Décimo capitulo al fin. Creo que quedó bien.. me habían pedido un beso, pero no se si se besan... lean y confirmenlo por sus propios medios xD.

No sé qué va a pasar en el próximo capítulo, estoy en duda sobre si hacer un Lemmon o no, no se, ustedes diganme... por favor!.

Y finalmente, gracias a los que dejan reviews!.

espero que les guste .

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Huida

Sirius podía saber cocinar, pero su debilidad era dejar todo tal y como quedaba, armar el desastre, pero jamás volver a acomodar las cosas. Luego del desayuno Libby echó una mirada hacia la mesada y encontró una pequeña pila de platos.

-siempre odiaste esa parte -comentó mirando el desastre, más para ella misma que para la otra persona, aunque esta la escuchó. Él sonrió negando con la cabeza.

-eres una de las pocas personas que lo saben.

-¿y Kreacher? -se le hizo raro no encontrar al elfo las veces que había estado visitando el lugar y ver que nadie se ocupaba de mantener limpia la "noble casa".

-ya no está aquí, lo mandé a trabajar a Hogwarts luego de que por su culpa casi ocurre una desgracia -dijo sonriendo con satisfacción.

-la pelea en el Ministerio -susurró Libby. Los hermosos ojos de Sirius no podían evitar exhibir la sorpresa que había causado aquel comentario.

-¿te acuerdas de ese día?.

¿Cómo podía olvidar olvidarlo?. Ese día cuando sintió que todo se le había caído encima, cuando ni las lágrimas ni los lamentos podrían hacerla sentirse mejor. La culpa que no la había dejado dormir durante noches interminables y la rabia que golpeaba su pecho hasta dejarla sin respiración, queriendo asesinar a todo el que se le cruzaba. Aquello jamás lo olvidaría.

-sí...algo me acuerdo -contestó la joven un poco abrumada por los recuerdos que de repente se le habían presentado. De repente se preguntó qué era lo que había sucedido para que Sirius salga vivo de allí esa vez. Lo miró con el ceño fruncido-. En realidad no...no me acuerdo nada. ¿Me contarías lo que pasó? –era casi una súplica.

Sirius la miró con los ojos entrecerrados, pensó que estaba jugando con él. Pero su mirada no engañaba, no tenía conocimiento de los hechos y eso se notaba.

-bueno...hay cosas que no te las sabría explicar porque no las viví –hizo una pausa, como tachando mentalmente las cosas que no servirían decir en ese momento y volvió a mirarla-. De todas formas... a penas nos enteramos lo que había hecho Kreacher, engañar a Harry de esa forma, fuimos para el Ministerio. Allí nos encontramos con los chicos y los mortifagos que intentaban apoderarse de la profecía. Y bueno... a partir de allí nos concentramos en tratar de sacar a Harry y sus amigos sanos y salvos de ése lugar, al menos eso era lo que yo tenia en mente, me importaba tres cuernos esa estúpida profecía -Sirius sonaba un tanto indignado. Luego su voz volvió a serenarse-. Para ese tiempo nosotros ya no teníamos una... buena relación, entonces discutimos antes de ir para el Ministerio. Tú insistías en ir porque querías estar con Alex, y yo me negaba a dejarte salir de esa casa porque tenia miedo de que algo te pase.

Libby no era idiota y pudo percibir el pequeño tono nostálgico en la voz del hombre. Cuando esto pasaba ella no podía evitar notar la vulnerabilidad en la que se encontraba él, y eso lo hacia más atractivo. Sólo quería acercarse a él y abrazarlo hasta el fin de sus días. Él continuó hablando.

-en fin... -Sirius suspiró bajando la mirada. Perdido en enigmáticos pensamientos por unos segundos hizo que aquella historia recobrara vida nuevamente en su cabeza, se acordaba de aquello como si hubiese sido sólo hace horas. Miró a la joven-. Como te imaginarás no me hiciste caso.

-lo lamento -se disculpó Libby riendo. Sirius también rió, aunque luego se quedó mirándola intensamente. Un brillo particular en sus hermosos ojos gises se manifestó de repente, aquello los hacía únicos. ¿Existía otra mirada que pueda triunfar ante la que ahora, Libby, tenia en frente suyo?. Había una respuesta, y era que no. Al menos así lo podía sentir ella.

Sirius continuó hablando, tratando de controlar lo que su mirada en realidad quería decir.

-luego de que encontramos a los chicos nos enfrentamos con los mortifagos que de alguna forma nos estaban esperando en el ministerio.

-dijiste que casi ocurre una desgracia -lo interrumpió Libby sin poder contener aquellas palabras-, ¿qué fue lo que pasó?.

-Starr intentó asesinarte, no sólo ella, sino también Bellatrix -articuló Sirius sin demasiadas vueltas. Eso era lo que le gustaba de él, siempre que podía te decía lo que te tenia que decir sin pintar demasiado la situación, sin adornos ni arreglos extras.

Y allí estaba la respuesta, Bellatrix había desviado demasiado su atención en ella y había descuidado su puesto ante Sirius. Fue por eso que él ahora estaba sentado a su lado, en la misma habitación. De todas formas se preguntaba por qué habrían puesto tanto interés en ella, no era más que una insignificante bruja.

Aquellas conclusiones le causaron el más desagradable de los escalofríos. Pero todo estaba enterrado ya, todo aquello malo que había pasado ahora formaba parte de simples recuerdos de una vida lejana y casi irreal.

-ya veo -fue todo lo que le salió decir. Cualquier otra persona podría haber pensado que Libby sentía miedo por haber conocido aquella verdad. ¿Cuántas veces en la vida tienes a dos personas que quieren asesinarte?. Sin embargo no era eso lo que en realidad estaba sintiendo y Sirius la conocía demasiado bien como para malinterpretarla, pero también había pasado demasiado tiempo lejos de ella como para descifrar con facilidad lo que su rostro demostraba en aquel momento. Sabía con certeza lo que no le pasaba, pero dudaba de lo que le estaba pasando.

Libby no dijo nada más, se levantó y con un movimiento de varita hizo que los platos comiencen a lavarse por si solos. Se apoyó sobre la mesada dándole la espalda a él, sintiendo la mirada del hombre en la nuca. Sabía que Sirius estaba teniendo un interesante debate. Él era de aquellas personas que podían llegar a desesperarse por no conocer qué sentimientos invadían al otro.

La joven escuchó que una silla chirriaba levemente contra el piso, causando un sonido casi imperceptible. Unos pasos fueron lo siguiente, pero no se alejaban, sino que iban en dirección a donde se encontraba ella.

Temía voltearse, temía no encontrarse a lo que esperaba encontrar, temía despertarse repentinamente de todo aquel extraño sueño.

¿Pero qué estaba pensando?, aquello no era un sueño, y si lo era entonces por qué sintió como unas manos tan reales como ella y tan llenas de vida tomaron delicadamente su cintura. No, definitivamente la realidad era lo más real en aquel momento.

Dio media vuelta, y como había agradecido haber hecho eso, ahora era testigo de la imagen mas hermosa. El rostro de Sirius estaba tan cerca que podía tomar nota minuciosamente de cada detalle en él, que hacían que ella esté a punto de perder hasta la última gota de cordura. Sus ojos, sus ojos grises como ninguno se posaban peligrosamente en su mirada y su boca parecía haber cobrado vida propia, era como si la llamara, incitando a Libby a que recorte los últimos centímetros de distancia que los separaba.

-a mi no me vas a engañar -él comenzó a hablarle. Su expresión era seria, como ella casi nunca acostumbraba a verlo, y su voz era el más deleitoso susurro que los oídos podían desear-. Sé muy bien que algo te sucede.

-es sólo que... -trató de pensar rápido, pero los perfectos labios ligeramente entreabiertos del hombre la sacaron de todo pensamiento racional. Vaciló, vacilar en frente de Sirius Black no implicaba nada bueno-...me abrumó lo que me dijiste de Starr y Bellatrix.

-mientes -dijo él con toda tranquilidad. Por supuesto que mentía, ni ella misma se creía lo que acababa de decir.

Sirius no pudo mantener por más tiempo la seriedad y una media sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.

-¿cómo puedes saber si miento? ¿tú qué sabes? -interrogó una joven casi molesta e incómoda. Intentó deshacerse de los brazos del hombre, pero aquello se le hizo imposible.

-porque te conozco Libby Dawkins -comentó divertido-, y sé que cuando mientes tu rostro y las palabras que salen de tu boca jamás coordinan y tus ojos no pueden evitar tener un leve brillo de culpa. Algo que sólo se puede ver si se te observa tan de cerca como lo estoy haciendo yo ahora. Simplemente dime lo que estas sintiendo.

Libby bajó la mirada. Si le contaba a Sirius lo que había estado escondiendo desde que se despertó en la casa de los Lupin él seguramente pensaría que estaba completamente loca.

De repente sintió que las manos de Sirius la acercaban más a él, para que su cuerpo sufra la conquista completa de los brazos del hombre. Ella en un principio dudó, pero fueron sólo segundos los que tardó en tomar el control de su cuerpo, para poder rodear a Sirius con sus delicados brazos.

Era increíble la estampida de sensaciones que podía provocar un simple abrazo. Libby cerró los ojos, apoyando su cabeza en el pecho de él. Escuchaba todo desde allí, podía oír como la vida estaba presente en cada rincón del cuerpo del merodeador. Lograba escuchar su corazón, latiendo pacíficamente, y su respiración serena, todo esto sincronizado perfectamente, como si estuviese planeando la mejor de las melodías inconscientemente.

-dime lo que sientes -escuchó Libby imprevistamente una voz, su voz, reducida al más vaporoso susurro-, por favor -le suplicó, no sólo con las palabras, sino con cada recodo de su ser.

¿Cuántas veces en la vida tenías a un Black pidiéndote "por favor"? ¿una? ¿cero?. Con suerte conseguís ser tratada despectivamente, y el grado de agresión puede variar dependiendo de tu status de sangre y cuánta "escoria" forme tu árbol familiar. Pero después de todo él era Sirius, y podía romper la más insignificante de las tradiciones familiares hasta el fin de sus días.

Libby se atrevió a levantar su rostro. Lentamente enfocó su vista en aquellos dos ojos que se ahogaban en preocupación.

El problema de ella ya no era el de hacia unos momentos, sino que ahora se trataba de una batalla entre autocontrol y espontaneidad. Mirarlo directamente a la cara no había sido tan buena idea habiéndose encontrado en un estado tan vulnerable. Quería simplemente besarlo. ¿Era tan simple como parecía? ¿o había un largo camino por recorrer antes de llegar a aquella deseada meta?.

Quizás Sirius, como traductor experto que era de aquel tipo de expresiones, descifró cómodamente aquel cambio que se había producido. Por esa misma razón no hizo falta que Libby sea quién tenga que elegir el próximo paso. Él era el que siempre se daba el gusto de aquello y no tenía intenciones de hacer ninguna excepción por el momento.

Una de las manos del merodeador pasó de manera imperceptible nuevamente a su curvada cintura, haciéndola caer nuevamente en una prisión de la que no podría escapar. Mientras que su otra mano recorrió un indolente y suave camino desde su mejilla hasta su nuca.

Una media sonrisa se esquematizó en el rostro de Sirius mientras recortaba lenta y cuidadosamente la fastidiosa distancia que sus bocas estaban odiando por el momento.

Y sí, finalmente todo derivó a lo que ambos estaban deseando desesperadamente. Los labios de Sirius se posaron dulcemente y casi con miedo en los de la joven. Él sabía que no era de aquellos que aplicaban la sutileza en ese tipo de actos, pero temía en lo más profundo de su mente que la mínima fuerza innecesaria podía llegar a romper todo. Esta vez se trataba de saborear cada segundo, sabiendo que no existiría otro igual.

Libby cerró los ojos, perdiéndose. Sus brazos, aún rodeándolo se tensaron, como si existiese el temor a perder aquellas sensaciones que solo él y nadie más que él le podía obsequiar. Tener sólo los labios de Sirius no le alcanzó, había probado sólo la más pequeña proporción y ahora quería el resto. Entreabrió su su boca, pidiendo permiso educadamente antes de entrar en la de Sirius, y por supuesto que él no se negó ante aquel pedido. Sus lenguas se encontraron, agradeciendo al mejor de los dioses por eso, derramando las últimas gotas que mantenía a ambos con los pies en la tierra. No habría vuelta atrás, los sonidos habían desaparecido junto con el espacio. Ahora eran sólo ellos dos, conscientes de que nunca era demasiado tarde para nada. La espera y el sufrimiento de los insoportables días que pasaron separados el uno con el otro, ahora eran indispensables momentos que se tenían que cumplir para que ahora ellos se encuentren en esa situación.

Las cosas buenas sólo pueden llegar hasta cierto punto, de lo contrario en el mundo las cosas serían demasiado fáciles.

Libby escuchó unos lejanos golpes. Pensó por un momento que todo aquello realmente estaba afectado su salud mental, pero luego se sintió aliviada de volver a escuchar el mismo ruido. Provenía de la puerta principal, alguien estaba llamando.

Con toda la voluntad del mundo apartó a Sirius, volviendo al mundo nuevamente. Pero él no tenía intenciones de dejarla ir.

-no hagas caso -dijo casi con desesperación. Maldecía a quien fuese el que estaba molestando en ese momento tan oportuno. Intentó rearmar el momento, pero una tercera llamada había sido suficiente como para que el ambiente se quiebre sin remedio alguno.

-puede ser Remus, o Tonks -advirtió Libby mientras se separaba lenta y dolorosamente de Sirius.

Se dirigió a la puerta, escuchando los pasos de Sirius pisándole la sombra. Le dirigió una mirada antes de abrir la puerta, él le sonrió cálidamente.

Los rostros que se encontraban del otro lado no eran precisamente los que pasaron por la mente de ninguno de los dos. Tres magos de oscuras túnicas y caras poco amigables entraron casi sin permiso a la casa. Antes de que alguno pueda quejarse ante aquel comportamiento, el más alto de ellos habló.

-somos del Ministerio, tenemos una orden aquí mismo que indica que debemos registrar cada casa de cada mago que resida en los alrededores -mostró un pergamino. Sirius se lo arrebató prácticamente de las manos.

-¿eso les da derecho a entrar cómo lo acaban de hacer? -preguntó con irritación.

-¿te sorprendería saber que sí? -dijo el mago alto con un deje de desprecio. Sacó otro pergamino de su túnica y los miró-. ¿Cuáles son sus nombres?.

Sirius lanzó una fugaz mirada a Libby, aunque ésta no entendió su rápida expresión. Miró al mago y le dijo su nombre.

-Libby Dawkins...

-Andrómeda Black -dijo Sirius al mismo tiempo que Libby. Ella lo miró frunciendo el ceño, no veía el por qué de negar su verdadero nombre.

El mago los miró divertido, disfrutando aquella repentina equivocación.

-¿se pondrán de acuerdo? -lanzó una risa burlona y se buscó en el pergamino que tenía en su mano-. Le tomaré la palabra a la señorita, si no le importa -comentó-. Libby Dawkins... -su dedo índice llegó hasta casi el final de lo que parecía ser una lista de nombres. Sirius por un momento se sintió aliviado... sólo por el momento-. Oh... aquí estas -dijo el mago, con una sonrisa de triunfo.

De repente Sirius sintió que el ambiente se congeló, sabía que Libby iba a ser una de las buscadas por el ministerio. Se sintió el más estúpido de todos por haber perdido el tiempo y no haberle advertido sobre aquello.

-verás el Ministerio está haciendo lo mejor para eliminar de la sociedad todo lo que es indeseable -volvió a hablar el mago, esta vez dirigiéndose sólo a Libby-. Es por eso que de a poco, con un meticuloso trabajo de investigación, lograremos con este cometido. Así que, teniendo en cuenta tu expediente... -sonreía de forma tétrica, Libby comenzó a sentir miedo- tendremos que llevarte.

-¿llevarme? ¿a dónde? -preguntó ella, dejándose llevar por lo que su cuerpo quería sentir.

El mago se dio vuelta, mirando a los otros dos que lo acompañaban. De repente vio que un chorro de luz roja le daba al más alto, y a la vez, como si se tratase de una fila hecha por fichas de dominó, los otros dos cayeron también, sin poder evitar la fuerza de la maldición que Sirius había lanzado.

Libby lo miró horrorizada, ¿y ahora qué?. Sirius tomó su mano, sabía que ella quizás en ese momento no se encontraba en condiciones como para aparecerse correctamente en algún lugar. Entonces decidió hacer él mismo el viaje.

No sabía a dónde tenía pensado Sirius ir, pero sabía que ahora las cosas se habían complicado mucho más de lo que se imaginaban. Habían atacado a tres magos enviados por el Ministerio, si es que a eso que se había formado se lo podía llamar Ministerio.

Huir no era bueno, mucho menos atacar, sólo empeoraba la situación. Pero Sirius no iba a dejar por nada del mundo que alejen a Libby de su lado.