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El chamán del bosque
La puerta de la cocina se abrió revelando a un hombre de mediana edad, calvo y con una diminuta mata de pelo rojo. En la mesa que se encontraba en el centro de la estancia había sentados tres jovenes que hablaban en susurros. Los chicos se interrumpieron al ver al señor Weasley atravesar el umbral.
- ¿Alguna noticia? - preguntó Ron, mientras a su lado Ginny alzaba la cabeza que tenía escondida entre las manos.
- Nada - dijo el señor Weasley, abatido - Salió del país usando un traslador ilegal.
- ¿Se sabe a dónde fue? - preguntó Hermione.
- No, sólo que salió del país, nada más - contestó el señor Weasley cada vez más alicaido.
Ginny se levantó de su asiento, cruzó la cocina y subió a su habitación mientras las ganas de llorar crecían en su interior. Cuando llegó, se tiró sobre la cama y agarró su almohada tratando de estrujarla lo más fuerte posible para ahogar su pena.
Hacia ya dos semanas que Harry se había marchado y, tal y como dijo en su carta, era totalmente imposible seguirle el rastro, porque parecía que se lo había tragado la tierra. Se arrepentía de haberle dicho aquellas palabras, de no haber dicho lo que realmente sentía, de haberle mentido... Todas sabían que Harry querría marcharse de viaje, de vacaciones, o hacer algo por el estilo para olvidar un poco el sufrimiento causado por la guerra, pero ella sabía, a pesar de que Hermione lo negara constantemente, que su conversación junto al seto había precipitado las cosas y había vuelto aun más drástica la decisión de Harry.
Aquella marabunta de pensamientos y sensaciones de culpabilidad hizo que claudicara y que el llanto la invadiera de una vez por todas. Sumida en la desesperación oyó como la puerta de su cuarto se abría.
- ¿Ginny? - dijo Hermione timidamente - ¿Se puede?
- Adelante, Hermione - dijo Ginny tratando de controlar su voz y secándose las lágrimas del rostro con filo de su estrangulada almohada -. Pasa.
Hermione cerró la puerta detrás de ella, sorteó la cantidad de objetos esparcidos por el suelo y se sentó al borde de la cama de su amiga.
- ¿Estás bien? - preguntó mientras posaba su mano sobre la de Ginny que seguía agarrada a la almohada como si su vida dependiese de ello.
- ¿Tú qué crees? - contestó Ginny con voz queda.
Hermione se mordió los labios al ver el mal estado emocional de su amiga.
- Lo peor es que no sé si volveré a verlo alguna vez - se lamentó.
- Harry volverá - aseguró Hermione -. No sé cuando ni como, pero te aseguro que volverá.
- ¿Y por qué crees eso? - dijo Ginny incorporándose bruscamente.
- Tú lo sabes bien, Ginny.
Pero Ginny no la entendía y Hermione pareció darse cuenta de su mirada de desconcierto, porque puso los ojos en blanco y la miró exasperada.
- Harry te quiere, Ginny, y eso no se olvida facilmente.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? - preguntó apenada, aunque en sus ojos brilló un poco la esperanza.
- ¿Crees que si Harry no sintiese nada por ti se habría marchado tan dolido?
- Ya, pero para eso se ha marchado, para olvidarse de mí - las lágrimas volvían a brotar de sus ojos, recorrían sus mejillas y se precipitaban desde su puntiaguda barbilla.
- No te va a olvidar tan fácil - apuntó Hermione.
- Pero lo va a hacer - gimió Ginny.
- ¿Tú lo olvidarías tan facilmente? - inquirió Hermione sonriendo con sinceridad.
- Pero yo no soy Harry...
- Pero él te quiere igual que tú lo quieres a él - perseveró Hermione.
Ginny se recostó de nuevo en la cama dando la espalda a su amiga y rezando para que sus afirmaciones fueran ciertas y Harry no la olvidase, porque si eso ocurría...
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Caminaba por un sinuoso sendero en el interior de un bosque muy denso. Pensaba sin cesar en su objetivo, pero sin poder evitar que su mente divagase hasta los sucesos ocurridos hacía ya dos semanas. Al fin y al cabo, era de esperar que Ginny ya hubiese dejado de sentir algo por él, tras una año sin verse y haberla abandonado de manera tan brusca... pero aún así no podía evitar sentirse decepcionado. Tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta lucha, ¿aquella era su forma de recompensarlo? La sensación de impotencia, rabia, ira y rencor eran sus compañeros de viaje.
Había llegado a aquel remoto país, muy alejado del mundo que conocía, siguiendo las instrucciones de una serie de notas que había hallado en el dormitorio de Sirius. En ellas se describía el camino que se debía realizar para encontrar a un viejo mago, que según se decía, había conseguido desvelar todos los secretos de la magia. Se decía que estaba dispuesto a transmitir sus enseñanzas, pero sus lecciones eran extremadamente agotadoras y muy peligrosas. Ninguno de los magos, tanto jovenes como ancianos, que habían tratado de superarlas habían vuelto jamás de su incursión en el bosque donde habitaba, como lo llamaba la gente del lugar, el "chamán del bosque".
Un ruido en un árbol cercano lo hizó detenerse en seco y desviar sus pensamientos de su monólogo interior. Algo se había movido en el techo de ramas y hojas del bosque, pero Harry no podía verlo. Sacó su varita y se preparó para enfrentarse a cualquier criatura que estuviese al acecho. Después de varios minutos de tensión en los que sólo pudo oir el sonido de su respiración, decidió que el animal que había provocado aquel ruido ya no estaba por allí.
"Bah, sería algún pájaro" pensó Harry.
Siguió caminando por el sendero que cada vez se hacía mas estrecho a medida que se adentraba en la espesura del bosque. Los arboles cada vez eran más frondosos y la luz del sol apenas atravesaba la densa mata de ramas y hojas que se cernia sobre su cabeza. Se vio obligado a encender su varita, y tuvo que retroceder varias veces sobre sus pasos para retomar de nuevo el sendero.
Una o dos veces más le pareció volver a oir de nuevo los mismo ruidos que había escuchado anteriormente, pero tras escrutar entre los árboles y no ver nada empezó a pensar que sus ansias de encontrar al viejo mago le estaban provocando alucinaciones.
Le dolía pensar en todo lo que había dejado atrás, pero quizás, durante su entrenamiento en aquel bosque, consiguiese olvidar todo el daño que le habían provocado durante los siete años que había vivido en la comunidad mágica. A pesar de haber encontrado algo a lo que podía llamar hogar, algo a lo que poder llamar familia y unos verdaderos amigos, los malos recuerdos y las penalidades sufridas superaban con creces los buenos recuerdos. Quiería volver algún día, pero el momento propicio para hacerlo se presentaría en su debido momento, y él no pensaba forzarlo. Cuando el sufrimiento, el sentimiento de culpa, y el dolor de la perdida se extinguiese en su cerebro, entonces sería el momento exacta para tratar de volver y empezar una nueva vida.
Otro ruido más entre los árboles. Definitivamente, no estaba solo. Alzó su varita para que el cerco de luz abarcara más espacio y poder ver mejor lo que lo rodeaba, pero aparte de gruesos troncos, raices y arbustos, allí seguía sin haber nada. Avanzó cautelosamente hasta un claro que se vislumbraba más adelante. Se detuvo en el centro y giró sobre si mismo varias veces para tratar de ver, en vano, que era lo que provocaba aquellos misteriosos sonidos entre la hojarasca.
Entonces todo quedó a oscuras y Harry cayó de rodillas al suelo. No podía ver, oir o hablar, no podía moverse. Lo único que indicaba que seguía consciente era el tacto de las hojas caidas y la maleza en sus piernas. La cabeza le daba vueltas y vueltas, y parecía estar a punto de desmayarse cuando una voz silbante habló en su cabeza:
- Harry Potter... el chico que sobrevivió.
Era imposible que aquella voz estuviese allí, era totalmente imposible. Estaba muerto, él lo vio morir, él fue el que le dio muerte. Mientras algo que se podía interpretar como un escalofrio recorría su espalda una nueva voz volvía a hablar en su cabeza:
- Yo ya no te quiero.
Esa era la voz de Ginny, podía reconocerla perfectamente, pero a su vez era diferente. Estaba cargada de arrogancia, desprecio y algo que identificó como odio. Pero de nuevo, mientras su cabeza debatía ante aquellas nuevas palabras, una tercera voz habló, la de Hermione:
- Ve tranquilo, Harry, Ron y yo estamos muy bien juntos, no te echaremos de menos.
- ¡BASTA! - bramó Harry recuperando el control de sus sentidos y la movilidad de sus miembros.
- Miedo - dijo un anciano mago que estaba detenido justo delante de él -. Tienes demasiado miedo.
El desconocido vestía una sencilla túnica negra y lucía una tupida barba larga y blanca a la par que un melena igualmente blanca. De no ser por su aspecto descuidado y el tener el pelo enmarañado, su parecido con Dumbledore habría sido más que notable.
- Tu mente está plagada de vanas preocupaciones sin fundamento - dijo comenzando a dar vueltas alrededor del yacente muchacho -. Eres débil y frágil, fácil de atacar y descuidado en tu propia seguridad. Muestras tus sentimientos como si los gritaras al aire.
- ¿Es... es usted el chamán del bosque? - preguntó Harry tratando de incorporarse y tomando aire a grandes bocanadas.
El viejo soltó una estridente carcajada que hizo que los pelos de la nuca de Harry se erizaran.
- ¿Cómo me dijiste, chico? ¿Chamán del bosque? - preguntó en son de burla mientra volvía a reir a carcajadas.
- ¿Cuál es su nombre entonces? - dijo Harry desafiante, aunque su situación no era del todo propicia.
- Mi nombre no tiene importancia - contestó el viejo -. Lo importante aquí eres tú. ¿Qué habrá venido a hacer aquí el famoso Harry Potter?
Culminó su paseo alrededor de Harry deteniéndose de nuevo frente al muchacho.
- Dime, ¿qué buscas es mi bosque?
- Vengo a que me enseñe.
- Vienes a que te enseñe..., interesante. Harry Potter, el chico que derrotó a Voldemort quiere aprender cosas nuevas.
- Sí, por favor - dijo poniéndose por fin de pie frente al anciano de no venerable aspecto.
- Esto es un tipo de entrenamiento, y es muy duro - dijo -, ¿crees qué podrás soportarlo?
Harry asintió con firmeza y una mirada llena de decisión y algo que rayaba el entusiasmo.
- Bien.
- ¿Qué tipo de magia practica?
El viejo mago alzó una ceja mientras lo miraba divertido.
- Yo no practico ningún tipo de magia, yo practico magia.
- No lo entiendo - confesó Harry, bastante desconcertado ante la revelación.
- No espero que lo entiendas... aún.
Se miraron durante unos minutos a los ojos sin decir nada. Harry esperaba que el mago diese el siguiente paso para no poner de nuevo en entredicho su saber de la magia.
- Mañana sin falta comenzaremos el entrenamiento.
Harry asintió de nuevo y se descolgó la mochila.
- ¿Dónde puedo dormir?
La pregunta provocó una nueva oleada de risas en el mago.
- Pues... digamos que puedes dormir en mi casa.
- ¿Y dónde está? - dijo Harry escrutando los alrededores del claro tratando de divisar alguna pared de madera o algo que indicara la proximidad de un refugio.
- El bosque es mi casa.
Harry se giró bruscamente para mirarlo, pero éste había desaparecido, dejando tras de si unas pequeñas palabras que resaltaban sobre la negrura del bosque y que presionaba sus ojos.
Mi nombre es Thor.
