Todos los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.

El fuerte ruido de las espadas de madera al chocar, despertó a Nabiki, lo cual era bastante extraño, pues las habitaciones estaban lejanas e independientes del dojo. Pero además de la fuerte batalla, los alumnos e incluso los padres de los participantes, armaron un gran revuelo. No había dormido en toda la Santa noche y eso de despertarla antes de las nueve de la mañana, no era precisamente un regalo. Aun en su pijama y sin darse tiempo de ordenarse la melena o asearse, salió con el único objetivo de imitar a su hermana menor de los viejos tiempos y estrellar en la cabeza de Ranma, algún objeto pesado.

¡Cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que la cercanía de ruido era precisamente por eso, porque estaba más cerca. Un par de espadachines combatían en el patio frontal, y al parecer, ya habían atravesado todo el pasillo con su ritual de entrenamiento. Esto era bastante raro, pues ese tipo de enfrentamientos no era permitido, había reglas bien establecidas, aunque tratándose de su ex cuñado, no era de sorprender que las saltaran. Después de atravesarse entre un par de alumnos que le tapaban el paso, miró sorprendida al contrincante de Ranma…Se quedó sin habla…

¡¡Qué demonios hacía Akane participando en un altercado con Ranma, de nuevo?? ¿Qué tenía que hacer con su hermana, escribírselo en una nota para que lo llevase consigo y no lo olvidara cada diez minutos?

El tumulto de más de veinte personas, entre las que se hallaba su agitado padre, se movía de un lado a otro ante los violentos movimientos de ambos. A decir verdad, jamás había visto a Ranma luchar contra Akane... al menos no de esa forma. Aunque las espadas de bambú no representaran un peligro mayor, Ranma se estaba esforzando de verdad en esa pelea… Y le estaba costando. ¿Qué clase de entrenamiento había convertido a Akane en esa aguerrida esgrimista?

Akane no entendía como es que en menos de media hora había terminado envuelta en un duelo con Ranma. Recordaba la lejana escena donde él prometió a sus amigos una demostración y pidió un voluntario… que resultó ser ella, que hasta entonces sólo había estado sentada, observando junto a su padre. ¿Por qué? Quien sabe. Un impulso. Tal vez no podía desperdiciar la preciosa oportunidad de entrenar con alguien de la talla de Ranma o quizás… Solo quería estar cerca de él… y sorpresivamente, su ex prometido no opuso la menor resistencia.

Mientras peleaba, no pudo evitar regresar al principio de su gran afición por las espadas. Era tan extrañamente sádico… Le pareció sentir el filo de la preciosa obra de arte rozando su cuello de nuevo.

Flashback

¿Qué clase de idiota crees que soy? ¿Creíste que no me daría cuenta?… - Le gritaba furioso mientras sostenía el delicado mentón sobre las yemas de sus dedos.

Akane se soltó violentamente y retrocedió dos pasos, hablando fuerte y firme.

Me importa un bledo lo que tú pienses… Desde un principio decidí que nacerá y va a nacer. Escúchame bien…

¡Ni tú ni nadie en este mundo va a impedirlo! ¡ Nadie!

Eso está por verse preciosa. – Con una mirada maliciosa la toma del cuello.

Sorpresivamente, ella no opuso resistencia. Estaba comportándose con mucha mas fortaleza de la que él le conocía.

Hazlo… Lo prefiero mil veces. Me harás un gran favor.- El rostro de Otu cambió en cuestión de medio segundo… se volvió sombrío.

Si matas a mi hijo, me matarás también a mí. Bastante infeliz soy ya, así que no me importa lo que hagas con mi mísera vida… Me harás un favor. – El hombre, boquiabierto, la soltó.

Estaban en un tatami que él usaba exclusivamente para su entrenamiento. Akane se dirigió a un nicho y tomó la katana, ante la mirada incrédula de su esposo. Se volvió hacia él y se la ofreció…

¡Acaba ya! –

El hombre tomó aire. Akane no sabía describir lo que había en su mirada. Jamás lo había percibido en él. Por primera vez, le parecía inseguro… temeroso.

Le arrebató la espada y esta voló encajándose en la duela.

Está bien… Tú ganas. –


Akane, al escucharlo, suspiró aliviada. Cerró los ojos y sintió un fuerte abrazo rodeando sus piernas…

¡No soy un monstruo, Akane! ¿Cómo quieres que me sienta, si sé que llevas el hijo de otro hombre? –

Tú sabias- Ella trató de razonar, en cierta forma lo comprendía, pero había una historia larga antes de él…

¡Nooo! No sabía… no sabíaaa. ¡Desde el momento en que te conocí, no sé nada! Sólo sé que estoy enfermo de celos y que hago cosas que antes jamás había hecho y no sé porque demonios! –

Y mírate… Quieres morir por él. Quieres defender a su maldito hijo con tu vida… Un bastardo de ese cobarde que solo te utilizó…-

Le seguía hablando con lágrimas en la garganta y se aferraba a ella como si de su vida se tratara. Ella hubiera sentido compasión si hubiera olvidado que ese hombre hacía cinco minutos le aseguraba que su hijo no nacería… Nadie le hubiera creído que ese hombre, cuya presencia era tan imponente, ese hombre tan fuerte que derrotó al invencible Ranma con tanta facilidad, estaba llorando... suplicandole de rodillas como el más desvalido de los hombres.

Fijó la vista en la espada clavada en el tatami. Se estaba dando cuenta de cuanta era la obsesion de Otu por ella, tristemente eso no era más que peligro. Si bien, había podido, por el momento, salvar su embarazo, nada le aseguraba que en un futuro su hijo no corriera más peligro.

"La espada…"

Fin del flashback

Esa arma le había ayudado a que Takeshi naciera… Una nueva fijación surgió entonces. Era su aliada. Si bien, ya era una magnifica en eso, después de la separación de su bebé, la vana obseción por la cocina y las manualidades quedaron en el completo olvido y , muy extrañamente, Akane se dedicó a perfeccionar su manejo de las espadas.

Un fuerte golpe que la hizo trastabilear, la regresó a su pelea.

Regresaba al presente y ese momento era demasiado intenso… Estaba agitada como nunca, pero la adrenalina la impulsaba a seguir y seguir. Cada instante era más difícil, sin embargo, estaba dándole batalla como jamás se había siquiera acercado un poco en su adolescencia. ¡Lo que hace el sufrimiento!

¡Cuánto deseaba decírselo!

Pero veía en sus ojos el odio… El pensaba que ella lo abandonó.

Jamás olvidó las palabras de Nodoka…Su sentencia. Supo desde el principio que tenía razón. Esa mujer parecía tener boca de bruja, pero lejos estaba ella misma de imaginarse cual infeliz era… Cual caro estaba pagando no haber llegado a la estación ese día, aunque había deseado con el alma ser la primera. ¡Que caros se pueden pagar los errores, de dos jóvenes obcecados!

Su mirada era tan fría, indolente. ¿Cómo llegar y decirle así, que parió a su hijo? Y luego también explicarle, que ese niño estaba siendo criado por desconocidas.

"Si tan solo lo supieras… Ranma." Pensaba, incapaz de leer el enorme letrero de la frente de su contrincante: "AKANE, TE SIGO AMANDO", que para los demás, era demasiado legible.

Por su parte, Ranma estaba demasiado incomodo con esa situación… Y no era que en el fondo le molestara un poco que esa mujer no se hubiera puesto más gorda o fea, y estuviera ahí restregándoselo en la cara. Era el hecho de tener que aceptar, aunque fuera a él mismo, que le provocaba toda una revolución su presencia. Que no había podido dormir, que no sentía hambre ni ganas de hacer otra cosa, más que pensar en ella. Y por último, que estaba casi perdiendo esa pequeña batalla de espaditas de madera, debido a que todo su cuerpo estaba temblando… Estaba sudando frío, sumamente alterado y nervioso. Y todo, gracias a esa presencia tan cercana, a ese aroma y esa mirada.

Sostuvo el arma horizontalmente contra la de Akane y la empujó con fuerza, entonces acercó su rostro al de ella…Tomando aire, la miró fijamente, después de casi tres años. Le miró y ella le sostuvo la mirada.

Es un gusto volver a verte... "Amiga". – Le dijo, de forma que solo ella lo escuchó.

Lo mismo digo. – Le respondió, imprimiendo más fuerza para levantar las espadas que se acercaban al nivel de su cuello.

Me da gusto, porque tenemos una cuenta pendiente. Y ya es hora de que me la pagues…"Inukai". – Dijo de la misma forma, mientras con una sonrisa cínica, la derribó y posó su espada a unos centímetros del cuello femenino.

Akane sintió un dolor en el trasero por la caída, mientras reflejaba una gran impotencia en su mirada. Esta señal inflamó el ego de su contrincante, quien le ofreció su mano con un gesto de malicia.

Ya estamos a mano… - Le escuchó decir, mientras de un solo tirón, la levantaba.

Akane se sobaba las nalgas cuando sintió el peso de una mirada sobre ella. No le sorprendió ver a Nabiki visiblemente enojada , a un lado de su padre, a quien se le habían ido los colores del rostro.

Bien… Ya estuvo bueno de demostraciones. Todos al tatami. – Habló fuerte Ranma provocando el "buu" de sus pupilos.

Akane se dirigió a la cocina y tomó un vaso de agua… Aun no se percataba enteramente de lo que acababa de pasar.

¡Si serás estúpida hermanita! - La voz de Nabiki la sacó de su shock.

¿Q… Qué dices? –

Estaban peleando… Peleando de verdad. ¿Acaso no hiciste nada por contentarlo? – Nabiki estaba realmente molesta, con las manos en la cintura.

¡!Aaaah si, claro!! "Oye Ranma, discúlpame por lo del otro día… ¿Qué fue? Aaaah, ya recordé…¡¡Que te dejé plantado cuando huiríamos juntos y me casé con otro!! "-

Nabiki al escucharle alterada, puso su dedo índice en la boca indicándole que bajara la voz.

Ya sé que no es fácil… Solo habla con él y trata de ser amable, dale por su lado. – Dijo tratando de serenarse. – En alguien tiene que caber la cordura, Akane. Es demasiado importante lo que le tienes que decir, y mañana llega tu esposo, no hay tiempo que perder

.

Si Nabiki. Lo sé. … - Bajo la mirada y su voz se quebró.- Trataré de hablarle de nuevo más tarde.

--

Llevaba más de media hora observando la salida de la casa Tendo. Sólo vió Salir a Kasumi con una gran caja, de seguro uno de tantos preparativos de boda. También había escuchado el revuelo de la pelea recién pasada, pero no se imaginaba de que fuera producto.

Los recuerdos daban vueltas en su cabeza, haciendo más grande su inseguridad.

Flashback

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!

El grito de Akane sacudió la casa.

¿Cómo? Ni él mismo se había dado cuenta como había pasado…pero estaba frente a ella. Desnudo, paralizado, ausente, muriéndose… ante la peor de sus pesadillas.

Akane no podía creer que hacía cinco segundos tenía entre sus manos a P-chan y ahora se encontraba frente a Ryoga, en un estado tan … tan ¿extraño? ¿horrible? No supo cual era la palabra idónea.

Ella también estaba paralizada… Incrédula. Dejó de sostener la olla que supuestamente debía contener agua fría, pero que al final resultó estar tibia, provocando un fuerte ruido. Su boca abierta era la señal inequívoca de su gran asombro. Al fin, después de un rato, sacudió la cabeza reaccionando.

¿Ryoga? Tú… tú… - ¿Qué más iba a preguntar? ¿Tú eres p-chan? Lo estaba viendo…Eran demasiadas señales. Ser estúpido a cualquiera se le perdona… Pero que la estupidez se prolongue por tanto tiempo… Eso ni ella misma se lo perdonaba. Después de más de tres años, abría bien los ojos… Estaba en proceso de saber cual sería su reacción.

Arrugó su nariz mientras observó a su amigo tratar desesperadamente de cubrir su cuerpo. Ella le aventó una toalla y salió dando un portazo.

Ranma se encontró en la puerta del baño con la cara roja de su prometida…

Ryo… Ryoga es P-chan…. – Ranma se golpeó la frente al escucharla.

¡Le dije… Le dije mil veces que tarde o temprano iba a pasar esto! – Dijo el chico entre dientes…

Así que tú también lo sabias… ¡Vaya! No sé porque no me sorprende. Tú siempre estás detrás de todo lo sucio.-

Akane… No es lo que crees. Yo traté muchas veces de decírtelo, pero… -

¿Sabes que Ranma? No me interesan tus explicaciones… - Akane dejó escapar gruesas lagrimas y su voz se enronqueció.

Akane… Yo tuve la culpa de su maldición. Lo menos que podía hacer era guardarle el secreto.- Akane ya se había dado la vuelta y caminaba con los puños apretados por el pasillo.

¡Me vio desnuda infinidad de veces! – Volteó aguantándose las ganas de abofetearlo y lanzándole una mirada llena de furia e impotencia. – Muchas veces, Saotome… Dormí con él y lo besé quien sabe cuantas más…

Ranma retrocedía ante la cercanía de ella, era capaz de intimidar a cualquiera en ese estado.

Sé que no te importo… Ahora lo confirmo. ¡No te importó que me faltara al respeto de la manera más ruin! –

Touché… ¿Qué no le importó? ¿Qué no le importó decía? Ranma frunció el ceño incrédulo ante esa declaración y dio un paso adelante mirándola a los ojos…

Akane… ¿Acaso no recuerdas la cantidad de veces que pelee con P-chan y tu me mandaste a volar por eso? ¿Las veces que me tachaste de degenerado, cuando en realidad lo que quería era sacarlo de tu cama en las noches? –

Pudiste haberme dicho la verdad… -

Si tú eres una estúpida que no ve más allá de sus narices, ese no es mi problema. Hice lo que estaba en mis manos y soporte más de lo que tenía que soportar. – Ahora quien retrocedía era Akane.

No te dí gusto callándolo porque lo defendías y me golpeabas. Y ahora que te enteras yo tengo que pagar los platos rotos… ¿Acaso hay una forma en que yo no salga perjudicado? Te dí muchas señales… Demasiadas… Traté de cuidarte pero siempre desconfías de mí. Ahora que sabes la verdad… ¡Trágatela! Dale su merecido a él… Porque tu "amiguito" fue quien lo disfrutó. Yo ya estoy cansado… -

Ranma salió de la casa furioso y Akane quedó perpleja. La verdad, no podía dejar de darle la razón. Cayó sobre sus rodillas y, alcanzando una bandeja que estaba sobre la mesa, la aventó a quien pasaba a sus espaldas.

¿A dónde vas Ryoga? – Dijo con voz seca.

El joven había tratado de pasar desapercibo, pero recibió el fuerte golpe del traste proveniente de las manos de Akane. Apenas estaba tratando de asimilarlo cuando ella estaba dándole una fuerte bofetada…

¡Hibiki! Eres despreciable… - La chica con la mandibula tensa, con la cabeza baja y el fleco tapándole los ojos… Lo que se alcanzaba a ver de su rostro, estaba completamente rojo.

A… Aka… ne. Perdón. – La garganta cerrada del chico no dio para más.

Pensé que eras distinto… ¡Pero solo eres un aprovechado, degenerado, hipócrita!. – Ryoga sentía que su mundo se hundía a cada palabra de la voz cortada de Akane. Era el fin de todo.

Un maldito cobarde… ¡Eso eres! ¿Cuántas veces lastimé e insulté a Ranma por tu maldita culpa? ¿Sabes cuantas Ryoga? ¡No lo sabes porque fueron demasiadas! Y yo que pensé que eras su amigo… - Akane se llevo las manos al rostro y se deshizo en lágrimas.

Creí que eras ejemplar… ¡Que equivocada estaba! No eres más que un oportunista y egoísta. –

Kasumi llegó a la estancia y miró muy sorprendida la escena.

Akane… Hermanita, tranquilízate. – Le habló con su voz conciliadora y tranquila.

La tomó de un hombro, pero Akane la ignoró por completo y se dirigió de nuevo a la estatua que parecía personificar a Ryoga.

¡Lárgate de mi vista! No quiero volver a verte nunca más en mi vida ¡Jamás!

Ryoga no supo de donde tomó fuerzas para dar unos cuantos pasos que lo sacaron de ahí. Mientras Kasumi lo miraba con infinita compasión.

Estaba tembloroso… ausente. ¿Qué pasaría con su vida ahora? ¿Importaba? Ella lo despreciaba… Lo aborrecía y… y él deseaba que la tierra se abriera, se lo tragará y no volver a surgir nunca.

Ryoga.- Escuchó la lejana voz femenina que casi lo distrajo de su sufrimiento.

Kasumi le observaba con una tenue sonrisa y sujetando con ambas manos la mochila de viaje de Ryoga.

Ryoga… Disculpa a mi hermana. Ella está muy exaltada ahora. Estoy segura de que ella pronto te entenderá y olvidará todo lo que te dijo… Es una buena niña.

El agradeció el gesto de la joven, quien lo miró partir abatido, ignorando que el chico llevaba solo una idea en mente: morir.

Fin del flashback

Hacía exactamente tres años de aquello, fue apenas unos meses antes de que Akane y Ranma rompieran su compromiso. Ryoga lo recordaba como el holocausto… el principio del fin. Era tan vulnerable al sufrimiento y estaba tan conciente de ello, que no comprendía como es que estaba con vida y sano.

Seguía amándola… después de tanto tiempo y de tantos cambios. Ni siquiera Ranma era merecedor de su amor ya, mucho menos él, que era tan poca cosa… Aun así deseaba verla, lo deseaba con toda su alma. Necesitaba refrescar la bella imagen en su memoria…Como siempre, seguir soñando con ella, aunque, como siempre, ella era inalcanzable para él.

--

La clase había terminado y Ranma conversaba con uno de los chicos. Akane le observaba desde la puerta. El se había dado cuenta y había alargado su conversación con la esperanza de que ella se alejara y no lo pusiera más en tanto predicamento.

Cuando el chico se fue, Ranma tomó su mochila tratando en lo más profundo, de ignorar la silueta que parecía esperarlo desde hacía rato.

"Ranma"- Se desprendió de sus labios un poco temblorosos mientras el mencionado trataba de irse sin despedida alguna.

¿Si?- Respondió secamente, mirándola de reojo.

Necesito hablar contigo… - Akane estaba comenzando a temblar de nuevo… Le preocupaba demasiado el hecho que repetir esa sensación tantas veces en un solo día.

Yo no.- Y siguió su camino.

Ranma… Es demasiado importante… Solo escúchame y te juro que entenderás muchas cosas. – Le dijo suplicante mientras le tapaba el paso.

Ranma, al verse acorralado, se reacomodó la mochila en el hombro, para decir como quien dice la hora de la comida.

Akane… Hace mucho tiempo que entendí todo. Te he dirigido la palabra porque no me queda de otra… no porque me agrade verte o hablar contigo. –

Pero Ranma… Hay cosas que … - Ranma se acercó a ella callándola con una mirada llena de frialdad y desprecio.

¿Qué quieres? ¿Qué te haga una fiesta de bienvenida yo también? ¿Hacerme que nada paso y que somos los mejores amigos?-

Akane retrocedió dos pasos mientras su alma se partía, comenzó a ser más visible su nerviosismo. Ranma se creció ante esta reacción y tomó valor para sacar a flote su orgullo y cerrar los ojos ante lo que a él mismo le lastimaba tanto.

No es mi estilo ser hipócrita y lo sabes. La verdad no soporto verte… y si tú y tu familia quieren que les siga ayudando aquí, será mejor que te alejes. Me pones de mal humor, Akane. –

Ella agachó la cabeza, pero él parecía haber abierto una compuerta, cuya corriente ya no podía controlar él mismo. Era el momento de cobrar con más y más ofensas, todas las que pudieran salir de su boca.

Ese "compromiso" desde el principio fue un fiasco. Hicimos bien en romperlo… y por lo "demás", no te preocupes, me hiciste un favor muuuuuuy grande.- Imprimió más cinismo en su mirada y una seguridad que atizaba duro en la mente de Akane.

Y se marchó sin más. Dejándola muda y sin esperanzas. Ella, olvidando de momento la razón por la que le quería hablar. Derrumbada.

¿Llorar? ¿De nuevo? Otra vez… Como todos y cada uno de los días. Se sentía enferma, estaba seca. Solo deseaba ser un pedazo de aquella Akane… Aquella que también lloraba por Ranma, pero que en el fondo, se sentía querida. ¿Había estado equivocada?

Estuvo a punto de dar la media vuelta cuando lo vió. Era inconfundible, no había cambiado casi nada.

Ryoga… - Le habló, recordando que, con el recuerdo de su último encuentro, no sería fácil que el tomara la iniciativa.

El se quedó ahí, mirándola desde la acera… embobado. Su expresión, la de siempre hacia ella, timidez, miedo… quien sabe cuantas cosas más.

¡Ryoga!- Y corrió hacia él, echándose a llorar en sus brazos.

--

Ranma llegó a su departamento, con apenas cuarenta minutos para comer, darse una ducha rápido y volver al dojo Tanaka. Aún sentía tensa la mandíbula, demasiado tensa, por lo ocurrido minutos atrás. La verdad es que había estado muy cerca de caer… caer ¿Caer en qué? De seguro Akane solo quería disculparse por causarle ese dolor tan grande… y ese dolor era algo que él no estaba listo para admitir. Y el no podía permitir más disculpas porque solo eran sal en las heridas. Prefería dejarlo así, cortar de una vez y salir como "el hombre que no sufre, el invencible, Ranma Saotome", que quería aparentar que era, aunque solo él se lo creyera… y no todo el tiempo.

Sacó, lo más rápido que pudo, un gi y un cambio limpio y se dirigió al cuarto de baño. Pensaba aun en lo bien que jugó su papel frente a … ¿Cómo se llamaba? Aaah, si, Akane… Una noviecita de la infancia. Muy fea por cierto.

Se quedó helado.

Era tanto miedo, que no atinó siquiera a voltearse y salir, simplemente…

¡Gatooooooooooo! – Gritó aterrorizado.

--

Ella le miraba gustosa. Uno de los grandes pendientes que tenía en su nueva vida, era con él.

Perdóname Ryoga. Fui muy severa e injusta contigo. -

El no había siquiera saludado. Todavía no se atrevía a mirarla a la cara y no tenía para cuando.

Eres un gran amigo Ryoga… nunca te he olvidado. Eres parte de mi vida y de mi pasado. –

Ya llevaba así, mas de quince minutos. Ella quería en verdad que el la entendiera y atendiera sus palabras.

¡Te extrañe! Me dá mucho gusto volver a verte, Ryoga. – Verlo en ese estado la conmovió. Le quería de verdad, pero no podía hacer nada más por él. Solo quererlo, perdonarlo y pedirle perdón y brindarle su amistad.

Y me dá mucho gusto que al fin ya no tengas esa maldición… Aunque extraño mucho a p-chan… - Le sonrió.

Él, muy sorprendido, levantó un poco la mirada…

Akane-san… ¿tú?-

Si… Bueno, no fui yo. Un amigo lo consiguió.

Gra… Gracias. – Apretó un poco la mano que desde hace rato ella posaba sobre la suya.

--

Fue un día muy pesado. No había resuelto nada con Ranma y tenía que idear otro plan, después de que Nabiki apareciera. No sabía si visitaría a Takeshi esa noche, pues no había forma de emborrachar de nuevo a Kaede.

Ni siquiera se dio un tiempo para platicar con su padre o ayudar a Kasumi con sus preparativos. Estaba demasiado estresada y cansada. Planeó dormir un par de horas para compartir al menos el té durante la tarde y la cena.

Cerró los ojos y quedó profundamente dormida, comprensible después de más de treinta horas sin dormir.

Escuchó a lo lejos, un cristal quebrarse. Sería de algún vecino. No se molestó en abrir los ojos, hasta que sintió el peso sobre ella…

¡Miaaauuu! – Akane despertó completamente en ese momento…

No hay gatos de setenta kilos… ¿O si? Tomó fuerzas para mirarlo… Requería de valor, mucho valor.

El hombre gato frotaba su cabellera contra su "dueña", que estaba en shock.

Recordó sus palabras y estuvo a punto de tirarlo de la cama… Pero, ¿no era su trato afectuoso en el estado del neko-ken? Ella, tomó por muchos años ese acto como una prueba de amor… o al menos afecto, amistad, cariño. Definitivamente odio no, no el odio que le acababa de declarar.

El chico gato se removía encima de ella para tratar de acomodarse en el regazo de su ama… parecía muy emocionado, gustoso. "¿Estás féliz?", pensó ella, sin poder reprimir una sonrisa.

Ella se sentó en la cama, permitiéndole acomodarse entre su regazo y sus piernas, aunque ya estaba bastante crecido y más bien se veía bastante gracioso.

Acariciaba su cabello y, con otra mano, su mentón. El lamió su mano un largo rato y después hizo su nido en los muslos…

Yo también te extrañé, Ranma…. – Le dijo al oído, mientras todas las ofensas perdían significado en su mente.

Continuará…