Kasumi apretaba en un puño la orilla de su delantal, con la cabeza baja y el fleco ocultando su mirada inmensamente triste. Su padre yacía en cama de nuevo y ella le velaba el sueño.
A pesar de ser un hombre joven y haber practicado deportes gran parte de su vida, su salud había decaído demasiado desde hacía dos años. Soun había estado muy bien en los últimos meses. De hecho su enfermedad había pasado a segundo plano, y más con la llegada de Ranma al dojo.
Sin embargo, dos días atrás, Cuando Nabiki le dijo que Akane no confirmó su asistencia a la boda de la mayor de sus hermanas, Tendo intuyó algo malo. Más que intuición era confirmación de algo más. ¿Akane se perdería la boda de Kasumi con un simple pretexto? ¿Por qué no le hablaba? Si acaso había escuchado la voz de su hija menor tres veces en todo ese lapso de tiempo, era demasiado, y sus charlas no eran del todo alegres. Conocía a su hija demasiado… y no entendía como el problema con Ranma le había arrastrado a abandonar a su familia. Akane no era así. Ella debía estar sufriendo.
Kasumi miraba con atención la tripa que conducía suero a las venas de su padre. Había tenido la crisis esa misma tarde, mientras practicaba una kata de lo más sencilla en el dojo.
Limpió el sudor que perlaba la frente del hombre y acomodó, dejando impecable el dobladillo de la sábana que lo cubría. Después besó su frente y se quedó sólo observándolo de nuevo.
Ella era la positiva de la familia, la que siempre tenía un punto de vista sencillo y noble. La tragedia, los problemas y el dolor… esas palabras no existían en su diccionario. . Ella cocinaba, remendaba y lavaba. Ella cantaba y era feliz siempre. Ella era un ama de casa ejemplar. Se casaría dentro de una semana con el amor de su vida.
Sin embargo, desde hacía un poco mas de dos años, ella trataba de encontrar el lado bueno de esta situación, y simplemente le resultaba imposible. Su hermanita estaba viviendo en otro país, con un ser muy malvado, se había sacrificado para brindarles a ella y a su familia, seguridad. Eso le tenía el alma en un hilo… Eso y ver a su padre ansioso y esperando la llegada de su pequeña, ignorando, lo que la pobre estaba viviendo. Kasumi sabía que Akane no regresaría, sabía que ellos no podían hacer nada sin arriesgarla. Kasumi estaba desesperada desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no podía llorar, no era su estilo. Sólo podía cuidar a su padre y darle falzas esperanzas, un poco de té y medicinas.
La puerta se abrió lentamente, como tratando de no sorprenderla. Y la figura de su protector se hizo presente. Un tanto atontado, pero mucho mejor en comparación de años atrás. Kasumi sonrió al verle. El hombre le correspondió, pero se concentró más en ofrecerle un teléfono inalámbrico que tenía en su mano derecha.
Háblale. Nabiki me dio su número. – Dijo, mientras de un bolsillo de su pantalón, sacaba la pequeña nota.
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Dos minutos más tarde, el teléfono despertaba a Akane en Palawa. Como era costumbre cuando él estaba presente, Otu respondió.
Bueno. –
Muy buenas noches. Lamento molestarlo a estas horas. Soy Kasumi, la hermana de Akane. –
¡Ah, vaya! ¿Qué tal Kasumi? ¿Ha ocurrido algo?- Akane saltó de la cama al escuchar quien estaba detrás de la línea.
Señor Otu, necesito hablar con mi hermana… No los molestaría si no fuera tan urgente. –
Otu no respondió, solo pasó la bocina a Akane, quien casi se la arrebató inconcientemente.
¡Hermana! – Kasumi percibió la angustia de Akane.
¿Qué tal hermanita? No te asustes… no es tan malo. – Trató con toda su alma de sonar tranquila.
Kasumi… ¿Es papá? - Los formalismos pasaron a segundo plano para la chica.
Akane. Papá tuvo una crisis de nuevo. Estuvo a punto de sufrir un paro cardiaco. –
¡Dios! – Otu observaba los ojos a punto de desbordarse de su esposa.
Akane, te suplico que vengas… Mi padre necesita verte. Por favor. Te prometo que no te causaremos problemas con tu esposo, es sólo para que papá te vea y se quede más tranquilo. Yo sé que no depende de ti, pero por favor, trata de convencerlo… Hermana. – La voz de Kasumi casi se quebró, lo cual era muy raro en ella. Akane miró a su esposo con un gesto suplicante. Comenzó a llorar sin decir nada.
Otu tomó la bocina, al mirar la reacción de su esposa.
Kasumi, Akane estará allá mañana mismo.- dijo, ante la mirada atónita de la muchacha con quien compartía la cama.
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Era casi la tres de la mañana y Ranma no podía pegar un ojo. Pensó que sería buena opción ir al gym a hacer un poco de ejercicio, pero el peso de la graciosa figura que estaba sobre él, le recordó que no estaba solo. Había estado tan sumido en otro tipo de pensamientos, que olvidó casi por completo que acababa de tener el mejor sexo en mucho tiempo con la chica de los largos cabellos negros.
Las relaciones esporádicas se le estaban volviendo una afición y no recordaba una que le atrajera tanto como esta. Haruko era simplemente irresistible, hermosa. Además su relación, se podía decir que estaba dejando de ser una aventura. Habían compartido la cama por unas diez u once veces. Y no sólo eso, la chica lo acompañaba a muchas partes y compartían mucho tiempo juntos. Eso era de considerar. Ella se veía realmente muy enamorada y el padre no parecía oponerse a tal relación, por el contrario, la fomentaba.
Mmmm, amor. ¿Qué hora es? – Le preguntó la dulce voz adormilada.
Las tres. Duérmete. – Le respondió el, quedito, mientras rozaba levemente sus labios.
¿Te pasa algo? – Los ojos violáceos de la chica le miraron con ternura.
Nada. Creo que tengo muchos pendientes y ya me están afectando, pero nada de cuidado.-
Bueno. Siendo así… ¿Por qué no aprovechamos el tiempo? Le dijo la chica mientras se acomodaba a horcajadas sobre él. Estaba a punto de besarlo cuando sonó el teléfono.
Ante un gesto de inconformidad de la chica, Ranma levantó la bocina. Reconociendo el número de los Tendo en el identificador.
Ranma, hijo. Akane llega mañana por la tarde. Vendrá a ver a Soun. – Reconoció al instante, la agitación en la voz de Genma.
¿Y eso qué? – Fue lo único que atinó a decir, tratando de disimular su asombro.
"Akane"… Ese nombre logró que su ritmo cardiaco se volviera inestable de un segundo a otro. Con esa noticia no iba precisamente a dormir tranquilo por lo que quedaba para descansar…
¿Qué te hace pensar que quiero que me despiertes para saber eso?- le refutó, fingiendo indiferencia.
No te hagas el tonto Ranma… ¡Si que te importa y bien lo sabes! – Ranma rodó los ojos tratando de creerse el gesto el mismo.
Como quieras papá, pero la próxima vez que me despiertes a las tres de la madrugada, por favor, que sea por algo que si me interese. – Dijo visiblemente molesto y colgando la bocina.
Se separó de la chica, quien sorprendida y frustrada, lo vió ponerse de pié para dirigirse al gimnasio descalzo y en sólo un deportivo.
¡Ranmaaaa! - Gritó enojada mientras se cubría con la sábana.
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Akane había puesto todo lo necesario para sobrevivir por unos días en su maleta, incluyendo los documentos. Se encontraba feliz por lo que estaba sucediéndole. Por fin, vería a su familia después de casi tres años. De seguro todo estaría algo cambiado.
Una sensación desagradable se apoderaba de ella cada vez que llegaban a su mente las imágenes de las últimas noches, donde Otu parecía haberse olvidado por completo del complejo machista que lo obligó a rechazar su "premio" por un largo periodo de tiempo. Si bien, la forma en la que, desde días atrás venía convenciendo a su "amado esposo", no era lo que Akane Tendo hubiera hecho en condiciones normales, esto lo valía. Por si fuera poco, Otu no viajaría con ella, pues tenía un par de eventos pendientes antes de alcanzarla, lo cual le daría bastante tiempo para encontrarse con varios personajes esenciales en su vida.
Cuando la maleta más grande estuvo cerrada completamente, se hincó frente a los pies de la cama, levantándola de un extremo. Con cuidado de no hacer ruido, retiró la tapa inferior de uno de los tubos que sostenía la piecera, al sacudirlo un poco, cayó entre sus manos un pequeño móvil.
Estrechó contra su pecho el valioso y minúsculo objeto, evocando, sin poder evitarlo, lo pasado hacía más de un año.
Flashback
Tengo que irme. – Las enormes manos de Hanamishi sostenían las suyas, pues conocía de antemano su reacción.
Esta bien, entiendo. Ya me has ayudado demasiado y te lo agradezco mucho, amigo. – Dijo, aguantándose las ganas de tirarse a sus brazos, al recordar la razón del "malentendido" de Hanamishi con su esposo.
¡Ahh! Mira, tengo un regalo para ti. – Del bolsillo de su saco, extrajo un pequeño celular y se lo entregó a Akane, que lo miró incrédula. – Tiene cobertura mundial y te garantizo que no fallará en muucho tiempo. Lo configure en silencio para que no corras riesgos, puedes usarlo sólo para hacer llamadas tú.
Al mirar que Akane no se interesaba demasiado por el artefacto, le mostró unas teclas que le mostraban un largo número y agregó.
Con este podrás llamar a Minori. Cuando ella no pueda responderte al momento, estará pendiente en esas horas para cuando le vuelvas a llamar. – La cara de Akane se iluminó.- No te preocupes por el pago, se cargará a mi cuenta cada mes automáticamente para que tu no corras ningún riesgo…
Fin flashback
Akane sonrió ante el recuerdo de ese último regalo de su amigo. Lo guardó en su cosmetiquera y terminó de armar la última maleta, que llevaría consigo en el equipaje de mano.
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No entiendo porque de pronto ese interés por las espadas… - Nodoka veía extrañada como su hijo tomaba su "legendaria katana" , que por mucho tiempo fue una amenaza latente para la vida de él y su desvergonzado padre, y se disponía a dominarla.
Decidí que voy a enseñar Kenjutsu en el dojo Tendo, y la verdad, tengo que entrenarlo, estoy un poco oxidado en esto.- Le respondió el joven sin distraerse de su labor.
¡Ah vaya! ¿Pero no es peligroso empezar con Katanas como esta? – Dijo la mujer incapaz de disimular su preocupación. Sabía que usar armas nunca había sido del gusto de su hijo.
Hay varios alumnos muy buenos. Además no puedo mejorar yo, sin alguien a la altura que me ayude. De hecho, Jetzu me prometió enviarme una nueva espada muy pronto. – Dicho esto último, miró de reojo a su sorprendida madre…
¿Jetzu? Ranma, con solo el valor de una de sus espadas puedes mantener un orfanato por cinco años. –
En teoría… Si los niños no son muy glotones, puede. Pero yo no pagaré un cinco por ella. Jetzu me lo ofreció hace mucho tiempo, y he decidido tomarle la palabra – Un aire de presunción se escuchó en su voz.
Mmmm... Tu padre salió mas temprano esta vez. Parece que tenía mucho trabajo en el dojo ¿Soun sigue mal?.- Comentó la mujer, un tanto curiosa por el comportamiento de su hijo y esposo, mientras lo veía absorto en la antigua katana como si fuera el artefacto más valioso e interesante del mundo visto por primera vez.
No creo. Ayer lo visité y tenía mucho mejor semblante. Deberías visitarle también.-
Si. De hecho me siento apenada con ellos por no ir antes. Voy a tratar de terminar mis deberes temprano para cubrir a la pobre de Kasumi al menos esta tarde. Ella se casa en unos días y debe estar muy atareada… -
Bueno… Entonces saludas de mi parte a Akane. – Dijo el tratando de sonar natural.
¿Akaneeee? - Una sensación extraña, mezcla de gusto y otro sentimiento que no podía describir, pero se sentía quemar en su pecho, se adueño de Nodoka.
El joven no respondió. Siguió manipulando la espada contra el viento. En cuestión de minutos había mejorado bastante, de forma impresionante mientras su madre casi intentaba creerse que a él no le afectaría volver a verla.
La mujer se retiró del gimnasio, y por alguna extraña razón, no le extrañó escuchar el chillido del metal moviéndose a una velocidad impresionante, como si se estuviera llevando a cabo, una batalla de vida o muerte. Definitivamente… La llegada de Akane si le afectaría.
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La triste chica de cabellos azulados no sabia si su molestia era más por la desconfianza y esclavitud a la que era sometida, o el menosprecio de pensar que a ella la detendría un simple gigantón. Se había pasado años golpeando a más de cincuenta de esos a diario para no tener que salir con ellos. No recordó en ese momento, si Otu estaba enterado, al parecer no. Si fuese así habría mandado a un carcelero más apropiado.
Estaba acostumbrada a salir siempre con compañía. A veces eran tres o cuatro. En esta temporada, Otu estaba siendo de lo más consecuente con ella.
Dejó de ver a su enorme acompañante para recordar el motivo por el cual estaba a diez mil metros encima del mar. El corazón le rebozaba alegría. Habría muchas cosas que tal vez le lastimarían, pero también estaba acostumbrada a sufrir. Si un posible encuentro con cierto ojiazul le haría pasar un amargo rato, también era cierto que a diario le recordaba y casi todos los días lloraba por él. Tristemente era su vida… Así que tenía que estar preparada para todo… Y sufrir, ya no era una novedad en ella.
Ver a su padre y a sus hermanas le hacía gran ilusión. Pero aquella ilusión no se comparaba con la gran oportunidad que tendría de ver a ese pedazo de ella que estaba en Tokio. Apenas y le conocía en un par de fotos, pero las cámaras suelen ser muy infieles. Tenía tres días para arreglar poder verlo, y esperaba con el corazón, tener el coraje y la energía suficiente para lograrlo. ¡Había aguardado tanto ese momento! Y no sabía si tendría una oportunidad así en adelante. Sus miedos se habían desvanecido dando paso a sus enormes ganas de estrecharlo.
Las indicaciones de la sobrecargo la interrumpieron de sus pensamientos. Tokio era el presente… Cerró los ojos pensando que no podría dejar de besar el suelo al bajar del avión.
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Nabiki miraba con impaciencia los tableros y sonrió satisfecha al encontrar que el vuelo de su hermana menor había llegado. Avanzó hacia el andén indicado más tranquilamente entre la multitud. Esperaba encontrar a su hermana algo cambiada, por tanto, ponía especial atención a su alrededor. De pronto, una voz familiar la sacó de su concentración.
¡Nabikiiiiiii! –
La chica castaña volteó a su izquierda y descubrió una hermosa mujer de veintidós años, con el cabello crecido a la mitad de la espalda, amarrado en una gruesa coleta. En sí, seguía conservando sus rasgos físicos, a no ser por su más desarrollado cuerpo, que no podía ocultar siquiera con su sencillo y suelto vestido de flores color violeta y blanco, cuyo nudo en la cintura era llamativamente estrecho y sus pálidas pantorrillas no parecían propiedad de alguien que viviese en un lugar turistico. Esta señal le indicó que Akane no era muy "afecta" a dar paseos en su nueva forma de vida.
Arrastraba una pequeña maleta y tras de ella, un hombre de gesto adusto y al menos 1.90 de estatura, le seguía sin entusiasmo con otra, tres veces más grande. Tras llamarle a su hermana, dejó en el suelo la maleta que portaba y se tiró a sus brazos.
¡Nabiki! Estoy tan feliz. – La castaña se quedó sin aire al sentir el efusivo y largo abrazo de su hermana. Después de unos segundos le correspondió.
¡Vaya Akane! Pero si estas hermosa…. ¡Qué envidia! –
¿Tú crees? He seguido entrenando duro… - Le dio coquetamente la vuelta como modelo en pasarela. – Las artes marciales son muy buen ejercicio…
Si. Ya veo. – Nabiki reparó con más atención en el ogro que "cuidaba" de su hermana.
Y te tienen muy bien cuidadita… por lo que veo. -
Akane solo le lanzó una mirada incomoda, tomando de nuevo su maleta.
¿Y cómo ha seguido papá? –
Ahora lo verás. Primero te llevaré con él. Ya después dejaré el equipaje en la casa. Porque te vas a quedar con nostros… -
Claro. Espero que tengan lugar también para Kaede... El se va a quedar para ayudarme todo el tiempo.- Dijo con cierta resignación, indicandoselo con los ojos. – Por ciertoooo! Soy una grosera, no los presenté. El es Kaede, empleado de confianza de Otu.
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Una mezcla tan intensa de sentimientos le embargaba, que no podía dejar de realizar exagerados movimientos en su cuerpo. No le afectó en lo más mínimo haber dormido sólo una hora durante la noche, parecía impulsado por una fuerte droga. Todo mundo lo había notado, era imposible no hacerlo. El hombre se paró ante la primera clase con una hermosa espada, prometiéndoles a sus alumnos que aprenderían en menos de una semana, a usarla correctamente… ¡Por Dios, todo mundo sabe que ese arte se domina y perfecciona a través de los años!
Sus intentos por disimular no habían sido suficientes, por el contrario, parecían someterlo más y más a ese estrés. Y para nada era de ayuda que Kasumi hubiese pedido a la mitad femenina de la clase, que le ayudase a colocar decoraciones festivas para darle la bienvenida a una tal Akane Tendo, hija menor del dueño del dojo, la genuina heredera.
Ahí estaban, colocando esas mantas, flores, objetos de los que él no conocía el uso ni el nombre. Kasumi le había informado feliz, que Soun regresaría a casa esa misma tarde acompañado de su hermanita, por lo cual, era doble la celebración. Ukyo estaba también, colaborando gustosa, a pesar de su estado. Le preocupaba verla subir esas escaleras tan altas, pensó entonces en colaborar.
Deja eso, U-chan… Podrías marearte y caerte. Yo lo haré. – Le habló sujetándola de una mano cuando la chica estaba decidida a subir para sujetar un adorno en el techo.
Estoy embarazada, no inválida, Ranma… Y creo que a nuestra edad, puedes evitarte el "chan"- Le dijo la chica con un gesto alegre mientras subía el primer escalón.
Ranma rodó la vista en señal de falso enfado, al tiempo que sujetó la escalera para cuidar a su amiga y no hacerla sentir inútil. Lo menos que pensaba de ella era eso. Tenía meses luchando contra la discriminación al declarar abiertamente su estado, aún siendo soltera y sin una pareja estable. El había estado presente y sabía que para ella, quien siempre se había comportado de la forma correcta, cargar con eso no era tan sencillo.
El no hizo preguntas, solo le regresó un poco de tanto que ella le había entregado por tanto tiempo. Recordaba cuando la acompañó por primera vez al médico, fue el quien insistió en hacerlo, pues le preocupaba que su amiga estuviera completamente sola en esos momentos tan importantes. Le vió llorar de alegría al saber el resultado y había presenciado el gran cambio en su estilo de vida después de seis meses de embarazo.
Y ahí estaba, alerta por si la chica se mareaba o desfallecía, cosa que no parecía muy próxima, estaba radiante. Sutilmente le estaba obligando a participar en los preparativos. La segunda clase tambien se integró a ellos y pareció que Ranma y sus benditas clases pasaron a un segundo y olvidado plano para todos, pues el dojo asemejaba más un salón de fiestas.
"No te cases con él…" Esa frase saltó de repente entre sus recuerdos causándole ese, tan común, malestar indescriptible. Ella lo escuchó… y se burló de sus palabras. La humillación no había cesado en casi tres años. Aun se sentía derrotado, aun estaba afectado… ¿A quién quería engañar? Pero no tenía la capacidad para cambiar las cosas, no podía.
"Yo también te amo Ranma… Jamás amaría a otro." Casi escuchaba sus carcajadas… y vagamente podía, tal vez, sólo tal vez, reconocer para sí mismo, que sentía dolor al recordarlo.
Ranma… ¿No me estás escuchando? – La voz de Ukyo lo regresó a la realidad.
Yo… si.. Si Ukyo, ¿dime?- Respondió nervioso.
¿Quieres ir a tomar algo? Te veo un poco raro. – Ante estas palabras, Ranma no respondía, pues aún no salía de su evidente ausentismo.
Vamos a almorzar, ya casi esta todo listo. Regresaré para la tarde, cuando llegue Akane. – Ukyo adivinaba que Ranma no estaba del todo bien.
El asintió ayudándole a bajar los dos últimos escalones.
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"Papá". Susurró Akane al mirar al pálido hombre que la miraba ansioso y con los ojos húmedos, mientras tomaba entre sus manos, el rostro.
¡Akaneeee! Hijita. - Gritó efusivo mientras se inclinaba para abrazarla fuertemente. Como era tan común en él, llorando, pero ciertamente feliz como nunca.
¡Te hemos extrañado tanto, mi niña! – Akane sonreía dulcemente al escuchar y estrechar a su querido padre. Le extrañaba mucho y se encontraba contenta de ver, que el estaba contento de verla.
Y yo tambien papá… Los he extrañado mucho… y los necesito. No sabes cuanto, papá. – De sus ojos, por fin rodaron lágrimas.
¡Perdóname, hija! – Dijo él, cuando pareció recordar algo.
Yo… Papá. Yo no tengo nada que perdonarte. – Le dijo la blanca chica sacudiendo la cabeza, mientras se limpiaba los ojos con las muñecas, tal como si se tratase de una niña.
¡Qué bonita estas! Sigues pareciendo una muñeca… - Los ojos del hombre la veían fascinado.
Bueno… Tú dices eso porque eres mi papá… - Dijo mientras su rostro mostraba un gesto travieso.
Claro que no Akane. Tu padre tiene razón, cada día que pasa te ves más guapa. – La voz de Genma resonó en toda la habitación.
Akane pensaba en todo lo que le esperaba en los próximos tres días… Todo sería intenso, de seguro. Eran demasiados asuntos pendientes. Tenía que regresar en poco tiempo, pero no lo haría sin arreglar esos asuntos tan importantes. Era hora de poner manos a la obra para tratar de enmendar el error de su cobardía.
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¿Y vas a decir que ya no la amas, de nuevo? – Ukyo, recargaba su mejilla en un puño mientras miraba a Ranma con ironía, mientras este picaba con el tenedor un tentador postre, sin ponerle mucho interés.
Ukyo desconocía "La famosa Historia del Ranma Plantado", de hecho sólo Nodoka y él se habían enterado. Ukyo sólo sabía que Ranma, por una extraña razón, se sentía traicionado, e intuía que había sido la tragica muerte de Shampoo, lo que le impidió decidirse por raptar a Akane o algo parecido. Lo de la tarde en que encontró a Ranma-chca golpeado y en estado de shock, jamás lo había tenido claro.
¿Y que importancia tiene eso ahora, U-chan? – Miraba su postre como si las maravillas del mundo se concentraran en él.
¿Acaso eso cambiaría algo? –
Tal vez te serviría ser honesto, al menos para desahogarte. Ya no eres un niño. Has sufrido lo suficiente por ella… Lo de Monte Fénix no fue un juego… y muchas veces arriesgaste tu vida. Aunque lo niegues… un amor así no puede olvidarse de buenas a primeras. Es natural que aún no le olvides y que te duela. Entiendo lo que sientes… y me preocupa y desespera verte así. – Ukyo no sabía, en el fondo, como ayudarle.
Sabía que las palabras de su amiga, eran apoyadas por su parcial ignorancia de la realidad, pero Ranma no pensaba revelar más. ¿Para qué ser honesto? La honestidad lo tenía ahí sentado, desvelado, sin hambre, cansado de sufrir y de sentir algo que no deseaba. Sería darle vueltas al asunto, que de por sí no tenía remedio. Herir más su orgullo tampoco le consolaría. No podía ni quería discutir demasiado con Ukyo.
Te pasaste la noche sin dormir. – La chica parecía espiarlo a todas horas. Ranma la miró sorprendido.
Ni creas que no se te nota, Ranma… Deberías descanzar. No creo que Tanaka te despida por no asistir esta tarde. – La mirada azul de su amigo se clavó en el pequeño mantel y dejó escapar una leve sonrisa.
Tienes razón. No he dormido bien últimamente. –
Ranma dejó sobre la mesa un par de billetes y sin despedirse , se dirigió hacía la salida con paso cansado. Dejando atrás a una preocupada y pensativa Ukyo.
--
continuará...
