todos los personajes de Ranma 1/2 pertenecen a Rumiko Takahashi

Ukyo limpiaba las mejillas de Ranma que parecía no querer salir de el shock. Estaba sangrando aún y lleno de raspones y moretones por todo el cuerpo.

La hermosa chica de cabellos castaños le veía con aflicción, buscando palabras para consolarlo. Si bien, esta era la mejor oportunidad que tenía en la vida con Ranma, no sabía porque de repente no sentía ganas de utilizarla. Frente a ella estaba un Ranma distinto. Derrotado.

Derrotado… Sin embargo la palabra derrota no le recordaba a la vez qué fue machacado por Otu. Esa derrota se podía superar. Ranma tenía capacidad para, en días superarse a sí mismo y después a su contrincante. Pero ahora parecía no tener ganas de hacerlo.

-Aun faltan tres días para la boda, Ran-chan.- Habló de más. Al colocarle una venda en el hombro, sabía que ese era el motivo de su aflicción y buscaba desesperadamente la forma de ayudarlo, aunque fuera a costa de su propia felicidad y su última esperanza de ganar el corazón del hombre que amaba. – Recupérala. Yo sé que puedes… Visita al maestro Haposai y a Cologne, estoy segura de que te ayudarán a encontrar una técnica para derrotarlo.

Ranma no respondió. No tenía caso. Sabía que si abría la boca sería para lastimar a Ukyo, quien estaba jugando su papel de indiferente, haciendo un gran esfuerzo. Su pensamiento un día antes era ese. Buscar a Cologne era inútil después del trato que le dio a su bisnieta… Sería una desvergüenza pedir su ayuda. Había buscado a Haposai para que le diera una nueva técnica, incluso estuvo por horas intentándola antes de encontrarse con Akane, con todas las esperanzas del mundo de enmendar su error.

En un tonto arrebato en cuestión de segundos, cambió de planes y le propuso a Akane que escapara con él. ¡Que estupidez! ¿Por qué pensó que ella le devolvería su amor? ¿Quién era él para pensar que por su linda cara ella volvería y abandonaría a su nuevo prometido tan atractivo, rico y poderoso? Estaba pagando muy caro las consecuencias de tu idiotez.

Pero si Akane había logrado burlarse de él. Era todo… Nadie más lo sabría. Se escondería como siempre en su caparazón y negaría su amor y su dolor ante todos. De nuevo. Como lo hizo de adolescente. Después de todo, así se la había pasado mejor y la mayoría de los ridículos fueron para esa tonta marimacho.

-Vente conmigo Akane… Escapémonos. – Si no decía esas palabras en ese instante, él temía que se escaparan de su garganta por toda la eternidad. Era en ese momento o nunca.

Akane levantó el rostro de su pecho, mirándolo con los ojos pareciendo que se saldrían de sus órbitas. Una sonrisa se empezó a dibujar en sus labios al cabo de unos segundos que a Ranma le parecieron siglos.

-Si. Si… siiii siiiii.-Solo esa palabra y su hermosa sonrisa era toda la respuesta que el necesitó.

Solo grabó en su memoria la sensación del peso de su cuerpo y el beso que le regaló por último. Le dijo que necesitaba tiempo para escribirle a su familia y recoger unas cuantas cosas. Le llevaría si acaso un par de horas, y Otu por lo general salía temprano. El aceptó. También necesitaba arreglar algo antes de irse. No podía quedarse en Nerima, pero le preocupaba su madre. El holgazán de su padre no se haría cargo de ella como Dios manda. Tal vez la llevarían con ellos.

Pero no llegaba.

Miró como pasaba cada minuto en el viejo reloj de la estación de trenes. Cada hora.

A las 11:00 una chica de cabello negro y ondulado se acercó a él. Con gesto serio se inclinó y le dijo:

"Akane-San se disculpa con usted. No le ha sido posible venir y le pide encarecidamente que no la busque."

Sintió que alguien con una cámara lo estaba grabando para difundir el ridículo de su vida. Si la miraba en ese momento, sintió que sería capaz de matarla, estrangularla con sus propias manos. ¡Maldita!

Desde entonces caminó sin sentido. Destruyó la pared de un edificio viejo y parte de la estructura le cayó encima causandole la herida del hombro y las de la cara. Cualquiera que lo hubiera visto, hubiera corrido sin dudarlo. Cualquiera menos Ukyo. Tuvo la suerte de encontrarla por ahi mientras ella regresaba de las compras para su restaurant. Pasó algo más de un par de horas con ella...

-Gracias Ukyo. Tengo que irme. – dijo de vuelta a su realidad… su indeseable presente.

-Ranma, estás lastimado. Quédate a descansar un rato. Además, está a punto de llover.- Ukyo se veía genuinamente preocupada.

Sin responderle, Ranma tomó la maleta de trapo que yacía debajo de su silla y cruzó como un zombie la cortina del Uuchan. En efecto, estaba muy nublado y era cuestión de minutos para que empezara una tormenta. Lo hubiera notado si no hubiera ido en ese estado.

El cielo comenzó lanzar fuertes gruñidos y la gente comenzó a correr de aquí para allá. A Ranma no pareció importarle. Iba pensando en que hacer. Se había despedido de su madre y prometió que le avisaría a su llegada. Pero regresarse así… El sólo pensarlo le revolvía el estómago. De seguro le haría mil preguntas, no era un tema de conversación que se fuera a olvidar en cinco minutos.

Gruesas gotas de lluvia cayeron en su cuerpo al fin. Un niño que corría volteó a mirarlo insistentemente mientras le decía algo al oído a su madre, la mujer volteó y le dijo "No es un muchacho, es una señorita" . De repente las ropas que portaba no se amoldaban a su cuerpo, el pantalón estaba amenazando con soltarse. Uno que otro auto se paraba a ofrecerle un aventón. La lluvia estaba arreciando y él no pensaba imitar a los que se refugiaban en las lonas de los comercios.

Al fin llegó. Insertó las llaves en el cerrojo tratando de hacer el menor ruido. Pero era muy temprano. Hacía un buen tiempo para tomar el té. Supuso que su padre estaría de visita con Soun. Así que sólo encararía a Nodoka.

- ¡Ranma! – La madre lo miro boquiabierta. Se llevó una mano al pecho.-¡Por Kami! Hijo… ¿Qué te pasó? – Se alteró demasiado mientras miraba las heridas en sus mejillas, lo recorrió con la vista y descubrió sus nudillos también heridos. No salió a su encuentro. Se dirigió hacia el cuarto de baño donde tenía un pequeño botiquín.

-¿Y Akane? - Ranma no respondió de ninguna forma…-¡Ranma! Dime… ¿Qué paso con Akane? – Lo peor pasó por la cabeza de Nodoka. Si Ranma estaba en ese estado…

-No te preocupes ma… La princesa está perfectamente en su castillo, con su príncipe y feliz de la vida.- Un tono de enfado y sarcasmo tajante se percibió en su voz.

La mujer sacó algo de antiséptico y algodón limpió de nuevo sus mejillas, sobre el trabajo que ya había hecho Ukyo. Sus manos eran otro cantar… Y ni hablar de la herida del hombro, que estaba sangrando de nuevo.

-Sólo dime lo que pasó. Prometo no hacerte más preguntas.- Su voz sonó pausada, más tranquila.

-Pues no llegó.- Lo primero que se le vino a la mente a Nodoka es que Akane pudo haber sufrido algún daño-Envió a una sirvienta a decirme que lo pensó mejor y que no era correcto. – Habló antes de de tener que escuchar la defensa de quien su madre consideraba su única nuera legitima.

Ella habia prometido callarse y no tuvo más remedio. Vertió un poco de agua sobre su hijo para que, al volver a su cuerpo original, la venda sobre la mano no se le desprendiera. Conociéndolo, de seguro tumbó alguna cerca o un poste para descargar su furia.

Lo vió dirigirse callado hasta su cuarto. Cerrar la puerta detrás de él… Escuchó su grito y el fuerte golpe que de seguro había deshecho las curaciones recientes.

Sintió que algó se le partió en el pecho.


Nabiki miraba incrédula la habitación de Akane.

-¡No lo puedo creer hermanita! Este closet es más grande que tu habitación en Nerima… -

-¡Nabiki!- Kasumi habló fuerte, reprendiéndola.

-¡Vamos Kasumi! No me vas a negar que ya quisiéramos tener la mitad de la suerte que tiene Akane… ¡Se consigue cada galán… que da miedo! Esta mujer se está ahogando en feromonas.

Nabiki sacaba y se probaba los vestidos mientras Kasumi solo la miraba, apenada.

-Akane… ¿Estás segura de esto? Papá dijo que está dispuesto a dar el dojo como pago a la apuesta.

Akane sacudió la cabeza y le dedicó una sonrisa tranquila.

-No te preocupes Kasumi. Estoy bien. Otu es maravilloso. No tiene caso privarlos a ustedes de todo lo que tienen. Mi padre ha trabajado mucho toda su vida por ello.

-Akane… Me preocupa más tu felicidad. – Kasumi trataba de sacar algo más profundo, pero no se atrevía a preguntar.

-Soy feliz, Kasumi. Creo que en Otu encontré el verdadero amor. – bajó la vista- Ranma estuvo aquí anoche y me di cuenta… de que mis sentimientos por él han cambiado mucho.

Nabiki la miró de reojo.

-Eso cuéntaselo a quien no te conozca, Akane. – Lo último lo dijo acercándose demasiado a su rostro y mirándola muy fijamente, con un tono muy serio. – Tú olvidarás a Ranma el día que yo te devuelva este vestido.

Introdujo el fino vestido de noche en su enorme bolso ante la mirada atónita de sus dos hermanas.

-Claro que eso no significa que no puedas llegar a ser feliz algún día. – agregó guiñándole un ojo.


Dejó a un lado la pequeña bandeja mientras se quitaba la ropa frente al espejo.

Su hermoso cuerpo desnudo se reflejaba en el espejo. Sus pechos perfectos cubiertos por algunos mechones del fino y larguísimo cabello lavanda. Sus enormes ojos y sus pobladas pestañas, su pequeña y linda nariz. Su piel blanca como la nieve, suave, perfecta.

Toda ella era perfecta. Simplemente la más bella. Se lo habían dicho muchas veces. Se lo había dicho ella misma muchas veces. Nadie podía competir con ella.

Era la más fuerte, más ágil, la más inteligente, talentosa, delicada. Lo era todo.

Pero no era suficiente…

Nunca fue suficiente.

Ni siquiera valiéndose de tantas artimañas que ella jamás hubiera empleado bajo circunstancias normales.

Necesitaba más.

Necesitaba ser la otra… Sólo así él le amaría. Sólo así…

¿Qué más podía hacer?

Lentamente se acomodó sobre la tina mientras el agua tibia fluía llenándola. Era agradable al tacto. Mucho.

Lo intentó todo. Ser dulce, ser violenta.

Ese hilo invisible con el que lo atontó. Casi lo tenía, estaba enamorado. Pero claro, la niña fea y tonta se atrevió a separarlos..¡Habían estado tan cerca de ser felices juntos!

Le prodigaba besos y caricias cada vez que podía. El sabía que podía hacerla suya en el momento que quisiera.

Tomó la fina navaja artesanal de una bandeja y trató de limpiarla con un pañuelo, pero al hacerlo, el pañuelo se iba cortando en tiras pequeñas.

Incluso empleó la joya reversible… Nunca estuvo mejor… El suplicó por su amor al sentir su rechazo, pero no fue capáz de negarse a Akane cuando llegó a echarlo a perder todo.

No quiso tomar una pastilla que lo haría amarla por un día y pasar un buen rato… Lucho para no tragarla. Y estuvo dispuesto a hacer que la chica violenta lo mirara a él cuando ella había tragado la de toda la vida. ¡Se atrevió a seguirla para evitar que viera a otro!

¿Y todo para qué? Al final ni siquiera se quedó con él. Se había enterado que Ranma estaba afligido por su acción de la apuesta y ella se dio el lujo de no perdonarlo.

¡Mil veces maldita! ¿Qué le vió? ¿Acaso es masoquista? Ojalá te hubiera matado, maldita cucaracha. -

Airen… Mi airen… -

¡Te amo tanto! -

¿Por qué no puedes verlo?-

Por ultimo, derramó alcohol sobre sus delicadas muñecas. El cuarto de baño se penetró del anestesiante aroma…

No tengo honor. -

Mi tiempo se ha acabado. -

"Ya no eres bien recibida en la aldea. Tuviste cuatro años para regresar casada con el prometido. Tu tiempo se acabo."

"Lárgate de aquí, lárgate de mi vida y de mi vista."

A… airen… -

"¡No! No. No y no. Nunca… No quiero nada contigo.. Quiero que me dejes en paz. Tú no eres buena… y aunque lo fueras… No me interesas."

De sus ojos brotaron enormes lágrimas. Amargas… de muerte.

"Yo no queria ser mala… Yo solo queria que me quisieras."

¡Ya me tienes artooooo!

Esas duras palabras retumbaban en su cerebro desde hacía días. La batalla estaba perdida, definitivamente.

La fina piel de la muñeca se cortó como fina seda. El agua cubría Su cuerpo hasta la mitad.

Ranma… -

Con su sangrante mano temblorosa, cortó el interior de la otra muñeca a todo lo ancho.

"Woo ai nii, Ranma"

La blanca tina se tiño carmesí mientras la bella joven china se adormecía. El sonido del agua hubiera sido escalofriante si alguien lo hubiera escuchado, ahí. Entre tanto silencio… Aterrorizante silencio.

Cuando el agua se desbordó y comenzó a manchar todo el piso, cuando el olor metálico se apoderó de la pequeña habitación, Shampoo ya no era conciente.


-¡Tia Nodoka! –Se escuchó casi imperceptible en los labios de Akane. Estaba completamente perpleja.-Tome asiento. ¡Que gusto recibirla! – Su sonrisa no podía notarse más nerviosa.

La mujer no le respondió. Akane se acercó para abrazarla cuando sintió caliente en la mejilla. La hizo voltearse con la fuerza.

-¡Máldita zorra! – Nodoka estaba realmente furiosa, dólida. No podía culparla, pero … ¿Tan mal estaba Ranma?

Aplaudió cínicamente mientras la miraba con más y más repulsión.

-¿Querías vengarte? ¿Querías lastimarlo? Felicidades… lo lograste.

Akane no se atrevió a mirarla… No le respondió. Sabía que todo lo que hiciera estaba de más.

-¡Estaba equivocado! Lo asumió, te pidió perdón… ¿Por qué no fuiste sincera? ¿Era necesario eso ?-

Akane se desdobló un poco, aun sin atreverse a mirarla.

-Yo… ¡Yo no quería tía! Se lo juro… yo … - Soltó el llanto.

-No hay nada que lo justifique. El cometió muchos errores, tú lo conoces. Sabes cual egocéntrico ha sido, pero sabes que nunca fué con intensión. Si somos sinceras así lo amaste. – Akane sentía que el corazón se le salía del pecho mientras la escuchaba.-Se ha pasado la vida protegiéndote. Aún le falta madurar y por eso cometió ese gran error. Pero eso no te dá derecho a burlarte de él de esa forma… - Nodoka también comenzó a llorar.

Minori corrió al escuchar los gritos y, asustada, trató de llamar a un guardia, pero Akane se lo impidió con una seña.

-Sé que ya no lo amas… Eso es más que comprensible. No esperaba que lo perdonaras y corrieras a sus brazos. Pero tampoco esperaba que le hicieras esto, Akane… No lo esperaba de ti.-Miró a su alrededor. Demasiado lujo, demasiadas comodidades. No recordaba el interés en Akane. Al parecer el demonio nos entra a todos alguna vez.

-Todo lo malo que hacemos en la vida… lo pagamos. Ranma esta pagando su error… Pero tú. Tú pagarás también, Akane… Vas a pagar haber arruinado su vida de esta forma… Cada golpe que mi hijo se dé por tu culpa, cada lágrima que derrame, todo lo pagarás tú. Y jamás vas a ser feliz. -La mujer salió dando un fuerte portazo, seguida por Minori.

Akane se quedó quieta, con la mirada perdida. Minori regresó y notó algo anormal en ella.

-¿Akane? ¿Akane-san?- Sus pupilas no se movían. Estaba pálida.

Se desvaneció.

-¡Makotooooo! Ayúdame. – Gritó desesperada, la mucama.