7
Mi rosa de los vientos
Esperó durante unos minutos, aguzando el oído tratando de captar algún retazo de la conversación que sus amigos tenían en el pasillo. Pero debido a el retrato de la señora Black, Ron y Ginny hablaban tan bajo que habría sido imposible oír nada a más de un metro de ellos. Oyó un leve golpe que le indicaba que la puerta del exterior acababa de cerrarse.
Suspiró y lanzó al aire una pequeña y amarga risotada. ¿Cómo habían sido capaces de tratar de envenenarlo? Afortunadamente, sus aptitudes en legeremancia le habían proporcionado la información necesaria como para saber que Ron planeaba poner algo en su bebida. Si algo había aprendido de Moody era a desconfiar de todo el mundo, incluidos sus amigos. Nunca hizo caso a aquella extraña manía del ex-auror, pero Ron acababa de demostrarle que no era algo tan descabellado.
Alzó su botella, aun llena, miró con detenimiento al interior y olisqueó su contenido. No parecía haber nada extraño, o al menos nada que alterara de manera notable la consistencia del líquido embotellado. Había tenido que crear una ilusión en las mentes de Ron y Ginny para hacerles creer que bebía al igual que ellos, pero sin hacerlo. Continuó examinando la botella sin encontrar ninguna anomalía en ella. No se había alterado el olor ni el sabor... ni el olor ni el sabor...
- Veritaserum - murmuró para sí mismo.
La poción de la verdad, incolora, inodora e insípida. Así que eso era lo que realmente querían, saber con exactitud que había hecho, adonde había ido y... si amaba o no a Ginny. ¿Por qué Ginny no decía que aún lo amaba? ¿Por qué tanta incertidumbre? Si ella no quería mostrar sus sentimientos, él tampoco iba a hacerlo... ¿Por qué era tan díficil? Había malvivido durante dos años en un bosque dejado de la mano de Dios, comiendo lo que encontraba, entrenando sin descanso, con un maestro que no le daba tregua, sin embargo aquello... aquello lo superaba.
Enfadado con Ron y Ginny se levantó y comenzó a pasear por la casa, inspeccionando todas las habitaciones. Entró en el antiguo dormitorio que hacía cinco años había compartido con Ron antes de comenzar su quinto curso en Hogwarts. Una vez Ginny lo había consolado allí cuando él creía estar siendo poseído por Voldemort.
Avanzó, habitación por habitación, pasando por el salón donde una vez habían luchado contra un pequeño ejército de doxys que se encontraban atrincheradas en las cortinas de la ventana. También había dormido allí la noche en la cual los mortífagos atacaron la Madriguera durante la boda de Bill y Fleur.
Siguió caminando por la casa y se detuvo frente a otra habitación en la que nunca había entrado. Aquel era el dormitorio que habían utilizado Hermione y Ginny durante los periodos de tiempo que pasaba allí. Giró con lentitud el pomo de la puerta y la empujó levemente. La puerta chirrió sobre sus goznes debido a la oxidación de éstos. Al parecer nadie había entrado en aquel lugar desde hacía mucho. Una fina capa de polvo cubría cada centímetro de superficie, incluidas las dos camas que había al fondo y la mesilla de noche que había entre ambas. La habitación estaba pobremente amueblada, aparte de las camas y la mesita, tan sólo había un armario algo más pequeño de lo normal, un par de sillas y un escritorio algo carcomido.
Sobre el escritorio había una carta cuidadosamente doblada al lado de una papelera en al que se encontraba llena de varios pergaminos arrugados. Tomó la carta y la desdobló.
Querida Ginny:
¡Bien hecho! Es bueno que te saques a Harry de la cabeza y pienses un poco más en otros chicos. He oído que Michael Corner es muy guapo, ya se que a ti no te lo parece tanto como Harry, pero bueno, si él te pidió salir, creo que deberías darle una oportunidad. Tampoco tienes que ser tan drástica, no tienes porque dejar de acercarte a Harry para olvidarlo, además, no vas a poder evitar encontrarte cerca de él en alguna que otra situación. Simplemente limítate a ser tú misma en su presencia y todo ira sobre ruedas. Es posible que si ve como eres en realidad, acabe sintiendo algo por ti, pero renuncia a toda esperanza porque no es bueno vivir de ese modo.
Voy a ir para Grimmauld Place en breve, quiero ir con vosotros a San Mungo para visitar a tu padre. Siento mucho lo que le paso y espero que se recupere pronto.
No te desanimes.
Un beso,
Hermione
Dejo la carta de nuevo sobre la mesa y miró el interior de la papelera. Quizás aquellos pergaminos arrugados eran los borradores de lo que después sería la carta de Ginny para Hermione. Comenzó a cogerlos y a aplanarlos para leer su contenido, pero en la mayoría solo había pequeños dibujos de snitchs, palos de escobas, y algún que otro garabato con forma de rayo muy parecidos a la cicatriz de Harry. En otros había algunas redacciones sin terminar sobre pociones o propiedades de algunas plantas. Cuando estaba a punto de darse por vencido en su búsqueda encontró un pergamino que lo hizo detenerse a leer nuevamente.
No se que hacer, ni siquiera se porque estoy escribiendo esto, creo que simplemente lo hago para desahogarme un poco. Hermione repite una y otra vez que me olvide de él... ella lo ve tan fácil. ¿Por qué tuve que enamorarme de él? No pierdo la esperanza, pero en el fondo sé que Harry nuca sentirá nada por mí, porque para él soy una sombra, para él sólo soy la hermana pequeña de su mejor amigo, para él sólo soy la chiquilla alocada a la que tuvo que salvar en la Cámara de los Secretos. Cuando pienso en esto me sobrecogen unas tremendas ganas de llorar, pero lucho con todas mis fuerzas para evitarlo.
Antes de comenzar las vacaciones de navidad, Michael me pidió salir. Él me cae muy bien, además, como me recuerda Hermione constantemente, es muy guapo, pero no tanto como Harry. La verdad es que me gustaría intentarlo con él, pero cuando me pongo a pensar en ello, me parece una traición a mí misma.
Estoy perdida, y no sé adonde ir... Harry es mi rosa de los vientos.
Con el pulso algo acelerado, dobló el trozo de pergamino y se lo guardó en el bolsillo. El enfado y la nostalgia desaparecieron para dar paso a un sentimiento de pesar. No era Ginny quien debía mostrar sus sentimientos, ella lo había sufrido durante muchos años por un amor no correspondido, por su culpa. Si alguien tenía la culpa de aquella situación, ese era él y no Ginny. Si alguien era el que debía perseguir al otro para mostrar sus sentimientos ese era él y no Ginny.
Sin saber cómo, se encontró justo ante su cama en el viejo dormitorio de Sirius, seguía todo igual salvo por un mínimo detalle. En el único trozo de pared que no estaba cubierto por las pertenencias de su padrino, ahora había dos fotos. En una que ocupaba casi todo el espacio, James y Lily sonreían abrazados y sujetando en sus brazos a un bebé de no más de un año. En la otra, que era más pequeña, una chica de pelo rojo fuego sonreía alegremente.
Miró durante unos minutos la fotografía de Ginny y la de sus padres y después se tumbó en la cama pensando aún en la nota que acababa de leer y en la fecha tan especial en la que se encontraba, pues ese mismo día haría ya dos años de la batalla de Hogwarts. Sin proponérselo y sin pensar en ello, se quedó dormido.
Despertó sobresaltado por los gritos del retrato de la señora Black que había sido despertada por el sonido que produjó el timbre de la entrada. Farfulló algunos improperios, gran parte de ellos de la cosecha favorita de tío Vernon, y se levantó apresuradamente. Se frotó los ojos y se precipitó por las escaleras por varios pisos hasta llegar al vestíbulo que se encontraba pobremente iluminado. Desconocía cuantas horas había estado durmiendo, pero la pobre luz de color rojizo que entraba por las ventanas de las plantas superiores le indicaba que el sol estaba apunto de ocultarse.
Con un perezoso movimiento del brazo, las cortinas ocultaron nuevamente el retrato de Walburga Black. Se dirigió hacía la puerta y la abrió con interés. Parada en el umbral había una mujer de mediana edad con el pelo negro y ojos oscuros. Su corazón saltó una latido al ver su hermoso rostro, pero si algo diferenciaba la expresión de Andrómeda Black de la de su hermana Bellatrix, era la bondad que ésta emitía.
- ¡Señora Tonks! - exclamó a modo de saludo - Adelante, pase.
- Gracias, Harry, pero por favor, llámame Andrómeda - dijo entrando.
Andrómeda miró con aprensión el lugar en el que se encontraba. Al parecer la sobrecogía un poco el hecho de volver a la casa de la hermana de su madre, a la que seguramente no admiraría. La condujó hasta la cocina donde sirvió un par de cervezas de mantequilla. Una vez se hubieron ubicado uno enfrente del otro y haber tomado un poco de la bebida, Harry preguntó:
- Y, ¿a qué debo esta agradable visita, Andrómeda?
La señora Tonks no contestó inmediatamente, sino que se tomó su tiempo mientras bebía otro sorbo de cerveza.
- Vengo a hablar sobre Teddy.
- Teddy, ¿qué pasa con él?
- Aún no ha sido bautizado - dijo suspirando -. Remus y Dora querían que tú fueras el padrino, y yo no soy quien para contradecir la última voluntad de mi hija y su esposo - al mentar a Lupin y Tonks, los ojos de Andrómeda se humedecieron notablemente, pero continuó -. Pero te fuiste y no diste señales de vida durante dos años.
Harry no sabía si era o no una acusación, pero no pudo evitar el gran sentimiento de culpa que lo embargó. Era cierto, se había ido sin hacer nada respecto a la promesa hecha a Lupin de ser el padrino de su hijo, y por ello, Teddy aún no había sido bautizado.
- Lo siento - se disculpó.
Andrómeda negó con la cabeza y en su rostro se dibujo una triste sonrisa.
- No tienes porque disculparte, Harry - dijo -. Es normal que quisieras estar un tiempo a solas después de lo ocurrido. Yo no te reprocho nada.
- Realmente me sentía culpable de todas las muertes - confesó Harry -. Pude sobrellevarlo durante unos días, pero tras una conversación con... una persona, decidí que era mejor marcharse durante un tiempo.
No había hablado de aquello con nadie, pero por una extraña razón, se sentía cómodo con Andrómeda.
- Harry, tú no tienes la culpa de las muertes de aquellas personas - dijo Andrómeda con sinceridad -. Tú sólo hiciste lo que debías.
- Si me hubiera entregado antes... - murmuró Harry.
Andrómeda suspiró y le dirigió a Harry una mirada de tristeza. Se levantó, rodeó la mesa y se colocó junto a él apoyando su mano en el hombro del chico.
- Ya has pasado por mucho, Harry, más de lo que un chico normal de tu edad habría soportado - Harry alzó la cabeza y la miró a los oscuros ojos - Deja de culparte, y a partir de ahora, disfruta de lo que se te ha dado. Tengo entendido que durante un tiempo estuviste saliendo con la menor de los Weasleys.
Andrómeda sonrió a Harry y regresó para tomar asiento.
- Respecto al bautizo de Teddy, sólo necesito que tú dés tu consentimiento para comenzar los preparativos.
- Estoy disponible para hacerlo en cualquier momento - confirmó Harry.
- Me alegra oír eso, Harry, pero todavía habrá que esperar algún tiempo.
Andrómeda se levantó de nuevo pero esta vez se dirigió hacia la puerta en lugar de hacia Harry.
- Bueno, he de irme - anunció sujetando la manilla de la puerta.
- ¿Tan pronto? - preguntó Harry.
- Tengo cosas que hacer - aclaró Andrómeda -. Recuerda que puedes visitar a Teddy cuando quieras. Ya sabes donde está mi casa.
Harry asintió con la cabeza y acompañó a Andrómeda hasta la salida. Una vez ésta se hubo marchado, Harry subió de nuevo a su habitación con la intención de dormir un poco más antes de la cena, pero aún no había llegado al final del primer tramo de escaleras cuando la puerta de entrada se volvió a abrir para dar paso a una chica de pelo castaño y algo enmarañado. Hermione recorrió freneticamente el pasillo con la mirada y se detuvo en Harry.
- ¡Tú!
Hermione lo señalo con el dedo furiosamente y fue a grandes zancadas hasta el pie de las escaleras derribando a su paso el paragüero con forma de pierna de trol y provocando el despertar de la señora Black. Con toda la tranquilidad del mundo, Harry hizo un mínimo gesto para acallar a la madre de Sirius y encaró a Hermione.
- ¿Quién te da derecho a irrumpir en mi casa de este modo armando semejante escándalo? - preguntó Harry con una mirada seria. Hermione enrojeció violentamente y agachó la cabeza avergonzada.
- Lo siento - murmuró a modo de disculpa. Harry rió con ganas de la chica que alzó la mirada, incrédula.
- Era una broma, Hermione, puedes entrar en mi casa cuando quieras y como quieras - pero la furia había vuelto a invadir a la castaña a oír la palabra «broma».
- Así es cómo te tomas tú los sentimientos de Ginny, ¿no? - preguntó indignada - Como una broma.
- ¿Pero qué dices? - Harry no comprendía el por qué del enfado de su amiga.
- ¿Cómo se te ocurre decirle a Ginny que no la amas de esa forma? ¿Sabes cómo está ahora? Está destrozada.
- Yo no tengo la culpa - se defendió Harry -. Era ella la que necesitaba replantearse sus prioridades.
- Eres un idiota - soltó Hermione.
- ¡Oye! - protestó Harry ofendido.
- ¿Acaso no lo entiendes? - preguntó Hermione - Ginny estaba dolida, recuerda que nos fuimos a buscar los horrocruxes y ella se paso casi un año entero sin saber nada de nosotros. Perdió a su hermano y para colmo también creyó perderte a ti.
Harry cambió su expresión de enfado por una de tristeza y costernación.
- Yo también estaba dolido, ¿qué crees que me lo pase bien durmiendo dentro de una tienda de campaña? ¿crees que me lo pase bien viajando por todo el país sólo para poder sobrevivir un día más? ¿crees que no la añoré? No, Hermione, estás muy equivocada, cuando me dijo que ya no me quería puso la última piedra de una montaña ya muy alta.
- Pero te fuiste demasiado rápido, Harry - dijo Hermione, que había ablandado un poco su expresión ante las revelaciones de Harry -. Tuve que soportar a una Ginny alicaída durante mucho tiempo porque ella te había dicho algo que realmente no sentía.
- ¿Por qué no me dijo hoy directamente lo que sentía? - preguntó irritado Harry - ¿Por qué ha venido a tratar de interrogarme con Veritaserum?
- Ella no sabía lo del Veritaserum, Harry, Ron se lo confesó después de vuestra conversación.
- Aún así, ¿por qué no me dijo lo que ella sentía? - dijo metiéndose las manos en los bolsillos. Su mano rozó un trozo de pergamino doblado y algo arrugado, las anotaciones de Ginny. Recordó sus palabras y aquel sentimiento de que debía ser él quien mostrara sus sentimientos.
- Porque tenía miedo de que la rechazaras, para ella han sido muchos años estando enamorada de ti y no siendo correspondida, es normal que ahora el temor la invada.
- Tienes razón - dijo Harry abatido -. No debí de decírselo de esa manera, pero fue por culpa de Ron, me enfadé por su desconfianza. No hacia falta que utilizara ninguna pócima de la verdad, hubiera bastado con preguntarlo.
Harry entró, seguido de Hermione, en la habitación más cercana y se dejo caer en una butaca. Hermione se acercó y, en cuclillas, le acarició la mejilla con ternura.
- Habla con ella, Harry. Vé a la Madriguera y habla con ella, será lo mejor para los dos.
- Vuelves a tener razón, Hermione.
Harrry se levantó de un salto, algo más animado y se dirigió hacia la puerta dispuesto a arreglar las cosas de una vez por todas, pero antes de salir se volvió para Hermione.
- Eres una mentirosa - le dijo a Hermione, que levantó una ceja -. Me dijiste que ese tal Roland era el novio de Ginny, pero no lo es.
- ¡Te dije que no volvieras a utilizar la legeremancia conmigo! - exclamó Hermione ofuscada.
- No la utilizé contigo, la utilizé con Ginny - le sonrió.
Se giró en dirección a la puerta y la cruzó hasta llegar al filo de las escaleras dejando caer tras de él un pergamino arrugado, pero antes de comenzar a bajar, la voz de Hermione lo llamó desde la habatación.
- ¡Espera, Harry! - Hermione llegó corriendo - Cuando llegues a la madriguera, dile a Ron que venga aquí, yo estaré esperándolo.
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Cayó de bruces en el césped del jardín de la Madriguera, definitivamente, la aparición no era su método de transporte favorito. Miró alrededor, a pesar de que el sol ya se había puesto podía ver casi con total claridad gracias a una enorme luna llena que lo iluminaba todo. Anduvó bordeando un seto donde una vez, él y Ginny habían discutido acerca de "prioridades". Tras caminar un par de minutos se detuvo frente a la puerta de madera de la parte de atrás del edificio. No había luz en el interior y no parecía haber nadie en toda la casa. Ignorando aquel detalle llamó a la puerta un par de veces, pero no obtuvo respuesta. Tras varios intentos más llegó a la aguda conclusión de que la casa estaba vacía. Abrió, sirviéndose de la magia, la puerta y entró.
- ¿Hola? - dijo alzando la voz - ¿Hay alguien en casa?
No recibió respuesta, pero pudo oír perfectamente un sollozo proveniente del salón. Con un par de grandes zancadas entró en el salón a tiempo de ver una larga cabellera roja desaparecer por las escaleras. Trató de seguirla, pero otra figura de pelo rojo se lo impidio.
- Déjala en paz, ya has hecho suficiente daño.
Harry no podía verle bien la cara a Ron, pero a juzgar por su voz debía de estar bastante enfadado.
- Apártate, Ron.
- Y si no lo hago, ¿qué?
- Te apartaré yo.
- ¿Piensas atacarme, traidor?
El enfado de Harry iba en aumento con cada palabra que salía de la boca de su inepto amigo.
- ¿Tú hablas de traición? ¿Tú, que te has presentado en mi casa ha tratar de envenenarme hablas de traición?
- Yo... no... yo... - balbuceó Ron, ahora acobardado.
- Hermione te está esperando en Grimmauld Place - dijo Harry cortante -. Ahora apártate.
Casi sin que Ron se diera cuenta, Harry ya no estaba frente a él, sino detrás. Harry, sin hacer más caso de Ron, subió rápidamente las escaleras hasta llegar a la puerta de la habitación de la menor de los Weasleys. Tocó suavemente la madera, pero Ginny no abrió, en cambio, Harry pudo oír más sollozos dentro.
- Ginny, abre la puerta, por favor.
Más sollozos.
- Ginny, abre.
Otra tanda de sollozos que lo empezaban a poner nervioso.
- Si tú no abres, lo haré yo.
Tras oír una nueva oleada de sollozos no pudo aguantarlo más y entró sin importarle nada. La habitación apenas había cambiado desde la única vez que había estado allí. Los posters de las Holyhead Harpies habían desaparecido y ahora ese espacio lo ocupaban las fotrografías de toda la familia Weasley, Hermione, Luna, Neville y algunos recortes de periódico en los que aparecía Harry. Ginny estaba de espaldas a la puerta, mirando por la ventana. Harry se acercó a ella.
- Ginny...
- No hace falta que vengas a consolarme, Harry - lo cortó ella con la voz tomada.
- No vengo a consolarte, Ginny, vengo a confesarte algo - dijo Harry.
Lentamente, muy lentamente, Ginny se giró hasta quedar frente a frente con Harry. Tenía los ojos algo hinchados y un rastro de lágrimas recorrían sus mejillas llenas de pecas. A pesar del llanto, se veía muy hermosa.
- No tienes que decir nada, lo dijiste todo esta mañana - dijo fulminándolo con la mirada.
La mente de Harry se lleno de tristeza, ira y odio hacia sí mismo, a la par que unas tremendas ganas de besarse. Acababa de leer la mente de Ginny sin proponérselo.
- Lo que dije esta mañana no son más que mentiras - aseguró.
- ¿Cómo pueden ser mentiras? - preguntó Ginny mientras nuevas lágrimas manaban de sus ojos color café - Estabas bajo los efectos del Veritaserum.
- Sabía que Ron había puesto poción de la verdad en mi cerveza. Simplemente os hize creer que bebía, pero en realidad no lo hice.
Se acercó un poco más a Ginny y tomó su cara con las dos manos.
- Dime la verdad, Harry - imploró Ginny dejándose llevar por el tacto de las manos en sus mejillas. Con los pulgares, Harry limpió el rastro de lágrimas de su rostro.
- La verdad, Ginny, es que te quiero - dijo -, te necesito, quiero estar a tu lado, te a...
Pero no puedo terminar de hablar porque Ginny le había rodeado el cuello con los brazos y lo había besado. No era un beso normal, era algo maravilloso, un milagro, un prodigio de la naturaleza. Un sentimiento ya conocido de que Ginny era lo único real en el mundo, lo único que merecía la pena, le invadió la mente mientras duraba el beso. Esta vez no habría interrupción, esta vez no entraría ningún pelirrojo a interrumpir aquel momento de felicidad. Ginny no parecía querer despegarse de él, y Harry no tenía intención alguna de hacerlo.
Tras varios segundos, minutos, horas, días y años, se separaron y se quedaron mirándose el uno al otro, perdiéndose en ambas miradas, Harry evitando no leerle la mente a Ginny para no estropear el maravilloso momento y Ginny intentando descifrar sus pensamientos.
- No quiero que pienses que estuviste sola, Ginny.
Harry puso sus manos sobre la cabeza de Ginny y la mente de ésta se lleno de recuerdos que no eran suyos.
Un chico de pelo negro y gafas se encontraba sentado en la puerta de una tienda de campaña. Estaba en el claro de un bosque agitado por el viento. El chico sujetaba un viejo y desgastado pergamino en la mano que parecía ser un mapa con varios puntitos que se movían y tocaba con la punta de su varita un puntito con un rótulo que rezaba «Ginny Weasley».
Harry se encontraba de pie, frente a Voldemort y varias decenas de mortífagos que los rodeaban. «Harry Potter, el chico que vivió» decía Voldemort mientras alzaba su varita para apuntar a Harry directamente al pecho, un destello de cegadora luz verde y Harry cayó inerte al suelo.
Ginny levantó un poco la cabeza y miró a Harry mientras volvían a brotarle lágrimas de los ojos.
- ¿Qué era eso último que me mostraste? - preguntó.
- Fue cuando me entregue a Voldemort durante la batalla de Hogwarts para que me matase, pero ya lo sabías, ¿verdad?
Ginny asintió.
- ¿Por qué me lo enseñaste?
- Para que sepas que estaría dispuesto a morir otra vez más por ti - dijo -. ¿Sabes qué fue lo último que pensé antes de que me matara? - Ginny negó -. Pensé en esto - y le pasó la mano por el pelo -, y en esto - y le pasó un dedo suavemente por el párpado del ojo -, y en esto - y la volvió a besar.
Cuando se separaron nuevamente, Harry la abrazó, deseoso de proximidad
- Estoy perdido, y no sé adonde ir... tú eres mi rosa de los vientos.
Nota: en la antiguedad, los marineros utilizaban un instrumento de navegación llamado rosa de los vientos.
Gracias por las reviews.
Hasta el próximo capítulo.
Adiós
