Los nuevos dirigentes
Estar en compañía de Tonks había resultado mejor de lo que creía, ella, a pesar de ya haber formado su familia y tener otras responsabilidades seguía siendo la encantadora y jocosa bruja de pelo rosa.
Durante su estancia allí se mantuvo fuera de las preocupaciones, no sabía cómo pero lograba olvidarse de lo que no recordaba. Teddy no podía ser ni mas ni menos que un bebé encantador, no era de extrañarse con los padres que tenia.
Así pasó una semana. Alex no había vuelto a la casa de los Lupin. Alastor había regresado de la casa de los Malfoy sin información, aunque dijo que la cara de Lucius al verlo en la casa fue una de las cosas mas graciosas que vio en su vida.
Estaban perdidos, sin pistas, sin nuevas informaciones. Otra vez estaban justo como los mortifagos querían verlos, aturdidos por su victoria en Gringotts, todo había resultado a la perfección.
Una nueva reunión iba a ser llevada a cabo durante la tarde de aquél miércoles ubicado casi a finales de Mayo. Libby estaba contenta, aquello implicaba volver a ver a Sirius y la posibilidad de ser asignada para alguna misión, no le gustaba estar tan quieta como lo había estado los últimos días.
Al llegar a Grimmauld Place se encuentra con una persona, que a pesar de haber visto hace poco, tuvo la sensación de que no la veía desde hace una vida. Un joven, porque ya no era tan niño, de gafas y pelo graciosamente desordenado se percató de la llegada de Libby. Ella no sabía qué hacer, si correr a abrazarlo o sólo saludarlo desde allí, Harry había sido como un hermano menor para ella. No tuvo que vacilar más, no le importó en lo más mínimo cómo eran las cosas ahora. Se acercó al muchacho y lo abrazó, para su alivio él le devolvió el abrazo.
-ha pasado tiempo -dijo ella separándose.
-bastante -dijo él sonriendo, estaba contento de ver a la chica.
El encuentro fue interrumpido por Remus y Sirius que salían de la cocina, Sirius llevaba un plato de comida en la mano, Libby sonrió, él nunca cambiaría y eso lo hacía quererlo aún más.
-llegas temprano Lib -dijo Remus.
-estoy ansiosa por empezar -dijo ella, luego dirigió una mirada a Sirius, éste desde su lugar le sonrió guiñándole un ojo y siguió comiendo. Remus le sacó el plato de las manos.
-¿podrías parar con eso?.
-¿qué haces?, devuélvemelo -dijo Sirius entrecerrando los ojos.
-son las cinco de la tarde y estás comiendo spaguettis de aspecto raro, ten un poco de compasión por tu estómago Padfoot.
Libby y Harry reían divertidos con la escena de los dos hombres discutiendo por un plato de spaguettis, eran como dos niños pequeños peleando por un caramelo. Remus se lleva el plato a la cocina y Sirius lo persigue como un perro sin comida durante días, Harry y Libby se quedan solos en la sala.
-¿qué haces aquí? -le preguntó ella.
-me dejarán participar de las reuniones, pero no de las misiones -dijo Harry frustrado.
-lo lamento -de repente se acordó de cómo se sentía Sirius al estar encerrado en aquella vieja casa, sin poder hacer mucho, y a dónde lo había llevado aquel encarcelamiento.
Escuchan un grito en la cocina, al parecer Sirius seguía luchando por conseguir aquel plato, ambos se miran y luego ríen a carcajadas. Minutos después Remus vuelve con una sonrisa de satisfacción, se preguntaban qué había pasado con el otro merodeador.
-Harry, ¿podrías controlar que Sirius no se muera ahogado por spaguettis? -dice el hombre, aquella situación lo divertía mucho-. Necesito hablar con Libby un momento.
Harry asiente sonriendo y se dirige a la cocina para cuidar de su padrino, algo hilarante.
-¿qué sucede? -pregunta Libby impaciente a penas Harry cierra la puerta.
-no te asustes -le dice Remus con voz serena y sonriendo-. Sólo que no tuve la oportunidad de agradecerte por haberle brindado tu compañía a Tonks y Teddy.
-¿las gracias?, como si fuese un trabajo peligroso. Remus, no tienes que darme las gracias. Estar con ellos me ha ayudado mucho, quizás sea yo quien deba agradecerte por prestarme a tu familia -dijo ella también sonriendo.
-entonces me alegro que la hayas pasado bien -dice él alegre.
Libby asiente con la cabeza y luego le dice-. Ustedes también la están pasando bien aquí, ¿qué fue toda esa lucha por el plato de spaquettis? -luego se hechó a reís, Remus le siguió el ejemplo, se quedó un rato en silencio y de repente su rostro irradiaba toda la seriedad-. ¿Sucede algo? -preguntó Libby desconcertada por el repentino cambio.
-nada -dijo él y volvió a sonreír-. Desde que... -Remus dudó unos segundos, manteniendo la mirada fija en la nada, la joven comenzaba a no entender lo que sucedía-. Desde que tú volviste a hablarle a Sirius... -y volvió a quedarse callado.
-¿qué?, ¿estuvo mal?, ¡Remus habla por dios!.
El hombre soltó una risa-. No Libby, no estuvo mal...él ahora, de alguna manera volvió a ser el de antes.
Libby inmediatamente desvió su mirada, no sabía por qué, como si quisiera defenderse de Remus o quisiera esconder algo. Se sintió aliviada de que sea eso, era una buena noticia, no podía ser algo malo, ¿o si?. Eso significaba otra cosa además, una excusa más para no tomar la poción. El pánico se adueñó de ella, no sabía por qué, pero eso sintió en ése momento, pánico.
-no sé qué hacer -Remus la miró extrañado, no sabía a qué se refería.
-no sabes qué hacer con qué.
-no estoy tan segura de querer volver a ser lo que era -dijo ella negando con la cabeza, Remus entendió por qué decía eso.
-Lib, la decisión está en tus manos, nadie te va a obligar a hacerlo.
-nadie -repitió ella molesta, acordándose el episodio con Alex.
-¿qué sucede?.
-nada -no estaba segura si Remus estaba al tanto de aquello, tampoco estaba segura de querer que lo sepa.
-de todas formas, recuerda que no estamos cien por ciento seguro de que aquello vaya a dar resultado. Y no le hagas caso a Sirius -Libby lo miró sorprendida-, sé que en Hogsmeade te pidió que no tomes ésa poción.
-él no...
-me lo dijo, así que no trates de encubrirlo. No debes escuchar lo que nadie dice, sólo debes hacer lo que a ti te parece -se quedó mirándola fijamente.
-de acuerdo -dijo ella sin saber nada más que decir.
Se hizo un silencio, un silencio que contrastaba con las risas que provenían de la cocina. Libby carraspeó.
-Remus... -el hombre volvió a posar sus ojos sobre ella-. ¿Quién era la mujer que Sirius y yo vimos en Hogsmeade?.
El hombre se quedó estático, la chica pensó que quizás no haya escuchado su pregunta, lo cual era de extrañarse porque su voz se escuchaba con claridad. Iba a repetírsela cuando Remus finalmente comenzó a arrancar las palabras de su boca.
-ella -carraspeó, incómodo, luego se acomodó en su lugar-, ella fue novia de Sirius cuando estábamos en Hogwarts. Estuvieron mucho tiempo juntos, hasta que comenzaron a notarse las diferencias que tenían, especialmente sus ideales. Luego de que Starr -hizo una pausa y bajó la voz-, hizo lo que hizo, Sirius quedó desbastado, estaba como ido. Hasta que, al igual que ahora, tú lograste hacerlo volver.
Libby solo mantuvo la mirada perdida, tratando de imaginarse lo que Remus acababa de contarle y quizás logró visualizar algo, pero sabía que aquello era sólo su imaginación, aquellas imágenes no formaban parte de sus recuerdos, aquello la abrumaba.
De repente Sirius y Harry volvieron a hacer acto de presencia en la habitación. Sirius se quedó observándolos.
-¿qué les pasa? -preguntó como si tuviese un sensor para detectar los sentimientos exactos de las personas. De todas formas no era de extrañarse, de algún modo Sirius siempre supo cuando algo estaba mal o cuando un sutil repentino cambio se producía en alguien.
Libby no se había dado cuenta de la presencia de los otros dos hasta que la voz de Sirius la trajo de vuelta al mundo. Los buscó por la habitación, hasta toparse con sus hermosos ojos grises que la miraban con curiosidad.
-nada -logró contestar, intentando no perderse en aquella mirada. Fue algo inútil, ya que Sirius le sonrió antes de volver a salir de la sala, aquella sonrisa la había aturdido. Fue por eso que a penas logró escuchar cuando Kingsley entró al lugar, estaba como nervioso, le dijo algo a Remus al oído, Remus se le dirigió un rápida mirada.
-no...no es posible -dijo el merodeador. Kingsley se limitó a asentir.
-¿qué sucede? -preguntó Libby.
Kingsley se dirigió a la cocina sin decir nada, los demás lo siguieron. A penas cerraron la puerta de la cocina, el auror comenzó a hablar.
-hay una noticia que -hizo una pausa y miró a Remus- nos llegó.
-¿qué noticia? -preguntó Sirius.
-el ministerio esta en marcha nuevamente -un silencio profundo reinó el lugar por unos momentos.
-pero...eso es bueno, ¿no? -dijo Libby al notar la cara de preocupación de Kingsley.
-no, no lo es -dijo él con toda naturalidad-. Dawlish esta al mando, imagínate quién esta detrás de todo esto.
-pero...
-¿qué crees que fueron a buscar a Gringotts?. Cuando la batalla contra Voldemort comenzó logramos encontrar un hechizo para que nadie más pueda entrar al ministerio, en caso de que las cosas salgan mal. En Gringotts había una llave, la única llave en todo el mundo capaz de abrir las puertas del lugar, no se podía entrar mediante hechizos.
-¿y qué ocurrirá ahora?.
-la gente está asustada, ellos piensan que lo mejor que puede pasarles es el regreso del ministerio. Pero no saben que no va a ser lo mismo...quizás sea mucho peor de lo que imaginamos. Y están utilizando la misma táctica que Voldemort, hubiese sido estúpido que se presenten en el ministerio como nuevos dirigentes, fue inteligente que usen a Dawlish.
-¿crees que reunan al equipo de aurores?.
-no lo sé, por el momento, Moody me dejó ordenes para ustedes. Harry, tú tienes que volver a la Madriguera, los Weasley ya saben qué hacer en caso que algo suceda.
Harry odio aquel comentario, Sirius iba a abrir la boca para decirle algo, pero Kingsley volvió a lo suyo.
-ahora, con ustedes...nos dividimos en parejas, así nadie se queda solo, siempre es bueno tener compañía. Remus, tú te quedarás con Sirius...
-Kingsley lo lamento, pero no voy a dejar sola a Tonks -dijo al instante Remus, seguro y confiado, su decisión era ésa y no había vuelta atrás.
-supuse que iba a ser así -dijo el mago sonriendo-. De acuerdo, tú irás con Tonks. Y tú Libby, te quedarás aquí con Sirius.
Inmediatamente miró a Sirius, él la miró unos segundos y luego bajó la vista.
-...y estaremos comunicados todo el tiempo... -Kingsley continuaba hablando. Libby ya no lo escuchaba, estaba pensando en cómo iba a ser pasar aquellos días en Grimmauld Place.
-...Libby -levantó la vista y se encontró con Harry.
-¿qué sucede? -preguntó desconcertada.
-me voy.
Ella se paró, nerviosa por su actitud, de todas formas, ¿qué clase de reacción podía tener luego de enterarse que pasaría unos días con Sirius a solas. No estaba segura de nada, había logrado acercarse más a Sirius, pero no era lo mismo que antes, por esa misma razón, temía sentirse tan incómoda hasta el punto de querer salir de allí y no volver más.
Abrazó a Harry-. Cuidate -le dijo mirandolo. El muchacho le sonrió y luego le dijo algo parecido a "y tú también", aunque en un tono bastante raro. Libby no se preocupó en aquello.
Kingsley se fue junto a Harry, ahora sólo quedaban tres personas en la casa, sólo faltaba que Remus ese vaya para comenzar la incómoda situación que Libby decía iba a ser inevitable.
-¿puedo irme tranquilo, sabiendo que los dos permanecerán en esta casa tal y como se les ordenó? -quizás los años en Hogwarts como prefecto habían desarrollado una especie de sexto sentido. Conocía muy bien a quienes tenia en frente, ambos eran parecidos en caracter, les gustaba meterse en líos y arriesgar sus vidas como si fuesen el último súper héroe sobre la maldita tierra. Por esta razón temía dejarlos solos.
-no te preocupes Remus -dijo Libby al notar que Sirius no se molestaría en contestar-. Somos personas adultas y entendimos lo que Kingsley nos ordenó.
Remus asintió con la cabeza y la mirada sobre el piso, de alguna forma el hecho de que las palabras salgan de la boca de la joven lo dejaban mas tranquilo que si hubiesen sido palabras de Sirius.
-muy bien -se levantó de su lugar-. En ese caso, me los dejo -se acercó a Libby para saludarla-. Cualquier cosa que pase...
-te avisaremos Moony... -dijo Sirius con voz cansada, no le gustaba que le repitan las cosas tantas veces como si fuese un bebé. Él entendía lo que se le decía, que no las quiera hacer era un tema totalmente a parte.
-si te causa muchos problemas sólo tienes que cocinarle -le dijo Remus a Libby-. Es como un perro, le das de comer y se queda tranquilo -se rió al ver la expresión de la cara de Sirius al oír aquél comentario y sin decir nada más salió de la cocina.
El silencio que Libby temía se hizo presente, sin embargo no fue por mucho tiempo.
-es mentira lo de la comida -dijo Sirius y luego carraspeó. La joven lo miró, como si su voz hubiese sido inesperada.
-de todas formas no te hagas muchas ilusiones, no creo que quieras comer algo cocinado por mi -y era cierto, Libby no era cocinera, nunca había cocinado. Su madre había estado siempre en casa para prepararle exquisitos platos.
-¿no sabes cocinar? -preguntó él con tranquilidad y sonriendo, era una sonrisa burlona.
-no -dijo ella simplemente, ni más ni menos.
-bueno, entonces yo cocinaré para ti.
-¿esos spaguettis los cocinaste tú? -preguntó Libby señalando el plato casi vacío con lo que decían eran spaguettis. Tenían un color bastante raros.
-sí, ¿por qué?.
-sólo que...se ven raros -dijo ella rodando los ojos.
-no te preocupes, puedo hacer algo mejor que eso -dijo guiñandole un ojo y sonriendo. Libby odiaba que haga eso, lograba hacer que unas extrañas cosquillas viajen desde su panza hasta la punta de las manos y sabía que él podía detectar aquellos síntomas, se ponía inútilmente colorada y nerviosa. Se sentía estúpida al no poder controlarse. El hombre salió de la habitación.
-esto va a ser interesante -dijo ella, intentando calmarse y que su cara vuelva a su color normal.
Por el momento no sabía cuánto tiempo iba a estar allí y tampoco sabía qué esperarse de Sirius.
