Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi y los utilizo sin fines de luco.
Akane miró a su esposo pelear durante unos minutos. De reojo, observaba a Ranma, a unos metros de ella. Parecía demasiado concentrado en sus pensamientos; ella casi podía adivinarlos… Se estremeció.
La pelea terminó sin que ella lo advirtiera. No se dio cuenta que Otu había observado que sus ojos se clavaban en Ranma. Por esa razón, le había lanzado un reto al pasar junto a él, al llenarse de celos.
Ella despertó solo para ver que Ranma lo tiraba como un muñeco de trapo… Otu no atinaba a decir palabra y le era imposible defenderse.
"Te equivocaste de mujer, Inukai" fue lo último que escuchó, confirmando la razón del pleito. Se levantó y comenzó a correr, siendo seguida por Kaede.
Al abrir una de las puertas exclusivas para personal, Kaede le gritó.
¡Akane-san… deténgase! –
¡No! – Le respondió sin detenerse – Vete tú, Kaede. Ya no soy tu trabajo.
El hombre ignoró sus palabras, Akane suspiró resignada y se detuvo.
Kaede estaba realmente impresionado. Nunca pensó que la frágil mujer a la que custodiaba fuera notablemente más rápida que él.
Tampoco imaginó que no terminaría de asimilar eso, cuando el "frágil" puño de Akane le rompería la cara dejándolo inconciente.
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¡Suéltelo Saotome… o estará en graves problemas! –
¡Me importa un comino lo que tenga que pagar por ver a este insecto retorcerse de dolor! – Gritó Ranma furioso, ante un Otu inconciente y una multitud incrédula que no se atrevía a intervenir.
¡Ya déjalo, hijo! – Los brazos del único presente que podía, medianamente, hacerle frente, lo detuvieron.
¡Tranquilízate, Ranma! De esa forma no vas a ayudar a Akane… solo la estas perjudicando más… –
Ranma pareció pensarlo más detenidamente… Aun con los puños apretados, se dirigió a la puerta de salida, donde los curiosos le abrían paso. Entre ellos, se encontraba Haruko, quien lo miraba aterrada… "Akane". La chica comprendió entonces la razón del cambio tan repentino de su ex pareja.
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¿Nabiki? – Akane le había marcado desde uno de los teléfonos de los vestidores.
¿Qué sucede, Akane? – No dejó de notar el agitado acento de su hermana…
¡Ranma atacó a Otu! -
¡Por Kami! Ese idioottaaaaaa!!! – Respiró lento para tranquilizarse… – ¿Ranma está bien?
¡No lo sé! En cuanto empezó todo yo salí huyendo… -
¡Serás tonta Akane….! ¿Qué te pasa? –
Akane colgó…
"No dejaría que me vieran sonriendo cuando mi "esposo" está siendo golpeado…¿o si?". Una leve sonrisa se dibujó en su rostro…
Se acomodó el cabello, desarrugó un poco el talle de su vestido y cambió su sonrisa por una fingida mueca de dolor… Y se dirigió al auditorio, pasando por encima de su adolorido guardaespaldas.
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Me equivoque… - Nabiki suspiró – No era cuestión de horas… Era cuestión de minutos. – Cerró el móvil.
¡Oh my! – Kasumi se llevó una mano al pecho…
Lo golpeó… –
Lo menos que puede pasar, es que los Saotome tengan que pagar una fianza. – Agregó Tofú, mientras apretaba la mano de su esposa.
¡Esto es increíble! Akane apenas tiene dos días aquí… - La mayor se llevó las manos a la cara, agitada.
No deberías quejarte… Akane estará aquí para tu boda, más temprano de lo que esperábamos.-
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Quiero dejar muy claro que no escapé… – Dijo Ranma, con los ojos entrecerrados, al reconocer la silueta de su antigua prometida, dirigirse hacia él – Tengo un buen rato aquí y nadie ha venido a detenerme.
Él estaba recargado en un auto. Akane miró inquieta hacia el interior…
¿Dónde está el niño? –
Partieron hace unos minutos a Tokio. Oyaji tiene prisa por presentárselo a Soun. –
¿A papá? –
No te preocupes… él está bien. Está muy entusiasmado. – Dijo, al notar que ella se había preocupado.
Vamos… Tenemos que alcanzarlos. – Le ofreció su mano.
Akane suspiró y miró hacia el auditorio. Vió que se llevaron a Otu al hospital y, asegurándose de que viviría, salió del lugar sin hacer el menor intento de acompañarlo. Aun así, no sentía ni un mínimo remordimiento.
Muchas gracias, Ranma. – Le sonrió mientras abordaba el auto.
El correspondió su gesto y cerró la puerta. Al sentarse frente al volante, la miró de nuevo…
Quería decirle muchas cosas. Quería decirle que antes pisarían su cadáver que ponerle un dedo encima a los Tendo o a su bebé. Ansiaba decirle que nadie más le haría daño, que él la protegería por sobre todo, como cuando eran adolescentes... Quería decirle que la amaba… y que su sola presencia hacía temblar la tierra bajo él, que ella era todo en su vida… Que sin ella, él no era más que un bulto de huesos y carne.
¿Crees que alcancemos comida de boda? – Atinó a preguntar, finalmente.
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Tres invitados más llegaron a la boda de los Tofu…
¡Tía Nodoka! – Le recibió gustosa, Kasumi, sin dejar de notar al niño que Genma llevaba en la espalda…
¡Kasumi… preciosa! Que felicidad verte… estas hermosa, niña. – Le hizo una reverencia.
¿Cómo se dice, Takeshi? – Le preguntó Genma a su nieto, alzando la vista a él.
"Tía Kasumi", dijo el niño en su cortado dialecto, regalando una de sus sonrisas y haciendo que Kasumi radiara… Para notar un segundo después que su padre ya lloraba ríos de felicidad al notar que su nieto estaba ahí.
Lo prometido es deuda, Tendo… - Dijo el abuelo paterno, bajándolo de su ancha espalda y plantándolo ante Soun.
Takeshi Saotome. Nuestro heredero. – Sonó orgulloso.
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Ajá… - Akane observaba a Ranma mientras conducía a baja velocidad y respondía a quien estaba detrás la la línea telefónica.
Si. – No respondía más que monosílabos, y arrastraba la vista con indiferencia. – Lo sé.
No. –
Bien. –
Tengo mis razones… –
Personal. –
El próximo año. –
Adiós. –
Colgó el móvil con enfado, lo apagó y lo aventó a la parte trasera…
¿Descalificado? – Preguntó ella, mirándo de reojo…
Al menos por este año… Si levanta cargos podrían sacarme definitivamente. –
Akane bajó la mirada. Era seguro que Otu no se quedaría con los brazos cruzados.
Lo siento Ranma… Yo no quería esto. –
¿Por qué lo sientes? Lo golpeé y está prohibido. Tú no interviniste en eso. –
Sabes a que me refiero – Bajó la voz – Yo lo provoqué…
Ranma detuvo el auto… Miraba hacia el frente, como poseído.
El provocó que yo lo matara, Akane… Mis planes no eran estos. Esto es solo el principio. Yo de verdad quiero matarlo, si no en ese momento, en alguno. Y no porque tú lo provocaras… -
Volteó su cara hacia ella… sin mirarla a los ojos.
Él me provocó. –
Ella no respondió… Buscaba su mirada, pero él permanecía esquivo.
Cada golpe que le dí, se lo ganó a pulso él mismo… Sin ayuda de nadie. –
Y lo que pierda yo, a consecuencia de esto, bien merecido me lo tengo. –
Segundos después, encendió el auto de nuevo y siguieron su camino.
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¿No es hermoso? – Le preguntó la flamante novia a su atractivo nuevo esposo…
Ummmh… La verdad… Las posibilidades de que un hijo herede, como en este caso, al menos el ochenta por ciento de las características físicas de uno de los padres, es muy remota. – Respondió el aludido, acomodando sus gafas, incrédulo.
¡Es taaan tierno! – Replicó Kasumi, al acercarle a su sobrino, su cuarta rebanada de pastel.
Solo espero que Ranma siga haciéndose cargo de él o nos dejará en la ruina…–
¡No puedo creer tanta felicidad, esto es maravilloso! – Soltó de nuevo el llanto el patriarca de los Tendo.
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Miraban desde la puerta de entrada, nadie había advertido su llegada. Ella y él.
¿Era un sueño? Ambos se lo preguntaban.
Ella no tenia plena conciencia del tiempo en que había empezado a ilusionarse con eso. ¿Cuándo él amenazó a Mikado declarándola su prometida, cuando regresaron a casa tomados de la mano desde Ryogenzawa… cuando Saffron? Sonrió al responderse a sí misma. Desde la vez primera que le vió decir "Soy Ranma Saotome..." en su forma de hombre, todos y cada uno de los días, crecía ese sueño.
Y ese sueño había estado interrumpido por mucho tiempo. Pero de nuevo estaba ahí. A pesar de que sus miedos no desaparecían por completo. A pesar de tener encima el problema de Otu aún, ella podía soñar de nuevo. El la había defendido… por encima incluso de "sus" artes marciales.
Saberse la madre de esa criatura de la que los Tendo y los Saotome estaban tan orgullosos, era el tesoro más valioso, valía la pena luchar por eso...
Hacía casi tres años desde que regresó a casa, con su madre, con el cuerpo destrozado y en su forma maldita. Ahí… ante la proclamación de su eterna infelicidad, se golpeó de nuevo a sí. Solo él sabía cuanto dolor había sentido, él y nadie más. Solo él sabía que desde entonces había pensado muchas veces en terminarlo todo…
¡Cuánto había pedido al cielo que un día ella apareciera dando una explicación! Por ilógica o ridícula que pareciera… El soñaba con una explicación, algo que le dijera que Akane no llegó aquella mañana, no porque no lo deseara. Algo que le dijera que ella lo amaba… que pensaba en él… que lo despertara de esa pesadilla.
Algo como eso que estaba frente a sus ojos… Algo como lo que estaba junto a él. Ella tapándose la boca con ambas manos para no estallar en llanto por la felicidad…Ella mirando al hijo de ambos.
¡Llegamos! – Anunció la voz masculina, mientras apretaba fuerte la mano de su ex prometida.
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¡Si que eres idiotaaaa! – El joven encamillado y con un notable vendaje alrededor de sus costillas, miraba molesto al gigantón, que lucía a su vez una pequeña curación en la cara.
¡¿Cómo es posible que una mujer de cincuenta kilos haya podido dejarte inconciente?!– Kaede solo lo miraba apenado. Agachó la cabeza.
¡Estoy rodeado de inútiles! Cinco… son cinco… ¡Y ninguno la vió largarse! ¡Son una parvada de bestias! – Dijo dirigiendo su mirada al resto de los hombres en la habitación.
Ella se fue con Saotome… - Dijo una voz temerosa…
Los ojos de Otu se encendieron cual llamaradas…
¿Por qué no los detuviste? –
El hombre no respondió… Sólo miró atentamente los vendajes que cubrían a su jefe: "El hombre más fuerte del mundo".
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Para ser el primer día no estuvo nada mal. – Dijo Ranma mientras dejaba descanzar a su hijo sobre la cama de la antigua habitación de Akane. – De hecho… es como si toda la vida hubiera vivido con nosotros.
Miró a Akane demasiado seria. Tenía demasiados temas que hablar.
Akane… - Suspiró como dándose valor – Quiero pedirte que te quedes en mi casa con el bebé hasta que todo haya pasado. Otu no se quedará con los brazos cruzados y…
El niño se irá contigo. Yo me quedaré aquí y mañana hablaré con Otu. – La mujer sonaba muy determinada.
Pero Akane… -
¡Pero nada, Ranma!– Lo interrumpió.
Me he cuidado sola por mucho tiempo. Se que no confías en que puedo hacerlo… pero he sobrevivido mucho tiempo sin ti. –
No se trata de eso, Akane… -
¡Es que él no sabe que mi hijo vive! – Gritó nerviosa… los ojos de Ranma se ensancharon.
Cuando Hanamishi murió… se suponía que llevaba a Takeshi. Otu lo cree muerto. –
Un gran signo de interrogación se formó en el gesto de Ranma…
No sé como pasó todo, pero estoy segura de que Hanamishi sabía que Otu intentaría matarlos. Por eso realizó su último viaje con un muñeco en los brazos… y su auto estalló al encenderlo. –
Yo duré unos días pensando que era así… que mi bebé…- Soltó el llanto.
Como siempre que la veía llorar… Ranma sintió algo quebrarse dentro de sí.
¡Fue el infierno! –
Perdí parcialmente la razón… hasta que un día, dentro de mi locura, usé un teléfono móvil que Hanamishi me regaló la última vez que lo ví… -
Minori me respondió. –
Ranma estaba con la boca literalmente abierta… Otu asesinó al protector de Akane… y, peor aun, intentó hacerlo con Takeshi.
Cerró sus puños con furia y se dirigió hacia la puerta. Ciego de odio… determinado a gastar su libertad y su fuerza en acabar con su rival. Akane permaneció observando a su hijo… ausente.
Entonces, Akane, estarás de acuerdo en que un par de costillas rotas no es suficiente venganza… ¿Me equivoco? –
Estoy de acuerdo en que tres años de sufrimiento y una muerte es suficiente, Ranma… - Soltó son voz ronca, demasiado seria. – Quiero que él se aleje de nosotros, que nos dejé en paz, quiero que mi familia y mi hijo estén seguros, solo eso.
¿Y cómo piensas que lo lograré? ¿Enviándole un memorando, pidiéndoselo por favor? ¡Ese tipo es un psicópata! –
No espero que lo hagas, Ranma. Eso lo haré yo. –
El no podía, no quería entender lo que las palabras de la chica llevaban.
Pero Akane… es… es mi… –
Si. Es tu hijo. Eso está más que claro. –
Ya está contigo y te lo agradezco. También agradezco que quieras protegerme… - Ranma adivinó lo que seguía.
Pero a diferencia de Takeshi, yo ya no soy tu responsabilidad. –
La miró incrédulo… nada le faltó para jalarse el cabello.
¡No lo puedo creer, Akane! Eres… –
Se sintió exasperado. Akane era realmente desesperante cuando se lo proponía. Esa chica ponía en riesgo su vida sin pensarlo en pro de su orgullo. Akane aun no comprendía que desde que la conoció, él no había tenido más obligación en el mundo, que protegerla… Ella aun no era capaz de comprender, cuanto la amaba.
No soy una princesita a la que debas rescatar… -
¡Aaaah noooo! ¡Claro que no! ¿Qué vas a hacer? – Levantó la voz, sin importarle que Takeshi despertara o los demás en la casa lo escucharan – ¿Vas a irte a Filipinas otros seis años y regresar después llorando? ¡Anda! Con suerte podrás estar en la boda de tu hijo. –
Ranma no terminó de asimilar sus propias palabras cuando sintió la fuerte bofetada con el toque único que Akane Tendo tenía.
¡No tienes que hacer nada por mí, nunca más! ¿Entiendes? – Su rostro, a esas alturas, estaba ya cubierto en lagrimas. Su voz sonaba ahogada.
¡Solo aléjate de mí! Si lo hubieras hecho desde un principio nada de esto estaría pasando.-
El se quedó parado… tocándose la mejilla. Observándola y buscando las palabras para explicar lo que sentía, sin darse a saber demasiado vulnerable. La situación, de nuevo, se le estaba saliendo de las manos, como cuando adolescente.
¿Qué estas sordo? ¡Lárgate! –
¿De que había nacido esa batalla realmente? De la nada. Aun Akane y Ranma no eran capaces de hablar sin lastimarse y llegar a los golpes… En alguien tenía que caber la prudencia. Alguien tenía que pensar que eso les hacia demasiado daño. Akane era quien más había sufrido… ella no estaba precisamente en condiciones de ser la más prudente.
¡No Akane! – Su voz, más que desafiante, sonó suplicante. – Déjame ayudarte… Por favor.
Ella solo lo miró… sus ojos como dos cristales empañados.
Para eso estoy aquí… Para eso vivo. –
Ella bajó sus armas en ese momento.
Te amo, Akane. –
Y la guerra terminó.
Y es por eso que nadie más va a hacerte daño Akane… No lo voy a permitir –
Ella no respondió más, solo siguió llorando cual niña mientras él la abrazaba.
Lloró hasta caer vencida por el cansancio.
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Eran las cuatro de la madrugada, según el reloj de la habitación de Nabiki. Había estado bebiendo y se quedo tumbada bastante temprano, sin registrar el camino que los asuntos de su familia habían tomado.
La casa estaba en completa calma. Camino al dojo, tuvo que sortear montones de basura, pensando que tendría que contratar a alguien para limpiarlo al día siguiente, puesto que Kasumi ya era harina de otro costal. Al llegar a la sala de entrenamiento y/o salon de fiestas Tendo, su sorpresa no fue tanta. Estaba desierta y sucia a mas no poder.
Suspiró, se dio media vuelta y pensó, "Ahora lo que realmente me interesa", y se dirigió al cuarto de Akane.
Le sorprendió encontrar la puerta entreabierta. Sin moverla, asomó su vista hacia el interior. Alcanzó a distinguir la silueta de su hermana abrazada al bebé, sobre la cama. Se extrañó mucho de que estuviera ahí, se suponía que los Saotome lo llevarían de vuelta consigo. Algo dentro de ella se inquietó al recordar lo fácil de invadir que resultaba la antigua habitación de su hermana. Abrió totalmente la puerta y se adentró.
Por alguna razón, no se mostró demasiado sorprendida de encontrar a Ranma echado en el suelo sobre una colcha, profundamente dormido, al parecer. Estaba hacia el lado de la ventana; aparentemente, no solo ella había previsto la necesidad de precaución. Hacía un poco de frío, y, conociendo lo friolenta que era Akane, le sorprendió que no tuviera al menos una manta encima. Lucía el mismo vestido, de seguro cayó rendida… comprensible, desde su llegada, hacia cuatro días, la pobre no había dormido más de tres horas seguidas. Solo entonces reparó en que Ranma también vestía el mismo gi con el que había noqueado a Inukai.
Confirmó que la ventana tuviera seguro, al menos así Ranma tendría tiempo de despertar ante cualquier percance. Entonces, con sumo cuidado, salió para seguir su camino hacia su propia habitación.
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Ranma abrió los ojos lentamente. La luz que entraba por la ventana había cumplido su misión al despertarlo. Hacía tiempo que no descansaba sobre el piso, lo que le dejó un poco adolorido el cuerpo. Su memoria se ubicó rápidamente en el techo de tan conocida habitación. Sacudió su cabeza y, al tratar de levantar su torso, sintió un ligero peso sobre él.
¡Takeshi, hijo! – Le llamó al niño que le brincaba encima, jugando y riendo.
Volteó hacia la cama, y confirmó que Akane no estaba ahí. Pidió silenciosamente a algun Dios, que estuviera en una parte de la casa.
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¡Vaya! Al fin, mi "señora esposa" se digna a visitarme. – Otu rió, burlón.
Lamentablemente, tengo que hacerlo. – Dijo Akane, en un tono demasiado serio.
La mujer, que vestía una enorme gabardina de cuero, sobre lo que parecia ser un vestido azul oscuro a media pantorrilla, tomó asiento junto a su cama.
Así que ya nos estamos sincerando… - El hombre no apartaba la ironía de su tono.
Así es. –
Akane no estaba dispuesta a jugar. Tenía muy claras sus intensiones.
¿No se suponia que eres más fuerte que Ranma? – Soltó, sin dejar de mirar las enormes vendas que lo rodeaban.
Solo recibió un rechinido de dientes como respuesta…
Eso no es nada, Otu… Ranma puede matarte con un solo dedo. –
Y tú estas muy orgullosa de eso… ¿O me equivoco? –
No. No te equivocas… -
El hombre soltó una carcajada cargada de recelo.
Eso no es nada… Tendrías que ver todo lo que ha hecho por mí… –
El sabe que mataste a su hijo. No va a descanzar hasta verte muerto, Otu. –
¡Maldita zorra! – Gritó, tratando de incorporarse para recordar sus fracturas…
¿Creiste que me quedaría quieta ante el asesino de mi hijo? ¿Pensaste que no vengaría la muerte de Hanamishi? – Se puso de pié y le apuntó amenazante, alzando la voz.
¡Pues lo soñaste! ¡No soy tan débil, Otu! Ranma tenía razón… te equivocaste de mujer. – El no respondía, estaba atónito.
¡Tú maldito juego se acabó y vas a empezar por darme el divorcio ya! –
¡La que sueña eres tú! – Le respondió inmediatamente.
Una cosa si ten muy clara… No voy a seguir a tu lado. Ni voy a seguir deteniendo a Ranma en sus intenciones… ¡Por mí, puede matarte! -
Akane se puso de pié. Otu, trató de levantarse de nuevo, pero por el violento movimiento, cayó vencido por el dolor, arrastrando una sábana consigo…
¡¿Ves por qué lo hice todo?! Después de años… a la menor oportunidad te refugias con ese malnacido… –
¡Ese malnacido es el amor de mi vida! – Ella gritó, de modo que sus palabras se enterraban en la mente de él como puñales…
¡El dedicó su juventud a protegerme arriesgando su vida! Tú solo me has hecho daño y te has dedicado a amargarme la existencia…
¡Te revolcaste con él en mi casa y planeaste escaparte al día siguiente! –
¡Claro! Y ya lo había hecho antes y lo volvería a hacer… Tú me conociste como su prometida, yo lo amaba… lo amo.. Lo sabes. ¡Si no quieres aceptarlo y entenderlo ese es tu problema ahora! –
Otu apretó la mandíbula… Lanzó un golpe hacia el vientre de la chica… pero ella lo detuvo. Sus ojos casi se salían de sus órbitas al descubrir la verdadera fuerza de su esposa. Ella sostuvo el puño con una sola de sus manos y lo arrojó con fuerza, sacudiendo el cuerpo entero del hombre.
¡Ya no más! –
Tu mentira se terminó… Nunca fuiste más fuerte que yo, siquiera. No puedes hacerme daño, ni todos tus guarudas juntos. –
Y si algo le pasa a alguien por tu culpa… todo mundo se va a enterar y lo pagarás muy caro. –
Akane salió sin siquiera cerrar la puerta. Una enfermera entró alarmada al ver a Otu en el suelo después de haber escuchado las palabras de la chica.
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¿Qué es esto? – Ranma miraba la taza con recelo…
Se llama café. Es una bebida muy común en occidente… algo así como nuestro té. – Explicó Nabiki mientras sorbía de su propia porción – Es muy buena para despabilarte, pruébala.
¿Dónde está Akane? –
¿Cómo esperas que yo lo sepa? – Respondió con los ojos semi cerrados – Aunque supongo que estará con su esposo…
Ranma dejó la taza y se puso de pié, evidentemente preocupado. Se dirigió a la estancia, donde Soun jugaba con Takeshi.
Siento mucho interrumpirlo, tío, pero tengo que llevar a Takeshi con mi madre. Aun no ha desayunado. –
Ah… está bien. – Soun sonó un tanto desilusionado – Pero prométeme que Genma lo traerá por la tarde.
Hecho. – contesto Ranma serio.
Akane llegará en un rato. Ya tomó el autobús de regreso. – Tras decir esto, Nabiki colgó su móvil. – Estaba en Urayasu.
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Akane se veía sola en el autobús… Sola. Hacía mucho tiempo que no cuidaba de sí misma. Siempre había pensado que si lo hacía, sería con miles de peligros acechándola. Curiosamente ya no temía que una bomba explotara ni el mal que pudieran hacerle a su familia… Ya no temía.
Aun no entendía como es que Otu derrotó a Ranma años atrás… pero estaba segura de que fue con algun truco. Otu no era más que un tipo común y corriente. ¡Si Otu tuviera idea de la clase de seres con los que su ex prometido había batallado! De seguro no se habría ni acercado un poco.
Y eso la llenaba de más odio y rencor… contra sí misma más que a nadie. Estuvo sobajada y sufriendo durante años por una amenaza que no valía la pena… Perdió años de su vida. Se perdió de los dos primeros años de la vida de su hijo. Le perdió la huella a su familia. Estuvo a punto de enloquecer de dolor… ¡Si tán solo hubiera tenido el valor de responder con su verdadera fuerza, la mañana en que Otu la amenazó por primera vez! El hubiera quedado inconciente… y nada de esto hubiera pasado...
Y lloró de nuevo… Lloró mucho. ¡Tanto tiempo perdido! Y él aún la amaba… ¡Cual felices hubieran sido todo ese tiempo perdido!
Al sentir que el vehículo se detenía, levantó su rostro y reconoció la terminal. Recordó y algo se movió dentro de ella… Eran las nueve de la mañana.
El miraba el reloj a lo lejos… Y la esperaba de nuevo. Esa asfixiante espera de nuevo… Las nueve de la mañana. Hacia tres años, la había esperado asta las once. Algo se movía dentro de sí, tratando de lastimarlo.
A su lado… Takeshi sonreía. En la banca.
¡Akane! – Gritó al verla bajar de uno de los autobuses.
Ella sonrió… y corrió hacia él. Llegó por fin a su cita y se echó a sus brazos, echándose a llorar de nuevo.
Mirando a su hijo a un lado. Buscó su rostro mientras la apretaba fuerte.
¡No vuelvas a hacer eso, Akane! – No era una orden, era una súplica. – ¡Por el amor de Dios!
El sintió un nudo en su garganta… Como cuando despiertas de una amarga pesadilla, sin habla. No pudo decir más. Solo la abrazaba como su cuerda de salvación, agradeciendo al cielo que escuchara sus ruegos.
¡Te amo Ranma! ¡Te amo tanto! – Escuchó, como entre sueños.
Continuará...
