Akane saludaba a todos y cada uno de los invitados a su fiesta sorpresa. Su padre había sido trasladado y celebraba ahí mismo, sentado a su mesa. Había sido hermosa y cálida la bienvenida, por mucho rato se sintió tranquila.

Miraba a Kaede a lo lejos. Pendiente, vigilante. Esperaba que tomará más saque del que él mismo se había permitido. Aguardaba nerviosa, pero tratando de disimular.

¡Akaneeeeee! - Una efusiva voz la sacó de sus pensamientos.

Una hermosa mujer de cabellos café oscuro y un listón adornando su cabeza le sonreía. Curiosamente, Akane notó primero su aire diferente… lleno de… algo que no sabía describir. Un segundo después, notó su barriga.

Akane se quedó con la boca abierta. No podía creer que fuera ella. Estaba preciosa. Ataviada con un tierno vestido de maternidad y con una femineidad que pocas veces le había visto.

¡Ukyooo! – Se puso de pié inmediatamente para abrazarle.

¡Akane! Cuanto tiempo… No sabes lo felices que estamos. – Ukyo se inclinó levemente después del abrazo.

¡No saben cuanto los he extrañado a todos! – Le devolvió el gesto sin poder ocultar su curiosidad ante la "sorpresa" adicional.

¿Y qué te parece? – Dijo la cocinera sobándose el vientre encima del vestido, entallándolo para resaltar su voluminosidad.

Eres una presumida Ukyo! La verdad no me esperaba que estuvieras casada ya. - En su pecho… Un piquete la molestó… "Ranma". Su leve sospecha la lastimó, sin que apenas se diera cuenta.

Pues será porque no lo estoy. – La sonrisa de Ukyo no se desvanecía ni ocultaba nada. – Digamos que seré "madre soltera".

Akane la miró con admiración. Ukyo siempre fue muy sensata y siempre se valió por si misma. Se avergonzó al compararse con ella, en su mente. La envidiaba demasiado… En lo personal, le hubiera gustado que su hijo se quedara por siempre en su vientre…

En el otro extremo del dojo-salón. Nabiki le ofreció coquetamente un vaso de bebida a Kaede… Mientras Akane no les quitaba la vista de encima.

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Nodoka estaba sorprendida de que su hijo durmiera en su casa. Desde hacía más de un año, se había mudado a un apartamento dejando a sus padres en la hermosa casa que estaba pagando apenas, la cual tenía el gimnasio, por eso la había comprado, de hecho. Pareció, de repente, querer más libertad o privacidad.

Pero desde la hora de la comida, Ranma llegó y se confinó a su antigua recamara. Desde entonces, estaba profundamente dormido. Se veía muy cansado, demasiado extraño en él. Le recordaba entrenando exageradamente el día anterior. Esos cambios bruscos de comportamiento le preocupaban a Nodoka. Sabía a que se debían, aunque prefería ahorrarse las palabras, pues el joven lo negaría todo adjudicándoselo al cansancio.

La mujer estaba preparándose internamente para lo que venía, para resistir. Esta vez ya no habría enfrentamientos de su parte. Entendió que su amor de madre la hizo obrar de forma equivocada, pues ese era asunto de su hijo y Akane.

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Como si obtuviera un premio por torturarse de esa forma. Imaginaba, visualizaba las burlas que él mismo se había inventado.

"¡Ay! Míralo, pobre… Su novia lo dejó plantado…"-

No voy a permitir eso… nunca más.-

Bastante he pasado ya por tu culpa… ¡ Maldita marimacho…!-

"Me dá mucha pena por él. Han pasado casi tres años y no lo supera. Míralo, parece zombie".

Como raspar sobre las heridas a medio sanar… dejando fluir la sangre de forma enfermiza. Volviéndolas, de nuevo, imposibles de sanar.

"Si… Pobrecillo. Hasta dejó a sus demás prometidas y la chica prefirió quedarse con el otro"-

El tiempo siempre pone todo y a todos en su lugar…-

"Y no la culpo… ¿Quién no? Ni para compararse., el otro es todo un caballero, mucho mas fuerte, apuesto y, por si fuera poco, millonario… Y este no tiene ni donde caerse muerto".

Y tú te quedarás en el tuyo, Akane Tendo. Ese lugar de niña llorona que te ganaste a pulso.-

"¡¡Ja ja ja! ¡Si que hay estúpido, eh!. Mira que pensar que la muñequita lo preferiría. Después de que el otro lo dejó medio muerto".

¡Qué fácil le había resultado a aquella idiota, derrumbar lo que construyó con tanto esfuerzo!

Su enorme barrera de piedra y lodo, separando sus sentimientos de su comportamiento.

Dejarlo ahí… tan vulnerable, expuesto al dolor. Al deshonor , a la culpa…

Al odio.

Y yo recobraré el mío.-

"Si… Ya me lo imagino esperando en la estación. ¡Ja ja ja! ¡A ver si con eso se le quita lo engreído!"

Aunque séa un engaño.-

"Shht… No hables tan fuerte, te va a escuchar."

Lo juro.-

¡A Ranma Saotome no se le puede tratar así!-

A la soledad….

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Akane entro en su habitación y sin tiempo de pensar o retenerse a ver detalles, cambió su lindo vestido de flores por un deportivo de color azul oscuro y una sudadera que hacía juego, sobre una camiseta deportiva. Recogió su pelo en una coleta con cierto apuro. Tomó una bolsa mediana que ocultaba en su equipaje y. sin pensarlo dos veces, saltó por la ventana. Kaede había sido dormido profundamente, aún así, no quería arriesgarse a toparse con él en el pasillo. Y con ningún otro habitante de la casa.

Cuando por fín se encontró en la acera, se dirigió hacia al auto azul donde le esperaba Nabiki. Abrió la puerta del acompañante para escuchar "No te preocupes, quedó como piedra, hermanita", seguida de un, casi invisible, guiño.

Apretó fuerte la bolsa contra su vientre. Nabiki pudo darse cuenta de que temblaba demasiado.

Akane… Tienes que tranquilizarte. Nadie va a saber esto… - Llevó una mano a su hombro, tratando de reconfortarla.

Lo sé. Pero no puedo evitarlo, Nabiki. ¡No puedo evitar sentir miedo! –

¡Ya verás que todo va a salir a la perfección! – Retiró la mano de su hermana y encendió el auto.

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Se quedó sin habla al mirarlo. Sintió instantáneamente, como sus piernas flaqueaban, pero no le dio el gusto de dejárselo notar. Estaba sentado en la guarnición del restauran; descansando los codos sobre las rodillas y sosteniendo su cabeza con los puños.

Hola Ryoga. – Le dijo como si se tratase de un vecino al que no veía desde hacía dos días.

El chico se puso de pié inmediatamente como impulsado por un resorte. Con su clásica timidez, le hizo una reverencia, tomando aire para responderle.

Hola Ukyo. –

¡Qué sorpresa! A decir verdad, creí que no regresarías en mucho tiempo.- La mirada de ella estaba un tanto melancólica, pero a la vez tranquila… Transmitía una rara sensación.

Pasa. – Le dijo con una sonrisa.

Ryoga sacudió la cabeza, atontado. Ni el mismo sabía lo que le provocaba la chica. Tomó su bolso y sacó de él, una caja de regalo. La puso entre las manos de la sorprendida y alagada mujer y se dispuso a buscar más en las profundidades de aquella mochila, sacando otras dos cajas más pequeñas.

Muchas gracias, Ukyo, pero solo vine a dejarte esto. Son para el bebé. – Ryoga, más que nada estaba terriblemente sorprendido de que su regalo llegara intacto a su destino.

No seas así, Ryoga. Ven. Te daré algo de cenar y abriremos los regalos… ¿Qué te parece? –

No… De verdad… - Ryoga se dio la media vuelta con un semblante que irradiaba vergüenza.

Akane está aquí. – Le soltó de repente, no sabía si fue un impulso por retenerle, mientras los regalos eran estrujados con nervios.

Se paralizó.

Está muy guapa… Deberías visitarla. Preguntó por tí… - Le sonrió levemente, esperando ansiosa la respuesta del joven. No era la forma ideal de detenerlo, pero al menos se quedaría.

Gracias Ukyo… - Le dijo el hombre sin voltear a mirarla. Le faltó valor, como siempre, se sentía un cobarde ante las mujeres.

Gracias. – Y reanudó su partida.

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Este es .. – Dijo Akane visiblemente nerviosa. No había dejado de temblar en todo el camino.

¿Estás segura? – Dijo Nabiki, asomandose a ver el papel donde estaba anotada la dirección.- Entonces, toquemos.

Las manos temblorosas de la menor, golpearon casi imperceptiblemente la madera. Nabiki, al darse cuenta del estado de ella, golpea con más fuerza. Se miraron la una a la otra. Nabiki ya estaba cayendo presa de los nervios, y es que la situación no era para menos. Después de un minuto estaba a punto de tocar de nuevo, cuando un "¿Quién es?", provocó que Akane se estremeciera.

-Buenas noches. Somos Akane y Nabiki Tendo… - Nabiki dijo con voz nerviosa… si ella se sentía así, no quería imaginar lo que pasaba con Akane.

¡Oh Dios!.Minoriiii, ven aquí.- La voz sorprendida de la mujer detrás de la puerta, hacía perfecto juego con el ruido de manos inquietas tratando de quitar el seguro, seguido del rechinido del metal al separarse del marco.

La mujer les abrió la puerta por fin, no tenía un semblante más tranquilo que ellas.

Pasen. Minori viene en un segundo.- La señora se inclinó en saludo. Al oírla, Nabiki tuvo que tomar del brazo a Akane, quien parecía estar en estado de shock.

La veo muy nerviosa. Le daré un té para que se tranquilice, señora. – Dijo mirando a Akane, mientras le ofrecía sentarse en la pequeña estancia. La chica del cabello azulado, apenas le asintió con la cabeza.

Akane, tienes que tranquilizarte. – Nabiki la estrechó contra su pecho, mientras sintió la presencia de alguien más.

¡Señora Akane! – Minori estaba frente a ellas. La chica estaba igualmente sorprendida.

Akane se levanto inmediatamente y corrió a abrazarla. "Señora", susurró la joven mientras la sostenía.

¡Por favor… Déjame verlo, solo un momento! – Su voz temblorosa… Sus movimientos torpes, desordenados, estaba convertida en un manojo de nervios. Era muy difícil determinar si tales nervios eran de gusto o miedo.

Minori no le respondió, solo tomó su brazo y la guió hacia la puerta de donde ella había salido, la cual daba a un pasillo pequeño. Al fondo del pasillo, estaba una recamara. Nabiki las siguió a tres pasos. Sin dejar de observar cada detalle de la humilde casa.

Abrió la puerta, dejándoles ver la enorme cama revuelta. En un extremo yacía un pequeño cuerpo, no muy apreciable a esos metros de distancia. Akane se soltó del agarre y, caminando unos pasos, se dejó caer pesadamente sobre sus rodillas, a la orilla donde se encontraba el pequeño.

¡Takeshi!- Atinó por fin a decir mientras acercaba su rostro a él, a media luz…

El parecido era asombroso… Nabiki también lo notó al instante. Su boca abierta y su "relajado" estilo de dormir, incluso. Nadie podría negar quien era su padre.

Akane apenas rozó suavemente su carita. Ella seguía temblando… La sonrisa en sus labios parecía infinita, inmortal, indestructible. Desprendía tanta felicidad, que era imposible verla y no contagiarse.

Hubiera querido hacer y decir tantas cosas…Pero se limitó a observarlo embobada. Espero ese momento por mucho tiempo. Demasiado tiempo. Más de lo que hubiera deseado. ¡Era su niño! Era de esperarse que sus ojos se humedecieran.

Enredó sus dedos entre la espesa y oscura cabellera. Su piel suave… Sus manitas un poco maltratadas… Minori le había contado que era muy intrépido y brusco. Sonrió al imaginarlo… Se vería muy gracioso.

¡Es hermoso! ¿Verdad Nabiki? – Dijo con un nudo en la garganta mientras Nabiki le tomaba un hombro y se hincaba junto a ella.

Pues… ¡Es idéntico a Ranma! -

Akane tomó eso como una afirmación. Seguía observándolo completo. Sus manitas, sus piernas…. Parecía muy fuerte. Minori y su madre, la veían profundamente conmovidas.

De pronto, con un movimiento suave, el niño anunció que despertaría pronto. Akane separó su mano, temiendo asustarlo. Una enorme mirada azul se abrió ante ella… somnolienta. Tratando de entender algo. Sin mostrar emoción alguna, más que cansancio . Luego se volvió a cerrar. A los pocos segundos… se volvió a dejar ver… esta vez, notándose muy sorprendido.

¿Mamá?- Su voz era demasiado clara para ser la de un bebé de dos años. Su mirada denotaba un susto al encontrarse ante dos desconocidas. Akane se llevó una mano al pecho, mientras Nabiki la sujetó impidiendo que se acercara más.

Minori se adelantó para evitar que el niño se exaltara…

"Mamá está aquí", Le dijo… Por primera vez en mucho tiempo… Mamá estaba con él.

El niño las miró extrañado… De sus enormes ojos estaba a punto de quebrarse una fuente cuando Minori siguió.

Ella es mamá… Mira. – Tomó del buró una foto, mostrándosela. Takeshi miró la foto y luego a Akane.

Akane se sintió con suficiente fortaleza para seguir tocándolo, pero permitiendo que Minori apaciguara el miedo en él, permaneciendo a su lado. Mientras, Nabiki extrajo de la bolsa que portaba, un peluche que le arrancó al niño una sonrisa.

Hola Takeshi. Soy tía Nabiki. Te traje esto. – El niño con gran emoción, se paró en el colchón y tomó el peluche.

La sonrisa del niño hacía que los ojos de Akane siguieran desbordando felicidad… No recordaba tal emoción en su vida. Lo observaba con una mano en el pecho, de nuevo. El sufrimiento de más de dos años, la incertidumbre, los sacrificios, todo valía la pena por ese momento. Por esa criatura que le parecía la más hermosa y tierna del mundo.

Hola. – Le dijo ella, con voz quebrada.

Hola.- Dijo con su voz infantil, la voz más tierna jamás escuchada por su madre biológica.

¿Cómo te llamas? – Le preguntó mientras le sonreía, con una de esas sonrisas que eran solo de Akane Tendo.

Takeshi. – Respondió el niño un poco sonrojado mientras se refugiaba en el brazo de Minori, quien estaba junto a él en la cabecera de la cama.

¿Y cuántos años tienes Takeshi?-

El niño miró a Minori pidiéndole instrucciones. Ella le susurró algo en el oído y él, con una gran sonrisa, extendió con dificultad su manita mostrándole su dedo índice y medio… La mujer mayor aplaudió y el niño se sonrojó alagado y también comenzó a golpear sus palmas.

¡Muy bien Takeshi! ¿Por qué no le das un beso a la señorita? – El niño se envolvió de nuevo apenado, en el regazo de Minori.

¡Anda! ¿Verdad que es bonita? - El miraba a su madre adoptiva con el típico gesto de un niño de dos años cuando le pides demostrar sus gracias a la gente.

Pero cuando volteó y miro a Akane de nuevo y ella le sostenía esa, su sonrisa, el niño se acercó y le dio un beso en la mejilla… Akane como toda respuesta, lo estrechó contra si. Mientras Minori los miraba conmovida…

Mamá… Ella es mamá, Takeshi. –

Mamá. – Murmuró el pequeño, más que confundido. Mientras Nabiki los observaba con una sonrisa en los labios y se disponía a sacar el resto de los regalos.

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Kasumi se sorprendió al ver a Ranma cruzar el portón de su casa. Aunque decidió no hacer ningún comentario. Bastante raro era tenerlo ahí, sabiendo que Akane estaba en casa, como para espantarlo. Suspiró aliviada al ver que no se levantaba aún, aunque el esperado encuentro tenía que darse de un momento a otro.

Saludó a Soun en la puerta y se detuvo unos minutos a conversar con él. Tenía planes para incluir a varios alumnos del Tendo en peleas de exposición durante el torneo en el que participaba. Soun se interesó mucho por la idea… estaba feliz, más bien. Después de cinco o seis minutos, siguió su camino al dojo.

Hola… – Dijo Ranma, un tanto extrañado al ver a un hombresón ejercitándose en el dojo.

Kaede se detuvo, un tanto apenado.

Hola. Disculpe mi intromisión. Le avisé a la señorita Kasumi que tomaría prestado el dojo. – Dijo, mientras tomaba la toalla y se limpiaba el rostro.

No te preocupes. Todavía falta rato para empezar la clase. ¿Eres amigo de la familia? -

No exactamente. Mi nombre es Kaede. Acompaño a la señora Akane, su esposo me envió a su cuidado.-

Ahh… Vaya.. Yo soy Ranma Saotome, Trabajo como instructor. – Dijo Ranma con cierta ironía. – Akane antes no requería de guardaespaldas…

En realidad aún no. Ella es una experta. Pero el señor siempre la protege mucho… Ella es sus ojos. – Decía el hombre con infinita confianza.

Si… Me imagino. –

Buenos Dias. –

Una voz se escuchó a su espalda… NO. Era demasiado pronto… demasiado temprano… Demasiado.

¿Acaso nadie se dio cuenta? ¿Por qué no lo evitaron? Alguien debió avisarle que la estúpida marimacho iría a saludarlo. Ahora tenía que voltear… y saludar… y hablar. Pero no tenía valor.

Esperaba que ella se escondiera. Esperaba no verla. ¿Por qué estaba ahí? Se suponía que esto no sucedería.

Akane lo notaría… Se daría cuenta de sus nervios… Y nadie se pone nervioso de ver a alguien que le es indiferente. Si no se comportaba normal, ella leería el letrero en su frente que decía "AKANE, TE SIGO AMANDO".

Buenos días. – Respondió.

Volteó entonces y la vió, en el umbral de la puerta. Trato de disimular su asombro. Trato de hacer ver que no era nada especial. Trató… pero no se dio cuenta si lo logró.

¡Akane, vaya. Cuánto tiempo! –

Estaba simplemente perfecta. ¡Hermosa! El tiempo no le había hecho más que favores. Hizo un gran esfuerzo por mantener su boca alejada de las moscas.

Si… Hace mucho tiempo Ranma. –

Ninguno de los dos se dio cuenta en que momento Kaede les anunció su retirada.

La mirada de él la recorrió de arriba abajo. Escudriño cada detalle, cada gesto de su rostro. Cada… Todo.

"Ranma" …

Ella solo podía pensar en su nombre, en esa imagen que tenía enfrente. Esperaba reunir valor. Lo necesitaba. Pero verlo ahí, cuando pensó que jamás volvería a suceder. Después de lo que había pasado… De todo. De tantas heridas… de ella y de él. De tanto ¿Amor?

¡Qué estúpida debía verse! Pero su cuerpo la traicionó, no le respondió a tiempo. Sus respuestas eran lentas. Demasiado pensar, demasiado… evidente que cada milimetro de su ser estaba afectado terriblemente. De seguro Kasumi, en la cocina, podía escuchar el retumbar de su corazón.

Y si, Kasumi la podía escuchar… Pero él no. El estaba igual que ella. Tan inseguro, tan pequeño, que le era imposible percibir que ella estuviera en las mismas condiciones.

Ahí estaban los dos. Actuando, cada uno, los papeles más difíciles de sus vidas. O al menos tratándolo.

¿Vas a entrenar?- Se sintió aliviado al no transmitir el temblor en su voz.

No. Quería presenciar tu clase. Supe que estas ayudando… Y qué el dojo ha progresado mucho gracias a ti en poco tiempo.

Bueno… Sólo es cosa de trabajar y.. – Ya no supo que inventar.

Muchas gracias, Ranma. –

¿De qué? Yo le debo demasiado a tu familia… Eso nunca lo olvido. Y nunca podré pagarlo completo. –

Akane bajó la vista mientras él se preparaba para la clase y empezaron a llegar los alumnos. El se veía muy bien. No estaba dolido. No sufría. No sentía el dolor que ella había sentido todo ese tiempo. El la había olvidado… Una filosa navaja se enterraba en su pecho a cada instante.

No podía dejar de observarlo. Estaba irresistible. Un par de años más no le habían caído nada mal, por el contrario. Le pareció que había crecido. Trataba de no concentrarse en sus pectorales, mucho menos en el resto de su cuerpo. Ni que hablar de su rostro… ¿En que estaba pensando?

Recordó entonces la razón por la que estaba ahí. Ni en un millón de años se hubiera atrevido de no ser por esa razón tan grande.

Flashback.

¡Akane! Tenemos que irnos, se darán cuenta en la casa…- Nabiki estaba desesperada, eran las 4:30 de la mañana y Akane no quería dejar de ver al niño, quien ya había caído rendido.

Akane… Si Kaede se dá cuenta de que no dormiste en casa, estarás en graves problemas. –

"Me lo llevaré." Fué su respuesta. – Mientras tomaba al niño en brazos, el cual estaba dormido ya. Minori se puso de pié sorprendida.

¡Señora, no haga eso! – Minori intervinó por fin, angustiada.

¿Qué? ¡Akane, estás loca! – Nabiki se atravezó en su camino a la puerta.

¡No! No estoy loca… ¡Soy su madre!-

Claro que es tu hijo… nadie te lo niega pero… - Nabiki la tomó de los hombros, estaba empezando a desesperarse. Akane había perdido el control.

No quiero separarme más. ¡No quiero dejarlo por cobardía! – Se abrazó al niño mientras lloraba desesperada…

¡He sido una cobarde! Pero ya no… Si es necesario morir, lo haré. Pero al menos él crecerá con su familia. – Su voz sonaba ronca… invadida por el dolor.

Dame tiempo Akane… Vamos a hacer algo. Pero necesitamos tiempo. –

¡Yo lo tuve en mi vientre! Míralo Nabiki… ¡No puedes negar que es mi hijo! - No escuchó a su hermana… Solo podía pensar en que era lo único que le unía a "él"… Después de toda esperanza perdida.

Sus rodillas se doblaron, mientras no dejaba de abrazarlo. Sentía la necesidad de mirarlo a cada instante… No estuvo ahí para alimentarlo, ni para escuchar su primer palabra, ni en sus primeros pasos. Necesitaba estar ahí, era su única razón. Y se la estaban arrebatando.

Akane… Escúchame. – Nabiki se inclinó con ella y la tomó de nuevo de los hombros.

Levantó su rostro para mirarla a los ojos fijamente.

Akane, tú no lo abandonaste, fuiste separada de él. Vamos a recuperarlo. Pero tenemos que asegurarnos de que no te hagan daño, ni a ti ni a nadie más. –

"Muerto el perro, se acaba la rabia"… Esa frase había rondado por mucho tiempo en la cabeza de Akane. Nabiki era demasiado astuta… Lo adivinó.

Hacerte daño no va a ser la solución, Akane. Ni lo pienses… - Nabiki ya no sabía que recursos emplear, estaba a punto de abofetearla.

Es la única forma. Al menos así… conocería a su padre… y a sus abuelos. – Los ojos cafés estaban fijos en un punto de la habitación. Como si la locura de repente la hubiera invadido.

Minori se llevó una mano al pecho, terriblemente asustada. Akane debía estar dañada del cerebro para pensar algo así.

Nabiki se desesperó demasiado. Estuvo tentada en usar su móvil para llamar a Ranma. Pero eran demasiadas cosas que explicar… sería una opción demasiado drástica y peligrosa.

Tranquila, Akane. Vas a tener a tu hijo, contigo… Para siempre. Pero mírame. – La obligó a volver la vista hacia ella. – Tienes que confiar en mí. Escúchame… y créeme. "Todo va a salir bien, hermanita".

Flashback

Y ahí estaba… observándolo continuar con su vida. Viéndolo enseñar lo que era su vida: artes marciales. Todo aquello que realizaba magistralmente desde niño.

Él era su pequeña tabla de salvación. La semilla de aquello que ahora estaba dispuesta a defender con uñas y dientes la había puesto él. Aunque él ya no recordara. Él le trajo su peor tragedia, pero también su mayor felicidad. El le dio todo…

¿Acaso recordaría que él le pidió que escaparan? ¿Recordaría que le dijo que le amaba? ¿Recordaría que hicieron el amor por primera vez ? Lo veía tan confiado… Tan seguro, tan igual. Como quien pierde una aventura de una noche y no la recuerda… Le dolía verlo así. Tan indiferente a su dolor, a todo lo que causó… a su amor. Porque él causo todo eso

Sintió tanta envidia. Deseaba ser como él . Olvidar, olvidar todo y seguir y buscar otras cosas y crecer. Ella no olvidaba. Estaba ahí... invadida de recuerdos. Dolor acumulado, miedo. Amor.

Y ahora debía tragarse su dolor, su amor y su última gota de orgullo, para volver a depender de él.

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Continuará... (ni crean que ya se libraron de mi, jajaja).