Un ¡Auch! Se escapó de su boca cuando el Dr. Tofú se dispuso a sanar las heridas menores que había en su rostro, después de varias intervenciones con las más graves.

Nodoka, miraba a su hijo angustiada. Su cara hinchada lucía algo desfigurada y demacrada bajo los múltiples moretones. Sin embargo, eso no era lo que más le preocupaba. Su estado ausente, extremadamente serio si era en verdad preocupante.

-Ya está. Es cuestión de cinco ó seis días para que Ranma pueda volver a la normalidad. Claro que las huellas y cicatrices podrían quedar definitivamente, aunque no serán muy notables. Afortunadamente, como ya le dije, no tiene heridas internas. – Dijo el Médico familiar con su habitual gesto amable mientras preparaba su maletín y se dirigía a la puerta acompañado de la mujer.

Ranma vió a su madre acompañar al medico a la puerta y se sintió aliviado de, por fin en mas de dos días, tener un poco de privacidad. Había pasado la mayoría del tiempo sedado para no sentir el dolor de sus múltiples lesiones.

Su cabeza estaba hecha un remolino aún. No sabía que decir, que pensar, como actuar. No sabía cual sería su posición ante los demás. Resignación, "honor", tal vez se aferraría, egocéntrico como siempre. Tenía tantas opciones… pero ninguna le parecía suficientemente buena para levantarse siquiera de la cama y reunirse con sus padres en la cena.

Por fin decidió levantarse y salir a darse un estirón. Su cuerpo, no solo dolía por los golpes, también por permanecer tanto tiempo estático. Al salir al pasillo, encontró a Kasumi.

-Ranma. Veo que estas mejorando muy rápido. Eso quiere decir que podemos esperarte en la cena. – le dijo con su típica calma, mientras Ranma observaba una gran maleta con ruedas que arrastraba.

Ranma prefirió no pensar para qué era esa maleta. Se ahorró la pregunta.

-Si… Estoy mucho mejor. Kasumi, déjame ayudarte, eso debe estar muy pesado.

-Oh, no, Ranma. En verdad gracias, estás delicado y esto no pesa mucho, en verdad no es necesario.

-No es nada. Permíteme ayudarte por favor.- Insistió Ranma tomando la maleta con cuidado.

La chica solo asintió resignada y él comenzó a seguirla. Sintió algo pesado que se hacía nudo en su estómago cuando recorrió junto a su antes cuñada, el camino hacia la habitación de Akane.

Los recuerdos se arremolinaron de golpe. No podía huir de ellos un solo segundo. Un minuto siquiera. Todos giraban en torno a lo mismo. Su vergüenza, su deshonor, su gran pérdida. Ella.

Ranma abrió la puerta de una patada adentrándose para ver a una Akane de frente, con un gesto de furia que pocas veces era demostrado por la chica, que por paciente no se caracterizaba.

-¿Cómo te atreves? – Le gritó ella con la voz quebrada mientras de su mano se soltaba una feroz cachetada que vació en la mejilla del chico.-¡ Ahora ni siquiera puedo tener privacidad en mi alcoba!

Dicho esto, ella se dio media vuelta y soltó el llanto desesperada. Ranma permanecía mudo, con la mano de Akane plasmada en su rostro.

Así pasó un rato que para el chico parecieron años. Viendo llorar a la chica, por su culpa, de nuevo. No se atrevía a consolarla, su orgullo no se lo permitía. Su postura era que ella exageraba una vez más, no podía echarse para atrás y reconocer, tan sólo una vez, que ella tenía toda la razón.

-Akane… No te pongas así. Sabes que voy a ganar. – Arriesgó su integridad de nuevo abriendo su boca.

-Jamás haría nada que me separase de ti. – Sus labios se abrieron para decir, por primera vez, una coherencia que salía de su corazón.

-¡Noo! ¡Que va! Solo me apostaste a falta de una bicicleta o un puesto de comida que presentar en garantía.- La voz de Akane sonaba dólida, herida en lo más profundo, todo comentario que no fuera de profundo dolor, era auténtico sarcasmo.

-¡Ya basta Akane! Te comportas como una niña.- Y ahí venia de nuevo el Ranma con su armadura de estúpido.

-¿Así que me comporto como una niña? – Akane tomó aire mientras cerraba los ojos, demasiado seria – Desde el momento en que le ofreciste mi mano, ya no soy tu prometida. Aun cuando ganes, yo ya no soy nada tuyo. No quiero seguir con esta farsa. Durante mucho tiempo he esperado que cambies. Pensé que lo de Monte Fénix nos había aclarado las cosas pero ahora veo que nunca hubo esperanza para nosotros.

Ranma se quedó callado. Tenía dos opciones, ganar y perder. Perder ante ella. Era demasiado vulnerable cuando se trataba de ella. Sin embargo, esta vez estaba de por medio su pasión, las artes marciales. Todo lo que hacia en la vida era ser fuerte, no había nada mas. Por eso ella era su prometida, era la razón de que Soun lo quisiera en su familia. Era la razón de todo. No fue capaz de aceptar.

-De nuevo sólo dices tonterías.

-Es en serio Ranma. – Akane le señala la salida de la alcoba- Así que ahora vete y no vuelvas a pararte frente a mí.

-Pues no. No me voy a ir. Me he pasado cuatro años soportándote, cuidándote y espantándote a cuanto loco se te acerca para que ahora muy fácil decidas que -quieres librarte de mí. – Ranma ya estaba tan furioso como triste Akane.

-¿Librarme de ti? Yo no aposté tu mano. Eres tú quien marco este fin.

-No es el fin. Tú lo verás.

-¿Sabes Ranma? Te estás pareciendo demasiado a tu padre y eso me asusta. No quiero tener hijos y ver como mi esposo los cambia por comida.

Touché. Ranma podía soportar casi todo… Menos tal comparación con el monstruo de su padre, y menos cuando sabía que era tan cierta.

Se acercó lentamente con una mirada que ablandó las piernas de Akane. Ella estaba segura de que le daría un golpe muy fuerte, su gesto era muy violento. Sabía que ella no seria capaz de evadir o soportar tal ataque. Solo atinó a cerrar los ojos asustada.

Un fuerte ruido retumbó juntó a su cabeza mientras el furioso joven la acorralaba contra la pared… Después el silencio, solo interrumpido segundos después por el sonido de gotas de sangre cayendo al piso, y al final, la voz de su prometido.

¡Vete al diablo!

Nodoka y Kasumi llegaron del mercado cargadas de víveres. La casa se había quedado sola pero esperaban que Akane y Ranma hubieran regresado ya. Habían salido hacía un par de horas cuando Ranma decidió retar a Otu.

Cuando Kasumi abrió la puerta, miró asustada el piso del pasillo principal, manchado de sangre fresca. Nodoka igualmente, con el corazón en un puño corrió hacia la habitación de su hijo, pensando que tal vez Otu le había causado graves heridas. Pero al pasar frente a la habitación de Akane, escuchó su llanto.

La puerta estaba entreabierta. Akane estaba en posición fetal contra un rincón. Llorando fuerte, totalmente trastornada. Miró la pared rota y entendió que la sangre no era de ella.

Akane. Mi niña. ¿Qué tienes? Dime que pasó aquí. – le dijo desesperada. Abrazándola fuertemente.

La chica estaba en shock. Su rostro completamente rojo por las lágrimas. No respondió. Les llevó horas volverla a la normalidad para que se quedara profundamente dormida.

Observó a Kasumi sacar mucha ropa de su hermana menor y acomodarla en la maleta. Su diario, sus pocos cosméticos, bisutería, algunos álbumes y un reloj. No podía creer que estuviera viviendo eso… que Akane estuviera con otro hombre… y por su propia culpa.

Cargó la maleta hasta el final del pasillo, en la entrada. Habían quedado de mandar por ella muy pronto.

Se preguntó si estaría ya casada o esperarían un tiempo. Esperaba que se tomaran todo el que fuera necesario para… No tenía nada claro en su cabeza, pero estaba seguro de que intentaría algo, en cuanto sus costillas dejaran de molestar tanto. Sintió una punzada en el vientre.


Ranma se sentía terriblemente incomodo cenando con los Tendo. Apenas unos días antes había provocado la crisis de Akane con su arranque y había regresado malherido, después de perder contra Otu. Apenas había probado bocado y sentía que todas las miradas se posaban sobre él.

Lamentaba terriblemente poner en esa situación a su madre, quien había tenido que dar la cara y disculparse, ya que no tenían a donde ir. Soun no tuvo ningún problema, argumentando que los pleitos entre su hija menor y Ranma eran algo cotidiano. Ranma planeaba la forma de disculparse y buscar una nueva casa para él y sus padres, puesto que ya no debían seguir ahí, eso estaba más que claro.

Pero… ¿Cómo pedir disculpas, si el mismo no podía perdonarse? Durante cuatro años la insulto una y otra vez, la engaño ocultándole sus sentimientos, haciéndole creer que era fea, marimacho y pechos planos. Celándola y llenándola de celos… pero jamás había caído tan bajo para lastimarla de ese modo. Siempre la había protegido a pesar de todos y de todo. Falló. Fue capaz de asustarla a tal grado, de hacerle sentir que podía despedazarla con un solo puño. Fue capaz de pensar en ponerle una mano encima… victima de los celos, de la impotencia por ver que se alejaba.


En ese instante, en otro extremo de Tokio, Akane estaba un tanto cansada. Se había medido al menos seis veces el precioso y enorme vestido para entallarlo. Temprano había asistido a una prueba de maquillaje y peinado. En todo el día no había visto, sin embargo, a su prometido. Había hecho un rápido viaje de negocios y la dejó solo acompañada de la servidumbre.

Había sentado a su mesa a la chica hija de la ama de llaves para sentirse acompañada. La muchacha era de la edad de Akane y parecía tener más en común con ella.

-¿Sabe señorita Akane? En una ocasión escuché que en Tokio existía un chico que se posesionaba en gato, pero jamás pensé que llegaría a conocer a su exnovia- Decía Minori con un gesto divertido, sin notar que Akane lo que menos deseaba era hablar de su pasado amor.

-Bueno. Si. Hablando de Ranma, eso es algo habitual en él. Siempre le suceden cosas extrañas.- Dijo la chica de la mirada de chocolate mientras sorbía su té.

- A decir verdad, por lo que alcancé a ver, es muy guapo, no es de extrañar que tenga tantas chicas que lo pretenden. Además es muy fuerte. O-sama jamás había tardado más de media hora en vencer a alguien. –la chica veía divertida a Akane, parecía disfrutar bastante de incomodarla así.

-Ser fuerte y guapo no lo es todo en la vida. Menos si se olvidan los sentimientos y los valores. Alguien que no sabe apreciar el amor y es capaz de hacer lo que Ranma hace, no tiene ningún valor. Me siento afortunada de haberme librado de él. Ojalá que alguna de sus otras prometidas lo aproveche y lo disfrute. – Su garganta se estaba cerrando al terminar de decir eso y sus ojos se pusieron vidriosos. Se puso de pié y se dispuso a retirarse, tragándose el llanto.

De pronto, ante ellas apareció un joven de enorme estatura y rostro muy bien parecido. Su estatura hacia que su bien trabajado cuerpo luciera más en su ropaje estilo occidental, negro. Sus grandes ojos verdes despedían una luz especial fácilmente apreciable cuando miraba a su prometida.

-Otu. – Le saludó Akane regalándole una sonrisa forzada, que el chico noto de inmediato.

-Estaba apunto de ir a mi alcoba a dormir. Minori amablemente me acompañó a cenar. Pensé que no llegarías hoy, de lo contrario te hubiera esperado. – Mientras Akane hablaba, el chico solo miraba embobado como ella asemejaba a una muñeca ataviada en ese hermoso kimono.

El chico se aproximó y, sin decir palabra, la estrechó contra su cuerpo, mientras que con una señal, consiguió que Minori los dejara solos.

Le acompaño hacia su cuarto, notando el ausentismo de ella. Su trabajo para ser aceptado era más pesado de lo que había supuesto. Había recibido en el último año, al menos una docena de propuestas de compromiso de bellísimas jovencitas, incluso mucho mejores que Akane. Sin embargo ella tenía una magia y una simpatía que lo envolvieron desde que la vió al lado del guerrero de la trenza. Desde ese momento decidió que ella sería su esposa.

Pero ella no parecía sentir lo mismo. Ella parecía destrozada, a pesar de que trataba de ocultarlo. No se comportaba igual que cuando estaba junto a su pasado prometido. No tenía esa luz que iluminaba por donde ella pasaba. No era feliz.

-Akane. ¿Lo amas verdad?- Su pregunta emergió de la nada, dejando a Akane atónita.

-¿Q.. qué? No… no te entiendo. – Bajó la mirada.

-Sé que lo amas. Se que estas herida por lo que te hizo. – Otu siguió.

Akane lo escuchaba incomoda. Había temido tener esa conversación, aunque sabia que solo era cuestión de tiempo.

-Yo también formo parte importante de eso y lo lamento. Por el momento era la única forma de conseguir algo contigo. Me gustas mucho desde el momento en que te vi. Supe que tenias un vinculo especial con él, pero yo… - Acercó sus labios a los de ella mientras sus ojos se encontraban con la triste mirada color café.

Apenas un ligero roce provocó que el corazón de la chica se acelerara. Si bien no podía negar que el chico era todo lo que una mujer podía soñar y pedir, lo cierto es que la forma en que lo había "adquirido" era por demás extraña.

Era la segunda vez en su vida que eso pasaba, comprometerse con alguien por decisión ajena. Solo que ahora se sentía amada por él, no como años atrás, cuando cierta pelirroja se burlaba por tener un cuerpo "feo" y en la menor oportunidad caía rendido ante algún absurdo hechizo y renegaba de su compromiso con ella.

Eso paso por su mente en décimas de segundo, en las que decidió corresponder el beso. Si su padre y sus hermanas la habían comprometido con Ranma, ¿Por qué no comprometerse ahora con un chico que había buscado su amor por un medio tan extraño, arriesgándose a ser rechazado, además comportado como todo un caballero?

Los labios de él eran cálidos. No podía negar que le gustaba. Se sentía frágil y a la vez protegida entre su abrazo. Se sentía otra. Se dejó llevar mientras trataba de ahogar la imagen de alguien en lo más profundo de su memoria. Trataba de que no la perturbara más esa mirada azul…

Esa mirada azul que la observaba desde lo más alto de un árbol junto a su ventana. Como lo había hecho tantas veces en la casa de los Tendo.