Encuentro

Eran pasadas las seis, Libby aún permanecía en la sala, no veía las horas de partir hacia Hogsmeade. Esas ganas se incrementaron al ver entrar a Alex. El joven la miró, mientras avanzaba hacia donde ella se encontraba. Libby vio cómo vaciló al momento de elegir un lugar donde sentarse, finalmente optó por el espacio vacío que se encontraba justo a su lado.

-no quiero que vayas -sus palabras sonaron firmes, era una orden que pedía ser obedecida.

-de todas formas iré.

-lo sé, sé quién eres.

Libby hubiese preferido que diga cualquier otra cosa o que comience a regañarla por su actitud. Él la conocía, él conocía sus actitudes, ¿sus secretos quizás?, sin embargo ella no conocía nada de él. ¿Cómo lo había conocido?, ¿por qué eran amigos?, ¿novios?. No quiso pensar en esa palabra, no le gustaba, no le gustaban esos títulos, mucho menos en la situación en la que se encontraba.

-¿dónde nos conocimos? -se dio cuenta tarde de que las palabras estaban saliendo de su boca, no era su intención entablar una conversación de ese tipo en ese momento. La mirada de Alex cambió por completo, como si le hubiese dolido el que ella no recordara aquel momento.

-nos conocimos en Hogwarts. A Kate también la conociste allí.

-y ¿cómo es que...empezamos a hablar?, ¿desde el primer año?.

-no, era el último año que estábamos allí , y bueno...tú -Libby se quedó mirándolo, esperando a que complete su oración. No contaba con que de repente la habitación se llene de personas.

-ya es hora -dijo Moody. Había sido el primero en entrar, en su mano llevaba lo que parecía ser ropa-. Aquí tienen estas capas viejas. Kate, encargate de eso por favor.

Nadie supo a qué se refería Moody. Kate se acercó primero a Lupin, murmurando cosas que Libby no lograba comprender y fue cambiando la imagen del hombre a su antojo. Lo mismo hizo con Charlie y Sirius para finalmente llegar a la joven.

-¿cómo quieres quedar? -le preguntó Kate divertida.

-es una pregunta dificil.

-¿qué hacen?, ¡no hay tiempo para éstas cosas! -les gritó Moody irritado por su comportamiento.

Dos minutos después Kate se alejó de Libby con aire de satisfacción. Al mirarse a un espejo quiso pegarle a su amiga por haberle hecho semejante cosa.

-Kate, ¿qué me has hecho?.

-te ves bien, no te quejes -le dijo sin importancia.

Su pelo había cambiado totalmente, ahora era platinado, por lo que sus cejas se vieron obligadas a seguir aquel juego de colores e imitaban al de su cabello. El maquillaje era fatal, como si la hubiesen querido disfrazar de payaso. Quiso quejarse, pero prefirió guardarse el escandalo para otro momento.

La noticia de que usarían transladores le pareció una mejor idea que aparecerse. Comenzaba a arrepentirse de haber insistido en ir, las manos le sudaban y su corazón había aumentado el ritmo en los últimos minutos. No había logrado recuperarse del todo, se sentía un poco mareada. Sirius se acercó a ella, la barba que había improvisado Kate lo hacía ver gracioso, sin embargo sus ojos continuaban hipnotizandola. Si tuviese que reconocerlo entre miles de hombres vestidos como él, lo haría sin titubear. Lo reconocería al instante por sus ojos, aquellos eran únicos.

-¿lista? -le preguntó él.

-lista.

Sirius agarró su mano, esto fue una total sorpresa para Libby, pero le agradó la sensación de su suave y cálida piel en contacto con la de ella. La llevó hasta la cocina y le señaló un libro viejo que emitía un resplandor azulado. Ambos se apresuraron a tocar el objeto para luego desaparecer de la casa.

El viaje no resultó nada comparado con la bienvenida, Libby había aterrizado justo encima de Sirius.

-perdón, los viajes así no son lo mío -dijo la joven mientras se incorporaba, incomoda por la situación.

-no hay problema –dijo él mientras intentaba esconder una sonrisa.

No les costó trabajo encontrar Las Tres Escobas, lo que sí les costaba era evitar los momentos silenciosos. Habían hecho el camino sin decir una sola palabra y ninguno de los dos pensaba en hablar.

Entraron al lugar y se sentaron cerca de la entrada. No pasó mucho tiempo cuando una bruja se les acercó.

-buenas noches, ¿qué desean tomar?.

-a mi me gustaría ron de grosella -dijo Sirius sin pensar demasiado.

-bien, ¿y su esposa se va a servir algo?.

Libby sintió como su cara comenzaba a arder, mas aun cuando Sirius decidió abrir su bocota.

-tú qué deseas, mi amor –dijo con una sonrisa, como si aquello fuese lo más divertido del mundo.

-yo...emm -se le hacía dificil pensar-.Whisky de fuego por favor.

-enseguida se los traigo.

La mujer se fue y segundos después volvió con las bebidas. Libby sabía que si iban a estar callados a partir del momento iba a ser una espera larga y aburrida.

-así que, piensas tomar una poción para recuperar tu memoria -Sirius le hablaba, sin embargo mantenía su mirada fija en su bebida.

-¿quién te lo contó? -le costó creer que Remus haya abierto la boca-, ¿fue...?.

-no, no fue Remus, los escuché cuando hablaron -al finalizar la ultima palabra el hombre enfocó sus ojos en la joven, se veía arrepentido.

-qué raro, ¿tú escuchando a escondidas? –ironizó, estaba molesta, hubiese preferido no enterarse de eso.

-es cierto entonces.

-sí, lo es -su tono era seco, sin embargo el de Sirius advertía cierta curiosidad.

-¿para qué lo harás?.

-¿qué clase de pregunta es esa?, hay cosas que quiero saber, que tengo el derecho de saber mejor dicho.

-¿y si yo te pidiese que no lo hagas? –su voz sonaba a suplica, Libby quiso agarrar su mano y decirle que haría cualquier cosa que él le pidiera. Se aferró aun más fuertes al vaso que contenía el whisky, luchando contra sus impulsos.

-¿por qué no?.

Sirius bajó la mirada, aquello no le gustó, cuando Sirius no era capaz de mirarte a los ojos significaba que nada bueno se avecinaba.

-hay cosas que quizás no quieras saber -dijo finalmente él luego de un silencio, su voz era ronca y casi un susurro.

-¿qué cosas?, no me importa Sirius, necesito recuperar mi pasado.

El hombre esbozó una sonrisa melancólica, esperó unos segundos para volver a hablar, como si un sin fin de recuerdos hubiesen acudido a su mente-. Supongo que en ese caso, todo va a volver a la normalidad.

-¿qué quieres decir?.

-entre tú y yo.

-Sirius, ¿podrías largar ya de una vez lo que tienes para decir?, no entiendo a qué te refieres -a Libby no le gustaban los juegos de palabras, mucho menos los misterios y aquella conversación comenzaba a ponerla nerviosa.

-habrás notado mi distanciamiento.

-si, lo noté, pero qué...

-no estaba seguro de que fuese cierto, pensé que al verme te acordarías de todo...después de tanto tiempo volviste a dirigirme la palabra, fueron casi cinco años -la joven se quedó helada, no sabía a qué se refería Sirius, pero sabía que no le iba a gustar lo que venia a continuación-. Tú prácticamente me odiabas...

Su corazón comenzó a acelerarse, le costaba respirar normalmente y su mirada estaba perdida, como si buscase en algún lugar de su mente o de su corazón aquel odio que Sirius decía. Aquellos era imposible, ella lo quería mas que a nada en el mundo.

-¿odiarte?, ¿por qué? -volvió a mirarlo, pero Sirius no la estaba escuchando-, ¡Sirius!.

Lo llamó pero él no respondió, miró hacia donde aquellos ojos grises se había enfocado, preguntándose qué merecía la atención de su hermosa mirada y al instante supo la razón de la perplejidad del hombre. La figura de una persona desconocida atravesaba el lugar, llevaba una capa negra que la cubría por completo, se movía lenta y cautelosamente, como un gato a punto de atrapar a su presa. Libby se tensó, intuía que lo que acababa de atravesar aquella puerta sería la razón por la que tendría que levantar su varita. Supieron que era una mujer al ver sus largas uñas golpeteando la madera de la mesa en donde se había sentado.

-relajate -le dijo Sirius a Libby casi sin mover sus labios. Él no se había inmutado, la joven trató de seguir su ejemplo, pero por alguna extraña razón no lograba tranquilizarse, no después de lo que había escuchado salir de la boca de Sirius. Un leve mareo la atacó, podía sentir cómo su corazón comenzaba a dar extraños golpes-. Libby, ¿te encuentras bien? -dijo Sirius de repente, la observaba con el ceño fruncido, quizás algún cambió de color en la cara de la joven le avisaba sobre sus síntomas y él no era nada tonto, podía llegar a conocer a las personas mejor que lo que se conocían ellas mismas.

-estoy bien -respondió ella tratando de esconder evidencias.

Él abrió la boca para decir algo pero todo pasó a un segundo plano cuando un destello de luz verde y un golpe seco contra el piso desató un desmesurado caos. Era confusa la rapidez con la que podían darse las cosas. Libby y Sirius empuñaron sus varitas rápidamente a quien había sido su primer y única sospecha. Allí seguía ella, a sus pies yacía un cuerpo sin vida, ahora los apuntaba con su varita, mientras las demás personas se dirigían rápidamente hacia la salida, los pasos resonaban en la madera como un grupo de cientos de caballos galopando. Pasaron unos segundos antes de que se queden solos. Una risa comenzó a salir de la boca de la mujer.

-eres tan poco caballeroso Black, ¿no sabes que no debes apuntarle a una dama? -dijo la desconocida aun riendo. Sirius se tensó, como si aquella voz le produjese una vasta repugnancia, sin embargo no dijo nada. La mujer alzó su mano y lentamente dejó caer su capucha hacia atrás, dejando al descubierto su rostro, su rojo cabello cayó sobre sus hombros. Libby jamás la había visto, pero supo que el hombre que estaba al lado de ella la había visto las suficientes veces en su vida como para no bajar su varita-, o ¿es que no me reconoces? –dijo finalmente alzando una ceja.

-te olfateé antes de que cruzaras esa puerta -dijo Sirius, sus palabras fueron duras y mordaces.

La mujer rió aun más-. Qué raro, siempre aferrado a tu modestia. No la aprietes demasiado, podrías romperla algún día -suspiró y dirigió una mirada a Libby-. Veo que has venido con tu pequeña vidente, ¿ya te ha perdonado?, ¿volviste a atraparla con tus prodigiosos encantos?. No te preocupes niña, puedes quedarte con él, a mi ya no me sirve.

-¡cállate Starr! -dijo Sirius sobresaltandose, comenzaba a perder la paciencia.

Libby supo controlarse, no era el momento de hacer preguntas, no fuera de su cabeza. Aquello era algo involuntario, las pocas cosas que había dicho aquella mujer lograron un sin fin de preguntas que daban vuelta por su cabeza. Todo parecia indicar que la llamada Starr ocupó un lugar en la vida de Sirius, eso quizás era lo más claro que tenía, pero ¿cómo la había llamado?, ¿vidente?, ¿qué clase de burla era aquella?, porque tenia que ser una burla, Libby sabía perfectamente sus condiciones, y en Hogwarts las clases de adivinación no habían tenido lugar en su agenda, realmente era una materia que jamás le interesó. Su malestar aumentaba, volvía a sentirse débil como cuando despertó de aquel extraño sueño en la casa de Remus.

-¿qué sucede?, ¿acaso te molesta que diga la verdad? -dijo ella fingiendo parecer ofendida.

-creo que tú y yo tenemos conceptos diferentes de lo que es la verdad.

-claro, esa fue la única falla que tuvimos.

-¿te parece que sólo fue una única falla? -dijo Sirius sonriendo.

-no, hubo otras -dijo ella mirando nuevamente a Libby-. En fin, esta charla ya me aburre, además debo marcharme.

-¿quién dice que te marcharás de aquí? -preguntó Sirius dando unos pasos hacia ella.

-¿quién dice que no? -hizo un movimiento rápido con su mano derecha y con un encantamiento repulsor hizo volar hacia la pareja las únicas tres meses que los separaban de ella. Sirius instintivamente cayó encima de Libby protegiéndola. El ruido de las mesas contra las ventanas los ensordeció. Pasaron unos minutos antes de que puedan acomodar sus ideas y darse cuenta de lo que había sucedido.

-¿estas bien? -oyó Libby que Sirius le decía aun desde el piso. Su voz sonaba demasiado cerca, quizás sería porque lo tenía cerca. Abrió los ojos y pudo verlo, ¿cómo no podía estar bien teniéndolo a él?, con él siempre estaba bien y más aún cuando lo tenía a tan solo centímetros de su cara.

-si -dijo ella cómo pudo, sus pensamientos la sacaban de lugar, podía estar desangrándose y no darse cuenta.

Sirius se levantó rápidamente, como si intentase ocultar algún tipo de sentimiento por el que temia dejarse llevar. Le tendió una mano a Libby y le sonrió.

-gracias -dijo ella y sintió en su mano algo líquido y caliente, rápidamente la examinó, buscando alguna herida, pero no era su sangre-. Sirius, estas sangrando -dijo ella preocupada.

-no es nada -respondió él como si se tratase de realmente eso, nada. Libby agarró su mano y lo llevó hacia el mostrador del lugar. Estaba molesta, Sirius podía darle tan poca importancia a ciertas cosas que ella sí consideraba importantes, a pesar de que ésta no era una herida grande. Sacó de su bolsillo su pañuelo y lo ató fuertemente en la mano del hombre. Al levantar la mirada hacia él se dio cuenta de la extraña sonrisa que se había dibujado en el rostro de éste.

-¿qué sucede? -preguntó ella incómoda.

Sirius la miró unos instantes, luego levantó la mano-. Gracias -dijo aún sonriendo. Libby tomó aire, tanto que volvió a marearse. El mago logró sostenerla antes de que pierda el equilibrio-. No estas nada bien -dijo negando con la cabeza. Se dirigieron al cuerpo de la persona que había sido víctima de la mortifaga.

-¿sabes quién es? -preguntó Libby.

-no.

En ese momento se escuchó una voz que los llamaba. Salieron a la puerta, Libby aún desde los brazos de Sirius que la sostenían pudo ver venir a Remus, corría hacia ellos como si de él dependiesen sus vidas.

-¿están bien? -preguntó alarmado.

-si Moony, estamos bien, no te preocupes -dicho esto hubo un cambio en la cara del animago-. Ha muerto...alguien...Starr fue la responsable.

-¿qué?, ¿Starr estuvo aquí? -preguntó Remus exasperado. Libby se preguntó qué clase de comportamiento habría tenido Starr para que Remus se ponga así con solo escuchar su nombre-. Vayan a Grimmauld Place, nosotros nos encargaremos de lo demás.

Caminaron unos pasos y luego se aparecieron en la plaza cercana a la casa de los Black. De cierto modo se sintieron aliviados al entrar y encontrar solo el lugar. Sin nadie que los invada de preguntas sobre lo que acababa de pasar, aunque estaban muy inquietos por saber qué había ocurrido con los que tenian que hacer guardia en la taberna Cabeza de puerco. Libby se dejó caer en el sillón.

-¿necesitas algo? -dijo Sirius que se encontraba a unos metros de ella. La joven negó con la cabeza, pero luego abrió la boca.

-en realidad sí hay algo que necesito -Sirius se quedó mirandola, quizás leyendo lo que su rostro decía, enterándose de lo que la chica iba a decir antes de que lo diga-. Quiero que me expliques quién era ella, por qué me llamó así. Quiero que me expliques cada pequeño significado de sus palabras.

Sirius tomó aire y luego bajó la mirada unos segundos para después volver a posar sus hermosos ojos en ella-. Te prometo que lo haré...pero no ahora.

Salió por la puerta mas cercana, dejando a Libby sin otra opción que esperar y seguir jugando con sus teorías y probabilidades.