Tensión.

Las cosas habían pasado con tal rapidez que no pudieron darse el lujo de tomarse su debido tiempo para elegir un lugar a dónde ir. Sirius inmediatamente pensó en su ahijado, si quisieron llevarse a Libby entonces por qué no querrían llevarse a Harry.

Libby mantenía los ojos cerrados, aunque se aferraba firmemente a Sirius. Se habían aparecido casualmente debajo de un árbol, un árbol que logró amortiguar la frondosa y helada lluvia que no se hizo esperar cuando se alejaron unos pasos.

-¿estás bien? -su voz, aquella voz que resultaba inquebrantable y transmitía toda la seguridad necesaria como para saber que se estaba a salvo.

-sí, estoy bien. ¿Y tú?.

Sirius sólo atinó a cubrirla a ella de la escurridiza y ágil lluvia que se filtraba por cada parte de sus ropas. Y justo cuando ella iba a preguntarle dónde se encontraban logró visualizar a los lejos la inigualable casa de los Weasley, La Madriguera.

Creía poder adivinar el pensamiento exacto que rondaba por la cabeza del merodeador en ese momento: Harry. Y tenía razón en preocuparse, porque ella también lo estaba haciendo y no solamente por él, sino por todos sus amigos.

Cuando llegaron a la entrada se miraron fugazmente y en silencio, luego Sirius le dio tres sonoros golpes a la puerta. Desde adentro se pudieron oír pasos y leves voces que no dejaban captar las palabras con facilidad.

-¿quién es? -preguntó alguien. Ambos supieron que era Molly quien estaba del otro lado.

-Molly, soy Sirius.

-¿Sirius? -dijo ella abriendo levemente la puerta y asomando sus ojos por el poco espacio que había quedado-. Dios mio -agregó luego de poder ver a Libby, quien comenzaba a temblar por el frío y por estar completamente empapada.

La señora Weasley no se dio tiempo para las dudas ni para detenerse a hacerles preguntas para verificar que realmente eran ellos y abrió la puerta del todo para que ellos puedan pasar.

-estas toda mojada, querida. Estarás congelándote -quizás haya ignorado toda norma de prevención, pero llevaba la varita en su manos. Así que con un rápido movimiento de muñeca la joven quedó completamente seca y despojada de toda fría humedad. Sirius, que seguía allí parado supo que Molly no se molestaría en hacer lo mismo con él, así que sacó su propia varita e hizo el hechizo él mismo, de lo contrario terminaría ganándose un indeseado resfrío.

-¿dónde está Harry? -preguntó de repente, con ese tono de voz que solía usar con Molly. Era frío y alejado, pero a la vez formal y correcto.

-está con Ron en la casa de Bill y Fleur, los enviamos hace un rato. Fue horrible -comenzó a relatar Molly lo sucedido, ya que era evidente que los del Ministerio habían estado brindándoles sus cálidas visitas-, llegaron de repente y no tuvimos demasiado tiempo como para pensar en qué podíamos hacer para esconder a Harry. Alastor Moody nos dijo, que lo más probable era que vuelvan a querer a Harry para hacer quién sabe qué cosas.

Libby tomó asiento y Sirius hizo lo mismo al siguiente segundo con un leve "permiso", mientras que la señora Weasley daba vueltas, como haciendo tareas de la casa, aunque en realidad se notaba que era quizás un pequeño tic nervioso que ella tenia a causa de lo que había sucedido.

-¿cómo lograron hacer que no se lo lleven? -preguntó la joven. Si habían usado la misma táctica que Sirius, quizás la casa no tardaría en ser invadida por más personas del Ministerio.

-ellos no lo vieron, utilizamos un encantamiento desilusionador. Él tuvo la idea.

Libby se acordó de la noche en que los miembros de La Orden fueron hasta Little Whinging en plan de "rescatar" a Harry. Sabía que Moody tenía planeado utilizar el encantamiento desilusionador. Con él siempre se tenían que tomar todas las medidas necesarias.

-según sus papeles él estaba en esta casa, pero de alguna forma logramos convencerlos de que Harry había pasado sólo unos días acá y que luego de haberse marchado no volvimos a tener noticias de él. Cuando se fueron, esperamos un tiempo, no demasiado, por miedo a que se arrepientan y vuelvan a registrar la casa, y Ron y Harry fueron directamente a la casa de Bill y Fleur, no se nos ocurrió un mejor lugar, espero que allí estén bien.

-no te preocupes Molly, de seguro lo estarán -¿qué otra cosa podía decirle para evitar que se sienta tan preocupada?.

La señora Weasley se quedó con la mirada perdida durante unos segundos, como si inevitablemente estuviese reviviendo aquellos minutos de tensión. Luego pareció caer en la realidad.

-¿ustedes qué hacen aquí? -esperaba no sonar descortés, pero en las órdenes que les habían dado no decía nada sobre poder visitar las demás familias así por así.

-llegaron a Grimmauld Place -ésta vez fue Sirius quién habló-. Quisieron llevarse a Libby.

La mirada de horror que Molly le dirigió a la joven le hacia sentir escalofríos.

-¿cómo...?.

-no importa ya Molly, estamos bien. Aunque... -Libby dirigió una fugaz mirada a Sirius- creo que será mejor buscar otro sitio para quedarnos.

-¿de qué hablas, querida?.

-no creo que sea seguro para ustedes alojar en su casa a una... "prófuga" -aquella palabra le desagradaba, pero su mente en ese momento no podía buscar otra que se le parezca.

-no no y no. Tú no te moverás de aquí -ordenó firmemente la señora Weasley, dejando salir su instinto materno hacia la joven-. Será mejor que te quedes aquí hasta que... no lo sé, esperemos a tener más información en manos, saber con exactitud qué esta pasando allá fuera.

-pero...

-ni una palabra -Molly se levanto del lugar que había ocupado no hacia ni diez segundos atrás y comenzó a caminar hacia la salida-. Se quedaran aquí, ¡y no se discute! -agregó casi en un grito, para luego cruzar la puerta que daba hacia el patio.

Por un lado se sentían tranquilos, ya que sabían que Harry estaría bien en aquella casa. Por el otro, a Libby no le agradaba la idea de quedarse allí, no quería involucrar a los Weasley en algo que pueda resulta peligroso.

Se le presentaron unos ojos, unos ojos grises que conocía muy bien, y cuando volvió a tocar tierra supo que esa visión se debía a que aquella mirada estaba sobre ella. Sirius la miraba al punto tal de penetrar en sus pensamientos.

De repente se acordó de todo. Gimmauld Place, la cocina, el beso. Los colores comenzaron a notarse en sus mejillas, luego en toda su cara. Había parecido todo un sueño, y aún, si cerraba los ojos, podía sentir aquel aroma tan delicioso y tan propio de Sirius y de nadie más, que la dejaba casi sin aire.

¿Qué se supone que tendría que esperar ahora? ¿Qué estaría pensando él? ¿Por qué la miraba de esa forma?, Sirius si que sabía cómo incomodarla.

-momento oportuno en el que nos vinieron a molestar, ¿no?.

Y sí, no podía evitar ser "Sirius" en ningún momento de su vida, porque era lo que era y bajo ninguna circunstancia podría parecer otro.

-Sirius... -se detuvo, porque sabía que no tenía nada para decirle a pesar de que se exprima el cerebro. Sabía que él siempre iba a ser de los que la dejen sin palabras. Rió internamente, porque de alguna forma u otra esto hacia que lo quiera aún más.

-Libby -una voz, no era la de él. Provenía de sus espaldas y temía voltearse, porque inconscientemente se estremeció, como si algo que enfriaba la habitación hubiese llegado de repente-. ¿Qué haces aquí? ¿estas bien?.

Alex bajó los últimos escalones que le quedaban y se dirigió hacia ellos, aunque parecía que no había tenido tiempo de notar la presencia del merodeador, porque no lo había mirado ni una sola vez, o quizás simplemente prefería ignorarlo.

Libby lo miró durante unos escasos segundos a los ojos. Si mal no recordaba las cosas entre ellos no habían terminado bien la última vez, pero él le estaba hablando y mirando como si jamás hubiese pasado tal escena.

-sí, estamos bien -respondió, enfatizando el "estamos".

El joven no era tonto, y percibió aquella tramposa frase. Fue entonces cuando observó casi de reojo a Sirius. Ambos se conectaron por unos breves segundos y Libby pensó que la casa se vendría abajo. Evidentemente ellos nunca se habían llevado del todo bien, y ahora parecía que las cosas habían empeorado. Y no hacia falta saber nada más, porque la frialdad de sus miradas para con el otro lo dejaba todo al descubierto.

-¿tú... qué haces aquí? -le preguntó Libby, con el fin de romper el tenso momento.

-mi madre me envió -dijo él con algo de disgusto, se notaba que no estaba nada contento con su estadía allí-. Cree que estaré mejor aquí. No veo cómo puedo estar mejor aquí estando rodeado de... -se quedó en silencio. Había frases que sonaban mejores si no se las completaba del todo, al menos eso pensaba el joven slytherin.

-¿sabes Meyer? -Sirius comenzó a hablar, con aquel tono lleno de sarcasmo-. Deberías aprender a terminar tus frases, la gente pensará que sufres de alguna extraña enfermedad que te obliga a quedarte a la mitad de ellas, o peor aún, que eres una persona con poca educación. Tu madre no querría que piensen así de ti.

-y tú deberías aprender a mantener esa boca cerrada -Alex estaba sonriendo, pero Libby jamás había visto una sonrisa tan simulada como aquella. Y fue en ese momento cuando más apoyó su teoría sobre que no iba a ser bueno quedarse allí. ¿Cuánto tiempo podían permanecer juntos esos dos sin que se apunten con sus varitas?. Una pregunta de la que Libby no quería una respuesta.

-Alex, ¿podríamos hablar un minuto? -dijo ella con algo de temor, en realidad no sabía de qué quería hablar con Alex, pero tampoco quería permanecer más tiempo sin hacer nada, esperando a que se desate una pequeña pelea.

Posó sus ojos en Sirius, en busca de una respuesta, pero solo llegó a tener la imagen de un hombre mirando un punto muerto fijamente y en silencio.

Mientras se dirigían hacia el patio se cruzaron con Molly, que miró a Alex con un deje de desprecio. Como si su presencia en esa casa no fuese bienvenida.

La lluvia había cesado, aunque no del todo, aún se podían ver finas gotitas caer del cielo hasta perderse en el suelo para ser absorbidas. Por suerte tenían un pequeño techo que sobresalía. No era la gran cosa, pero podían resguardarse de las traviesas chispas de agua.

-¿tanto le cuesta seguir ordenes? -Alex comenzó a hablar, indignado-. Tenían que quedarse en la casa, era algo simple y fácil de entender.

-quedarnos en la casa -repitió ella asintiendo. Su voz parecía haber salido sola, automáticamente como si se tratase de un robot que estaba diseñado para repetir las frases que oía-. Claro, esperar allí a que lleguen más personas y nos lleven a Sirius y a mi. Me encantan tus ideas.

Alex obviamente no estaba enterado de lo que había sucedido, sólo le había llegado la mitad del cuento. Y como es de esperarse, cuando a alguien le llegan las historias por la mitad tiende a mal interpretar todo. Pero por otro lado también estaba la forma de ser del joven. A él no le importaba demasiado lo que en realidad pasó, le importaban las cosas como él las quería ver y las vería siempre. En su mente estaba la idea de que Sirius había tenido la culpa de cualquier cosa que haya podido salir mal y eso no iba a cambiar por más que haya vivido todo aquello en carne propia.

-Black es un imbécil, seguramente fue él quién empezó todo...

-me gustaría que vayas con tus insultos a otra parte. No voy a tolerar que llames imbécil a nadie en frente mío, mucho menos si se trata de una persona cercana a mi -respiró un par de veces, tratando de contenerse. Hasta el momento ni siquiera había levantado su tono de voz-. Me quisieron llevar, Alex, estaba en su lista. Sirius los atacó, y si no fuese por eso, no se dónde estaría ahora.

-¿estás segura? -el joven no daba crédito a esas palabras-. Está bien, supongamos que así fue, que en realidad Black no hizo ninguna estupidez. ¿Por qué querrían llevarte a ti?.

Aquella pregunta fue como un golpe duro en la cabeza de Libby, la dejó aturdida y casi desorientada. Era una buena pregunta, ella tampoco sabía por qué habían querido llevársela. Después de todo, no era más que una simple persona, no tenía nada de especial.

-eso no lo sé -respondió, indignada por no saber la respuesta.

Alex bufó, como si aquel desconcierto de Libby lo lleve a una fácil victoria, indicando que él siempre tenia la razón. Tomó a la chica por los hombros, dejándola sin otra opción que mirarlo a los ojos, ellos tenían un brillo muy particular, pero no transmitían calidez, sino que parecían hechos del material más frío del mundo

-Libby, no te conviene estar cerca de él -hablaba pausada y tranquilamente-. Es una persona que lo único que sabe es meterse en problemas y arruinarlo todo, y cuando digo todo es Todo, ¿comprendes?.

-sí, comprendo que lo que no me conviene es estar cerca de ti, porque puedo perder el control en cualquier momento y lanzarte un maleficio. Alex, ya no sigas con esto, deja a Sirius en paz, lo que hagamos nosotros no es de tu incumbencia.

-de eso se trata, ¿no? -Alex se rió con una sonrisa maligna-. Aún sigues enamorada de él, después de todo lo que te hizo.

Libby hubiese querido que Alex por fin suelte lo que tanto quería largar, decir, gritar, porque se le notaba en cada movimiento que hacia. Pero se contuvo, sabía que él le daría una versión distorsionada de todo, era mejor escuchar todo de la boca de Sirius.

-se trata de que entiendas que yo soy bastante mayor, puedo cuidarme sola y lidiar con mis problemas sin que tú estés atrás mío para cuidarme o decirme qué es lo que tengo que hacer. ¿Puedes entender eso?.

-no deberías decir eso, nunca sabes de quién puedes necesitar ayuda -manifestó él con suma arrogancia.

-espero nunca necesitarla de ti -ya no quería seguir escuchándolo. Atinó a dirigirse hacia dentro de la casa, pero Alex se interpuso en su camino.

-solo por haber dicho eso, el día menos esperado te verás a ti misma pidiéndome ayuda. Veremos en ese momento qué es lo que pasa, si logro ceder, o no.

La conversación era absurda, ¿quién era Alex para decir qué ocurriría en un futuro?. Él sonaba demasiado convencido y eso era aún más estúpido. Creía demasiado en sus ilógicas frases.

-veremos lo que pasa entonces -fue todo lo que se le ocurrió decir. Sin demostrar que lo que había dicho la había afectado-. Permiso -esperó a que el joven se haga a un lado para poder pasar.

La conversación con Alex no la había dejado ni más ni menos tranquila, las cosas continuaban siendo neutras y no avanzaban hacia ningún lado. No podía dejar de pensar en los que quisieron llevársela. ¿Por qué esa actitud? ¿qué información tenían ellos que a ella le faltaba como para poder cerrar aquel rompecabezas?.

Había pasado ya un día desde aquello. Durante las horas que permanecían allí Libby había intentado estar a solas con Sirius para preguntarle qué sabía sobre lo ocurrido, sabía que él le diría algo, él nunca le mentiría.

Los exquisitos aromas de la cena que estaba preparando Molly habían invadido por completo la casa. El ambiente se encontraba menos tenso, ya que Alex había vuelto a la casa de sus padres, o al menos eso había dicho antes de salir por la puerta. Sirius y Molly hacían su mejor esfuerzo para no dejar que sus fuertes temperamentos no choquen para que ambos concluyan en una pelea. Libby les agradecía profundamente este gesto, realmente no quería escucharlos discutir.

El barullo de los presentes hacia la casa aún más pequeña, como si no te pudieses resguardar de aquellas voces desde ningún rincón. Arthur y Molly se sentaron a ambas esquinas de la mesa. Libby se encontraba a lado de Ginny y frente a Sirius, quedando completamente expuesta a las miradas grises que el merodeador le dedicaba.

-¿dónde están Fred y George? -preguntó Libby tratando de evadir la maravillosa vista que tenía ahora en frente suyo.

-no quisieron dejar solo el negocio por mucho más tiempo -comentó Molly con suma preocupación-. Traté de convencerlos para que esperen unos días más, pero son tan testarudos.

A juzgar por la cara de la mujer era mejor no tocar ciertos temas a la hora de cenar. El señor Weasley permanecía con la mirada fija en su plato, como si no tuviese las fuerzas para acotar algo sobre el comportamiento de sus jóvenes hijos.

-mamá ellos estarán bien -comentó Ginny por último, intentando ocultar el rodeo de ojos. Luego se acercó a Libby y le habló al oído-. Se preocupa demasiado, no le hagas caso.

La joven le sonrió, nunca había tenido algún tipo de relación con Ginny, al menos no algo que pueda ir más allá de un comentario o un breve momento de risas. La niña parecía molestarse con la actitud de su madre, pero Libby no juzgaba. Hubo una vez en que Molly perdió a uno de sus hijos y eso le bastaba para entender la preocupación que aquella madre sentía por su familia.

A mitad de la cena, entre el ruido de los cubiertos golpeando la mesa, entró una lechuza por la ventana que daba al patio trasero. Arthur, quien se encontraba más cerca se levantó para tomar en mano la carta que llevaba el animal en el pico. Todos se encontraban pendientes de qué era lo que podía contener aquel sobre. ¿Malas noticias? ¿buenas noticias?.

El señor Weasley rompió la envoltura y comenzó a leer, en silencio y sólo para él. Su ceño de repente se frunció y sus ojos comenzaron a transmitir lo sorprendido que estaba al leer aquellos.

-¿qué es lo que sucede? -le preguntó Molly ya impaciente. Los demás agradecieron su vivaz curiosidad.

-es del Ministerio, están convocando nuevamente a los empleados de allí. Quieren que me presente.

Un silencio casi sepulcral ensordeció a cada uno de los presentes. ¿Qué se tenían entre manos allá? ¿por qué convocaban a los viejos empleados?. Molly hizo un mohín y luego se le escapó un quejido.

-de ninguna manera, seria como un suicidio. No sabes qué es lo que quieren, no sabes sus intenciones, no puedes arriesgarte así.

Nadie dijo nada, Arthur permaneció allí parado, releyendo la carta una vez más. De repente una voz, que no era la de su esposa, lo hizo levantar la mirada.

-yo creo que seria beneficioso que Arthur asista, si lo piensan bien, podríamos sacar mucha información.

Libby miró de reojo a la señora Weasley, observando cómo su rostro se contraía. Quizás estaba intentando no dejar salir lo que tenía dentro. Sirius no debería meterse en eso, pensó, pero tenía razón.

-Sirius, te recuerdo que nosotros no somos como tú. No nos gusta estar lanzándonos al vacío sin tener certeza de lo que nos espera abajo. Arthur no puede ir allá y presentarse como si nada. ¿Tú piensas que no tomarán en cuenta lo que fue la batalla en Hogwarts? ¿crees que no sabrán a la perfección quién luchó contra quién?.

-entiendo tu punto de vista, pero si no arriesgamos jamás sabremos -el tono que usaba Sirius podía lograr ser irritador. Más aún cuando le agregaba sus sonrisas recargadas de sarcasmos, Molly realmente detestaba eso.

-¿por qué no vas tú a arriesgar la vida como si nada importara?, por la forma en que hablas pareciera que no tienes nada que perder -interrogó la mujer. Su cara comenzaba a tomar un color rojo.

-te sorprendería saber que sí tengo cosas que aún me atan a este mundo, y por esa misma razón me gustaría que todo esto acabe, y si uno no lucha por encontrar verdades que nos lleven a posibles triunfos, entonces esto nunca acabará, y quizás empeore.

-es demasiado arriesgado -dijo mientras volteaba a ver a su marido. Lo miró casi con súplica-. Sabes que lo es.

Arthur bajó la mirada, incapaz de dejar que su esposa lea sus verdaderas intenciones. Él estaba a favor de Sirius. Molly tenía razón, era arriesgado, pero el que no arriesgaba no ganaba.

-quizás echar una ojeada no me haga ningún daño, Molly. Nunca puedes llegar a saber las cosas cuando no las... -pero se detuvo. La señora Weasley se levantó de la mesa, lanzó una fugaz mirada de odio a Sirius y se dirigió a las escaleras. Mientras subía sus pasos retumbaban, llegando a oídos de los presentes.

Se quedaron en silencio, pensando en lo enojada que se había retirado Molly. Seguramente el enojo le duraría días y Sirius no se sentiría nada extrañado si de repente le pedía que abandone la casa. Libby pensó que si Sirius se iba, ella se iría con él, por nada del mundo se apartaría, esta vez no iba a ser así.


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Acá estoy de vuelta xP. Quizás pensaron que nunca más iba a subir, pero estuve demasiado colgada con otras cosas, pero bueno, estoy haciendo todo lo posible para poder terminar de subir los capitulos que faltan, que no son muchos. Pronto van a empezar a surgir respuestas a las preguntas de Libby, como por qué odió a Sirius, por qué quisieron llevarsela los del Ministerio y demás cosas.

Gracias a las personas que siguen leyendo la historia y me dan consejos para poder seguirla, realmente lo aprecio. No cualquiera se aguanta las cosas que escribo xD.

En fin, espero que les haya gustado el capítulo. Hasta el momento fue el que más me costó xP.

Nos leeremos pronto... espero.

Adios!