abrió mucho los ojos de la impresión.

- ¿De quién hablas? – preguntó luego de unos instantes en silencio.

- Tú sabes de quien hablo, no puede abandonar este mundo, debes dejar de pensar en ella…

- Pero si yo ya dejé de pensar en ella – soltó el hanyou en su mente – si te refieres a Kikyou ella ya es parte de mi pasado y no…

- No me refiero a Kikyou.

- ¿Q-qué? – preguntó sorprendido InuYasha, mientras aquella masa caía de nuevo dentro del cráter provocando un temblor más fuerte.

- Es Kagome.

Aún con ese olor penetrante, InuYasha podía percibir el aroma de Kagome a lo lejos. Sacudió la cabeza un poco y la voz volvió a hablar:

- Debes dejar tu mente en blanco y atacarlo. Sólo así se podrá ir. Recuerda que Kikyou tiene almas de Kagome y solo dejando de pensar en ella, Kikyou podrá irse finalmente.

InuYasha miró fijamente hacia donde estaba el cráter y su contenido. Así que era eso; debía dejar su mente en blanco para poder librarse del imbécil de Naraku de una vez por todas, sin embargo…

Volteó a ver como estaba Kagome. Se le hizo un nudo en la garganta.

Estaba sentada en el suelo con Sesshomaru muy cerca de ella. La chica se cubría nariz y boca con un pañuelo blanco y en sus ojos se veía un miedo inimaginable. En ese mismo momento temió perderla, entonces su espada comenzó a latir, dejándolo sin su aguda mirada roja… el poder de demonio en sus venas dejó de fluir lentamente.

- ¡No lo hagas! – le advirtió de pronto la voz – No dejes que el poder deje de fluir, solo así podrás vencerlo finalmente.

El hanyou volvió a mover la cabeza. ¿En qué estaba pensando? Nada le iba a pasar a Kagome, Sesshomaru estaba con ella y nunca la dejaría, además si no la sacaba de su mente por unos momentos, nunca podría acabar con el demonio que le impidió ser feliz.

Cerró los ojos y se volteó hacia el cráter, concentrándose. Sintió como la sangre le hervía y su espada latió una vez más. El poder regresaba, pero…

- Pero sí dejo de pensar en ella, la sangre de demonio en mi interior se desbordará y no podré controlarme. – espetó de pronto el hanyou con irritación; aquella voz lo estaba cansando.

- Lo sé, por eso mismo estoy aquí. No te preocupes, yo estoy dentro de ti y controlaré cada uno de tus pensamientos. Lo que debes hacer es dejar tu mente en blanco y atacar cuando yo te lo diga. El resto déjamelo a mí.

- … - InuYasha no sabía si confiar en esa voz o no, pero entonces en su mente se dibujó la silueta de Kagome e inmediatamente la borró – lo haré. Sólo asegúrate de que no le pase nada a Kagome.

- No tenías que pedirlo, ya esta hecho. ¿Estas listo?

- Sí…

El poder comenzó entonces a envolverlo de una manera poco usual y por segunda vez lo rodeó con una poderosa aura.

Un poder más fuerte incluso al de él lo hizo volverse. Sesshomaru, desde su distancia alcanzó a ver a su hermano.

- Vaya lo ha liberado – susurró por lo bajo, pero Kagome lo oyó.

- ¿De qué hablas, Sesshomaru?

El demonio miró fijamente a la chica frente a él. Meditando su respuesta no sabía si era el momento de decírselo. Pudo verse reflejado en sus ojos cafés y extrañamente sintió el deseo de decirle.

De lo contrario, perdería a InuYasha para siempre.

¿Pero qué diablos? A él no le interesaba la vida de su hermano, ¿o si? Se preguntó si podría vencerlo algún día de ese modo. No sabía la razón, pero no le gustaba la idea de aquella muchacha sola.

Maldijo para sus adentros, ¿desde cuándo era tan blando? No podía permitirse ser así delante de un humano. Y a su mente llegó la imagen de aquella noche…

Flash Back

La luna se reflejaba en el agua y la brisa llevaba el aire salado a su cara. Delante suyo se alzaba la silueta de a quien siempre quiso parecerse. Su sola presencia demostraba poder, un poder incluso superior al suyo aunque pasaran los años.

La voz profunda del demonio más poderoso le habló en medio de aquella luz plateada.

- Es la hora, debo irme ya.

- Irás con ella, ¿verdad? – sus ojos ámbar resplandecieron, visiblemente enojados.

- Si…

- ¿Por qué te preocupa tanto esa mujer? – soltó de pronto.

El repentino arrebato lo dejó inmóvil un momento; y cerró los ojos concentrándose en los sonidos de esa noche clara. Entreabrió los labios para susurrar palabras incomprensibles a cualquiera y una delicada sonrisa de dibujó en sus labios.

A pesar de las heridas múltiples en su cuerpo y de estar sangrando profusamente, se mantenía calmado.

- Porque es mí deber estar con ella ahora. – soltó suavemente sin alterarse.

- ¿Dejarás todo por esa mujer? – preguntó y el mayor reparó en la nota de rencor de su voz. – ¿Es ella la razón de tus heridas?

Como si meditase la respuesta, abrió los ojos lentamente y sin volverse le dijo:

- Ella me necesita, ambos lo requieren.

- Tu búsqueda llegó a su fin, ¿no es cierto? – atajó el menor con frialdad renovada en su voz.

- Así es – respondió simplemente quien fue cuestionado – aunque no esperaba tu intromisión dentro de mis planes. Eres mucho más agudo de lo esperado, Sesshomaru.

- Padre – comenzó el demonio - ¿Por qué haces esto? Jamás eh cuestionado cada uno de tus actos; sin embargo ahora yo no…

- Y haz hecho bien en no hacerlo – interrumpió su padre. Dio un largo suspiro y continuó – pero ahora es diferente. Dejé todo a tu juicio, tú juzgarías todos mis actos en los últimos años para después llegar hasta aquí.

Sesshomaru se sorprendió, pero lo disimuló bien. Eso era; todo ese tiempo su padre lo sabía, pero…

- Pero te preguntas el porqué de mi decisión. Lo siento en tu espíritu.

- Lo eh estado esperando tanto tiempo; ese poder del cual hablas… - soltó Sesshomaru sin pensar.

- Te lo dije antes y te lo repito: no eres el propietario de ese poder.

- ¡Y se puede saber la razón! – soltó con fiereza.

- Porque así se decidió y bajo mi juicio, es lo mejor.

- Ese niño no merece ese poder y tú lo sabes. No quieres dármelo por temor, eso lo sé, tus ojos no mienten. Esas heridas son por ellos dos. Lo dejarás todo por una simple humana, todo cuanto habías logrado ahora se irá por ella y encima el poder pasará a él. – espetó. Sentía la sangre en sus venas correr a torrentes, calentándose lentamente. - Temes por toda la raza humana; siempre te agradó sentirte rodeado de humanos. – dijo con repulsión.

- Esa es una de las razones por las cuales no te será entregado – respondió su padre sin alterarse – debes tratar a todos como igual, de lo contrario habrá conflictos.

- ¿Esa es tu respuesta entonces?

- Tú ya tienes un poder, Sesshomaru. Te ha sido entregado bajo mi juicio y si lo cuestionas, me cuestionas a mí. Sabes muy bien las consecuencias de ése poder, no hables de él como si fuese un simple objeto; el poder elije a quien es digno de él, no al revés. – espetó su padre.

- El poder asignado a mí defiende a los humanos cuando yo sólo quiero destruir su miserable existencia en este mundo.

- Es gracias a los humanos tú existencia – atajó cortantemente su padre - no cuestiones las razones de la naturaleza. Tomokishi lo hizo y mira su miserable final; condenado a vivir dentro de la tierra sin posibilidad de escapar. Por eso mismo no te fue conferido ese poder.

- Padre yo…

- Basta ya, es la hora. Debo irme.

El demonio cerró los ojos de nuevo, pero antes de irse, nuevas palabras brotaron de sus labios:

- No dejes todo al azar y si puedes, interfiere. De lo contrario, tu vida se volverá miserable. Conviértete en alguien capaz de salvar en vez de matar… – se detuvo un instante y luego añadió – y cuando lo veas, sólo ve donde no quieres que vean.

Y tras esas enigmáticas palabras, su figura se transformó en un perro demoniaco blanco gigantesco. Dirigiendo una última mirada a la luna desde su posición, emprendió el viaje hacia su final, dejando atrás la estela de sus palabras.

" … en alguien capaz de salvar en vez de matar…. Sólo ve donde no quieres que vean…"

Pasó mucho tiempo, después de la luna dejar su lugar en el cielo, cuando el demonio se movió, dándole la espalda a aquel acontecimiento, dejando en ése lugar el recuerdo de aquello y cuando el sol salía por el lado contrario al mar, las huellas de ambos se habían borrado con el viento suave y sólo quedó el recuerdo enterrado con arena y sal.

Fin del Flash Back

Los ojos de Kagome seguían clavados en el demonio frente a ella, llenos de duda y expectación. Sesshomaru la miró fijamente y luego hablo con una voz nada parecida a la suya:

- Todo demonio tiene un poder dentro de su sangre, eso ya lo sabes ¿no? – al verla asentir, prosiguió – pero dentro de nuestra familia, el poder es incluso superior a cualquiera, por esta razón todos los demonios querían nuestra sangre; les daba ciertos poderes increíbles. InuYasha ha liberado toda esa sangre ahora.

- ¿Te refieres a que antes InuYasha no la había liberado totalmente?

- Cuando InuYasha perdía el control con ustedes, sólo liberaba apenas un 10 de toda su capacidad.

- ¿¡10!? – dijo Kagome sorprendida – entonces, ¿ese poder es suficiente para que pierda el juicio totalmente? – añadió en un tono asustado. No quería perderlo.

- Me temo que sí. Yo sólo puedo liberar un 30 de esa sangre. Aún si tuviese mi nivel de poder no podría controlarlo, incluso puede matarlo. Esa sangre es demasiado poderosa. Es nuestra bendición, pero a la vez nuestra maldición.

- InuYasha – susurró Kagome – por favor, no olvides quien eres, por favor. – y las lagrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas hasta fundirse con el pañuelo blanco.

El aura era demasiado poderosa e InuYasha aún seguía con los ojos cerrados tratando de liberar un poco más de aquel poder.

- Un poco más, solo un poco más – susurró el hanyou.

Colmillo de acero comenzó a palpitar en protesta; la espada debía sellar su sangre de demonio, no liberarla. Esto desconcertó a InuYasha y estuvo a punto de abrir los ojos.

- ¡NO! No los abras, de lo contrario no podrás liberarlo.

Frunció el ceño sin abrir los ojos. Maldijo por lo bajo mientras su espada hacía constantes intentos por sellar la sangre maldita. El poder era demasiado para él, no aguantaría mucho…

Aquella masa volvió a moverse, pero esta vez lanzó uno de sus brazos hacia el hanyou, cayó en el suelo, resquebrajándolo y dejando un agujero profundo.

- ¡INUYASHA!

Invadida por la desesperación, la voz de Kagome se alzó en un doloroso grito desde su posición. El hanyou no se movió cuando aquella extremidad le atacó y la chica trató de levantarse para correr hacía donde estaba InuYasha.

Antes de levantarse totalmente, un brazo se interpuso en su camino.

Los ojos cafés de la chica siguieron el brazo hasta su dueño. Los ojos ámbar de Sesshomaru la vieron fijamente.

- No vayas – dijo con una serenidad infinita. El tono alarmó más a la chica.

- ¿Y por qué no? InuYasha puede estar herido, ¿acaso no lo viste? – preguntó ella con angustia e histeria en su voz.

- Lo ha liberado – soltó quedamente el demonio.

Continuara...


Perdón por dejarlo en suspenso :) pero me agradó la idea... ya tengo la continuación, pero creo que aún no es tiempo de que se los diga jeje espero que les haya gustado el capítulo me divierto y disfruto mucho escribiendo... y gracias a kariko-12 por su review n.n no habia tenido tiempo de contestarlo pero ahora sii: que bien que te gusto mi fic y si; conforme pasen los capítulos se irán aclarando algunas cosas por ahora solo es la capa principal ;)

Sin mucho más que agregar, solo que sigan leyendo mi fic :D me despido...

Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takashi, por lo tanto no me pertenecen. Este fic NO esta hecho con fines lucrativos, es simplemente que me gusta la historia y ya, además de que la inspiración a veces llega... uds saben como es eso. n.n

LadyDarkness22