Hola...
Antes que nada, quiero disculparme por la tardanza de este capítulo. ¿Cuantas razones hay para que uno pueda tardar en actualizar? Pues todas las tuve... trabajo, escuela, falta de inspiración, cancancio, flojera... y si: se descompuso la compu, aunque la arreglé yo misma y rápido. Ahora que recuerdo, tambíen llevaba el capitulo muy avanzado cuando por accidente, lo borre... casi lloré ese día.
De cualquier forma, quiero advertirles y aclararles, que cuando empece este fic, tenía mucho tiempo libre, y es por eso que iba tan rápido. Ahora estoy mucho más ocupada y dudo mucho poder sacar los capitulos que quedan con aquella rapidez, aun así, pueden jurar que si tardo más de tres meses en actualizar, es porque me morí o algo así. En dado caso, pueden resar por mí... y continuar el fic si quieren.
Sin más preámbulo, como decimos acá en mi rancho... a lo que te truje tencha...(oséa, al grano).
Ranma 1/2 y todos sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, yo los utilizo sin fines de lucro.
La puerta del cuarto del hotel se cerró. Entonces la mirada amable y apacible de Otu se canjeó por una enfermiza, casi esquizofrénica. Soltó violentamente del agarre a Akane, dejándola caer sobre la enorme cama.
Bien… Aquí nadie te va a proteger, "Querida". Sé que estuviste con Saotome… y sabes perfectamente lo que eso te va a costar. –
Akane se levantó inmediatamente y le encaró… No sabía de donde, pero había tomado valor.
¡No te tengo miedo! No vas a intimidarme más. ¡Haz lo que quieras! –
Ese no era el plan del hombre. No que ella lo afrontara. El miedo era su única arma. Ella tenía que temerle.
Está bien… tú lo has pedido. Nos quedaremos un par de días más para asistir a la sepultura. –
Haz lo que quieras Otu… Mata a quien quieras o sigue torturándome. – Akane se acercó a él, devolviéndole una de sus tantas miradas. – Pero prepárate también… porque todo el daño que nos hagas lo vas a pagar.
¿Crees que él te va a proteger? – Soltó una carcajada fingida…
Akane frunció el ceño.
¿Acaso él va a estar atrás de toda tu familia? ¿Es omnipresente? –
No. No es omnipresente. Pero no es el único que va a luchar contra ti, Otu. –
Aaaah si.. ¿Y quien más preciosa? –
Yo. – Le afirmó sosteniéndole la mirada. – Yo. Porque de cualquier forma no soy feliz… Porque he vivido llena de miedo y de frustración…
Otu se quedo quieto… había algo en la mirada de la chica que jamás había captado.
Pero ya no te tengo miedo… ¡Porque prefiero morir que seguir contigo, Otu!... –
Y si te vas a quedar para sepultar a mi familia, me sepultarás junto a ellos. –
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Los ojos violetas de la chica miraban incrédulos a la criatura sentada devorando golosinas, mientras Ranma entrenaba con ayuda de su padre en el gimnasio. Había llegado hacía buen rato y el chico ni siquiera se percataba de su presencia.
De sobra sabía que Ranma era hijo único, por lo que desechó cualquier idea de que el niño fuera su hermanito o sobrino. Además Ranma no era muy afecto a los niños, no eran precisamente su punto fuerte, así que no era gratuito que esa replica suya estuviera sentado observándolo.
Solo cuando se tomó un respiro, el luchador se dio cuenta de la presencia de la chica. Con una pequeña toalla limpió su acalorado rostro y, sin más remedio, se dirigió hacia ella.
Vaya… No sabía que eras papá. – Le dijo la chica con cierto enfado… Demasiado, para ser cierto. Esperaba que la contradijera.
Yo tampoco, pero ya ves. – El comentario despreocupado y cínico del chico, fue como una fuerte puñalada en su pecho.
Mientras se sentía mareada… observó a su "amor" limpiarse el rostro de nuevo. Su padre le ofrecía al niño más comida que sacaba de un bolso. Se sintió terriblemente ridiculizada al ser ignorada de tal forma.
Ranma, tenemos que hablar. – Le dijo, poniéndose de pié, en un tono que le habría preocupado a Ranma, si no hubiera sido porque la chica no le interesaba en lo más mínimo.
¿Hablar? – Dijo sarcástico. – ¿Sabes cuantas cosas tengo en la cabeza en este momento?
Es ahora o nunca. – le dijo tratando de intimidarlo.
El hombre frunció el ceño, en cierta forma divertido, mientras Genma observaba y no se inmutó para estallar en carcajadas.
En ese caso, Haruko, fue un placer conocerte. -
La elegante y exuberante chica se quedó con los ojos desorbitados y la boca abierta, viendo partir a Ranma y a su padre con la criatura jugueteando en sus hombros. Lagrimas de rabia e impotencia rodaron por sus mejillas…
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Kasumi se miraba en el espejo. Había elegido el kimono para la ceremonia tradicional japonesa. Sintió un escalofrío al verse con detenimiento. Cuando su cabellara no saltaba a la vista… en realidad era mucho el parecido con su hermana menor. Ella misma podía reconocerlo. Le sorprendía que nadie más pareciera notarlo. Miró a su hermana Nabiki y notó la diferencia; sus rasgos eran mucho más fuertes.
Esa conclusión era solo una forma que su propia mente había inventado para bloquear los pensamientos de lo ocurrido aquella madrugada…
La puerta de la casa Tendo sonó… Akane apenas tenía una o dos horas dormida y el sol no salía aún.
Kasumi se puso su camisón y se dirigió al pasillo, donde la encontró Nabiki. Vieron a su padre salir de su cuarto. Les dirigió una mirada cautelosa y se dirigió hacia la puerta. Estaba a punto de abrir cuando Kaede le tomó la mano para impedir que lo hiciera y tomar su lugar.
Al preguntar quien tocaba… Otu respondió su nombre.
Kaede pidió permiso a Soun para abrir y este asintió.
Un hombre que parecía tener demasiada prisa se lanzó al interior de la casa… un "disculpen", fue su única presentación. Nabiki lo miró con el ceño fruncido, mientras detenía a su padre del brazo. En cuanto Otu estuvo fuera de su vista, ella misma se lanzó tras él, ante la mirada sorprendida de Kaede… Kasumi y su padre la imitaron.
Otu se había introducido a la habitación de Akane, dejando la puerta entreabierta y, como era su costumbre desde siempre, los Tendo se plantaron ante ella.
¡No sé de que hablas…. Suéltame! – Akane trataba de soltarse del fuerte agarre de Otu, ella aun no se levantaba de la cama y sentía un fuerte dolor en sus muñecas al ser sujetada brutalmente.
¡Lo sé todo preciosa! Sin duda tú no aprendes… - Le dijo el con un brillo extraño en sus ojos y la voz cargada de furia.
Sintiéndose acorralada, Akane jugó su única carta… La mentira.
¡No sé de que hablas, te lo digo de nuevo! No he hecho nada que tenga que ocultarte. –
El acercó su rostro, ella trataba de ponerse en pie pero el fuerte agarre aun no se lo permitía.
¿Qué pasa linda? ¿Has estado revolcándote con Saotome para que te haga la niña ahora? ¿Quieres la parejita? – Su voz sonaba enfermizamente burlesca.
La muñeca de Akane se movió bruscamente… era todo. Se soltó y se puso de pié sin que él pudiera evitarlo. Gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas, mientras buscaba algo en su maleta. El le siguió, victima de los celos. Estaba dispuesto a ofenderla asta que no pudiera más.
Tu amiguito ya no esta. – El rostro rojo de Akane se puso pálido de un momento a otro – Esta vez no te será tan fácil conservar tu barriga, cariño.
¡Deja de decir estupideces! – Sin darse cuenta… había gritado fuertemente, por instinto tapo su boca con sus propias manos.
No he hecho nada… Otu. – dijo bajando la voz – No he estado con Ranma, solo conversé con el un momento. Tú eres el único.
Ella sabia cuando ganaba. Este juego era suyo, pero… .
¿Por qué le hablas así a mi hija? –
Era tanta la presión que ninguno de los dos se dio cuenta en que momento Soun se había estacionado en el marco de la puerta. Kasumi, detrás de él, con las manos en el pecho y los ojos ensanchados, Nabiki más atrás, con los brazos cruzados y una aparente frialdad, tan común en ella….
Papá… Por favor. – Akane trató de acercarse a él, pero las palabras de la boca de su padre salieron demasiado rápido.
¿Estuviste embarazada? –
… Bajó la mirada como toda respuesta. Segundos después rompió en llanto.
…¿De Ranma? – Terminó la frase, mientras Akane caía rendida por su propio peso, presa de los nervios y el llanto…
Padre… Vámonos. Esto son problemas de pareja. – Kasumi trataba de calmarlo.
¡Responde Akane! ¿Estabas embarazada? – Soun se agachó buscando el rostro de su hija menor… La esquiva mirada de ella era suficiente respuesta, aunada con la conversación anterior.
¿Donde está? - Preguntó con temor – ¿Qué fue de tu hijo… de mi nieto?
Las lágrimas y la visible crisis eran la única respuesta. El la abrazó. Kasumi estaba pálida, temía terriblemente una recaída en su padre.
Lo perdí. – Dijo, con un nudo en la garganta, abrazándose fuertemente de su padre.
Para sorpresa de sus hijas, Soun no lloró, buscó el rostro de Akane de nuevo.
¿ Ranma lo sabia? –
No… ni siquiera yo lo sabía. – Akane no le miraba a los ojos… no podía decirle la verdad, no frente a su marido.
El era tu prometido. El te tomó, Akane… Era él quien debió casarse contigo. ¿Por qué permitiste que todo llegara a este extremo? ¿Por qué no volviste a casa, como te lo pedí? – Soun dejó salir la pregunta que tantas veces, durante todo ese tiempo había querido hacerle… su gran duda.
Porque yo no lo amo, padre. – Mintió.
Una vez más, Akane quizo engañar a los demás, con esa gran mentira de su adolescencia… la gran farsa "No amo a Ranma"… que soñaba con hacer realidad.
Yo ya no amaba a Ranma… Si volvía a casa de seguro me casarías con él… -
Otu había permanecido ajeno a esa conversación… y no estaba dispuesto a quedar como el villano.
Amor.. perdóname. Creo que debemos ir a otra parte, para que estés más tranquila. – Dijo con voz serena, mientras tomaba el hombro de su esposa.
¿Otra parte? Akane sabe que esta es su casa… no tienen porque ir a otra parte. –
Es solo para que esté más tranquila… -
Este es su lugar… con su familia. ¡Akane es mi hija y en ningún lugar estará mejor que con su padre! – la voz de Soun se alteró… Sabía que algo se le ocultaba.
Lo sé señor, pero pasa que el torneo es en Urayasu. Akane esta muy cansada y es casi una hora de viaje. Lo mejor será que se hospede allá y evitar recorrer el camino varias veces, así tendrá más tiempo para dormir durante los dos días. –
¡¿Quieres que la dejemos sola para seguir golpeándola?! – El silencio se hizo. Otu fingió estar sorprendido… su cara aparentaba que estaba siendo ofendido también.
¡Akane se queda aquí y se acabó! – Kasumi y Nabiki casi juraban que el monstruo azul de enorme lengua aparecería…
No te preocupes padre… Yo estaré bien. Vendré esta tarde para la fiesta de la boda. Lo prometo. –
Pero Akane… –
Todo es un malentendido papá… - Su voz sonaba calmada… en su gran esfuerzo por tranquilizar a su padre. – ¿Crees que seguiría con él si me maltratara?
Akane había convencido a su padre y se fue al torneo… Kasumi casi adivinaba que ver a Ranma era su verdadero fin… y de paso ver como su "querido esposo" era derrotado.
Levantó de nuevo la vista hacia su reflejo. Nunca pensó que en el día de su boda, esta fuera un acontecimiento de importancia secundaria. Sin poder evitarlo, de nuevo veía a Akane con tres años más en el espejo.
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¡Te dije que vendría! – Dijo Rukawa, divertido, a su compañero mientras Otu Inukai se aproximaba del brazo de su esposa.
La escena se volvió un saludo efusivo donde Akane era la dueña de la mayoría de las atenciones. Las miradas de todos se centraban en ella, cosa que no parecía agradar a Otu, quien estaba posesionado de su cintura, tanto, que casi la lastimaba. Ella casi no prestaba atención a las palabras y halagos regalados por parte de los empresarios.
Había acordado con Otu, asistir a la mayor parte del torneo en Urayasu y estar a tiempo para la ceremonia de la boda de Kasumi en Tokio. Su casa estaba a una hora de camino… esperaba tener tiempo de verdad.
Para rematar, se sentía realmente incomoda y a la vez ansiosa. Sabía que de un momento a otro aparecería él, y con él, un caos.
Lejos estaba de imaginarse, que desde la salida del otro vestidor, él ya la había captado. ¿Cómo no hacerlo? Si la figura femenina con vestido negro con flores púrpura, cabello asta media espalda y de una belleza sencilla pero arrebatadora, era el centro de atención de quien la tuviera al alcance de la vista.
Es ella. – Dijo Genma, al lado de su hijo, a unos cincuenta metros del lugar, mientras entregaba al niño rápidamente a las mujeres que los acompañaban.
Ranma ni siquiera se dio cuenta cuando Minori y Nodoka se fueron a las butacas traseras con el niño, ni el momento en que su madre se despidió deseándole suerte, sin dejar de notar que estaba siendo ignorada.
A lo lejos, uno de los empresarios le hizo señas para que se acercara. Ranma casi corrió, ignorando las advertencias de su padre.
Buenos días señores – Ranma hizo una reverencia, mostrando un gesto de gusto nada habitual en él, mientras Otu se posicionaba detrás de Akane, rodeándola con un abrazo.
¡Qué bueno que llega Saotome! Como le prometimos, seguramente Inukai será su contrincante en la pelea final. – Dijo Rukawa, gustoso, a modo de presentación.
Así es. Será todo un placer. – Ranma empleó un tono casual… que hubiera funcionado si sus ojos no se hubieran clavado descaradamente en la mujer.
Otu no respondió, solo sonrió mientras rodeaba a Akane con más firmeza. Ella, con la mirada perdida, comenzó a temblar.
Y como podrás verlo, Inukai es la envidia de los presentes. Más de dos quisieramos tener una compañía semejante… ¿No lo cree, Saotome? – Dijo Rukawa, para después soltar una carcajada.
"Ya lo creo" Murmuró Ranma… Suficientemente alto para que Otu lo escuchara… suficientemente bajo para pasar desapercibido por el resto.
Aunque Saotome tampoco se puede quejar… La joven Tanaka también es una belleza. – Continuó el imprudente empresario.
Akane sintió que algo despertó en ella… ese sentimiento tan común durante su adolescencia en Nerima: "celos". Desvió su mirada de la de Ranma. No podía permitirse sentir eso… Mucho menos demostrarlo. No podia sentir posesión sobre él… A pesar de todo, no podía darse ese lujo. Aunque el temblor de sus manos la delataba.
Ranma abrió la boca para decir algo, pero en ese momento, fue llamado al centro del tatami.
Solo cuando su rival se alejó lo suficiente, Otu soltó a Akane de su asfixiante abrazo.
Ella corrió hacia el tocador.
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Soun había pasado toda la mañana llorando en su habitación. Nabiki lo acompañó, para vigilar su salud. Kasumi había estado a punto de cancelar la boda, pero él mismo insistió en que no era necesario.
El hombre no dejaba de dar vueltas en su mente. Luchó durante años para unir a su hija menor con Ranma… Sorpresivamente, lo había logrado ¡Y de que forma!
Hacía ya demasiado tiempo como para juzgar o castigar a su hija por sus acciones… Por otra parte, no podía dejar de darle la razón, Ranma no es que le hubiera demostrado mucho amor con su acción de la apuesta. Era un forma por demás lastimosa en la que todo se hecho a perder. Akane tuvo un aborto, desde el cual quedó terriblemente dañada… esa era la razón por la cual no quiso volver a Tokio, para evitar que le hablaran de Ranma.
Soun se sentía terriblemente culpable del sufrimiento de su hija… se sentía un mal padre por no acompañarla durante todo su dolor. Se preguntaba si en verdad amaba a Otu… en verdad lo dudaba. ¿Si tanto lo amaba, por qué seguía sufriendo así?
Nabiki le preparó el baño y el kimono que portaría. Lo razuró y le arregló el cabello, cosa que regularmente era función de Kasumi. No había comentado nada con ella… no le preguntó nada. Sin embargo, cuando ella terminó de pasar la navaja por el rostro de su padre, le soltó de repente.
¡Alegrate papá! Estás preocupando a Kasumi en su gran día. –
Al ver que el rostro de su padre no cambiaba… frunció el ceño y dijo determinada…
Si estás contento… te prometo que te presentaré a tu nieto hoy mismo. –
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No sabía cuanto tiempo había pasado. Debieron ser algunos minutos, puesto que se escuchaba una gran algarabía en el auditorio, de seguro Ranma estaba ganando.
Se limpió las lágrimas con las muñecas y miró su rostro enrojecido frente al espejo. Sólo entonces se dio cuenta de la presencia atrás de ella.
Me equivoque, Akane-san. – Le dijo la mujer, terriblemente apenada. Bajó el rostro. – Tú no mereces sufrir…
Reparó en los enormes ojos de la criatura que la mujer sostenía. No respondió, solo sonrió y le ofreció sus brazos.
El bebé, aunque con un tanto de recelo, se echó a sus brazos… Akane lo abrazó fuerte y se soltó riendo alegremente.
¡Mi bebé, que guapo estás! – Dijo, mientras lo cubría de besos.
Entonces sintió un ligero peso sobre sus pies. Al bajar la vista… su rostro se acaloró.
¡Tía Nodoka, no haga eso por favor! –
Se agachó rápidamente quedando a la altura de la mujer mayor… apenada profundamente por ver aquel gesto de vergüenza y humildad de quien le había maldecido y abofeteado casi tres años atrás.
Nodoka no le miraba… tenía los ojos cerrados y la cabeza gacha.
¡Estaba tan equivocada… Akane! ¡Perdóname!- Soltó el llanto.
Akane le sacudió un hombro.
¡No haga esto, usted no sabía! ¡Ni siquiera yo sabía lo que estaba haciendo! –
Tú estabas sufriendo… por culpa de mi hijo. Llevabas a mi nieto… Aún así tuve el descaro de reprocharte. – Akane la abrazó tratando de tranquilizarla.
¡No tengo cara para mirarte a los ojos después de todo lo que te dije! -
¡Míreme! - Akane le habló fuerte, pero gentilmente.
Míreme Nodoka! –
Lentamente, la mujer mayor alzó la vista …
Sé sus razones… Ahora tengo un hijo y si alguien se atreve a hacerle daño soy capaz de matarlo. –
Se hizo silencio por unos segundos… Nodoka miró al niño, quien jugaba con uno de los listones del cabello de su madre…
Creí que enloquecería y se mataría… ¡Tuve tanto miedo! –
Lo sé… Yo también casi enloquecí. También quería morirme. – Akane se abrazó fuertemente de ella…
Siguieron mirando al niño… Akane sonrió.
Si no fuera por él, no sé que sería hoy de mí. –
Entre otras palabras, "Ranma Saotome" sonó en el altavoz… El niño saltó de alegría y comenzó a gritar…
¡Oyaji, oyajiii! –
Akane tuvo que taparse la boca para no soltar la carcajada…
Genma estuvo enseñándole eso toda la mañana… - Dijo Nodoka… con la mirada llena de orgullo.
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Cuatro minutos y nueve segundos era el tiempo en el que Ranma había derrotado a uno de los contrincantes más fuertes de la competencia. Con demasiada facilidad, limpieza y precisión, en solo dos de los tres asaltos. Todos se dieron cuenta de que solo alargó la pelea para dar un espectáculo medianamente aceptable; hubiera podido ganar en la mitad del tiempo.
Otu, que había observado la pelea desde una de las bancas al frente, le miro con duda. Recordaba su enfrentamiento con él… el mas largo de toda su vida. A pesar de emplear sistemas que no usaba normalmente, Ranma no había sido fácil de vencer… Demasiado rápido, demasiado resistente. Su frente se cubrió de sudor al imaginar que pudiera haber descubierto ya, la forma en que pudo derrotarle… Si era así, no había esperanzas.
Miró de reojo a su mujer tomar asiento en uno de los lugares preferenciales, tras de él. La miró hermosa, aun cuando sus ojos rojos delataban que había llorado
Sabía lo que ella provocaba en los hombres, lo provocó en él desde la primera vez que la vió… Sabía lo que Ranma provocaba en ella. Amaba a Ranma… sin duda. A él le odiaba.
Le odiaba por amenazar a su familia… por matar a Hanamishi. Por matar a su hijo.
Su inquietud no era en vano. El quería mantener ese miedo… Lo necesitaba. Solo eso lo había unido a ella. Eso le permitió casarse con ella, poseerla y presumirla como su mujer. Pero sus últimas armas para retenerla estaban apuntando… y ella no parecía rendirse más…
"Deberían darle el trofeo de una buena vez y ahorrarse toda esta faramalla… El va a ganar otra vez." Dijo la voz de un desconocido, a sus espaldas.
Cuando su nombre fue anunciado y caminó al frente de la duela, la decisión ya estaba tomada. No importaba cual fuera el resultado del torneo…
Ranma moriría esa misma noche.
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La boda ya se había realizado. Kasumi y su ahora esposo, recibían las felicitaciones.
Nabiki, desde un extremo del dojo, miraba nerviosamente su reloj de pulso. Esperaba que la fiesta se alargara al menos un par de horas para que Akane pudiera presenciarla, al menos parcialmente. El gimnasio de Urayasu se encontraba al menos a una hora de distancia en auto.
En cierta forma, le parecía ingrata la decisión que Akane había tomado, prácticamente no asistir a la boda de su hermana mayor. Sin embargo, no podía culparla, de estar ella en sus zapatos, ni siquiera estaría en Japón. Suspiró. Tenía el presentimiento de que esa situación no duraría mucho más… Ranma lo había prometido, todo acabaría en un parpadeo.
Miró a su padre. Le había confesado que el hijo de Akane vivía… que estaba con Ranma. Le dijo que Otu lo había enviado a Japón y lo había mantenido en manos de sus antiguas sirvientas. Soun esperaba impaciente la llegada de los Saotome a Tokio para conocer a su heredero y traerlo también a casa de los Tendo. Esto lo había resucitado.
Nabiki estaba conciente de estar en el ojo del huracán. La bomba había estallado. Algo pasaría en cuestión de horas… Se encontró temblando y sonriendo nerviosamente a los invitados.
"Contrólate, Nabiki"… Se decía, sin lograrlo.
Ni siquiera la visión de Kuno con su traje en diferentes tonalidades de rosa, decorado con las mismas flores, era suficiente para distraerla… Aun así, le había obligado a ponerse el traje que ella misma le había comprado, previendo que el buen gusto no era una característica de su novio.
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Otu ganó su boleto a la siguiente ronda en ocho minutos. Si bien, era un peleador asombrosamente bueno… Nada era comparado con Ranma…
Este lo observaba incrédulo… ¿Cómo es que ese insípido peleador le había vencido?
Sonrió. La respuesta la tenía desde hacía mucho tiempo. Desde horas antes de posarse ante la ventana de Akane y pedirle que se fuera con él… Lo hizo sabiendo que su mano le había sido arrebatada con artimañas.
Miró hacia las butacas donde su madre le observaba, con su hijo emocionado en brazos, Minori solo los observaba. Había jurado a Akane que nadie sabría, por el momento, que el niño estaba con él. Sin embargo no pudo evitar sonreír. ¿En verdad se parecía tanto a él? Más bien le recordaba mucho a Akane… Era tosco y tenía su mirada y su sonrisa.
"Mañana será tu día, Saotome", Murmuró una voz al pasar junto a él… amenazante.
Otu no estaba amenazando a cualquiera. No se esperaba que su brazo fuera pescado con tanta rapidez. Sujetado de la misma forma en que él acostumbraba hacerlo con Akane…
Tengo una mejor idea… ¿Por qué esperar? – Lo jaló con fuerza hasta quedar frente a frente.
¿Por qué no acabamos esto de una vez por todas, maldito cobarde? –
Otu, una vez más hizo esfuerzos por safarse…
A mi no me das miedo… Yo no soy una mujer embarazada e indefensa. –
La gente comenzó a acercarse… Los empresarios se dieron cuenta y le llamaron la atención. Pero Ranma no escuchó… Sólo gritó, mientras lo lanzaba contra las butacas, con una facilidad increíble.
!Has cometido el error más grande de tu vida! - Sonrió malévola... enfermizamente.- No vivirás para contarlo.
Nadie se atrevió a intervenir... Los que estaban cerca, decidieron guardar una distancia prudente.
La mandíbula de Ranma estaba tensa… Otu abrío los ojos, tanto, que parecía que saltarían de sus órbitas.
Te equivocaste de mujer, Inukai. –
Tembló al sentir la fuerte mano tomarlo del gi cual muñeco y levantarle, mientras le susurraba…
Pudiste haber hecho lo que hiciste con cualquier otra chica en el mundo y no te hubiera pasado nada… Pero por haberle hecho daño a Akane, precisamente a Akane... puedes jurar que no hay lugar en el mundo donde puedas esconderte de mí… --
Lo levantó con más fuerza…
¡Y salvarte de morir aplastado como cucaracha! -
Y Lo aventó de nuevo… hacia el otro extremo del gimnasio.
Continuará…
